Para entrar en clima de oración, dejamos
a un lado: nuestras preocupaciones, actividades, pensamientos
que distraen, lugares bulliciosos, y si es necesario hacemos
un ejercicio de relajación, etc. Busquemos todo aquello
que nos ayude a concentrarnos solo en la reflexión, la
meditación, la oración. Nos ponemos en presencia
de Dios invocando la asistencia continua del Espíritu
Santo, que nos llene con su luz, su fuego animoso y nos ayude
a entrar en el camino maravilloso del encuentro con Jesús,
para dejarnos acompañar por Él.
Nuestro tema de meditación
de hoy es:
Jesús: el hombre acompañado y acompañante
Para
introducirnos en el tema:
Asomarse
al interior de Jesús es asomarse a un abismo. Pero, ¿es
algo del todo imposible? Creemos que los textos evangélicos
reflejan en parte la realidad de Jesús, la externa y
la interna. Apoyarnos en ellos nos llevará a aproximaciones
útiles. De hecho el mismo Evangelio dice que “quien
es el Padre, lo sabe solo el Hijo y aquel a quien el Hijo se
lo quiere revelar” (Lc. 10, 22). Lo sorprendente y hermoso
es que el componente estructural de Jesús es muy similar
al nuestro. Bien dice Heb. 4, 15: “en todo igual que nosotros...”
Por eso podemos hablar de su estructura personal de persona
acompañada por el Padre, como también nosotros
experimentamos muchas veces la certeza creyente y vital de nuestra
vida y nuestra historia acompañadas.
De ahí, volviendo a Heb 4, 15 que dice que “puede
compadecerse de nuestras debilidades”, podemos deducir
la capacidad acompañante de Jesús: sabe de nosotros
y está por ello capacitado para acompañarnos.
Su compartir nuestros caminos, su “caminar con ellos”
(Lc. 24, 15), le hace capaz de entendernos en nuestros desvaríos
y necesidades, en nuestros logros, fracasos y búsquedas.
Más aún, nadie como Él ha entendido el
comportamiento humano porque nadie como Él ha bajado
a los sótanos de la vida. Y desde ahí puede atribuirse
la calidad de acompañante de la vida, acompañante
paciente que espera cuanto sea necesario, camarada en el sufrimiento
y en el gozo.
1.
Jesús, hombre acompañado
Jesús
ha necesitado y aceptado la compañía del Padre
y la de las personas. Necesita compañía para alimentar
su estructura personal y para desvelar el sentido de su misión.
La
experiencia básica no puede se otra que el acompañamiento
del Padre a la vida de Jesús; la percepción tan
aguda que Él ha tenido de esa compañía.
El inicio de su vida está marcada por una experiencia
fuerte de la realidad del Padre; las “cosas de su Padre”.
Su oración, hecha unas veces en la duda y otras en el
gozo, está en conexión directa con el abbá
del profundo sentido de la filialidad (Lc. 10, 21). Esto le
ha hecho acuñar aquel dicho sin réplica que, expresado
en un momento de abandono tiene todavía más fuerza:
“Se acerca ya la hora de que os disperséis cada
uno por vuestro lado, y a mí me dejéis solo; aunque
yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo”
(Jn. 16, 32).
Para
reflexionar y orar:
¿En qué momentos de mi vida sentí fuertemente
la necesidad de ser acompañada/o por el Padre?
¿Cómo veo mi vida cotidiana acompañada/o
por Dios Padre?
Me imagino sentada/o junto al Padre ¿Qué cosas
le digo? ¿Qué le cuento de mi vida? ¿Qué
le ofrezco?¿A qué me invita Él?
* Para compartir de a dos pienso una situación
de mi vida en la que me sentí vivamente acompañada/o
por Dios Padre.
Jesús
tuvo la compañía de su familia,
de sus discípulos y de sus
amigos. Experimentó su compañía
por encima de las limitaciones. Quizá muchas veces la
compañía de los mismos discípulos y discípulas
fue una compañía pesada para Jesús. Quizás
no entendieron que cuando fueron convocados a “estar con
Él” su cometido mayor como seguidores era, ciertamente,
entrar en ese mundo hondo de Jesús, ahondar, contemplar
su realidad salvadora. Pero, sin duda, recibió de ellos
apoyo y compañía.
Las “multitudes” también
eran instancias de acompañamiento para Jesús.
Esa relación brota de una verdadera vocación,
la que Jesús siente y se plasma en su bautismo. Es una
“vocación al pueblo”. Estaban hechos el uno
para el otro. De ahí su gozo cuando la multitud intuye
los valores del Reino (Lc. 10, 21); de ahí también
su tristeza cuando una parte del pueblo menosprecia su oferta
(Mt. 23, 37-39); de ahí la firme defensa que le pueblo
hace de Jesús ante las autoridades que lo acechan (Mt.
21, 46).
La tierra ha acogido a Jesús,
como a toda persona que viene a este mundo. Es la casa verdadera,
la más básica. Jesús ha sentido la compañía
de esta tierra que es hermana y madre. Ha sabido vivir las noches
y emplearlas, más allá de su soledad y aspereza,
para encontrar sentido y para dar hondura a sus acciones más
decisivas (Mc. 1, 35; Lc. 6, 12) Ha disfrutado de los caminos
andados, de los sembrados, del viento que se asemeja al Espíritu
(Jn. 3, 8), de las viñas que serán símbolos
de su oferta en novedad (Lc. 20, 9 – 19), etc.
Para
orar:
Recuerdo y escribo los nombres de las personas que me han acompañado
en mi crecimiento personal. Hago una oración pidiendo
por ellas.
2. Jesús, hombre acompañante
Jesús
como nadie ha acompañado la vida de la humanidad. Su
aportación a la vida es la obra de total acompañamiento,
de entrega absoluta, de poner a la persona como centro de sus
anhelos, de haber hecho suyos nuestros intereses. Siempre acompañó
y sigue acompañando a fondo la realidad humana.
Veamos algunos trazos del acompañar de Jesús
dibujando así uno de los rasgos más característicos
que define su propia estructura personal.
Acompañando procesos de vida
En el caso de María el proceso comienza en su dificultad
para entender las opciones de Jesús (Mc. 3, 31 –
35); pasa por su seguir a Jesús “a distancia”
en los momentos supremos de dificultad (Lc. 23, 27); continúa
por su oración y trabajo perseverante en la construcción
de la nueva comunidad (Hech. 1, 14); termina en la aceptación
honda del hecho salvador de Jesús (Lc. 1, 28). En todo
este proceso Jesús, es, sin duda, un acompañante
generoso, del todo cercano a María. Por su parte los
discípulos hicieron un camino difícil de crecimiento
en la fe y Jesús siempre estuvo con ellos, paciente ante
toda falta de fe y de entendimiento.
Jesús, también acompaña a quienes buscan.
Esa sed, esa pregunta, le han encandilado. Por eso, ha tenido
el afán de acompañarlas en su búsqueda
vital. Ha acompañado a Leví, y a quienes esa figura
representa, los pobres asalariados, dándole una prueba
de total acogida en la mesa y en el corazón porque los
que están mal son quienes necesitan al médico
(Mc. 2, 14 – 17). Ha acompañado a los jefes opresores,
como Zaqueo, dándole la oportunidad de experimentar la
alegría de ver que era posible una nueva orientación
vital (Lc. 19, 1 –10). Quiso acompañar al hombre
rico que no se atrevió a dar el último paso, el
más evangélico, el de vender todo para acompañar
la vida de los débiles, pero no pudo porque sus bienes
eran muchos (Mc. 10, 17 - 22). En toda esta tarea de acompañamiento
a quienes buscan, Jesús ha hecho una obra de honda liberación.
Acompañamiento a los débiles
Quizá esta fue su mayor obra, aquella por la que desde
el principio, le llamaron “divino”. Acompañó
llantos, muertes, a los enfermos físicos y sociales,
teniendo por su sueño más acariciado el de la
persona erguida, participativa y con todas sus posibilidades
desplegadas (Mc. 3, 1 – 7); acompañó silencios
y así vio cómo la viuda pobre echaba en silencio
su limosna al tesoro del templo, signo de su fe (Mc. 12, 42
– 44); acompañó las duras muertes (Mc. 5,
35 – 43). Los heridos por la debilidad vieron en ese acompañamiento
un signo claro de la venida del Reino.
Acompañamiento a “los crucificados”
Porque en su extrema dureza de vida son quienes más acompañamiento
necesitan para descubrir en su pobreza una pizca de sentido.
Acompañó a los “crucificados por la norma”
(Mc. 1, 39 – 45); acompañó a los pobres
de la época aplastados por “los poderosos”.
Acompañó a los mismos crucificados por la injusta
justicia que salda sus cuentas con el delincuente arrebatándole
la vida (Jn. 19, 16 – 18)
Acompañamiento a quienes ofrecen vida
Jesús acompaña la vida de quienes generan la vida
en torno a sí. Lo ha hecho ver en la acogida a aquellos
que presentaron al paralítico para su curación
total, espiritual y social (Lc. 5, 17 – 26) y personas
como Pablo, que han derramado vida en torno a sí a costa
de grandes penurias (2 Cor. 11, 16 – 33), han notado constantemente
el acompañamiento de Jesús que les ha llevado
a decir que su confianza en Cristo no admitía fisuras
(2 Tim. 1, 12).
Dios
está al servicio de la persona. Él es un absoluto
que no pone condiciones, que no humilla, desinteresado, que
no controla a nadie, de honda fe en lo humano. Este es un requisito
irrenunciable para un acompañamiento que se quiere curativo
y creativo.
Para
pensar y reflexionar:
¿A quiénes acompañaría Jesús
hoy de un modo especial?
¿A quiénes acompañamos nosotros hoy con
nuestra misión?
¿A quiénes deberíamos acompañar
hoy de una manera especial, desde nuestro carisma/espiritualidad?
Cómo
acompaña Jesús: sus técnicas
Jesús, ciertamente, no es un acompañante como
lo son los modernos terapeutas. Pero tiene sus técnicas
de acompañamiento. En Mc. 1, 29 – 31 se narra el
relato de la curación de la suegra de Pedro. Jesús
se acerca toma de la mano y levanta. Sin cercanía no
hay posibilidad de un acompañamiento fecundo; acompañar
“de lejos” es la mejor manera de resultar estéril.
Cuando Jesús “toma de la mano” repite el
gesto creador que crea con sus manos; para acompañar
es preciso “amasar” la realidad, recrearla, reinventarla,
construir estructuras de novedad; para acompañar Jesús
“levanta”, un levantamiento que posibilita la resurrección.
Un acompañamiento que no ayuda a construir una nueva
estructura de la persona se queda a medio camino.
Es fascinante ver cuál fue el proceso que utilizó
Jesús para llegar al corazón de la samaritana.
Jesús parte de la realidad de vida o de la situación
existencial de la samaritana. Y no se escandaliza ante tal realidad,
muy por el contrario, la respeta y ama profundamente, al punto
tal que decide ayudar a la mujer a reencontrarse con su historia.
Por eso, él toma la iniciativa, da el primer paso y luego
procede delicada y respetuosamente. Sin apremios, pero con marcada
insistencia; sin cesar de llevarla por los caminos del amor
y las exigencias de una vida mejor.
Para reflexionar y orar:
Jesús me ha escogido, hablado y acompañado...
recuerdo los momentos y los sentimientos que me ha suscitado...
doy gracias al Señor por su predilección para
conmigo.
Escribo las características del acompañamiento
de Jesús a las personas. Puedo recurrir para ello al
Evangelio.
¿Cómo acompaño yo a las personas desde
mi tarea, mi pastoral?
¿Qué características del modo de acompañar
de Jesús me faltarían ejercitar?
El discípulo como acompañante
Cuando el discípulo anuncia “la buena nueva de
Jesús”, el nuevo amanecer que Jesús posibilita
a toda persona, está cumpliendo con su vocación
de discípulo. De ahí que una de las maneras de
ir configurando la experiencia de discipulado es, justamente,
el trabajo de acompañar. Entonces se repite en el tiempo
el camino mismo de Jesús, su obrar salvador, obra de
acompañamiento total a la historia humana.
El Evangelio es un gran aliado de la vida, de la sensatez, del
sentido común, de la entrega al otro, de la liberación
de temores, de la apertura de horizontes. Y esos elementos son
muy útiles cuando se hacen trabajos de acompañamiento.
Los sentimientos de soledad existencial son devastadores en
el caminar humano. Una de las tareas elementales de todo acompañamiento
es mitigar esa herida.
*
Comparto con alguien mi experiencia en el proceso del itinerario
formativo: Encuentro con Jesucristo –
Discipulado – Comunión – Misión.
Desde el medio: ACOMPAÑAMIENTO que nos hemos propuesto
profundizar este año ¿Cómo estoy realizando
este proceso formativo? ¿En qué hechos o situaciones
concretas?
^^^
AL INICIO ^^^
RETIRO ESPIRITUAL
No estás solo...un ángel te acompaña.....
(Revista
Testimonio. Enero/Febrero/2008)
I.
PARA ENTRAR EN RETIRO
Dispón de un día entero (y si no e
s posible, por lo menos de una tarde),
solo para ti, sin interrupciones, y unas
horas para pasarlas con Jesús.
Escoge un lugar bello, silencioso y acogedor.
Puedes ayudarte con una música suave, con una imagen
de Jesús,
con el sonido de la naturaleza al aire libre, que te invite
a la paz, al recogimiento, a la serenidad, a la acción
de gracias, a la alabanza.
