HAGA CLICK EN EL TÍTULO PARA ACCEDER AL TEXTO


Bautismo del Señor. 1º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

2º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

3º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

4º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

5º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

6º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

7º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Presentación del Señor (2 de febrero). Ciclo C

Anunciación del Señor (25 de marzo). Ciclo C

Santísima Trinidad. Ciclo C

Ssmo. Cuerpo y Sangre de Jesús. Ciclo C

Sagrado Corazón de Jesús. Ciclo C

Asunción de María. Ciclo C

8º Octavo Domingo Ordinario. Ciclo C

9º Noveno Domingo Ordinario. Ciclo C

10º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

11º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

12º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

13º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

14º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

15º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

16º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

17º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

18º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

19º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

20º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

21º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

22º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

23º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

24º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

25º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

26º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

27º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

28º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

29º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

30º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

31º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

32º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

33º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Cristo Rey. Ciclo C

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Bautismo del Señor. 1º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Pistas para la Lectio Divina Lucas 3, 15-16

1.- Oración inicial

¡Dios mío, tú eres mi Dios! Con ansias te busco,
pues tengo sed de ti; mi ser entero te desea,
cual tierra árida, sedienta, sin agua. ¡Quiero verte
en tu santuario, y contemplar tu poder y tu gloria,
pues tu amor vale más que la vida!

Con mis labios te alabaré; toda mi vida te bendeciré,
y a ti levantaré mis manos en oración.

Quedaré muy satisfecho, como el que disfruta de un
banquete delicioso, y mis labios te alabarán con alegría.

Por las noches, ya acostado,
te recuerdo y pienso en ti; pues tú eres
quien me ayuda.
¡Soy feliz bajo tus alas!



2.- Ponernos en clima

Estamos asistiendo en la Iglesia a un hecho magnífico, como es la renovación de la conciencia de que somos bautizados. No por exaltación propia, sino por elección y obra de Dios el Bautismo eleva a las personas a la dignidad más encumbrada.

Ha sido Dios quien nos ha seleccionado para ser en medio del mundo, como nos dice el apóstol San Pedro, una raza escogida, un sacerdocio regio, una nación santa, el pueblo que Dios se ha elegido para proclamar sus obras maravillosas.

¿Cuáles son estas maravillas? Cristo Jesús de Nazaret, se solidariza con el pueblo. Sin ser pecador, se mete entre los pecadores dentro del río, para comunicar al agua desde entonces el poder de santificar. Carga con las culpas de todos para llevarlas después hasta la cruz, como humilde Siervo de Dios, hasta ser bautizado con un bautismo de sangre que lavará todo el pecado del mundo.

Sale Jesús del Jordán, se pone en oración, y ven todos cómo se rasga el cielo, aparece el Espíritu Santo sobre Él en forma de paloma, y se oye por los espacios la voz del Padre: - ¡Este es mi Hijo queridísimo, en quien tengo todas mis complacencias!

Esta escena del río Jordán se repite continuamente en la Iglesia. El niño sacado de la pila se convierte en un hijo o en una hija de Dios que lo tiene enloquecido de felicidad al mismo Dios Padre, quien mira al recién bautizado con un amor, con un cariño, con una ternura indecible. El Hijo, Jesús, lo ha hecho en todo semejante a Sí mismo, copia perfecta suya, miembro de su Cuerpo, ciudadano de su Iglesia, heredero de su Reino. San Pablo dirá: - Los que fueron bautizados en Cristo se han revestidos del mismo Cristo. El Espíritu Santo, como en los cielos del Jordán, se posa sobre él, le susurra como un murmullo la oración, lo unge como a Jesús, penetrando todo su ser, lo enciende, lo inflama, le hace arder en el amor a Dios y lo lanza a hacer el bien a todos los hermanos.

El tomar conciencia de nuestro ser de bautizados es para nosotros una bendición de Dios. Nosotros, bautizados, tenemos conciencia de que nuestra dignidad mayor y nuestra mayor responsabilidad no radican en ser simplemente hombre o mujer, sino en ser seguidores de Cristo, que nos ha dado a la vez la sujeción y la libertad de los hijos de Dios.

