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Retiro Espiritual: Consuelen a mi pueblo

Retiro Espiritual: Emaús

Retiro Espiritual: Yo no estoy solo porque el Padre está conmigo

Retiro Espiritual: No estás solo, un ángel te acompaña

Retiro Espiritual: ¡Toma tu cruz!

Retiro Espiritual: Acompañando como Jesús

Retiro Espiritual: Entronización de la Palabra

Retiro Espiritual: Escucha...

Retiro Espiritual: “Las siete Palabras de Jesús en la Cruz”

Retiro Espiritual: Proyecto personal de vida

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


RETIRO ESPIRITUAL CONSUELEN A MI PUEBLO.....
(M. de los Ángeles Martínez, ODN)

I. SABER COMENZAR - Un día diferente para ti. Es un día de retiro para “estar con El” y para estar contigo mismo. Para ello, necesitas buscar tu espacio, tu carpa del silencio, el lugar del encuentro con el Maestro. Otros días lo escuchas en el camino de tu vida, hoy, en el lugar sagrado de tu templo interior. Necesitas también tu tiempo, ese tiempo especial que rompe la rutina, porque ahí, en ese espacio y tiempo, el Dios de Jesucristo, se nos revela.

- Necesitas también tu cuaderno de historia de vida, tu itinerario personal del ENCUENTRO CON JESUCRISTO–DISCIPULADO–COMUNION–MISIÓN, para hacer memoria y dar un paso más. Y...tomar conciencia de cómo llegas a este retiro, en dónde te encuentras, qué te pasa, qué cargas en tu mochila de caminante, y ponerte delante del Maestro de Galilea tal cual eres. Vulnerable como persona, pequeño como un niño, pecador como discípulo.

¿Vienes del correr apostólico? ¿Vienes de un activismo desasosegado? ¿Vienes como desde la superficie de la vida?. Pide la gracia hoy, de la hondura, de ir gestando tu vida desde lo hondo. Porque lo importante de la vida “no es lo que nos pasa, sino lo que nosotros hacemos con lo que nos pasa”. ¿Traes alguna crisis que te inquieta? ¿Algún cambio que te desestabiliza? ¿Alguna tensión que te hiere?. Pide la gracia de la responsabilidad sobre lo que te está pasando, pide la gracia de tomar en serio esos momentos duros, esas pérdidas, porque se pueden enquistar, dañarnos la vida, e ir perdiendo la alegría y el sentido de vivir.

¿Traes dudas, zozobras, angustias? ¿Guardas ahí dentro de tu ser algo que te inquieta? ¿Algún desencuentro que te hace difícil la vida? . Preséntaselo todo al Señor, tu Maestro. A El le agrada tu verdad y tu transparencia, que ya conoce, pero te invita a dárselo a conocer: “vengan a mí los que están agobiados que yo los aliviaré”(Mt.11,28). Entra en el retiro con la certeza, de que pase lo que pase, en este duro empeño por lograr el encuentro constante con Jesucristo, la condición de discípulo en comunión con los hermanos y ser misioneros, estamos acompañados e impulsados por un Dios Alfarero que constantemente quiere trabajar nuestra vida.

II. LOS ROSTROS QUE LOS QUE SUFREN ¿Qué pasa a nuestro alrededor? ¿Qué vemos por la calle, en la puerta de nuestros colegios, hogares, hospitales, Iglesias...? ¿Qué escuchamos, en los noticieros, cuando la gente se acerca a contarnos algo, en el colectivo, en el subte, en nuestras oficinas, en nuestro trabajo...? ¿Qué refleja el ir y venir de mucha gente por el chat, por el mail? ¿Qué vemos que proyecta la persona a través de internet? ¿Qué nos comunica la gente por sus rostros, sus manos, su manera de caminar, sus gestos...?

Deja que tu humanidad se deje afectar por la realidad y se abran todos tus sentidos y toda tu alma a la gente que te rodea incluida tu comunidad: - Sorprende comprobar la soledad, el vacío, las ansias de afecto y de cariño en hombres y mujeres de estos tiempos incluida la vida religiosa; entristece contemplar personas buscando trabajo, sus ojeras, su cansancio, su inquietud; impresiona la necesidad de desahogarse y de ser escuchado; indigna saber de niños, y mujeres a veces también hombres maltratados, golpeados, abusados; duele contemplar rostros de determinados tipos de inmigrantes del interior del país o del extranjero marginados, discriminados; duele escuchar a las madres descubriendo a sus hijos en la droga, en la homosexualidad; preocupa tanta inseguridad e impunidad; da pena ver tantas personas hombres y mujeres que se sienten pecadores y fuera de la Iglesia, tristes y acongojados por las cargas pesadas. Son los rostros de la pobreza, son las manos tendidas que piden auxilio, son los pies cansados de tanto buscar, son los rostros sufrientes en donde Cristo se nos manifiesta hoy. Habrá muchos rostros más que se te aparecen en tu retiro, contémplalos, déjalos que hablen, escúchalos, oye sus gritos. Y...sigue orando en silencio.

III. LA PALABRA SE HIZO CARNE, SE HIZO VIDA Resuena el imperativo de Isaías “Consolad a mi pueblo” . Es un imperativo del Dios de la vida cargado de amor a su pueblo. Ese pueblo que puede ser tu familia, personas con quienes trabajas en la pastoral, hermanas de tu comunidad, etc., ese pueblo que vive menospreciado, marginado, que sufre, que está enfermo, que está lejos de Dios. Ese Dios compañero de camino proclama la consolación, la restauración.

“ Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice tu Dios, hablen al corazón de Jerusalén, grítenle que se ha cumplido su condena.....Súbete a una montaña elevada, tú que llevas buenas noticias a Sión ..... Apacienta como un pastor a su rebaño y amorosamente los reúne.....Y es que tú vales mucho para mi, eres valioso y yo te amo.....El Señor me ha dado una lengua de discípulo para que sepa sostener con mi palabra al cansado.....Escucha: tus centinelas alzan la voz, y juntos gritan alegres porque ven con sus propios ojos, que el Señor regresa a Sión.....Estallen en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén” (Selección de textos de Isaías)

“Y llegada la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo nacido de mujer” (Gl. 4,4). “Y tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo Unigénito...Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo” (jn.3,16). “Y el Verbo se hizo carne, la Palabra habitó entre nosotros”(Jn.1,14)

La Palabra de Dios es la vida de Jesús en esta tierra. El discípulo-misionero está llamado a observar, mirar, entender y acompañar a Jesús, a descubrir su modo de actuar, lo que busca, la manera de expresarse, los gestos que hace, las palabras que pronuncia para hacer él también lo mismo. Las personas al encontrarse con Jesús se transforman, se convierten en sus discípulos que aprenden una manera de vivir, una orientación para la vida, una sabiduría que da sentido a la existencia y al ser enviados como misioneros obran también como El.

Te propongo en este momento del retiro que uses tu imaginación para contemplar a Jesús en una de esas escenas del Evangelio. Trata de escuchar, mirar, sentir, acompañar...
Lee Lucas 7,11-17

¿Qué te ha sorprendido de la actitud de Jesús en este Evangelio? ¿Cómo se hace realidad la profecía de Isaías en Jesús de Nazareth? Como consagrado que has vivido ya el encuentro con Jesucristo, la comunión, el discipulado y la misión, ¿en qué situaciones puedes actuar de la misma manera y hacer pequeños milagros, signos de su cercanía y consolación?

IV. EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA El consuelo pasa primero por el “estar con”, por la presencia que se acerca, que se deja afectar. El acompañar, el estar junto al otro, ya en sí mismo, produce consuelo. El “estar con”, es una dimensión central del itinerario formativo que propone Aparecida: encuentro-comunión-discipulado-misión. Así lo expresa Marcos en el llamado a los doce: “los llamó para que estuvieran con El”. Estar con El para luego estar con los demás, ser llamados para ser enviados. Es este un ministerio que brota de la interioridad del ser, que sintetiza la acogida del otro, con una actitud contemplativa. Jesús en Meaux es el gran pedagogo como acompañante y consolador. El Maestro se hace caminante con los dos discípulos; se acerca, entra en su conversación, les hace preguntas; cuando entra en confianza los interpela, los sacude desde la Palabra de las Escrituras y.....se acerca tanto, como un peregrino más, que los dos discípulos lo invitan a cenar con ellos. Les arde el corazón y se produce la intimidad, entrar en la casa, comer juntos. Han sido consolados, han sido acompañados en el dolor y el fracaso del Jueves y el Viernes Santo. Y en la fracción del Pan, se les abren los ojos y el corazón. De discípulos se convierten en misioneros, porque de noche, ya sin miedo ni tristezas, parten a Jerusalén a anunciar, a testificar que han visto al Maestro, que han recobrado la esperanza.

¿Qué experiencias tengo yo de ser acompañado?

¿Cómo me he sentido consolado, en los momentos más tristes de mi vida?

¿Caigo en la cuenta de que este ser discípulo supone, no tanto un protagonismo de primer plano, cuanto una actitud de cercanía, de encontrarme y estar con Jesús?

¿Cómo vivir el ministerio de “estar con”, de ser consuelo para otros?

¿Qué desafíos se me presentan para vivir este estilo en mi propia comunidad y vida apostólica?

V. ENVÍANOS SEÑOR – CELEBRACIÓN Preparar los signos. Un cartel que diga, “Consolad a mi pueblo” y un camino que nos refleje el camino de Jesús con los nombres por donde El proclamó la Buena Noticia: Nazareth, Belén, Cafarnaun, Jericó, Jerusalén, Emaús, etc.

Canto de inicio: Consolad a mi pueblo, dice el Señor, hablad al corazón del hombre....

Lectura de la Palabra: Lc. 24, 32-35

Reflexión: Para consolar hay que estar consolados. Para misionar hay que estar convocado y enviado. ¿Cómo hacer el proceso de pasar del encuentro con Jesucristo, el discipulado y la comunión al de misión? ¿Cómo hacer vida en ti las actitudes de cercanía, acompañamiento, consuelo? ¿Adónde quieres salir para que tu camino sea un poco el de Jesús, tu Maestro?

Oración: Espontánea de petición, de acción de gracias, de perdón. O una oración misionera todos juntos.

Canto final: Como las aves del cielo. CD Musical María Petkovic Nº 6 u otra canción misionera.

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RETIRO ESPIRITUAL: EMAÚS
Tú estabas ahí y yo no lo sabía

(Revista “Testimonio” Enero – Febrero 2004)

Itinerario formativo: Encuentro con Jesucristo – Discipulado – Comunión – Misión. El Medio a utilizar para transitar el Itinerario Formativo es: El Acompañamiento.

El retiro es un tiempo de gracia, un momento fuerte de encuentro con Dios en la oración y en el silencio.
Buscá un lugar apropiado donde puedas desconectarte del ruido, de las actividades y preocupaciones cotidianas; y en soledad puedas reflexionar, orar, profundizar tu vínculo con Dios. Ese Dios que siempre nos acompaña en todo lugar y en todo momento. Si no es en la capilla prepará el lugar con un signo que te ayude a entrar en oración: una cruz o una imagen de María, una Biblia con una vela encendida, flores, etc. Ponete en la presencia de Dios e invocá al Espíritu Santo para que sea tu guía en el camino de acompañante y acompañado.

Hoy queremos reconocer y ayudar a reconocer señales de la presencia de Dios en la vida cotidiana, esos signos sencillos, vivos, palpitantes, que siempre nos acompañan. Nada está vacío; todo está cargado de presencia y gracia.

Ya en el Antiguo Testamento, donde otros veían solo cosas, Israel veía signos. El agua, el fuego, la luz, la roca, la tormenta, el alimento..., estaban marcados con la huella de la presencia de quien estaba con ellos. Y sin embargo, el pueblo, una vez, instalado en la tierra prometida, sufre la tentación de encerrar a Dios en un espacio y en un tiempo sagrados. Es lo que nos sucede también a nosotros, instalados en tierras, instituciones, profesionalismos religiosos. Siempre resulta menos complicado vivenciar la relación con un Dios al margen de nuestras relaciones, y cuando la vida nos cansa, vamos al templo. Con facilidad distinguimos y separamos vida y templo, existencia y presencia.
Cada persona, las cosas, los acontecimientos... son Palabra de Dios para nosotros hoy, algo así como un sacramento. Permitamos que Dios penetre en nosotros, a través de situaciones y relaciones, dejándonos seducir por la ternura que entrañan.

Hay varios íconos de descubridores del Señor. Hoy meditaremos con Emaús: ...y lo reconocieron al partir el pan.

Vamos a leer este texto, primero de una sola vez, para recordarlo, para luego escudriñarlo, auscultar algunas de sus partes para descubrir el tesoro escondido. Vamos a intentar mirarlo con los ojos de la fe. Y ver en este relato, el relato de mi propia vida acompañada siempre por Dios. Se trata de un episodio protagonizado por discípulos, es decir, no son personas alejadas de la Iglesia, ni críticos a ella. Son parte de los cercanos de Jesús. Por esto hay una sintonía entre ellos y nosotros, que somos los discípulos de Jesús hoy. Cuando Lucas los presenta, sólo pone el nombre de uno de ellos, Cleofás. Y si no puso el nombre del otro, probablemente se trataba de una intención literaria: que nos identificáramos con ése discípulo desconocido...

Texto: Lucas 24, 13-35
“Ese mismo día, dos de los discípulos de Jesús iban a Emaús, un pueblo a once kilómetros de Jerusalén. Mientras conversaban de todo lo que había pasado, Jesús se les acercó y empezó a caminar con ellos, pero ellos no lo reconocieron. Jesús les preguntó: —¿De qué están hablando por el camino? Los dos discípulos se detuvieron; sus caras se veían tristes, y uno de ellos, llamado Cleofás, le dijo a Jesús: —¿Eres tú el único en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado en estos días? Jesús preguntó: —¿Qué ha pasado? Ellos le respondieron: —¡Lo que le han hecho a Jesús, el profeta de Nazaret! Para Dios y para la gente, Jesús hablaba y actuaba con mucho poder. Pero los sacerdotes principales y nuestros líderes lograron que los romanos lo mataran, clavándolo en una cruz. Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel. Pero ya hace tres días que murió. »Esta mañana, algunas de las mujeres de nuestro grupo nos dieron un gran susto. Ellas fueron muy temprano a la tumba, y nos dijeron que no encontraron el cuerpo de Jesús. También nos contaron que unos ángeles se les aparecieron, y les dijeron que Jesús está vivo. Algunos hombres del grupo fueron a la tumba y encontraron todo tal como las mujeres habían dicho. Pero ellos tampoco vieron a Jesús. Jesús les dijo:
—¿Tan tontos son ustedes, que no pueden entender? ¿Por qué son tan lentos para creer todo lo que enseñaron los profetas? ¿No sabían ustedes que el Mesías tenía que sufrir antes de subir al cielo para reinar? Luego Jesús les explicó todo lo que la Biblia decía acerca de él. Empezó con los libros de la ley de Moisés, y siguió con los libros de los profetas. Cuando se acercaron al pueblo de Emaús, Jesús se despidió de ellos. Pero los dos discípulos insistieron: —¡Quédate con nosotros! Ya es muy tarde, y pronto el camino estará oscuro. Jesús se fue a la casa con ellos. Cuando se sentaron a comer, Jesús tomó el pan, dio gracias a Dios, lo partió y se lo dio a ellos. Entonces los dos discípulos pudieron reconocerlo, pero Jesús desapareció. Los dos se dijeron: «¿No es verdad que, cuando él nos hablaba en el camino y nos explicaba la Biblia, sentíamos como que un fuego ardía en nuestros corazones?» En ese mismo momento, regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los once apóstoles, junto con los otros miembros del grupo. Los que estaban allí les dijeron: «¡Jesús resucitó! ¡Se le apareció a Pedro!» Los dos discípulos contaron a los del grupo todo lo que había pasado en el camino a Emaús, y cómo habían reconocido a Jesús cuando él partió el pan”.