Prepara tu retiro teniendo a la vista el Itinerario Formativo:
ENCUENTRO CON JESUCRISTO–DISCIPULADO–COMUNION–MISION.
Recógete interiormente y ponte en oración ante
Dios
II.
TEXTO MOTIVADOR
TOBIAS 5, 1 y siguientes (selección)
“Aquel día Tobit dijo a su hijo Tobías:
elige por esposa a una mujer de la raza de tus padres, ama a
tus hermanos, muéstrate correcto cuidando cada uno de
tus pasos, no hagas a nadie lo que no quieras para ti. Ve a
rescatar el dinero que deposité en manos de Gabael en
Ragués de Media. Tobías respondió a su
padre: haré todo lo que me has mandado, pero ¿cómo
recuperaré el dinero si no conozco a ese hombre, ni él
a mi? ¿Qué señal le daré para que
me reconozca, me crea y me entregue el dinero?. Además
desconozco el camino para llegar a la ciudad de Ragués
de Media. Tobit le entregó el recibo y le dijo: ahora
busca a un hombre de confianza para que te acompañe,
a la vuelta le pagaré un sueldo, pero recupera ese dinero.
Tobías salió en busca de un hombre y encontró
al ángel Rafael, pero no sabía que era ángel
de Dios. Y le preguntó: ¿de dónde eres?
El joven respondió: soy uno de los hijos de Israel, tus
hermanos, que ando en busca de trabajo. Tobías le dijo:
¿conoces el camino a la ciudad Ragués de Media?
El respondió: Si, he ido muchas veces y conozco bien
los caminos. Tobías le dijo: espérame que voy
a avisar a mi padre, ya que necesito que vengas conmigo y yo
te pagaré tu sueldo. El joven respondió: espero,
pero no te demores. Tobías le contó a su padre
que había encontrado a un hermano israelita, y el padre
le contestó: llámalo para saber a qué familia
y tribu pertenece y si es digno de confianza para que te acompañe.
Tobías llamó al joven y su padre le preguntó:
¿a qué familia y tribus perteneces?. El ángel
respondió: ¿qué te importa más:
la persona que acompaña a tu hijo, o la tribu a la que
pertenece?. Tobit exclamó: que te conserves sano y salvo
hermano,¡bien venido seas!. Anda con mi hijo y si vuelven
sanos te aumentaré el sueldo. El ángel respondió:
lo acompañaré, no temas, sanos partimos y sanos
regresaremos, pues el camino es seguro. El padre dijo: que el
Dios del cielo los proteja, que su ángel los acompañe
en el camino, para que vuelvan sanos a mi. Caminaron y, llegada
la noche, acamparon a la orilla del río Tigris. Después
continuaron su camino hasta cerca de Media. Entraron en la ciudad
de Ecbátana y pasaron la noche en casa de un pariente
cercano donde Tobías encontró para su esposa y
se casó con la bendición de Dios. El ángel
Rafael por su parte fue a la ciudad de Ragués a rescatar
el dinero sin problemas. Cada mañana Tobit, el padre
de Tobías contaba los días de la ida y la vuelta,
y Ana su madre miraba el camino por el que debía volver
su hijo. Al cabo de un tiempo Tobías salió de
Media para regresar a la casa de sus padres en compañía
del ángel, llevando consigo a su esposa y el dinero,
bendiciendo a Dios, que había llevado su viaje a un tan
feliz éxito. Mientras iban de camino hacia el padre,
Rafael dijo a Tobías: tengo la seguridad de que tu padre
ciego, recobrará la vista y verá la luz. Al llegar,
Ana su madre, se echó al cuello de su hijo diciendo:
por fin te he vuelto a ver. Tobit su padre salió a la
puerta, Tobías corrió hacia él, lo abrazó,
le puso en los ojos el remedio que le había dicho el
ángel, se le cayeron unas escamas y dijo: ahora te veo
hijo mío y lo abrazó llorando. Tobías bendijo
al Señor, luego contó al padre el éxito
de su viaje. Tobit llamó al ángel y le dijo: recibe
como sueldo la mitad de toda la riqueza que trajeron. Pero el
ángel les dijo: Bendigan a Dios y denle gracias por lo
que hizo en favor de ustedes. Les voy a decir toda la verdad
sin ocultarles. Dios me ha enviado para acompañarlos
y salvarlos. Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles
que tienen entrada a la gloria del Señor”.
III. REPASO DEL TEXTO
¿Quiénes son los personajes? Ubica al protagonista
central.
¿En qué consiste el itinerario de Tobías?
¿Quién lo envía?
¿Quién lo acompaña?
Enumera las actitudes de Tobías frente al pedido de su
padre
Reflexiona sobre lo que te inspira el texto.
IV. PISTAS VITALES
Ponte en la presencia de Dios y trae a consideración
tu Itinerario Formativo: ENCUENTRO CON JESUCRISTO-DISCIPULADO-COMUNION-MISION.
Cuéntale a tu Padre Dios algunos pormenores de esos momentos
esenciales.
Comparte con EL, todo eso que brota en tu corazón al
contemplar esos momentos. ¡ Y déjale que EL te
haga preguntas!
Piensa, ¿qué personas acompañaron e iluminaron
tu caminar por esa senda?.
Escoge a una o algunas (sólo dos o tres) de esas personas,
aquella o aquellas que tu corazón siente la necesidad
de recordar hoy.
¿Qué fue lo más esencial que Dios te hizo
ver en el caminar por este itinerario a través de esa
o esas personas?
¿Qué certezas descubres hoy para el futuro de
tu ENCUENTRO CON JESUCRISTO-EL DISCIPULADO-LA COMUNIÓN
Y LA MISIÓN?
V. IDEAS FUNDAMENTALES
Cada ser humano es caudal de gracia para sí mismo y para
los demás, a veces encerrada, a veces derramada.
Cada encuentro entre personas tiene posibilidades infinitas,
porque es Dios quien se derrama como salvación incesante
en cada una de ellas.
Dios nos envía siempre a sus ángeles para acompañarnos
en el camino. Esos ángeles son nuestros hermanos y hermanas
con quienes caminamos.
Nosotros de nuestra parte, como Tobías debemos buscar,
descubrir y permitir que alguien nos acompañe en el importante
trayecto de nuestra vida de cristianos consagrados.
El Itinerario Formativo que nos hemos trazado se compone de
momentos que se compenetran íntimamente y se alimentan
entre sí de tal manera que estamos siempre y al mismo
tiempo, transitando por las distintas etapas, regresando y volviendo
a empezar y ¡qué reconfortante y luminoso es estar
acompañados!
Dios presente en cada persona, se vuelve teofanía en
cada encuentro, en cada nuevo destino que nos toca vivir no
sólo con las personas que aparecen claramente deslumbrantes,
inteligentes, experimentadas, sino también en aquellas
que no parecen tan agradables, maravillosas, afectivas como
desearíamos.
Dios nos puede a veces proporcionar sin darnos cuenta, acompañantes
aparentemente frágiles, pequeños, devaluados,
pero está construyendo misteriosamente una autopista
de oportunidades de gracia para nuestras vidas.
“Yo”
como el “otro”, somos sendas de verde fecundidad
el uno para el otro, caminos que se van encontrando para desembocar
en el mar infinito de las praderas de nuestro Dios.
No perdamos la oportunidad de descubrir los ángeles que
el Señor nos va enviando a lo largo de nuestra vida.
Siempre habrá un Tobías que busca un ángel
para acompañarlo y un Rafael que busca el trabajo de
ser acompañante.
Por último, los ángeles aparecen en un momento
de nuestra vida, cumplen su misión y luego desaparecen,
pero siempre serán nuestros ángeles que nos acompañan
o nos han acompañado y enriquecido nuestro itinerario.
VI.
PARA COMPARTIR Y CELEBRAR EN COMUNIDAD
Pistas
para compartir:
Comparte a tus hermanos los momentos más significativos
de este día de retiro
Cuenta brevemente lo que ha significado en tu Itinerario Formativo
la presencia de un ángel.
Exprésate en forma resumida sobre las personas que han
sido “ángel de Dios” para ti.
Posibles
signos:
Cada participante concurre a la celebración con una maceta.
Se dispone de una jarra de agua. En el momento oportuno como
signo del acompañamiento mutuo, cado uno hecha unas gotas
de agua en las plantas de los demás.
En la celebración se enciende el cirio pascual símbolo
de Cristo Luz del mundo y Camino al Padre. Se colocan en torno
al cirio una velas con los nombres de uno o dos acompañantes
que han sido ángeles para nosotros. El animador de la
oración u otra persona toma la luz del cirio y enciende
esas velas. Luego cada participante enciende su vela personal
como signo de que también debe ser ángel y acompañante
de los demás haciendo su oración delante de la
comunidad.
Utilizar música suave, cantos, oraciones espontáneas
o guiadas.
VII.
SUGERENCIA DE ORACIONES
A
JESÚS
Te saludamos como Unigénito de Dios,
Te cantamos con los ángeles y arcángeles,
Envíanos a tus mensajeros celestiales
Para que guíen nuestros caminos
Y enderecen nuestras sendas hacia Ti.
Infunde en nosotros tu Espíritu Santo,
Dispón nuestra mente y corazón para acogerlo
Enciende en nosotros la llama de su amor
Llena con su presencia nuestras facultades
Que nuestro espíritu reciba sus inspiraciones.
Te adoramos como Hijo Amado del Padre.
Único camino para llegar a El.
Te damos gracias por invitarnos.
A seguir tu misma senda.
Atráenos a Ti para que sigamos tus huellas.
Te reconocemos como Palabra Encarnada.
Enviado del Padre para enseñar a los hombres
Único Maestro, Camino, Verdad y Vida
Enciende en nosotros la luz de la fe,
de la esperanza y del amor. Amén.
(Flia. Paulina)
AL ESPIRITU SANTO
Espíritu Santo, Dios y Señor mío,
Heme aquí en tu presencia,
Providencialmente congregado en tu nombre
Ven a mí y permanece conmigo.
Dígnate habitar en mi corazón,
Enséñame lo que debo hacer,
Y el camino que he seguir,
Muéstrame cómo debo obrar.
No permitas que la ignorancia
Me haga equivocar el camino,
Ni que los halagos me dobleguen,
O la acepción de personas me seduzca.
Antes bien úneme eficazmente a Ti
Con el solo don de tu gracia,
Para que sea una sola cosa contigo
Y en nada me aparte de la verdad.
Amén
(Atribuido a San Isidoro de Sevilla)
SALMO (Selección de versos)
Señor, Tú eres un Dios que reviste de fuerza,
Un Dios que allana mis caminos.
Afirma mis pasos en tus sendas
Para que no tropiecen mis pies.
El me da piernas de gacela,
Y me hace caminar por las alturas,
Por el camino del bueno me dirige,
Por amor de su nombre.
En tu verdad guía mis pasos, instrúyeme,
Tu que eres mi Dios y mi Salvador,
Dirige los pasos de los humildes,
Y muestra a los sencillos el camino.
Amor y lealtad son todos sus caminos,
Para el que guarda su alianza y sus mandatos,
En cuanto un hombre teme al Señor,
El le enseña a escoger su camino.
En torno a Ti voy caminando,
Mientras entono mi acción de gracias,
Recordando tus obras admirables,
Mis pies pisan en terreno llano.
Salva a tu pueblo y bendice a los tuyos,
Pastoréalos y condúcelos por siempre.
Enséñanos tus caminos,
Guíanos por el sendero llano.
^^^
AL INICIO ^^^
RETIRO ESPIRITUAL ¡ TOMA TU CRUZ !.....
El DISCÍPULO NO PUEDE SER MAS QUE SU MAESTRO
(Hernán Vargas, CP)
INTRODUCCION
Tú sabes que un día de retiro es siempre un tiempo
de gracia y
salvación, un Kairós, un regalo de Dios para ti.
Por lo mismo, es
un tiempo de Dios para: - Dejarlo actuar a El. Dejar a Dios
ser
Dios – Escucharlo a El en la soledad sonora – Renovar
y fortalece
r el amor primero.
En este día quieres disfrutar de la iniciativa e invitación
de Dios a
ir y estar en el desierto, lugar que favorece el encuentro personal
con el Dios fiel y misericordioso, y ahí abrir tu corazón
y acoger,
como María, la novedad del Evangelio. El ENCUENTRO
CON CRISTO
VIVO es el único punto de partida que posibilita
transitar por el
Itinerario de: SER DISCÍPULO, DE ESTAR EN COMUNIÓN
CON
CRISTO Y LOS HERMANOS Y CONVERTIRSE EN MISIONERO
DE LA BUENA NUEVA.
Para
vivir hoy esta experiencia de encuentro con Jesús, comienza
por: Buscar el lugar más adecuado que te permita sintonizar
con el Señor. Estar en una postura físicamente
cómoda para orar. Hacer un rato de silencio que te recupere
la paz interior y tener “la casa sosegada”. Centrarte
y concentrarte con todo tu ser para estar, como discípulo,
a los pies de Jesús Crucificado y escuchar su voz.
Y es que tener un corazón de discípulo es fundamental
para orar, tomar la cruz y seguir a Jesús. Por eso te
recuerdo tres dimensiones básicas en la experiencia del
discipulado evangélico: 1) El discípulo es un
hombre o una mujer que habiéndose encontrado personalmente
con Jesús ha experimentado una auténtica fascinación
por El.
