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¿QUÉ ES LA HORA SANTA, LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA?

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 1 del Plan Pasar) (1º)

ADORACIÓN AL SANTISIMO (Núcleo 1 del Plan Pasar) (2º)

ADORACIÓN AL SANTISIMO (Núcleo 1 del Plan Pasar) (3º)

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 2 del Plan Pasar) (1º)

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 2 del Plan Pasar) (2º)

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 2 del Plan Pasar) (3º)

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (Núcleo 3 del Plan Pasar) (1º)

EL CIEGO BARTIMEO (Núcleo 3 del Plan Pasar) (2º)

LOS JÓVENES DISCÍPULOS DE EMAÚS (Núcleo 3 del Plan Pasar) (3º)

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 4 del Plan Pasar) (1º)

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 4 del Plan Pasar) (2º)

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 4 del Plan Pasar) (3º)

ADORACIÓN AL SANTISIMO (Núcleo 5 del Plan Pasar) (1º)

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 5 del Plan Pasar) (2º)

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 5 del Plan Pasar) (3º)

 

 

 

 



¿QUÉ ES LA HORA SANTA, LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA?

(Tom Hoopes)

El culto y la custodia de la Sagrada Eucaristía, independientemente de la Misa y la Santa Comunión, se remonta a los tiempos post-apostólicos. San Justino, escribiendo en su Apología, alrededor del año 150, dice que los diáconos fueron designados para llevar el Santísimo Sacramento a los que estaban ausentes en la liturgia. El joven San Tarsisius fue capturado y condenado a muerte en el ejercicio de llevar a los enfermos las especies consagradas en su persona.


"Así como el concepto de la santidad es múltiple, así también el concepto de adoración. Adoración, en primer lugar, es el acto más alto de la creación de culto. Se trata de dar a Dios lo que le pertenece a él solo, el único que es santo. Es la forma suprema de la reverencia, la gloria y el honor. Pero la adoración es también el intento de llegar, con la ayuda de la invitación de Dios y la gracia, a ser santos en la presencia de Dios. Así que ahora debemos considerar estos dos aspectos de la adoración: como un acto de reverencia a Dios, y como un medio de santificación para las personas."

"...Miles de personas dan testimonio de que una hora cada semana con Jesús en el Santísimo Sacramento es la más pacífica, la hora más satisfactoria de su semana". (FR. Robert Goedert, OP)

¿Cuál es la importancia de la Adoración Eucarística?

La adoración eucarística es el respeto y la adoración que le damos a Jesús, que está realmente presente para nosotros en virtud de la apariencia de pan y vino. La Eucaristía es un tesoro inestimable, no sólo por la celebración, sino también por venerarla y adorarla fuera de la Misa, nos abre la posibilidad de hacer contacto con la primavera de gracia. Como San Alfonso María de Ligorio ha señalado, "De todas las devociones, ésta de adorar a Jesús en el Santísimo Sacramento es la más grande después de los sacramentos, la más apreciada por Dios y la más útil para nosotros. "[CCC 1418]

¿Qué formas debe tomar esta adoración?

Mostramos nuestra adoración de muchas maneras. Comúnmente, la mayoría de los fieles adoramos al Santísimo Sacramento íntimamente en la Sagrada Comunión, cuando recibimos el cuerpo de Jesús en nuestra alma. Otra forma común y corriente es adorar a Jesús por genuflexión - es decir, de rodillas brevemente cada vez que pasamos delante del tabernáculo de una iglesia (véase Filipenses 2:10). Fuera de la Misa, la Iglesia nos da nuevas oportunidades. Es posible visitarlo en el Sagrario. Y también podemos adorarlo cuando el sacramento es llevado desde el tabernáculo hacia afuera. Esto comúnmente se llama "exposición". [CCC 1378]

¿Cuál es el propósito de la exposición del Santísimo Sacramento?

Hay tres motivos para la exposición eucarística: (1) reconocer la presencia de Cristo en el maravilloso sacramento, (2) llevarnos a una mayor participación en la celebración de la Eucaristía, que culmina en la Sagrada Comunión, y (3) fomentar la adoración que se debe a Cristo en espíritu y en verdad.

¿Qué condiciones son necesarias para la exposición adecuada del sacramento?

Los organizadores de esta devoción deben asegurarse de que haya un número adecuado de fieles presentes durante todo el tiempo de la exposición. La Iglesia nos pide también velas alrededor del sacramento, y nos permite el uso de incienso. El Santísimo Sacramento, no puede quedar expuesto sin al menos un presente adorador.

¿Cómo debemos orar durante la Adoración Eucarística?

Hay muchas maneras de rezar. Podemos meditar en silencio, dirigiendo la mirada a la sagrada hostia. Podemos hablar en silencio a Jesús con nuestra mente y corazón. También podemos confiar en las devociones y oraciones de la tradición católica, como la lectura de la Escritura, rezo del rosario, o las letanías. Cuando dos o más están reunidos ante el Sacramento, pueden rezar o cantar himnos juntos.

¿Cómo orar una Hora Santa?

Para orar una hora santa, todo lo que se necesita es un tabernáculo con una lámpara del santuario iluminado, una Biblia, o el Magnificat, o un salmo, o el catecismo de la Iglesia católica.

Reglas de tres: 1. Estar atento: Calla exterior e interiormente. 2. Estar alerta: No es una hora de lectura - los intervalos de las lecturas deben ser breves para poner en marcha su oración. 3. Estar despierto: Sentarse, pararse o arrodillarse con respeto. No ponerse en situación cómoda de dormir.

Sugerencia Minuto a Minuto sujeto a las modificaciones personales: (5 minutos): Ora al Espíritu Santo para recibir su ayuda, tal vez puedas usar un texto escrito para esto. Haz actos de fe, esperanza y caridad. Dile a Dios cuánto y por qué crees en él, le tienes confianza y lo amas. Puedes meditar usando los actos de fe, esperanza y caridad de algún devocionario. Pide más fe, esperanza y caridad. (10 minutos): Adora a Dios. Ora por ejemplo así: "Dios mío, yo adoro tu grandeza divina desde el fondo de mi ser, eres tan grande, y yo me siento muy pequeño". o "Gloria al Padre ..." Repetir el tiempo que sea necesario. O usa alguna oración de acción de gracias de un devocionario, O lee las Escrituras (Juan 1:1-18; Colosenses 1:15-20, Filipenses 2:6-11). (10 minutos): La contrición. Ora: "Jesús, ten misericordia de mí, pecador". Examina tu conciencia por medio de 1 Corintios 13:4-7, Colosenses 3:5-10, o cualquier examen de conciencia. O reza uno de los salmos penitenciales: 6, 32, 38, 51, 102 (esto no es para que lo hagas todo, sino para seleccionar algunas formas que más te satisfagan. (15 minutos): Medita. Ora: El Rosario o las Estaciones de la Cruz. O lee el Evangelio del día, o un breve pasaje de Mateo, Marcos, Lucas o Juan. O medita en un misterio de Cristo. (10 minutos): Da Gracias Ora: "Den gracias al Señor porque es bueno, su misericordia es para siempre". Da gracias a Jesús en forma específica: alimentos, vivienda, vestido, salud, familia, amigos, compañeros de trabajo, trabajo, cosas materiales, dones espirituales - fe, esperanza, amor. Da gracias a Dios por las respuestas recibidas en la oración y todas las circunstancias favorables, también por los sufrimientos. Da gracias por la creación y el cuidado por ti y los tuyos. (5 minutos): Reza: "Padre nuestro ..." Pide por la Iglesia, el Papa, los que sufren, los sacerdotes y obispos, los religiosos, las vocaciones, por tu país, tu familia, por los que más necesitan. Ora por la paz del mundo y la protección de las familias. Ora por los que te han pedido oraciones. (5 minutos): Haz un compromiso para actuar luego con la luz que haz recibido en esta hora de oración. Se específico y concreto. Pídele a la Santísima Virgen que te ayude, tal vez con una oración mariana.

Frailes Franciscanos de Marytown. Adoración Eucarística

Ofrecemos algunas ayudas para hacer una Hora Santa

I

La primera sugerencia es: dividir la Hora Santa en el transcurso de cuatro períodos de 15 minutos. Es fundamental tener tiempo suficiente para realmente visualizar los efectos en cada período. No continúes hasta que hayas hecho ese propósito concreto y claramente definido.

La segunda sugerencia es para ese período de los primeros 15 minutos: dedicas al ejercicio de fe de que está Jesús realmente presente en la Eucaristía. Por supuesto, tú sabes, dedícate a dar respuesta a esta realidad, pensar en ella hasta que haya en tu alma una expresión de asombro y admiración acerca de lo maravilloso de que Jesús está realmente, presente allí!.
Piensa en la maravilla de esta gran realidad: Cristo, el Dios-Hombre, está realmente presente con su divinidad, así como en su humanidad, cuerpo y alma en la Eucaristía. Incluso, substancialmente presente, la sustancia del pan y el vino convertidos en Cuerpo y Sangre de Cristo.

Trata de darte cuenta de que es diferente esta presencia de Cristo de la presencia de Dios en el mundo entero, o en nosotros por la gracia, o en la Iglesia, o en las palabras de las Sagradas Escrituras. Se trata de una sustancia única, sustancialmente diferente y especial de su presencia. Es el misterio de su presencia total en el gran misterio de su amor: la encarnación ahora transubstanciado. Esto no es sólo la presencia de Dios, sino la presencia de Dios como el Dios-Hombre a través de la sustancia del pan y el vino convertidos en Cuerpo y Sangre de Cristo.

Ten en cuenta que él es Dios: el Creador, Dios-hombre: nuestro Redentor, nuestro Salvador: Hermano, nuestro Señor y Rey.

Empuja tus pensamientos para buscar el significado de estas verdades y deja que tu alma descanse en la maravilla de su presencia amorosa aquí para ti. Calla y escucha, también, porque Dios quiere hablar a tu corazón.

Si quizás las palabras de admiración y asombro no vienen a ti, en palabras sencillas, oraciones y canciones de adoración y alabanza, normalmente se pueden encontrar en cualquier devocionario disponible en la mayoría de las iglesias. Sin embargo, es bueno confiar en ti mismo, y Dios te moverá para expresarte.

Estas palabras deben leerse despacio, con gran comprensión, profunda y siempre en relación con Cristo, presente: tú puedes dirigir tus alabanzas al que está realmente presente allí! No tengas prisa, pensando que tienes que terminar todos o alguno de estos himnos y oraciones. Recuerda que el mismo Cristo dijo: "al orar no multipliquen las palabras como hacen los paganos que piensan que por su mucho hablar serán escuchados..." (Mt 6, 7). Asegúrate de que expresan los pensamientos y deseos de tu propio corazón.

II

Una sugerencia para el segundo 15 minutos: dedica el tiempo a los pensamientos y las oraciones de acción de gracias a Dios, capta la maravilla de la realidad que está presente: Dios está con nosotros! el Emmanuel de la Navidad.

Reflexiona la realidad que tienes delante: Dios está con nosotros en esta especial forma, lo más sorprendente. Deja que las palabras de acción de gracias se levanten en tu alma, o simplemente da gracias a Dios por su presencia aquí de forma admirable. Agradece a Dios por el gran sacramento del sacerdocio y por las vocaciones por la que perpetúa su presencia en la Sagrada Eucaristía.

Imitando a la Santísima Virgen María que cuando se dio cuenta de que Cristo, el Mesías, estuvo presente en su interior, concebido por el poder del Espíritu Santo, estalló en un canto, así, si deseas puedes tomar las palabras del Magnificat y hacerlas tuyas en la de Jesús aquí. O también con Simeón estallar en aquella exclamación gozosa al tener a Jesús en sus brazos y contemplar al Salvador: "Ahora, Señor, puedes despedir a tu siervo en paz..." o leer las palabras de alegría de Zacarías cuando pudo volver a hablar proclamando las maravillas de la presencia de aquel que prepararía el camino del Señor. O utilizar el texto del Salmo 148.

También podrías tomar algún tiempo para recordar y agradecer a Dios por las bendiciones especiales y otras maravillas de Dios: tu familia, la vocación, la vida como regalo, la oportunidad de estar en su presencia, tus amigos, etc. agradece su amor por ti, por su ayuda en las pruebas y dificultades. Acepta que Dios te ama!

III

Una sugerencia para los próximos 15 minutos. Dedica este tiempo a la petición. En primer lugar, pide a Jesús que está presente en la Eucaristía por la gracia que Él te quiere dar, la gracia que quiere para ti: bendición de la redención y la salvación eterna. Piensa, por algún tiempo lo que eso significa. . . para ti, para cada miembro de tu familia, tus amigos, la gente de tu barrio y la parroquia, para toda la humanidad.

Piensa en lo maravilloso que sería si todos aceptasen la salvación y luego estar en el cielo por toda la eternidad! Ruega por eso! Pide el cumplimiento de la intención de Cristo, el cumplimiento de su mayor esperanza y el deseo y la razón principal de su venida. "Vengan a mí todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar." Para esto, sufrió la pasión, la agonía, la cruz y para esto resucitó y vive para siempre.

Ruega por las conversiones. Ora por las personas en particular por aquellas que están fuera de la Iglesia, por los que no creen.. Ora por los enfermos, los ancianos solos y los abandonados, los desalentados, los jóvenes, los no nacidos, por nuestro país, sus dirigentes. Ora por nuestro Santo Padre, y por todos los sacerdotes y religiosos para que influenciados por la gracia de Dios, puedan ser instrumentos eficaces en la Iglesia a favor del pueblo de Dios. Ora por las vocaciones sacerdotales, religiosas, misioneras y de laicos consagrados, para completar la obra de Cristo en el mundo. Ora para que tengas la gracia de conocer siempre la voluntad de Dios en tu propia vida. Ora por la paz en el mundo, por la paz de Dios en el corazón de todos.

IV

Dedicar los últimos 15 minutos de la Hora Santa a la Expiación. ¿Por qué la expiación? Una mirada hacia la propia conciencia y la conciencia del mundo te da la respuesta. Una simple ojeada a los titulares y ves los insultos, blasfemias, el desafío lanzado por el hombre al rostro de Dios. Estos te hará temblar a menos que tu corazón esté frío e indiferente. Las lesiones de hombre a hombre cuando en realidad Cristo pidió: "Ámense los unos a los otros". El caso omiso y deliberado de hacer a un lado los mandamientos de Dios, el respeto de la vida. Piensa en los pecados de la injusticia que claman al cielo, y todo tipo de mal que desafía la ira de Dios. También están las calumnias e insultos en contra de la virginidad y la Inmaculada Concepción de la Virgen. Hay gran necesidad de expiar los pecados de la indiferencia, la negativa a reconocer y obedecer al Santo Padre. Piensa y sabrás muchas, muchas más razones para la expiación y para pedir perdón y misericordia de Dios.

Es posible que desees expresar tus pensamientos de dolor por todos estos males "pecados" con un acto de contrición con las palabras de la liturgia: "Señor, ten piedad", el "Cordero de Dios" o el "himno Señor, yo no soy digno". En las letanías del Sagrado Corazón y la Letanía del Santo Nombre, encontrarás motivos de gran alcance y de inspiración para orar por el perdón y la misericordia. La letanía de la Virgen es muy apropiada, pidiéndole que en virtud de todos sus títulos de honor y el poder para "rezar por todos nosotros pidiendo perdón."

Una lenta y reflexiva oración personal que brote de tu corazón será muy bella durante cualquier fase de una Hora Santa. En la presencia de Cristo puedes recordar y considerar los acontecimientos de tu vida. Ponderar todas las cosas en tu corazón pidiendo que El sea tu guía y tu luz.

Otras sugerencias para Horas Santas

Las Horas Santas también se pueden hacer en casa, ya sea solo o con la familia. Puedes unirte con Jesús en el Santísimo Sacramento, en el Sagrario más cercano o en todos los sagrarios del mundo. Ten en cuenta la posibilidad de estar en la presencia de nuestro Señor en la Eucaristía, desde cualquier lugar, tal vez incluso desde un país no católico. Ora por los problemas y necesidades concretas tuyas, de tu familia, de tus conciudadanos y del mundo entero. Vas a encontrar mucha motivación e inspiración para la oración. Siéntete libre para elegir cualquiera de estas sugerencias. Tal vez incluso tu propia incapacidad o renuencia a orar puede ser una razón para la oración.

Los ancianos, enfermos y discapacitados se los puede invitar a hacer una Hora Santa de oración allí mismo, en su cama, silla, o en el hogar o en el hospital o donde sea. Deben unir sus sufrimientos con Jesús crucificado y con él expiar los pecados del mundo. Sus sufrimientos puede convertirse en bendiciones para sí mismos y para muchos.

