“Se
fueron con Él, vieron donde vivía…” (Jn.
1, 39)
“y dejándolo todo lo siguieron” (Lc. 5, 11)
Hoy,
más que nunca, la voz del mundo
nos aturde a los jóvenes, hoy es muy difícil
encontrarse con Jesús, descubrir donde
vive y, mucho más, seguirlo. Pero a pesar
de la insistencia de este mundo, cuando
CRISTO HABLA en lo profundo del corazón
no hay barreras que impidan que lo
sigamos. De esto somos testigos: somos
dos jóvenes de distintas partes del país,
tenemos nuestras familias (padres y hermanos),
y como todo joven hemos vivido distintas
experiencias de estudio, profesión, solidaridad
y en medio de esa vivencia juvenil, Jesús,
golpeó nuestra puerta y con su llamada
cautivante nos atrajo hacia sí, y hoy estamos
iniciando el camino del seguimiento, donde cada una tuvo su propia
historia.
Yo soy Rosa y me paso que:
Habiendo terminado mis estudios secundarios,
estudié enfermería y comencé a trabajar mientras
me divertía con mis amigos y vivía con mi familia.
En una jornada sentí que Dios me llamaba y
me pedía algo más, paro intenté no escucharlo,
me hice la distraída, hasta que por medio de
una hermana de nuestra congregación, el Señor se manifestó
con más fuerza y ya no pude
r esistir a su voz. Al instante dejé todo, comencé
a frecuentar el Hogar de Niñas (una de las
obras de la Congregación), en el que luego realicé
mi primera experiencia y discernimiento
para el ingreso. Después de haber vivido seis meses en la
comunidad, solicité a la Provincial e
l ingreso a la Congregación, que se concretó el 18
de Marzo de 2007.
Yo soy Florencia y les cuento que: Desde chica fui educada en la fe por mis
padres, crecí de la mano de Dios. Nunca abandoné
mis principios cristianos, pero cuando fui adolescente me desprendí
de su mano por curiosidad
hacia el mundo; solo buscaba divertirme y pasarla bien y por el
contrario, Jesús me exigía esfuerzo
y compromiso. A pesar de esto, Cristo es Misericordioso, y no permitió
que me desviara de su
camino. Me volvió a atraer hacia Él y me mostró
que a su lado está la verdadera Felicidad.
Después de un tiempo sentí que Él tironeaba,
cada vez con más fuerza, de mi corazón: Quería
más de mi. Me decidí enseguida a responderle, pero
no tenía seguridad del lugar en el que me
quería. En esto, Cristo, se hizo esperar, hasta que después
de tanta insistencia, me señaló el
lugar. Al encontrarme con las hermanas de nuestra Congregación,
me sentí muy contenta,
comencé a visitarlas, participé de retiros vocacionales
y comencé el discernimiento, luego
hice mi primer experiencia en el Hogar de Ancianos, y al termino
pedí a la Provincial el ingreso
a la Congregación, que se me concedio el 18 de Marzo de 2007.
Así fue, que ingresamos y dimos nuestro primer SÍ
al Señor.
El primer tiempo fue un poco costoso, el despegue con nuestras familias,
amigos, lugar… ,
pero Dios, de distintas maneras, nos siguió asistiendo y
sosteniendo. Una de esas maneras
fue el apoyo y la atención de las hermanas de la comunidad
y especialmente de nuestras
formadoras, Hnas Aurora Marecos, Martina Escobar y Rosa Báez.
Ahora vemos como Dios nos fue guiando, nos condujo y nos llamó.
Juntas queremos responder a su Amor de la misma manera. El fue Misericordioso
con nosotras
y esa Misericordia que experimentamos es la que queremos transmitir,
queremos ser sus
instrumentos a ejemplo de nuestra Madre María de Jesús
Crucificado Petkovic’.
Alabando a Dios, ayudando al hermano
necesitado, viviendo
en fraternidad, con humildad y sencillez, practicando en todo...
¿CON
QUIÉNES?
Nuestras comunidades de acogida, según
el espíritu de nuestro Padre San Francisco y
nuestra Beata Fundadora Maria de Jesús Crucificado Petkovic,
como modelo de santidad.
¿DONDE?
Casa Provincial – Comunidad
Cristo Rey:
Avda. San Martín 1555 – o Madre Maria Petkovic
Nº 4745
(1678) Caseros - Pcia. de Bs. As.
Tel. (011) 4759-4564 / (011) 4716-6315
Sede Provincial:
E-mail: cfmprovinciAR@ciudad.com.ar
Superiora Provincial:
E-mail: nildaramirezprov@yahoo.com.ar o nilda06@hotmail.com
Hna. Rosa Báez (formadora): E-mail: hrosaseprov@yahoo.com.ar
Comunidad Madre de la Divina Gracia:
Calle 523 y 171 - (1903) Melchor Romero - La Plata
Tel/Fax: (02221) 478-0089
Hna. Aurora Marecos (P. vocacional): E-mail: coeyuaurora@hotmail.com
Hna. Martina Escobar: E-mail: hnamartina_66@hotmail.com
Comunidad Villa de la S. V. María:
Tropero Moreira 3552 - (6712) Cortinez- Luján
Tel/Fax: (02323) 48-8310
Hna. Margarita Acosta: vsvm@coopflan.com.ar o margacostasosa@hotmail.com
Comunidad Cristo Rey:
25 de Mayo Nº 381- (3170) Basavilbaso - Entre Ríos
Tel/Fax: (03445) 48-1205
E-mail: icreybasso@hotmail.com
Hna. Rufina Ramírez: E-mail: hrufina2008@hotmail.com
Hna.Viviana Rodríguez: E-mail: vivi09_1@hotmail.com Comunidad Nuestra S. de la Misericordia (Hogar de niños):
Manuel Rodríguez 418 - (8300) Neuquén
Tel/Fax: (02994) 446-8798
Hna. Fátima Villarroel:
E-mail: m_fatimavergara@hotmail.com o pacavillarroel@ciudad.com.ar
Comunidad Nuestra S. de Lujan (Hospital
Municipal):
Av. Hijas de San José 31 (662) Chivilcoy - Pcia. de Bs. As.
Tel. (02346) 42-3210
Hna. Guillermina Meza: E-mail: mariaguille48@yahoo.com.ar
Hna. Anita Macek: E-mail: anitamacek50@yahoo.com.ar
Comunidad Santa Clara de Asís:
Barrio Obrero (Capilla Santa Clara) El Bolsón - Pcia.
de Río Negro
Tel. (02944) 49-3263
Hna. Deolinda Benitez: E-mail:deolindabenitez@yahoo.com.ar
Hna. Elena Reyna: E-mail: reynalen@hotmail.com
Comunidad Sagrado Corazón
(Hospital Neuropsiquiátrico):
Calle 520 y 175 (1903) Melchor Romero - La Plata - Pcia. de Bs. As.)
Hna. Maria Rivas - Tel. (0221) 478-1690
Acompañamos a los jóvenes
en su proceso de fe
y discernimiento vocacional.
Realizamos Jornadas de espiritualidad.
Experiencias de oración franciscana.
¡Oh
Dios!, envíanos locos,
de los que se comprometen a fondo,
de los que se olvidan de sí mismos,
de los que aman con algo más que con palabras,
de los que entregan su vida de verdad y hasta el fin.
Danos locos, chiflados, apasionados,
hombres capaces de dar el salto hacia la inseguridad,
hacia la incertidumbre sorprendente de la pobreza;
danos locos, que acepten diluirse en la masa
sin pretensiones de erigirse un escabel,
que no utilicen su superioridad en su provecho.
Danos locos, locos del presente,
enamorados de una forma de vida sencilla,
liberadores eficientes del proletariado,
amantes de la paz, puros de conciencia,
resueltos a nunca traicionar,
capaces de aceptar cualquier tarea,
de acudir donde sea, libres y obedientes,
espontáneos y tenaces, dulces y fuertes.
Danos locos, Señor; danos locos.
ORACIÓN
Jesús que sientes compasión al ver
la multitud que está como ovejas sin pastor,
suscita, en nuestra Iglesia, una nueva primavera de vocaciones.
Te pedimos que envíes: Sacerdotes según tu corazón
que nos alimenten con el Pan
de Tu Palabra y en la mesa de Tu Cuerpo y de Tu Sangre; Consagrados
que, por su
santidad, sean testigos de Tu Reino; Laicos que, en medio del
mundo, den testimonio
de ti con su vida y su palabra.
Buen Pastor, fortalece a los que elegiste; y ayúdalos a
crecer en el amor y santidad
para que respondan plenamente a tu llamada.
María, Madre de las vocaciones, ruega por nosotros. Amén.
ORACIÓN
Señor Dios, Padre Celestial, Tu Hijo Jesucristo
nos dijo:
"La mies es abundante, pero los obreros pocos. Pidan al dueño
de la mies que envíe
obreros a su mies".
Animados por estas enseñanzas, te pedimos que envíes
a tu Iglesia, numerosas
y santas vocaciones para el sacerdocio, a la vida religiosa y
al apostolado laical.
Consérvales fieles en su ministerio hasta el fin; y concédeles,
por tu Espíritu Santo,
un gran amor a Dios y a los hermanos, para que en su ministerio
y en su vida
busquen solamente tu gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
ORACIÓN
Dios, Padre y Pastor de todos los hombres, Tú
quieres que no falten hoy día,
hombres y mujeres de fe, que consagren sus vidas al servicio del
evangelio y
al cuidado de la Iglesia.
Haz que tu Espíritu Santo ilumine los corazones, y fortalezca
las voluntades de
tus fieles, para que, acogiendo tu llamado, lleguen a ser los
Sacerdotes y Diáconos,
Religiosos, Religiosas y Consagrados que tu Pueblo necesita.
La cosecha es abundante, y los operarios pocos. Envía,
Señor, operarios a tu mies.
Amén.
ORACIÓN
Señor Dios, Padre Nuestro, te damos gracias
por los sacerdotes, que son un regalo
y un signo de tu amor.
Ellos nos manifiestan tu corazón bueno y rico en misericordia,
nos ofrecen la
salvación de Jesús y nos ayudan a vivir en el Espíritu
Santo.
Concédenos pastores según tu corazón, bendice
a los seminaristas, y haz que
no falten en la Iglesia niños y jóvenes que sigan
la vocación sacerdotal.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
ORACIÓN
DE JUAN PABLO II
Padre Bueno, en Cristo tu Hijo nos revelas tu amor,
nos abrazas como a tus hijos
y nos ofreces la posibilidad de descubrir, en tu voluntad, los
rasgos de nuestro
verdadero rostro.
Padre santo, Tú nos llamas a ser santos como Tú
eres santo. Te pedimos que
nunca falten a tu Iglesia ministros y apóstoles santos
que, con la palabra y con
los sacramentos, preparen el camino para el encuentro contigo.
Padre misericordioso, da a la Humanidad extraviada, hombres y
mujeres, que,
con el testimonio de una vida transfigurada, a imagen de tu Hijo,
caminen
alegremente con todos los demás hermanos y hermanas hacia
la patria celestial.
Padre nuestro, con la voz de tu Espíritu Santo, y confiando
en la materna intercesión de
María, te pedimos ardientemente: manda a tu Iglesia sacerdotes,
que sean testimonios
valientes de tu infinita bondad. ¡Amén!
ORACIÓN
Padre Santo:
Mira nuestra humanidad, que da los primeros pasos en el camino
del tercer milenio.
Su
vida sigue marcada fuertemente todavía por el odio, la
violencia, la opresión, pero
el hambre de justicia, de verdad y de gracia, encuentra espacio
en el corazón de
tantos, que esperan la salvación, llevada a cabo por Ti,
por medio de tu Hijo Jesús.
Necesitamos
mensajeros animosos del Evangelio, siervos generosos de la humanidad
sufriente.
Envía a tu Iglesia, te rogamos, presbíteros santos,
que santifiquen a tu pueblo
con los instrumentos de tu gracia.