Este encuentro ha cambiado su vida radicalmente. 2) El discípulo
tiene una nueva conciencia de sí mismo, de su propia
fragilidad, de su pecado, pero también de la gracia,
la bondad y la misericordia de Dios. 3) El discípulo
descubre un nuevo modo de pertenecer a la comunidad humana.
Se acaba el viejo y limitado concepto de prójimo y asume
una actitud de compasión y acogida frente a todo necesitado
de cualquier tipo, condición, edad, cultura, nacionalidad,
raza, etc.
Esta propuesta de retiro tiene cinco pasos que te pueden ayudar,
¡ojalá!, en este día de oración.
I. MIRAR LA REALIDAD PERSONAL, COMUNITARIA, SOCIAL
Un
mendigo ciego llamado Bartimeo, sentado junto al camino en Jericó,
con todo su corazón, le pide a Jesús, el Nazareno:
“Maestro, que yo pueda ver”. Que esa sea también
tu oración inicial para poder mirar y ver tu vida personal,
la de tu comunidad y lo que acontece en el entorno o realidad
social.
El tema o imperativo de Jesús para orar en este día
es ¡TOMA TU CRUZ !. Esta es una condición esencial
para ser discípulo de El. Mira tu vida personal y revisa
cómo has vivido o estás viviendo la presencia
de la cruz en tu proceso personal de seguimiento de Jesús:
Se dice que la cruz es la cuna del hombre nuevo y de la mujer
nueva. ¿Tienes alguna experiencia que confirme esta afirmación?
Se dice que en la cruz está nuestra esperanza. ¿Tú
sientes que esto es verdad? ¿Puedes dar testimonio de
esto?
Se dice que la cruz es el árbol de la vida. ¿Tu
experiencia te dice y te enseña que ciertamente es así?
San Pablo afirma que la cruz de Cristo es fuerza de Dios y sabiduría
de Dios. ¿tú podrías hacer esta misma afirmación
desde tu experiencia personal? Deja el tiempo que sea necesario
para responder las preguntas anteriores en un clima de diálogo
con el Crucificado.
Ampliemos la mirada. Tomar la cruz es también tener conciencia
de que hoy muchos hombres y mujeres están siendo crucificados.
En todos esos rostros sufrientes deberíamos ver el rostro
y los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos
cuestiona e interpela (Puebla31). Aquí surgen algunas
preguntas para mirar y orar la historia concreta:
1) ¿ El Crucificado
y los crucificados de hoy son para ti una misma realidad? ¿Constituyen
para ti un único misterio de salvación o los tienes
disociados?
2) Junto al Crucificado estaba María, su madre, otras
mujeres, Juan, los soldados...Otros compañeros no estaban
en ese momento con el Maestro o bien estaban lejos. ¿tú
dónde te ubicas? ¿te sientes junto a los crucificados
solidarizando con ellos?
3) Nicodemo y José de Arimatea bajaron a Jesús
de la cruz. ¿tú y tu comunidad qué están
haciendo para bajar de la cruz a quienes hoy están crucificado
por el dolor, la enfermedad, la soledad, etc.?
4) El Crucificado sigue gritando por la boca de los crucificados:
“tengo sed”; “Dios mío ¿por
qué me has abandonado?” ¿estos gritos llegan
a tu corazón? ¿cómo reaccionas?
No podemos arrogarnos el derecho de anunciar a otros la Palabra
de la Cruz si ésta no se ha encarnado antes en nuestra
propia vida. Detente un rato aquí y deja resonar estos
interrogantes en tu corazón. Dios invita al desierto
para hablar al corazón.
II. TOMA TU CRUZ
Entramos al segundo momento del día de retiro. Después
de contemplar la realidad personal y social, vamos a escuchar
la Palabra de Dios y comprender mejor lo que la cruz significó
en la vida y en la misión de Jesús. Ya sabemos
que no es el discípulo más que su maestro. Por
eso, una condición esencial para el seguimiento y para
el discipulado es este imperativo: ¡ TOMA TU CRUZ !.
Jesús convocó a hombres y mujeres que quisieran
ser sus discípulos, es decir, que quisieran caminar detrás
de El, estar donde El esté e ir donde El vaya. Les puso
tres condiciones; escuchemos la Palabra: “Y dirigiéndose
a sus discípulos añadió: si alguno quiere
venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo,
cargue con su cruz, y me siga” (Mt.16,24). Si quieres
puedes todo el texto: Mt. 16,21-26 y otros textos que te pueden
ayudar para la oración: Is. 52,13-53; Hch. 10, 34-43;
Heb. 5, 1-10; Sal. 22.
Ahora deja el tiempo que haga falta para escuchar, rumiar, saborear
de modo orante la Palabra. Luego, puedes leer el siguiente comentario.
Jesús aclara a sus discípulos que está
próxima su pasión y su muerte en la cruz. Esto
descolocó a los discípulos porque ellos pensaban
en otro tipo de mesianismo y no en un Mesías crucificado.
Por esta razón, Jesús reprende a Pedro: “¡Ponte
detrás de mí, Satanás!...tus pensamientos
no son como los de Dios, sino como los de los hombres”
(Mt. 16,23). Y ahora Jesús pone las condiciones para
el discipulado.
El lugar que le corresponde al discípulo no es delante
del Maestro, obstaculizando el camino y el proyecto de Dios,
sino detrás y así caminar con el Maestro. Por
esta misma razón, el discípulo tiene que renunciar
a sí mismo. ¿qué significa esta condición?.
No significa matar la personalidad, ni tener una baja autoestima,
ni considerarse como alguien que no vale nada. Significa descentrarse
de sí mismo para centrarse en Jesús. Es decir,
que mis planes y proyectos, mis pensamientos y criterios coincidan
plenamente con los de Dios. Significa desligarse de todo aquello
que impide amar y caminar con libertad en pos de Jesús
para religarse, unirse a su Persona y así vivir en comunión
con El y los hermanos anunciando el Evangelio del Reino.
¿Crees que necesitas desligarte de algunas ataduras importantes
para poder religarte existencialmente más al Crucificado?
¿Sabes cuáles son?. Ponles nombres. Si lo ves
oportuno, date un tiempo para expresar tu respuesta discernida
y sincera.
III. “FUE CRUCIFICADO EN TIEMPOS DE PONCIO PILATO”
Si
tomar la cruz es un imperativo del Evangelio, si es una condición
necesaria para ser discípulo y seguir a Jesús,
es preciso recordar las razones que tuvo Jesús para enfrentar
y asumir la cruz. Fue crucificado y lo mataron en tiempos de
Poncio Pilato. Las razones que tuvo Jesús para morir
en la cruz son muy distintas a las de los que detentaban el
poder político y religioso de su época. La pasión
y muerte de Jesús en la cruz son la consecuencia coherente
y lógica de su vida en plena fidelidad a la voluntad
del Padre hasta la entrega total. Lo que hace que un hombre
o una mujer se transforme en mártir no es la muerte,
sino las razones o las causas por las cuales muere. Jesús
muere en la cruz porque nadie tiene amor más grande que
quien da la vida por los amigos; amó hasta el extremo
de dar la vida. Sus dichos y sus hechos, sus palabras y sus
gestos lo fueron conduciendo lentamente hasta el calvario: proclamó
el sermón del monte, cuestionó el poder político
y religioso, compartía la mesa con pecadores, dialogaba
con mujeres, se juntaba con marginados y excluidos, liberó
de yugos y tradiciones asfixiantes, curó a enfermos,
expulsó demonios; por estas razones y otras más
lo mataron. Pero Jesús da la vida, muere en la cruz porque
es el Buen Pastor que salió a buscar a la oveja que estaba
perdida hasta encontrarla, es el pastor bueno que da la vida
por todas las ovejas, especialmente por aquellas que andan cansadas
y agobiadas como sin pastor. A El nadie le quita la vida; El
la entrega libremente. (Jn. 10,10-18). Amó tanto la vida
que entrega la suya para que todos tengan vida en abundancia.
Es el Señor de la Vida. Muriendo en la cruz ratificó
todo lo que había dicho y hecho durante su vida. Pasó
haciendo el bien y sanando a todos porque Dios estaba con El
(Hch. 10,38). En la cruz se revela la dimensión más
honda de la encarnación: el asumir la condición
de siervo, el vaciamiento de toda apariencia de dignidad, la
renuncia libre a la propia vida hasta morir crucificado.
Jesús ha asumido la condición humana hasta someterse
a la condición de esclavo y hacerse obediente hasta la
muerte en la cruz. Desde entonces nada es redimido si antes
no es asumido. Para redimir hay que asumir. La cruz de Cristo
solo es redentora y salvífica en la medida en que expresa
su amor a la humanidad y su fidelidad a la voluntad del Padre,
en la medida que es camino hacia la Pascua, fuente de vida nueva
y de resurrección.
Deja hablar a tu corazón y que se exprese libremente
frente al Crucificado y a los crucificados de hoy.
IV. “ESTOY CRUCIFICADO CON CRISTO”
El apóstol Pablo le dice a los corintios que el Crucificado
es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pablo se tomó
en serio la experiencia de la cruz. Llegó a decir: “estoy
crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que es Cristo
quien vive en mí. Ahora en mi vida mortal vivo creyendo
en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por
mí”(Gl.2,19). Después de todo lo que has
orado en este día, ahora es el momento de hacer síntesis
y de asumir algunas opciones y decisiones concretas. ¿Cómo
vas a encarnar en tu vida el “si quieres ser mi discípulo,
toma tu cruz.....”?
V. CELEBRACION
Prepara y realiza una celebración de la Palabra con tu
comunidad, en la que puedan expresar una acción de gracias,
un canto de alabanza, pedir la gracia necesaria para tomar la
cruz.
Pueden orar si les parece con esta plegaria:
Seducido por el Crucificado
Aquí estoy ante ti, Jesús hombre y Dios Crucificado.
Hombre colgado del madero por vivir feliz la ley nueva.
Hombre dichoso por ser en tu vida y palabra Bienaventuranza.
Aquí estoy ante ti, Jesús del hombre, con el corazón
abierto.
Estoy dispuesto a asumir el Sermón de la montaña
Que tú experimentaste en tu vida, paso a paso, hasta
la cima de la cruz.
Aquí estoy, junto a tu Cruz, corazón abierto,
en busca de tu santidad
En busca del hermano que llora su soledad
En busca de tu fortaleza para ser fiel en la prueba
En busca de la paz y el gozo en medio del dolor
En busca de tu felicidad siendo fiel a tu Palabra.
Jesús, Salvador del hombre y Señor de la historia
Dame un corazón abierto a tu Padre Dios, plenitud de
vida
Dame un corazón capaz de sentir el dolor del hombre necesitado
Dame un corazón dispuesto al perdón, a la reconciliación
Dame un corazón firme en el amor
Dame un corazón capaz de olvidarme de mí por el
hermano.
Señor Jesús, Corazón del corazón
del Padre
Gracias por el don de tu vida dado sin medida
Gracias por el don de tu Sangre que limpia y sana
Gracias por la fuerza dada desde tu debilidad de Crucificado
Gracias por el hombre nuevo de la Era Nueva nacido de tu Cruz.
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AL INICIO ^^^
RETIRO ESPIRITUAL:
ACOMPAÑANDO COMO JESÙS
Preparación
personal para un día de retiro:
Tomate
este día para vos. Es un regalo de Dios. Él te
invita a retirarte a solas para encontrarte con Él. Dios
quiere encontrarse con vos; sólo tenés que dejarlo.
Abrile las puertas de tu corazón y dejalo entrar. Hoy
es un día especial, sólo para estar con Él.
No te pierdas esta oportunidad. Un retiro es una gracia; y bien
hecho puede dejarte una marca en tu interior; una experiencia
inolvidable que puede servirte para siempre y sobre todo puede
ayudarte a crecer interiormente. Aprovechalo!!! Buscá
un sitio donde el silencio y la luz te inunden, ayudate con
alguna imagen de Jesús o con un crucifijo. Ponete en
presencia de Dios y entrá en oración silenciosa
hasta compenetrarte en Él.
Tené
con vos el Itinerario de Formación: Encuentro con Jesucristo
– Discipulado – Comunión – Misión.
Tomate unos minutos para pensar y reflexionar: Dónde
estás parado/a; qué cosas te ayudan a ir caminando
en este itinerario; en qué notás que has crecido
en estos últimos meses; en que sentís que te falta
crecer; qué le pedirías hoy a Jesús para
tu vida como cristiana/consagrada.
Texto motivador:
JESÚS
Y LA SAMARITANA (Jn. 4,1-30 y 39-42)
Leé el texto en forma pausada; y poné atención
a las palabras o frases que resuenen en tu interior. Ponete
en lugar de los personajes: Jesús – la samaritana.
Es fascinante seguir de cerca el proceso que realiza Jesús
al ayudar a la samaritana a encontrarse con Él, consigo
misma y con sus hermanos. Vamos, precisamente, a tomar este
texto como punto de partida para la reflexión y el análisis
del actuar pedagógico de Jesús.
Te sugiero que realices una segunda lectura pausada y atenta
del texto. Imaginate la situación, los movimientos, la
ubicación geográfica, el tono de voz, la cadencia;
pero sobre todo centrá tu atención en el accionar
de Jesús, en su modo de encarar una situación
tan delicada.