Jesús te dice:

"Vengan a Mí, todos los que están afligidos y agobiados"

(le respondo a Jesús.......
"Yo soy el camino, la Verdad y la Vida"
(le respondo a Jesús.......
"Yo soy el pan de vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre"
(le respondo a Jesús.......
"Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia "
(le respondo a Jesús.......
"Yo soy el pan vivo bajado del cielo; todo el que coma de este pan vivirá eternamente"
(le respondo a Jesús.......
"Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida"
(le respondo a Jesús.......
"Yo soy el buen pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mi... y doy mi vida por las ovejas"
(le respondo a Jesús.......

Himno eucarístico

(Lee despacio, tratando que tu corazón le diga estas frases a Jesús presente en la Eucaristía, si alguna expresión enciende tu corazón, vuelve a decirla con esas palabras u otras que te surjan, no te apures, y recién después continúa)

1-Gloria a ti, carne gloriosa
gloria a ti, sangre preciosa
del príncipe universal y
del místico Cordero,
rescate del mundo entero,
don de Madre virginal
2-Hijo de Madre Divina
nos dio el don de su doctrina,
sus palabras y su ser;
cuando terminó su vida,
nos dio su carne en comida,
nos dio su sangre a beber.
3- Con los suyos en la Cena
comió el cordero que ordena
Antiguo Rito pascual;
Se dio con sus propias manos
en comida a sus hermanos
Y en bebida espiritual
4-Su palabra misteriosa
torne el pan carne gloriosa
y el vino sangre de amor;
lo que al ojo se le encubre
la sola fe lo descubre
y da fuerza el corazón.
5-Gloria al sacro pan y vino,
gloria y honor al divino
sacramento del altar;
cese ya la alianza antigua,
el Plan de amor atestigua
que Dios se nos dio en manjar.
6- Al divino sacramento,
al angélico sustento
rindamos adoración;
gloria al Padre de esplendores
y al Espíritu de amores,
por su gracia y galardón. Amén.

Comunión Espiritual


Creo, Jesús mío, que estás presente en el santísimo Sacramento del Altar; te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma; pero ya no puedo hacerlo ahora sacramentalmente, ven, a lo menos espiritualmente, a mi corazón.
Y como si ya hubiese venido te abrazo y me uno todo a ti. No permitas que jamás me aparte de ti. Amén.


Acción de Gracias

Si conoces algún canto de alabanza a Jesús, cántalo (por ejemplo "Hoy quiero ensalzarte, Salvador del mundo" u otro)

Le damos gracias a Jesús:
Te damos gracias ,Señor, porque nos das la vida en abundancia en tu Palabra y en la Eucaristía.
Te damos gracias ,Señor, porque quisiste permanecer con nosotros en la humildad del pan y del vino
Te damos gracias ,Señor, porque..( agrega todos los motivos que tengas para dar gracias a Dios...)

Oración (de San Alfonso)

Señor mío Jesucristo, que por amor a los hombres estás día y noche en este sacramento, lleno de
misericordia y amor, esperando, llamando y acogiendo a cuantos vienen a visitarte. Creo que estás presente en el santísimo sacramento el Altar; te adoro ahí desde el abismo de mi nada; te doy gracias por todos los beneficios que me has hecho, y especialmente por haberte dado todo a mí en este sacramento, y por abogada a María, tu madre santísima, y por haberme llamado a visitarte en este lugar santo.

Saludo hoy a tu amantísimo Corazón y es mi intención saludarlo por tres fines: el primero, para darte gracias por tan insigne don; el segundo ,para reparar las injurias que has recibido en este sacramento; y tercero, para adorarte desde aquí en esta visita, en todos los lugares de la tierra donde estés sacramentado.

Jesús mío, te amo con todo mi corazón. Me arrepiento de haber ofendido tantas veces en mi vida pasada, a tu bondad infinita. Propongo mediante tu gracia no ofenderte más en adelante, y ahora me consagro enteramente a ti, renuncio a mi voluntad, a mis afectos, a mis deseos, a todo lo que me pertenece, y te hago de ello donación. En adelante, haz de mí y de todas mis cosas cuanto te plazca.

No te pido ni quiero otra cosa que tu santo amor, la perseverancia final y el perfecto cumplimiento de tu voluntad. te encomiendo las lamas benditas del purgatorio y en particular las más devotas del Santísimo sacramento y de María. Te encomiendo también todos los pobres pecadores. Pon fin, oh salvador amantísimo, uno todos mis afectos a los de tu amorosísimo Corazón, y así unidos los ofrezco a tu Padre, pidiéndole en tu nombre se digne aceptarlos y oiga mis súplicas por amor tuyo. Amén.

Oración

"¡Señor nuestro Sacramentado! Míranos aquí en tu presencia. Venimos a bendecirte y alabarte en unión con los ángeles que te rodean Hostia Divina.

Venimos a consagrarte esta Hora Santa, gozándonos de estar aquí, en tu compañía, a gustar de tu amistad y a conversar contigo, que tienes palabras de vida eterna.

Sí, Dios nuestro. Quisiéramos contemplarte a través de esa Hostia Santa con el tierno afecto con que te miraba tu Madre: con aquella devoción con que te seguían tus discípulos.

Nos sentimos felices de hallarnos junto a Ti, y queremos aprovechar todos los momentos de esta Hora Santa para hacerte compañía, ya que tu presencia nos llena de paz. Concédenos, Jesús, no dormirnos, como se durmieron tus apóstoles la noche de tu agonía en el Huerto de los Olivos.

Míranos, Señor; somos tus hijos, a quienes tantas veces has alimentado con tu mismo Cuerpo y Sangre.
¡Señor! Vuelve hacia nosotros tus ojos misericordiosos; pon en nuestros pensamientos un rayo de la luz de tu Rostro, y en nuestros corazones una centella siquiera del fuego que abrasa tu dulce Corazón.

Concédenos, Jesús, sentir hondamente la verdad de aquellas palabras del Profeta: "es mejor una hora en tu Casa, que mil años en compañía de los malvados".

Invitación (Santo Cura de Ars)

"¡Qué consoladores y suaves son los momentos pasados con este Dios de bondad! ¿Estas dominado por la tristeza? Ven un momento a echarte a sus pies, y quedarás consolado. ¿Eres despreciado por alguien? Ven aquí, y hallarás un amigo que jamás quebrantará la fidelidad.¿Te sientes tentado? aquí es donde vas a hallar las armas mas seguras para vencer a tu enemigo. ¿Temes el juicio de Dios? Aprovecha del tiempo en que tu Dios es Dios de misericordia y en que tan fácil es conseguir el perdón. ¿Estás oprimido por la pobreza? Ven aquí, donde hallarás a un Dios inmensamente rico, que te dirá que todos sus bienes son tuyos, no en este mundo sino en el otro". (Santo Cura de Ars, Sermón sobre el Corpus Christi).


Preguntas Frecuentes acerca de la adoración eucarística

1. ¿Qué tipos de adoración eucarística existen y se pueden realizar?

a) Una simple, devota, breve visita a Jesús en el Santísimo Sacramento.

b) En una entidad privada o pública (en grupo) "Hora Santa ya sea en la iglesia o en el hogar

c) Un tradicional lapso de cuarenta horas de adoración en la parroquia.

d) Una exposición del Santísimo Sacramento con un buen número de personas y tal vez con procesión y otras devociones.

e) Vigilia nocturna de Adoración Eucarística a partir de la noche terminando con la Misa de la mañana

f) Algunas parroquias organizan un programa de adoración continua con presencia de fieles en la iglesia cada hora, día y noche, llamada adoración perpetua.

2. ¿Qué es la adoración eucarística?

La adoración eucarística es el reconocimiento y el honor de esta presencia especial de Cristo en la Eucaristía.

Juan Pablo II

Fuera de la celebración eucarística, la Iglesia es cuidadosa para venerar al Santísimo Sacramento, que debe ser reservado ... como el centro espiritual de la comunidad religiosa y parroquial "(Pablo VI, Mysterium fidei, n. 68). La contemplación prolonga la Comunión y le permite a uno encontrar a Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, de una manera duradera, a dejarse ver por él y experimentar su presencia. Cuando contemplamos lo presente en el Santísimo Sacramento del altar, Cristo se acerca a nosotros y se vuelve más íntimo a nosotros que nosotros a nosotros mismos. nos concede una parte de su vida divina en una unión transformadora y, en el Espíritu, nos da acceso al Padre, como él mismo dijo a Felipe: "El que ha visto a mí ha visto al Padre" (Jn 14:9). Permanecer en silencio ante el Santísimo Sacramento, Cristo realmente presente, nos descubre, a quien adoramos y con quien estamos en contacto. Sin embargo, no es a través de los sentidos, que lo percibimos y estamos cerca de El. Bajo las apariencias del pan y el vino, es la fe y el amor que nos lleva a reconocer al Señor, el que nos comunica plenamente "las bendiciones de la Redención, que logró, él, el Maestro, el Buen Pastor, el más agradable Mediador ante Padre "(León XIII, caritatis Mirae).

En honor al Santísimo Sacramento, también ofrecemos una profunda acción de gracias al Padre, en su Hijo, que visitó y redimido a su pueblo. A través del sacrificio de la cruz Jesús dio su vida al mundo y nos hizo sus hijos adoptivos, a su imagen, estableciendo una relación particularmente íntima que nos permite llamar a Dios por el hermoso nombre de Padre. Como la Escritura nos recuerda, Jesús pasó noches en oración, especialmente en los momentos en que tenía que tomar decisiones importantes. En la oración, por un acto de confianza filial y a imitación de su Señor y Maestro, el cristiano abre su corazón y sus manos para recibir el don de Dios y darle las gracias por la redención obrada en Jesús.

Al conversar con Cristo, apoyado en su pecho como su discípulo predilecto, podemos sentir el amor infinito de su Corazón. Aprendemos a conocer más profundamente a Aquel que se entregó totalmente, en los diferentes misterios de su vida divina y humana, con el fin de llegar a ser discípulos y, a su vez entrar en este gran acto de anunciar, para la gloria de Dios y la salvación de el mundo. "Seguir a Cristo no es una imitación externa, porque afecta al hombre en lo más profundo de su ser" esplendor (Veritatis, n. 21). Estamos llamados a aprender de él, a dejar que el Espíritu actúe en nosotros a fin de llevar a cabo la misión que se nos confía. En particular, el amor de Cristo nos impulsa a trabajar constantemente por la unidad de su Iglesia, a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra, para servir a los hombres, "nosotros, que somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan" (1 Cor. 10:17): tal es la Buena Noticia que alegra el corazón del hombre y le indica que está llamado a participar en la vida eterna con Dios. El misterio eucarístico es la fuente, el centro y la cumbre espiritual de la Iglesia y de su actividad misionera y caritativa. (cf. Presbyterorum Ordinis, n. 6).

La cercanía a Cristo en el silencio y la contemplación no nos aleja de nuestros contemporáneos, sino, por el contrario, hace que estemos atentos y abiertos a la alegría y el sufrimiento humano y amplía nuestro corazón a una escala global. Nos une con nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo. A través de la adoración, el cristiano contribuye misteriosamente a la transformación radical del mundo y la siembra del Evangelio. Cualquier persona que ora al Salvador atrae a todo el mundo hacia El y lo eleva a Dios.

Animo a los sacerdotes a revivir la memoria de su ordenación sacerdotal, por el que Cristo los llamó a participar de una manera particular en el sacerdocio de su único Hijo, especialmente en la celebración del sacrificio eucarístico y en la construcción de su místico Cuerpo que es la Iglesia.

"Cuando los fieles adoran a Cristo presente en el sacramento, deben recordar que su presencia se deriva del sacrificio y se dirige hacia el sacramento espiritual de la comunión" . Por lo tanto, animo a los cristianos a visitar regularmente a Cristo presente en el Santísimo Sacramento del altar, pues todos estamos llamados a vivir en la presencia de Dios, gracias a él que está con nosotros hasta el fin del tiempo. En la contemplación, los cristianos perciben cada vez más profundamente el misterio pascual, está en el corazón de toda la vida cristiana. Esta práctica conduce a que se unan más intensamente en el misterio pascual y hacer del sacrificio eucarístico, el regalo perfecto, el centro de su vida de acuerdo con su vocación específica, porque "confiere una dignidad incomparable al pueblo cristiano" (Pablo VI, Mysterium fidei, n. 67), de hecho, durante la Eucaristía, recibimos su perdón, nos alimentamos de su palabra y su pan, y luego somos enviados a la misión en el mundo, por lo que cada uno es llamado a dar testimonio de lo que ha recibido para que hagan lo mismo con sus hermanos. Los fieles han de fortalecer su esperanza al descubrir que con el sufrimiento de Cristo y el propio sufrimiento se puede transformar la existencia pasando de la muerte a la vida. Como resultado, cuando se ofrecen al Señor de la historia la propia vida, el trabajo y toda la creación, los días son iluminados por él.

Insto a los sacerdotes, religiosos y laicos a continuar y redoblando sus esfuerzos para enseñar a las generaciones más jóvenes el sentido y el valor de la adoración eucarística. ¿Cómo los jóvenes podrán conocer al Señor si no se introducen en el misterio de su presencia? Al igual que el joven Samuel, aprendiendo las palabras de la oración del corazón, que estará más cerca del Señor, que les acompañará en su crecimiento espiritual y humano, y en el testimonio misionero que deben dar en su vida. El misterio eucarístico es de hecho la "cumbre de la evangelización" (Lumen gentium, n. 28), ya que es el testimonio más eminente de la Resurrección de Cristo. Toda la vida interior necesita silencio e intimidad con Cristo, a fin de desarrollarse armoniosamente. Esta familiaridad gradual con el Señor permitirá a algunos jóvenes participar en calidad de acólitos y tomar un papel más activo en la misa, y aún los niños pequeños, al estar cerca del altar es también una oportunidad privilegiada de escuchar la llamada de Cristo a seguirlo más radicalmente en el ministerio sacerdotal.

Señor Jesús: (Juan Pablo II)

Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos.
«Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios» (Jn. 6,69).

Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres.

Aumenta nuestra FE.

Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido al tuyo.

Contigo ya podemos decir: Padre nuestro.

Siguiéndote a ti, «camino, verdad y vida», queremos penetrar en el aparente «silencio» y «ausencia» de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del Padre que nos dice: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia: Escuchadlo» (Mt. 17,5).

Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar y social.

Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo.

Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives «siempre intercediendo por nosotros» (Heb. 7,25).

Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.

Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el fin de todo.

Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.

Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres.

Quisiéramos decir como San Pablo: «Mi vida es Cristo» (Flp. 1,21).

Nuestra vida no tiene sentido sin ti.

Queremos aprender a «estar con quien sabemos nos ama», porque «con tan buen amigo presente todo se puede sufrir». En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque en la oración «el amor es el que habla» (Sta. Teresa).

Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.

CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: «Quedaos aquí y velad conmigo» (Mt. 26,38).

Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio de amigo y con una presencia de donación.

El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos «gemidos inenarrables» (Rom. 8,26) que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu amor y tu palabra.

En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos la consolación.

Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o «misterio». Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el «misterio» de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la contemplación.

Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR.

Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre.

Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe meditar adorando y amando tu Palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos. Amén.

Origen de la Hora Santa

La devoción de la HORA SANTA tuvo su origen en la oración que Jesús hizo en Getsemaní, la víspera de su muerte en la noche del Jueves al Viernes Santo. Consiste en pasar una hora entera en oración, de las once a las doce de la noche de ese día todas las semanas. Su institución se debe a Nuestro Señor mismo, que la pidió a su fiel sierva Sta. Margarita María en estos términos: “Todas las noches del Jueves al Viernes, te haré participante de aquella mortal tristeza que quise sentir en el huerto de los Olivos… Y para acompañarme en la humilde oración que presenté entonces a mi Padre, te levantarás entre once y doce de la noche, y prosternada pegando el rostro con la tierra, tanto para aplacar la ira divina, pidiendo gracia para los pecadores, como para endulzar de alguna manera la amargura que sentí por el abandono de mis Apóstoles, el cual me movió a reprenderlos, por no haber podido velar una hora conmigo”. Resulta, pues, de estas palabras que la Hora Santa es una de las prácticas más queridas del Corazón de Jesús.

Tiene por objeto consolarle de la ingratitud de los hombres, reparar las ofensas de los pecadores, obtener gracias particulares para los agonizantes, para las personas afligidas; y en fin, animarnos a una viva contrición. Se puede hacer la Hora Santa delante del Santísimo Sacramento, o transportándose en espíritu al pie de un Tabernáculo. No hay señalado para emplear devotamente la Hora Santa, ninguna meditación particular; pero las palabras de Nuestro Señor, indican que conviene meditar su dolorosa agonía sus profundas humillaciones, y su amor pagado con tantas ingratitudes; así como pedir por el perdón de nuestros pecados, y por los que se han cometido a través de los siglos.