Envía
numerosos consagrados que muestren tu santidad en medio del mundo.
Envía
a tu viña, santos operarios que trabajen con el ardor de
la caridad y, movidos
por tu Espíritu Santo, lleven la salvación de Cristo
hasta los últimos confines de la tierra.
Amén,
Juan
Pablo II
ORACIÓN
Jesús, Pastor divino de las almas, que llamaste
a los apóstoles para hacerlos
pescadores de hombres, atrae hacia ti los corazones ardientes
y generosos de
nuestros jóvenes para hacerlos tus seguidores y ministros.
Hazlos partícipe
de tu sed de redención universal, por la cual renuevas
tu sacrificio sobre los
altares. Tu, Señor, "siempre vivo para interceder
por nosotros", abre ante ellos
los horizontes del mundo entero, donde la silenciosa súplica
de tantos hermanos,
pide la luz de la verdad y el calor del amor; para que, respondiendo
a tu llamada,
prolonguen aquí en la tierra tu misión, edifiquen
tu Cuerpo Místico que es la Iglesia,
y sean "sal de la tierra y luz del mundo".
Extiende, Señor, también tu amorosa llamada, a muchas
almas de mujeres puras y
generosas, e infunde en ellas el deseo de la perfección
evangélica, de la consagración
al servicio de la Iglesia y de los hermanos, necesitados de asistencia
y caridad. Amén
ORACIÓN
«Señor Jesús, que has llamado
a quien has querido, llama a muchos de nosotros a
trabajar por ti, a trabajar contigo.
Tú, que has iluminado con tu palabra a los que has llamado,
ilumínanos con el don de
la fe en ti.
Tú, que los has sostenido en las dificultades, ayúdanos
a vencer nuestras dificultades
de jóvenes de hoy.
Y si llamas a algunos de nosotros, para consagrarlo todo a ti,
que tu amor aliente esta
vocación desde el comienzo y la haga crecer y perseverar
hasta el fin. Así sea ».
Juan Pablo II
ORACIÓN
Dios Padre, fuente de amor, que
desde toda la eternidad lla¬mas a la vida y
la das en abundancia, vuelve tu mirada sobre esta tierra. Sigue
llamándola
todavía, como la has llamado en todo tiempo; pero haz,
sobre todo, que sea
consciente de tu llamada, de sus raíces cristianas, de
su responsabilidad
derivada de ello. Hazla consciente de su vocación a promover
una cultura
de la vida, el respeto por la existencia de todo hombre en todas
sus formas
y en cada instante de ella, la unidad entre los pueblos, la acogida
al
extranjero, la promoción de formas civiles democráticas
de vida social,
para ser cada vez más unida en la paz y en la fraternidad.
Verbo Eterno, que desde toda la eternidad acoges
el amor del Padre y respondes
a su llamada, abre el corazón y la mente de los jóvenes
de esta tierra para que
aprendan a dejarse amar por Aquél que los ha pensado a
imagen de su Hijo y,
dejándose amar, tengan el valor de realizar esta imagen,
que es la tuya.
Hazlos fuertes y generosos, capaces de arriesgar sobre tu palabra,
libres para
volar alto, fascinados por la belleza de tu seguimiento. Suscita
entre ellos
anunciadores de tu Evangelio: presbíteros, consagrados
y consagradas,
religiosos y laicos, misioneros y misioneras, monjes y monjas,
que con su
vida sepan a su vez llamar y proponer el seguimiento de Cristo
Salvador.
Espíritu Santo, amor siempre joven de
Dios, voz del Eterno que no cesa de resonar
y llamar, líbranos de todo espíritu de suficiencia,
de la cultura del «hombre sin
vocación», del temor que impide arriesgar y hace
la vida anodina y sin gusto, del
minimalismo qu e crea hábito a la mediocridad y mata cualquier
impulso interior y
el auténtico espíritu juvenil en la Iglesia. Haz
descubrir a nuestros jóvenes el
sentido pleno del seguimiento como llamada a ser plenamente ellos
mismos,
plenamente y por siempre jóvenes, cada uno según
un proyecto pensado
exclusivamente para él, único-singular-irrepetible.
En un mundo que corre el
peligro de ser cada vez más vieja, esparce el don de nuevas
vocaciones que
sepan testimoniar la «juventud» de Dios y de la Iglesia,
universal y local, del
Este y del Oeste, y sepan promover proyectos de nueva santidad,
para el
nacimiento de un nuevo mundo.
Virgen santa, joven hija de Israel, que el Padre
escogió como esposa del Espíritu
para engendrar al Hijo en la tierra, engendra en los jóvenes
tu mismo valor audaz;
el valor que un día te hizo libre para creer en un proyecto
más grande que tú,
libre para esperar que Dios lograría realizarlo en ti.
A ti que eres la madre del Sacerdote Eterno, confiamos los jóvenes
llamados al
sacerdocio. A ti que eres la primera consagrada del Padre, confiamos
a los
jóvenes y a las jóvenes que eligen pertenecer totalmente
al Señor,
único tesoro y bien sumamente amado, en la vida religiosa
y consagrada:
A ti que viviste como ninguna otra criatura la soledad de la intimidad
más plena
con el Señor Jesús, confiamos a quien deja el mundo
para dedicar toda su vida
a la oración en la vida monástica.
A ti que engendraste y asististe con maternal amor a la Iglesia
naciente, confiamos
todas las vocaciones de esta Iglesia, para que anuncien, hoy como
entonces, a
todas las gentes que Cristo Jesús es el Señor, en
el Espíritu Santo, para gloria
de Dios Padre. Amén».
ORACIÓN
AL ESPÍRITU SANTO POR LAS VOCACIONES
Espíritu
de Amor eterno,
que procedes del Padre y del Hijo,
te damos gracias por todas las vocaciones
de apóstoles y santos que han fecundado la Iglesia.
Continúa, todavía, te rogamos, esta tu obra.
Acuérdate de cuando, en Pentecostés,
descendiste sobre los Apóstoles reunidos
en oración con María, la madre de Jesús,
y mira a tu Iglesia que tiene hoy una
particular necesidad de sacerdotes santos,
de testigos fieles y autorizados de tu gracia;
tiene necesidad de consagrados y consagradas,
que manifiestan el gozo de quien vive sólo para el Padre,
de quien hace propia la misión y el ofrecimiento de Cristo,
de quien construye con la caridad el mundo nuevo.
Espíritu Santo, perenne Manantial de gozo y de paz,
eres tú quien abre el corazón y la mente a la divina
llamada;
eres tú quien hace eficaz cada impulso
al bien, a la verdad, a la caridad.
Tus ‘gemidos inenarrables’
suben al Padre desde el corazón de la Iglesia,
que sufre y lucha por el Evangelio.
Abre los corazones y las mentes de los jóvenes,
para que una nueva floración de santas vocaciones
manifieste la constancia de tu amor
y todos puedan conocer a Cristo,
luz verdadera del mundo,
para ofrecer a cada ser humano
la segura esperanza de la vida eterna Amén.
ORACIÓN
“Aquí
me tienes, Señor desde mi pobreza”
Aquí me tienes, Señor,
buscando libertad, pero esclavo de mis cosas;
creyéndome lleno, pero vacío de ti;
escuchando tu llamada, pero haciéndome el sordo.
Al experimentar tu presencia, Señor Jesús, siento
en mí
cómo algo me invita a seguirte;
siento una fuerza extraordinaria
que me invita a arriesgarlo todo por ti.
Sin embargo, Señor, las cosas de esta vida me
siguen atando.
Me sigue atando el dinero
que me hace olvidar las necesidades del hermano;
me sigue atando la comodidad,
que me aleja del sentido del sacrificio;
me sigue atando mi egoísmo,
que me cierra cada vez más en mí mismo;
me sigue atando mi orgullo,
que me hace creer que soy el mejor de todos.
Muchas cosas que me alejan de ti me siguen seduciendo,
y yo, Señor, como un cobarde, te digo que no, porque no
acabo de
convencerme de que tú me darás la auténtica
felicidad.
Dentro de mí siento que hay una guerra civil.
Por un lado quiero dejar todo lo que me impide serte fiel,
y por otro lado me da miedo dejar estas cosas del mundo.
Hace tiempo que necesito una conversión.
Necesito encontrar algo que me de fuerzas
para dejar tantas ataduras;
algo que me ayude a vencer tantas tentaciones del mundo;
que me ayude a decir adiós a este tipo de vida.
Porque vivir a medias no merece la pena;
porque mientras haya guerra en mi interior,
nunca tendré la paz que solo tú puedes dar
Ábreme los ojos, Señor;
cura mi ceguera para que te pueda ver.
Llama a mi corazón, Señor,
entra en él que quiero tenerte de invitado.
Dame un espíritu generoso, Señor;
quiero decir sí cuando escuche tu voluntad.
Entra en mí corazón, Señor;
destierra de él todas las preocupaciones y tentaciones
para que pueda dedicar un espacio sólo a ti, mi Dios.
Dame fortaleza para seguirte sin desfallecer;
dame voluntad para perseverar en el camino;
dame firmeza para no mirar hacia atrás;
dame el experimentarte y sentirte en mi vida
porque cuando tú, Señor Jesús, habitas en
mi corazón
todo me resulta más fácil
y cualquier cosa, por costosa que parezca,
se hace más fácil y llevadera.
ORACIÓN
A
ti, Señor, nos dirigimos con confianza.
Hijo de Dios, enviado por el Padre a los
hombres de todos los tiempos
y de todas las partes de la tierra,
te invocamos por medio de María,
Madre tuya y Madre nuestra:
haz que en la Iglesia no falten las vocaciones,
sobre todo las de especial dedicación a tu Reino.
Jesús, único Salvador del hombre,
te rogamos por nuestros hermanos y hermanas
que han respondido "sí" a tu llamada al sacerdocio,
a la vida consagrada y a la misión.
Haz que su existencia se renueve de día en día,
y se conviertan en Evangelio vivo.
Señor misericordioso y santo,
sigue enviando nuevos obreros a la mies de tu Reino.
Ayuda a aquellos que llamas a seguirte en nuestro tiempo:
haz que, contemplando tu rostro, respondan con alegría
a la estupenda misión que les confías
para el bien de tu pueblo y de todos los hombres.
Tú, que eres Dios, y vives y reinas
con el Padre y el Espíritu Santo
por los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN
Dios, Padre nuestro, nos volvemos a Ti en este
momento de gran necesidad.
Confiamos en Tu amorosa bondad y Te pedimos que escuches las plegarias
que ofrecemos por Tu Iglesia.
Por medio de Tu gracia buscamos hombres que generosamente Te ofrezcan
su vida en la vocación del sacerdocio, Buscamos tanto a
hombres como a
mujeres que puedan ofrecerte su vida en la vocación de
la vida religiosa.
Bendice y guía a aquéllos que están discerniendo
Tu llamado a la santidad y
al servicio.
Dales valor, amor inquebrantable y un espíritu de caridad
mientras buscan
responder fielmente al llamado al sacerdocio y a la vida religiosa.
Ofrecemos esta oración por toda la Iglesia en el Nombre
de Tu Hijo, Jesucristo,
quien es Señor, Por los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN
Señor, hoy te abres camino entre la muchedumbre
que te
aclama como Rey, la misma que al finalizar la semana gritará
contra ti:
“¡crucifícale!”.
Tú, el Siervo sufriente, cargas con los pecados y sufrimientos
de todos,
pero también me llamas a ser ese discípulo amado
a quien le abres el
oído y le das una palabra para consolar a los que sufren.
Señor, tú me has abierto el oído para escuchar
y acoger el sufrimiento
de todos, que no me eche atrás, sino que sepa ofrecerme
como tú,
con la otra mejilla, porque mi entrega no quedará defraudada.
Señor, en el momento de la duda, en el momento de la oración
aparentemente vacía,
¡Dios mío, Dios mío!, que no me sienta abandonado.
Pues tú, que pasaste como uno de tantos,
rebajándote hasta someterte a la muerte,
me des la fuerza de seguirte a pesar del sufrimiento y la cruz
de cada día.