A estos discípulos, algo les pasa: van transitando por un camino de decepción. Se podría decir incluso que han perdido la fe en Jesús. Razones tenían: habían puesto su confianza y toda su esperanza en uno que finalmente murió en la cruz. El desenlace de Jesús no correspondía para nada con la imagen de Mesías que ellos esperaban. Había frustración, desengaño, desilusión. Se respira un aire de soledad. Van alejándose de la comunidad que estaba en Jerusalén, estaban como desapegándose de la Iglesia.
Al iniciar esta reflexión, creo que es esencial preguntarme ¿Y yo? ¿Por qué camino voy andando? ¿Dónde estoy? ¿Me voy alejando o me voy acercando a Cristo más y más cada día? Es importante descubrir cuál es ese punto existencial en el que me encuentro, porque si no lo identifico puedo estar construyendo un edificio sobre una base ficticia, irreal.

La invitación es también intentar ver la presencia de Dios en todos los acontecimientos de mi vida. Agradecer la compañía permanente del Señor en nuestras vidas.

Cuántas veces nos identificamos con aquellos peregrinos, con su frustración a cuestas.
El mismo día de la Resurrección dos discípulos de Jesús abandonan de prisa Jerusalén. Están aplastados por la decepción. Su talante es triste; su caminar, pesado. Conversan y discuten sobre los acontecimientos que han vivido. El “fracaso” de Jesús en la cruz ha derrumbado sus sueños y matado su esperanza.

Pero sucede lo imprevisto. Un “Desconocido” los alcanza en el camino. Se entromete discretamente en sus asuntos. Se detienen con aire entristecido, y miran con extrañeza al “ignorante” compañero que parece vivir en las nubes. Ellos se desahogan a sus anchas. Confiesan su decepción: “Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto”. El “Desconocido”, que los toma como son, empieza ahora a dirigir la conversación. Su palabra cariñosa suena a interpelante y clarificadora: “Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas. “¿No sabían ustedes que el Mesías tenía que sufrir antes de subir al cielo para reinar?”
Y mientras el “Desconocido” les habla, el corazón les arde por dentro. Al calor de esa Palabra se inicia un camino de conversión hacia el Cristo del Padre. La desconfianza inicial desaparece, la decepción se cuartea y renace la esperanza. Su palabra suena cercana, convincente y transformadora. Por eso al llegar a Emaús quieren retenerlo.

“Y entró a quedarse con ellos... y sucedió que cuando se puso en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se le abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció de su lado”.

No es fácil encontrar las huellas de Dios en los acontecimientos de la vida que nos descolocan por lo que entrañan de extraños y desconcertantes. La sorpresa es que mientras esta búsqueda continúa, Alguien también nos busca – y ¡con qué pasión y perseverancia!- y se hace el encontradizo. Y eso a pesar de que nosotros lo ignoremos.

A veces nos desconcierta el no sentirlo en nuestras horas de prueba y nos quejamos de que nos abandona cuando, en realidad, nos está llevando en sus brazos. Él nunca nos falla; nosotros, sí. El nunca nos pide pruebas de nuestra fidelidad; nosotros a cada rato. Son dos experiencias que chocan sin anularse, pero qué dificultad nuestra comprensión del actuar de Dios: Dios siempre está ahí aunque no lo sepamos y podemos contar siempre con El. Lo importante es dejarse encontrar por Dios.

Muchas veces no descubrimos a Jesús, aunque camine a nuestro lado, como les sucedió a los de Emaús porque el Jesús del Padre no calza con el Mesías que soñamos: espectacular y grandioso. “poderoso en obras y en palabras”. Por eso se escaparon de Jerusalén y caminaban frustrados. Se les había derrumbado todas sus esperanzas. Metámonos en el corazón de estos discípulos. Compartamos con ellos nuestras desesperanzas. ¿Cuándo las hemos sentido? ¿Por qué? ¿Cómo? Jesús descarta un mesianismo fácil y deslumbrador. Y esto nos choca y nos interpela. ¡Cuántas veces nos descubrimos corrigiéndole el plan a Dios! ¿En qué Mesías creo? ¿Por qué Mesías me juego? ¿Cómo lo testimonio? Muchas veces nos ahoga la marea del fracaso. Nos desestabiliza la crítica, etc. Sin embargo, El iba caminando a su lado pero no lo reconocieron.

A través del diálogo entre los discípulos y aquel compañero de camino se va articulando el movimiento interno que conducirá a los discípulos de la decepción a la esperanza; de la tristeza a la alegría; de la incapacidad para reconocer a Jesús a descubrir su presencia al partir el pan. Este fue el gesto que les reveló al verdadero Mesías, que transformó sus vidas y los convierte en testigos de esta Buena Noticia que no pueden callar. Dios se revela a través de hechos. El toca el corazón para que a la luz de lo acontecido empiece a mirarse todo con ojos nuevos y hacerse uno, preguntas que quizás antes nunca se habían planteado con tanta fuerza.

Sugerencias para reflexionar y orar:

Recordá momentos íntimos de tu vida: ¿Ha venido Dios a buscarte como a los discípulos de Emaús? ¿Cómo sucedió? ¿Cómo lo reconociste? ¿Reconociste sus huellas? ¿Qué respondiste? ¿Te cambió en algún sentido?.
¿En qué circunstancias de tu vida o de la comunidad has experimentado a Dios acercándose? ¿En qué lugares y situaciones has descubierto más viva e interpelante su presencia? *¿Cuáles han sido las huellas que te han conducido al descubrimiento del Señor actuando en tu vida?
¿Podrías escribir un diálogo con Dios revelando los lugares y situaciones donde te escondes de El?
*En los años de mi vida cristina/religiosa ¿Dónde o cómo se me ha manifestado Jesús acompañándome? ¿Cuáles son los símbolos a través de los cuales se me hizo presente?
* De este pasaje del Evangelio ¿Qué puedo extraer para mi tarea de acompañante?

(*) Para compartir en comunidad/grupo) Elementos: un pan, una Biblia.

Para terminar este día de retiro, nos reunimos con la comunidad o el grupo, en torno a la mesa y hacemos el gesto de compartir el pan y la palabra. Expresamos lo reflexionado en las preguntas que tienen el asterisco: en forma de oración, contando nuestras experiencias, etc. Y como signo de comunión compartimos un pan, mientras cantamos o escuchamos: “Como en Emaús” (Congreso Eucarístico Nacional – Corrientes CD 1) o “Quiero ser pan” o “Te conocimos Señor”.

 

COMO EN EMAÚS

Nos acercamos con alegríaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
a recibirte Señor Jesús
con tu presencia nos iluminas
como lo hiciste en Emaús.

Necesitados de tu consuelo
vamos en busca del mismo pan
que nos dejaste como alimento
en nuestro diario peregrinar

Tomen y coman, este es mi cuerpo
Tomen y beban, mi sangre es


Dale, Señor, a tu pueblo Santo
tu compañía y tu bendición
que en las tristezas y en el cansancio
se fortalece la Comunión.

Que seamos uno y el mundo crea
al ver creyentes de corazón
que sin medida su vida entregan
como aprendimos de vos, Señor.

QUIERO SER PAN

Es joven el que espera,
el que sabe caminar,
el que lucha por el reino,
sin volver la vista atrás.
El que da su mano a otro,
el que sabe transformar,
el que es pan para los pobres,
defendiendo la verdad.

Quiero ser Pan,
para el hambre ser el Pan,
de mi pueblo y construir
el escándalo de compartir.

Es joven el que arriesga,
el que sabe caminar,
el que lucha por el reino,
sin volver la vista atrás.
El que sabe hacer historia,
el que sabe transformar,
el que es vos de los pequeños,
defendiendo la verdad.

El que sigue a Jesús pobre,
el que sabe caminar,
el que apoya la justicia
sin volver la vista atrás.
El que vive siempre abierto,
el que sabe transformar,
el que canta con los otros,
defendiendo la verdad.



que por ustedes hoy yo me entrego
y con ustedes me quedaré (bis)

¡Qué gran misterio, la Eucaristía!
Principio y fuente de la unidad
que nos enseña a gustar la vida
y a compartirla con los demás.

Gracias, Señor, por el pan del cielo
que recibimos de tu bondad
la iglesia vive en tu mismo cuerpo
al celebrar este Memorial.

TE CONOCIMOS SEÑOR

Andando por el camino
te tropezamos Señor
Te hiciste el encontradizo,
nos diste conversación.
Tenían tus palabras
fuerza de vida y amor
Ponían esperanza y fuego en corazón.

Te conocimos Señor
al partir el pan
Tu nos conoces Señor
al partir el pan.

Llegado a la encrucijada
Tú proseguías Señor
Te dimos nuestra posada,
techo, comida y calor
Sentados como amigos
a compartir el cenar
allí te conocimos
al repartirnos el pan.

Andando por el camino
te tropezamos Señor
En todos los peregrinos
que necesitan tu amor
Esclavos y oprimidos
que buscan la libertad
Hambrientos desvalidos
a quienes damos el pan.

Oración final

Con los discípulos de Emaús te digo:

Señor, ahí estás Tú, tal vez “desconocido” pero cercano.
Señor, Emaús es el camino del hombre
que aunque huye no va solo.
Te gusta, Señor, hacer de tu vida un camino.
Te gusta hacer camino con los hombres paso a paso.
No sabes nunca ir solo.
Te has puesto a caminar con ellos
y tu paso se ha hecho paso de su paso.
Haz ofrecido tu palabra y tu pan en el camino
y ahora, Señor, “desconocido”
te haz hecho el Mesías esperado.
Tú estás donde el hombre sufre
porque tu camino es el hombre paso a paso.
Quédate, Señor, con nosotros
que nuestra vida declina cuando tú no estás a nuestro lado.
Parte el pan entre y para nosotros
para que se nos abran los ojos y te reconozcamos siempre
y contagiemos al mundo la alegría de tu encuentro
en la misión que nos has confiado.

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“Yo no estoy solo,

porque el Padre
está conmigo”
Jn. 16,32

(Revista: “Testimonio” Mayo – Agosto 2003)

Para entrar en clima de oración, dejamos a un lado: nuestras preocupaciones, actividades, pensamientos que distraen, lugares bulliciosos, y si es necesario hacemos un ejercicio de relajación, etc. Busquemos todo aquello que nos ayude a concentrarnos solo en la reflexión, la meditación, la oración. Nos ponemos en presencia de Dios invocando la asistencia continua del Espíritu Santo, que nos llene con su luz, su fuego animoso y nos ayude a entrar en el camino maravilloso del encuentro con Jesús, para dejarnos acompañar por Él.


Nuestro tema de meditación de hoy es:

Jesús: el hombre acompañado y acompañante

Para introducirnos en el tema:

Asomarse al interior de Jesús es asomarse a un abismo. Pero, ¿es algo del todo imposible? Creemos que los textos evangélicos reflejan en parte la realidad de Jesús, la externa y la interna. Apoyarnos en ellos nos llevará a aproximaciones útiles. De hecho el mismo Evangelio dice que “quien es el Padre, lo sabe solo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar” (Lc. 10, 22). Lo sorprendente y hermoso es que el componente estructural de Jesús es muy similar al nuestro. Bien dice Heb. 4, 15: “en todo igual que nosotros...” Por eso podemos hablar de su estructura personal de persona acompañada por el Padre, como también nosotros experimentamos muchas veces la certeza creyente y vital de nuestra vida y nuestra historia acompañadas.
De ahí, volviendo a Heb 4, 15 que dice que “puede compadecerse de nuestras debilidades”, podemos deducir la capacidad acompañante de Jesús: sabe de nosotros y está por ello capacitado para acompañarnos. Su compartir nuestros caminos, su “caminar con ellos” (Lc. 24, 15), le hace capaz de entendernos en nuestros desvaríos y necesidades, en nuestros logros, fracasos y búsquedas. Más aún, nadie como Él ha entendido el comportamiento humano porque nadie como Él ha bajado a los sótanos de la vida. Y desde ahí puede atribuirse la calidad de acompañante de la vida, acompañante paciente que espera cuanto sea necesario, camarada en el sufrimiento y en el gozo.

1. Jesús, hombre acompañado

Jesús ha necesitado y aceptado la compañía del Padre y la de las personas. Necesita compañía para alimentar su estructura personal y para desvelar el sentido de su misión.

La experiencia básica no puede se otra que el acompañamiento del Padre a la vida de Jesús; la percepción tan aguda que Él ha tenido de esa compañía. El inicio de su vida está marcada por una experiencia fuerte de la realidad del Padre; las “cosas de su Padre”. Su oración, hecha unas veces en la duda y otras en el gozo, está en conexión directa con el abbá del profundo sentido de la filialidad (Lc. 10, 21). Esto le ha hecho acuñar aquel dicho sin réplica que, expresado en un momento de abandono tiene todavía más fuerza: “Se acerca ya la hora de que os disperséis cada uno por vuestro lado, y a mí me dejéis solo; aunque yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo” (Jn. 16, 32).

Para reflexionar y orar:

¿En qué momentos de mi vida sentí fuertemente la necesidad de ser acompañada/o por el Padre?
¿Cómo veo mi vida cotidiana acompañada/o por Dios Padre?
Me imagino sentada/o junto al Padre ¿Qué cosas le digo? ¿Qué le cuento de mi vida? ¿Qué le ofrezco?¿A qué me invita Él?
* Para compartir de a dos pienso una situación de mi vida en la que me sentí vivamente acompañada/o por Dios Padre.

Jesús tuvo la compañía de su familia, de sus discípulos y de sus amigos. Experimentó su compañía por encima de las limitaciones. Quizá muchas veces la compañía de los mismos discípulos y discípulas fue una compañía pesada para Jesús. Quizás no entendieron que cuando fueron convocados a “estar con Él” su cometido mayor como seguidores era, ciertamente, entrar en ese mundo hondo de Jesús, ahondar, contemplar su realidad salvadora. Pero, sin duda, recibió de ellos apoyo y compañía.

Las “multitudes” también eran instancias de acompañamiento para Jesús. Esa relación brota de una verdadera vocación, la que Jesús siente y se plasma en su bautismo. Es una “vocación al pueblo”. Estaban hechos el uno para el otro. De ahí su gozo cuando la multitud intuye los valores del Reino (Lc. 10, 21); de ahí también su tristeza cuando una parte del pueblo menosprecia su oferta (Mt. 23, 37-39); de ahí la firme defensa que le pueblo hace de Jesús ante las autoridades que lo acechan (Mt. 21, 46).

La tierra ha acogido a Jesús, como a toda persona que viene a este mundo. Es la casa verdadera, la más básica. Jesús ha sentido la compañía de esta tierra que es hermana y madre. Ha sabido vivir las noches y emplearlas, más allá de su soledad y aspereza, para encontrar sentido y para dar hondura a sus acciones más decisivas (Mc. 1, 35; Lc. 6, 12) Ha disfrutado de los caminos andados, de los sembrados, del viento que se asemeja al Espíritu (Jn. 3, 8), de las viñas que serán símbolos de su oferta en novedad (Lc. 20, 9 – 19), etc.

Para orar:

Recuerdo y escribo los nombres de las personas que me han acompañado en mi crecimiento personal. Hago una oración pidiendo por ellas.


2. Jesús, hombre acompañante

Jesús como nadie ha acompañado la vida de la humanidad. Su aportación a la vida es la obra de total acompañamiento, de entrega absoluta, de poner a la persona como centro de sus anhelos, de haber hecho suyos nuestros intereses. Siempre acompañó y sigue acompañando a fondo la realidad humana.
Veamos algunos trazos del acompañar de Jesús dibujando así uno de los rasgos más característicos que define su propia estructura personal.

Acompañando procesos de vida
En el caso de María el proceso comienza en su dificultad para entender las opciones de Jesús (Mc. 3, 31 – 35); pasa por su seguir a Jesús “a distancia” en los momentos supremos de dificultad (Lc. 23, 27); continúa por su oración y trabajo perseverante en la construcción de la nueva comunidad (Hech. 1, 14); termina en la aceptación honda del hecho salvador de Jesús (Lc. 1, 28). En todo este proceso Jesús, es, sin duda, un acompañante generoso, del todo cercano a María. Por su parte los discípulos hicieron un camino difícil de crecimiento en la fe y Jesús siempre estuvo con ellos, paciente ante toda falta de fe y de entendimiento.