Jesús se encuentra fatigado y cansado en el pozo de Jacob,
con la mujer. Los pozos en aquella época, solían
quedar a unos kilómetros del pueblo. La gente tenía
que llegarse a ellos varias veces al día, portando el
agua en cántaros de gran peso. Es en esa situación
que se encuentran Jesús y la samaritana. Vamos a analizar
minuciosamente el diálogo entre ellos:
JESÚS:
"Dame de beber."
LA SAMARITANA: "¿Cómo tú que eres
judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?..."
J: ..."Si conocieras el don de Dios y quién es el
que dice: "Dame de beber", tú misma se lo hubieras
pedido y él te habría dado agua viva."
LS: "Señor no tienes nada para sacar el agua y el
pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?
¿Eres acaso más poderoso que nuestro padre Jacob?..."
J: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed, pero el
que beba del agua que yo le daré, no volverá jamás
a tener sed."
LS: “Dame de esa agua para que no sufra más sed,
ni tenga que volver aquí a sacarla."
J: "Ve y llama a tu marido."
LS: "No tengo marido..."
J: "Es verdad lo que dices, que no tienes marido, has tenido
cinco y el que tienes ahora tampoco es tu marido."
LS: "Señor, veo que eres un profeta... Pero ¿dónde
adorar a Dios, aquí o en Jerusalén?"
J: "...Ni aquí ni en Jerusalén., los verdaderos
adoradores, adorarán al Padre en Espíritu y Verdad."
LS: “Yo sé que el Cristo está por venir."
Cuando él venga nos aclarará todo.”
J: "¡ÉSE SOY YO, EL QUE HABLA CONTIGO!"
La
mujer dejó su cántaro y corrió a la ciudad
y dijo a la gente:
"¡Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo
que he hecho! ¿No será el Mesías?"
Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro...
Muchos samaritanos creyeron en Él por las palabras de
la mujer...
Muchos más creyeron en Él a causa de su palabra
y decían a la mujer:
"YA NO CREEMOS POR LO QUE HAS DICHO, NOSOTROS MISMOS LO
HEMOS OIDO Y SABEMOS QUE
ÉL ES VERDADERAMENTE EL SALVADOR DEL MUNDO."
EL
PROCESO METODOLÓGICO DE JESÚS
Evidentemente, Jesús no habla en los Evangelios de un
método catequístico, pero sí podemos percibir
una manera de obrar, una "pedagogía", una "metodología"
que le es propia y que utiliza con frecuencia. Es interesante
e importantísimo ver cuál fue el proceso que utilizó
Jesús para llegar al corazón de la samaritana
y que podríamos resumir de la siguiente manera:
1. JESÚS PARTE DE LA REALIDAD DE VIDA O DE LA SITUACIÓN
EXISTENCIAL DE LA SAMARITANA.
La samaritana tenía su historia, sus creencias, su manera
de relacionarse con los otros; su propia forma de vida. Ella
no sabía ni podía crecer como persona. Se había
transformado en un lugar de paso para los hombres; de odio para
las mujeres y en un motivo de escándalo para la comunidad.
Era una mujer adúltera.
Jesús no se escandaliza ante tal realidad, muy por el
contrario, la respeta y ama profundamente, al punto tal que
decide ayudar a la mujer a reencontrarse con su historia. Por
eso, él toma la iniciativa, da el primer paso y luego
procede delicada y respetuosamente. Sin apremios, pero con marcada
insistencia; sin cesar de llevarla por los caminos del amor
y las exigencias de una vida mejor.
Y esto es lo primero que precisamente tenemos que aprender:
A AMAR Y RESPETAR PROFUNDAMENTE LA REALIDAD DE NUESTROS HERMANOS;
no imponiéndoles nada, sino acercándolos al Amor
de Dios.
2. JESÚS ANUNCIA SU PALABRA: "YO SOY EL CRISTO"
Recién cuando la tierra estaba preparada; es decir, cuando
la samaritana estaba predispuesta, es que Jesús anuncia
su Palabra, transformadora, viviente, operante. Generando un
cambio de vida, un cambio fundamental en el corazón y
en la vida de la samaritana. De la misma manera, la Palabra
del Señor opera la Salvación y la Redención,
en nosotros y en nuestros acompañados, con una fuerza
extraordinaria.
3. SE PRODUCE UN CAMBIO DE VIDA O RESPUESTA VITAL EN LA SAMARITANA
La mujer sacudida por el amor de Jesús, tocada y sanada
por la Palabra de Dios se encuentra y acepta a sí misma.
Esto le permite descubrirse, abrirse a los demás y al
Otro. La samaritana no sólo vuelve corriendo a su pueblo
-dejando el cántaro y con él, su vida anterior-
sino que irrumpe llena de vida en la realidad cotidiana de su
gente, testimoniando su encuentro con el Dios Viviente.
La samaritana pasa de ser DISCÍPULA (seguidora) de Jesús
para convertirse en APÓSTOL (testigo o anunciadora) de
la Buena Noticia: lleva a sus hermanos hasta Jesús. De
esa manera, se convierte en un puente para que sus hermanos
conozcan a Jesús y luego, ellos mismos lo reconozcan
como el Salvador, transformándose, a su vez, en discípulos
del Maestro y nuevos apóstoles de su mensaje.
Y ésta es la experiencia que se viene transmitiendo (de
persona a persona, de corazón a corazón, de padres
a hijos, de catequistas a catequizandos, de acompañantes
a acompañados), desde hace años en el seno de
la Iglesia, cumpliendo con el mandato del Señor: “vayan
y hagan discípulos míos a todos los hombres enseñándoles
a cumplir todo lo que les he mandado...” (Mt 28,20)
PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL Y GRUPAL:
1. ¿Cuáles son las características
del actuar de Jesús para con la samaritana?
2. ¿Qué cosas te llamaron la atención del
texto meditado? ¿Qué tomarías para tu vida
personal como acompañado/a y acompañante?
3. Como acompañado/a ¿cuál fue tu experiencia?
4. Si acompañaste a alguien ¿cómo te has
sentido?
5. En grupo hacer una Oración o un canto de acción
de gracias por el encuentro con Jesús.
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AL INICIO ^^^
Retiro Espiritual: Entronización de la Palabra
(Revista
Testimonio Nº 226)
1.- PARA ENTRAR EN CLIMA
-
En comunidad o en privado (en la capilla o en otro lugar): Escuchar
música instrumental o canción religiosa suave
y apropiada que ayude a serenarse. Contemplar, un objeto que
se ha preparado previamente, puede ser: una postal, un cuadro,
un paisaje, un árbol, una piedra, una fotografía,
una cruz, una imagen, una lámpara, el sagrario, etc...o
también una frase profunda, una frase del Evangelio,
la Biblia.
- Relájate intentando aflojar o disminuir la tensión
corporal, mental y psicológica, con el propósito
de dar un descanso a toda tu actividad interna para conseguir
un estado de reposo, aflojando los músculos y dejando
la mente libre de toda preocupación. Para inducirte a
una profunda relajación es imprescindible adoptar una
postura cómoda, en un lugar tranquilo. Así pues,
con el cuerpo serenado fija los ojos y la mente con la atención
del todo concentrada en el objeto preparado o la frase bíblica
elegida. Sólo mirar, contemplar, sin pensar en nada.
Recógete interiormente y ponte en oración ante
Dios.
Frase: “Tu Palabra es antorcha para mis pasos y luz
para mi camino” (S.109)
2.-
ORACIÓN AL ESPIRITU SANTO
Espíritu Santo, Dios y Señor mío, heme
aquí en tu presencia,
Providencialmente congregado en tu nombre, ven a mí y
permanece conmigo.
Dígnate habitar en mi corazón, enséñame
lo que debo hacer,
Y el camino que he seguir, muéstrame cómo debo
obrar.
No permitas que la ignorancia me haga equivocar el camino,
Ni que los halagos me dobleguen, o la acepción de personas
me seduzca.
Antes bien úneme eficazmente a Ti con el solo don de
tu gracia,
Para que sea una sola cosa contigo y en nada me aparte de la
verdad. Amén
(Atribuido a San Isidoro de Sevilla)
3.- TEXTO MOTIVADOR
“Jesús vino a Nazaret, donde había criado
y, según su costumbre, entró en la sinagoga el
día sábado, y se levantó para hacer la
lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías
y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba
escrito: El Espíritu del Señor está sobre
mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la
Buena Noticia, me ha enviado a proclamar la liberación
de los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a
los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.
Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó.
En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó
pues a decirles: esta Escritura, que acaban de oír, se
ha cumplido hoy. Y todos daban testimonio de él y estaban
admirados de las palabras llenas de gracia que salían
de su boca”. (Lc 4,16-22)
4.- REPASO DEL TEXTO
Relee lentamente el texto. ¿Quiénes son los personajes?.
Contémplalos. Ubica al protagonista central. Revive la
escena. Contempla a Jesús, sigue todos sus movimientos
y sus palabras. Hazte presente en la sinagoga y como los demás,
fija los ojos en Jesús y admírate de las palabras
llenas de gracia que salen de sus labios. Reflexiona sobre lo
que te inspira el texto. Encuéntrate con Jesús
y su Palabra. Conversa con Él. Deja que esta Palabra
de hoy se cumpla en ti.
5.- IDEAS FUNDAMENTALES
Jesús presentó la historia antigua del Profeta
Isaías. Luego la actualizó en su persona, su vida
y misión. “Hoy se ha cumplido la escritura que
acaban de oír”
Toda la historia sagrada, todo pasaje de la Biblia, se cumple
hoy en nuestra vida, es decir, está escrita para iluminar
nuestro presente.
La Biblia contiene los planes de Dios para el mundo, la humanidad,
la historia pasada y presente para los hombres y mujeres en
general y para cada uno/a en particular.
Todo cristiano, consagrado, laico, debe experimentar en su persona
esta dimensión esencial de la Biblia
Una auténtica espiritualidad se construye desde el encuentro
personal con Dios en la mesa de la Palabra y en la mesa de la
Eucaristía que dé un sentido profundo al ser de
discípulos misioneros. No se concibe el encuentro con
Dios sin la comunión, o sea el encuentro con el hermano.
Cada cristiano/consagrado es caudal de gracia para sí
mismo y para los demás, a veces encerrada, a veces derramada,
a partir del encuentro con Cristo Palabra del Padre, que nos
hace discípulos y misioneros.
La escucha de la Palabra supone una experiencia mística
que toca el núcleo del corazón y que se proyecta
en la misión y compasión con los sufrientes, porque
no podemos callar como discípulos lo que hemos visto
y oído, palpado y escuchado del Verbo de la Vida.
El Itinerario Formativo del encuentro con Jesucristo, el discipulado,
la comunión y la misión que nos hemos trazado,
se convierte en un procedimiento ideal alimentado por la fuerza
de la Palabra para vivirlo como momentos que se compenetran
íntimamente y se retroalimentan entre sí de tal
manera que estamos al mismo tiempo, encontrándonos con
Jesucristo, anunciando el Reino, en comunión con nuestros
hermanos, regresando y volviendo a empezar.
La centralidad de la Palabra de Dios, debe ser algo evidente
para cada religioso/a y para la comunidad de consagrados como
tal; se hace indispensable que ella recupere toda su fuerza
en la vida y en la misión.
La lectura personal diaria, y la comunitaria semanal de la Palabra,
se torna en verdadero desafío para los discípulos
misioneros, a fin de infundir vida al evangelio, caldear y avivar
el corazón y darle credibilidad a la vida religiosa,
convirtiendo los núcleos problemáticos en núcleos
de vida sana y evangelizadora.
La efectividad de la Palabra de Dios viene del Espíritu
Santo. Es por su fuerza que podemos crecer en el encuentro con
el Verbo Encarnado, Palabra del Padre.
6.- PISTAS VITALES-RESPUESTA-COMPROMISO
Tu vida de religioso o religiosa es el único evangelio
que muchos van a leer en las escuelas, hospitales, hogares,
en los barrios, pueblos, en las grandes ciudades o en las recónditas
latitudes de nuestro mundo. ¿Eres conciente de eso?
La Palabra que transmites con tus labios y con tu vida, ¿es
antes escuchada y meditada en tu corazón?
¿Cómo escuchas la Palabra de Dios? ¿la
guardas en tu interior? ¿te dejas conducir por ella?
¿das una respuesta? ¿la haces realidad en tu vida?.
¿Permites que la Palabra escuchada y rumiada cada día
se cumpla en tus actitudes y gestos cotidianos?
Prepara un lugar en tu corazón, una carpa, un altar,
un velo blanco, con las lámparas de tu fe encendidas,
y entroniza allí el Libro Sagrado, la Palabra de Dios,
ahora mismo, sin esperar más.
Repite en silencio y muchas veces una frase bíblica que
más te haya llegado en el día de hoy. Da gracias
a Dios y glorifícalo.
¿Qué certezas descubres hoy para continuar transitando
el ENCUENTRO CON JESUCRISTO-EL
DISCIPULADO-LA COMUNIÓN Y LA MISIÓN?
7.- PARA COMPARTIR Y CELEBRAR
Comparte a tus hermanos los momentos más significativos
de este día de retiro.
Cuenta brevemente lo que ha significado en tu vida la Palabra
de Dios
Propuesta de gestos y signos: (se puede realizar al principio
o al final del retiro)
En una esquina de la sala, en la capilla o en la habitación
de cada uno/a preparar un lugar para la Palabra (Biblia) que
permanecerá durante este año que dedicaremos a
la Palabra de Dios como medio para el Encuentro con Jesucristo,
transitando por el discipulado, la comunión y la misión.