Por eso hoy mi rodilla se dobla ante ti,
Y proclamo con toda lengua: Jesucristo, tú eres el Señor
-en mi vida y en todo el universo- para gloria de Dios Padre.
Amén.
ORACIÓN
A JESÚS MISERICORDIOSO POR LAS VOCACIONES
Jesús
Amigo, que nos dijiste: "La Mies es mucha y los obreros pocos.
Rueguen al
Señor de la Mies para que envíe obreros a su Mies",
Te suplicamos, humildemente,
infundas en los adolescentes y jóvenes la ilusión
de seguirte por el camino de
la vocación al laicado, a la vida consagrada, religiosa
y sacerdotal.
Jesús Amigo, da fortaleza y perseverancia a los misioneros
y misioneras que
están llevando la antorcha de la Fe hasta los confines
de la tierra. Haz que,
siguiendo Tus pasos, los de San Francisco Javier y Sta. Teresita
del Niño Jesús,
Patronos de las Misiones, sean testigos valientes de Tu Evangelio
hasta dar la
vida por Tu Amor, si esa es Tu Voluntad. Te lo pedimos, Jesús
Amigo, a una
con el Corazón Inmaculado de María, Reina de las
Misiones, y a una también
con tus Ángeles y Santos. Amen.
ORACIÓN
A MARÍA, SIEMPRE VIRGEN, POR LAS VOCACIONES
Suscita,
Madre de Dios, entre los hijos e hijas de las familias cristianas,
Vocaciones
de Apóstoles y Misioneros: nuevos sacerdotes, religiosos
y religiosas, personas
consagradas, familias cristianas y seglares comprometidos al servicio
del Reino y
de la civilización del Amor, y ayúdalos, como Madre
de Dios, a perseverar en su
vocación, con un celo infinito por la Salvación
de las almas.
Haz
que, hoy como ayer, los jovenes, sigan a Tu Hijo por el camino
de la santidad
y siembren la semilla del Evangelio aquí y en todos los
confines de la tierra. Te lo
pedimos, Madre, por medio de San José, Tu Esposo, Patrono
Universal de la Iglesia
y Protector de Seminarios y Noviciados.
¡Corazón
Inmaculado de María, siempre Virgen, Madre de Jesucristo
Sacerdote,
Madre de los sacerdotes y religiosos, de las personas consagradas
y de los laicos
comprometidos con la Iglesia de tu Hijo Jesús!
Tú,
hija predilecta del Padre, que te ofreciste al Dios Omnipotente
para la
realización de su designio de salvación, con tu
"fiat", infunde confianza y
decisión en el corazón de los niños, adolescentes,
jóvenes y adultos, para
que respondan, con la fuerza del Espíritu Santo, a la llamada
de Cristo y
entreguen sus vidas al servicio de Dios y de los hermanos, los
hombres.
Pedimos
al Dios Omnipotente, en unión del Espíritu Santo,
por Jesucristo
Sumo y Eterno Sacerdote, que siempre haya muchos y santos sacerdotes,
religiosos, personas consagradas y laicos, que guíen al
pueblo cristiano por
el camino de la vida y de la Paz.
Por
Jesucristo nuestro Señor. AMÉN.
ENCUENTRO
PARA NIÑOS: PRESENTACION
Después
de Pascua, el IV Domingo se llama: Domingo
del Buen Pastor, ese día la Iglesia se dedica en todo el
mundo a rezar y rogar de manera especial por el
aumento de vocaciones sacerdotales, religiosas y
de servicio misionero.
El Papa nos envía cada año un mensaje dedicado a
ésta
ocasión, con palabras que nos invitan a rezar y que
anima a los seguidores de Jesús a crecer en santidad.
CANCIÓN...
MENSAJE:
“Pidan al dueño de la mies que envíe obreros
a su mies”
Jesús nos invita a rogar por los que ya siguen más
de cerca a Cristo en la vida
sacerdotal y religiosa y por los que pueden comenzar a seguirle.
En éste mundo tan acelerado es necesario detenerse en un
momento de oración
y descubrir su valor. Cada familia puede rezar en conjunto formando
“pequeños
cenáculos” de oración. Una oración
que ha de ser adoración del misterio de
Dios y acción de gracias por las “maravillas”
que El ha hecho y sigue haciendo,
a pesar de la debilidad de los hombres, una oración llena
de asombro y gratitud
por el don de las vocaciones.
La Eucaristía está en el centro de todas las iniciativas
de oración, porque en ella
los llamados pueden encontrar la fuerza para dedicarse totalmente
al anuncio
del Evangelio. Se trata de un modo privilegiado de contemplar
el rostro de Cristo
con la ayuda de María.
CANCION...
PRECES:
A
cada intención respondemos: ENVIA SEÑOR,
APOSTOLES A TU IGLESIA
- Por el Santo Padre, sus Pastores y presbíteros, para
que como María sepan guardar
Tu Palabra en el corazón y ser fieles servidores de tu
Evangelio. OREMOS:
- Concede a todos los bautizados la gracia de escuchar tu Palabra
con un
corazón bien dispuesto, con un corazón que entienda.
OREMOS:
- Por nuestra Iglesia particular, para que surja en ella el dinamismo
misionero
de apóstoles dispuestos a difundir el Evangelio por todas
partes. OREMOS:
- Ayúdanos a mantener el corazón atento a la presencia
de Cristo cuya Palabra es
lámpara para nuestros pasos. OREMOS:
- Por nuestros niños y adolescentes, especialmente por
los más desamparados,
para que Jesús continúe manifestándose a
ellos de distintas maneras. OREMOS:
- Por todos los jóvenes especialmente por los más
desorientados, para que
descubran que Jesús es el camino, la verdad y la vida.
Y que su Palabra
es Luz que ilumina la oscuridad del corazón. OREMOS
- Por el aumento de vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras
en toda la
Iglesia, para que promuevan la extensión del Reino de Dios.
OREMOS
ORACION:
Querido
Jesús. Ayúdame a conocerte un poco más,
para darte a conocer a todos los niños.
que pueda amarte con más fuerza,
para contagiar a otros niños a que te amen.
que pueda servirte con más esmero,
porque Tú estás en mi prójimo.
que pueda sentir tu abrazo amoroso
para que con mi conducta sepa decirte que te quiero
y que pueda reposar en tu sagrado corazón
junto con tus mejores amigos y tu santísima madre. Amén
VIGILIA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
Preparación del lugar
A la hora convenida, cuando llegan los fieles, debe estar todo
preparado: el altar
sin manteles, lleno de lamparitas. Encima del mismo altar, en
la parte central más
cercana a los fieles, sobre una bandeja o un plato de metal, un
incensario
con abundantes carbones encendidos. Paño blanco sobre el
ambón. Flores
o ramas verdes al pie de la Cruz y junto a la imagen de la Virgen.
Alguien
acoge en la puerta a los que vienen y les entrega una hoja (con
el salmo,
la oración comunitaria y las preces) para que puedan seguir
la celebración.
Rito de entrada
El sacerdote y los ministros (monitor y lectores) vienen desde
el fondo de la Iglesia,
mientras suenan las campanas (en vivo o en una grabación).
Toda la asamblea los
recibe de pie.
Llegados delante del altar, todos se inclinan ante el mismo. El
que preside se va a la
sede y los ministros a sus asientos. Siguen tocando las campanas
un minuto más,
bajando el volumen poco a poco (si es una grabación).
Signación y saludo
Sacerdote: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo.
Todos: Amén
Sacerdote: El Señor, que no se fija en las apariencias
sino en el corazón, esté con
todos ustedes.
Todos: Y con tu espíritu
Monitor: explica el orden que vamos a seguir en la celebración.
Lucernario e incensación
Los ministros encienden todas las lamparitas. El sacerdote pone
incienso en los
carbones del incensario y deja que humee desde el altar. Mientas,
se canta o
se pone una música de fondo.
Oración sálmica - Salmo 140
“Señor, te estoy llamando, ven deprisa…...........
Al terminar el salmo, puestos todos en pie, el que preside hace
la siguiente Oración:
Dios Todopoderoso y Eterno, escúchanos.
Sea grata nuestra oración en tu presencia
como el aroma del incienso.
Danos hombres y mujeres fuertes de silencio y escucha,
centinelas de tu Absoluto. Danos monjes y monjas.
Danos hombres valientes y humildes que nos partan el Pan y la
Palabra,
para que nuestro corazón no se incline a la maldad.
Danos nuevas vocaciones sacerdotales.
Danos más padres buenos, que reprendan con paciencia y
cariño a sus hijos, y los eduquen cristianamente, entregándoles
la fe.
Danos vocaciones al matrimonio cristiano.
Danos catequistas, danos misioneros,
danos artistas e intelectuales cristianos,
que vivan su trabajo como una vocación sagrada.
No nos dejes indefensos, guárdanos de la trampa de los
malhechores.
Te lo pedimos por NSJC, tu Hijo, que vive y reina …
Silencio
Todos se sientan y oran o meditan en silencio, durante un par
de minutos.
Iª de Pedro:
“Cristo padeció por nosotros, dejándonos un
ejemplo…
Oración comunitaria
Todos, tras unos momentos de silencio para interiorizar en el
corazón y guardar
el cántico de Pedro, se ponen de pie y rezan unánimemente:
Señor Jesucristo, Inmortal y Glorioso,
Resucitado, Vencedor de la muerte,
te suplicamos, ven a orar.con nosotros.....
envía desde el Padre tu Santo Espíritu
para que podamos amar como Tú has amado.
Haznos hombres y mujeres capaces de sufrir y padecer
por seguir tus huellas y amar como tú nos has amado.
Pon la verdad siempre en nuestros labios,
el afán de servir con nuestras manos
y la paz en todos nuestros proyectos y senderos.
Destruye todo insulto, toda amenaza y toda violencia
en nuestros labios y en nuestro corazón.
Concede a todos los cristianos
morir al pecado y vivir para la justicia.
Que tu amor herido, amor sin medida,
tu amor con cinco heridas,
nos cure de toda forma de egoísmo
para que se acreciente nuestra comunión eclesial
y tu Iglesia seamos, en medio de las gentes,
signo de la unidad de todos los hombres,
testimonio de tu amor en el mundo
y la puerta siempre abierta de la esperanza.
Te lo pedimos ardientemente, Señor Jesucristo,
a ti, que eres bueno y amigo de los hombres. Amén
Canto...
Proclamación del Evangelio de Juan 17 (entero)
(Silencio prolongado, con un suave fondo musical)
Preces
Sacerdote: Protege, Señor, a tu Iglesia, para la vida del
mundo
Todos: Señor, haz latir el corazón del mundo
Sacerdote: Reúne en la unidad a todos los cristianos
Señor, haz latir el corazón del mundo
Envía obreros del Evangelio a esta Europa vacilante y a
cuantos no te conocen
Señor, haz latir el corazón del mundo
Danos nuevas vocaciones al ministerio sacerdotal
Señor, haz latir el corazón del mundo
Danos apóstoles del Evangelio de la vida
Señor, haz latir el corazón del mundo
Pon testigos de tu amor incondicional en todas las
situaciones de sufrimiento
Señor, haz latir el corazón del mundo
Despierta en los jóvenes la fascinación por tu belleza
Señor, haz latir el corazón del mundo
Haz crecer el número de las familias cristianas, verdadera
iglesia doméstica
Señor, haz latir el corazón del mundo
Acrecienta el testimonio de los cristianos en medio del mundo
Señor, haz latir el corazón del mundo
Renueva nuestra comunidad con el don de nuevos
ministerios y carismas
Señor, haz latir el corazón del mundo
Por tu encarnación
Señor, haz latir el corazón del mundo
Por tu muerte y tu resurrección
Señor, haz latir el corazón del mundo
Por el envío del Espíritu Santo
Señor, haz latir el corazón del mundo
Cristo, óyenos
Señor, haz latir el corazón del mundo
Cristo, escúchanos
Señor, haz latir el corazón del mundo
Todos: Padre nuestro…
Canto a María...