Jesús, también acompaña a quienes buscan. Esa sed, esa pregunta, le han encandilado. Por eso, ha tenido el afán de acompañarlas en su búsqueda vital. Ha acompañado a Leví, y a quienes esa figura representa, los pobres asalariados, dándole una prueba de total acogida en la mesa y en el corazón porque los que están mal son quienes necesitan al médico (Mc. 2, 14 – 17). Ha acompañado a los jefes opresores, como Zaqueo, dándole la oportunidad de experimentar la alegría de ver que era posible una nueva orientación vital (Lc. 19, 1 –10). Quiso acompañar al hombre rico que no se atrevió a dar el último paso, el más evangélico, el de vender todo para acompañar la vida de los débiles, pero no pudo porque sus bienes eran muchos (Mc. 10, 17 - 22). En toda esta tarea de acompañamiento a quienes buscan, Jesús ha hecho una obra de honda liberación.

Acompañamiento a los débiles
Quizá esta fue su mayor obra, aquella por la que desde el principio, le llamaron “divino”. Acompañó llantos, muertes, a los enfermos físicos y sociales, teniendo por su sueño más acariciado el de la persona erguida, participativa y con todas sus posibilidades desplegadas (Mc. 3, 1 – 7); acompañó silencios y así vio cómo la viuda pobre echaba en silencio su limosna al tesoro del templo, signo de su fe (Mc. 12, 42 – 44); acompañó las duras muertes (Mc. 5, 35 – 43). Los heridos por la debilidad vieron en ese acompañamiento un signo claro de la venida del Reino.

Acompañamiento a “los crucificados”
Porque en su extrema dureza de vida son quienes más acompañamiento necesitan para descubrir en su pobreza una pizca de sentido. Acompañó a los “crucificados por la norma” (Mc. 1, 39 – 45); acompañó a los pobres de la época aplastados por “los poderosos”. Acompañó a los mismos crucificados por la injusta justicia que salda sus cuentas con el delincuente arrebatándole la vida (Jn. 19, 16 – 18)

Acompañamiento a quienes ofrecen vida
Jesús acompaña la vida de quienes generan la vida en torno a sí. Lo ha hecho ver en la acogida a aquellos que presentaron al paralítico para su curación total, espiritual y social (Lc. 5, 17 – 26) y personas como Pablo, que han derramado vida en torno a sí a costa de grandes penurias (2 Cor. 11, 16 – 33), han notado constantemente el acompañamiento de Jesús que les ha llevado a decir que su confianza en Cristo no admitía fisuras (2 Tim. 1, 12).

Dios está al servicio de la persona. Él es un absoluto que no pone condiciones, que no humilla, desinteresado, que no controla a nadie, de honda fe en lo humano. Este es un requisito irrenunciable para un acompañamiento que se quiere curativo y creativo.

Para pensar y reflexionar:

¿A quiénes acompañaría Jesús hoy de un modo especial?
¿A quiénes acompañamos nosotros hoy con nuestra misión?
¿A quiénes deberíamos acompañar hoy de una manera especial, desde nuestro carisma/espiritualidad?

Cómo acompaña Jesús: sus técnicas

Jesús, ciertamente, no es un acompañante como lo son los modernos terapeutas. Pero tiene sus técnicas de acompañamiento. En Mc. 1, 29 – 31 se narra el relato de la curación de la suegra de Pedro. Jesús se acerca toma de la mano y levanta. Sin cercanía no hay posibilidad de un acompañamiento fecundo; acompañar “de lejos” es la mejor manera de resultar estéril. Cuando Jesús “toma de la mano” repite el gesto creador que crea con sus manos; para acompañar es preciso “amasar” la realidad, recrearla, reinventarla, construir estructuras de novedad; para acompañar Jesús “levanta”, un levantamiento que posibilita la resurrección. Un acompañamiento que no ayuda a construir una nueva estructura de la persona se queda a medio camino.
Es fascinante ver cuál fue el proceso que utilizó Jesús para llegar al corazón de la samaritana. Jesús parte de la realidad de vida o de la situación existencial de la samaritana. Y no se escandaliza ante tal realidad, muy por el contrario, la respeta y ama profundamente, al punto tal que decide ayudar a la mujer a reencontrarse con su historia. Por eso, él toma la iniciativa, da el primer paso y luego procede delicada y respetuosamente. Sin apremios, pero con marcada insistencia; sin cesar de llevarla por los caminos del amor y las exigencias de una vida mejor.

Para reflexionar y orar
:

Jesús me ha escogido, hablado y acompañado... recuerdo los momentos y los sentimientos que me ha suscitado... doy gracias al Señor por su predilección para conmigo.
Escribo las características del acompañamiento de Jesús a las personas. Puedo recurrir para ello al Evangelio.
¿Cómo acompaño yo a las personas desde mi tarea, mi pastoral?
¿Qué características del modo de acompañar de Jesús me faltarían ejercitar?

El discípulo como acompañante
Cuando el discípulo anuncia “la buena nueva de Jesús”, el nuevo amanecer que Jesús posibilita a toda persona, está cumpliendo con su vocación de discípulo. De ahí que una de las maneras de ir configurando la experiencia de discipulado es, justamente, el trabajo de acompañar. Entonces se repite en el tiempo el camino mismo de Jesús, su obrar salvador, obra de acompañamiento total a la historia humana.
El Evangelio es un gran aliado de la vida, de la sensatez, del sentido común, de la entrega al otro, de la liberación de temores, de la apertura de horizontes. Y esos elementos son muy útiles cuando se hacen trabajos de acompañamiento. Los sentimientos de soledad existencial son devastadores en el caminar humano. Una de las tareas elementales de todo acompañamiento es mitigar esa herida.

* Comparto con alguien mi experiencia en el proceso del itinerario formativo: Encuentro con Jesucristo – Discipulado – Comunión – Misión. Desde el medio: ACOMPAÑAMIENTO que nos hemos propuesto profundizar este año ¿Cómo estoy realizando este proceso formativo? ¿En qué hechos o situaciones concretas?

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RETIRO ESPIRITUAL
No estás solo...un ángel te acompaña.....

(Revista Testimonio. Enero/Febrero/2008)

I. PARA ENTRAR EN RETIRO

Dispón de un día entero (y si no e
s posible, por lo menos de una tarde),
solo para ti, sin interrupciones, y unas
horas para pasarlas con Jesús.

Escoge un lugar bello, silencioso y acogedor.

Puedes ayudarte con una música suave, con una imagen de Jesús,
con el sonido de la naturaleza al aire libre, que te invite a la paz, al recogimiento, a la serenidad, a la acción de gracias, a la alabanza.

Prepara tu retiro teniendo a la vista el Itinerario Formativo:
ENCUENTRO CON JESUCRISTO–DISCIPULADO–COMUNION–MISION.

Recógete interiormente y ponte en oración ante Dios

 

 

II. TEXTO MOTIVADOR
TOBIAS 5, 1 y siguientes (selección)

“Aquel día Tobit dijo a su hijo Tobías: elige por esposa a una mujer de la raza de tus padres, ama a tus hermanos, muéstrate correcto cuidando cada uno de tus pasos, no hagas a nadie lo que no quieras para ti. Ve a rescatar el dinero que deposité en manos de Gabael en Ragués de Media. Tobías respondió a su padre: haré todo lo que me has mandado, pero ¿cómo recuperaré el dinero si no conozco a ese hombre, ni él a mi? ¿Qué señal le daré para que me reconozca, me crea y me entregue el dinero?. Además desconozco el camino para llegar a la ciudad de Ragués de Media. Tobit le entregó el recibo y le dijo: ahora busca a un hombre de confianza para que te acompañe, a la vuelta le pagaré un sueldo, pero recupera ese dinero. Tobías salió en busca de un hombre y encontró al ángel Rafael, pero no sabía que era ángel de Dios. Y le preguntó: ¿de dónde eres? El joven respondió: soy uno de los hijos de Israel, tus hermanos, que ando en busca de trabajo. Tobías le dijo: ¿conoces el camino a la ciudad Ragués de Media? El respondió: Si, he ido muchas veces y conozco bien los caminos. Tobías le dijo: espérame que voy a avisar a mi padre, ya que necesito que vengas conmigo y yo te pagaré tu sueldo. El joven respondió: espero, pero no te demores. Tobías le contó a su padre que había encontrado a un hermano israelita, y el padre le contestó: llámalo para saber a qué familia y tribu pertenece y si es digno de confianza para que te acompañe. Tobías llamó al joven y su padre le preguntó: ¿a qué familia y tribus perteneces?. El ángel respondió: ¿qué te importa más: la persona que acompaña a tu hijo, o la tribu a la que pertenece?. Tobit exclamó: que te conserves sano y salvo hermano,¡bien venido seas!. Anda con mi hijo y si vuelven sanos te aumentaré el sueldo. El ángel respondió: lo acompañaré, no temas, sanos partimos y sanos regresaremos, pues el camino es seguro. El padre dijo: que el Dios del cielo los proteja, que su ángel los acompañe en el camino, para que vuelvan sanos a mi. Caminaron y, llegada la noche, acamparon a la orilla del río Tigris. Después continuaron su camino hasta cerca de Media. Entraron en la ciudad de Ecbátana y pasaron la noche en casa de un pariente cercano donde Tobías encontró para su esposa y se casó con la bendición de Dios. El ángel Rafael por su parte fue a la ciudad de Ragués a rescatar el dinero sin problemas. Cada mañana Tobit, el padre de Tobías contaba los días de la ida y la vuelta, y Ana su madre miraba el camino por el que debía volver su hijo. Al cabo de un tiempo Tobías salió de Media para regresar a la casa de sus padres en compañía del ángel, llevando consigo a su esposa y el dinero, bendiciendo a Dios, que había llevado su viaje a un tan feliz éxito. Mientras iban de camino hacia el padre, Rafael dijo a Tobías: tengo la seguridad de que tu padre ciego, recobrará la vista y verá la luz. Al llegar, Ana su madre, se echó al cuello de su hijo diciendo: por fin te he vuelto a ver. Tobit su padre salió a la puerta, Tobías corrió hacia él, lo abrazó, le puso en los ojos el remedio que le había dicho el ángel, se le cayeron unas escamas y dijo: ahora te veo hijo mío y lo abrazó llorando. Tobías bendijo al Señor, luego contó al padre el éxito de su viaje. Tobit llamó al ángel y le dijo: recibe como sueldo la mitad de toda la riqueza que trajeron. Pero el ángel les dijo: Bendigan a Dios y denle gracias por lo que hizo en favor de ustedes. Les voy a decir toda la verdad sin ocultarles. Dios me ha enviado para acompañarlos y salvarlos. Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que tienen entrada a la gloria del Señor”.

III. REPASO DEL TEXTO

¿Quiénes son los personajes? Ubica al protagonista central.
¿En qué consiste el itinerario de Tobías?
¿Quién lo envía?
¿Quién lo acompaña?
Enumera las actitudes de Tobías frente al pedido de su padre
Reflexiona sobre lo que te inspira el texto.

IV. PISTAS VITALES

Ponte en la presencia de Dios y trae a consideración tu Itinerario Formativo: ENCUENTRO CON JESUCRISTO-DISCIPULADO-COMUNION-MISION.
Cuéntale a tu Padre Dios algunos pormenores de esos momentos esenciales.
Comparte con EL, todo eso que brota en tu corazón al contemplar esos momentos. ¡ Y déjale que EL te haga preguntas!
Piensa, ¿qué personas acompañaron e iluminaron tu caminar por esa senda?.
Escoge a una o algunas (sólo dos o tres) de esas personas, aquella o aquellas que tu corazón siente la necesidad de recordar hoy.
¿Qué fue lo más esencial que Dios te hizo ver en el caminar por este itinerario a través de esa o esas personas?
¿Qué certezas descubres hoy para el futuro de tu ENCUENTRO CON JESUCRISTO-EL DISCIPULADO-LA COMUNIÓN Y LA MISIÓN?


V. IDEAS FUNDAMENTALES

Cada ser humano es caudal de gracia para sí mismo y para los demás, a veces encerrada, a veces derramada.
Cada encuentro entre personas tiene posibilidades infinitas, porque es Dios quien se derrama como salvación incesante en cada una de ellas.
Dios nos envía siempre a sus ángeles para acompañarnos en el camino. Esos ángeles son nuestros hermanos y hermanas con quienes caminamos.
Nosotros de nuestra parte, como Tobías debemos buscar, descubrir y permitir que alguien nos acompañe en el importante trayecto de nuestra vida de cristianos consagrados.
El Itinerario Formativo que nos hemos trazado se compone de momentos que se compenetran íntimamente y se alimentan entre sí de tal manera que estamos siempre y al mismo tiempo, transitando por las distintas etapas, regresando y volviendo a empezar y ¡qué reconfortante y luminoso es estar acompañados!
Dios presente en cada persona, se vuelve teofanía en cada encuentro, en cada nuevo destino que nos toca vivir no sólo con las personas que aparecen claramente deslumbrantes, inteligentes, experimentadas, sino también en aquellas que no parecen tan agradables, maravillosas, afectivas como desearíamos.
Dios nos puede a veces proporcionar sin darnos cuenta, acompañantes aparentemente frágiles, pequeños, devaluados, pero está construyendo misteriosamente una autopista de oportunidades de gracia para nuestras vidas.
“Yo” como el “otro”, somos sendas de verde fecundidad el uno para el otro, caminos que se van encontrando para desembocar en el mar infinito de las praderas de nuestro Dios.
No perdamos la oportunidad de descubrir los ángeles que el Señor nos va enviando a lo largo de nuestra vida.
Siempre habrá un Tobías que busca un ángel para acompañarlo y un Rafael que busca el trabajo de ser acompañante.
Por último, los ángeles aparecen en un momento de nuestra vida, cumplen su misión y luego desaparecen, pero siempre serán nuestros ángeles que nos acompañan o nos han acompañado y enriquecido nuestro itinerario.

VI. PARA COMPARTIR Y CELEBRAR EN COMUNIDAD

Pistas para compartir:

Comparte a tus hermanos los momentos más significativos de este día de retiro

Cuenta brevemente lo que ha significado en tu Itinerario Formativo la presencia de un ángel.

Exprésate en forma resumida sobre las personas que han sido “ángel de Dios” para ti.

Posibles signos:

Cada participante concurre a la celebración con una maceta. Se dispone de una jarra de agua. En el momento oportuno como signo del acompañamiento mutuo, cado uno hecha unas gotas de agua en las plantas de los demás.

En la celebración se enciende el cirio pascual símbolo de Cristo Luz del mundo y Camino al Padre. Se colocan en torno al cirio una velas con los nombres de uno o dos acompañantes que han sido ángeles para nosotros. El animador de la oración u otra persona toma la luz del cirio y enciende esas velas. Luego cada participante enciende su vela personal como signo de que también debe ser ángel y acompañante de los demás haciendo su oración delante de la comunidad.

Utilizar música suave, cantos, oraciones espontáneas o guiadas.

VII. SUGERENCIA DE ORACIONES

A JESÚS
Te saludamos como Unigénito de Dios,
Te cantamos con los ángeles y arcángeles,
Envíanos a tus mensajeros celestiales
Para que guíen nuestros caminos
Y enderecen nuestras sendas hacia Ti.
Infunde en nosotros tu Espíritu Santo,

Dispón nuestra mente y corazón para acogerlo
Enciende en nosotros la llama de su amor
Llena con su presencia nuestras facultades
Que nuestro espíritu reciba sus inspiraciones.

Te adoramos como Hijo Amado del Padre.
Único camino para llegar a El.
Te damos gracias por invitarnos.
A seguir tu misma senda.
Atráenos a Ti para que sigamos tus huellas.