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“...eran tantos los que iban y venían, que no les dejaba tiempo ni para comer”(Mc.6,31)


ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 1 del Plan Pasar) (1º)

Esquema de oración para una hora de adoración al Santísimo rezando con el núcleo 1 del Plan pasar sobre la necesidad de llevar un estilo de vida religiosa que priorice el SER sobre el HACER, de manera que el trabajo no impida una vida de auténtica espiritualidad.

Canto…..

1. Reza en silencio la siguiente oración deteniéndote en la o las frases que más te lleguen al corazón.


Jesús Maestro de oración

Jesús Maestro: Cuántas veces, de madrugada,
te retirabas a un lugar tranquilo,
para rezar en soledad acompañada,
profundo diálogo con el Padre, para conocer su voluntad
y ofrecerle tu vida en marcha. Siempre dedicaste un tiempo a la oración.


Luego de muchas jornadas de predicación, enseñanza,
y milagros de vida nueva,
te observamos, en silencio, apartándote un momento,
para entrar en comunión con el Padre,
en la cotidiana charla de oración.

Antes de curar enfermos y de realizar los signos de la vida del Reino,
te diriges, espontáneo, al Padre, para pedirle fuerzas y su presencia liberadora.
Te sorprendes al descubrir la acción de Dios en los pequeños y humildes;
al ver el Reino que crece, como semilla de mostaza, en medio de nosotros,
y alabas con alegría a Dios, dándole gracias por su Amor concreto, visible, transformador.
Nos alientas a ser perseverantes en la oración,
a ser humildes, a confiar en Dios
que escucha y concede, a quienes piden con perseverancia e insistencia.
Cerca de la muerte, te preparas para la entrega. Rezas, sufres y te ofreces al Padre.
Jesús maestro, nos enseñas que la oración
es parte de la vida y que la vida se vuelve oración, si nos confiamos a Dios como Padre,
y le charlamos nuestras cosas, nuestras certezas y dudas, nuestros desafíos y flaquezas.
Nos enseñas a buscar su voluntad en la oración diaria.

Jesús, maestro, enséñanos a orar,
y ayúdanos a encontrar la voluntad de Dios y hacerla vida en nosotras.

2. Haz tu propia oración a ejemplo de Jesús…..

3. Necesitamos volver siempre a Jesús para llenarnos de su Espíritu, de su Amor… Lee el texto del EVANGELIO DE MARCOS (6,30-34).

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces, Él les dijo: vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaba tiempo ni para comer.
Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.
Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.


La explicación que sigue te puede servir para tu oración personal con la Palabra:

En la intimidad con Él, puede descansar el discípulo, puede confrontar lo realizado y puede encontrar nuevas fuerzas para seguir el camino. Este retorno para estar a solas con el Señor, es un aspecto de gran importancia para la vitalidad de la religiosa y para la calidad del servicio.


Volverse a Jesús es retornar a la fuente de donde mana la vida, de donde fluye la esperanza y donde la alegría por el trabajo realizado, se convierte en manantial permanente. Es Jesús, quien ha enviado al discípulo, encomendándole lo que es de su entera propiedad: la Misión. Por eso será Jesús el que mejor sabrá escuchar y valorar lo que se ha hecho.

Señor, enséñame a unir con fidelidad creativa oración-trabajo, mística-servicio.
Que viva siempre desde Dios y siempre para los demás.

(Si te ayuda, puedes decir varias veces esta petición)

4. Contémplalo a Jesús en la Eucaristía…

“Hoy el mundo necesita más que nunca de una vuelta
a la contemplación...
El verdadero profeta de la Iglesia del futuro será aquel
que venga del ‘desierto’
como Moisés, Elías, el Bautista, Pablo y sobre todo Jesús,
cargados de mística y con ese brillo especial que sólo tienen
las mujeres y los hombres acostumbradas y acostumbrados
a hablar con Dios cara a cara. (A. Hortelano)

El contemplativo trabaja, lee, pasea, viaja, hace compras, reza, visita a sus amigos, etc. Más en el centro de todas sus actividades está siempre aquel sentimiento precioso de íntima unión con su Amado. (Pedro Finkler).



ContemPlando a Cristo, crucificado y resucitado se dilatarán los horizontes de tu entrega a los niños, a los jóvenes, a los pobres, a los enfermos, a los ancianos y a cuantos se encuentren en las más grandes necesidades materiales y espirituales…

Adora en silencio a Jesús Eucarístico…..
Da gracias…..

Canto final…

 

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ADORACIÓN AL SANTISIMO (Núcleo 1 del Plan Pasar) (2º)




Cristo nos pone en guardia ante el mucho hacer y el poco ser...
Propuesta de una hora de oración para buscar un estilo de vida religiosa que priorice el SER sobre el HACER, y que nos haga vivir en plenitud la consagración como personas y como discípulas misioneras.


1.- Introducción:

Me pongo en presencia de Dios, con un corazón arrepentido para ello puedo cantar o hacer silencio para concentrarme en el Misterio de la presencia de Jesús en la Eucaristía.

Oración: Señor me arrodillo ante ti reconociendo tu presencia real en el Santísimo Sacramento. Te agradezco inmensamente tu presencia conmigo y la fe que me has dado. Vengo a tu altar para buscar plenitud de vida, de amor, de entrega y estoy en busca de tu corazón, me abandono en los brazos de tu infinita misericordia porque comprendo que fuera de ti no se halla paz para el alma, solo Tú sabes amar, perdonar y dar vida verdadera. Amén.

2.- Lectura de la Palabra de Dios:

Lucas 10, 38-42: “En aquel tiempo, entró Jesús en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

(Silencio meditativo – adoración)
Salmo 91: “ vivan en la plenitud del Señor” (o cantar otro salmo)


Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca;

Amo al Señor, porque escucha el clamor de mi oración.

Inclinó hacia mí su oído, cuando lo llamé.

Nuestro Dios está lleno de ternura, estaba yo sin fuerzas y me salvó.

Alma mía, retoma tu descanso, porque el Señor cuida bien de ti,

Ha librado mis ojos de las lágrimas y mis pies de andar tropezando

Tú fuiste, oh mi Señor, para mí un refugio a lo largo de mi historia.

Enséñame a ver lo que es la vida, para que tenga un corazón pleno frente a ella.

Lléname de tu amor por la mañana, para que así viva todo el tiempo alegre y dichoso.

3.- Reflexión:

En la presencia sacramental de Jesús, medito y reflexiono sobre la Palabra que acabo de leer. Quiero contemplar al Señor, quiero estar con Él. Cristo se ha hecho visible, asumiendo mi condición humana; el Verbo de Vida ha puesto su morada junto a mi. Quiero contemplar de manera especial a Jesús realmente presente en el misterio eucarístico, es ahí donde me encuentro diariamente con ese Jesús, Dios y hombre verdadero. Necesito hacer la experiencia directa del Señor en la intimidad de la oración; crecer en el amor a Jesucristo y convertirme en testigo que anuncie valientemente la verdad, para ayudar a los demás en el camino de la fe. Por esta contemplación eucarística llegaré a fortalecer la unidad conmigo mismo, la comunión con quienes formo la misma familia, en mi comunidad, en mi provincia, en mi trabajo y en mi iglesia local.

«Marta, Marta, por qué te preocupas y te afanas por tantas cosas?. Pocas son necesarias, o más bien solo una». Como persona soy una unidad de cuerpo y espíritu. El componente místico y el componente práctico son inseparables en mi. Tengo que favorecer un armonioso equilibrio de toda mi persona con el fin de construir, vivir y anunciar el Reino, que es Reino de Unidad y de amor. Mi comunidad sólo puede refundarse sobre convicciones profundas humanas y divinas equilibradas y específicamente evangélicas en un grupo de seguidoras de Jesús que experimentemos la fe, la reconciliación y la misión común. Mi vida religiosa debe garantizarme, espacios privados donde pueda descansar, orar, reflexionar, llorar.

Debemos recuperar los espacios comunitarios que han sido invadidos por situaciones ajenas a la vida consagrada, recuperar los sanos rituales que nos aportan armonía y belleza y favorecen una vida equilibrada. Pertenecen a la misma esfera de mi persona, el trabajo, el descanso, el estudio, la oración, la comunicación mutua, etc.

El evangelio de hoy me presenta a una mujer atareada con los quehaceres de la casa, metida en muchos problemas, sin importarle quién está dentro de ella. Se pierde la dicha de vivir unos momentos increíbles al lado del Maestro de las gentes, no se da cuenta de la importancia que tiene el escuchar. Cristo me pone en guardia ante el mucho del hacer y el poco sentido del ser.

Cuando leo este pasaje qué surge en mi corazón? Siento cierta inevitable sensación de culpa?. Me gustaría ser como María, pero la presión de la vida me lleva a ser más como Marta?. Eso no quita que admire a María, ella representa el ideal al cual me gustaría arribar, desligarme de las interminables tareas de cada día para sentarme, a los pies de Cristo. La imagen de María debería animarme si soy hiperactiva, a que intente reducir la intensidad de mis actividades para que pase más tiempo con el Señor. El problema es que mis mejores esfuerzos nunca parecen lograr el escurridizo equilibrio que tanto anhelo. En la intimidad de mi corazón, quizás considero a María desentendida de obligaciones que no se pueden ignorar. Entiendo el fastidio de Marta. Ella escogió una actividad menos «espiritual» que estar sentada a los pies de Cristo, pues... ¡alguien tenía que ocuparse de la comida! ¿O no? Yo también llevo una Marta en mi corazón que me recuerda, a cada rato, que no me olvide de la familia, que no desatienda el trabajo, que asista a cuantas reuniones pueda, que realice las llamadas y escriba los correos que tengo pendientes. En fin, Marta no admite que existan momentos quietos, porque es tanto lo que aún queda por hacer.

No se trata de elegir: El llamado de Jesús sin embargo, consiste simplemente en lograr invitarme a un mayor equilibrio entre las responsabilidades de cada día y los momentos dedicados a buscar la presencia de Dios. Esto es, precisamente, lo que Jesús me quiere enseñar. El problema es que mis mejores esfuerzos nunca parecen lograr el escurridizo equilibrio que tanto anhelo.

(Silencio orante - adoración)

4.- Orar con Preguntas

a) ¿Cómo cuido mi persona consagrada en el cuerpo, psiquis y espíritu?

b) ¿Busco un sano equilibrio y armonía entre el trabajo pastoral, el estudio, la oración, el descanso, la vida comunitaria, la formación permanente, la lectura?

c) ¿Puedo decir que mi vida es la de una consagrada a Dios y a mis hermanos? ¿Se nota en la realidad?

d) ¿Vivo sobre-exigida, con síntomas de desgaste, agotamiento, estrés, enfermedad, cansancio, decaimiento, desgano, angustia?

e) ¿Habitan en mí la paz, la serenidad, la alegría profunda, la armonía, el equilibrio? ¿Lo transmito en mis gestos, palabras, actitudes?

f) ¿Qué voy a hacer? ¿A qué me comprometo?

(Silencio-adoración-compromiso)

5.- Preces comunitarias:

Jesucristo ha querido permanecer entre nosotros en el Sacramento del amor; nosotros, que estamos ante su presencia, supliquémosle de todo corazón:

Cristo, Maestro y Salvador del hombre... Danos la gracia de una profunda comunión contigo y con tu Iglesia

Cristo, Mesías enviado al mundo... Ayúdanos a buscar la unidad fundamental, el equilibrio y la armonía en nuestra persona

Cristo, Fuente de la divina sabiduría... Líbranos del activismo, de la dispersión, de la huída de nosotros mismos

Cristo, Buena Noticia para el pobre... Enriquécenos con la excelencia de la comunión entre la oración y de la acción

Cristo, Médico de los enfermos... Sana nuestras tristezas profundas, nuestros resentimientos, nuestras heridas ocultas, nuestros dolores reprimidos.

Cristo, Palabra de verdad... Armoniza el torrente de nuestras palabras cotidianas a fin de que sean coherentes, mansas y sanadoras.

Cristo, Luz de la gracia... Inunda de brillante Luz nuestro interior y exterior para que seamos lámpara que alumbre y alegre a cuantos nos rodean

Cristo, Pan bajado del Cielo... Alimenta nuestras vidas, fortalece nuestra voluntad, haznos más fraternos y solidarios con nuestros hermanos y hermanas.

Cristo, Misterio Pascual... Danos una fe firme y esperanza segura para exclamar siempre que estás vivo junto a nosotros

Cristo, Muerto y resucitado por nosotros... Ayúdanos a aceptar en cada uno de nosotros la salvación que nos ofreces para ser felices y tener vida en abundancia.

Cristo, Sacramento de nuestra fe... Danos la capacidad de buscarte, adorarte y unirnos a Ti en la Eucaristía

Cristo, Presencia permanente entre nosotros... Inspíranos la gracia de valorarnos como personas creadas y redimidas por Ti, profundamente amadas y elevadas a la dignidad de hijos de Dios y hermanos tuyos.

6.- Oración final:

Ilumínanos, Señor, con la luz de la fe y enciende nuestros corazones con el fuego de tu amor, para aceptemos que Cristo, nuestro Dios y Señor, está realmente presente en este Sacramento y lo adoremos verdaderamente, con amor y con fe. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
7.- Canto final


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ADORACIÓN AL SANTISIMO (Núcleo 1 del Plan Pasar) (3º)

Propuesta de una hora de oración para buscar un estilo de vida religiosa que priorice el SER sobre el HACER, y que nos haga vivir en plenitud la consagración como personas y como discípulas misioneras.

1.- Oración - Canto

Señor, Padre Santo, que en Jesucristo, tu Hijo, presente realmente en la Eucaristía, nos das la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo, y la vida verdadera que nos llena de alegría; te pedimos que concedas a tu pueblo que peregrina al inicio del tercer milenio, ser fortalecido en este banquete Sagrado, ser en Cristo luz en las tinieblas, viviendo íntimamente unido a Él que es la vida. Que la presencia de María, Madre del verdadero Dios, por quien vivimos, nos sostenga y acompañe siempre. Amén.

(Silencio-Adoración-presentación de intenciones)

2.- María y Marta (Lucas 10:38-42)

“¡Jesús viene! ¡Jesús viene!” Probablemente María gritó cuando ella vino corriendo a la casa donde Marta estaba trabajando. María y Marta eran hermanas que vivían en el pueblo de Betania con su hermano Lázaro. Ellas tenían muchos amigos, pero Jesús era un amigo especial. Marta probablemente dijo, “Ven y ayúdame a preparar las cosas.” María y Marta compartían el trabajo de arreglar y limpiar su casa. Pero, esta vez, María estaría tan feliz que no podría dejar de estar cerca de Jesús oyéndolo. Él había enseñado y predicado en muchos lugares. María, pensaba seguramente que se sentaría y escucharía a Jesús sin importarle nada más, hasta bien tarde. Finalmente, Jesús llegó. María y Marta fueron a la puerta para darle la bienvenida. María estaba tan interesada que dejó su trabajo cuando Jesús vino. Ella se sentó cerca de él y lo estaba escuchando. Marta estaba ocupada trayendo comida a todos y seguro se cansó de estar sirviendo a los huéspedes ella sola, así que empezó a quejarse con Jesús, “¿Señor, no te importa que mi hermana me deje sola con los quehaceres de la casa? ¡Dile que venga a ayudarme!” Jesús contestó, “Marta, Marta, te preocupas acerca de tantas cosas. Lo que María está oyendo es más importante para ella que cualquier otra cosa. Ella ha escogido la cosa justa y no se le quitará.” Marta se enojó que María estuviera sentada y escuchando mientras ella cocinaba y servía. Jesús no dijo a Marta que hacer los trabajos de la casa, o atender a los huéspedes no era importante. Él estaba tratando de explicar que no debería comparar sus acciones con las de su hermana.

(Silencio-adoración-reflexión) Canto...

3.- Oración con preguntas...

Hoy yo estoy a los pies de Jesús como María...Qué puedo escuchar de El, qué le digo?.¿Me plenifica su presencia?..
¿Cómo armonizo el trabajo y la vida espiritual, estoy dividido en mi ser y en el hacer?
¿Estoy unido siempre a Él, o me inquieto en mil preocupaciones y quehaceres?
Jesús vive en mi casa, ¿lo busco, me acerco para estar con Él, me hago el tiempo?