Bendición
Antes de dar la bendición, el monitor advierte que el sacerdote
se despedirá
de cada uno a la puerta de la Iglesia y le entregará una
filacteria como
recuerdo de esta celebración
Actividades complementarias
- confeccionar una exposición grafica vocacional
- ofrecer testimonios de personas con diferentes vocaciones
- concurso de canciones
- representaciones
- proyección de video
- otros
Procesión final
El presbítero, acompañado por los ministros, va
a la puerta para despedir a todos.
Mientras se escuchan de nuevo las campanas en una grabación,
que se prolonga
mientras la despedida de los fieles.
Filacteria
Papelito enrollado y atado, con una frase del cántico de
I Pedro, u otro texto que
parezca más conveniente.
PRECES VOCACIONALES
LAUDES
Tú, que por la Encarnación quisiste abrir el horizonte
de
la vida familiar a la plenitud de tu amor;
— acepta el amor de las familias como terreno fecundo
en el que broten las vocaciones a los diversos estados
de la vida cristiana.
Guarda Señor en este nuevo día los sacerdotes y
ministros
de tu Iglesia,
— y haz que su fidelidad y ejemplo sirvan de testimonio
y
llama¬da para muchos jóvenes.
Pastor bueno, que congregas a tu grey en medio del mundo,
conduce a la madurez de la fe, la esperanza y el amor a
nuestras comunidades,
— suscita en ellas generosas vocaciones para hacer visible
tu solí¬cita guía de la Iglesia.
Tú, que quisiste tener a los niños cerca de ti,
— consérvalos en tu amistad para que sientan nacer
la vocación al sacerdocio y la sigan
con docilidad.
Al comenzar una nueva jornada,
— anima en el corazón de los jóvenes el deseo
de ofrecer las pri¬micias de su vida
siguiendo tu llamada
Tú, que eres el sol que ilumina y da vida,
— despierta en muchos jóvenes la vocación
a la oración y la con¬templación.
Manda, Señor trabajadores a tu mies,
— para que tu nombre sea conocido en el mundo.
VÍSPERAS
Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento
de vida eterna,
— acepta nuestra oración vespertina y haz que no
falten en tu Iglesia vocaciones
religiosas al servicio de los más necesitados.
Padre de Bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
— suscita, en nuestra parroquias, jóvenes dispuestos
a dar su vida por ti en servicio
a sus hermanos.
Te pedimos Señor por las familias cristianas,
— para que sean “Iglesia doméstica” donde
puedan nacer futuras vocaciones para
la Iglesia universal.
Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados,
— que los jóvenes que allí se preparan vivan
con gozo y genero¬sidad su
formación.
Dios misericordioso que entregaste a tu Hijo único para
salvar a los hombres,
— suscita tu generosidad en el corazón de los padres
cristianos para que con
gozo permitan a sus hijos poder seguir la vocación al sacerdocio
o la vida consagrada.
Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline
en la Iglesia la esperanza de
tu Reino,
— enriquécela con numerosas vocaciones a la vida
consagrada.
Oh Cristo, que con tu sacrificio redentor purificas y elevas el
amor humano,
— haz de los hogares cristianos cantera de vocaciones al
sacer¬docio y a la vida
consagrada.
LECTIO DIVINA PARA ORAR POR LAS VOCACIONES SACERDOTALES
(2 Tm 1, 1-)
Pbro. Jorge Raúl Villegas Chávez
Ambientación
Orar por las vocaciones. A eso se nos invita en esta Jornada Mundial
de Oración por
las vocaciones. Orar, orar y nada más que orar. Orar suplicando
a Dios que conceda
a su Iglesia vocaciones religiosas, sacerdotales y laicales comprometidas
con el
Evangelio. Orar Agradeciendo el don de la vocación recibida.
Orar para que aquellos
que han sido llamados y han respondido con generosidad perseveren
y hagan fructificar
la gracia que Dios ha depositado en ellos, en nosotros. Orar con
y en la Palabra para
entender el sentido de toda vocación cristiana.
Atenta lectura del texto bíblico (lectio)
El texto que vamos a proclamar ha resonado siempre de un modo
especial en
todos aquellos que han sido llamados a ejercer un ministerio en
el seno de la
comunidad eclesial.
Algunas de las sentencias que el fragmento contiene se han convertido
en lemas
o motivos inspiradores: “reaviva el don de Dios que te ha
sido conferido”; “sé en
quién he puesto mi confianza”.
Este último es precisamente el lema que se nos propone
en esta jornada, conscientes
de que el Espíritu colma de dones a su Iglesia y de que
el contenido de estas frases
tiene que ver también con nuestras vidas,
• Proclamación de 2 Tm 1, 1-14.
• En un momento de silencio volvemos a leer el pasaje. A
continuación, consultamos las
notas que comentan el pasaje en nuestra Biblia y leemos los siguientes
párrafos que
pueden ayudarnos a comprender mejor el texto.
El texto que Acabamos de proclamar marca el inicio de la Segunda
Carta a Timoteo.
La misiva, breve y entrañable, pertenece al grupo de escritos
denominado cartas
pastorales, y está dirigida a Timoteo, un íntimo
colaborador de Pablo (FLP 2, 22) y
pastor señero de los inicios de la Iglesia. El carácter
íntimo de la carta se pone de
manifiesto en este texto en el que el Apóstol de los paganos
no oculta sus
sentimientos y recuerdos personales al mostrar a su colaborador
y amigo la
estrecha relación que le une. Cálido en este contexto,
Pablo exhorta a Timoteo
a cumplir la misión Apostólica que por la imposición
de las manos le ha sido confiada.
La cuestión de si esta carta fue escrita de puño
y letra por Pablo, así como del resto
de las denominadas pastorales, no está resuelta entre los
exegetas. Sin embargo, no
hay duda de que los temas abordados en ella corresponden plenamente
al pensamiento
de Pablo. Al respecto resulta sumamente elocuente el mensaje central
del pasaje que
acabamos de proclamar, donde el autor enumera los temas fundamentales
de la
predicación paulina. La buena noticia, el Evangelio, que
hay que proclamar a los
cuatro vientos, es que Dios nos ha salvado y nos ha dado una vocación
santa,
no por nuestras obras, sino por la gracia que nos ha sido dada
desde la eternidad
en Jesucristo y que se nos ha manifestado ahora en la aparición
de nuestro Salvador,
Jesucristo, que ha destruido la muerte y ha hecho irradiar la
vida y la verdad.
Pablo sabe que este es el mensaje principal de la predicación
cristiana. Él mismo ha
sido constituido Apóstol (heraldo, Apóstol y maestro)
para anunciar la promesa de la
vida que está en Jesucristo, para extender esta noticia
de salvación a todos los
hombres se sienten siendo al depósito de la fe, es decir,
transmitiendo este mensaje
central que a su vez ha recibido sin alteración o modificación
alguna. Previendo el final
de su vida y ministerio Apostólico, sufriendo en carne
propia las consecuencias de ser
testigo del Evangelio, escribe una carta a Timoteo movido por
la preocupación de que
esa hermosa tradición siga sustentando la esperanza de
la comunidad cristiana como
norma, en la fe y el amor de Jesucristo y con la fuerza del Espíritu
Santo que habita
en nosotros.
El mismo Pablo se ha encargado de elegir colaboradores que, por
la imposición de las
manos, garanticen la continuidad de la transmisión de esta
tradición. Es el caso de
Timoteo, a quien pide que reavive el don recibido de Dios para
cumplir con fidelidad
esta preciosa y delicada misión.
Las dificultades que el Apóstol ha de enfrentar no son
pequeñas. A Pablo le ha llevado a
los más diversos sufrimientos; sufrimiento Apostólico,
incomprensión debido a la de la
predicación por parte de muchos, y sufrimiento personal
(rupturas, encarcelamientos,
rechazo). La experiencia de Pablo, así como de tantos otros
que han dado su vida por
el Evangelio, nos enseña que este es un signo de contradicción
ante el cual no se puede permanecer indiferente.
El Evangelio, que en muchas ocasiones hace sufrir a quien lo proclama,
es también
causa de una alegría profunda y duradera que procede del
saberse amado y reconocido
por Dios. Por eso, el Apóstol es capaz de afirmar con una
sinceridad desgarradora: sé en
quién he puesto mi confianza, sé de quién
me he fiado. Esta confianza en Dios, ingenua
para muchos, es el cimiento de toda vida y vocación cristiana.
Este es el mensaje que,
en último término, pretende transmitir a Timoteo
a lo largo de toda la carta.
Nos dejamos interpelar por la Palabra (Meditatio)
• Dios nos ha salvado y nos ha dado una vocación
santa. La experiencia fundamental
del cristianismo nos habla de salvación. Por la muerte
y resurrección de Jesucristo,
hemos sido reconciliados con Dios y llamados a vivir en el ámbito
de su amor como
hijos adoptivos suyos. En esto consiste la vocación a la
santidad a la que Dios nos
llama a todos los cristianos sin excepción alguna. ¿De
qué modo experimento en mi
vida esta llamada a la santidad? ¿A través de qué
personas y acontecimientos me
he sentido llamado por Dios a vivir en su amor?
• Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino
de fortaleza, de amor y de ponderación.
El Espíritu sigue concediendo a su Iglesia los dones y
carisma que ésta necesita para
llevar a cabo su misión. ¿Reconozco en mí
y en las personas que me rodean alguno de
estos dones?
• Sé en quién he puesto mi confianza. La confianza
en Dios no es ingenua; Él nos ha
dado muestras suficientes para que podamos estar convencidos de
que merece nuestra confianza. ¿En qué momentos o
situaciones de mi vida he experimentado con más
intensidad la presencia de Dios junto a mí?
• Me acuerdo constantemente de los demás en mis oraciones?.
El Apóstol Pablo, a
pesar de su "activismo" Apostólico, es un hombre
de oración, que reza constantemente
por los cristianos de las comunidades que ha fundado, especialmente
por sus más
estrechos colaboradores. ¿Suelo rezar por los demás?
¿Qué importancia tiene la
oración por los demás en mi vida? ¿Rezo por
las vocaciones en la Iglesia: por los
Sacerdotes, los religiosos, los laicos, los misioneros ...?
• Esa fe que tuvo primero tu abuela Loida y tu madre Eunice.
En hogares
verdaderamente cristianos, es más fácil que surjan
vocaciones para la Iglesia.
¿Pongo de mi parte para que en mi familia, en mi comunidad
parroquial o religiosa
se respire un ambiente cristiano? ¿Me preocupo por la vocación
de los miembros
de mi familia natural, Apostólica o religiosa?
La Palabra nos pide una respuesta (Oratio)
Dios, nuestro Padre, ha querido llamarnos a la santidad, a formar
parte de su misterio
de amor, invitándonos al seguimiento de su Hijo Jesucristo
en las circunstancias
ordinarias de nuestra vida. El Espíritu nos ha concedido
los dones y la gracia
necesaria para responder con generosidad y audacia a este llamado.
Sacerdotes, religiosos, laicos ... Todos somos llamados una y
otra vez a reavivar el
don del bautismo ya con confianza entregar nuestra vida por el
Reino. Demos gracias
a Dios porque ha querido hacernos partícipes de su amor,
por habernos ofrecido la
salvación.
• Proclamamos de nuevo la Palabra.
• Compartimos nuestra oración desde lo que la Palabra
de Dios nos ha sugerido.
CELEBRACION
PIDIENDO POR LAS VOCACIONES
Canto inicial.
Introducción.
Cada año la iglesia en el IV Domingo de Pascua nos invita
a celebrar esta jornada de
oración por las vocaciones. Es una ocasión propicia
para juntos tomar conciencia
más lúcida y plena de que somos llamados por nuestro
nombre para anunciar el
Evangelio, buena noticia para todos los hombres y mujeres.