Te reconocemos como Palabra Encarnada.
Enviado del Padre para enseñar a los hombres
Único Maestro, Camino, Verdad y Vida
Enciende en nosotros la luz de la fe,
de la esperanza y del amor. Amén.
(Flia. Paulina)

AL ESPIRITU SANTO
Espíritu Santo, Dios y Señor mío,
Heme aquí en tu presencia,
Providencialmente congregado en tu nombre
Ven a mí y permanece conmigo.

Dígnate habitar en mi corazón,
Enséñame lo que debo hacer,
Y el camino que he seguir,
Muéstrame cómo debo obrar.

No permitas que la ignorancia
Me haga equivocar el camino,
Ni que los halagos me dobleguen,
O la acepción de personas me seduzca.

Antes bien úneme eficazmente a Ti
Con el solo don de tu gracia,
Para que sea una sola cosa contigo
Y en nada me aparte de la verdad.
Amén
(Atribuido a San Isidoro de Sevilla)

SALMO
(Selección de versos)
Señor, Tú eres un Dios que reviste de fuerza,
Un Dios que allana mis caminos.
Afirma mis pasos en tus sendas
Para que no tropiecen mis pies.

El me da piernas de gacela,
Y me hace caminar por las alturas,
Por el camino del bueno me dirige,
Por amor de su nombre.

En tu verdad guía mis pasos, instrúyeme,
Tu que eres mi Dios y mi Salvador,
Dirige los pasos de los humildes,
Y muestra a los sencillos el camino.

Amor y lealtad son todos sus caminos,
Para el que guarda su alianza y sus mandatos,
En cuanto un hombre teme al Señor,
El le enseña a escoger su camino.

En torno a Ti voy caminando,
Mientras entono mi acción de gracias,
Recordando tus obras admirables,
Mis pies pisan en terreno llano.

Salva a tu pueblo y bendice a los tuyos,
Pastoréalos y condúcelos por siempre.
Enséñanos tus caminos,
Guíanos por el sendero llano.

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RETIRO ESPIRITUAL ¡ TOMA TU CRUZ !.....
El DISCÍPULO NO PUEDE SER MAS QUE SU MAESTRO

(Hernán Vargas, CP)

INTRODUCCION

Tú sabes que un día de retiro es siempre un tiempo de gracia y
salvación, un Kairós, un regalo de Dios para ti. Por lo mismo, es
un tiempo de Dios para: - Dejarlo actuar a El. Dejar a Dios ser
Dios – Escucharlo a El en la soledad sonora – Renovar y fortalece
r el amor primero.

En este día quieres disfrutar de la iniciativa e invitación de Dios a
ir y estar en el desierto, lugar que favorece el encuentro personal
con el Dios fiel y misericordioso, y ahí abrir tu corazón y acoger,
como María, la novedad del Evangelio. El ENCUENTRO CON CRISTO
VIVO
es el único punto de partida que posibilita transitar por el
Itinerario de: SER DISCÍPULO, DE ESTAR EN COMUNIÓN CON
CRISTO Y LOS HERMANOS Y CONVERTIRSE EN MISIONERO
DE LA BUENA NUEVA.

Para vivir hoy esta experiencia de encuentro con Jesús, comienza por: Buscar el lugar más adecuado que te permita sintonizar con el Señor. Estar en una postura físicamente cómoda para orar. Hacer un rato de silencio que te recupere la paz interior y tener “la casa sosegada”. Centrarte y concentrarte con todo tu ser para estar, como discípulo, a los pies de Jesús Crucificado y escuchar su voz.

Y es que tener un corazón de discípulo es fundamental para orar, tomar la cruz y seguir a Jesús. Por eso te recuerdo tres dimensiones básicas en la experiencia del discipulado evangélico: 1) El discípulo es un hombre o una mujer que habiéndose encontrado personalmente con Jesús ha experimentado una auténtica fascinación por El.

Este encuentro ha cambiado su vida radicalmente. 2) El discípulo tiene una nueva conciencia de sí mismo, de su propia fragilidad, de su pecado, pero también de la gracia, la bondad y la misericordia de Dios. 3) El discípulo descubre un nuevo modo de pertenecer a la comunidad humana. Se acaba el viejo y limitado concepto de prójimo y asume una actitud de compasión y acogida frente a todo necesitado de cualquier tipo, condición, edad, cultura, nacionalidad, raza, etc.

Esta propuesta de retiro tiene cinco pasos que te pueden ayudar, ¡ojalá!, en este día de oración.

I. MIRAR LA REALIDAD PERSONAL, COMUNITARIA, SOCIAL

Un mendigo ciego llamado Bartimeo, sentado junto al camino en Jericó, con todo su corazón, le pide a Jesús, el Nazareno: “Maestro, que yo pueda ver”. Que esa sea también tu oración inicial para poder mirar y ver tu vida personal, la de tu comunidad y lo que acontece en el entorno o realidad social.

El tema o imperativo de Jesús para orar en este día es ¡TOMA TU CRUZ !. Esta es una condición esencial para ser discípulo de El. Mira tu vida personal y revisa cómo has vivido o estás viviendo la presencia de la cruz en tu proceso personal de seguimiento de Jesús:

Se dice que la cruz es la cuna del hombre nuevo y de la mujer nueva. ¿Tienes alguna experiencia que confirme esta afirmación?
Se dice que en la cruz está nuestra esperanza. ¿Tú sientes que esto es verdad? ¿Puedes dar testimonio de esto?
Se dice que la cruz es el árbol de la vida. ¿Tu experiencia te dice y te enseña que ciertamente es así?
San Pablo afirma que la cruz de Cristo es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. ¿tú podrías hacer esta misma afirmación desde tu experiencia personal? Deja el tiempo que sea necesario para responder las preguntas anteriores en un clima de diálogo con el Crucificado.


Ampliemos la mirada. Tomar la cruz es también tener conciencia de que hoy muchos hombres y mujeres están siendo crucificados. En todos esos rostros sufrientes deberíamos ver el rostro y los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela (Puebla31). Aquí surgen algunas preguntas para mirar y orar la historia concreta:

1) ¿ El Crucificado y los crucificados de hoy son para ti una misma realidad? ¿Constituyen para ti un único misterio de salvación o los tienes disociados?
2) Junto al Crucificado estaba María, su madre, otras mujeres, Juan, los soldados...Otros compañeros no estaban en ese momento con el Maestro o bien estaban lejos. ¿tú dónde te ubicas? ¿te sientes junto a los crucificados solidarizando con ellos?
3) Nicodemo y José de Arimatea bajaron a Jesús de la cruz. ¿tú y tu comunidad qué están haciendo para bajar de la cruz a quienes hoy están crucificado por el dolor, la enfermedad, la soledad, etc.?
4) El Crucificado sigue gritando por la boca de los crucificados: “tengo sed”; “Dios mío ¿por qué me has abandonado?” ¿estos gritos llegan a tu corazón? ¿cómo reaccionas?
No podemos arrogarnos el derecho de anunciar a otros la Palabra de la Cruz si ésta no se ha encarnado antes en nuestra propia vida. Detente un rato aquí y deja resonar estos interrogantes en tu corazón. Dios invita al desierto para hablar al corazón.


II. TOMA TU CRUZ

Entramos al segundo momento del día de retiro. Después de contemplar la realidad personal y social, vamos a escuchar la Palabra de Dios y comprender mejor lo que la cruz significó en la vida y en la misión de Jesús. Ya sabemos que no es el discípulo más que su maestro. Por eso, una condición esencial para el seguimiento y para el discipulado es este imperativo: ¡ TOMA TU CRUZ !.

Jesús convocó a hombres y mujeres que quisieran ser sus discípulos, es decir, que quisieran caminar detrás de El, estar donde El esté e ir donde El vaya. Les puso tres condiciones; escuchemos la Palabra: “Y dirigiéndose a sus discípulos añadió: si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga” (Mt.16,24). Si quieres puedes todo el texto: Mt. 16,21-26 y otros textos que te pueden ayudar para la oración: Is. 52,13-53; Hch. 10, 34-43; Heb. 5, 1-10; Sal. 22.

Ahora deja el tiempo que haga falta para escuchar, rumiar, saborear de modo orante la Palabra. Luego, puedes leer el siguiente comentario.

Jesús aclara a sus discípulos que está próxima su pasión y su muerte en la cruz. Esto descolocó a los discípulos porque ellos pensaban en otro tipo de mesianismo y no en un Mesías crucificado. Por esta razón, Jesús reprende a Pedro: “¡Ponte detrás de mí, Satanás!...tus pensamientos no son como los de Dios, sino como los de los hombres” (Mt. 16,23). Y ahora Jesús pone las condiciones para el discipulado.

El lugar que le corresponde al discípulo no es delante del Maestro, obstaculizando el camino y el proyecto de Dios, sino detrás y así caminar con el Maestro. Por esta misma razón, el discípulo tiene que renunciar a sí mismo. ¿qué significa esta condición?. No significa matar la personalidad, ni tener una baja autoestima, ni considerarse como alguien que no vale nada. Significa descentrarse de sí mismo para centrarse en Jesús. Es decir, que mis planes y proyectos, mis pensamientos y criterios coincidan plenamente con los de Dios. Significa desligarse de todo aquello que impide amar y caminar con libertad en pos de Jesús para religarse, unirse a su Persona y así vivir en comunión con El y los hermanos anunciando el Evangelio del Reino.

¿Crees que necesitas desligarte de algunas ataduras importantes para poder religarte existencialmente más al Crucificado? ¿Sabes cuáles son?. Ponles nombres. Si lo ves oportuno, date un tiempo para expresar tu respuesta discernida y sincera.

III. “FUE CRUCIFICADO EN TIEMPOS DE PONCIO PILATO”

Si tomar la cruz es un imperativo del Evangelio, si es una condición necesaria para ser discípulo y seguir a Jesús, es preciso recordar las razones que tuvo Jesús para enfrentar y asumir la cruz. Fue crucificado y lo mataron en tiempos de Poncio Pilato. Las razones que tuvo Jesús para morir en la cruz son muy distintas a las de los que detentaban el poder político y religioso de su época. La pasión y muerte de Jesús en la cruz son la consecuencia coherente y lógica de su vida en plena fidelidad a la voluntad del Padre hasta la entrega total. Lo que hace que un hombre o una mujer se transforme en mártir no es la muerte, sino las razones o las causas por las cuales muere. Jesús muere en la cruz porque nadie tiene amor más grande que quien da la vida por los amigos; amó hasta el extremo de dar la vida. Sus dichos y sus hechos, sus palabras y sus gestos lo fueron conduciendo lentamente hasta el calvario: proclamó el sermón del monte, cuestionó el poder político y religioso, compartía la mesa con pecadores, dialogaba con mujeres, se juntaba con marginados y excluidos, liberó de yugos y tradiciones asfixiantes, curó a enfermos, expulsó demonios; por estas razones y otras más lo mataron. Pero Jesús da la vida, muere en la cruz porque es el Buen Pastor que salió a buscar a la oveja que estaba perdida hasta encontrarla, es el pastor bueno que da la vida por todas las ovejas, especialmente por aquellas que andan cansadas y agobiadas como sin pastor. A El nadie le quita la vida; El la entrega libremente. (Jn. 10,10-18). Amó tanto la vida que entrega la suya para que todos tengan vida en abundancia. Es el Señor de la Vida. Muriendo en la cruz ratificó todo lo que había dicho y hecho durante su vida. Pasó haciendo el bien y sanando a todos porque Dios estaba con El (Hch. 10,38). En la cruz se revela la dimensión más honda de la encarnación: el asumir la condición de siervo, el vaciamiento de toda apariencia de dignidad, la renuncia libre a la propia vida hasta morir crucificado.

Jesús ha asumido la condición humana hasta someterse a la condición de esclavo y hacerse obediente hasta la muerte en la cruz. Desde entonces nada es redimido si antes no es asumido. Para redimir hay que asumir. La cruz de Cristo solo es redentora y salvífica en la medida en que expresa su amor a la humanidad y su fidelidad a la voluntad del Padre, en la medida que es camino hacia la Pascua, fuente de vida nueva y de resurrección.

Deja hablar a tu corazón y que se exprese libremente frente al Crucificado y a los crucificados de hoy.

IV. “ESTOY CRUCIFICADO CON CRISTO”

El apóstol Pablo le dice a los corintios que el Crucificado es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pablo se tomó en serio la experiencia de la cruz. Llegó a decir: “estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Ahora en mi vida mortal vivo creyendo en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí”(Gl.2,19). Después de todo lo que has orado en este día, ahora es el momento de hacer síntesis y de asumir algunas opciones y decisiones concretas. ¿Cómo vas a encarnar en tu vida el “si quieres ser mi discípulo, toma tu cruz.....”?

V. CELEBRACION

Prepara y realiza una celebración de la Palabra con tu comunidad, en la que puedan expresar una acción de gracias, un canto de alabanza, pedir la gracia necesaria para tomar la cruz.

Pueden orar si les parece con esta plegaria:

Seducido por el Crucificado
Aquí estoy ante ti, Jesús hombre y Dios Crucificado.
Hombre colgado del madero por vivir feliz la ley nueva.
Hombre dichoso por ser en tu vida y palabra Bienaventuranza.
Aquí estoy ante ti, Jesús del hombre, con el corazón abierto.
Estoy dispuesto a asumir el Sermón de la montaña
Que tú experimentaste en tu vida, paso a paso, hasta la cima de la cruz.
Aquí estoy, junto a tu Cruz, corazón abierto, en busca de tu santidad
En busca del hermano que llora su soledad
En busca de tu fortaleza para ser fiel en la prueba
En busca de la paz y el gozo en medio del dolor
En busca de tu felicidad siendo fiel a tu Palabra.
Jesús, Salvador del hombre y Señor de la historia
Dame un corazón abierto a tu Padre Dios, plenitud de vida
Dame un corazón capaz de sentir el dolor del hombre necesitado
Dame un corazón dispuesto al perdón, a la reconciliación
Dame un corazón firme en el amor
Dame un corazón capaz de olvidarme de mí por el hermano.
Señor Jesús, Corazón del corazón del Padre
Gracias por el don de tu vida dado sin medida
Gracias por el don de tu Sangre que limpia y sana
Gracias por la fuerza dada desde tu debilidad de Crucificado
Gracias por el hombre nuevo de la Era Nueva nacido de tu Cruz.

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RETIRO ESPIRITUAL: ACOMPAÑANDO COMO JESÙS

Preparación personal para un día de retiro:

Tomate este día para vos. Es un regalo de Dios. Él te invita a retirarte a solas para encontrarte con Él. Dios quiere encontrarse con vos; sólo tenés que dejarlo. Abrile las puertas de tu corazón y dejalo entrar. Hoy es un día especial, sólo para estar con Él. No te pierdas esta oportunidad. Un retiro es una gracia; y bien hecho puede dejarte una marca en tu interior; una experiencia inolvidable que puede servirte para siempre y sobre todo puede ayudarte a crecer interiormente. Aprovechalo!!! Buscá un sitio donde el silencio y la luz te inunden, ayudate con alguna imagen de Jesús o con un crucifijo. Ponete en presencia de Dios y entrá en oración silenciosa hasta compenetrarte en Él.

Tené con vos el Itinerario de Formación: Encuentro con Jesucristo – Discipulado – Comunión – Misión. Tomate unos minutos para pensar y reflexionar: Dónde estás parado/a; qué cosas te ayudan a ir caminando en este itinerario; en qué notás que has crecido en estos últimos meses; en que sentís que te falta crecer; qué le pedirías hoy a Jesús para tu vida como cristiana/consagrada.

Texto motivador:

JESÚS Y LA SAMARITANA (Jn. 4,1-30 y 39-42)

Leé el texto en forma pausada; y poné atención a las palabras o frases que resuenen en tu interior. Ponete en lugar de los personajes: Jesús – la samaritana.