4.- Reflexión ante Jesús Sacramentado

Marta es una mujer responsable que está en los detalles y se ocupa de algo necesario que alguien tiene que hacer: atender a las visitas. Es en medio de esta actividad cuando una inquietud empieza a dibujarse en su interior. Primero sería una mirada furtiva a su hermana.; poco a poco iría juzgándola con severidad creciente. Pero a Marta se le está pasando por alto la idea de que su actividad es un servicio que permite a los demás gozar de la compañía y de las palabras del Maestro.
La respuesta de Jesús: “Marta, Marta.”, ¡cuanto cariño hay en la repetición de este nombre!. “Mujer, calma”. “En verdad, una sola cosa es necesaria”.
Cosas importantes hay muchas en la vida, y Marta estaba haciendo una de ellas: procurar servir. Pero conviene tener bien claro el orden de los valores, trabajar de una manera distinta, con una paz, respaldada por la oración, entonces “No le será quitada la mejor parte”.
¿A quién necesitamos más: a la espiritual o a la práctica?. María y Marta ven el mundo desde lugares diferentes. María es espiritual, y Marta es práctica. María es la eterna idealista y Marta es la terrenal realista. Necesitamos las dos realidades para construir un ser completo, espiritual y caritativo al mismo tiempo. María representa la actitud contemplativa, mientras que Marta representa la actitud activa. Ambas actitudes se reúnen en la persona de Jesús. En Él, no están separados el ser del hacer, pero el objeto de su existencia, de su Ser es la Voluntad del Padre que impulsa todos sus movimientos.
¿Qué nos dice Marta? ¿Qué nos dice María? ¿Está Cristo en primer lugar en nuestra vida?, ¿Qué cosas dan sentido y plenitud a nuestro ser de consagrados? ¿Cómo anda nuestra actividad pastoral y caritativa? ¿Sabemos ser discípulos y también misioneros?
Marta se preocupaba de todos los quehaceres. La palabra «preocupaba», en algunas versiones utiliza el término «distraída», lo que ayuda a entender que el problema aquí es falta de concentración. Marta ha dejado de prestarle atención al Señor porque los preparativos de la comida «tironean» su concentración, pidiendo que se enfoque exclusivamente en ellos, «o me quedo con Jesús o hago la comida, pero las dos cosas juntas ¡no las puedo hacer!»
Nuestra dificultad surge al creer que para estar enteramente entregado a Cristo debemos abandonar nuestros quehaceres y, siguiendo el ejemplo de María, pasarnos el día sentados en reflexión a los pies de Jesús. Pero Jesús le está enseñando a Marta, a que no deje que los otros aspectos de la vida, atrapen de tal manera su interés que deje de prestarle atención. Es decir, Marta bien se pudo haber dedicado a preparar la comida mientras seguía atenta al diálogo que Jesús sostenía con los demás. Escogió, sin embargo, que la comida ocupara toda su atención.
Si logramos estar concentrados en los asuntos del Reino, descubriremos, que podemos muy bien practicar nuestra vida espiritual en medio del mal llamado «mundo secular». Si podemos estar concentrados en la persona de Cristo en todo momento, no es necesario identificar un lugar o una tarea o actividad específica para lograrlo. Se trata, más bien, de una actitud interior en la que orientamos todo nuestro ser hacia la comunión permanente con el Señor. En el mundo de Marta no queda más opción que ocasionalmente ubicar a Dios en las periferias de la existencia, pues necesariamente tenemos que atender otros asuntos de urgencia. María, sin embargo, nos invita a permitir que Cristo sea el centro de toda actividad en que nos involucramos. No tenemos que dejar lo que estamos haciendo para atender a Cristo, sino, más bien, permitirle que participe en lo que estamos haciendo, así, nuestro ser interior estará enteramente orientado hacia el Dios de nuestra salvación. Descubriremos, en esta postura, una maravillosa fuente de comunión que traerá orden, plenitud y sentido a nuestra vida. Esta armonía se traduce en el equilibrio entre el ser y el hacer, y su expresión más convincente es la coherencia, la serenidad, el gozo, el cuidado de la vida, la fidelidad a los compromisos; no hay lugar para la confusión, el egoísmo, la discriminación, la hipocresía; hay valoración de sí mismo y de los demás, se sabe priorizar las actividades. Lejos de vivir una vida beata, se sabe que la jornada de veinticuatro horas está jalonada por los más diversos eventos, pero que no quitan ni la paz ni la felicidad interior, pues se reconoce que, forman parte del Plan de Dios para la vida. La vida consagrada, para que sea vivida en plenitud, debe alcanzar un cierto grado de madurez psicológica y espiritual que ayude a la unificación interior, logrando estabilidad de ánimo. Hacer prevalecer el ser sobre el hacer, comporta vivir con sentido la entrega. Cuando el consagrado ha decidido seguir a Cristo se pone en camino, hacia el encuentro vivo con una persona viva que lo impulsa a salir de sí mismo y le permite abrirse sin fronteras a la misión, porque puede unir en si la contemplación y la acción. ¡Este es el reto, éste es el quehacer principal de la vida consagrada!

Silencio – Adoración - Canto...

5.- Oración a partir de indicadores

Nos cuesta trabajar en grupo. Nos cuesta pedir ayuda.
Descubrimos que hay: sobreexigencias, desgaste, agotamiento, estrés, enfermedad, cansancio, decaimiento, desgano, angustia, incertidumbre, insomnio...dificultad para concentrarse...
Hay necesidad de espacios de recreación, descanso y expansión
Urge aprovechar mejor los tiempos de oración garantizando la calidad más que la cantidad
Deberíamos valorar y cuidar más la vida como don de Dios, gustar más de la fraternidad
Estamos inmersos en el activismo, no sabemos organizarnos, ponernos límites, priorizar
Hace falta recuperar el encanto y el sentido de la Vida Consagrada en forma personal y comunitaria. Dedicarnos más a la formación

Canto...

6.- Oración final

Pan de Cristo, haznos pan.
Vino de Cristo, cólmanos de alegría.
Agua del costado de Cristo, ablándanos.
Cuerpo roto de Cristo, rómpenos.
Sangre de Cristo, enciéndenos.
Alma de Cristo, anímanos.
Amor de Cristo, enamóranos.
Vida de Cristo, contágianos.
Espíritu de Cristo, transfórmanos. Amén

 





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ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 2 del Plan Pasar) (1º)

(Ideas tomadas de: Pías Discípulas del divino Maestro - Madrid)

"Esto les mando: Que se amen los unos a los otros"

Sugerencia de oración para una hora de Adoración al Santísimo con el núcleo 2 del Plan pasar sobre el amor fraterno en nuestra vida comunitaria, que nos ayuda a continuar transitando el Itinerario Formativo: Encuentro con Jesucristo – Conversión – Discipulado – Comunión – Misión.

Oración para disponer el corazón: a la escucha de la Palabra, al diálogo con Jesús Eucaristía, a la meditación, a la contemplación….

Dios, Padre nuestro, nos ponemos ante Ti como pueblo en camino,
con la viva esperanza de que un día llegaremos a la plenitud de vida contigo.

Recorremos este camino personalmente y como comunidad de hijas tuyas.
Durante nuestra peregrinación, día tras día,
necesitamos tu apoyo y el de nuestras compañeras de camino.

Te pedimos, Señor, que ilumines los ojos de nuestra mente
para que podamos reconocer los momentos en los que Tú nos hablas y,
como María, Mujer de la escucha,
sepamos acoger y llevar en el seno de nuestro corazón tu Palabra de Vida,
para dar frutos abundantes en lo cotidiano.

Que el Espíritu Santo descienda sobre todas nosotras,
que nos acercamos a tu Palabra,
y nos anime a poner en práctica lo que nos enseñas. Amén.

1.- Lee el Evangelio de Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Como el Padre me ha amado, así los he amado yo; permanezcan en mi amor.
Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he guardado
los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he hablado de esto para que mi alegría esté en ustedes, y esa alegría llegue a plenitud.
Éste es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.
Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a ustedes los llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se los he dado a conocer.
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los he elegido; y los he destinado para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero.
De modo que lo que pidan al Padre en mi nombre, se los dará.
Esto les mando: que se amen unos a otros.


Lee las siguientes orientaciones y detente en aquellas frases que más llegan a tu corazón y allí dialoga a solas con Jesús Eucaristía.

A través de las palabras y los hechos, Jesús revela a sus discípulos su profunda unión con el Padre y su total dependencia de Él, en todo. En el pasaje de hoy, reflexionamos sobre cómo esta relación de amor entre el Padre y el Hijo puede llegar a ser también nuestra. Sólo de nuestra apertura de fe depende si esta Palabra de vida nos da la fuerza suficiente para llegar a ser hijos e hijas de Dios.

«Como el Padre me ha amado, así los he amado yo; permanezcan en mi amor»


Antes de invitarnos a permanecer en su amor, Jesús se refiere al amor del Padre. Este amor es la fuente de todo. En efecto, Dios ha amado al mundo inmensamente, y su amor se ha manifestado entre nosotros en el envío de su Hijo Unigénito, para que nosotros tengamos vida por medio de Él. Dios no podía darnos su amor de mejor manera, ni crear las condiciones de nuestro crecimiento y maduración espiritual de un modo más adecuado que éste de darnos a su Hijo. Hemos sido amados hasta la plenitud, hasta el final.

Jesús viene a nosotros para revelar la grandeza de este amor. Jesús, experimentando el amor del Padre, no lo encierra para sí mismo, para gozar de ello solo, sino que lo comunica a sus discípulos.
Todas hemos nacido del amor materno-paterno de Dios. Por eso nosotras, pequeñas y frágiles criaturas, podemos vivir y desarrollarnos en todos los aspectos sólo bajo el calor de este amor. La certeza de haber sido amadas como somos despierta en nosotras muchas energías vitales. Y precisamente Jesús nos pide que permanezcamos en su amor, como Él está enraizado en el amor del Padre.

«Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor»

Este "permanecer" en su amor debe ser visible en la vivencia de sus mandamientos siguiendo el ejemplo de Jesús, Hijo predilecto, que siempre hizo lo que le agrada al Padre.

Lo que Dios manda responde a una profunda necesidad del corazón humano. Dios, que nos ha creado, nos conoce bien y sabe a través de qué caminos podemos llegar a alcanzar la felicidad verdadera. Los mandamientos del Señor son la expresión de su amor para con la humanidad. Sólo el amor sincero hace que los pesos se hagan ligeros: "Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados... porque mi yugo es suave y mi carga, ligera" (Mt 11,28.30).

«Éste es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado»

Jesús nos deja un mandamiento fundamental, en el que encontramos el cumplimiento de todos los demás: "que os améis unos a otros como yo os he amado". Experimentando la abundancia del amor misericordioso del Padre, estamos obligados a compartir este don con los demás, especialmente con nuestros hermanos y hermanas más cercanos. "Si así Dios nos ha amado, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros" (1 Jn 4,11). "Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve" (1 Jn 4,20). El amor sincero a mi hermano es una deuda con él, incluso cuando no soy bien acogido por él, cuando soy rechazado o perseguido. El discípulo de Jesús nunca puede dejar que en su corazón venza el odio, sino que debe luchar para vencer el mal con el bien (Rom 12,21). Jesús se pone como modelo de este amor verdadero hacia los otros.

Nosotros, por nuestras solas fuerzas, no somos capaces de amar auténticamente ni a nosotros mismos ni a los demás. Sólo permaneciendo en el amor de Jesús, nos hacemos capaces de amar como Él, hasta dar nuestra vida por los otros: "nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos" (v.13; cf. 1 Jn 3,16). Sólo la fuerza de su amor puede transformarnos interiormente, purificando nuestro amor humano, limitado por el egoísmo, y llevándonos a la entrega verdadera de nosotros mismos.

«Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando»

Jesús pide a sus discípulos obras concretas que derivan de la acogida de su Palabra. Nuestro camino de discipulado no puede quedarse sólo en la escucha, sin que tenga consecuencias para la vida. Como dice Santiago: "Pongan en práctica la palabra y no se limiten a escucharla, engañándose a ustedes mismos" (St 1,22). Porque sólo quien hace la voluntad del Padre entrará en el Reino de los cielos (cf. Mt 7,21), es decir, entrará en la íntima comunión con Dios. Nuestra relación con Dios puede transformarse progresivamente en un vínculo íntimo cuando dejemos de comportarnos como siervos y nos hagamos amigos de nuestro Dios.

«No son ustedes los que me eligieron a mí, soy yo quien los he elegido; y los he destinado para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. De modo que lo que pidan al Padre en mi nombre, se los concederá»

Dios nos ha llamado primero, y todo se encuentra en sus manos. Aquí se expresa de nuevo esta verdad de que no somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino que Él nos amó primero (1 Jn 4,10.19). Y por esto debemos reconocer la prioridad de la gracia de Dios. Esta elección está ligada a la vocación y misión que cada uno ha recibido de Dios: "Los he destinado para que vayan y den fruto". Este fruto no podemos darlo por nosotros mismos, sino permaneciendo en Jesús; como un árbol Plantado al borde de corrientes de agua, que da fruto en su estación (cf. Sal 1,3).

«Esto les mando: que se amen unos a otros»

Nunca podemos olvidar esto, ni perderlo en medio de tantas cosas importantes. Porque, aunque tenga el don de profecía o posea toda la fe, si no tengo caridad, no soy nada (cf. 1 Co 13,2). Es, precisamente, por este amor, por lo que los demás reconocerán que somos discípulos de Jesús (cf. Jn 13, 35).

2.- Medita y ora en silencio ante Jesús Eucaristía que espera le abras tu corazón para saciarte de su amor y así puedas llevar ese amor a tus hermanas y hermanos.

La Palabra de Dios tiene la fuerza de iluminar mi modo de pensar y obrar. A través de esta Palabra, Dios me invita a algo, o me pide algo. Si, por mi parte, doy una respuesta concreta, quiere decir que me dejo transformar y guiar por su Espíritu de Verdad.

Esta Palabra me invita a reflexionar sobre mi modo de vivir el mandato del amor, en lo cotidiano.

Antes de reflexionar sobre mi actitud hacia los otros, debo considerar mi relación conmigo misma. Porque yo misma soy el primer "prójimo" al que debo expresar el amor de Jesús. Si Dios me ha amado en toda mi realidad humana y con toda mi historia personal, entonces nada que haya en mí puede ser odiado por Dios (cf. Sb 11,24). Dios desprecia sólo el pecado, que me destruye, pero nunca desprecia a las personas, débiles y pecadoras. Dios nos ha llamado hijos suyos, ¡y lo somos! (1 Jn 3,1). El amor del Padre me invita a tratarme a mí misma como amiga, a vivir en paz conmigo misma, aceptando mis límites y perdonando mis errores, a desarrollar mis dones y talentos, poniéndoles al servicio de los otros, según el designio divino. Puedo realizar estas invitaciones de Dios, día tras día, comenzando por las cosas pequeñas, y no desanimándome por mis caídas o mis cerrazones. Porque Jesús, que vive en mí y que crece, cuando lo acojo, especialmente en su Palabra y su Eucaristía, da frutos buenos:

en mi modo de pensar, ayudando a mi fe,
en mi obrar, fortaleciendo la esperanza,
y suscitando el amor sincero en mi corazón.


Ser discípulos de Jesús quiere decir aprender a vivir y a amar como Él. Quiere decir llegar a ser constructores de comunión fraterna, como también nos invita Juan Pablo II en Nuevo Milennio Ineunte.

Crear un clima de comunión y vivir una espiritualidad de comunión es el reto para todos los creyentes en Jesús, para nuestras familias y comunidades (cf. NMI 43). No puedo contentarme con "no hacer mal a mi prójimo". Dios me invita continuamente a hacer el bien. Los gestos de amor hacia los demás provienen de mi mente purificada de pensamientos, sospechas y juicios negativos respecto a mis hermanos, y de mi corazón libre de egoísmo. El amor de Jesús me hace capaz de mirar bien a los otros, de ver y gozar de sus dones, de ofrecerles el don de mi amistad.

3.- Después de haber orado en silencio ante el Señor le presentamos nuestras necesidades para la comunidad armando oraciones con las siguientes palabras o frases. A cada una respondemos: ¡Jesús Pan de Vida, escúchanos!

Necesidad de dejarse acompañar.
Animación, motivación y reconocimiento mutuos.
Acompañar a otros.
Perdón – reconciliación mutuos.
Reconciliación con aspectos dolorosos de la Historia de vida personal.
Aceptación de las diferencias.
Misericordia.
Comunicación y diálogo.
Sinceridad y confianza.
Humildad y mansedumbre.

4. Rezamos juntas

Te adoro, Dios, Padre bueno y misericordioso,
que me llenas de tu amor
y me haces crecer y madurar como mujer y como cristiana.

Es hermoso poder experimentar la alegría del servicio a los demás,
poder ver y responder a sus justas necesidades.