Cada uno es llamado a vivir esta santidad en una vocación
particular, en la vida
religiosa, consagrada, matrimonial y todas tienen como característica
el servicio.
Todo llamado de Dios es para servir.
Por eso, hoy rezaremos en comunidad para que el Señor envíe
más operarios a
su mies.
Lectura bíblica: Lc. 10,2
“Pidan al Dueño de las mies que envíe obreros
a sus mies...”
Hay que comprender bien lo que significa orar por las vocaciones.
La oración
no es una “delegación” para que el Señor
haga lo que nosotros debemos
hacer. Orar es abandonarse totalmente a la guía del Espíritu
Santo,
dispuesto a seguir sus inspiraciones. Esto es importante, especialmente
para los jóvenes, pues en la oración es donde se
madura la disponibilidad
para decir: “Señor, si quieres envíame”
(Is.6,8), o “Habla, Señor, que
tu siervo escucha” (1 Sam.3, 1-21). Es también la
actitud espiritual de
María, que evidencia el evangelista S. Lucas en el acontecimiento
de la
Anunciación. El diálogo orante termina en la disponibilidad
más absoluta:
“He aquí la Sierva del Señor. Hágase
en mi según tu palabra” (Lc. 1,38).
Rezar no es abandonar la tarea (¡No hay nada que hacer,
entonces, recemos!).
Al contrario, orar es disponerse para acoger y obedecer, a la
luz del Señor.
Oración del Rosario.
Intenciones:
Por
el aumento de vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa.
Por los sacerdotes y religiosas.
Por los seminaristas, etc.
Otras
Oración por las vocaciones.
Dios, Padre y Pastor de todos,
Tú quieres que no falten hoy hombres y mujeres de fe
Que consagren sus vidas Al servicio del Evangelio y al cuidado
de la Iglesia.
Haz que tu Espíritu Santo Ilumine sus corazones, y fortalezca
sus voluntades,
para que, acogiendo tu llamado, lleguen a ser los Sacerdotes y
Diáconos,
Religiosos, Re ligiosas y Consagrados que tu Pueblo necesita.
La cosecha es abundante y los operarios son pocos.
Envía, Señor, operarios a tu mies. Amén
La
persona humana no sólo es el ser único de la tierra
capaz de proyectos, sino que él mismo es proyecto.
El hombre y la mujer se perciben a sí mismos como
seres llamados a elegir un proyecto de vida en
conformidad con su propio ser, por lo tanto son
artífices de su destino. El gran desafío en tu vida
es el de encontrar tu lugar en la sociedad y en
la Iglesia.
Este Itinerario que leerás a continuación te puede
ayudar a discernir el proyecto de Dios
sobre ti. Se habla aquí expresamente de las vocaciones
consagradas en la vida religiosa,
en el sacerdocio, y otras, pero se puede aplicar también
para discernir cualquier
vocación o estado de vida.
Rezar
“Señor ¿Qué quieres que haga”?
Hch 22, 10
La
vocación es el proyecto de amor que Dios te propone
y te invita a realizar. No es principalmente una decisión
que tú tomas sino una llamada a la que respondes.
Si quieres descubrir tu vocación, dialoga con Jesús
el Hijo
de Dios nuestro Salvador.
Sólo mediante la oración podrás encontrar
lo que Dios quiere
de ti. En la oración, el Espíritu Santo afinará
tu oído para
que puedas percibir el llamado.
En el diálogo de amistad con Jesús podrás
oír su voz
que te llama: ven y sígueme (Lc 18, 22); o bien, escucharás
que te dice: vuelve a tu
casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti (Lc 8, 39).
Percibir los signos
“Había en mi corazón
algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos
y aunque yo hacía esfuerzos por ahogarlo, no podía”.
Jr 20, 9
Para descubrir lo que Dios quiere de ti tienes que escuchar, mirar
y experimentar.
Para esto necesitas hacer si¬lencio interior y exterior; el
ruido te impide percibir.
Está atento a lo que se mueve en tu interior: tus deseos,
tus miedos, tus pensamientos,
tus fantasías, tus inquietudes, tus proyectos. Escucha
tanto a los que aprueban tu
i nquietud como a los que la critican. Escucha tu corazón:
¿qué es lo que anhelas?
Aprende a mirar a las personas que te rodean: ¿qué
te está diciendo Jesús a
través de su pobreza, de su ignorancia, de su do¬lor,
de sus desesperanzas,
de su necesidad de Dios...?
Mira
tu historia: ¿Por cuál camino te ha llevado Dios?
¿Cuáles han sido los acontecimientos más
importantes
de tu vida?, ¿de qué manera Dios estuvo presente
o
ausente en ellos? ¿Qué personas concretas han
sido significativas para ti?, ¿por qué? Contempla
el futuro: ¿qué experimentas al pensar en la posibilidad
de consagrar tu vida a Dios? Tienes sólo una vida,
¿a qué quieres dedicarla?
Ten cuidado en discernir si tu inquietud y la atracción
que sientes son signos de una verdadera vocación
consagrada o son manifestaciones de que Dios
quiere que intensifiques tu vida cristiana como laico.
Al dar este paso podrás decir: Tal vez Dios me esté
llamando... Siento la inquietud de consagrar mi vida a Dios.
Buscar y conocer
“Observen cómo es el país
y sus habitantes, si son fuertes o débiles, escasos
o numerosos; cómo es la tierra, buena o mala; cómo
son las ciudades que
habitan, de tiendas o amuralladas; cómo es la tierra fértil
o estéril; con
vegetación o sin ella”. Nm 13, 18-20
Los
caminos para realizar la vocación consagrada
son múltiples. No basta con querer entregar tu vida
a Dios y desear dedicarte al servicio de tus hermanos.
Es necesario saber dónde quiere Dios que tú lo sirvas.
Para descubrir tu lugar en la Iglesia es conveniente
que conozcas las diversas vocaciones. Investiga cuál
es la espiritualidad que viven los sacerdotes diocesanos
o las diferentes congregaciones religiosas; y siente
cuál de ellas te atrae. Mira cómo viven: no es lo
mismo una congregación contemplativa que una
de vida apostólica.
Infórmate sobre cuál es su misión y por qué
medios pretenden realizarla: enseñanza,
hospitales, dirección espiritual, promoción vocacional,
misiones, predicación de ejercicios,
medios de comunicación, etc. Conoce quiénes son
los principales destinatarios de su
apostolado: jóvenes, pobres, sacerdotes, enfermos, niños,
seminarios, ancianos,
parroquias, barrios, etc.
Aunque ordinariamente cuando se experimenta la inquietud vocacional
se siente
también el atractivo por una vocación específica,
vale la pena que dediques algunas
horas a informarte más a fondo sobre esa vocación
y sobre otras. Y si al final te decidieras
por la que en el principio te inclinabas, el tiempo empleado en
informarte no habrá
sido desperdiciado.
Al dar este paso podrás decir: Me atrae la espiritualidad,
el estilo de vida y el apostolado
de esta congregación. Posiblemente Dios me está
llamando a ingresar a la vida
religiosa o al seminario.
Pensar - Reflexionar
“Si uno de ustedes quiere construir
una torre ¿no se sienta primero a calcular
los gastos, y ver si tiene para acabarla?”. Lc 14, 28
La
vocación es una empresa demasiado grande, ¡y es para
toda la vida! Por eso no te puedes lanzar sin antes
haber reflexionado seriamente sobre ti y sobre la
vida que pretendes abrazar.
Descubre cuáles son tus capacidades y limitaciones.
Piensa si podrás vivir las exigencias que implica la
vocación, contando desde luego con la gracia de Dios
y la ayuda de personas idóneas. ¿En qué signos
concretos te basas para pensar que Dios te llama?
¿Qué razones en favor y en contra tienes para
emprender ese camino? ¿Qué es lo que te atrae
y qué lo que no te gusta de ese estado de vida?
Dios te pide que te comprometas responsablemente en el discernimiento
de su Voluntad.
Quiere que utilices tu inteligencia para buscar tu vocación.
Con la luz del Espíritu
Santo podrás descubrir lo que Dios quiere de ti.
No pienses que llegarás a tener certeza absoluta de lo
que Dios quiere de ti.
No vendrá en persona a hablarte. El, sin embargo, te revelará
su voluntad de alguna
manera. Lo que encontrarás serán signos que indican
cuál podría ser el proyecto de
amistad que tiene para ti.
Al descifrar esos signos podrás tener certeza de su llamado
y eso es lo que necesitas
para actuar. Al dar este paso podrás decir: Creo que Jesús
me llama. Creo que, con la
ayuda del Espíritu Santo, podré responder.
Habiendo
descubierto lo que Dios quiere de ti,
decídete a seguirlo. Tomar tal decisión es difícil.
Sentirás miedo. Tus limitaciones te parecerán
montañas: “¡Ay Señor mío! Mira
que no sé hablar,
que soy un muchacho” (Jr 1, 6). Sin embargo,
a pesar de tus limitaciones -o mejor con todas ellas-,
responde como Isaías: Aquí estoy, Señor,
envíame
(Ls 6, 8).Decir el sí con el cual comprometes toda tu
vida es una gracia.
Pídele al Espíritu Santo que te dé esa capacidad
de
respuesta. No afrontar la decisión equivale a desperdciar
tu vida.
Para iniciar el camino de la vocación no esperes tener
certeza absoluta de que Dios te
llama; te basta la certeza. La decisión es un paso en la
fe; en un acto de confianza en
tu amigo Jesús.
Al decidirte a seguir radicalmente a Jesús es normal que
tengas dudas de si podrás
con las exigencias y si llegarás al final. Pero de lo que
no puedes dudar es de lo que
tú quieres. Al dar este paso podrás decir: Quiero
consagrar mi vida a Dios en el
servicio de mis hermanos. Quiero ingresar en esta congregación
religiosa. Quiero
ser sacerdote.
Dar el paso
“Jesús los llamó. Inmediatamente
dejaron la barca y a su padre y lo siguieron”.
Mt 4, 21-22
Una
vez tomada la decisión, ¡lánzate! No te dejes
vencer por
el miedo; lánzate sin miedo. Pon todos los medios que
estén a tu alcance para realizar lo que has decidido.
No cedas a la tentación de diferir tu ingreso a una casa
de
formación: “Te seguiré, Señor; pero
déjame primero....” (Lc 9, 61).
Con tu decisión has comprometido todos los momentos
posteriores; en el futuro busca cómo ser fiel. La única
manera de realizar el proyecto de Dios es la fidelidad de
cada día. Vive todo momento en coherencia con lo que
has decidido; dirige cada paso hacia la meta.
¿Y cuando venga la dificultad? ¡Perseverar! El camino
que
emprenderás es difícil; más de lo que ahora
crees. Prepárate
para la lucha; deberás enfrentar problemas y superar obstáculos.
Jesús te dice: “El que quiera venir en pos de mí,
que se niegue a sí mismo, que cargue cada día con
su cruz y me siga” (Lc 9, 23).
El sendero es arduo, pero María te acompaña y el
Espíritu Santo te fortalece para que
puedas recorrerlo. Además, no se trata de cargar hoy la
cruz de toda la vida, sino sólo la
de hoy; y así cada día. Al dar este paso podrás
decir, como Pedro: “Nosotros lo hemos
dejado todo y te hemos seguido” (Mc 10, 28).
Dejarse acompañar
“Levántate y vete, a Damasco,
allí se te dirá todo lo que has de hacer”.
Hch 22,10
La
dirección espiritual o acompañamiento espiritual
no es,
en realidad, un paso más en el proceso de
discernimiento vocacional; es un recurso que
puedes aprovechar en cada uno de los pasos
anteriores.
El director espiritual o acompañante te motivará
a orar y
a percibir los signos de la voluntad de Dios; te indicará
dónde obtener la información y te ayudará
a reflexionar.
En el momento de la decisión se alejará de ti para
que tú,
frente a Jesús, lbremente respondas a su llamada. Te ayudará
a que te
prepares convenientemente para ingresar en una casa de formación
o al seminario.