Es fascinante seguir de cerca el proceso que realiza Jesús al ayudar a la samaritana a encontrarse con Él, consigo misma y con sus hermanos. Vamos, precisamente, a tomar este texto como punto de partida para la reflexión y el análisis del actuar pedagógico de Jesús.

Te sugiero que realices una segunda lectura pausada y atenta del texto. Imaginate la situación, los movimientos, la ubicación geográfica, el tono de voz, la cadencia; pero sobre todo centrá tu atención en el accionar de Jesús, en su modo de encarar una situación tan delicada.

Jesús se encuentra fatigado y cansado en el pozo de Jacob, con la mujer. Los pozos en aquella época, solían quedar a unos kilómetros del pueblo. La gente tenía que llegarse a ellos varias veces al día, portando el agua en cántaros de gran peso. Es en esa situación que se encuentran Jesús y la samaritana. Vamos a analizar minuciosamente el diálogo entre ellos:

JESÚS: "Dame de beber."
LA SAMARITANA: "¿Cómo tú que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?..."
J: ..."Si conocieras el don de Dios y quién es el que dice: "Dame de beber", tú misma se lo hubieras pedido y él te habría dado agua viva."
LS: "Señor no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más poderoso que nuestro padre Jacob?..."
J: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá jamás a tener sed."
LS: “Dame de esa agua para que no sufra más sed, ni tenga que volver aquí a sacarla."
J: "Ve y llama a tu marido."
LS: "No tengo marido..."
J: "Es verdad lo que dices, que no tienes marido, has tenido cinco y el que tienes ahora tampoco es tu marido."
LS: "Señor, veo que eres un profeta... Pero ¿dónde adorar a Dios, aquí o en Jerusalén?"
J: "...Ni aquí ni en Jerusalén., los verdaderos adoradores, adorarán al Padre en Espíritu y Verdad."
LS: “Yo sé que el Cristo está por venir."
Cuando él venga nos aclarará todo.”
J: "¡ÉSE SOY YO, EL QUE HABLA CONTIGO!"

La mujer dejó su cántaro y corrió a la ciudad y dijo a la gente:
"¡Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho! ¿No será el Mesías?"

Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro...

Muchos samaritanos creyeron en Él por las palabras de la mujer...
Muchos más creyeron en Él a causa de su palabra y decían a la mujer:

"YA NO CREEMOS POR LO QUE HAS DICHO, NOSOTROS MISMOS LO HEMOS OIDO Y SABEMOS QUE
ÉL ES VERDADERAMENTE EL SALVADOR DEL MUNDO."

EL PROCESO METODOLÓGICO DE JESÚS

Evidentemente, Jesús no habla en los Evangelios de un método catequístico, pero sí podemos percibir una manera de obrar, una "pedagogía", una "metodología" que le es propia y que utiliza con frecuencia. Es interesante e importantísimo ver cuál fue el proceso que utilizó Jesús para llegar al corazón de la samaritana y que podríamos resumir de la siguiente manera:

1. JESÚS PARTE DE LA REALIDAD DE VIDA O DE LA SITUACIÓN EXISTENCIAL DE LA SAMARITANA.

La samaritana tenía su historia, sus creencias, su manera de relacionarse con los otros; su propia forma de vida. Ella no sabía ni podía crecer como persona. Se había transformado en un lugar de paso para los hombres; de odio para las mujeres y en un motivo de escándalo para la comunidad. Era una mujer adúltera.

Jesús no se escandaliza ante tal realidad, muy por el contrario, la respeta y ama profundamente, al punto tal que decide ayudar a la mujer a reencontrarse con su historia. Por eso, él toma la iniciativa, da el primer paso y luego procede delicada y respetuosamente. Sin apremios, pero con marcada insistencia; sin cesar de llevarla por los caminos del amor y las exigencias de una vida mejor.

Y esto es lo primero que precisamente tenemos que aprender: A AMAR Y RESPETAR PROFUNDAMENTE LA REALIDAD DE NUESTROS HERMANOS; no imponiéndoles nada, sino acercándolos al Amor de Dios.


2. JESÚS ANUNCIA SU PALABRA: "YO SOY EL CRISTO"

Recién cuando la tierra estaba preparada; es decir, cuando la samaritana estaba predispuesta, es que Jesús anuncia su Palabra, transformadora, viviente, operante. Generando un cambio de vida, un cambio fundamental en el corazón y en la vida de la samaritana. De la misma manera, la Palabra del Señor opera la Salvación y la Redención, en nosotros y en nuestros acompañados, con una fuerza extraordinaria.


3. SE PRODUCE UN CAMBIO DE VIDA O RESPUESTA VITAL EN LA SAMARITANA

La mujer sacudida por el amor de Jesús, tocada y sanada por la Palabra de Dios se encuentra y acepta a sí misma. Esto le permite descubrirse, abrirse a los demás y al Otro. La samaritana no sólo vuelve corriendo a su pueblo -dejando el cántaro y con él, su vida anterior- sino que irrumpe llena de vida en la realidad cotidiana de su gente, testimoniando su encuentro con el Dios Viviente.

La samaritana pasa de ser DISCÍPULA (seguidora) de Jesús para convertirse en APÓSTOL (testigo o anunciadora) de la Buena Noticia: lleva a sus hermanos hasta Jesús. De esa manera, se convierte en un puente para que sus hermanos conozcan a Jesús y luego, ellos mismos lo reconozcan como el Salvador, transformándose, a su vez, en discípulos del Maestro y nuevos apóstoles de su mensaje.

Y ésta es la experiencia que se viene transmitiendo (de persona a persona, de corazón a corazón, de padres a hijos, de catequistas a catequizandos, de acompañantes a acompañados), desde hace años en el seno de la Iglesia, cumpliendo con el mandato del Señor: “vayan y hagan discípulos míos a todos los hombres enseñándoles a cumplir todo lo que les he mandado...” (Mt 28,20)


PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL Y GRUPAL:

1. ¿Cuáles son las características del actuar de Jesús para con la samaritana?
2. ¿Qué cosas te llamaron la atención del texto meditado? ¿Qué tomarías para tu vida personal como acompañado/a y acompañante?
3. Como acompañado/a ¿cuál fue tu experiencia?
4. Si acompañaste a alguien ¿cómo te has sentido?
5. En grupo hacer una Oración o un canto de acción de gracias por el encuentro con Jesús.

 

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Retiro Espiritual: Entronización de la Palabra


(Revista Testimonio Nº 226)

1.- PARA ENTRAR EN CLIMA


- En comunidad o en privado (en la capilla o en otro lugar): Escuchar música instrumental o canción religiosa suave y apropiada que ayude a serenarse. Contemplar, un objeto que se ha preparado previamente, puede ser: una postal, un cuadro, un paisaje, un árbol, una piedra, una fotografía, una cruz, una imagen, una lámpara, el sagrario, etc...o también una frase profunda, una frase del Evangelio, la Biblia.

- Relájate intentando aflojar o disminuir la tensión corporal, mental y psicológica, con el propósito de dar un descanso a toda tu actividad interna para conseguir un estado de reposo, aflojando los músculos y dejando la mente libre de toda preocupación. Para inducirte a una profunda relajación es imprescindible adoptar una postura cómoda, en un lugar tranquilo. Así pues, con el cuerpo serenado fija los ojos y la mente con la atención del todo concentrada en el objeto preparado o la frase bíblica elegida. Sólo mirar, contemplar, sin pensar en nada. Recógete interiormente y ponte en oración ante Dios.

Frase: “Tu Palabra es antorcha para mis pasos y luz para mi camino” (S.109)

2.- ORACIÓN AL ESPIRITU SANTO

Espíritu Santo, Dios y Señor mío, heme aquí en tu presencia,
Providencialmente congregado en tu nombre, ven a mí y permanece conmigo.
Dígnate habitar en mi corazón, enséñame lo que debo hacer,
Y el camino que he seguir, muéstrame cómo debo obrar.
No permitas que la ignorancia me haga equivocar el camino,
Ni que los halagos me dobleguen, o la acepción de personas me seduzca.
Antes bien úneme eficazmente a Ti con el solo don de tu gracia,
Para que sea una sola cosa contigo y en nada me aparte de la verdad. Amén

(Atribuido a San Isidoro de Sevilla)


3.- TEXTO MOTIVADOR

“Jesús vino a Nazaret, donde había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Noticia, me ha enviado a proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó pues a decirles: esta Escritura, que acaban de oír, se ha cumplido hoy. Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca”. (Lc 4,16-22)

4.- REPASO DEL TEXTO

Relee lentamente el texto. ¿Quiénes son los personajes?. Contémplalos. Ubica al protagonista central. Revive la escena. Contempla a Jesús, sigue todos sus movimientos y sus palabras. Hazte presente en la sinagoga y como los demás, fija los ojos en Jesús y admírate de las palabras llenas de gracia que salen de sus labios. Reflexiona sobre lo que te inspira el texto. Encuéntrate con Jesús y su Palabra. Conversa con Él. Deja que esta Palabra de hoy se cumpla en ti.

5.- IDEAS FUNDAMENTALES

Jesús presentó la historia antigua del Profeta Isaías. Luego la actualizó en su persona, su vida y misión. “Hoy se ha cumplido la escritura que acaban de oír”

Toda la historia sagrada, todo pasaje de la Biblia, se cumple hoy en nuestra vida, es decir, está escrita para iluminar nuestro presente.

La Biblia contiene los planes de Dios para el mundo, la humanidad, la historia pasada y presente para los hombres y mujeres en general y para cada uno/a en particular.

Todo cristiano, consagrado, laico, debe experimentar en su persona esta dimensión esencial de la Biblia

Una auténtica espiritualidad se construye desde el encuentro personal con Dios en la mesa de la Palabra y en la mesa de la Eucaristía que dé un sentido profundo al ser de discípulos misioneros. No se concibe el encuentro con Dios sin la comunión, o sea el encuentro con el hermano.

Cada cristiano/consagrado es caudal de gracia para sí mismo y para los demás, a veces encerrada, a veces derramada, a partir del encuentro con Cristo Palabra del Padre, que nos hace discípulos y misioneros.

La escucha de la Palabra supone una experiencia mística que toca el núcleo del corazón y que se proyecta en la misión y compasión con los sufrientes, porque no podemos callar como discípulos lo que hemos visto y oído, palpado y escuchado del Verbo de la Vida.

El Itinerario Formativo del encuentro con Jesucristo, el discipulado, la comunión y la misión que nos hemos trazado, se convierte en un procedimiento ideal alimentado por la fuerza de la Palabra para vivirlo como momentos que se compenetran íntimamente y se retroalimentan entre sí de tal manera que estamos al mismo tiempo, encontrándonos con Jesucristo, anunciando el Reino, en comunión con nuestros hermanos, regresando y volviendo a empezar.

La centralidad de la Palabra de Dios, debe ser algo evidente para cada religioso/a y para la comunidad de consagrados como tal; se hace indispensable que ella recupere toda su fuerza en la vida y en la misión.

La lectura personal diaria, y la comunitaria semanal de la Palabra, se torna en verdadero desafío para los discípulos misioneros, a fin de infundir vida al evangelio, caldear y avivar el corazón y darle credibilidad a la vida religiosa, convirtiendo los núcleos problemáticos en núcleos de vida sana y evangelizadora.

La efectividad de la Palabra de Dios viene del Espíritu Santo. Es por su fuerza que podemos crecer en el encuentro con el Verbo Encarnado, Palabra del Padre.

6.- PISTAS VITALES-RESPUESTA-COMPROMISO

Tu vida de religioso o religiosa es el único evangelio que muchos van a leer en las escuelas, hospitales, hogares, en los barrios, pueblos, en las grandes ciudades o en las recónditas latitudes de nuestro mundo. ¿Eres conciente de eso?

La Palabra que transmites con tus labios y con tu vida, ¿es antes escuchada y meditada en tu corazón?

¿Cómo escuchas la Palabra de Dios? ¿la guardas en tu interior? ¿te dejas conducir por ella? ¿das una respuesta? ¿la haces realidad en tu vida?.

¿Permites que la Palabra escuchada y rumiada cada día se cumpla en tus actitudes y gestos cotidianos?

Prepara un lugar en tu corazón, una carpa, un altar, un velo blanco, con las lámparas de tu fe encendidas, y entroniza allí el Libro Sagrado, la Palabra de Dios, ahora mismo, sin esperar más.

Repite en silencio y muchas veces una frase bíblica que más te haya llegado en el día de hoy. Da gracias a Dios y glorifícalo.

¿Qué certezas descubres hoy para continuar transitando el ENCUENTRO CON JESUCRISTO-EL
DISCIPULADO-LA COMUNIÓN Y LA MISIÓN?

7.- PARA COMPARTIR Y CELEBRAR

Comparte a tus hermanos los momentos más significativos de este día de retiro.

Cuenta brevemente lo que ha significado en tu vida la Palabra de Dios
Propuesta de gestos y signos: (se puede realizar al principio o al final del retiro)

En una esquina de la sala, en la capilla o en la habitación de cada uno/a preparar un lugar para la Palabra (Biblia) que permanecerá durante este año que dedicaremos a la Palabra de Dios como medio para el Encuentro con Jesucristo, transitando por el discipulado, la comunión y la misión.

Colocar una carpa muy sencilla, una especie de tienda abierta, que en su fondo pende un velo blando. En el suelo se extienda una alfombra y sobre ella a cada lado, dos pequeñas mesas cubiertas con manteles sobre las cuales se coloquen lámparas encendidas. Cerca del velo blanco, al medio, se ubique un atril o ambón y a su derecha un trípode con un soporte para sostener un pergamino.

Hacer una procesión hacia el lugar, cantando algo que haga referencia a la Palabra de Dios, llevando uno/a de los participantes la Biblia y otro/a un pergamino grande con un texto bíblico significativo. La Biblia se coloca en el ambón y el pergamino en el soporte. (ver en anexo modelos de textos para el pergamino)

Proclamar la Palabra: (éste u otro texto)

“Queridos hermanos: Lleven a la práctica la Palabra y no se limiten a escucharla, engañándose a ustedes mismos. Pues el que escucha la Palabra, y no la pone en práctica, se parece a aquél que se miraba en el espejo; y apenas se miraba, daba media vuelta, y se olvidaba de cómo era. Pero el que se concentra en el estudio de la Ley perfecta, la que hace libre, es constante, no como oyente olvidadizo, sino para ponerla por obra, éste encontrará la felicidad en practicarla” (St. 1, 22-25)

Silencio profundo para meditar la Palabra

Cantar: Salmo 18b: Tu Palabra, Señor, es la verdad y la luz de mis ojos.

La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero, sabiduría del humilde.
Los preceptos del Señor son justos, alegran el corazón;
la Palabra del Señor es pura, ilumina los ojos.
Los mandamientos del Señor son santos, permanecen para siempre;
los juicios del Señor son la verdad, y siempre justos.
Su Palabra es más valiosa que el oro más fino;
sus preceptos son más dulces que la miel que fluye del panal.
*- Invitar a los/as participantes a pasar adelante y realizar algún gesto de veneración a la Palabra entronizada: inclinarse, hacer reverencia, besar, tocar, abrazar, poner la frente sobre el libro sagrado, etc. Cantar una canción o poner música.


ANEXO



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Retiro Espiritual: Escucha...

Hacia el encuentro por la Palabra (día de desierto)
(Revista Testimonio Nº 219)

INTRODUCCIÓN

Canto: referido a la Palabra
Oración: “Respira en Mi” (S. Agustín)

Respira en mi Oh Espíritu Santo
Para que mis pensamientos, puedan ser todos santos.
Actúa en mí Oh Espíritu Santo
Para que mi trabajo de este día pueda ser de tu agrado.
Atrae mi corazón Oh Espíritu Santo
Para que ame a Dios sobre todas las cosas.
Fortaléceme Oh Espíritu Santo
Para que pueda seguir las huellas de Jesús.
Guárdame pues Oh Espíritu Santo
Para que siempre pueda escuchar tus inspiraciones.