Pero experimento también que, a menudo,
no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero (Rm 7,19).

Encuentro en mí muchos obstáculos
y la imposibilidad de amar a las personas
que están cerca de mí.

Experimento que no basta sólo mi buena voluntad de amar.

Con dolor en el corazón, reconozco que, a veces,
no logro salir de mí misma
para abrirme a los demás.

Y, por esto, con confianza de hija,
pido la gracia de que cambies mi corazón.

Señor, renuévame con tu Amor.

Dame un corazón nuevo, reconciliado y pronto
a responder, con alegría, a las urgencias del amor. Amén.


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ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 2 del Plan Pasar) (2º)

(Ideas tomadas de: Marcelo A. Murúa y Discípulasdm.org)

El siguiente esquema de oración está sugerido para una hora de Adoración al Santísimo sobre el núcleo 2 del Plan pasar, iluminado con un pasaje del Evangelio de Juan, donde Jesús nos da su ejemplo de perdón.

1.- Céntrate en Jesús Eucaristía, contémplalo en silencio y comienza tu hora de adoración con la siguiente oración para disponer el corazón (relectura del salmo 119)

Dichoso el que, con una vida coherente y fiel,
camina en la voluntad del Señor;
dichoso el que, guardando su Palabra,
lo busca de todo corazón;
el que, sin cometer injusticias,
anda por sus senderos.

Tú revelas tu Evangelio
para que ponga mis pies
en las huellas que me trazas.
Ojalá esté firme mi camino,
para abrazar y realizar tu proyecto sobre mí,
y no me desvíe tras otras palabras
y otros maestros que no conducen a la Vida.

Te alabaré con sincero corazón
cuando aprenda tu único mandamiento:
el mandamiento antiguo y nuevo del Amor sin límites.
Quiero guardar tu Palabra en mi corazón,
como María, y rumiarla en mi interior día y noche.
Tú, Señor, no me abandones.
Asísteme con el don de tu Espíritu,
para que tu Palabra se haga carne en mi carne,
en gestos y palabras cotidianas.

¿Cómo podrá alguien andar honestamente?
Viviendo tu Evangelio.
Te busco con sincero corazón,
no consientas que me desvíe de tu senda.
En mi corazón escondo tus consejos,
así no me alejaré de ti ni te daré la espalda.

¡Bendito eres, Señor!
Pon, como un sello en mi corazón,
la Buena Noticia de tu misericordia.
Mis labios van enumerando
las bienaventuranzas, que son la puerta de tu Reino;
mi alegría es la vida hermosa que nos has mostrado,
más valiosa y deseable que todas las riquezas.


2.- Lee pausadamente el texto del evangelio de Jn. 8, 1-11

"Jesús, por su parte, se fue al monte de los Olivos. Al amanecer estaba ya nuevamente en el Templo; toda la gente acudía a él, y él se sentaba para enseñarles.
Los maestros de la Ley y los fariseos le trajeron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La colocaron en medio y le dijeron: «Maestro, esta mujer es una adúltera y ha sido sorprendida en el acto. En un caso como éste la Ley de Moisés ordena matar a pedradas a la mujer. Tú ¿qué dices?» Le hacían esta pregunta para ponerlo en dificultades y tener algo de qué acusarlo.
Pero Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como ellos insistían en preguntarle, se enderezó y les dijo: «Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le arroje la primera piedra.» Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que se quedó Jesús solo con la mujer, que seguía de pie ante él. Entonces se enderezó y le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, señor.» Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar.» "


3.- Pistas para la reflexión y la oración personal

• El texto de Juan nos presenta un hermoso y conmovedor pasaje que nos presenta a un Jesús pleno de humanidad que nos muestra su autoridad divina por el camino de la compasión y el perdón.
• Jesús se encuentra en el templo de Jerusalén enseñando y la gente acude a escucharlo. Los fariseos y maestros de la Ley buscan tenderle una trampa. Le presentan a una mujer pecadora para que la juzgue. La antigua ley condenaba esta situación y aplicaba la pena de muerte. Con autoridad y agudeza los desafía a cumplir lo mandado, siempre que ninguno de ellos estuviera en una condición similar, es decir en pecado. Todos se retiran sin decir palabra, seguramente impresionados por la sabiduría de Jesús, quien había desnudado su hipocresía y falsa religiosidad (¿se puede ser religioso y estar a favor de la muerte?).
• El diálogo de Jesús con la mujer, sobrio y sintético, expresa el fundamento de su accionar: "Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar."
• Con este pasaje el Señor nos convoca nuevamente a la experiencia del perdón.
• Trata de ponerte en la piel de la mujer: ¿Cuáles habrán sido sus sentimientos en ese momento?
• ¿Juzgas a los demás con ligereza, mirando la «paja en el ojo ajeno y no la viga en el tuyo»? ¿Qué experiencia de perdonar tienes, te cuesta, por qué?
• ¿Qué pasos puede y debe dar nuestra comunidad para acoger a los excluidos?
• ¿Has experimentado alguna vez cómo el perdón y la paciencia de alguien que te ama, te han levantado de tu caída, de tu error y ha sanado tus heridas interiores?
• ¿Cómo es tu actitud espontánea ante el prójimo: de juicio o de misericordia?

4.- Presentamos nuestras peticiones al Señor, respondiendo a cada una: “Señor, enséñanos a perdonar”

Para que prevalezca en nuestra comunidad la práctica del perdón y la tolerancia.

Para que seamos verdaderas Hijas de la Misericordia.

Para que crezcamos en la sensibilidad ante los sufrimientos y necesidades de nuestras hermanas y hermanos.

Para que la caridad, virtud más importante, crezca cada día en nuestro corazón.

Para que nuestra entrega al Señor sea verdadera y profunda.

Para que los que son víctimas del pecado y el vicio encuentren caminos de rehabilitación.

Para que nosotras mismas evitemos la condena fácil y utilicemos la corrección fraterna en vez de la crítica destructiva.


5.- Para orar juntas


Tu perdón nos da
una nueva oportunidad, Señor.
Gracias por ofrecernos una nueva vida.
Ayúdanos a aceptar tus caminos
y vivir nuestra consagración
desde la oración,
la solidaridad
y el perdón.
Queremos cambiar de vida
dejar atrás los que nos separa de tí
y de los demás.
Queremos vivir
una conversión de corazón
que nos haga mujeres nuevas,
mensajeras de paz y esperanza.
Señor, danos tu Espíritu para lograrlo.
- Que así sea -




DIJO JESÚS A S. FAUSTINA: “TE DOY TRES FORMAS DE EJERCER MISERICORDIA CON EL PRÓJIMO: LA PRIMERA: LA ACCIÓN, LA SEGUNDA: LA PALABRA, LA TERCERA: LA ORACIÓN. EN ESTAS TRES FORMAS ESTÁ CONTENIDA LA PLENITUD DE LA MISERICORDIA Y ES EL TESTIMONIO INDUDABLE DEL AMOR HACIA MÍ"

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ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 2 del Plan Pasar) (3º)

Se sugiere el siguiente esquema de oración para una hora de Adoración al Santísimo sobre el núcleo del Plan pasar que expresa la necesidad de mejorar las relaciones fraternas empezando por sanar nuestras propias heridas.

Te invito a ponerte en la presencia de Jesús Sacramentado con un corazón abierto al diálogo y a dejar entrar a Jesús en todos los rincones de tu ser para que con su infinita misericordia vaya derramando sobre ti sus gracias y sanando hasta lo más profundo de tu corazón.

 



1. Reza lentamente el Salmo 139, repitiendo varias veces en tu interior aquella frase o palabra que más te impacte. Permanece en adoración por unos minutos haciendo tu propia oración a Aquel que te ha creado con todo su Amor y conoce hasta lo más profundo…

SALMO 139

Señor, tú me examinas y conoces,
sabes si me siento o me levanto,
Tú conoces de lejos lo que pienso.
Ya esté caminando o en la cama me escudriñas,
eres testigo de todos mis pasos.

Aún no está en mi lengua la palabra
cuando ya tú, Señor, la conoces entera.
Me aprietas por detrás y por delante
y colocas tu mano sobre mí.

Me supera ese prodigio de saber,
son alturas que no puedo alcanzar.
¿A dónde iré lejos de tu rostro?
Se escalo los cielos, tú allí estás,
si me acuesto entre los muertos,
allí también estás.

Si le pido las alas a la aurora
para irme a la otra orilla del mar,
también allá tu mano me conduce
y me tiene tomado tu derecha.

Sí digo entonces:
“¡Que me oculten, al menos, las tinieblas
y la luz se haga noche sobre mí!
Mas para ti ni son oscuras las tinieblas
y la noche es luminosa como el día.

Pues eres Tú quien me formó los riñones,
quien me tejió en el seno de mi madre.
Te doy gracias por tantas maravillas,
admirables son tus obras
y mi alma bien lo sabe.


Mis huesos no te estaban ocultos
cuando yo era formado en el secreto,
o bordado en lo profundo de la tierra.

Tus ojos veían todos mis días,
todos ya estaban escritos en tu libro
y contados antes que existiera uno de ellos.

Examíname, oh Dios, mira mi corazón,
ponme a prueba y conoce mi inquietud;
fíjate si es que voy por mal camino
y condúceme por la antigua senda.

2. Haz tu oración personal ante Jesús Eucaristía con los siguientes principios provinciales elaborados para este núcleo.

La aceptación de las propias sombras, la eliminación de los sentimientos de culpa malsana, la reconciliación con la propia historia y el haber perdonado a quienes nos han hecho daño, es el fundamento indispensable para construir una sana y profunda relación con los demás.

La comunidad religiosa es un grupo de personas heridas por el pecado donde cada integrante se asume como pecador perdonado desarrollando actitudes de misericordia.

La reconciliación y la corrección fraterna en la comunidad son verdaderamente evangélicas y están al servicio del crecimiento mutuo…

Orar por quien nos ha ofendido o nos disgusta es una forma de sanar nuestras heridas interiores y una manera de rezar por nosotros mismos.

La clave para vivir buenas relaciones comunitarias es: desarrollar actitudes de misericordia, compasión, tolerancia frente a las debilidades propias y ajenas; generar nuevos espacios de diálogo comunitario donde se pueda compartir más a fondo, reconocer errores, dar y pedir perdón.

Quédate en silencio adorando a Jesús… pon todo en sus manos… entrégale todo lo que hay en ti… entrégate por entero… abandónate en sus manos. Él te llevará por buen camino.

3. Se puede concluir con oraciones espontáneas utilizando las siguientes frases tomadas de los indicadores de la dificultad presentada en el núcleo.



Necesidad de reconciliación con aspectos dolorosos de la historia personal.
Aceptación de las diferencias.
Acompañar y dejarnos acompañar.
Motivación, animación…
Necesidad de formarnos en la diversidad.
Comprensión, compasión, misericordia, amor.
Reconciliación, perdón, generosidad.

 

 

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ADORACIÓN AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (Núcleo 3 del Plan Pasar) (1º)


LOS DIEZ LEPROSOS Y JESÚS. NOSOTROS Y LOS JOVENES

Ambientación para la Adoración:
A los pies y costados de Jesús Eucaristía colocar fotos (de diarios, revistas o Internet) de distintos jóvenes.

Canto..... Introducción

Jesús prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo. El está en medio de nosotros bajo distintas formas: En la comunidad (Cuando dos o más personas se reúnen en su nombre); en la Palabra; en la Eucaristía. No conforme de haberse encarnado, de haber muerto en la cruz, por entrar a vivir en cada corazón , "inventó" el sacramento de la Eucaristía y enteramente nos da su Cuerpo, su Alma, su Sangre, su Divinidad. El viene a mí, para transformar todo mi ser y cambiar el hombre viejo esclavo del pecado en un hijo de Dios, capaz de vivir y participar en comunión con las tres personas divinas( Padre, Hijo y Espíritu Santo). Es el momento de preguntarme ¿ si Jesús se ha dado enteramente a mi, puedo yo no hacer lo mismo con El? Entregó hasta su sangre en Su Crucifixión para ganar nuestro corazón, y quiso darse en la Eucaristía para ganar nuestro amor; ¿puedo resistir al mismo Cristo, que se ofrece como un regalo ? Hoy oramos especialmente por los jóvenes y la capacidad de acercarnos a ellos con amor.


Silencio...Adoración...


Texto Evangélico

“Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: - Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros. Al oírlos, les dijo: - Vayan a presentarse a los sacerdotes. Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: - ¿No han quedado limpios diez?; los otros nueve,¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: - Levántate, vete; tu fe te ha salvado” (Lc 17,11-19).

Para orar con el texto

Con la lepra aparecen en la piel ampollas, manchas y úlceras que hacen que puedas perder un dedo o una oreja. Los que sufrían la lepra tenían que abandonar a sus familias, tenían que dejar su casa y su trabajo, debían permanecer alejados de las personas. Los 10 del evangelio, habrían oído hablar de Jesús y querían encontrarse con Él. Pensaban que Jesús tendría compasión de su enfermedad, de sus vidas solitarias, sin familia, sin casa y sin esperanza. En aquel grupo está incluido un samaritano, a pesar de que en lo cotidiano no se trataban los judíos y los samaritanos. La desgracia se ha encargado de unirlos y a gritos –porque están lejos- dirigen a Cristo esta oración llena de respeto: “Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros”. ¿No te parece bella la oración? ¡Qué importante que surja un nosotros incluyente de cada uno y de todos.

Los diez tenían la misma enfermedad de la lepra, incurable en aquellos tiempos, y juntos acudieron a Jesús a pedirle la curación. Como respuesta a esa petición, Jesús los curó, porque la oración comunitaria tiene ante Dios una fuerza tan grande que produce efectos sorprendentes y, a veces, milagrosos.

También la oración personal tiene eficacia comunitaria, pues todo lo que un cristiano hace produce efectos comunitarios en el Cuerpo Místico de la Iglesia, de manera que nada existe exclusivamente personal. Cuando sufres en tu propia carne el dolor, en unión con Cristo paciente, tu pasión se extiende en favor de los que sufren como tú.

En tu oración y en tu acción orante, piensa que hay muchos jóvenes que tienen necesidades, que sufren enfermedades físicas o espirituales, que viven situaciones difíciles y tristes. Ofrece al Señor tu oración, tu acción, y tu dolor, sabiendo que la savia de la gracia que circula por las venas de tu alma, se comunica por todos los miembros, incorporados contigo a la Viña del Señor, santificándote y santificando apostólicamente. Y aunque digas: Señor ten compasión de mí, equivale a decir: Señor, ten compasión de nosotros. De esta manera nos sentiremos más reforzados, y las gracias que pedimos al Señor para nosotros, las pedimos también para los demás y hoy especialmente por los jóvenes.

Preguntas para reflexionar en presencia de Jesús

1- ¿Cuáles son las “ampollas, manchas y úlceras” que hieren y afectan a nuestros jóvenes? ¿Cómo repercuten interna y externamente en ellos?
2- ¿Se mantienen a distancia o se acercan a nosotras? ¿de qué manera y para qué cosas se acercan? ¿Cómo los recibimos?
3- Los jóvenes normalmente se mueven en grupos ¿Qué “dolencias” o razones los unen? ¿Cuál es su grito grupal?
4- ¿Buscan compasión de nuestra parte? ¿Somos motivo de esperanza para ellos?

Silencio.....Oración personal...... Canto...

Compromiso

Jesucristo, como Dios, sabía perfectamente que nueve de los diez leprosos que había curado, no volverían a darle las gracias; y, a pesar de la ingratitud humana prevista, hizo a los diez el milagro por igual. Los jóvenes de hoy parecen ser indiferentes y no saber corresponder. Como religiosas, ¿hacemos siempre todo el bien que podemos a todos los jóvenes con los que nos encontramos, sin tener en cuenta su aspecto, manera de ser, su situación familiar, social y económica, ya sea bueno o malo, pecador o santo, incluso aunque se sepa que no se va a tener correspondencia?.

Este era el estilo de hacer el bien a todos de Jesús. ¿Es nuestro estilo aunque sepamos que de muchos uno solo volverá?. Debemos en conciencia ejercer la caridad con todos los jóvenes, aunque luego no sigan a Cristo. Jesús les dice que vayan al sacerdote. Ellos se pusieron en marcha, se pusieron en camino, hicieron lo que Jesús les había dicho. Así manifestaron su fe. Jesús sabía bien lo que decía. "Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios." (Lc 17,14). ¡Jesús los sanó! Mientras los leprosos caminaban hacia el sacerdote, sin saber por qué, ellos quedaron limpios. Es importante que sepamos, como Jesús, que es lo que les decimos, qué enseñanzas les trasmitimos, qué testimonio de vida damos, qué herramientas para el camino les brindamos. Ellos, aunque no lo esperemos, lo tendrán en cuenta, tal vez conciente o inconcientemente. Y siempre habrá quien, tarde o temprano, que regrese a dar gracias!