3.- Acercarnos al texto

El primer dato que llama la atención en este texto evangélico es que a diferencia de los detalles rigurosamente históricos que encuadran el comienzo del ministerio del Bautista (3, 1-2), los que describen el bautismo y la unción de Jesús como el Esperado, como el Mesías, trascienden estas categorías históricas y la experiencia normal y, por ello mismo, no son científicamente comprobables.

Juan inicia su predicación llamando a todos a la conversión para preparar el camino al Señor. Jesús acude al Jordán como uno más a bautizarse, pero no para sellar con el bautismo de agua una actitud interior de conversión, sino para sancionar, con un gesto significativo, su plena disposición a aceptar lo que se acerca, la novedad del Reino, incluso hasta la misma muerte (ése es el sentido que tiene la inmersión en el agua), a fin de llevar a término su misión.

El gesto de Jesús, es sorprendente: le sitúa entre los pecadores. Semejante gesto, difícil de entender, no pudo ser inventado por las primeras comunidades, más propensas a subrayar el carácter único de Jesús que su participación en el común destino de los hombres. Lucas presenta aquí a Jesús como miembro de la humanidad, inmediatamente antes de que la «voz del cielo» afirme el carácter singular de Jesús («Tú eres mi hijo»). Es como si nos estuviera diciendo, adelantando el contenido de su evangelio: Este hombre que se acerca y acoge a los pecadores; que come y comparte con prostitutas y publicanos, que fustiga a los piadosos y a los jefes religiosos, que es amigo de los pecadores, éste es el Mesías, el Ungido de Dios.

Los acontecimientos externos que tienen lugar después de haberse bautizado, mientras ora, nos hablan de la experiencia interior que acaba de tener. A la disposición expresada por Jesús de entrega incondicional corresponde, por parte de Dios, la donación total de su Espíritu. Tres imágenes, dos visuales y una auditiva, sirven para describir tal experiencia:

El «cielo abierto» de par en par, después de siglos que se ha mantenido «cerrado» por haber acallado el pueblo la voz de los profetas, significa que con Jesús se abre e inicia una nueva etapa en la historia: la comunicación definitiva y permanente de Dios con la humanidad.

La «bajada del Espíritu Santo» sobre Jesús significa que este miembro del pueblo, es ungido y presentado como el «rey mesiánico» (Is 11, 1-5), el Servidor de Dios con misión universal (Is 42, 1-7), el Profeta-Mesías (Is 61, 1-4), el esperado. Y su unción y misión es permanente, pues el Espíritu de Dios reposa sobre él. La «forma de paloma» alude al Espíritu de Gn 1, 2, que aleteaba por encima de las aguas. Los evangelistas suelen echar mano de imágenes y figuras externas para describir experiencias interiores. La insistencia de Lucas en el carácter visible y, sin embargo, indefinible («en forma corporal», «como una paloma») tiende a afirmar que la presencia del Espíritu de Dios no podía pasar desapercibida a quien mirase a Jesús con una mirada libre.

La comunicación celeste (la voz que se escucha) afirma: «Tú eres mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto». Lo que dice la voz del cielo es el culmen del relato. Ella define lo que es Jesús para Dios. De esta experiencia de Dios, que le revela que es el Hijo -el responsable de la causa del Padre en la historia-, nace la misión por la que Jesús deja la esfera de su vida privada y empieza su vida pública, para compartir tal experiencia con los demás. La unión efectiva y permanente entre el Espíritu de Dios y el hombre Jesús cierra una etapa de la revelación (Antiguo Testamento) y abre una nueva: la creación culmina con Jesús, el hombre perfectamente acabado, el Hijo del hombre e Hijo de Dios.

4.- Reflexionar como creyentes

Este signo del Bautismo de Jesús es significativo y marca un momento clave de su vida. Lucas nos presenta claramente que Jesús es quien es, y merece la pena escucharle y seguir sus huellas. ¡Aquí está el asunto! Ya no valen las actitudes “a medias” ante lo que Él proponga. ¡Es la hora de la decisión!

Estamos al inicio de la vida pública de Jesús. Han pasado años en el silencio y con un objetivo: descubrir los caminos de Dios-Padre para Él y el medio para llevar a cabo su plan de salvación. Jesús tuvo que rastrear, también, esos caminos, hasta llegar a una conclusión y experimentarlo en su propia vida.