1.- DESPUÉS DE LA TORMENTA....., LA PAZ DEL ARCO IRIS (MOTIVACIÓN)


Hay cosas, tocadas por el Espíritu, que se convierten en signos del amor de Dios: agua, pan, vino, aceite. Hay tiempos, preñados de Palabra y Espíritu, que hacen presente el amor de Dios. Hoy, día de desierto, puede dejar huellas de la presencia de Dios en tu vida. Dependerá también de ti.

Retiro, día de encuentro.....entra en la “tienda del encuentro”, como Moisés (Ex. 33,7). Ponte a la escucha de su Palabra y ábrete a la bendición del Señor para que este día tengas experiencia de un encuentro fecundo, que alimente encuentros fecundos en tu vida.

Estás ante el océano de Dios, como esponja reseca. Puedes sumergirte en Él y quedar empapada. “Él te colma de gracia y de ternura” (Sal. 103,4). Degusta esta Palabra.

Estás en la tierra mullida de Dios, es decir en su Palabra. Puedes hundir tus raíces y extender tus ramas.

Celebra ahora en oración el hecho de sentirte acogido/a en el seno de Dios.....

Cuidado con satisfacerte de ideas sobre Dios, sin escucharle y encontrarte con Él. El agua está compuesta de H2 O. Pero solo sabrás lo que es el agua cuando sediento/a te acerques a una fuente y la bebas.

El encuentro con Dios a través de su Palabra, te dará vitalidad, creatividad, gusto por la vida. Te convierte en discípulo y misionero. La experiencia del Espíritu, te anima, te da vida, para que tú suscites vida en otras personas, en tu comunidad.

Estás en la tienda del encuentro. Pasa el día en oración. Ábrete al misterio, te invade la presencia de quien te ama. Contempla tu vida, agradece, ama...

Entra en ti mismo/a, en lo que sientes y deseas, tu intimidad, el misterio de tu vida.....y escucha.

Entra en la vida de Dios que descubres en las personas.....y escucha.

Ponte en contacto con la Palabra, hecha vida en Jesucristo, el misterio de Dios Palabra encarnada.....y escucha.

Silencia ruidos, distracciones, preocupaciones. Impiden oír la Palabra, encontrarse con Dios. El silencio te ayuda a entrar en el misterio.

Estás en muchas partes. Tantas cosas te preocupan y te dividen. Vives agitado/a, inquieto/a.....concéntrate. céntrate en lo que quieres hacer hoy.

“Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”(Ap.3,20)

2.- DESPUÉS DEL AYUNO.....EL BANQUETE DE LA PALABRA (Escuchar la Palabra)

Acoge la Palabra de Dios en tu corazón. Escucha.....Te llevará a transformarte.

“Escucha Israel: El Señor nuestro Dios, es un único Señor...(Ex.6,4-9)”. El Shemah: escucha: es la profesión de fe del Antiguo Testamento. Los judíos piadosos lo recitan varias veces al día. Jesús lo reafirma en Mc.12,29-30.

Texto del Evangelio (Mt 21,28-32):

“En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes: «¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ‘Hijo, vete hoy a trabajar en la viña’. Y él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: ‘Voy, Señor’, y no fue. »¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?». «El primero», le dicen. Díceles Jesús: «En verdad les digo que los publicanos y las rameras llegan antes que ustedes al Reino de Dios. Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia, y no creyeron en Él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en Él. Y ustedes, ni viéndolo, se arrepienten después, para creer en Él».

Silencio meditativo

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en ti e iluminar tu vida.

Reflexión

Vivimos en un mundo en el que se muchas veces se pretende que lo verdadero sea falso y que lo falso sea verdadero. Mucha gente no sabe dónde termina el bien y dónde empieza el mal. La confusión está servida y, por eso, más que nunca necesitamos el referente de la Palabra de Dios, donde Dios nos muestra su voluntad. Hacer la voluntad de Dios debe ser el norte de nuestra vida. El hombre por el pecado, está confundido, y necesita ponerse a la escucha de Dios para recapacitar y volver al buen camino. Ya en tiempos de Jesús, los profesionales de la verdad y de la moral, los que tenían la misión de guiar al pueblo, los sumos sacerdotes y los ancianos confundían al pueblo, poniendo el acento en lo que no tenía importancia y distrayendo a la gente de la verdad y del bien. Jesús se dirige a ellos proponiéndoles la parábola de los dos hijos, en donde uno le dice No a su padre y después cumple; y el otro dice Sí, pero no cumple. . Jesús, nos llama a la escucha responsable, a la conversión, al arrepentimiento. La incoherencia y la hipocresía, propias de nuestro ser de pecadores, pueden hacernos pensar que estamos en el buen camino, porque tenemos buena voluntad o porque pensamos correctamente. Pero no basta la buena voluntad ni las buenas intenciones. Es preciso contrastar nuestra vida con la Palabra de Dios, con el querer de Dios, y examinar si hacemos o no lo que Dios quiere. En este camino no hay peor cosa que pensar que ya somos buenos, que ya nos lo sabemos todo. Con esa actitud nos hacemos incapaces de arrepentimiento. Se nos adelantan las prostitutas y los publicanos en el reino de Dios, porque ellos, siendo pecadores, pueden reconocerlo y arrepentirse del mal que hacen. Pero los buenos, los que le dicen Sí a Dios y luego hacen lo que les da la gana, ni siquiera podrán arrepentirse, porque piensan que son buenos. La enseñanza de Jesús es una continua propuesta a escuchar su Palabra, convertirse en su discípulo y hacer la voluntad de Dios, para lo cual siempre estamos a tiempo.
.........
Entonces, escucha .....y pon en práctica la Palabra. “guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”(Lc.2,19). “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc.11,28). María escucha la Palabra, la acoge, la hace carne propia, la comunica, la entrega.

Es tu programa de vida.

La Palabra de Dios es “una voz como el rumor de un fuerte oleaje” (Ap 1,15), contrasta con nuestras palabras vacías.

Hasta en la oración pasa lo mismo: “Dios mío, ven en mi auxilio”, y sigo autosuficiente. “Santificado sea tu nombre”, y me importa el mío. “Señor yo no soy digno”, y me creo importante ante otros. ¿Por qué decimos una cosa y hacemos otra?

Escuchar la Palabra de Dios es entrar en la nube de la transfiguración. La nube divina cae sobre ti, para sentir a Dios cerca, que te transfigura.

Al escuchar la Palabra estás en el Tabor. La nube del Espíritu te cubre. La Palabra del Padre te resuena en el corazón. El Hijo amado te acompaña. Su Espíritu es la savia que circula por tus venas para llevar a cumplimiento la voluntad del Padre.

3.- DESPUÉS DE LA SOLEDAD.....EL ENCUENTRO

Trae a la oración alguna situación de la vida, algún encuentro con tus hermanos/as. Escucha a Dios en esa situación. (lo que vives,... tus relaciones con los demás). El encuentro con las personas es signo y realidad del encuentro con Dios. No solo de pan vive el hombre; también de la palabra, de la escucha, del cumplimiento de la voluntad de Dios, de encuentros que alimentan la comunión con Cristo y los hermanos.

Quizá te refugies en la fiebre del hacer. Haces muchas cosas; ¿pero, dices mucho en tu mucho hacer?. Se reflejan en tus actitudes y acciones el encuentro con Jesucristo, la comunión, el discipulado y la misión? ¿Buscas llevar a la práctica la Palabra escuchada y rumiada?. Es que se nos pega a la piel la prisa y la superficialidad.

Los consagrados/as estamos llamados a ser ministros del encuentro, de la escucha, de la respuesta positiva a la Palabra recibida. Hoy aumentan los contactos, pero disminuyen la profundidad de los encuentros. ¿tienes capacidad de escucha para los seres que se te acercan?. ¿tu palabra, es reflejo de la Palabra escuchada, o corre el riesgo de ser reducida solo a palabras vacías, sin vida verdadera?

Necesitamos el milagro de Jesús, el encuentro con Él, que nos haga sus discípulos, devolviéndonos la capacidad de comunicarnos, de convivir con nuestros semejantes, de anunciarles la Palabra, la voluntad de Dios para ellos, la vida plena.

El Señor te dio la palabra y la escucha, la comunicación y el diálogo, la dinámica del encuentro; pero eso necesita siempre ser evangelizado, ser redimido, pulido en el encuentro con Dios, en el encuentro con su Palabra, en el discipulado, en el cumplimiento de su querer. Pon ante Dios tu palabra, tu escucha, el diálogo con tus hermanos, el encuentro, la misión...para que Él los redima en tu vida.

Es propio del discípulo estar a los pies del Maestro, encontrarse con Él, para luego estar con los hermanos.

Puedes elegir un núcleo problemático del plan pasar, y traer aquí, en la presencia de Dios, para analizarlo, para discernir cuál puede ser tu aporte, lo que Dios te pide, el milagro, el cambio que ayude a convertirlo en núcleo de vida para ti y tu comunidad.

El diálogo contigo mismo, con Dios, con tus hermanos/as, te dilata el corazón, te da humildad, aleja la arrogancia, transforma tu vida, te hace posible una conversión más profunda, te da la capacidad de obedecer a lo que Dios quiere de ti, te acompañan el gozo y la paz.

Acoge en tu vida la Palabra de Dios escuchada hoy.....

Jesús escuchó y obedeció la voluntad de su Padre y se dio a sí mismo como alimento en su Palabra y en su Eucaristía y nos pide que nos hagamos discípulos obedientes alimentando la vida de otros.

Es fácil rezar, meditar, ir a Misa si se reduce a contemplar cómo Jesús se entrega, obedece. Pero Él te invita a comer su carne, a escuchar su Palabra, a obedecer, para hacerte también alimento de los demás, para ser evangelio viviente, discípulo misionero. El Señor te pide que pases de una preocupación por ti mismo/a a la entrega a Dios y a los demás.

No vivas centrado en ti mismo/a o en tu comunidad. Tu vida religiosa no está en función de ti, sino en función de un llamado para hacer la voluntad de Dios. Solo si te enamoras de Jesús, si te encuentras con Él, si escuchas su Palabra, lograrás alimentar también a los demás haciéndote discípulo y misionero.

4.- DESPUÉS DE LA PRUEBA.....LA ALEGRÍA DEL CRECIMIENTO

El Espíritu, fuerza de Dios está en ti. Te lleva a escuchar, dialogar, pronunciar tu palabra.....Te lleva al encuentro con otros.

Sientes que debes transformarte por lo que Dios te ha dicho. Es el fermento que está haciendo crecer la masa de tu vida como discípulo/a y misionero/a.

Con la fuerza del Espíritu en ti, sigue estos itinerarios de éxodos:

Encuentro con Jesucristo a través de su Palabra, descubrimiento de su voluntad.

Discipulado aprendiendo a los pies del Maestro, respuesta afirmativa a su Palabra.

Comunión con Dios, con tu Iglesia, con tus hermanos y hermanas.

Misión pasando de la quietud al movimiento, al hacer lo que Dios quiere, al anuncio, al salir fuera de ti para llevar a otros a la experiencia del encuentro con Dios.

El encuentro con Dios te hace hombre o mujer de Dios. Alguien que siente, oye, ve, se comunica desde el Otro, con otra mirada, otro oído, otra voz. Serás religioso/a si no logras hablar de otra cosa que de un Dios que te ha salido al encuentro, y a su vez te encomienda una misión saliendo al encuentro de tus hermanos/as.

El encuentro es tarea, ministerio del discípulo misionero. Pero, hasta somos capaces de vivir “religiosamente” eludiendo una relación profunda con los hermanos y hermanas, eludiendo el verdadero querer de Dios y al mismo tiempo refugiándonos en una relación evasiva con Él.

Lo importante no es la comunidad sino la comunión, la experiencia del encuentro, la experiencia del nosotros. Parafraseando a Pablo podemos decir: aunque fuera a Misa todos los días y rezara la liturgia de las horas, aunque estuviera en todos los actos de la comunidad y me mortificara con grandes ayunos, aunque dedicara muchas horas a la oración y a la contemplación, aunque cumpliera con rigor todas las normas y reglas.....si no vivo el encuentro, si no hago lo que Dios espera de mi, soy un pobre encarcelado en la jaula de la ley.

5.- DESPUÉS DE LA SEQUÍA.....EL GOZO DE LA PAZ (Celebración)

Cantar: lo que se desee, a elección.

Reflexionar en silencio:

La experiencia de Dios produce alegría. Duda siempre de lo que te produzca ansiedad o tristeza, de todo lo que no te produzca gozo y paz.

Celebra en la oración lo que Dios está haciendo en ti. Alaba, agradece, suplica. En la presencia del Señor examina tus sentimientos, tu corazón, tu mente, y reconoce lo que el Espíritu hoy te ha hecho ver, te ha inspirado, te ha regalado. Alégrate, llénate de gozo porque la Palabra ha acampado en ti y ha producido sus frutos. Celébralo con un corazón agradecido, y pide al Padre la fuerza de su Espíritu, el eco de su Palabra en la tuya.

Pero, cuidado con el peligro de orar y seguir siendo lo que somos, seguir haciendo lo que queremos, y quedar tranquilos/as porque hemos hablado con el Señor. Cuidado con hablar solo nosotros/as, sin escucharlo a Él y hacer lo que nos manda.

No te fijes en el vaso de barro que llevas y que llevan tus hermanos/as. Fíjate en la vida que brota de dentro, el Espíritu en ti y en tus hermanos/as.

Compartir:

Comparte con tu comunidad algo de la experiencia de hoy, de tu propia vida desde Dios.

Gesto:

Cada uno de los participantes puede depositar en el altar de la Palabra, la frase bíblica que más le iluminó en este día.

Oración:

Tu Palabra...mi palabra

Gracias Señor por tu Palabra
Te pido que siempre sea capaz de escucharla y llevarla a la práctica
Que ella ilumine mi vida en todo tiempo, que alimente mi espíritu,
Para yo alimentar a mis hermanos/as
Jesús Verbo Encarnado, Palabra del Padre,
Pronuncia sobre mí, cada día tu enriquecedora Palabra.
Te pido el buen uso de mi palabra
Que sea auténtica, creativa, curativa y liberadora
Que con mis palabras pueda iluminar, consolar, encender alegría
Que mi palabra sea alimento de vida, como la tuya.
No permitas que mi palabra sea engañosa, vacía, ofensiva.
Que no la utilice para la mentira, la discordia, el interés propio.
Que no despoje al hermano/a del valioso vestido de su fama.
Que no mate a la palabra, vaciándola de sentido
Haz Señor, que mi palabra introduzca siempre la Tuya. Amén


Canto: de acción de gracias.


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Retiro Espiritual: “Las siete Palabras de Jesús en la Cruz”

INTRODUCCION

Un día de retiro es siempre un tiempo de gracia, un regalo de Dios para ti, que no puedes dejar pasar de largo. Es un tiempo de Dios para obrar en ti. Sólo tienes que dejarlo actuar en ti como a Él le plazca.

Escucharlo a El en la soledad, en el silencio externo e interno, a solas con Él, con el corazón y los oídos bien atentos, abiertos, dispuestos a acoger lo que Dios quiera decirte. Para favorecer este momento de oración y escucha busca un lugar apropiado donde te sientas cómoda/o. Ponte a los pies de Jesús Crucificado donde puedas contemplarlo dando su vida por amor a la humanidad, amándote hasta el extremo, pronunciando sus últimas palabras… Invoca al Espíritu Santo pidiéndole sus luces para este día dedicado a la meditación, a la oración, a la contemplación…



Para entrar en el tema de nuestra meditación de hoy

Cuando las tres cruces estuvieron en alto se hizo un gran silencio... Nadie terminaba de entender lo que estaba ocurriendo. Salvo en María, la fe vacilaba aún en los más suyos. Se acercaba la muerte. Jesús estaba ya muy débil. La sangre no había dejado de gotear y cada intento de movimiento la hacía fluir más. En torno a la cruz se había intensificado la soledad...
Estaba verdaderamente solo... Todos morimos solos, incluso cuando morimos rodeados de amor y de amistad. Por mucho que el agonizante tienda su mano y se aferre a otra mano, sabe que allá en el interior, donde se libra el último combate, en la más íntima intimidad, está solo, definitivamente solo. Y Jesús no quiso sustraerse a esta ley de la condición humana. Y vio su soledad multiplicada por el espanto de quien muere joven y en una cruz, odiado, despreciado y dramáticamente consciente de todos sus dolores. Y habló Jesús. Nos abrió su corazón. Nos manifestó sus sentimientos.