Toma de conciencia

El samaritano se volvió tan lleno de alegría que gritaba en voz alta palabras para glorificar a Dios. El Padre busca adoradores, que adoren en Espíritu y en verdad, sin duda el Padre encontrará muchos adoradores jóvenes, los jóvenes han jugado un papel importante en la historia bíblica, Dios ha contado con una gran cantidad de ellos para hacer su obra, recordemos al joven David, José el soñador, Timoteo, Tito, Daniel y sus amigos, Juan, Marcos, la reina Esther…, ¿qué diremos de la joven virgen María que fue solicitada por Dios para aportar la naturaleza humana del Hijo, fueron los jóvenes los que entraron a la tierra prometida, los que tuvieron esperanza, los que vencieron el desierto, los viejos que estaban sin fe y atrapados en su religiosidad y patrones mentales humanos murieron en el desierto.

El beso que Francisco estampa en el rostro desfigurado del leproso no sólo produce el viraje decisivo de su joven vida, sino que marca definitivamente la historia posterior de su Movimiento espiritual. El leproso es el que ha perdido hasta la conciencia de su ser humano; el obligado a refugiarse en sí mismo y en su pequeño grupo de excluidos. ¿Obligamos a los jóvenes a refugiarse en sí mismos por nuestra distancia de ellos? Acercarse a los jóvenes es dejarle un lugar al amor que pone el tú en lugar del yo. Para descubrir el sentido actual del beso al leproso debemos fijarnos en sus rasgos específicos, no cerrar los ojos ante la realidad juvenil, sus necesidades, sus ideales y no mantenerlos aislados; debemos mirarlos de frente con amor y sin temor, con fraterno gesto de dignidad porque tienen algo que decirnos. En aquél beso se dio la paradoja de que el enfermo cura al sano: el leproso sanó a Francisco, haciéndolo nacer de nuevo.

Francisco encuentra sentido a su vida al identificarse con el leproso, no es él, sino Francisco el que encuentra la salud. ¿Y nosotras?

Oración final

Dios nuestro, Padre de nuestro Señor Jesucristo, ten piedad de nosotras; reconocemos tu grandeza en tu Hijo muy amado, delante de Ti nos postramos y te adoramos. Perdona las ofensas que hemos cometido especialmente hacia los jóvenes, por no amarlos y aún más por no acercarnos a ellos como tus hijos muy queridos, esperanza de la Iglesia y de nuestra Congregación. En este lugar santo, en este momento de adoración, te hacemos presente sus rostros.....y te pedimos por ellos.(silencio)

Nosotras, ayudadas de tu gracia, queremos ser para los jóvenes testimonio creíble de tu amor misericordioso, queremos en la medida de nuestras fuerzas estar a su lado, escucharlos, consolarlos, comprenderlos, orientarlos, anunciarles tu mensaje, proclamarles tu amor, invitarlos a seguir a tu Hijo.

Danos la gracia de ser profundamente sencillas, alegres y serenas. Danos la gracia de llevar siempre la imagen de tu Hijo Jesucristo en todo nuestro ser, en todo tiempo y en todo lugar para anunciar a los jóvenes una vida plena de amor que proviene de Ti Padre a través de Jesús en el Espíritu Santo. Amén.

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EL CIEGO BARTIMEO (Núcleo 3 del Plan Pasar) (2º)


Propuesta de adoración al Santísimo Sacramento sobre el núcleo 3 del Plan Pasar. Nosotras y los jóvenes. Para vivir una verdadera opción y compromiso con los jóvenes de parte de todas las hermanas.

Oración


Señor me arrodillo ante ti reconociendo tu presencia real en el Santísimo Sacramento. Te adoro profundamente con todo mi ser, agradezco inmensamente tu presencia conmigo y la fe que me has dado. Vengo a tu altar en busca de tu corazón, me abandono en los brazos de tu infinita misericordia porque comprendo que fuera de ti no se halla paz para el alma, solo Tú sabes amar y perdonar. Dame luz, abre mis ojos para ver, muéstrame cómo debo ser y qué debo hacer. Te pido por los jóvenes, por todos los jóvenes, por los que tienen fe y por los que no lo tienen, por los que están desorientados, por los que están solos, por los que sufren, por los que están enfermos. Especialmente te pido por los que están en búsqueda vocacional. Te pido por los jóvenes de nuestros colegios, de nuestros barrios, de nuestras parroquias y diócesis. Amén.

Escuchando la Palabra (Marcos 10, 46–52)

Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego – estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!” Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten piedad de mí!”. Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”. Entonces llamaron al ciego y le dijeron: “¡Ánimo, levántate! El te llama”. Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él. Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti? El le respondió: “Maestro, que yo pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado” Enseguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.

Silencio reflexivo...

El Evangelio nos regala una mirada nueva


Mirando a los jóvenes: Los jóvenes y adolescentes están como sin poder terminar de ver. Tal vez la situación que vive el mundo de hoy los golpea fuerte y prefieren negar la realidad para poder de algún modo, seguir siendo niño o niña o “joven” porque los problemas de los “grandes” no los tocan, cuando en realidad su vida está llamada a crecer, y las cosas cuando son desafiantes le dan verdaderamente consistencia a su corazón, cuando se animan a enfrentarlas así como vienen, así como son, aunque tengan razón, causan mucho dolor. Y no se justifica pero se entiende que en más de una oportunidad quieran evadirse y elijan una sustancia que por allí es un poco fuerte, para poder escaparle a los duros golpes que le ofrece la realidad con toda su crudeza. En su búsqueda por otros mundos, prefieren crear o recrear con los que son igual y que sufren lo mismo, sea lo más cercano a sus posibilidades. Pero por otra parte sabemos que no es en ese ambiente un poquito cerrado de los que ven las cosas como ellos las ven, lo que permite que las cosas cambien.

¿Qué quieres que haga por ti?: Queremos ver como vio Bartimeo, el ciego en el camino de Jericó que grita por Jesús y la piedad que pide al Hijo de Dios. Nosotros también sentimos que hay cegueras dentro nuestro y que el Señor, con su presencia, con su mano extendida sobre nosotros, es capaz de devolvernos la visión que necesitamos para vivir de una manera distinta y para poder encaminar las cosas de una forma distinta. “¿Qué quieres que haga por ti?” La pregunta va para Bartimeo y va para vos y para mí. ¿Qué queremos que haga Jesús con aquellos lugares de la vida donde no se ve con claridad, donde caminamos a tientas, donde parece no terminar de acertar con nuestros pasos, que lo podemos identificar claramente con situaciones de vida, donde a pesar de nuestros buenos intentos, de nuestras buenas búsquedas, no acertamos con la mejor forma, porque en realidad, cuando erramos en el camino es porque estamos equivocados en la mirada y no acertamos con dar en lo justo?

Silencio...Adoración...Canto...

Reconoce tu ceguera: Los jóvenes de hoy nos exigen una visión nueva, una mirada nueva, sobre sus vidas, los lugares donde frecuentan, las amistades con las que se vinculan, las costumbres que van tomando dentro de su búsqueda, todos comportamientos tal vez que no son de nuestro agrado pero que si comenzamos a mirar en profundidad nos permiten encontrar caminos por delante para guiar, para acompañar, para estar junto a....

Porque las dolencias del amor que se sufren a esa edad se curan con presencia y con figura, y para poder estar al lado y no ser cargoso, cargosa, hay que saber descubrir sus búsquedas e interpretar sus preguntas y leer sus deseos y estar junto al camino. Claro, nosotros no recorreríamos los caminos que ellos recorren, ni andaríamos por donde andan, sin embargo lo tenemos que hacer y esto nos exige un mirar distinto, un mirar nuevo. No vemos y tenemos que aprender a ver, estamos como ciegos y hace falta que venga Aquél que pueda darnos, devolvernos la visión para elegir o para buscar, para ver y elegir los camino por donde tenemos que andar para adelantarnos en la búsqueda, y cuando se encuentren frente a callejones sin salida, estemos allí, sencillamente, con nuestra presencia y con nuestra figura, para que el dolor que genera el desconcierto a esta edad sea curado sólo con nuestro saber estar. Los dolores que genera esta etapa de la vida, con presencia y figura se van curando.

- Necesitamos ver. Nuestra ceguera frente a la mirada de Jesús! El nos llama a cada uno en particular, bajo las distintas circunstancias de no visión en la que estamos y nos dice: ¿qué quieres? Para poder encontrar en contacto con el modo con el que el Señor puede cambiarnos la mirada hace falta estar delante, reconociendo esa posibilidad que tiene El de darnos la mirada que hoy no tenemos. Jesús está delante nuestro ahora, está frente a nuestras cegueras, a nuestras no visiones, aprendemos a descubrir que a veces no vemos cuando estamos inmersos en nuestras angustias y en nuestras tristezas.

Oración personal...Reflexión...

Frente a la ceguera de los jóvenes con la mirada de Jesús:
Jesús pretende aportar razones de sentido a la salud y anunciar desde ese lugar el Reino de Dios. Si hay tristeza y angustias en la vida de los jóvenes, cosas opacas en el camino, es porque no están viendo. Delante de esa no visión presentémonos como Jesús delante de Bartimeo para decirles: “Quieres ver, yo te ayudo a recuperar la vista, en la fe te invito a que confíes en Jesús, en que El lo puede hacer”. Bartimeo cree y Jesús le da la vista y le dice tu fe, tu buena fe te ha salvado. Esta fe es la que nos da verdadera posibilidad hacia adelante. El Señor quiere devolver la “mirada” a los jóvenes, sobre lo que les ocurre, quiere poner sus ojos sobre ellos y lo que les acontece y enseñarles a ver como El mira. Quiere sacarlos de la oscuridad de las sombras, de las ilusiones, de mirar la vida de costado, de permanecer al borde del camino por no animarse a enfrentar lo doloroso que suele ser a veces ver las cosas como son y a enseñarles a asumir la vida con todo lo que tiene de duro y de hermoso como El la afrontó desde la cruz y les regaló la resurrección.

INTENCIONES: Haciendo nuestros los “gritos” de nuestros jóvenes elevemos nuestras voces a Dios Padre respondiendo a cada intención “Jesús, Hijo de David, ten piedad de nosotros”

-Por los jóvenes que son afectados y llevan en su ser las secuelas de la pobreza, la cual limita el crecimiento armónico de sus vidas y los deja excluidos al borde del camino, para que puedan levantarse e integrarse al caminar. Oremos

-Por los jóvenes que son influenciados en su identidad por los nuevos ambientes y nuevas formas de expresiones culturales que transmiten valores con una fuerte carga de alienación, para que descubran en Jesús el supremo valor y modelo de vida. Oremos

-Por los jóvenes que son presa fácil de las nuevas propuestas religiosas y pseudo religiosas a causa de la carencia afectiva y conflictos emocionales en la vida familiar, para que encuentren consuelo en la mirada amorosa de Jesús y de sus discípulos. Oremos

-Por los jóvenes afectados por una educación de baja calidad que los deja por debajo de los niveles necesarios de competitividad, que limitan sus horizontes de vida y dificultan la toma de decisiones duraderas, para que encuentren apoyo, sostén y valor en la Iglesia para animarse a luchar. Oremos

-Por los jóvenes que no encuentran un sentido a la vida, por los que malgastan su juventud y potencial con los excesos de droga, alcohol, de la comunicación virtual y de todo lo que se les ofrece, por tantos que se suicidan, por todos los que sufren y no tienen fuerza para mejorar sus vidas. Oremos

- Otras espontáneas....

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LOS JÓVENES DISCIPULOS DE EMAUS (Núcleo 3 del Plan Pasar) (3º)


Propuesta de adoración al Santísimo Sacramento sobre el núcleo 3 del Plan Pasar. Para vivir una verdadera opción y compromiso con los jóvenes de parte de todas las hermanas y los hermanos.

Oración

Jesús Eucaristía! te pedimos por los jóvenes, que son la esperanza del mundo. No te pedimos que los saques de la corrupción, sino que los preserves de ella.

¡Jesús! No permitas que se dejen llevar por ideologías mezquinas, que descubran que lo más importante no es ser más, tener más, poder más, sino servir más a los demás.

¡Jesús! Enséñales la verdad que libera, que rompe las cadenas de la injusticia, que los hace hombres y mujeres forjando santos.

Pon en cada uno de ellos, un corazón universal que hable el mismo idioma, que no vea el color de la piel, sino el amor que hay dentro de cada uno. Un corazón que a cada hombre le llame hermano, Y que crea en la ciudad que no conoce las fronteras, Porque su nombre es universo, amistad, amor, Dios. ¡ Jesús!

Cuida y acompaña a nuestros jóvenes. Amén.


Silencio... Canto


A la escucha de la Palabra: Lucas 24, 13-35(selección)
:

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaus, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, ...el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero...no le conocieron. El les dijo: «¿De qué discuten entre ustedes...?» ...con aire entristecido, uno le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareo, que fue un profeta poderoso...y cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le ...crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días...algunas mujeres...nos han sobresaltado, porque fueron ...al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron». El les dijo: «¡insensatos y tardos de corazón para creer...! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, ...les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le dijeron: «Quédate con nosotros, porque atardece ...». Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa..., tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan”

Meditando en la presencia del Señor: La reflexión con los jóvenes debe hacerse siempre basada en lo concreto y nunca en lo abstracto. La acción y la reflexión van juntas. Debemos interpelarnos acerca de cómo llevamos el Evangelio a la juventud del tercer milenio. No basta con elaborar proyectos para los jóvenes. Hay que tener algunas convicciones que nos empujen a abrir caminos nuevos para su evangelización. Lo que anhelamos es llevar al mayor número posible de jóvenes, la Buena Nueva de que Cristo Vive, de modo particular a los que tenemos a nuestro lado todos los días. Nunca nos quedemos en la queja de una juventud pasiva sin acceso al encuentro con Cristo. Esto es lo que se ve y escucha de muchas personas de Iglesia. Si deseamos abrirnos a una cultura que a veces nos saca de quicio, si queremos aprender junto a los jóvenes a leer de forma renovada el Evangelio que los habita, si creemos que el Espíritu Santo no abandona el corazón de las personas de los tiempos futuros, es porque la Iglesia que formamos ha recibido la misión de Cristo para proponer sin aprehensión la fe. Por lo tanto nuestra esperanza debe ser:

Creer que al proponer el Evangelio a un joven, le hacemos el regalo más hermoso para orientar su vida.

Esperar para todo joven un encuentro en el camino de Emaus (Lc 24, 13-35). Un encuentro con ese Jesús que hace camino modestamente, que escucha las preguntas, las emociones, los desafíos que todo joven se Plantea.

Esperar para todo joven una experiencia de fe que sea un camino de liberación.

Creer que la experiencia de una vida interior habitada por el Espíritu, permite a un joven descubrir a lo que es llamado, quién es realmente.

Esperar para todo joven la fascinación al contemplar la inmensidad del misterio de Dios. El gusto por la oración, la escucha de la Palabra de Dios que le permita ver con amplitud, tener la ambición por el Reino de Dios para el mundo y para sí mismo.

Esperar para todo joven un camino que le permita abordar las grandes cuestiones de la vida, la muerte, el amor y el mal, y que frente a estas grandes cuestiones que dan vértigo, no estén desprovistos.

Esperar para todo joven que pueda sumergirse en el baño bautismal de la Iglesia, que encuentre lugares en los que se vive la fraternidad, en comunidad, lugares en los que se respira el aire del Evangelio.

Los jóvenes no son la Iglesia del mañana: son la Iglesia de hoy. Ellos no son el futuro de la Iglesia, son la Iglesia presente, igual que todos los otros creyentes. Debemos retar a la juventud para que hoy sean miembros activos, en vez de sentarnos a esperar hasta que sean adultos. Hoy ya tienen un lugar preponderante en la gran familia de Dios. Él mismo escoge jóvenes para distintas misiones. Por eso urge una atención pastoral muy cercana a ellos. No es posible ignorar su lenguaje de hoy, sus influencias, sus gustos, sus miedos, sus anhelos, sus sufrimientos, sus ilusiones, sus desilusiones, sus logros, sus alegrías y hasta sus tecnologías. ¿Qué estamos haciendo para que los jóvenes encuentren, en la Iglesia, en nuestra Congregación, su casa, su hogar?