Colocar una carpa muy sencilla, una especie de tienda abierta,
que en su fondo pende un velo blando. En el suelo se extienda
una alfombra y sobre ella a cada lado, dos pequeñas mesas
cubiertas con manteles sobre las cuales se coloquen lámparas
encendidas. Cerca del velo blanco, al medio, se ubique un atril
o ambón y a su derecha un trípode con un soporte
para sostener un pergamino.
Hacer una procesión hacia el lugar, cantando algo que
haga referencia a la Palabra de Dios, llevando uno/a de los
participantes la Biblia y otro/a un pergamino grande con un
texto bíblico significativo. La Biblia se coloca en el
ambón y el pergamino en el soporte. (ver en anexo modelos
de textos para el pergamino)
Proclamar la Palabra: (éste u otro texto)
“Queridos hermanos: Lleven a la práctica la Palabra
y no se limiten a escucharla, engañándose a ustedes
mismos. Pues el que escucha la Palabra, y no la pone en práctica,
se parece a aquél que se miraba en el espejo; y apenas
se miraba, daba media vuelta, y se olvidaba de cómo era.
Pero el que se concentra en el estudio de la Ley perfecta, la
que hace libre, es constante, no como oyente olvidadizo, sino
para ponerla por obra, éste encontrará la felicidad
en practicarla” (St. 1, 22-25)
Silencio profundo para meditar la Palabra
Cantar: Salmo 18b: Tu Palabra, Señor, es la verdad y
la luz de mis ojos.
La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero, sabiduría
del humilde.
Los preceptos del Señor son justos, alegran el corazón;
la Palabra del Señor es pura, ilumina los ojos.
Los mandamientos del Señor son santos, permanecen para
siempre;
los juicios del Señor son la verdad, y siempre justos.
Su Palabra es más valiosa que el oro más fino;
sus preceptos son más dulces que la miel que fluye del
panal.
*- Invitar a los/as participantes a pasar adelante y realizar
algún gesto de veneración a la Palabra entronizada:
inclinarse, hacer reverencia, besar, tocar, abrazar, poner la
frente sobre el libro sagrado, etc. Cantar una canción
o poner música.
ANEXO


^^^
AL INICIO ^^^
Retiro Espiritual: Escucha...
Hacia
el encuentro por la Palabra (día de desierto)
(Revista Testimonio Nº 219)
INTRODUCCIÓN
Canto: referido a la Palabra
Oración: “Respira en Mi” (S. Agustín)
Respira
en mi Oh Espíritu Santo
Para que mis pensamientos, puedan ser todos santos.
Actúa en mí Oh Espíritu Santo
Para que mi trabajo de este día pueda ser de tu agrado.
Atrae mi corazón Oh Espíritu Santo
Para que ame a Dios sobre todas las cosas.
Fortaléceme Oh Espíritu Santo
Para que pueda seguir las huellas de Jesús.
Guárdame pues Oh Espíritu Santo
Para que siempre pueda escuchar tus inspiraciones.
1.- DESPUÉS DE LA TORMENTA....., LA PAZ DEL ARCO IRIS
(MOTIVACIÓN)
Hay cosas, tocadas por el Espíritu, que se convierten
en signos del amor de Dios: agua, pan, vino, aceite. Hay tiempos,
preñados de Palabra y Espíritu, que hacen presente
el amor de Dios. Hoy, día de desierto, puede dejar huellas
de la presencia de Dios en tu vida. Dependerá también
de ti.
Retiro, día de encuentro.....entra en la “tienda
del encuentro”, como Moisés (Ex. 33,7). Ponte a
la escucha de su Palabra y ábrete a la bendición
del Señor para que este día tengas experiencia
de un encuentro fecundo, que alimente encuentros fecundos en
tu vida.
Estás ante el océano de Dios, como esponja reseca.
Puedes sumergirte en Él y quedar empapada. “Él
te colma de gracia y de ternura” (Sal. 103,4). Degusta
esta Palabra.
Estás en la tierra mullida de Dios, es decir en su Palabra.
Puedes hundir tus raíces y extender tus ramas.
Celebra ahora en oración el hecho de sentirte acogido/a
en el seno de Dios.....
Cuidado con satisfacerte de ideas sobre Dios, sin escucharle
y encontrarte con Él. El agua está compuesta de
H2 O. Pero solo sabrás lo que es el agua cuando sediento/a
te acerques a una fuente y la bebas.
El encuentro con Dios a través de su Palabra, te dará
vitalidad, creatividad, gusto por la vida. Te convierte en discípulo
y misionero. La experiencia del Espíritu, te anima, te
da vida, para que tú suscites vida en otras personas,
en tu comunidad.
Estás en la tienda del encuentro. Pasa el día
en oración. Ábrete al misterio, te invade la presencia
de quien te ama. Contempla tu vida, agradece, ama...
Entra en ti mismo/a, en lo que sientes y deseas, tu intimidad,
el misterio de tu vida.....y escucha.
Entra en la vida de Dios que descubres en las personas.....y
escucha.
Ponte en contacto con la Palabra, hecha vida en Jesucristo,
el misterio de Dios Palabra encarnada.....y escucha.
Silencia ruidos, distracciones, preocupaciones. Impiden oír
la Palabra, encontrarse con Dios. El silencio te ayuda a entrar
en el misterio.
Estás en muchas partes. Tantas cosas te preocupan y te
dividen. Vives agitado/a, inquieto/a.....concéntrate.
céntrate en lo que quieres hacer hoy.
“Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré
con él y él conmigo”(Ap.3,20)
2.-
DESPUÉS DEL AYUNO.....EL BANQUETE DE LA PALABRA (Escuchar
la Palabra)
Acoge la Palabra de Dios en tu corazón. Escucha.....Te
llevará a transformarte.
“Escucha Israel: El Señor nuestro Dios, es
un único Señor...(Ex.6,4-9)”. El Shemah:
escucha: es la profesión de fe del Antiguo Testamento.
Los judíos piadosos lo recitan varias veces al día.
Jesús lo reafirma en Mc.12,29-30.
Texto del Evangelio (Mt 21,28-32):
“En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes:
«¿Qué les parece? Un hombre tenía
dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ‘Hijo,
vete hoy a trabajar en la viña’. Y él respondió:
‘No quiero’, pero después se arrepintió
y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él
respondió: ‘Voy, Señor’, y no fue.
»¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?».
«El primero», le dicen. Díceles Jesús:
«En verdad les digo que los publicanos y las rameras llegan
antes que ustedes al Reino de Dios. Porque vino Juan a ustedes
por camino de justicia, y no creyeron en Él, mientras
que los publicanos y las rameras creyeron en Él. Y ustedes,
ni viéndolo, se arrepienten después, para creer
en Él».
Silencio
meditativo
Para que la Palabra de Dios pueda entrar en ti e iluminar tu
vida.
Reflexión
Vivimos en un mundo en el que se muchas veces se pretende que
lo verdadero sea falso y que lo falso sea verdadero. Mucha gente
no sabe dónde termina el bien y dónde empieza
el mal. La confusión está servida y, por eso,
más que nunca necesitamos el referente de la Palabra
de Dios, donde Dios nos muestra su voluntad. Hacer la voluntad
de Dios debe ser el norte de nuestra vida. El hombre por el
pecado, está confundido, y necesita ponerse a la escucha
de Dios para recapacitar y volver al buen camino. Ya en tiempos
de Jesús, los profesionales de la verdad y de la moral,
los que tenían la misión de guiar al pueblo, los
sumos sacerdotes y los ancianos confundían al pueblo,
poniendo el acento en lo que no tenía importancia y distrayendo
a la gente de la verdad y del bien. Jesús se dirige a
ellos proponiéndoles la parábola de los dos hijos,
en donde uno le dice No a su padre y después cumple;
y el otro dice Sí, pero no cumple. . Jesús, nos
llama a la escucha responsable, a la conversión, al arrepentimiento.
La incoherencia y la hipocresía, propias de nuestro ser
de pecadores, pueden hacernos pensar que estamos en el buen
camino, porque tenemos buena voluntad o porque pensamos correctamente.
Pero no basta la buena voluntad ni las buenas intenciones. Es
preciso contrastar nuestra vida con la Palabra de Dios, con
el querer de Dios, y examinar si hacemos o no lo que Dios quiere.
En este camino no hay peor cosa que pensar que ya somos buenos,
que ya nos lo sabemos todo. Con esa actitud nos hacemos incapaces
de arrepentimiento. Se nos adelantan las prostitutas y los publicanos
en el reino de Dios, porque ellos, siendo pecadores, pueden
reconocerlo y arrepentirse del mal que hacen. Pero los buenos,
los que le dicen Sí a Dios y luego hacen lo que les da
la gana, ni siquiera podrán arrepentirse, porque piensan
que son buenos. La enseñanza de Jesús es una continua
propuesta a escuchar su Palabra, convertirse en su discípulo
y hacer la voluntad de Dios, para lo cual siempre estamos a
tiempo.
.........
Entonces, escucha .....y pon en práctica la Palabra.
“guardaba todas estas cosas meditándolas en
su corazón”(Lc.2,19). “Mi madre
y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la
ponen en práctica” (Lc.11,28). María
escucha la Palabra, la acoge, la hace carne propia, la comunica,
la entrega.
Es tu programa de vida.
La Palabra de Dios es “una voz como el rumor de un
fuerte oleaje” (Ap 1,15), contrasta con nuestras
palabras vacías.
Hasta en la oración pasa lo mismo: “Dios mío,
ven en mi auxilio”, y sigo autosuficiente. “Santificado
sea tu nombre”, y me importa el mío. “Señor
yo no soy digno”, y me creo importante ante otros.
¿Por qué decimos una cosa y hacemos otra?
Escuchar la Palabra de Dios es entrar en la nube de la transfiguración.
La nube divina cae sobre ti, para sentir a Dios cerca, que te
transfigura.
Al escuchar la Palabra estás en el Tabor. La nube del
Espíritu te cubre. La Palabra del Padre te resuena en
el corazón. El Hijo amado te acompaña. Su Espíritu
es la savia que circula por tus venas para llevar a cumplimiento
la voluntad del Padre.
3.-
DESPUÉS DE LA SOLEDAD.....EL ENCUENTRO
Trae a la oración alguna situación de la vida,
algún encuentro con tus hermanos/as. Escucha a Dios en
esa situación. (lo que vives,... tus relaciones con los
demás). El encuentro con las personas es signo y realidad
del encuentro con Dios. No solo de pan vive el hombre; también
de la palabra, de la escucha, del cumplimiento de la voluntad
de Dios, de encuentros que alimentan la comunión con
Cristo y los hermanos.
Quizá te refugies en la fiebre del hacer. Haces muchas
cosas; ¿pero, dices mucho en tu mucho hacer?. Se reflejan
en tus actitudes y acciones el encuentro con Jesucristo, la
comunión, el discipulado y la misión? ¿Buscas
llevar a la práctica la Palabra escuchada y rumiada?.
Es que se nos pega a la piel la prisa y la superficialidad.
Los consagrados/as estamos llamados a ser ministros del encuentro,
de la escucha, de la respuesta positiva a la Palabra recibida.
Hoy aumentan los contactos, pero disminuyen la profundidad de
los encuentros. ¿tienes capacidad de escucha para los
seres que se te acercan?. ¿tu palabra, es reflejo de
la Palabra escuchada, o corre el riesgo de ser reducida solo
a palabras vacías, sin vida verdadera?
Necesitamos el milagro de Jesús, el encuentro con Él,
que nos haga sus discípulos, devolviéndonos la
capacidad de comunicarnos, de convivir con nuestros semejantes,
de anunciarles la Palabra, la voluntad de Dios para ellos, la
vida plena.
El Señor te dio la palabra y la escucha, la comunicación
y el diálogo, la dinámica del encuentro; pero
eso necesita siempre ser evangelizado, ser redimido, pulido
en el encuentro con Dios, en el encuentro con su Palabra, en
el discipulado, en el cumplimiento de su querer. Pon ante Dios
tu palabra, tu escucha, el diálogo con tus hermanos,
el encuentro, la misión...para que Él los redima
en tu vida.
Es propio del discípulo estar a los pies del Maestro,
encontrarse con Él, para luego estar con los hermanos.
Puedes elegir un núcleo problemático del plan
pasar, y traer aquí, en la presencia de Dios, para analizarlo,
para discernir cuál puede ser tu aporte, lo que Dios
te pide, el milagro, el cambio que ayude a convertirlo en núcleo
de vida para ti y tu comunidad.
El diálogo contigo mismo, con Dios, con tus hermanos/as,
te dilata el corazón, te da humildad, aleja la arrogancia,
transforma tu vida, te hace posible una conversión más
profunda, te da la capacidad de obedecer a lo que Dios quiere
de ti, te acompañan el gozo y la paz.
Acoge en tu vida la Palabra de Dios escuchada hoy.....
Jesús escuchó y obedeció la voluntad de
su Padre y se dio a sí mismo como alimento en su Palabra
y en su Eucaristía y nos pide que nos hagamos discípulos
obedientes alimentando la vida de otros.
Es fácil rezar, meditar, ir a Misa si se reduce a contemplar
cómo Jesús se entrega, obedece. Pero Él
te invita a comer su carne, a escuchar su Palabra, a obedecer,
para hacerte también alimento de los demás, para
ser evangelio viviente, discípulo misionero. El Señor
te pide que pases de una preocupación por ti mismo/a
a la entrega a Dios y a los demás.