Su oración y sacrificio por ti te alcanzarán del
Espíritu Santo, la luz para descubrir tu
vocación y la fuerza para seguirla.
Si bien es cierto que la vocación es una llamada de Dios
que nadie puede escuchar
por ti ni responder a ella en tu lugar, también es cierto
que necesitas de alguien
que te acompañe en tu discernimiento vocacional.
Es fácil hacerse ilusiones: podrías creer que es
un llamado de Dios lo que tal vez sea
sólo un deseo tuyo, o bien podrías pensar que no
tienes vocación cuando en realidad
Dios te está llamando. Dialoga con tu director espiritual
para clarificar la autenticidad
de tu vocación.
Jesucristo, después de habérsele aparecido a Pablo
en el camino de Damasco, le dijo que
fuera con Ananías y que éste le indicaría
cuál era la voluntad de Dios. Aunque Cristo
hubiera podido decirle a Pablo lo que quería de él,
quiso valerse de Ananías para hacerle
descubrir su vocación (cf Hch 22, 10-15). En el discernimiento
del proyecto de Dios
sobre ti no puedes prescindir de la mediación de la Iglesia.
Descubrir tu vocación no es fácil, pero tampoco
es imposible si con sinceridad te pones
a buscar la voluntad de Dios y realizas los pasos que aquí
se te sugiere, creo
que podrás encontrarla. De muchas maneras Dios te está
revelando cómo quiere
que colabores en la instauración de su reino. El es el
más interesado en que tú
descubras y realices tu vocación. Por eso haz oración,
dialoga con tu director
espiritual, percibe, infórmate, reflexiona, decídete
y actúa.
”Aquel
mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado
Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén,
y
conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado.
Y
sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían,
el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos;
pero sus ojos
estaban retenidos para que no le conocieran. El les dijo:
«¿De qué discutís entre vosotros
mientras vais andando?»
Ellos se pararon con aire entristecido.
Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres
tú el único
residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos
días
han pasado en ella?» El les dijo: «¿Qué
cosas?» Ellos le
dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta
poderoso
en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo;
cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron
a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que
sería él el que iba a librar a Israel;
pero, con todas
estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó.
El caso es que algunas
mujeres de las
nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al
sepulcro,
y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían
visto una aparición de ángeles,
que decían que él vivía. Fueron también
algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron
tal como las mujeres h abían dicho, pero a él
no le vieron». El les dijo: «¡Oh insensatos
y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los
profetas! ¿No era necesario que
el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?»
Y, empezando por Moisés y continuando
por todos los profetas, les explicó lo que había
sobre
él en todas las Escrituras. Al acercarse
al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir
adelante.
Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate
con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado».
Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando
se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció
la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces
se les abrieron
los ojos y le reconocieron, pero él desapareció
de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba
ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos
hablaba en el camino y nos explicaba
las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se
volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos
a los Once y a los que estaban con ellos, que decían:
«¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado
y
se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte,
contaron lo que había pasado en el camino
y cómo le habían conocido en la fracción
del pan” Lucas 24, 13-35.
Para
que el camino de Emaús llegue a ser itinerario vocacional
se
requiere un paso decisivo tras la serie de «reconocimientos»
y «auto reconocimientos»: la opción efectiva
por parte del joven,
a la que corresponde, por parte de quien lo ha acompañado
a lo
largo del camino vocacional, el proceso de discernimiento. Un
discernimiento que ciertamente no concluirá con el tiempo
de
orientación vocacional, sino que deberá proseguir
después hasta
la maduración de una decisión definitiva, «
para toda la vida». (105)
a) La opción efectiva del llamado. Capacidad
de decisión:
En el relato evangélico que ha trazado el camino de nuestra
reflexión, la opción viene claramente manifestada
en el versículo 33:
«Y al instante se volvieron...».
La anotación temporal («al instante») proclama
con fuerza la decisión de los dos,
provocada por la palabra y por la persona de Jesús, por
el encuentro con El,
y se pone valientemente en práctica por una opción
que supone ruptura con lo
que eran o hacían anteriormente, e indica cambio de vida.
Es precisamente esta decisión la que falta a menudo en
los jóvenes de hoy. Por tal motivo,
y con el fin de « ayudar a los jóvenes a superar
la indecisión ante los compromisos definitivos, parece
útil prepararlos gradualmente a asumir responsabilidades
personales, (...), confiarles tareas adecuadas a sus posibilidades
y a su edad, (...), favorecer una educación progresiva
a las
pequeñas opciones de cada día ante los valores
(gratuidad, constancia, sobriedad,
honradez...) ». (106)
Por otro lado, se recuerda que con mucha frecuencia estos y
otros miedos e indecisiones
denotan una débil planificación no sólo
sicológica de la persona, sino también de la experiencia
espiritual y, en particular, de la experiencia de la vocación
como elección que
viene de Dios..
Cuando es pobre esta certeza, el sujeto confía inevitablemente
en sí mismo y en sus propios
recursos; y cuando constata su precariedad, no es nada extraño
que se deje dominar por el
miedo ante una opción definitiva que tomar. La incapacidad
de decisión no es necesariamente
característica de la actual generación juvenil;
no es raro que sea consecuencia de un
acompañamiento vocacional que no ha subrayado bastante
la primacía de Dios en la
elección, o que no ha sido formado a dejarse a elegir
por El. (107)
«Vuelta a casa»
La opción vocacional indica cambio de vida, pero en realidad
también es signo de
una recuperación de la propia identidad, como una «
vuelta a casa », a las raíces del yo.
En el pasaje de Emaús, dicha «vuelta» la
simboliza la expresión: « ...y volvieron a Jerusalén
».
Es muy importante, en la formación a la opción
vocacional, afirmar la idea de que ella
representa la condición para ser uno mismo y para realizarse
según el único proyecto
que puede dar felicidad. Muchos jóvenes piensan todavía
lo contrario sobre la vocación
cristiana, la miran con desconfianza y temen que no pueda hacerles
felices; pero
terminan después siendo infelices, como el joven del
Evangelio (cfr. Mc 10,22).
¡Cuántas veces las mismas actitudes de los adultos,
incluidos los padres, han contribuido
a crear una imagen negativa de la vocación, en particular
al sacerdocio y a la vida consagrada,
poniendo toda clase de obstáculos a su seguimiento y
desanimando a quien se sentía llamado
a ellas! (108)
Por otra parte, no se resuelve este problema con una banal propaganda
a favor de la vocación que acentuase los aspectos positivos
y gratificantes de la vocación misma, sino subrayando,
sobre todo, la idea de que la vocación es el proyecto
de Dios sobre la criatura, es el nombre dado por El a la persona.
Descubrir y responder a la vocación como creyentes quiere
decir encontrar aquella piedra sobre
la que está escrito el propio nombre (cfr. Ap 2,17-18),
o volver a las fuentes del yo.
Testimonio personal:
En Jerusalén los dos «encontraron reunidos a los
once y a sus compañeros, que les dijeron:
«El Señor en verdad ha resucitado y se ha aparecido
a Simón». Y ellos contaron lo que les
había pasado en el camino y cómo le reconocieron
en la fracción del pan » (Lc 24,33-35).
El dato más significativo de este fragmento, respecto
a la opción vocacional, es el testimonio
de los dos, un testimonio particular, porque sucede en un contexto
comunitario y tiene un preciso sentido vocacional. En efecto,
cuando llegan los dos, la asamblea está proclamando su
fe con una fórmula (« En verdad el Señor
ha resucitado y se ha aparecido a Simón ») que
sabemos figura entre los testimonios más antiguos de
fe objetiva. Cleofás y el compañero añaden,
en algún modo, su experiencia subjetiva, que confirma
cuanto la comunidad estaba proclamando, y ratifica también
su particular camino creyente y vocacional. Es como si aquel
testimonio fuese el primer fruto de la vocación descubierta
y reencontrada, que viene puesta prontamente, como es propio
de la vocación cristiana, al servicio de la comunidad
eclesial. Viene a la mente, por tanto, cuanto ya se ha dicho
acerca de la relación entre itinerarios eclesiales objetivos
e itinerario personal subjetivo, en una relación de sinergia
y complementaridad: el testimonio individual ayuda y hace crecer
la fe de la Iglesia, la fe y el testimonio de la Iglesia estimula
y anima la opción vocacional de cada persona.
b) El discernimiento por parte del guía:
En la Exhortación Apostólica postsinodal Pastores
dabo vobis Juan Pablo II afirma: «El conocimiento de la
naturaleza y misión del sacerdocio ministerial es el
presupuesto irrenunciable, y al mismo tiempo la guía
más segura y el estímulo más incisivo,
para desarrollar en la Iglesia la acción pastoral de
promoción y discernimiento de las vocaciones sacerdotales,
y la de formación
de los llamados al ministerio ordenado ». (109).
Y por analogía se podría decir lo mismo cuando
se trata del discernimiento de cualquier
vocación a la vida consagrada. Presupuesto irrenunciable
para discernir tales vocaciones es,
ante todo, tener presente la naturaleza y misión de ese
estado de vida en la Iglesia. (110).
Dicho presupuesto deriva directamente de la certeza de que Dios
es quien llama, y por tanto
de la búsqueda de aquellas señales que certifican
la llamada divina.
Se indican ahora algunos criterios de discernimiento, divididos
en cuatro epígrafes:
La apertura al misterio.
Si cerrarse al misterio, característica de cierta mentalidad
moderna, inhibe cualquier disponibilidad
vocacional, su contrario, o sea la apertura al misterio, es
no sólo condición positiva para el
descubrimiento de la propia vocación, sino que es indicador
de una recta opción vocacional.
1)
La auténtica certeza subjetiva vocacional es la que deja
espacio al misterio y a la sensación de que la propia
decisión,
aunque firme, deberá permanecer abierta a una continua
investigación del misterio. Por el contrario, la certeza
no auténtica es no sólo la débil e incapaz
actitud
de hacer tomar una decisión, sino también su contraria,
que es, la pretensión de haber comprendido todo, de haber
agotado todas las profundidades del misterio personal,
pretensión que no puede sino crear intransigencias, y
una certeza no pocas veces desmentida por el devenir
de la vida.
2) La actitud típicamente vocacional es manifestación
de la virtud de la prudencia, más que ostentosa capacidad
personal. Precisamente por esto, la seguridad de esta lectura
del propio futuro es la de la esperanza y la confianza que nace
de la fe depositada en Otro, de quien uno se puede fiar; no
es deducida de la garantía que dan los propios talentos
entendidos como algo exigido por el rol que se ha elegido.
3) Son, también, buen indicador vocacional
las capacidades de acoger e integrar aquellas
polaridades contrapuestas que constituyen la dialéctica
natural del yo y de la vida humana.
Por ejemplo: posee tal capacidad el joven que es suficientemente
consciente de sus inclinaciones
positivas y negativas, de sus ideales y sus contradicciones,
de la parte sana y de la no tanto
de su mismo proyecto vocacional, y que no presume ni desespera
ante lo negativo que hay en él.
4) Está bien familiarizado con el misterio
de la vida como lugar en el que percibir una presencia y
una llamada, el joven que descubre las señales de una
llamada por parte de Dios, no sólo en
los sucesos extraordinarios, sino en su historia; en los sucesos
que ha aprendido a leer como
creyente en sus interrogantes, ansias y aspiraciones.
5) Pertenece a esta categoría de la
apertura al misterio otra característica fundamental
del
verdaderamente llamado: la de la gratitud. La vocación
nace en el terreno fecundo de la gratitud,
y se manifiesta con impulsos de generosidad y radicalidad, precisamente
porque nace del
conocimiento del amor recibido.
La identidad en la vocación.
El segundo orden de criterios gira en torno al concepto de «
identidad ». En efecto, la opción
vocacional muestra y contiene verdaderamente la definición
de la propia identidad; es opción y
realización del yo ideal, más que del yo real,
y debería llevar a la persona a tener un sentido
substancialmente positivo y estable del propio yo.