Las tres primeras palabras expresan la necesidad de Cristo de morir derramando luz en torno a Sí mismo. En ellas pide perdón para quienes le crucifican, abre las puertas de la salvación a uno de los crucificados con Él, y entrega a los hombres el impagable regalo de su Madre.

Siguen dos palabras en las que describe sus sufrimientos en esta hora: el vértigo moral de su desgarradora soledad, el sufrimiento físico de la sed..., y la otra "sed" la sed insaciable de amor.

Las dos últimas, pocos segundos antes de la muerte, desbordan la total paz que le habita. Ahora puede regresar al diálogo sereno con su Padre, a lo que fue siempre el centro absoluto de su vida.

Meditamos con las siete palabras de Jesús en la Cruz

PRIMERA PALABRA

“PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN”. (Luc.23, 34)


Jesús en la Cruz se ve envuelto en un mar de insultos, de burlas y de blasfemias. Lo hacen los que pasan por el camino, los jefes de los judíos, los dos malhechores que han sido crucificados con El, y también los soldados. Se burlan de Él diciendo: “Si eres hijo de Dios, baja de la Cruz y creeremos en ti” (Mt .27, 42). “Ha puesto su confianza en Dios, que Él lo libre ahora” (Mt.27, 43). La humanidad entera, representada por los personajes allí presentes, se ensaña contra Él. “Me dejarán sólo”, había dicho Jesús a sus discípulos. Y ahora está solo, entre el Cielo y la tierra. Se le negó incluso el consuelo de morir con un poco de dignidad. Jesús no sólo perdona, sino que pide el perdón de su Padre para los que lo han entregado a la muerte. Para Judas, que lo ha vendido. Para Pedro que lo ha negado. Para los que han gritado que lo crucifiquen, a Él, que es la dulzura y la paz. Para los que allí lo están injuriando. Y no sólo pide el perdón para ellos, sino también para todos nosotros. Para todos los que con nuestros pecados somos el origen de su condena y crucifixión. “Padre, perdónales, porque no saben…” Jesús sumergió en su oración todas nuestras traiciones. Pide perdón, porque el amor todo lo excusa, todo lo soporta… (1 Cor. 13).

Para ser verdadera/o discípula/o de Jesús, ¿qué cosas de mi historia personal tengo que perdonar, olvidar, sanar…? ¿En qué siento que tengo que perdonarme a mí misma/o?

¿En qué o con quién siento que tengo que volver a empezar?

SEÑOR JESÚS: Cuando la pena me ahogue, cuando no entienda los "porqués" de tantas circunstancias que me duelen y mi mente sea un hervidero de interrogantes sin respuesta humana, enséñame, no sólo a perdonar, sino a eso más difícil: disculpar, olvidar, volver a empezar, renovar la confianza, hacer nuevo el amor... De verdad. A corazón abierto. Con leal entereza. ¡Enséñame, señor!

SEGUNDA PALABRA

“TE LO ASEGURO: HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO” (Luc.23, 43)


Sobre la colina del Calvario había otras dos cruces. El Evangelio dice que, junto a Jesús, fueron crucificados dos malhechores. (Lc. 23,32). La sangre de los tres formaban un mismo charco, pero, como dice San Agustín, aunque para los tres la pena era la misma, sin embargo, cada uno moría por una causa distinta. Uno de los malhechores blasfemaba diciendo: “¿No eres Tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros!” (Lc. 23,39). Había oído a quienes insultaban a Jesús. Había podido leer incluso el título que habían escrito sobre la Cruz: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”. Era un hombre desesperado, que gritaba de rabia contra todo. Pero el otro malhechor se sintió impresionado al ver cómo era Jesús. Lo había visto lleno de una paz, que no era de este mundo. Le había visto lleno de mansedumbre. Era distinto de todo lo que había conocido hasta entonces. Incluso le había oído pedir perdón para los que le ofendían.

Y le hace esta súplica, sencilla, pero llena de vida: “Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”. Se acordó de improviso que había un Dios al que se podía pedir paz, como los pobres pedían pan a la puerta de los señores. ¡Cuántas súplicas les hacemos nosotros a los hombres, y qué pocas le hacemos a Dios!… Y Jesús, que no había hablado cuando el otro malhechor le injuriaba, volvió la cabeza para decirle: “Te lo aseguro. Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Jesús no le promete nada terreno. Le promete el Paraíso para aquel mismo día. El mismo Paraíso que ofrece a todo hombre que cree en El. Pero el verdadero regalo que Jesús le hacía a aquel hombre, no era solamente el Paraíso. Jesús le ofreció el regalo de sí mismo. Lo más grande que puede poseer un hombre, una mujer, es compartir su existencia con Jesucristo. Hemos sido creados para vivir en comunión con él.

SEÑOR JESÚS: Ayúdame a ser capaz de reconocer mis manos vacías, a volverme a Ti en cada caída, a rendirme a Ti por amor. Un amor que se confía del todo a tu misericordia. Dame, Señor, un corazón pobre que me capacite para ser "un buen ladrón", es decir, "un buen pecador". Y dame, sobre todo, conciencia de la gratuidad de tus dones. AMEN.

TERCERA PALABRA

“MUJER, AHÍ TIENES A TU HIJO”. “AHÍ TIENES A TU MADRE”(Jn.I9, 26)


Junto a la Cruz estaba también María, su Madre. La presencia de María junto a la Cruz fue para Jesús un motivo de alivio, pero también de dolor. Tuvo que ser un consuelo el verse acompañado por Ella. Ella que, por otra parte, era el primer fruto de la Redención. Pero, a la vez, esta presencia de María tuvo que producirle un enorme dolor, al ver el Hijo los sufrimientos que su muerte en la cruz estaban produciendo en el interior de su Madre. Aquellos sufrimientos le hicieron a Ella Corredentora, compañera en la redención. Era la presencia de una mujer, ya viuda desde hacía años, según lo hace pensar todo. Y que iba a perder a su Hijo. Jesús y María vivieron en la Cruz el mismo drama de muchas familias, de tantas madres e hijos, reunidos a la hora de la muerte. Después de largos períodos de separación, por razones de trabajo, de enfermedad, por labores misioneras en la Iglesia, o por azares de la vida, se encuentran de nuevo en la muerte de uno de ellos. Al ver Jesús a su Madre, presente allí, junto a la Cruz, evocó toda una estela de recuerdos gratos que habían vivido juntos en Nazaret, en Caná, en Jerusalén. Sobre sus rodillas había aprendido el shema, la primera oración con que un niño judío invocaba a Dios. Agarrado de su mano, había ido muchas veces a la Pascua de Jerusalén… Habían hablado tantas veces en aquellos años de Nazaret, que el uno conocía todas las intimidades del otro. En el corazón de la Madre se habían guardado también cosas que Ella no había llegado a comprender del todo. Treinta y tres años antes había subido un día de febrero al Templo, con su Hijo entre los brazos, para ofrecérselo al Señor. Y fue precisamente aquel día, cuando de labios de un anciano sacerdote oyó aquellas palabras: “A ti, mujer, un día, una espada te atravesará el alma”. Los años habían pasado pronto y nada había sucedido hasta entonces. En la Cruz se estaba cumpliendo aquella lejana profecía de una espada en su alma. Pero la presencia de María junto a la Cruz no es simplemente la de una Madre junto a un Hijo que muere. Esta presencia va a tener un significado mucho más grande. Jesús en la Cruz le va a confiar a María una nueva maternidad. Dios la eligió desde siempre para ser Madre de Jesús, pero también para ser Madre de los hombres.

¿Quién son los crucificados de hoy que tengo que acompañar como lo hizo María a los pies de la cruz de Jesús?

En concreto: ¿qué estoy haciendo hoy por estos crucificados?

SEÑOR JESÚS: Que el dolor no aumente mi egoísmo, que el sufrimiento no me repliegue sobre mí... Abre todos los poros de mi ser para que mane por ellos hasta la última gota de mi sangre, hasta el último aliento de mi vida, hasta lo más entrañable a mi amor, hasta lo más mío... Y que no quede de mí más que la insignificante partecita viva con la que pueda llamarte: ¡VIDA MÍA!

CUARTA PALABRA

“DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?” (Mt.27, 46)

Son casi las tres de la tarde en el Calvario y Jesús está haciendo los últimos esfuerzos por hacer llegar un poco de aire a sus pulmones. Sus ojos están borrosos de sangre y sudor. Y en este momento, incorporándose, como puede, grita: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. No había gritado en el huerto de los Olivos, cuando sus venas reventaron por la tensión que vivía. No había gritado en la flagelación, ni cuando le colocaron la corona de espinas. Ni siquiera lo había hecho en el momento en que le clavaron a la Cruz. Jesús grita ahora. Jesús, el Hijo único, aquel a quien el Padre en el Jordán y en el Tabor había llamado: “Mi Hijo único”, “Mi Predilecto”, “Mi amado”, Jesús en la Cruz se siente abandonado de su Padre. ¿Qué misterio es éste? ¿Cuál es el misterio de Jesús Abandonado, que dirigiéndose a su Padre, no le llama “Padre”, como siempre lo había hecho, sino que le pregunta, como un niño impotente, que porqué le había abandonado. ¿Por qué Jesús se siente abandonado de su Padre? Este momento de la Pasión de Jesús, en que se siente abandonado de su mismo Padre, es el más doloroso para El de toda la Redención. El verdadero drama de la Pasión Jesús lo vivió en este abandono de su Padre. Y si la Pasión de Jesús, el Hijo bendito del Padre, es el misterio que no tiene nombre, que no hay palabras para describirlo, no lo es simplemente por los azotes, ni por la sangre derramada, ni por la agonía o por la asfixia, sino porque nos hace entrar en el misterio de Dios. Y en este abandono de Jesús, descubrimos el inmenso amor que Jesús tuvo por los hombres y hasta dónde fue capaz de llegar por amor a su Padre. Porque todo lo vivió por haberse ofrecido a devolver a su Padre los hijos que había perdido y por obediencia a Él.

SEÑOR JESÚS: Ayúdame a buscarte en la noche, a gritarte en el silencio doloroso y sin eco siquiera... a creer, ¡sí, creer!, que es tu amor el que me asocia esponsalmente a tu pasión.

QUINTA PALABRA

“TENGO SED” (Jn.19, 28)


Uno de los más terribles tormentos de los crucificados era la sed. La deshidratación que sufrían, debida a la pérdida de sangre, era un tormento durísimo. Y Jesús, por lo que sabemos, no había bebido desde la tarde anterior. No es extraño que tuviera sed; lo extraño es que lo dijera. La sed que experimentó Jesús en la Cruz fue una sed física. Expresó en aquel momento estar necesitado de algo tan elemental como es el agua. Y pidió, “por favor”, un poco de agua, como hace cualquier enfermo o moribundo. Jesús se hacía así solidario con todos, pequeños o grandes, sanos o enfermos, que necesitan y piden un poco de agua. Y es hermoso pensar que cualquier ayuda prestada a un moribundo, nos hace recordar que Jesús también pidió un poco de agua antes de morir. Pero no podemos olvidar el detalle que señala el Evangelista San Juan: Jesús dijo: “Tengo sed”. “Para que se cumpliera la Escritura”, dice San Juan (Jn.19, 28). Jesús habló en esta quinta Palabra de “su sed”. Aquella sed que vivía El como Redentor. Jesús, en aquel momento de la Cruz, cuando está realizando la Redención de los hombres, pedía otra bebida distinta del agua o del vinagre que le dieron. Poco más de dos años antes, Jesús se había encontrado junto al pozo de Sicar con una mujer de Samaria, a la que había pedido de beber. “Dame de beber”. Pero el agua que le pedía no era la del pozo. Era la conversión de aquella mujer. Ahora, casi tres años después, San Juan que relata este pasaje, quiere hacernos ver que Jesús tiene otra clase de sed. Es como aquella sed de Samaria. “La sed del cuerpo, con ser grande -decía Santa Catalina de Siena- es limitada. La sed espiritual es infinita”. Jesús tenía sed de que todos recibieran la vida abundante que El había merecido. De que no se hiciera inútil la redención. Sed de manifestarnos a Su Padre. De que creyéramos en Su amor. De que viviéramos una profunda relación con El. Porque todo está aquí: en la relación que tenemos con Dios.

SEÑOR JESÚS: Dame una sed insaciable de apagar tu sed. No te canses de pedirme: dame de beber, dame de beber. Quema mis labios hasta que quede en mi carne la marca de tu sed. Y que sepa yo padecer y acariciar la herida ardiente de tu contacto. Una quemadura que jamás sanará: Tú mismo.

SEXTA PALABRA

“TODO ESTÁ CUMPLIDO” (Jn. 19, 30)

Estas fueron las últimas palabras pronunciadas por Jesús en la Cruz. Estas palabras no son las de un hombre acabado. No son las palabras de quien tenía ganas de llegar al final. Son el grito triunfante del vencedor. Estas palabras manifiestan la conciencia de haber cumplido hasta el final la obra para la que fue enviado al mundo: dar la vida por la salvación de todos los hombres. Jesús ha cumplido todo lo que debía hacer. Vino a la tierra para cumplir la voluntad de su Padre. Y la ha realizado hasta el fondo. Le habían dicho lo que tenía que hacer. Y lo hizo. Le dijo su Padre que anunciara a los hombres la pobreza, y nació en Belén, pobre. Le dijo que anunciara el trabajo y vivió treinta años trabajando de carpintero en Nazaret. Le dijo que anunciara el Reino de Dios y dedicó los tres últimos años de su vida a descubrirnos el milagro de ese Reino, que es el corazón de Dios. La muerte de Jesús fue una muerte joven; pero no fue una muerte, ni una vida malograda. Sólo tiene una muerte malograda, quien muere inmaduro. Aquel a quien la muerte le sorprende con la vida vacía. Porque en la vida sólo vale, sólo queda aquello que se ha construido sobre Dios y para Dios.

Y ahora Jesús se abandona en las manos de su Padre. “Padre, en tus manos pongo mi Espíritu”. Las manos de Dios son manos paternales. Las manos de Dios son manos de salvación y no de condenación. Dios es un Padre. Antes de Cristo, sabíamos que Dios era el Creador del mundo. Sabíamos que era Infinito y todopoderoso, pero no sabíamos hasta qué punto Dios nos amaba. Hasta qué punto Dios es PADRE. El Padre más Padre que existe. Jesús sabe que va a descansar al corazón de ese Padre.

SEÑOR JESÚS: Enséñame a obedecer. Enséñame a ver, a través de las mediaciones humanas, la voluntad del Padre. Hazme dúctil y maleable, como agua siempre a gusto en cualquier vaso. No importa la forma ni la materia. Sólo importa mi adaptación a tu querer. Saber tomar la forma de tu voluntad en cada instante, poder llegar a decir al atardecer de mi vida, cuando me vengas a examinar de amor: "todo se ha cumplido".