No vivas centrado en ti mismo/a o en tu comunidad. Tu vida religiosa
no está en función de ti, sino en función
de un llamado para hacer la voluntad de Dios. Solo si te enamoras
de Jesús, si te encuentras con Él, si escuchas
su Palabra, lograrás alimentar también a los demás
haciéndote discípulo y misionero.
4.-
DESPUÉS DE LA PRUEBA.....LA ALEGRÍA DEL CRECIMIENTO
El Espíritu, fuerza de Dios está en ti. Te lleva
a escuchar, dialogar, pronunciar tu palabra.....Te lleva al
encuentro con otros.
Sientes que debes transformarte por lo que Dios te ha dicho.
Es el fermento que está haciendo crecer la masa de tu
vida como discípulo/a y misionero/a.
Con la fuerza del Espíritu en ti, sigue estos itinerarios
de éxodos:
Encuentro con Jesucristo a través de su Palabra, descubrimiento
de su voluntad.
Discipulado aprendiendo a los pies del Maestro, respuesta afirmativa
a su Palabra.
Comunión con Dios, con tu Iglesia, con tus hermanos y
hermanas.
Misión pasando de la quietud al movimiento, al hacer
lo que Dios quiere, al anuncio, al salir fuera de ti para llevar
a otros a la experiencia del encuentro con Dios.
El encuentro con Dios te hace hombre o mujer de Dios. Alguien
que siente, oye, ve, se comunica desde el Otro, con otra mirada,
otro oído, otra voz. Serás religioso/a si no logras
hablar de otra cosa que de un Dios que te ha salido al encuentro,
y a su vez te encomienda una misión saliendo al encuentro
de tus hermanos/as.
El encuentro es tarea, ministerio del discípulo misionero.
Pero, hasta somos capaces de vivir “religiosamente”
eludiendo una relación profunda con los hermanos y hermanas,
eludiendo el verdadero querer de Dios y al mismo tiempo refugiándonos
en una relación evasiva con Él.
Lo importante no es la comunidad sino la comunión, la
experiencia del encuentro, la experiencia del nosotros. Parafraseando
a Pablo podemos decir: aunque fuera a Misa todos los días
y rezara la liturgia de las horas, aunque estuviera en todos
los actos de la comunidad y me mortificara con grandes ayunos,
aunque dedicara muchas horas a la oración y a la contemplación,
aunque cumpliera con rigor todas las normas y reglas.....si
no vivo el encuentro, si no hago lo que Dios espera de mi, soy
un pobre encarcelado en la jaula de la ley.
5.-
DESPUÉS DE LA SEQUÍA.....EL GOZO DE LA PAZ (Celebración)
Cantar: lo que se desee,
a elección.
Reflexionar en silencio:
La experiencia de Dios produce alegría. Duda siempre
de lo que te produzca ansiedad o tristeza, de todo lo que no
te produzca gozo y paz.
Celebra en la oración lo que Dios está haciendo
en ti. Alaba, agradece, suplica. En la presencia del Señor
examina tus sentimientos, tu corazón, tu mente, y reconoce
lo que el Espíritu hoy te ha hecho ver, te ha inspirado,
te ha regalado. Alégrate, llénate de gozo porque
la Palabra ha acampado en ti y ha producido sus frutos. Celébralo
con un corazón agradecido, y pide al Padre la fuerza
de su Espíritu, el eco de su Palabra en la tuya.
Pero, cuidado con el peligro de orar y seguir siendo lo que
somos, seguir haciendo lo que queremos, y quedar tranquilos/as
porque hemos hablado con el Señor. Cuidado con hablar
solo nosotros/as, sin escucharlo a Él y hacer lo que
nos manda.
No te fijes en el vaso de barro que llevas y que llevan tus
hermanos/as. Fíjate en la vida que brota de dentro, el
Espíritu en ti y en tus hermanos/as.
Compartir:
Comparte con tu comunidad algo de la experiencia de hoy, de
tu propia vida desde Dios.
Gesto:
Cada uno de los participantes puede depositar en el altar de
la Palabra, la frase bíblica que más le iluminó
en este día.
Oración:
Tu Palabra...mi palabra
Gracias Señor por tu Palabra
Te pido que siempre sea capaz de escucharla y llevarla a la
práctica
Que ella ilumine mi vida en todo tiempo, que alimente mi espíritu,
Para yo alimentar a mis hermanos/as
Jesús Verbo Encarnado, Palabra del Padre,
Pronuncia sobre mí, cada día tu enriquecedora
Palabra.
Te pido el buen uso de mi palabra
Que sea auténtica, creativa, curativa y liberadora
Que con mis palabras pueda iluminar, consolar, encender alegría
Que mi palabra sea alimento de vida, como la tuya.
No permitas que mi palabra sea engañosa, vacía,
ofensiva.
Que no la utilice para la mentira, la discordia, el interés
propio.
Que no despoje al hermano/a del valioso vestido de su fama.
Que no mate a la palabra, vaciándola de sentido
Haz Señor, que mi palabra introduzca siempre la Tuya.
Amén
Canto: de acción
de gracias.
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AL INICIO ^^^
Retiro Espiritual: “Las siete Palabras de
Jesús en la Cruz”
INTRODUCCION
Un
día de retiro es siempre un tiempo de gracia, un regalo
de Dios para ti, que no puedes dejar pasar de largo. Es un tiempo
de Dios para obrar en ti. Sólo tienes que dejarlo actuar
en ti como a Él le plazca.
Escucharlo a El en la soledad, en el silencio externo e interno,
a solas con Él, con el corazón y los oídos
bien atentos, abiertos, dispuestos a acoger lo que Dios quiera
decirte. Para favorecer este momento de oración y escucha
busca un lugar apropiado donde te sientas cómoda/o. Ponte
a los pies de Jesús Crucificado donde puedas contemplarlo
dando su vida por amor a la humanidad, amándote hasta
el extremo, pronunciando sus últimas palabras…
Invoca al Espíritu Santo pidiéndole sus luces
para este día dedicado a la meditación, a la oración,
a la contemplación…
Para entrar en el tema de nuestra meditación de hoy
Cuando
las tres cruces estuvieron en alto se hizo un gran silencio...
Nadie terminaba de entender lo que estaba ocurriendo. Salvo
en María, la fe vacilaba aún en los más
suyos. Se acercaba la muerte. Jesús estaba ya muy débil.
La sangre no había dejado de gotear y cada intento de
movimiento la hacía fluir más. En torno a la cruz
se había intensificado la soledad...
Estaba verdaderamente solo... Todos morimos solos, incluso cuando
morimos rodeados de amor y de amistad. Por mucho que el agonizante
tienda su mano y se aferre a otra mano, sabe que allá
en el interior, donde se libra el último combate, en
la más íntima intimidad, está solo, definitivamente
solo. Y Jesús no quiso sustraerse a esta ley de la condición
humana. Y vio su soledad multiplicada por el espanto de quien
muere joven y en una cruz, odiado, despreciado y dramáticamente
consciente de todos sus dolores. Y habló Jesús.
Nos abrió su corazón. Nos manifestó sus
sentimientos.
Las tres primeras palabras expresan la necesidad de Cristo de
morir derramando luz en torno a Sí mismo. En ellas pide
perdón para quienes le crucifican, abre las puertas de
la salvación a uno de los crucificados con Él,
y entrega a los hombres el impagable regalo de su Madre.
Siguen dos palabras en las que describe sus sufrimientos en
esta hora: el vértigo moral de su desgarradora soledad,
el sufrimiento físico de la sed..., y la otra "sed"
la sed insaciable de amor.
Las dos últimas, pocos segundos antes de la muerte, desbordan
la total paz que le habita. Ahora puede regresar al diálogo
sereno con su Padre, a lo que fue siempre el centro absoluto
de su vida.
Meditamos con las siete palabras de Jesús
en la Cruz
PRIMERA PALABRA
“PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN”.
(Luc.23, 34)
Jesús en la Cruz se ve envuelto en un mar de insultos,
de burlas y de blasfemias. Lo hacen los que pasan por el camino,
los jefes de los judíos, los dos malhechores que han
sido crucificados con El, y también los soldados. Se
burlan de Él diciendo: “Si eres hijo de Dios,
baja de la Cruz y creeremos en ti” (Mt .27, 42).
“Ha puesto su confianza en Dios, que Él lo
libre ahora” (Mt.27, 43). La humanidad entera, representada
por los personajes allí presentes, se ensaña contra
Él. “Me dejarán sólo”,
había dicho Jesús a sus discípulos. Y ahora
está solo, entre el Cielo y la tierra. Se le negó
incluso el consuelo de morir con un poco de dignidad. Jesús
no sólo perdona, sino que pide el perdón de su
Padre para los que lo han entregado a la muerte. Para Judas,
que lo ha vendido. Para Pedro que lo ha negado. Para los que
han gritado que lo crucifiquen, a Él, que es la dulzura
y la paz. Para los que allí lo están injuriando.
Y no sólo pide el perdón para ellos, sino también
para todos nosotros. Para todos los que con nuestros pecados
somos el origen de su condena y crucifixión. “Padre,
perdónales, porque no saben…” Jesús
sumergió en su oración todas nuestras traiciones.
Pide perdón, porque el amor todo lo excusa, todo lo soporta…
(1 Cor. 13).
Para ser verdadera/o discípula/o de Jesús, ¿qué
cosas de mi historia personal tengo que perdonar, olvidar, sanar…?
¿En qué siento que tengo que perdonarme a mí
misma/o?
¿En qué o con quién siento que tengo que
volver a empezar?
SEÑOR JESÚS: Cuando la pena me ahogue, cuando
no entienda los "porqués" de tantas circunstancias
que me duelen y mi mente sea un hervidero de interrogantes sin
respuesta humana, enséñame, no sólo a perdonar,
sino a eso más difícil: disculpar, olvidar, volver
a empezar, renovar la confianza, hacer nuevo el amor... De verdad.
A corazón abierto. Con leal entereza. ¡Enséñame,
señor!
SEGUNDA PALABRA
“TE LO ASEGURO: HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO”
(Luc.23, 43)
Sobre la colina del Calvario había otras dos cruces.
El Evangelio dice que, junto a Jesús, fueron crucificados
dos malhechores. (Lc. 23,32). La sangre de los tres formaban
un mismo charco, pero, como dice San Agustín, aunque
para los tres la pena era la misma, sin embargo, cada uno moría
por una causa distinta. Uno de los malhechores blasfemaba diciendo:
“¿No eres Tú el Cristo? ¡Sálvate
a ti mismo y sálvanos a nosotros!” (Lc. 23,39).
Había oído a quienes insultaban a Jesús.
Había podido leer incluso el título que habían
escrito sobre la Cruz: “Jesús Nazareno, Rey de
los judíos”. Era un hombre desesperado, que gritaba
de rabia contra todo. Pero el otro malhechor se sintió
impresionado al ver cómo era Jesús. Lo había
visto lleno de una paz, que no era de este mundo. Le había
visto lleno de mansedumbre. Era distinto de todo lo que había
conocido hasta entonces. Incluso le había oído
pedir perdón para los que le ofendían.
Y le hace esta súplica, sencilla, pero llena de vida:
“Jesús, acuérdate de mí cuando
estés en tu Reino”. Se acordó de improviso
que había un Dios al que se podía pedir paz, como
los pobres pedían pan a la puerta de los señores.
¡Cuántas súplicas les hacemos nosotros a
los hombres, y qué pocas le hacemos a Dios!… Y
Jesús, que no había hablado cuando el otro malhechor
le injuriaba, volvió la cabeza para decirle: “Te
lo aseguro. Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.
Jesús no le promete nada terreno. Le promete el Paraíso
para aquel mismo día. El mismo Paraíso que ofrece
a todo hombre que cree en El. Pero el verdadero regalo que Jesús
le hacía a aquel hombre, no era solamente el Paraíso.
Jesús le ofreció el regalo de sí mismo.
Lo más grande que puede poseer un hombre, una mujer,
es compartir su existencia con Jesucristo. Hemos sido creados
para vivir en comunión con él.
SEÑOR
JESÚS: Ayúdame a ser capaz de reconocer mis manos
vacías, a volverme a Ti en cada caída, a rendirme
a Ti por amor. Un amor que se confía del todo a tu misericordia.
Dame, Señor, un corazón pobre que me capacite
para ser "un buen ladrón", es decir, "un
buen pecador". Y dame, sobre todo, conciencia de la gratuidad
de tus dones. AMEN.
TERCERA PALABRA
“MUJER, AHÍ TIENES A TU HIJO”. “AHÍ
TIENES A TU MADRE”(Jn.I9, 26)
Junto
a la Cruz estaba también María, su Madre. La presencia
de María junto a la Cruz fue para Jesús un motivo
de alivio, pero también de dolor. Tuvo que ser un consuelo
el verse acompañado por Ella. Ella que, por otra parte,
era el primer fruto de la Redención. Pero, a la vez,
esta presencia de María tuvo que producirle un enorme
dolor, al ver el Hijo los sufrimientos que su muerte en la cruz
estaban produciendo en el interior de su Madre. Aquellos sufrimientos
le hicieron a Ella Corredentora, compañera en la redención.
Era la presencia de una mujer, ya viuda desde hacía años,
según lo hace pensar todo. Y que iba a perder a su Hijo.