La gran dificultad existente en nuestra pastoral juvenil es cuando no encontramos el modo de encajar con la juventud. A los jóvenes “les entusiasma la persona de Jesucristo; pero a veces, no ven los valores que Cristo descubrió dentro del ser humano”. ¿Qué respuesta clara podemos dar a la desconexión del mensaje de Jesús con la juventud?. Debe haber un mayor acercamiento de cada uno de nosotros a los jóvenes. No siempre hemos sabido hacer actividades atractivas para los jóvenes. Jesucristo es tan atractivo que no hay manera de conocerle y no amarle. Se trata, entonces, de buscar formas nuevas de presentar a Jesús. Antes que la catequesis doctrinal, hace falta presentar un Cristo vivo para que cada joven tenga una “experiencia-vivencia” de fe, un “encuentro personal con Jesús de ojos abiertos y corazón palpitante”, como decía Juan Pablo II, donde se respire un ambiente festivo y los jóvenes sean tocados poderosamente por el Señor.

A cada oración respondemos: “Haznos abiertos Señor”

Para saber escuchar los gritos de los jóvenes y animarnos a conocer más de cerca la realidad juvenil...

Para saber estar al lado de ellos, con una presencia comprensiva, cariñosa, respetuosa con capacidad de acogerlos, acompañarlos y ayudarlos en su proceso de discernimiento...

Para que nuestro estilo de vida sea un sencillo testimonio del seguimiento de Jesús como desean vernos los jóvenes, ofreciéndoles una espiritualidad de la gratuidad y la fascinación donde puedan descubrir sus heridas y sanarlas progresivamente.

Para comprender que los/las jóvenes de hoy vienen a nuestras comunidades afectados por situaciones y realidades distintas a las que hemos vivido nosotros los adultos y saber reconocer el sentido, el valor y los retos de la presencia de la juventud entre nosotras...

Para saber aceptar que las nuevas generaciones no se caracterizan por los ímpetus o las iniciativas propias de las generaciones de los años 70, sin desilusionarnos por lo que idealmente no sucede porque cada momento tiene sus particulares novedades...

Para que sepamos transmitirles la herencia del carisma y la espiritualidad, recreados a la luz de las nuevas situaciones del hombre y de la mujer contemporáneos...

Canto final...

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ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 4 del Plan pasar) (1º)

“Animar y Acompañar desde nuestra Espiritualidad y Carisma”

Sugerencia para una hora de Adoración a Jesús Sacramentado con el núcleo nº 4 del Plan pasar: “Falta mayor animación y acompañamiento desde nuestra espiritualidad y carisma a los destinatarios y colaboradores de nuestra misión”.


1.- Ponte en presencia de Jesús y adóralo en lo profundo de tu corazón; para iniciar tu oración de hoy puedes servirte de algunas de estas frases de la Beata María Petkovic:

“Debemos cultivar la servicialidad y la hospitalidad en nuestros corazones para que éstos estén llenos de amor y compasión para con todos y seamos capaces de ver a Dios especialmente en aquellos que nos rodean y que vinieron a servir a Dios”.

“Una hermana misericordiosa, levanta, sana, consuela, enseña, y hace felices a los demás, aunque esto le afecte en su salud y en su paz. Debe saber sacrificarse a sí misma, su tiempo, su tranquilidad y sus derechos por amor al prójimo”.

“Ya que han sido elegidas para que sean hermanas misericordiosas deben sentirse felices de poder servir y ayudar a otros”.

“Procuremos alegrar y consolar a todos como madres misericordiosas”.

“Por nuestras obras de misericordia, se podrá apreciar la misericordia y grandeza de nuestra alma”.

“Jesús nos ha dado la capacidad de conocimiento y comprensión, pero, no sólo para nosotras, sino para enseñar a otros”.

“El Buen Pastor “da su vida por las ovejas” y el Señor las ha elegido a Ustedes para que sean Pastoras… y lo serán para los niños, jóvenes, enfermos, ancianos, pobres, adultos…”


“Cada una, con sus obras, debe conducir todas las almas que le están confiadas a la verdadera vida y felicidad, que es Dios”.

2.- Para rezar juntas: Después de cada oración respondemos: “Ayúdanos, Señor, a llevar al mundo tu misericordia”

Para que sepamos escuchar y acompañar a quienes se relacionan con nosotras.
Para que vivamos y transmitamos nuestra espiritualidad y carisma con entusiasmo.
Para que seamos misericordiosas con todos los que colaboran con nosotras en la misión.
Para que sepamos acercarnos a los demás con un corazón misericordioso.
Para que viviendo nosotras como verdaderas Hijas de la Misericordia llevemos a otros la Misericordia de Dios Padre.
Para que en todo nuestro obrar se refleje la misericordia del Padre Celestial.
Para que a ejemplo de Jesús y de la Madre Fundadora encarnemos cada vez más en nosotras la espiritualidad de la misericordia.
Para que los niños y jóvenes que se educan en nuestros colegios y hogares experimenten en sus vidas la misericordia de Dios.
Para que sepamos atender a los enfermos y ancianos con la misericordia del mismo Jesús.
Para que todos los pobres que se acercan a nuestras casas reciban de nosotras misericordia y amor.
Para que la misericordia de Dios Padre llegue y penetre a todos los corazones.

3.- Adora a Jesús en silencio, reflexiona, ora, contempla…

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ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 4 del Plan Pasar) (2º)

PROPUESTA DE UNA HORA DE ORACIÓN PARA UNA MAYOR ANIMACIÓN Y ACOMPAÑAMIENTO DESDE NUESTRA ESPIRITUALIDAD Y CARISMA A LOS DESTINATARIOS Y COLABORADORES DE NUESTRA MISIÓN.

Motivación


“Aquel que a otros conduce, debe juntar en oración las manos, mantenerse en la cercanía de la cruz, entregar a todos abundante confianza. Aquel debe llevar en silencio y fidelidad, dentro de su propio corazón, a cada persona que se le ha confiado y, con alegría y fortaleza, acompañar y animar cada día, olvidándose de sí mismo en el servicio. Aquel que a otros conduce debe ir por los caminos de la vida como Jesús, el Buen Pastor.”

Oración

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto bajo esta apariencia de Pan. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte en esta Eucaristía. Traigo a tu presencia los rostros de las personas que me rodean, las personas con quienes me encuentro diariamente, las personas con quienes trabajo, las personas que me ayudan, las personas que comparten conmigo la responsabilidad del trabajo pastoral, las personas a quienes yo debo animar y acompañar. Pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido, estar contigo en el paraíso junto con aquellas personas encomendadas a mi cuidado. No veo las llagas como las vio Tomas pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame. ¡Santísima Eucaristía, Memorial de la muerte del Señor! ¡Pan vivo que nos alimentas!: concede a mi alma y a las almas a mí confiadas, que de Ti vivamos, y nos enriquezcamos de la vida abundante que nos ofreces. Señor Jesús, bondadoso Señor, purifícame con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de los pecados al mundo entero. Jesús, a quien ahora veo oculto: que al mirar tu rostro cara a cara, vea también los rostros de las personas con quienes comparto la misión y sea yo feliz junto con ellos, viendo tu gloria. Amén.

La Palabra de Dios:

Jeremías 3:15 – “Les daré pastores según mi corazón, que los apacienten con ciencia y con inteligencia”.

Isaías 40:1..., : “¡Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice Dios! Hablen al corazón del hombre y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está pagada... levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades: «¡Aquí está tu Dios!». Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz”.

Silencio...Reflexión...

Ideas Fuerzas:


Jesús no se contenta con enseñar, es El quien va hacia las personas, entabla relación con ellas y las acoge. Muestra una extraordinaria e inagotable capacidad de apertura. Acoge a todos, preferentemente a los insignificantes, a los enfermos, a los pobres, a los maltrechos o marcados por la desgracia. Pero también acoge a doctores de la ley, a oficiales romanos, a jefes de sinagoga. Está tan abierto a todos que sus familiares dicen: ha perdido la cabeza. Esta apertura refleja la voluntad del Padre que desea comunicarse sin medida. Las perspectivas que se nos abren son inmensas. Vivimos muchos encuentros en el camino de la vida. Caminar hacia el otro es hablar de gestos posibles, no de sueños irrealizables. Se comprende que este camino tiene riesgos y a muchos les producen miedos.

Oración:

Señor, muéstranos el camino que lleva a acompañar a los demás.
Ayúdanos a tener las mismas preocupaciones,
sentimientos y opciones de Jesús.
Haz que atendamos las necesidades,
sufrimientos, y esperanzas de nuestro pueblo.
Haciéndonos servidores y hermanos de todos. Que así sea


Para adorar reflexionando

¿Dónde nos pide el Señor hoy que seamos servidores, que llevemos su Palabra, su consuelo, su cercanía?

¿Dónde testimoniar la misericordia como dimensión esencial de nuestro carisma?

¿Qué situaciones, lugares, grupos… de nuestro entorno claman por nuestra presencia y acompañamiento que hagan cercano al Dios de la Vida, al Padre de las misericordias?

¿Cómo son las relaciones en nuestra comunidad, en nuestra pastoral específica? Cuando tenemos alguna función ¿ es para acompañar, animar, hacernos servidores o para ostentar un cargo y sentirnos importantes?

¿Dónde y cómo nos pide el Señor que acompañemos y animemos a los demás?

Pensemos en nuestra vida cotidiana y respondamos con una oración y compromiso personal.

Oración final

Padre, te damos gracias por Jesucristo, nuestro Buen Pastor, y por el Espíritu Santo, el otro Defensor que nos diste. Te damos gracias por todas nosotras que en nombre de tu Misericordia y con la fuerza del Espíritu realizamos una misión de animación y acompañamiento entre nuestros hermanos, para ellos y con ellos. Queremos ser tu imagen de ternura, de consuelo y de fortaleza en medio de tu pueblo. Queremos cuidar con nuestras propias manos y en tu nombre a los que nos diste como hermanas y hermanos en el camino de ir hacia Ti. Ayúdanos a animar a los que junto a nosotras animan a otras personas con el mismo carisma heredado de María Petkovic. Te pedimos por ellos, para que tu Espíritu esté sobre ellos y puedan realizar esta misión con dinamismo y creatividad, fortalecidos y consolados por tu amor.

Te pedimos que nos bendigas abundantemente, a nosotras y a ellos, que nos colmes de todos los dones y carismas que necesitamos para nuestra labor, e igualmente que nos des serenidad a nuestras almas, paz a nuestro corazón, fortaleza en nuestras luchas, salud y vida plena para servirte mejor. ¡Guárdanos en tu nombre, santifícanos en la verdad!
Y envíanos, Padre, como pastoras según tu corazón, con pasión por las almas, con celo por el evangelio, con entrega, con oído de discípulo y corazón de madre, para que tu Palabra consoladora siga propagándose, para que las personas a nosotras confiadas encuentren el camino de la salvación y crezcan hasta la madurez de la estatura de Cristo. Amén
.

 

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ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (núcleo 4 del Plan Pasar) (3º)

“Animar y Acompañar desde nuestra Espiritualidad y Carisma”

Sugerencia para una hora de Adoración a Jesús Sacramentado con el núcleo nº 4 del Plan pasar: “Animar y acompañar desde nuestra espiritualidad y carisma a los destinatarios y colaboradores de nuestra misión”.


1.- En presencia de Jesús Eucaristía, adóralo presentándole a todas las personas que trabajan con las hermanas Hijas de la Misericordia. Pon en las manos de Jesús todas sus necesidades, sus inquietudes, sus anhelos, sus buenos propósitos, sus deseos.... sus actividades...

2.- Lee lentamente la letra de la canción que sigue (si se escucha a la vez, mejor) reflexiona con ella, poniéndote en el lugar de quien acompaña a otros en el camino. Tú también puedes acompañar...

 

Si quieres te acompaño en el camino (P. Eduardo Meana)

Si quieres, te acompaño en el camino,
y en el camino vamos conversando.
Y al conversar, tus hombros se descargan;
descargas, pues tu peso voy llevando.

Pues pesa el peso de tu desencanto
y es tu resignación aún más pesada.
Pero te sostendré, pues ya sostuve
la cruz de toda cruz en mis espaldas.

Me duele que te alejes de los tuyos,
y el creciente dolor de tu aislamiento;
pues toda mi pasión es ver reunidos
a los hijos de Dios que andan dispersos.

Yo sé que ya no crees en nuestro sueño.
Buscas seguridad retrocediendo.
Pero hasta en dirección equivocada
lo mío es ir contigo, compañero.

Si quieres, te acompaño en el camino
Si quieres, hoy me quedare contigo.

Escucha profecías, peregrino,
No seas testigo de desesperanza.
Es hora que levantes la cabeza
Y, aunque anochece, alientes la confianza.

Pues es posible ver de otra manera
La trama que se te hizo tan confusa.
¿no ves el hilo de oro de la pascua
Que rediseña todo lo que cruza?
¿no ves que desde dentro de las muertes
La muerte fue implorada y ya no mata?
Y se revela el nombre de la vida:
Y el nudo que te ataba te desata.

Partir juntos el pan en nuestra mesa
Descifra quiénes somos y seremos.
La Pascua nos irrumpe, amor de amores,
Lo más vivo venciendo lo más muerto.

Si quieres...

Por fin sabrás quién soy, sabrás quién eres,
Mientras despiertas del antiguo sueño:
Y entenderás que es fiel a sus promesas
El Dios que prometió ser compañero.

Y de la historia mía y de la tuya
Ya no te escaparás, ni tendrás miedo.
Verás la historia como historia abierta
Y la esperanza arder su ardor sereno.

Y sentirás nostalgia de tu gente.
Y querrás compartir tu aliento nuevo.
Sin más demora, ponte ya en camino.
Sin más demora, ponte en medio de ellos.

Y brillará en tu fe de caminante
Mi nombre y mi misterio de “camino"
Y de mi fiel estar acompañando
Tu amor de acompañante será el signo.

Si quieres...

Si quieres, te acompaño en el camino

Para reflexionar, orar, meditar, contemplar...

¿Cómo estás acompañando hoy a los laicos que trabajan con nosotras?

¿Qué gestos concretos de misericordia tenés para con las personas que se te acercan?

3.- Con las frases que siguen puedes profundizar tu oración teniendo presente el tema de: “Animar y acompañar desde nuestra Espiritualidad y Carisma a los destinatarios y colaboradores de nuestra misión”:


Acompañar desde la misericordia significa que toda necesidad ajena debe tocar nuestro corazón y tenemos que ingeniarnos y hacer algo para remediarla.

Nosotras, como Hijas de la Misericordia, más que nadie debemos comprender y hacer obras de misericordia.

Somos elegidas por Dios para que Él continúe obrando en el mundo por medio nuestro, en las obras de misericordia que hacemos a la humanidad.

“Hijas de la Misericordia”, debemos hacer misericordia sin descanso y hacerla más que todas las almas misericordiosas porque nos llamamos “Hijas de la Misericordia” y Dios nos puso en el mundo para ejercitarla. Este es nuestro fin especial.

Practiquemos no sólo la misericordia material, sino también la espiritual.

Preparémonos para obrar con misericordia, para evangelizar a la gente desde la misericordia, para conquistar almas para el cielo...

Misericordia quiero y no sacrificios.

No pensemos en nosotras mismas, sino más bien en las otras almas: los destinatarios de nuestra misión y a de quienes trabajan con nosotras. A ellas tenemos que llevarles la misericordia, enseñarles, ayudarles...

Pobres, niños, jóvenes, adultos, docentes, enfermos, ancianos, enfermeros, médicos, presos, personal de maestranza, familias... Éstas son almas preciosas que llegan a nuestras manos para que las iluminemos, por eso nosotras tomamos como primer fin la gloria y el amor de Dios y como fin especial las obras de misericordia con el prójimo...

Como Hijas de la Misericordia hagamos el propósito de hacer con amor las obras de misericordia.

Esta Congregación se sacrifica en el amor misericordioso por el prójimo.

4.- Se puede finalizar expresando oraciones espontáneas.


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ADORACIÓN AL SANTISIMO (Núcleo 5 del Plan Pasar) (1º)

Propuesta de oración para lograr un encuentro personal profundo con el Señor que nos lleve a: resignificar continuamente nuestra vida consagrada, seguir transitando el Itinerario Formativo y vivir en una actitud de continua conversión.

Comienza tu adoración ante Jesús Sacramentado con el canto de la sed de Dios.

El orante comienza su jornada dirigiéndose al templo para buscar la luz de Dios. Tiene necesidad de ese encuentro con el Señor de modo casi instintivo, se podría decir «físico». De la misma manera que la tierra árida está muerta, hasta que la riega la lluvia, y a causa de sus grietas parece una boca sedienta y seca, así el fiel anhela a Dios para ser saciado por él y para poder estar en comunión con él.