SÉPTIMA PALABRA

“PADRE, EN TUS MANOS PONGO MI ESPÍRITU” (Lc. 23,46)


Y el que había temido al pecado, y había gritado: “¿Por qué me has abandonado?”, no tiene miedo en absoluto a la muerte, porque sabe que le espera el amor infinito de Su Padre. Durante tres años se lanzó por los caminos y por las sinagogas, por las ciudades y por las montañas, para gritar y proclamar que Aquel, a quien en la historia de Israel se le llamaba “El”, “Elohim”, “El Eterno”, “El sin nombre”, sin dejar de ser aquello, era Su Padre. Y también, nuestro Padre. Y el hecho de que tenga seis mil millones de hijos en el mundo, eso no impide que a cada uno de nosotros nos mime y nos cuide como a un hijo único. Y, salvadas todas las distancias, también nosotros podemos decir, lo mismo que Jesús: “Dios es mi Padre”, “los designios de mi Padre”, la voluntad de mi Padre”. Y si es cierto que es un Padre Todopoderoso, también es cierto que lo es todo cariñoso. Y en las mismas manos que sostiene el mundo, en esas mismas manos lleva escrito nuestro nombre, mi nombre. Y, a veces, cuando la gente dice: “Yo estoy solo en el mundo”, “a mi nadie me quiere”, Él, el Padre del Cielo, responde: “No. Eso no es cierto. Yo siempre estoy contigo”. Hay que vivir con la alegre noticia de que Dios es el Padre que cuida de nosotros. Y, aunque a veces sus caminos sean incomprensibles, tener la seguridad de que Él sabe mejor que nosotros lo que hace. Hay que amar a Dios, sí. Pero también hay que dejarse amar y querer por Dios. En las manos de ese Padre que Jesús conocía y amaba tan entrañablemente, es donde Él puso su espíritu.

SEÑOR JESÚS: Que sepa yo también decir “En tus manos, Padre… sólo en tus manos…” y que durante toda mi vida, en cada situación, en toda circunstancia, pueda renovar esta entrega: “En tus manos, Padre… sólo en tus manos… todo en tus manos…”. Amén.

¿A qué me comprometo, qué me propongo, a partir de hoy, para continuar transitando el Itinerario
Formativo: Encuentro con Jesucristo – Discipulado – Comunión – Misión?


Oración final: Madre de Cristo Crucificado

Madre de Cristo Crucificado y Madre nuestra:
Siempre estuvo a tu lado el dolor, el desgarrón, la soledad…
Tú fuiste paso a paso…, día a día…,
acompañando a Jesús en su dolor, en su camino hacia la cruz…

En el calvario fuiste crucificada con tu hijo Jesús…,
pero tú llevaste la cruz sólo en tu corazón,
que es donde se vive el dolor…
Madre nuestra, allí te dejó Jesús al cuidado de nosotros…

Madre nuestra, en tu soledad y desconsuelo, déjanos acercarnos
a estar junto a tu Cristo en la cruz
llorando tu mismo llanto…, amando tu mismo amor…,
compartiendo tu misma espada de dolor…

Que cuando Dios nos llame de este mundo
podamos morir contigo a nuestro lado como murió Jesús. Amén.

 

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Retiro Espiritual: Proyecto personal de vida

Jesús María Palacios

Ambientación


- Hoy es un día especial para ti. Es un día de retiro para “estar con El” y para estar contigo mismo, para trazar tu proyecto personal de vida para este año. Para ello, necesitas buscar tu espacio, tu carpa del silencio, el lugar del encuentro con Jesucristo y contigo misma. El camino de tu vida, hoy, necesita una dedicación particular en el sagrado templo de tu silencio interior. Necesitas también tu tiempo, ese tiempo especial que rompe la rutina, porque ahí, en ese espacio y tiempo, el Dios de Jesucristo, se te revela.

Imaginación (Ejercicio de recuerdo): Traigo a mi memoria un camino (ruta) que he conocido, que he transitado: corto, mediano, largo, angosto o ancho). Recuerdo lo que más me impresionó, de bueno, de aburrido, o de alguna anécdota, del transitar por ese camino, qué experiencias viví, qué situaciones. Termino imaginando en la escena una bifurcación del camino (de la ruta) y que me haga posible necesitar hacer una opción de por dónde seguir.

- Como material de trabajo necesitas tu cuaderno de historia de vida, tu itinerario personal del “Encuentro con Jesucristo, Discipulado, Comunión y Misión”, para hacer memoria y dar un paso más. Los núcleos problemáticos del Plan Pasar para poner tu granito de arena en la solución de esos problemas. La Biblia para ver qué texto te va a iluminar. Las Constituciones. El Proyecto Provincial y Comunitario, ctc.

- Y...tomar conciencia de cómo llegas a este retiro, en dónde te encuentras, qué te pasa, qué cargas en tu mochila de caminante, y ponerte delante del Maestro de Galilea tal cual eres. Vulnerable como persona, pequeño como un niño, pecador como discípulo.

Introducción

Cualquier persona (creyente o no) trata de conseguir una serie de fines o metas en su vida. Esos fines sirven de guía para encausar nuestra vida. ¿dedicamos un tiempo pausado a plantearnos por qué y para qué hacemos las cosas? Dicho de otro modo ¿nuestra vida se mueve a base de impulsos sin sentido, o nos paramos a pensar lo que queremos llegar a ser y como conseguirlo?

La vida es un camino con muchas encrucijadas. A veces sabemos qué dirección elegir y otras muchas veces dudamos. Para no vagar por ese camino sin ningún rumbo, hay que pararse y pensar (reflexionar) un poco a qué lugar queremos llegar y cuáles son los medios que hay que usar para intentar alcanzar la meta. Esta es la única manera de ser dueños de nuestros propios caminos, aunque siempre hay situaciones imprevistas. No nos puede pasar como a Martha (LC 10,38-42), que estaba tan ocupada haciendo cosas, que se olvidaba de lo más importante. Obviamente el tipo de vida que tenemos en las ciudades no ayuda a la reflexión y la pausa, sino a que nos enganchemos a la vorágine; obligaciones, prisas, existen también los que toman la vida a la ligera, los que no se preocupan por las preguntas sobre su vida, y simplemente viven. Por eso requiere tiempo y reflexión, una reflexión como cristianos y consagrados debe estar iluminada por la oración y por los valores de Jesús. Dedicando especial atención al carisma congregacional, a los proyectos, a los trabajos realizados en conjunto que dan importancia a las necesidades del hoy. Todos los medios nos sirven de apoyo.

¿Por qué hacer un Proyecto Personal de Vida?

Uno de los desafíos que ha tenido la Vida Religiosa en estos últimos años es el de afrontar nuevos retos, en búsqueda de nuevos medios, caminos para dar impulso a la Vida Religiosa y a su misión, en esta búsqueda creativa ha encontrado nuevas formas, nuevos medios como: El Proyecto Personal y el Proyecto Comunitario.

No se trata de una moda casual, efímera, o un truco de los Superiores, Formadores que acuden a ella para poder controlar mejor a los hermanos/as , ahora en estos tiempos difíciles de ejercer la autoridad.

¿Por qué se viene pidiendo con tanta insistencia un Proyecto Personal, Comunitario?. La exigencia fundamental arranca de nuestra condición de ser consagrados/as, discípul0s/as misioneros/as.

Hoy se experimenta la imposibilidad de vivir la espiritualidad de la comunión y ser misionero/a, sin ser antes personas que se encuentran con Jesucristo y hacer un camino de discipulado por medio de la Palabra, de la Eucaristía, de la oración, de la contemplación, para no correr el riesgo de transmitir palabras vacías. Para esto es útil el Proyecto Personal de Vida.

No le preguntes a nadie , qué es lo que debes hacer con tu vida; pregúntatelo a tí mismo. No se trata de hacer cualquier camino, se debe hacer el mejor, y seguir siempre el más adecuado, porque en ese caminar está en juego tu Felicidad y la de otros.

UN MODELO DE PROYECTO PERSONAL

Las situaciones descriptas son sólo propuestas a manera de ejemplo. Cada uno/a habrá de ajustarlas a su vida personal.

1.- Mi situación personal. Revisión de mi propia vida. Examen de Conciencia

a) ¿Cómo me encuentro en mi vida espiritual?

Soy pobre y superficial?; me falta vida sobrenatural y criterios religiosos?; no hago la oración o no la hago bien?; medito diariamente la Palabra de Dios?; practico alguna virtud?; trato de corregir algún defecto?; me acerco con frecuencia al sacramento de la reconciliación?; sé reconocer mis pecados o sólo reconozco los defectos de los demás?; tiene importancia la Eucaristía en mi vida?; en mi vocación estoy contento/a, sereno/a?; en mis compromisos religiosos me empeño en ser cumplidor/a?; o simplemente me acostumbré?; mi encuentro personal con el Señor me ayuda a resignificar continuamente mi vida consagrada?; vivo en una actitud de conversión permanente?. Otros:

b) ¿Cómo me encuentro en mi vida comunitaria?

Desencajado/a?, arrastro mi destino?, amargado/a?, triste?, mal relacionado/a con mis hermanos/as?, conflictivo/a?, acepto la diversidad (o las diferencias) en todas sus formas?, generoso/a, servicial?, comprensivo/a, misericordioso/a?, exigente, demandante?, agresivo/a con actitudes o palabras?, vínculo fraterno débil, sólo con algunos/as?, vivo con sentido de plenitud mi tercera edad, o me estoy preparando para que así sea?, otros?.

c) ¿Cómo me encuentro en mi formación permanente?

Doy importancia al estudio de la Palabra de Dios?, me preocupo por conocer el catecismo de la iglesia católica?, acostumbro a consultar el código de derecho canónico?, leo los documentos de la Iglesia?, conozco bien las constituciones de mi congregación?, me informo sobre la realidad social, cultural y de la iglesia?, participo de buen ánimo en la formación permanente de mi comunidad y de mi provincia?, leo libros espirituales que me ayuden a crecer?, me actualizo profesionalmente en la misión que me encomendaron?, tengo pereza para asistir a cursos o charlas informativas que me capaciten y me instruyen?, me ocupo de mi formación humana, se nota mi buena formación?, hay temas que me acomplejan, me trauman y no me animo a ocuparme de ellos?, otros?.

d).- ¿Cómo me encuentro en mi vida pastoral, de misión?

Estoy seguro y con gozo?, tengo suficiente preparación?, soy insensible a los desafíos de mi entorno, de mi provincia?, vivo muy replegado/a y poco insertado/a en la pastoral de la comunidad, de la parroquia?, me acerco a los jóvenes, busco comprometerme con ellos/as?, animo y acompaño desde el carisma a las personas más allegadas a la congregación?, confío en los laicos, me dejo ayudar por ellos, los incluyo en la pastoral?, me intereso por la pastoral de las demás comunidades?, discierno mi actividad pastoral para ver si con ello anuncio el Reino?, apoyo el proyecto pastoral de mi comunidad, colaboro con ella?, me empeño a suscitar vocaciones religiosas para mi provincia?, otros?.

2.- Mis aspiraciones más profundas:

a).- En la vida espiritual: Reconciliación interior?. Coherencia de vida?. Paz espiritual?. Fidelidad a la oración personal?, Lectura asidua de la Palabra de Dios?. .

b).- En la vida fraterna: Armonía y colaboración fraterna?, Conocimiento personal?.

c).- En la formación permanente: Estar siempre a la altura de la misión?, preocuparme más por mi formación personal?.

d).- En la pastoral o misión: Asumir con gozo los sacrificios que implican la misión encomendada?, Celo apostólico y coordinación de mi trabajo misionero?.


3.- Objetivos que me propongo alcanzar y medios que pienso emplear
(A manera de ejemplo)


a).- En la vida espiritual:
Objetivo: Cuidar diligentemente la vida espiritual (la experiencia de Dios) y ante todo practicar diariamente la escucha de la Palabra de Dios y mantener la fidelidad a la oración personal.

Para lo cual me comprometo a:

• La oración diaria personal. Lectura orante de la Palabra(lectio divina) todos los días.
• Rezar la Liturgia de las Horas.
• Leer diariamente algún libro espiritual, las Constituciones, frases de la Madre Fundadora.
• Pedir ayuda al director o consejero espiritual
• La Confesión periódica, vivencia de la Eucaristía, examen de conciencia, devoción mariana.

b).- En la vida comunitaria:

Objetivo: Prestar atención a mis hermanos/as de comunidad y buscar en ellos/as la máxima coordinación y corresponsabilidad en la vida comunitaria y en la pastoral.

Para ello me comprometo a:

• Escucharles y valorar sus puntos de vista e interesarme por ellos/as y por sus trabajos.
• Participar positivamente en la oración y en los encuentros comunitarios y en la elaboración del proyecto
comunitario.
• Informar a la comunidad de mi proyecto personal en sus aspecto externos y ser trasparente en mi actuar.
• Expresar con libertad y conciencia las necesidades que experimento y que pueden ser satisfechas por la comunidad.

c).- En la formación permanente:
Objetivo: Dar más importancia al estudio de la Palabra de Dios y procurar estar preparado para el servicio pastoral que se me ha encomendado.

Para ello me comprometo a:

• Reservarme dos horas semanales de análisis crítico de la realidad social y cultural y de estudio de las
ciencias eclesiásticas, especialmente de las Sagradas Escrituras.
• Participar en la formación permanente de la comunidad y de la Provincia.
• Leer los documentos de la Iglesia.
• Asistir a cursos o charlas

d).- En la acción evangelizadora:
Objetivo: Llevar a la práctica con esmero el compromiso de misión de la Provincia y Comunidad.

Para ello me comprometo a:

• Apoyar y colaborar en el proyecto pastoral de la comunidad.
• Prepararme con esmero en mi trabajo pastoral diario o semanal
• Aprovechar el tiempo colaborando en todo lo que pueda con los demás.
• Suscitar vocaciones entre los jóvenes acercándome a ellos e invitándoles a mi comunidad o a algún trabajo pastoral.

4.- Evaluación del Proyecto:

• Antes de confesarme?.
• En los días de retiro?.
• En la entrevista con el Director o Acompañante Espiritual?.

5.- Utilidad para el camino del Proyecto Personal

Una de las tareas más maravillosas que las personas podemos realizar es formular nuestro Proyecto de Vida Personal, no solamente es voluntarismo es también la Gracia de Dios que actúa. También es un instrumento que favorece tu camino de crecimiento es un medio actual de metodología de la vida espiritual, que sirve de constante referencia para el autocontrol y acompañamiento del proceso durante el cual se propone el Proyecto a largo, mediano, corto plazo, el tiempo, mensual, quincenal, semanal, etc. Es útil retomar la metodología que siempre has utilizado, desde los primeros momentos de formación inicial, aquella practica de meditar escribiendo, de tomar apuntes, dejar por escrito lo que el Espíritu te dice. Es un medio muy apropiado en los diferentes aspectos en la vida de la persona con el fin de lograr una formación unificada. Finalmente es útil reflexionar sobre como armonizar con el Proyecto Comunitario. En efecto existe una relación de auto dependencia entre dos, se refuerzan y se ayudan mutuamente; por una parte cuando tú formulas tu Proyecto Personal tomas en consideración los compromisos del Proyecto Comunitario, porque es un discernimiento hecho por Ti y por todos/as los/as demás hermanos/as acerca de los designios de Dios sobre tu Comunidad; por tanto contiene indicaciones de la Voluntad de Dios que a ti te corresponde.

6.- Conclusión:

Con el Proyecto Personal de Vida tienes en tus manos un instrumento que te ayuda a crecer en fidelidad creativa al don de tu vocación. Te invito a apreciarlo y acogerlo con alegría. Trata de ayudarte a realizar el don de Dios en Ti y la respuesta a la llamada de Dios. Tu camino que el Proyecto te ofrece es el resultado de tu libre decisión y de la intervención gratuita de Dios, que te ha llamado a esta vida. Acoge la invitación a vivir el Proyecto como una responsabilidad para caminar en la Santidad. Jesús sube al Padre y nos invita a subir, a seguir la verdadera meta de nuestro camino, es la Comunión con el Señor (Jn 20,17). Un Proyecto a la medida de tu persona redimida por Cristo, que te lleve a trascender y ser capaz de asumir responsabilidades en tu vida. En la elaboración de este Proyecto estuvo la experiencia de impulsar la piedra fundante, y de esta llamada, brota la Fe, motor de toda vida Consagrada y la finalidad de esta comunión es la asimilación, de mi vida con la de Cristo, mi transformación y configuración con aquel Amor Vivo. Comunión implica adoración y seguimiento a Cristo de aquel que va delante de nosotros, por lo tanto ahora, ora, agradece, alaba por el proyecto elaborado.

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