Jesús realiza, pues, el camino y descubre que el querer de Dios pasa por la solidaridad con los hermanos hasta el final.

El Bautismo es el signo visible y externo de esa nueva dedicación que ha de vivir, hacer visible y tangible ese plan salvador del Padre. Por lo tanto, este bautismo supone un cambio como hijo (“Tú eres mi Hijo amado”) y como hermano, a quienes dedicará su vida entera.

El bautismo de Jesús motiva e ilumina nuestra vida de creyentes. En esta presentación que Dios mismo nos hace de Jesús (no olvidemos que durante los días de Navidad han sido los pastores, la gente sencilla y marginada, o unos “Magos de Oriente” los que nos lo han presentado), su invitación es a ACOGERLE y ESCUCHARLE. ¡Así nos pone en camino también a nosotros! A lo largo de estos meses, nuestro bautismo nos va a sugerir muchas cosas gozosas y costosas. No olvidemos en ningún momento que Jesús es el que mejor sabe el CAMINO que lleva a Dios-Padre.

5.- Comprometernos en la vida

El bautismo le lleva a Jesús a dar un paso muy significativo en su vida: desde ahora se dedicará plenamente a la causa del Reino, que es la causa del Padre, por lo tanto yo:

Cada día de este mes, tomaré conciencia de mi Bautismo, y realizaré un signo sencillo, pero consciente: una señal de la cruz, un gesto que me diga y me recuerde... mi bautismo y su compromiso.

Este mes participaré en la celebración de algún bautismo en mi parroquia o en alguna cercana: me acercaré a la Pila bautismal y realizaré una confesión de mi fe, a mi modo, con mis palabras.

Durante este mes, viviré algún compromiso concreto de cara a los demás (alguna visita especial, una ayuda, participación en alguna acción...) para significar mi condición y compromiso de bautizado.

Rezaré durante esta semana la siguiente oración:

YO SÍ TE CONOZCO

Hijo/a mío/a: Tú todavía no sabes lo que eres. No te conoces aún -quiero decir que no te has reconocido del todo- como objeto de mi amor. Por eso no sabes lo que eres en mí e ignoras las posibilidades que hay escondidas en ti. Despierta y deja los malos sueños: esa fijación en los fracasos y los fallos, en los cansancios, caídas y pasos en falso.

Todo eso no es tu verdadero yo. Déjate amar y guiar y... ¡ya verás!

Las máscaras que llevas y los disfraces que te pones te pueden ocultar a los ojos de los demás -quizá a tus propios ojos también-, pero no pueden ocultarte a los míos.

Esa mirada, tu mirada, que no es clara, y tu deseo febril, anhelante, así como tus ambiciones, apetencias y ardores tan queridos, tan tuyos, tan fuertes...Todo eso no es tu verdadero yo. Bajo todo ello, detrás de todo eso, más allá de tus dudas y tu pasado, yo te miro, yo te amo, yo te elijo y abro las puertas del cielo para mostrártelo. Tú eres un hijo a quien quiero. ¡Podría decir tantas cosas...!

No de ese tú que busca disfraces, sino del tú que permanece en mi corazón y que acuno como padre en mi regazo, del tú que puede aún manifestarse... Haz visible lo que eres para mí. Sé el sueño hecho realidad de ti mismo. Activa las posibilidades que en ti he puesto. No hay ningún don al que no puedas aspirar. Llevas mi sello, mi sangre y espíritu. Te beso, te amo, te libero, te lanzo... Te abro a la vida y te hago dueño. Y si todo esto es lo que yo hago, ¿Qué te impide levantarte, andar y ser? Estás en el mundo por tu bien y mi querer.

6.- Preguntarnos

¿Qué palabras, actitudes del relato nos impactaron más? ¿Por qué?
¿Qué resonancia tiene en nosotros las palabras de Juan?
¿Cómo podemos hacer efectiva en nosotros y nosotras la misión del Mesías en el mundo actual?
¿Recordamos algún otro texto en el cual se escuche la voz de Dios con palabras semejantes?
¿A qué nos compromete nuestro propio bautismo?
¿Qué palabras nos ha dicho el Señor a cada uno a través del bautismo?