Jesús y María vivieron en la Cruz el mismo drama
de muchas familias, de tantas madres e hijos, reunidos a la
hora de la muerte. Después de largos períodos
de separación, por razones de trabajo, de enfermedad,
por labores misioneras en la Iglesia, o por azares de la vida,
se encuentran de nuevo en la muerte de uno de ellos. Al ver
Jesús a su Madre, presente allí, junto a la Cruz,
evocó toda una estela de recuerdos gratos que habían
vivido juntos en Nazaret, en Caná, en Jerusalén.
Sobre sus rodillas había aprendido el shema, la primera
oración con que un niño judío invocaba
a Dios. Agarrado de su mano, había ido muchas veces a
la Pascua de Jerusalén… Habían hablado tantas
veces en aquellos años de Nazaret, que el uno conocía
todas las intimidades del otro. En el corazón de la Madre
se habían guardado también cosas que Ella no había
llegado a comprender del todo. Treinta y tres años antes
había subido un día de febrero al Templo, con
su Hijo entre los brazos, para ofrecérselo al Señor.
Y fue precisamente aquel día, cuando de labios de un
anciano sacerdote oyó aquellas palabras: “A ti,
mujer, un día, una espada te atravesará el alma”.
Los años habían pasado pronto y nada había
sucedido hasta entonces. En la Cruz se estaba cumpliendo aquella
lejana profecía de una espada en su alma. Pero la presencia
de María junto a la Cruz no es simplemente la de una
Madre junto a un Hijo que muere. Esta presencia va a tener un
significado mucho más grande. Jesús en la Cruz
le va a confiar a María una nueva maternidad. Dios la
eligió desde siempre para ser Madre de Jesús,
pero también para ser Madre de los hombres.
¿Quién son los crucificados de hoy que tengo que
acompañar como lo hizo María a los pies de la
cruz de Jesús?
En concreto: ¿qué estoy haciendo hoy por estos
crucificados?
SEÑOR JESÚS: Que el dolor no aumente mi egoísmo,
que el sufrimiento no me repliegue sobre mí... Abre todos
los poros de mi ser para que mane por ellos hasta la última
gota de mi sangre, hasta el último aliento de mi vida,
hasta lo más entrañable a mi amor, hasta lo más
mío... Y que no quede de mí más que la
insignificante partecita viva con la que pueda llamarte: ¡VIDA
MÍA!
CUARTA PALABRA
“DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ
ME HAS ABANDONADO?” (Mt.27, 46)
Son casi las tres de la tarde en el Calvario y Jesús
está haciendo los últimos esfuerzos por hacer
llegar un poco de aire a sus pulmones. Sus ojos están
borrosos de sangre y sudor. Y en este momento, incorporándose,
como puede, grita: “Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?”. No había
gritado en el huerto de los Olivos, cuando sus venas reventaron
por la tensión que vivía. No había gritado
en la flagelación, ni cuando le colocaron la corona de
espinas. Ni siquiera lo había hecho en el momento en
que le clavaron a la Cruz. Jesús grita ahora. Jesús,
el Hijo único, aquel a quien el Padre en el Jordán
y en el Tabor había llamado: “Mi Hijo único”,
“Mi Predilecto”, “Mi amado”, Jesús
en la Cruz se siente abandonado de su Padre. ¿Qué
misterio es éste? ¿Cuál es el misterio
de Jesús Abandonado, que dirigiéndose a su Padre,
no le llama “Padre”, como siempre lo había
hecho, sino que le pregunta, como un niño impotente,
que porqué le había abandonado. ¿Por qué
Jesús se siente abandonado de su Padre? Este momento
de la Pasión de Jesús, en que se siente abandonado
de su mismo Padre, es el más doloroso para El de toda
la Redención. El verdadero drama de la Pasión
Jesús lo vivió en este abandono de su Padre. Y
si la Pasión de Jesús, el Hijo bendito del Padre,
es el misterio que no tiene nombre, que no hay palabras para
describirlo, no lo es simplemente por los azotes, ni por la
sangre derramada, ni por la agonía o por la asfixia,
sino porque nos hace entrar en el misterio de Dios. Y en este
abandono de Jesús, descubrimos el inmenso amor que Jesús
tuvo por los hombres y hasta dónde fue capaz de llegar
por amor a su Padre. Porque todo lo vivió por haberse
ofrecido a devolver a su Padre los hijos que había perdido
y por obediencia a Él.
SEÑOR JESÚS: Ayúdame a buscarte en
la noche, a gritarte en el silencio doloroso y sin eco siquiera...
a creer, ¡sí, creer!, que es tu amor el que me
asocia esponsalmente a tu pasión.
QUINTA PALABRA
“TENGO SED” (Jn.19, 28)
Uno de los más terribles tormentos de los crucificados
era la sed. La deshidratación que sufrían, debida
a la pérdida de sangre, era un tormento durísimo.
Y Jesús, por lo que sabemos, no había bebido desde
la tarde anterior. No es extraño que tuviera sed; lo
extraño es que lo dijera. La sed que experimentó
Jesús en la Cruz fue una sed física. Expresó
en aquel momento estar necesitado de algo tan elemental como
es el agua. Y pidió, “por favor”, un poco
de agua, como hace cualquier enfermo o moribundo. Jesús
se hacía así solidario con todos, pequeños
o grandes, sanos o enfermos, que necesitan y piden un poco de
agua. Y es hermoso pensar que cualquier ayuda prestada a un
moribundo, nos hace recordar que Jesús también
pidió un poco de agua antes de morir. Pero no podemos
olvidar el detalle que señala el Evangelista San Juan:
Jesús dijo: “Tengo sed”. “Para que
se cumpliera la Escritura”, dice San Juan (Jn.19, 28).
Jesús habló en esta quinta Palabra de “su
sed”. Aquella sed que vivía El como Redentor. Jesús,
en aquel momento de la Cruz, cuando está realizando la
Redención de los hombres, pedía otra bebida distinta
del agua o del vinagre que le dieron. Poco más de dos
años antes, Jesús se había encontrado junto
al pozo de Sicar con una mujer de Samaria, a la que había
pedido de beber. “Dame de beber”. Pero el agua que
le pedía no era la del pozo. Era la conversión
de aquella mujer. Ahora, casi tres años después,
San Juan que relata este pasaje, quiere hacernos ver que Jesús
tiene otra clase de sed. Es como aquella sed de Samaria. “La
sed del cuerpo, con ser grande -decía Santa Catalina
de Siena- es limitada. La sed espiritual es infinita”.
Jesús tenía sed de que todos recibieran la vida
abundante que El había merecido. De que no se hiciera
inútil la redención. Sed de manifestarnos a Su
Padre. De que creyéramos en Su amor. De que viviéramos
una profunda relación con El. Porque todo está
aquí: en la relación que tenemos con Dios.
SEÑOR JESÚS: Dame una sed insaciable de apagar
tu sed. No te canses de pedirme: dame de beber, dame de beber.
Quema mis labios hasta que quede en mi carne la marca de tu
sed. Y que sepa yo padecer y acariciar la herida ardiente de
tu contacto. Una quemadura que jamás sanará: Tú
mismo.
SEXTA PALABRA
“TODO ESTÁ CUMPLIDO” (Jn. 19, 30)
Estas fueron las últimas palabras pronunciadas por Jesús
en la Cruz. Estas palabras no son las de un hombre acabado.
No son las palabras de quien tenía ganas de llegar al
final. Son el grito triunfante del vencedor. Estas palabras
manifiestan la conciencia de haber cumplido hasta el final la
obra para la que fue enviado al mundo: dar la vida por la salvación
de todos los hombres. Jesús ha cumplido todo lo que debía
hacer. Vino a la tierra para cumplir la voluntad de su Padre.
Y la ha realizado hasta el fondo. Le habían dicho lo
que tenía que hacer. Y lo hizo. Le dijo su Padre que
anunciara a los hombres la pobreza, y nació en Belén,
pobre. Le dijo que anunciara el trabajo y vivió treinta
años trabajando de carpintero en Nazaret. Le dijo que
anunciara el Reino de Dios y dedicó los tres últimos
años de su vida a descubrirnos el milagro de ese Reino,
que es el corazón de Dios. La muerte de Jesús
fue una muerte joven; pero no fue una muerte, ni una vida malograda.
Sólo tiene una muerte malograda, quien muere inmaduro.
Aquel a quien la muerte le sorprende con la vida vacía.
Porque en la vida sólo vale, sólo queda aquello
que se ha construido sobre Dios y para Dios.
Y ahora Jesús se abandona en las manos de su Padre. “Padre,
en tus manos pongo mi Espíritu”. Las manos
de Dios son manos paternales. Las manos de Dios son manos de
salvación y no de condenación. Dios es un Padre.
Antes de Cristo, sabíamos que Dios era el Creador del
mundo. Sabíamos que era Infinito y todopoderoso, pero
no sabíamos hasta qué punto Dios nos amaba. Hasta
qué punto Dios es PADRE. El Padre más Padre que
existe. Jesús sabe que va a descansar al corazón
de ese Padre.
SEÑOR JESÚS: Enséñame a obedecer.
Enséñame a ver, a través de las mediaciones
humanas, la voluntad del Padre. Hazme dúctil y maleable,
como agua siempre a gusto en cualquier vaso. No importa la forma
ni la materia. Sólo importa mi adaptación a tu
querer. Saber tomar la forma de tu voluntad en cada instante,
poder llegar a decir al atardecer de mi vida, cuando me vengas
a examinar de amor: "todo se ha cumplido".
SÉPTIMA PALABRA
“PADRE, EN TUS MANOS PONGO MI ESPÍRITU” (Lc.
23,46)
Y
el que había temido al pecado, y había gritado:
“¿Por qué me has abandonado?”,
no tiene miedo en absoluto a la muerte, porque sabe que le espera
el amor infinito de Su Padre. Durante tres años se lanzó
por los caminos y por las sinagogas, por las ciudades y por
las montañas, para gritar y proclamar que Aquel, a quien
en la historia de Israel se le llamaba “El”, “Elohim”,
“El Eterno”, “El sin nombre”, sin dejar
de ser aquello, era Su Padre. Y también, nuestro Padre.
Y el hecho de que tenga seis mil millones de hijos en el mundo,
eso no impide que a cada uno de nosotros nos mime y nos cuide
como a un hijo único. Y, salvadas todas las distancias,
también nosotros podemos decir, lo mismo que Jesús:
“Dios es mi Padre”, “los designios de
mi Padre”, “la voluntad de mi Padre”.
Y si es cierto que es un Padre Todopoderoso, también
es cierto que lo es todo cariñoso. Y en las mismas manos
que sostiene el mundo, en esas mismas manos lleva escrito nuestro
nombre, mi nombre. Y, a veces, cuando la gente dice: “Yo
estoy solo en el mundo”, “a mi nadie me quiere”,
Él, el Padre del Cielo, responde: “No. Eso no es
cierto. Yo siempre estoy contigo”. Hay que vivir con la
alegre noticia de que Dios es el Padre que cuida de nosotros.
Y, aunque a veces sus caminos sean incomprensibles, tener la
seguridad de que Él sabe mejor que nosotros lo que hace.
Hay que amar a Dios, sí. Pero también hay que
dejarse amar y querer por Dios. En las manos de ese Padre que
Jesús conocía y amaba tan entrañablemente,
es donde Él puso su espíritu.
SEÑOR JESÚS: Que sepa yo también decir
“En tus manos, Padre… sólo en tus manos…”
y que durante toda mi vida, en cada situación, en toda
circunstancia, pueda renovar esta entrega: “En tus manos,
Padre… sólo en tus manos… todo en tus manos…”.
Amén.
¿A qué me comprometo, qué me propongo,
a partir de hoy, para continuar transitando el Itinerario
Formativo: Encuentro con Jesucristo – Discipulado –
Comunión – Misión?
Oración final: Madre de Cristo Crucificado
Madre
de Cristo Crucificado y Madre nuestra:
Siempre estuvo a tu lado el dolor, el desgarrón, la soledad…
Tú fuiste paso a paso…, día a día…,
acompañando a Jesús en su dolor, en su camino
hacia la cruz…
En el calvario fuiste crucificada
con tu hijo Jesús…,
pero tú llevaste la cruz sólo en tu corazón,
que es donde se vive el dolor…
Madre nuestra, allí te dejó Jesús al cuidado
de nosotros…
Madre nuestra, en tu soledad
y desconsuelo, déjanos acercarnos
a estar junto a tu Cristo en la cruz
llorando tu mismo llanto…, amando tu mismo amor…,
compartiendo tu misma espada de dolor…
Que cuando Dios nos llame de
este mundo
podamos morir contigo a nuestro lado como murió Jesús.
Amén.
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AL INICIO ^^^
Retiro Espiritual: Proyecto personal de vida
Jesús
María Palacios
Ambientación
- Hoy es un día especial para ti. Es un día de
retiro para “estar con El” y para estar contigo
mismo, para trazar tu proyecto personal de vida para este año.
Para ello, necesitas buscar tu espacio, tu carpa del silencio,
el lugar del encuentro con Jesucristo y contigo misma. El camino
de tu vida, hoy, necesita una dedicación particular en
el sagrado templo de tu silencio interior. Necesitas también
tu tiempo, ese tiempo especial que rompe la rutina, porque ahí,
en ese espacio y tiempo, el Dios de Jesucristo, se te revela.