Ya el profeta Jeremías había proclamado: el Señor es «manantial de aguas vivas», y había reprendido al pueblo por haber construido «cisternas agrietadas, que no retienen el agua» (Jr 2,13). Jesús mismo exclamará en voz alta: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba, el que crea en mí» (Jn 7,37-38). En pleno mediodía de una jornada soleada y silenciosa, promete a la samaritana: «El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna». He aquí que estás frente al Manantial de la Vida que brota hasta la vida eterna, Jesús en la Eucaristía.

Rézalo pausadamente y en silencio (Salmo 62)

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.


Puedes quedarte solo con este salmo, rumiándolo en tu corazón, en silencio, en contemplación durante todo el tiempo que dure la adoración sin perder de vista el objetivo o la propuesta de la adoración………

Si deseas más, aquí tienes más propuesta para continuar…….

JESÚS Y LA SAMARITANA (Jn 4,1-30)

Te sugiero realices una lectura pausada y atenta del texto. Imagínate la situación, los movimientos, la ubicación geográfica, los personajes…


“En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, …; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: "Dame de beber." Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?" Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva." La mujer le dice: "Señor, si no tienes balde, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?" Jesús le contestó: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna." La mujer le dice: "Señor, dame de esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla." “Él le dice: "Anda, llama a tu marido y vuelve." La mujer le contesta: "No tengo marido." Jesús le dice: "Tienes razón, que no tienes marido: has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad." La mujer le dice: "Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén." Jesús le dice: "Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén darán culto al Padre. Ustedes dan culto a uno que no conocen; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad." La mujer le dice: "Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo." Jesús le dice: "Soy yo, el que habla contigo." “En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: "¿Qué le preguntas o de qué le hablas?" La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: "Vengan a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste el Mesías?" Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho." Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo."

Todos tenemos sed de Dios, necesitamos del agua que Jesús nos ofrece, un agua viva, que sólo Él la tiene, porque Él es la Fuente. Necesitamos un encuentro con Jesús todos los días en nuestra oración.

La Palabra leída debe bajar a la inteligencia, al corazón y a la voluntad; sólo así se podrá traducir en una adhesión obediente al Espíritu de Jesús. Relee el texto, repite en tu interior alguna palabra que te pareció central, rumia las palabras más importantes y confróntalas con tu vida, para que la Palabra, que es “viva y eficaz” vaya iluminando, purificando y sanando tu vida y la vaya adecuando al querer de Dios. Hay que dejarse involucrar y criticar por la Palabra.

Charlando con Jesús Eucarístico, preséntale lo que sabes que necesitas y Él te concederá eso y además aquello que es más conveniente para ti. Piensa que lo importante es saber poner en primer lugar a Jesús; y que escuchar su palabra y hacer oración, encontrarte con Él, sea lo primero en tu vivir de cada día.

Comprende que a partir de ahí serás empujada por la fuerza de su Amor a encontrarte con tus hermanos.

¿Tienes sed de Dios? … Sed de encontrarte con Jesús, a quien lo tienes ahora ante tus ojos en la Eucaristía, que te perdona, que te escucha, te quiere, te protege, te anima, te sana, te salva,... ¿Qué más se puede pedir? ¿O Tal vez sólo tienes sed de ser la mejor, de tener éxito, de ser la más inteligente, de ser famosa, de tener muchos amigos, de tener muchos conocimientos...? Jesús en estos momentos, te ofrece un gran regalo, como a la mujer samaritana, un agua que no se acaba nunca, un agua que calma la sed que todos tenemos de Dios. Es el agua de la vida eterna, el agua de su Espíritu Santo, el agua que se derrama hecho Pan en la Eucaristía, el agua de la fe en Él mismo. ¿Quieres esta agua?

Tómala ahora mismo. Y acude a El cada día, teniéndole presente en cada cosa que hagas, visítalo en la Eucaristía, háblale. La samaritana aceptó y estaba tan emocionada que corrió a su pueblo a contar a todos lo que había descubierto y "Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer" (Jn. 4,39).

Contemplación/compromiso

Permanece en silencio en la presencia del Señor......

Pídele al Espíritu de Jesús tener hambre y sed de Dios. Deja todo discurso sobre la Palabra y céntrate en Jesús Eucaristía, sintiendo su presencia y gozando de su intimidad. Pídele fuerza para actuar en la vida lo que haz leído y orado. Con gran claridad sobre las propias limitaciones y carencias, te propones realizar alguna acción concreta para practicar aquello que el Señor te sugiere a partir de este encuentro con Él.

El propósito deberá ser concreto y realizable, cercano en el tiempo y fácil de evaluar.

Para rezar juntas: (inspirado en los indicadores del núcleo de hoy)

Jesús, Fuente de Agua Viva

Jesús: fuente de agua viva,
viento de paz, victoria sobre toda muerte;
sol en las profundidades de nuestro ser,
meta de nuestro caminar, compañero de vida y esperanza...
fuente de infinita misericordia.

Jesús: de Ti brota la vida,
haz que nuestra oración sea más encarnada,
que sepamos compartir experiencias espirituales,
y aprovechar todo lo que nos das para nuestro bien espiritual,
para nuestro crecimiento interior.

Que vivamos la fraternidad acompañándonos, animándonos
y sosteniéndonos mutuamente.

Que con nuestra vida consagrada testimoniemos
El amor y la misericordia del Padre.

Jesús: el que vive y el que hace vivir;
el que nos cura, recrea y salva; ayer, hoy y siempre.

Jesús eres mi Señor. No hay otros
señores.
Jesús eres nuestro Señor. Amén.


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ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 5 del Plan Pasar) (2º)

Conversión: Revisar, discernir, cambiar y vivir.
(Ideas tomadas de Marcelo A. Murúa)

Sugerencia para una hora de Adoración al Santísimo con el núcleo nº 5 surgido en el Plan pasar para lograr un encuentro profundo con el Señor que nos ayude a resignificar continuamente nuestra vida consagrada y a vivir en una actitud de conversión permanente, teniendo en cuenta el Itinerario


Formativo: Encuentro con Jesucristo – Conversión – Discipulado – Comunión – Misión.


Comienza esta hora delante de Jesús Eucaristía pidiendo el gemido del Espíritu Santo con la siguiente oración: (o un canto)

Divino Padre Eterno, en nombre de Jesús Eucarístico y por la intercesión de la Siempre Virgen María;
envía a mi corazón al Espíritu Santo para que ore en mi.

Espíritu Santo, Dios de infinita caridad, dame Tu Santo Amor, enciende tu fuego en mi interior delante del Santísimo Sacramento.

Espíritu Santo, Dios de las virtudes; conviérteme.
Espíritu Santo, Fuente de luces celestes;
disipa mi ignorancia.

Espíritu Santo, Dios de infinita pureza; santifica mi alma.

Espíritu Santo, que habitas en mi alma, transfórmala y hazla toda tuya.

Espíritu Santo, Amor sustancial del padre y del Hijo, permanece siempre en mi corazón. Amén.

El seguimiento de Jesús comienza por la conversión; pero para que esto suceda antes tienes que tener un encuentro profundo con Él como el que estás realizando ahora. El Señor te pide que dejes tu manera de vivir que no concuerda con el Evangelio, te invita a cambiar de vida, a convertirte día a día.

Silencio contemplativo, meditativo……………Oración en silencio

La conversión está en la médula del mensaje evangélico. Implica un cambio de camino, de mentalidad, de forma de vivir, de pensar, de creer, de amar. Para vivir la conversión a la que te invita Jesús hoy en su presencia son necesarios cuatro pasos:

Revisar la propia vida y la vida comunitaria que te rodea. Tómate unos minutos para reflexionar y conversar con Jesús Sacramentado sobre las siguientes preguntas:

• ¿Cuáles son los valores que mueven tu vida consagrada?
• ¿Cuáles son los valores que te propone la comunidad, la sociedad en que vives?
• ¿Qué situaciones hay en tu vida, en la comunidad que te rodea, que no tienen nada que ver con lo que
Jesús propone a los que lo quieren seguir?

Discernir por dónde haces pasar el Evangelio en estos días.

• ¿Por qué existen situaciones en tu vida que te alejan del encuentro con Dios, del seguimiento radical a Jesús? ¿Por qué existen situaciones en la comunidad, en la sociedad, que producen injusticia, egoísmo, violencia y exclusión?
• ¿Cómo vivir para ser fieles al mensaje de Jesús, a su propuesta de ser sus discípulos misioneros viviendo en una actitud de continua conversión?
Cambiar lo que te aleja del seguimiento de Jesús, lo que impide que la comunidad se construya según los valores descubiertos en este núcleo del Plan Pasar y a los valores del Reino.
• ¿Qué tienes que cambiar en tu vida para vivir según el modelo que te transmite Jesús, para resignificar continuamente tu vida consagrada?
• ¿Cuáles son las cosas que puedes ayudar a cambiar para que en la comunidad todas sean discípulas misioneras que construyan el Reino de Dios?

Vivir el cambio que se descubre en la oración, la reflexión compartida, el discernimiento comunitario. Dejar que los hechos ocupen el lugar de las palabras. Cambiar con gestos, con actitudes, con decisiones que impliquen cosas concretas en la solución del núcleo problemático. Vida nueva.

Silencio reflexivo, adoración……..compromiso personal (Tómate el tiempo necesario)

Si deseas más material y dispones de más tiempo te ampliamos la propuesta:

Un camino de conversión


Los textos bíblicos que te proponemos te introducen en la verdadera espiritualidad que Dios te invita a seguir, y para vivir esa espiritualidad debes cambiar el corazón e intentar escuchar la voz de Dios.

Te proponemos un espacio de lectura orante con un texto bíblico que ayuda a vivir en una continua conversión del corazón: Is. 58, 1-14 y Mt. 25, 31-46.

El texto es clave para entender el significado de la conversión. La voz de Dios resuena en el texto con claridad y transparencia. Un corazón arrepentido es un corazón compasivo y misericordioso.

1.- Lee pausadamente el texto de Is. 58, 1-14

“Grita con fuerza y sin miedo. Levanta tu voz como trompeta y denuncia a mi pueblo sus maldades, y sus pecados a la familia de Jacob.
Según dicen, me andan buscando día a día y se esfuerzan por conocer mis caminos, como una nación que practica la justicia y no descuida las órdenes de su Dios. Vienen a preguntarme cuáles son sus obligaciones y desean la amistad de Dios. Y se quejan: “¿Por qué ayunamos y tú no lo ves, nos humillamos y tú no lo tomas en cuenta?” Porque en los días de ayuno ustedes se dedican a sus negocios y obligan a trabajar a sus obreros. Ustedes ayunan entre peleas y contiendas, y golpean con maldad. No es con esta clase de ayunos que lograrán que se escuchen sus voces allá arriba.
¿Cómo debe ser el ayuno que me gusta, o el día en que el hombre se humilla? ¿Acaso se trata nada más que de doblar la cabeza como un junco o de acostarse sobre sacos y cenizas? ¿A eso llamas ayuno y día agradable a Yavé? ¿No saben cuál es el ayuno que me agrada? Romper las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libres a los oprimidos y romper cada clase de yugo. Compartirás tu pan con el hambriento, los pobres sin techo entrarán a tu casa, vestirás al que veas desnudo y no volverás la espalda a tu hermano.
Entonces tu luz surgirá como la aurora y tus heridas sanarán rápidamente. Tu recto obrar marchará delante de ti y la Gloria de Yavé te seguirá por detrás. Entonces, si llamas a Yavé, responderá. Cuando lo llames, dirá: “Aquí estoy”. Si en tu casa no hay más gente explotada, si apartas el gesto amenazante y las palabras perversas; si das al hambriento lo que deseas para ti y sacias al hombre oprimido, brillará tu luz en las tinieblas, y tu oscuridad se volverá como la claridad del mediodía. Yavé te confortará en cada momento, en los lugares desérticos te saciará. Él rejuvenecerá tus huesos y serás como huerto regado, cual manantial de agua inagotable. Volverás a edificar sobre las ruinas antiguas y reconstruirás sobre los cimientos del pasado; y todos te llamarán: El que repara sus muros, el que arregla las casas en ruinas.
Si te preocupas de no caminar en día sábado ni de tratar tus negocios en el día santo; si tú llamas al sábado “Delicioso”, y “Venerable” al día consagrado a Yavé; si tú lo veneras, evitando los viajes, no haciendo tus negocios ni arreglando, ese día, tus asuntos, entonces, te sentirás feliz con Yavé. Yo te llevaré por las cumbres de la tierra, y te mantendré con la propiedad de tu padre Jacob; la boca de Yavé te lo asegura”.

2.- Dialoga con Jesús Eucaristía sobre los versículos que más han tocado tu corazón.

3.- Subraya las actitudes relacionadas con la conversión.

4.- Relaciona las actitudes que Dios pide con la vida de Jesús.

5.- Aplica al texto bíblico los cuatro pasos y sus preguntas, presentados al comienzo:

Revisar la vida personal a la luz del texto, del núcleo problemático y del itinerario formativo.
Discernir qué te propone Dios en tu vida concreta de consagrada a partir del texto
Cambiar, ¿qué puedes ofrecerle a Dios y a tus hermanos en este tiempo de tu vida que te implique conversión?
• Vivir. Piensa en un compromiso concreto que tenga que ver con el núcleo problemático en cuestión a partir de lo leído y rezado.

Oración Final:

¡Conviértenos a ti, Señor…!
Señor, quiero convertirme a ti,
quiero dejar de mirarme a mí misma,
y empezar a mirarte a ti, mi Dios y único Señor.

Quiero convertirme a ti,
para que el centro de mi vida seas tú,
sólo tú, mi Dios y Señor,
y me olvide de mis cosas y de mí,
quiero ocuparme sólo de ti,
de extender tu Reino a los demás;
que me abra más a las necesidades de la Iglesia
y de la sociedad.

Señor, quiero dejar de lado
mis intereses egoístas,
para interesarme sólo por ti,
y servir humildemente a los demás.
que sepa acompañar desde mi carisma a quienes me necesitan.

Señor, conviérteme a ti,
A tu palabra, a tu presencia…;
así dejaré de fiarme tanto de mis palabras,
de mis proyectos y de mis realizaciones.
Quiero empezar a caminar por tus caminos.
Conviérteme, día a día, más a ti,
en los pequeños detalles que constituyen
mi trabajo diario.

Señor, ayúdame a convertirme a ti…
yo sola no puedo.
Tanto lo he intentado
y siempre vuelvo a quedarme encerrada en mí.
Sal a mi encuentro, alienta mi esfuerzo.

Ayúdame, Señor, a empezar cada día
sin desanimarme por mis debilidades.

Conviérteme a ti, Señor…

 

 

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ADORACIÓN AL SANTÍSIMO (Núcleo 5 del Plan Pasar) (3º)

Sugerencia para una hora de Adoración al Santísimo con una necesidad surgida en el Plan pasar de lograr un encuentro profundo con el Señor que nos ayude a resignificar continuamente nuestra vida consagrada y a vivir en una actitud de conversión permanente, teniendo en cuenta el Itinerario Formativo: Encuentro con Jesucristo – Conversión – Discipulado – Comunión – Misión.

1. Comienza esta hora de adoración invocando las luces del Espíritu Santo con las palabras que broten de tu corazón.

 

2. Reza pausadamente la siguiente oración:

Señor Jesús, te abro mi mente y mi corazón para que entres en mí ser y puedas revelar todo tu misterio de amor. Quiero sentir tu abrazo de Resucitado y experimentarte vivo. Anhelo un encuentro experiencial contigo que transforme mi vida y me llene de ese gozo y esa paz permanentes que solo tú sabes dar.

Deseo sentirme amado por ti para amarte como me pides y poder así recibir tu encargo de ser anunciadora de tu Palabra en todo tiempo y lugar. Bendice a mi comunidad y los lugares que frecuento para que nada ni nadie puedan perturbar la gracia de vivir tu presencia y gozarme en tu mirada tierna y amorosa. Amén.

3. El siguiente texto del evangelio de Lucas 19,1-10 te puede ayudar a realizar tu oración y adoración personal.

Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad.
Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos. El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: "Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa". Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Se ha ido a alojar en casa de un pecador". Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más". Y Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido".

El relato de la conversión de Zaqueo es una demostración del poder de Dios para cambiar los corazones duros, de manera que ellos puedan gustar también de la salvación. Bien dijo Jesús: “Lo imposible para los hombres, es posible para Dios”.

Para cultivar la semilla de la Palabra en lo profundo de tu corazón puedes ayudarte de las preguntas que siguen:

1. ¿Cómo sucede el encuentro con Jesús que le transformó la vida?

2. ¿En qué se nota el giro de la conversión que ocurre en Zaqueo?

3. ¿Qué me enseña este texto para un trabajo de evangelización urbana en el Jericó de hoy?


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