1) La primera condición es que la persona
manifieste estar en grado de separarse de la lógica
de la identificación a los niveles corporal (=el cuerpo
es fuente de identidad positiva) y psíquico
(=las propias dotes como única y preeminente garantía
de autoestima), y descubra, en
cambio, la propia positividad radical unida firmemente al ser,
recibido como don de Dios
(es el nivel ontológico), y no a la precariedad del tener
o del parecer. La vocación cristiana
es la que lleva a término tal positividad realizando
al máximo grado las posibilidades del
sujeto, pero según un proyecto que normalmente lo supera,
porque es pensado por Dios.
2) « Vocación » quiere decir
fundamentalmente « llamada »: es, por tanto, un
sujeto externo,
una llamada objetiva, y una disponibilidad interior a dejarse
llamar, a reconocerse en un modelo
no diseñado por el llamado.
3) Sobre la motivación o la modalidad
de la opción vocacional, el criterio fundamental es el
de la
totalidad (o ley de la totalidad); esto es, que la decisión
sea manifestación de una implicación
total de las funciones síquicas (corazón-mente-voluntad),
y sea al mismo tiempo decisión
mentalética-emotiva.
4) Más en concreto, hay madurez vocacional,
cuando la vocación se vive e interpreta como un don, pero
también como una llamada exigente: a vivir para los otros
y no sólo para la propia perfección, y con los otros,
en la Iglesia madre de todas las vocaciones, en un específico
« seguimiento de Cristo ».
Un proyecto vocacional rico de recuerdo creyente.
La
tercera área sobre la que iría centrada la atención
de quien discierne una vocación, es la
referente a la relación entre pasado y presente, entre
recuerdo y proyecto.
1) Ante todo es importante que el joven esté
substancialmente reconciliado con su pasado, con lo inevitable
negativo, de todo género, que forma parte de él,
y también, con lo positivo, que debería estar en
grado de reconocer con gratitud; reconciliado, además,
con los modelos significativos de su pasado, con sus cualidades
y debilidades.
2) Se considera ahora, con atención, el
tipo de recuerdo que el joven tiene de su propia
historia, qué interpretación hace de su propia vida:
¿en clave de gracia o de queja?
¿Se siente consciente o inconscientemente como acreedor,
y por consiguiente, todavía
en espera de recibir, o abierto a dar?
3) Particularmente significativa es la actitud
del joven frente a los traumas de la vida pasada,
más o menos graves. Proyectar consagrarse a Dios quiere
decir siempre re-apropiarse de la
vida que se quiere dar, en todos sus aspectos; tender a integrar
las componentes menos
positivas, reconociéndolas con realismo y adoptando una
actitud responsable, y no
simplemente auto-conmiserativa, ante ellas. Joven « responsable
» es aquél que se
empeña en adoptar una actitud activa y creativa en la constatación
del suceso negativo,
o trata de aprovechar de modo inteligente su experiencia personal
negativa. Es preciso
prestar mucha atención a las vocaciones que nacen como
consecuencia de enfermedades,
desilusiones o accidentes varios todavía no bien curados.
En tal caso se requiere un más atento
discernimiento, incluso recurriendo a consultas especializadas
para no cargar pesos imposibles
sobre hombros débiles.
La « docibilitas » vocacional.
La última fase del itinerario vocacional es la de la decisión.
En referencia a tal fase los criterios de madurez vocacional parecen
ser estos:
1)
El requisito fundamental es el grado de « docibilitas »
de la persona, o sea, la libertad interior de dejarse guiar por
un hermano o hermana mayor; en especial en las fases estratégicas
de la reelaboración y reapropiación del propio pasado,
en particular el más problemático, y la consiguiente
libertad de aprender y de saber cambiar.
2) En la base del requisito de la « docibilitas
» está la condición
de ser joven, no tanto como cualidad anagráfica, cuanto
como actitud global existencial. Es importante que quien
solicita entrar en el seminario o en la vida consagrada sea
verdaderamente « joven », con las virtudes y vulnerabilidad
típicas de esta etapa de la vida, con la voluntad de dar
el
máximo de sí, capaz de socializar y de apreciar
la belleza
de la vida, consciente de las propias limitaciones y de
las propias aptitudes, consciente del don de haber sido elegido.
3) Una área particularmente digna de atención,
hoy más que ayer, es la afectivo-sexual. (111)
Es importante que el joven demuestre que puede adquirir dos certezas
que hacen a la persona
libre afectivamente, o sea, la certeza que viene de la experiencia
de haber sido ya amado y la
certeza, siempre por la experiencia, de saber amar. En concreto,
el joven debería mostrar el
equilibrio humano que le permite saber estar en pie por sí
mismo, debería poseer la seguridad
y autonomía que le facilitan la relación social
y la amistad cordial, y el sentido de responsabilidad
que le permite vivir como adulto la misma relación social,
libre de dar y de recibir.
4) Por cuanto atañe a las inconsistencias,
siempre en el área afectivo-sexual, un prudente
discernimiento debería tener en cuenta la centralidad de
esta área en la evolución general
del joven y en la cultura (o subcultura) actual. No es, pues,
extraño o raro que el joven
muestre específicas debilidades en este sector.
¿Con qué condiciones se puede prudentemente acoger
la solicitud vocacional de jóvenes
con este tipo de problemas? La condición es, que se den
juntos estos tres requisitos:
a) Que el joven sea consciente de la raíz
de su problema, que muy a menudo no es sexual en su origen.
b) La segunda condición es que el joven
sienta su debilidad como un cuerpo extraño a la propia
personalidad, algo que no querría y que choca con su ideal,
y contra el que lucha con todas sus fuerzas.
c) En fin, es importante comprobar si el sujeto
está en grado de controlar estas debilidades, con vistas
a una superación, sea porque, de hecho, cada vez cae menos,
sea porque tales inclinaciones turban siempre menos su vida (incluso
la síquica) y le permiten desarrollar sus deberes normales
sin crearle tensión excesiva ni distraer indebidamente
su atención. (112) Estos tres criterios deber ser tenidos
en cuenta para realizar un discernimiento positivo.
5) La madurez vocacional, en fin, es decidida
por un elemento esencial que da verdaderamente
sentido a todo: el acto de fe. La auténtica opción
vocacional es a todos los efectos manifestación de la adhesión
creyente, y es tanto más genuina cuanto más es parte
y epílogo de un camino de formación a la madurez
de la fe. El acto de fe, en el interior de una lógica que
deja espacio al misterio, es precisamente el punto central que
permite mantener juntos los extremos,
contrapuestos a veces, de la vida, perennemente tendido entre
la certeza de la llamada
y la conciencia de la propia ineptitud, entre la sensación
del perderse y del encontrarse,
entre la grandeza de las aspiraciones y la pesantez de los propios
límites, entre la gracia y
la naturaleza, entre Dios que llama y el hombre que responde.
El joven auténticamente
llamado debería demostrar la solidez del acto creyente,
manteniendo juntos estos extremos.
Fuente: Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiásticas.
Fuente: Biblioteca Electrónica Cristiana.
Un mensaje que es llevado a todo el mundo a través
de mensajeros frágiles y
decididos, que escuchan la voz de Dios, en una tarde de silencios
Dios
llama. Ayer, hoy, y mañana. Hombres y mujeres se consagran.
Sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos que dan un sí
para siempre, sin condiciones.
El mundo es distinto con cada respuesta, con
cada entrega. Hay hombres y mujeres que quieren amar más,
que reflejan, con su vida, que Dios es fiel, que Dios nos quiere
con locura.
Cada vocación es un misterio. Dios sonríe y espera
un sí libre, sincero. Quiere que le amemos, que le demos
lo que somos, sin límites, sin condiciones.
Quiere que seamos felices en sus manos, que
confiemos, que sigamos sus huellas, camino del
Calvario, hacia un Sepulcro vacío que nos habla
de Vida y de Esperanza.
Dar un sí a Dios no es fácil si falta amor. Dios
no subyuga con la fuerza ni con amenazas.
Su voz es suave, discreta, respetuosa. Invita
y calla, susurra y deja tiempo. Hay quien le
sigue pronto, sin miedos, y hay quien
retrasa su respuesta, meses, años, para seguir planes vacíos,
proyectos huecos, fuera
del sueño de un Dios bueno.
Cuando sopla el viento de la tarde, Dios espera. Quizá
hoy un joven piensa, reza, y mira
al cielo. Busca al Dios que lo buscaba, sueña en la voz
que resonó un día dentro de
su alma. Puede ser un momento decisivo. Puede ser el inicio de
una nueva vida.
Otros esperan, cerca o lejos, el sí de cada nueva vocación.
El silencio de la noche revela
voces que rezan a Dios, como Cristo un día, para pedir
que envíe más obreros, pues la mies
es mucha, la cosecha está ya lista, el cielo tiene abiertas
sus puertas con el triunfo de la
Pa scua.
No hay anuncio sin anunciadores. No hay salvación sin fe
en el mensaje. Un mensaje
que es llevado a todo el mundo a través de mensajeros frágiles
y decididos, que escuchan
la voz de Dios, en una tarde de silencios: “Ven
y sígueme”...
¿Cuál
es tu respuesta?
Dar
un sí sin condiciones no es algo fácil ni frecuente.
Dar un sí sin condiciones a Dios nos puede llenar de
miedo o de sorpresas. Quizá alguno piense que Dios
sea un poco despótico, y por eso muchos
prefieren conservar su libertad a cualquier
precio, tener entre sus manos el polvo de su
historia antes que abandonarse para que Dios
los conduzca hacia lo desconocido.
Pero es más fácil dar un sí incondicional
a Dios
si descubrimos que nos ama. La vida cristiana
tiene dos momentos fundamentales. El segundo
sin el primero está cojo de partida. ¿Cuál
es el
primer momento? Consiste en hacer una
experiencia profunda, cordial, del Amor de Dios.
Amor que inició con ese momento misterioso,
inmenso, de nuestra concepción. Amor que
continuó durante los meses de embarazo. Amor
que nos ha mantenido hasta el día de hoy, a
pesar de tantas enfermedades, accidentes, peligros,
quizá hambres o abandonos. Seguimos en pie
simplemente porque nos quiere, porque le importamos, porque somos
para El hijos,
aunque a veces un poco rebeldes o caprichosos.
Ese Amor de Dios creció de un modo misterioso y grande
el día de nuestro bautismo.
Tal vez sepamos por el catecismo que el bautismo es la puerta
del cielo, que nos hace
hijos de Dios, que nos permite ser parte de la Iglesia. Pero quizá
no nos damos cuenta
de lo que significa entrar en la familia del Dios que creó
las montañas y el sol, el
viento y las hormigas, las nubes y los maizales, la frescura del
amor y la grandeza de
la fidelidad. De ese Dios que conoce cada rincón de nuestros
pulmones, cada válvula
de nuestro corazón, cada cabello de nuestra cabeza, cada
pensamiento de nuestra
imaginación alocada. De ese Dios que escogió a Israel
y que quiso llevar su amor a
todos los hombres, los del sur y los del norte, los ricos y los
pobres, los grandes y los
pequeños, los generosos y los mezquinos...
Hay que imbuirse en el amor de Dios. Hay que mirarse al espejo
para descubrir,
más allá de nuestros ojos, la sonrisa de un Dios
que nos ama locamente.
Sólo desde esta experiencia se comprende la vida de un
Francisco de Asís,
una Madre María Petkovic, un Juan Diego, una Madre Teresa
de Calcuta,
un Juan Pablo II o un Ceferino Namuncurá.
Una vez que comprendemos lo mucho que Dios nos ama, entonces sí
resulta fácil
llegar al segundo momento de nuestra experiencia cristiana: dar
un sí a Dios, entregar
nuestros corazones a ese Cristo que nos quiere con locura. La
vida cristiana
empieza a ser verdaderamente cristiana cuando se imita el amor
del Dios que
nos perdona, que nos ama, que nos salva. Dios se nos da en Cristo,
y en
Cristo nos pide, simplemente, que amemos. No hay otra manera de
ser católicos.