Imaginación (Ejercicio de recuerdo):
Traigo a mi memoria un camino (ruta) que he conocido, que he
transitado: corto, mediano, largo, angosto o ancho). Recuerdo
lo que más me impresionó, de bueno, de aburrido,
o de alguna anécdota, del transitar por ese camino, qué
experiencias viví, qué situaciones. Termino imaginando
en la escena una bifurcación del camino (de la ruta)
y que me haga posible necesitar hacer una opción de por
dónde seguir.
- Como material de trabajo necesitas tu cuaderno
de historia de vida, tu itinerario personal del “Encuentro
con Jesucristo, Discipulado, Comunión y Misión”,
para hacer memoria y dar un paso más. Los núcleos
problemáticos del Plan Pasar para poner tu granito de
arena en la solución de esos problemas. La Biblia para
ver qué texto te va a iluminar. Las Constituciones. El
Proyecto Provincial y Comunitario, ctc.
- Y...tomar conciencia de cómo llegas a este retiro,
en dónde te encuentras, qué te pasa, qué
cargas en tu mochila de caminante, y ponerte delante del Maestro
de Galilea tal cual eres. Vulnerable como persona, pequeño
como un niño, pecador como discípulo.
Introducción
Cualquier persona (creyente o no) trata de conseguir una serie
de fines o metas en su vida. Esos fines sirven de guía
para encausar nuestra vida. ¿dedicamos un tiempo pausado
a plantearnos por qué y para qué hacemos las cosas?
Dicho de otro modo ¿nuestra vida se mueve a base de impulsos
sin sentido, o nos paramos a pensar lo que queremos llegar a
ser y como conseguirlo?
La vida es un camino con muchas encrucijadas. A veces
sabemos qué dirección elegir y otras muchas veces
dudamos. Para no vagar por ese camino sin ningún rumbo,
hay que pararse y pensar (reflexionar) un poco a qué
lugar queremos llegar y cuáles son los medios que hay
que usar para intentar alcanzar la meta. Esta es la única
manera de ser dueños de nuestros propios caminos, aunque
siempre hay situaciones imprevistas. No nos puede pasar como
a Martha (LC 10,38-42), que estaba tan ocupada haciendo cosas,
que se olvidaba de lo más importante. Obviamente el tipo
de vida que tenemos en las ciudades no ayuda a la reflexión
y la pausa, sino a que nos enganchemos a la vorágine;
obligaciones, prisas, existen también los que toman la
vida a la ligera, los que no se preocupan por las preguntas
sobre su vida, y simplemente viven. Por eso requiere tiempo
y reflexión, una reflexión como cristianos y consagrados
debe estar iluminada por la oración y por los valores
de Jesús. Dedicando especial atención al carisma
congregacional, a los proyectos, a los trabajos realizados en
conjunto que dan importancia a las necesidades del hoy. Todos
los medios nos sirven de apoyo.
¿Por
qué hacer un Proyecto Personal de Vida?
Uno de los desafíos que ha tenido la Vida Religiosa en
estos últimos años es el de afrontar nuevos retos,
en búsqueda de nuevos medios, caminos para dar impulso
a la Vida Religiosa y a su misión, en esta búsqueda
creativa ha encontrado nuevas formas, nuevos medios como: El
Proyecto Personal y el Proyecto Comunitario.
No se trata de una moda casual, efímera, o un truco de
los Superiores, Formadores que acuden a ella para poder controlar
mejor a los hermanos/as , ahora en estos tiempos difíciles
de ejercer la autoridad.
¿Por qué se viene pidiendo con tanta insistencia
un Proyecto Personal, Comunitario?. La exigencia fundamental
arranca de nuestra condición de ser consagrados/as, discípul0s/as
misioneros/as.
Hoy se experimenta la imposibilidad de vivir la espiritualidad
de la comunión y ser misionero/a, sin ser antes personas
que se encuentran con Jesucristo y hacer un camino de discipulado
por medio de la Palabra, de la Eucaristía, de la oración,
de la contemplación, para no correr el riesgo de transmitir
palabras vacías. Para esto es útil el Proyecto
Personal de Vida.
No le preguntes a nadie , qué es lo que debes hacer con
tu vida; pregúntatelo a tí mismo. No se trata
de hacer cualquier camino, se debe hacer el mejor, y seguir
siempre el más adecuado, porque en ese caminar está
en juego tu Felicidad y la de otros.
UN
MODELO DE PROYECTO PERSONAL
Las situaciones descriptas son sólo propuestas a manera
de ejemplo. Cada uno/a habrá de ajustarlas a su vida
personal.
1.-
Mi situación personal. Revisión de mi propia vida.
Examen de Conciencia
a) ¿Cómo me encuentro en mi vida espiritual?
Soy pobre y superficial?; me falta vida sobrenatural y criterios
religiosos?; no hago la oración o no la hago bien?; medito
diariamente la Palabra de Dios?; practico alguna virtud?; trato
de corregir algún defecto?; me acerco con frecuencia
al sacramento de la reconciliación?; sé reconocer
mis pecados o sólo reconozco los defectos de los demás?;
tiene importancia la Eucaristía en mi vida?; en mi vocación
estoy contento/a, sereno/a?; en mis compromisos religiosos me
empeño en ser cumplidor/a?; o simplemente me acostumbré?;
mi encuentro personal con el Señor me ayuda a resignificar
continuamente mi vida consagrada?; vivo en una actitud de conversión
permanente?. Otros:
b) ¿Cómo me encuentro en mi vida comunitaria?
Desencajado/a?, arrastro mi destino?, amargado/a?, triste?,
mal relacionado/a con mis hermanos/as?, conflictivo/a?, acepto
la diversidad (o las diferencias) en todas sus formas?, generoso/a,
servicial?, comprensivo/a, misericordioso/a?, exigente, demandante?,
agresivo/a con actitudes o palabras?, vínculo fraterno
débil, sólo con algunos/as?, vivo con sentido
de plenitud mi tercera edad, o me estoy preparando para que
así sea?, otros?.
c) ¿Cómo me encuentro en mi formación
permanente?
Doy importancia al estudio de la Palabra de Dios?, me preocupo
por conocer el catecismo de la iglesia católica?, acostumbro
a consultar el código de derecho canónico?, leo
los documentos de la Iglesia?, conozco bien las constituciones
de mi congregación?, me informo sobre la realidad social,
cultural y de la iglesia?, participo de buen ánimo en
la formación permanente de mi comunidad y de mi provincia?,
leo libros espirituales que me ayuden a crecer?, me actualizo
profesionalmente en la misión que me encomendaron?, tengo
pereza para asistir a cursos o charlas informativas que me capaciten
y me instruyen?, me ocupo de mi formación humana, se
nota mi buena formación?, hay temas que me acomplejan,
me trauman y no me animo a ocuparme de ellos?, otros?.
d).- ¿Cómo me encuentro en mi vida pastoral,
de misión?
Estoy seguro y con gozo?, tengo suficiente preparación?,
soy insensible a los desafíos de mi entorno, de mi provincia?,
vivo muy replegado/a y poco insertado/a en la pastoral de la
comunidad, de la parroquia?, me acerco a los jóvenes,
busco comprometerme con ellos/as?, animo y acompaño desde
el carisma a las personas más allegadas a la congregación?,
confío en los laicos, me dejo ayudar por ellos, los incluyo
en la pastoral?, me intereso por la pastoral de las demás
comunidades?, discierno mi actividad pastoral para ver si con
ello anuncio el Reino?, apoyo el proyecto pastoral de mi comunidad,
colaboro con ella?, me empeño a suscitar vocaciones religiosas
para mi provincia?, otros?.
2.-
Mis aspiraciones más profundas:
a).- En la vida espiritual: Reconciliación
interior?. Coherencia de vida?. Paz espiritual?. Fidelidad a
la oración personal?, Lectura asidua de la Palabra de
Dios?. .
b).- En la vida fraterna: Armonía y
colaboración fraterna?, Conocimiento personal?.
c).- En la formación permanente: Estar
siempre a la altura de la misión?, preocuparme más
por mi formación personal?.
d).- En la pastoral o misión: Asumir
con gozo los sacrificios que implican la misión encomendada?,
Celo apostólico y coordinación de mi trabajo misionero?.
3.- Objetivos que me propongo alcanzar y medios
que pienso emplear
(A manera de ejemplo)
a).- En la vida espiritual:
Objetivo: Cuidar diligentemente la vida espiritual (la experiencia
de Dios) y ante todo practicar diariamente la escucha de la
Palabra de Dios y mantener la fidelidad a la oración
personal.
Para lo cual me comprometo a:
• La oración diaria personal. Lectura orante de
la Palabra(lectio divina) todos los días.
• Rezar la Liturgia de las Horas.
• Leer diariamente algún libro espiritual, las
Constituciones, frases de la Madre Fundadora.
• Pedir ayuda al director o consejero espiritual
• La Confesión periódica, vivencia de la
Eucaristía, examen de conciencia, devoción mariana.
b).- En la vida comunitaria:
Objetivo: Prestar atención a mis hermanos/as de comunidad
y buscar en ellos/as la máxima coordinación y
corresponsabilidad en la vida comunitaria y en la pastoral.
Para ello me comprometo a:
• Escucharles y valorar sus puntos de vista e interesarme
por ellos/as y por sus trabajos.
• Participar positivamente en la oración y en los
encuentros comunitarios y en la elaboración del proyecto
comunitario.
• Informar a la comunidad de mi proyecto personal en sus
aspecto externos y ser trasparente en mi actuar.
• Expresar con libertad y conciencia las necesidades que
experimento y que pueden ser satisfechas por la comunidad.
c).- En la formación permanente:
Objetivo: Dar más importancia al estudio de la Palabra
de Dios y procurar estar preparado para el servicio pastoral
que se me ha encomendado.
Para ello me comprometo a:
• Reservarme dos horas semanales de análisis crítico
de la realidad social y cultural y de estudio de las
ciencias eclesiásticas, especialmente de las Sagradas
Escrituras.
• Participar en la formación permanente de la comunidad
y de la Provincia.
• Leer los documentos de la Iglesia.
• Asistir a cursos o charlas
d).- En la acción evangelizadora:
Objetivo: Llevar a la práctica con esmero el compromiso
de misión de la Provincia y Comunidad.
Para ello me comprometo a:
• Apoyar y colaborar en el proyecto pastoral de la comunidad.
• Prepararme con esmero en mi trabajo pastoral diario
o semanal
• Aprovechar el tiempo colaborando en todo lo que pueda
con los demás.
• Suscitar vocaciones entre los jóvenes acercándome
a ellos e invitándoles a mi comunidad o a algún
trabajo pastoral.
4.-
Evaluación del Proyecto:
• Antes de confesarme?.
• En los días de retiro?.
• En la entrevista con el Director o Acompañante
Espiritual?.
5.-
Utilidad para el camino del Proyecto Personal
Una de las tareas más maravillosas que las personas podemos
realizar es formular nuestro Proyecto de Vida Personal, no solamente
es voluntarismo es también la Gracia de Dios que actúa.
También es un instrumento que favorece tu camino de crecimiento
es un medio actual de metodología de la vida espiritual,
que sirve de constante referencia para el autocontrol y acompañamiento
del proceso durante el cual se propone el Proyecto a largo,
mediano, corto plazo, el tiempo, mensual, quincenal, semanal,
etc. Es útil retomar la metodología que siempre
has utilizado, desde los primeros momentos de formación
inicial, aquella practica de meditar escribiendo, de tomar apuntes,
dejar por escrito lo que el Espíritu te dice. Es un medio
muy apropiado en los diferentes aspectos en la vida de la persona
con el fin de lograr una formación unificada. Finalmente
es útil reflexionar sobre como armonizar con el Proyecto
Comunitario. En efecto existe una relación de auto dependencia
entre dos, se refuerzan y se ayudan mutuamente; por una parte
cuando tú formulas tu Proyecto Personal tomas en consideración
los compromisos del Proyecto Comunitario, porque es un discernimiento
hecho por Ti y por todos/as los/as demás hermanos/as
acerca de los designios de Dios sobre tu Comunidad; por tanto
contiene indicaciones de la Voluntad de Dios que a ti te corresponde.
6.-
Conclusión:
Con el Proyecto Personal de Vida tienes en tus manos un instrumento
que te ayuda a crecer en fidelidad creativa al don de tu vocación.
Te invito a apreciarlo y acogerlo con alegría. Trata
de ayudarte a realizar el don de Dios en Ti y la respuesta a
la llamada de Dios. Tu camino que el Proyecto te ofrece es el
resultado de tu libre decisión y de la intervención
gratuita de Dios, que te ha llamado a esta vida. Acoge la invitación
a vivir el Proyecto como una responsabilidad para caminar en
la Santidad. Jesús sube al Padre y nos invita a subir,
a seguir la verdadera meta de nuestro camino, es la Comunión
con el Señor (Jn 20,17). Un Proyecto a la medida de tu
persona redimida por Cristo, que te lleve a trascender y ser
capaz de asumir responsabilidades en tu vida. En la elaboración
de este Proyecto estuvo la experiencia de impulsar la piedra
fundante, y de esta llamada, brota la Fe, motor de toda vida
Consagrada y la finalidad de esta comunión es la asimilación,
de mi vida con la de Cristo, mi transformación y configuración
con aquel Amor Vivo. Comunión implica adoración
y seguimiento a Cristo de aquel que va delante de nosotros,
por lo tanto ahora, ora, agradece, alaba por el proyecto elaborado.
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