No es posible ninguna entrega sin la experiencia del amor de Dios.
Por eso puede ser fácil dar un sí total a Dios.
Lo saben los esposos que se aman
cristianamente. Su sí es parte de su fe, su amor crece
y se alimenta a partir del amor
que Dios les da. Lo saben los diáconos, los sacerdotes
y los obispos, que reciben con
alegría la llamada de Dios para darse completamente a los
demás. Lo saben los
consagrados, hombres y mujeres de tantas órdenes y congregaciones
religiosas,
que siguen una vocación de amor en el corazón mismo
de la Iglesia.
Una comunidad cristiana vive en plenitud su fe cuando en ella
nacen entregas sin
condiciones. Es hermoso ver cómo en una parroquia, de un
pueblo o de una ciudad,
surgen vocaciones, chicos y chicas que deciden dar sus vidas a
Dios. Son personas
normales, que saben lo que dejan, que quizá lloran por
la incomprensión en la familia
o entre los amigos, pero que miran con seguridad hacia adelante:
si Dios llama, la
única respuesta válida y alegre que podemos dar
es la del sí por amor.
El tercer milenio sigue su camino. Mientras algunos se esfuerzan
por construir un mundo
sin Dios, los cristianos miramos a Cristo, y descubrimos en su
Cruz y en su Resurrección
el amor de Dios Padre. Nuestras vidas quieren ser una sinfonía
de generosidad, de
donación, sin límites. Querer guardar la vida es
como querer atrapar vientos.
Sólo vive en plenitud el que se da a Dios, como esposo
o esposa, como
sacerdote, como consagrado/a. Lo demás termina. En el cielo,
en el mundo de lo
eterno, el amor permanece, como una estrella que recoge su luz
de la fuente
inagotable del Dios que nos ama para siempre.
No
todos tienen vocación. Dios llama a los que él
quiere. Ahora bien, para ser sacerdote, religioso/a,
o consagrado/a, se requieren algunas cualidades específicas.
Así como para ser piloto necesitas
tener vista perfecta, cierta altura y capacidad
intelectual, así para ser sacerdote, religiosa,
religioso, no puedes serlo si no tienes ciertas
cualidades y que en resumen algunas pueden
ser éstas que te proponemos a continuación.
Capacidad para:
1.- Emprender un camino, para poder dar una respuesta generosa,
decidida, tal como Jesús la espera.
2.- Profundizar el conocimiento y aceptación de tu persona.
3.- Mantener viva tu inquietud vocacional.
4.- Iniciarte en experiencias de apostolado en tu parroquia si
aún no lo has hecho.
5.- Trabajar sobre la historia de tu vida.
6.- Emprender un conocimiento personal profundo valorando tus
cualidades y descubriendo
tus falencias.
7.- Relacionarte y vivir una experiencia de comunidad acogiendo
la diversidad de las personas.
Es necesario que este proceso de elaboración y discernimiento
lo vivas en un clima de libertad
y paz interior.
Implica, fundamentalmente:
a).-
Aceptarte.
b).- Acogerte.
c).- Ser paciente contigo mismo.
d).- Tranquilizarte.
e).- Perdonarte.
f).- Ser realista en tus opciones y posibilidades,
g).- Llenarte de fe, de optimismo y esperanza.
Puedes escribirnos en las direcciones que aparecen en “Contáctenos”
para que podamos ayudarte mejor a conocer si tú
tienes o no, a grandes rasgos, las cualidades para una posible
vocación de entrega total a Dios.
Si Dios te llama te dará las cualidades necesarias para
ser sacerdote o religioso. Necesitas saber si tienes esas cualidades.
Para ello, conversa con un sacerdote, religiosa, religioso o laico
orientador vocacional y ellos, después de un período
de seguimiento y discernimiento, te ayudarán a saber si
en realidad posees esas cualidades.
TRABAJO PASTORAL DE LAS HIJAS DE LA MISERICORDIA
EN LA ARGENTINA
Animadas
por la caridad que el Espíritu ha derramado en nuestros
corazones, dedicamos nuestra vida a la formación y a la
educación escolar de niños, jóvenes y adultos,
a la catequesis, al cuidado de los enfermos, de los ancianos,
de los que sufren, a la promoción humana y a las actividades
apostólicas en las parroquias y en las misiones.
Estamos también siempre abiertas a nuevas formas de pastoral,
atentas a los signos de los tiempos y a las necesidades de la
Iglesia. Acompañamos a jóvenes en convivencias.
La
vocación es llamada al servicio de la comunidad, a trabajar
en la viña, en el mundo...
Hablemos de la vocación
El
hombre busca, por naturaleza, su propia satisfacción; pero
olvidamos que el hombre es un ser creyente, que está ligado
a un ser supremo, a alguien a quien podemos llamar Dios, aquí
no importa el credo, la condición social, o el nivel económico.
Ese alguien nos llama a compartir con él la vida, pero
si lo que nos preocupa es la realización humana, luego
entonces ese alguien queda eliminado de nuestros proyectos, nos
queremos realizar como profesionales, pero ¿Cómo
nos podremos desarrollar humanamente, si estamos abandonando aún
lado, un campo de la persona muy importante, como lo es el espiritual,
lo que concierne a la fe?
Cuando nos arriesgamos a pensar, no solamente en lo económico,
en la realización humana conforme el mundo lo quiere, si
no también en mi felicidad, en mi realización como
persona, en donde lo que importe no es tanto el obtener un bien
material, sino el descubrir que por lo que he optado, me realiza
a mí y a otros junto conmigo, que no sólo yo obtengo
beneficios de mi opción, sino también otros resultan
beneficiados, es ahí donde estamos entrando en el ámbito
del servicio, en el ámbito de la donación de la
persona misma, en el ámbito, ya no de una carrera, si no
de una Vocación, exactamente esta es la parte donde nosotros
le damos cavidad a ese alguien de quien hablamos hace un momento
y lo invitamos a ser parte de nuestra realización, es aquí
donde nos descubrimos como personas y los vacíos quedan
saciados, la vocación nos ayuda a la realización
personal desde la perspectiva de la fe.
Finalmente nos preguntamos ¿Qué es la vocación?,
la vocación es un llamado de ese alguien (Dios) que nos
invita a transformar nuestra vida, podríamos decir que
es un diálogo con Dios, pero es un diálogo con una
clave, el amor: podemos decir, pues, que también es un
diálogo amoroso con Dios: este diálogo nos cuestiona,
nos incita a dar una respuesta; y esa respuesta debe estar dada
en una situación y contexto histórico concreto,
sí, en nuestra propia realidad Dios nos llama, nos pide
participar en algo; y ese algo se constituirá en nuestra
misión, la respuesta dada es parte de la misión
que todos tenemos que dar, no como obligación sino acción
de agradecimiento a ese diálogo con quien nos habla en
clave de amor con nosotros.
Dios habla
Dios
habla a través de distintos signos, hay que aprender a
escucharle, a descifrar su "clave".
Uno de los grandes retos en la vida es el de encontrar el lugar
al que nos sentimos llamados.
¡Pues claro que no somos súper-héroes!, o
al menos no hemos de poner esa excusa, porque a veces por miedo
a decir sí, lo hacemos y creemos quedar tranquilos.
Hemos encontrado lo que buscábamos sin necesidad de entregar
el currículo vitae a un montón de empresas; porque
nuestra vida, nuestro camino es de sobra conocido por Dios, ya
estamos “fichados” y no es necesario que pongamos
cosas bonitas para rellenar el papel, porque es así como
Dios nos quiere, tal cual somos.
Hemos tropezado con la felicidad, la encontramos... no la dejemos
escapar. La vocación es llamada al servicio de la comunidad,
a trabajar en la viña, en el mundo. Hay distintas posibilidades,
en puestos diferentes. Hay muchas tareas a realizar, ya que cada
uno tiene diferentes dones que le han sido dados para poner al
servicio de todos (Efesios 4, 1-13).
¿Cómo? Cada uno tenemos caminos diferentes pero
es eso mismo, lo que hace que podamos enriquecernos los unos de
los otros. Recuerda que el camino lo hacemos solos, es decir,
que nadie decidirá por ti y que has de ser tú la
que escriba su propia historia. ¿Cómo?, pues tienes
dos posibilidades, o quieres o no quieres, por eso, o bien te
decides a tomar la pluma o tal vez te conformes con hacer una
copia:
Toma la pluma
Una
de las tantas posibilidades puede ser ésta:
Toma la pluma y ponte a escribir... es decir,
encuentra un momento en el que puedas
disfrutar de un encuentro contigo mismo.
¡Toma la pluma y escribe tú...! Intenta
desvelar el misterio tomando una pluma
y un papel transparente, donde ojos
abiertos o cerrados, cualquiera que sea
su fondo, pueda transmitir el mensaje
de la búsqueda de una “locura”.
Haz una copia
Bueno...
es otra de las tantas posibilidades, pero recuerda que “hacer
copia” es igual que vivir a medias y esta forma de vivir
nunca te llevará a un encuentro profundo y real de ti,
sino a una ausencia de felicidad.
La vocación no es un sentimiento difuso, ni unas ganas
de hacer algo bello, la vocación pasa por la verdad, por
la entrega y por la renuncia. El juego al sí y al no, el
juego a la afirmación y a la duda, el juego hacia delante
y hacia atrás... no es seguridad de nada en el seguimiento
de Jesús.
La duda eterna, siempre lleva al “no” claro.
¡Pero claro! La barca... tiene que dejar a la persona libre,
sin amarras... eso es lo maravilloso, ¿no crees?.
Tú eres el protagonista
Mira,
te propongo algo, y es algo muy sencillo, búscate un momento
en el que sólo estés tú, un tiempo en el
que seas tú el protagonista. Búscate, encuéntrate,
valora... y fíjate, te lo pongo más fácil,
hazlo en un momento en el que te sientas tranquilo, en el que
desees otra cosa que no sea ruido y ajetreo. Sal en la noche,
mira al cielo y cuenta las estrellas... es algo que ya hizo Abraham
(Gn 15, 5). Levantar la vista al cielo, es algo más que
un simple gesto, es querer hacerlo, es anhelar algo que estás
buscando, es contraposición entre quién tiene un
corazón capaz de mirar en alto y quién por el contrario
permanece con el corazón duro. Cuando me levanto del sillón
para buscar un vaso de agua, no es simplemente porque me gusta,
sino porque lo necesito. Pues de igual modo, cuando realmente
necesitamos darle otro sentido a nuestra vida... buscamos el modo.
Toma la barca, sí, aquella que no tiene amarras, la que
te permite navegar según tu querer, puede ser una barca
sobre la mar serena o tal vez sea golpeada contra las rocas, también
podría ser una barca a la deriva o en mar abierto... pero
de todas formas será una barca en tempestad y bonanza a
la vez. Toma el timón de tu vida y escoge rumbo: norte
o sur, este u oeste... pero déjate llevar por las olas,
ellas te llevarán a tierra.
Ve a una convivencia
Nadie
ama lo que no conoce. Los retiros o convivencias vocacionales
son medios muy buenos para conocer de cerca y con más detalle
qué es y qué implica una posible vocación.
Te recomendamos que participes en algún retiro donde podrás
convivir con otros jóvenes de tu edad con las mismas inquietudes
que tú, conversar con Dios y ayudarte de algún sacerdote
para esclarecer tus dudas.
Pide consejo
Para
descubrir tu vocación, cualquiera que esta sea, es muy
bueno y recomendable contar con la ayuda de personas prudentes
y experimentadas que te puedan ofrecer algún buen consejo
y orientación (un sacerdote, una religiosa o religioso,
alguna persona de confianza y prudente que conozcas, etc...)
Un buen consejo de alguien que ha recorrido el camino te puede
ayudar mucho para que puedas tomar una mejor decisión vocacional.
Aquí podrás entrar en “contáctanos”
con algunas personas que están dispuestos a ayudarte y
a responder las consultas que les envíes.