7.- Orar en comunidad

Dios, comunidad trinitaria y modelo de todas las comunidades, que en el bautismo de Jesús lo has proclamado como tu «Hijo muy amado, el predilecto»; te suplicamos nos cobijes bajo su nombre y nos concedas conformarnos cada día más cercanamente a su imagen, haciendo nuestra su Causa y colocándonos en las filas en las cuales él se ha colocado. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor…

O BIEN
(Tomado de B. Caballero: San Pablo, España)

Hoy te bendecimos a boca llena, Señor Dios nuestro, porque en el bautismo de Jesús realizaste signos visibles que anunciaban el nuevo bautismo en el agua y Espíritu, e hiciste descender tu voz desde el cielo para que el mundo creyese que tu Palabra, Cristo Jesús, habitaba entre nosotros. Así lo ungiste con el Espíritu como Mesías elegido y enviado a anunciar la salvación a los pobres. Gracias, Señor, por nuestro propio bautismo que nos incorpora a Cristo, a su muerte al pecado y a su resurrección a la vida nueva que de ti recibimos por medio de Jesús, tu hijo y nuestro hermano mayor.
Amén.

 


^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


2º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

El vino mejor…Juan 2,1-12

1. Oración inicial

Espíritu Santo, ábrenos a la Palabra siempre nueva, que salva. Concédenos la gracia de poner paz allí donde hay antagonismos y hacer perceptible, por medio de nuestra vida, un reflejo de la compasión de Dios.

Espíritu Santo, ayúdanos a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Jesús la ha leído a los discípulos ayudándonos a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren.

Tu palabra nos oriente a fin de podamos testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz.


Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu Santo. Amén.


2. Una posible división del texto, para ayudarnos en su lectura
:


Juan 2,1-2: Fiesta de las bodas. María presente, Jesús está invitado.

Juan 2,3-5: Jesús y su Madre ante la falta del vino.

Juan 2,6: Las tinajas de la purificación estaban vacías.

Juan 2,7-8: La iniciativa de Jesús y los sirvientes.

Juan 2,9-10: El descubrimiento del signo por parte del maestresala.

Juan 2,11-12: Comentario del evangelista.

3. Claves de lectura para profundizar el texto.

1. Con el capítulo segundo comienza Juan el libro llamado de “los signos”. A lo largo de los doce primeros capítulos de la obra, contemplará el lector siete “signos”, expresión y presencia del Reino que llega con el Mesías Jesús y que alcanza a toda comunidad, a todo el que se sienta llamado a vivir el proceso de la fe. En ellos se desvelan las actitudes de Jesús, la semblanza de su persona: quién es, qué busca, qué pasión totaliza su existencia. Los signos del Reino recogidos en estos capítulos despiertan la fe en los discípulos de ayer y de hoy.

2. El texto que nos ocupa, es como una obertura musical que anuncia de forma simbólica el tema fundamental de la venida de Jesús. Algo radicalmente nuevo ha surgido en medio del pueblo con la presencia de Jesús. Las señas de identidad del judaísmo que daban seguridad a la fe y la espera de Israel están acabadas, han sido sustituidas por otras nuevas: lo que verdaderamente purifica y renueva al hombre no es agua conservada en las tinajas de piedra sino la participación en la Nueva Alianza.

Aquellas tinajas estaban ya vacías, sólo eran piedra… El agua, es sustituida por el vino, signo gozoso de los tiempos mesiánicos que llegan en la persona y la misión de Jesús.

3. Comienza el texto con la expresión “al tercer día”… después de una intensa actividad anterior (1, 19-51) el colofón viene al final de la semana; para Juan con “el tercer día”, empieza el tiempo de la creación nueva, memoria de la resurrección, de las bodas definitivas de Dios con la humanidad en la persona del Hijo. Tiene inicio una Nueva Alianza que sustituye a la del Sinaí. En estas nuevas bodas no cabe la intervención ambigua de los hombres, Jesús rechaza la intervención de su Madre; es el Padre quien cumple definitivamente su promesa “recordando siempre su alianza” (Lc 1, 72) y la hace nueva y definitiva en la entrega amorosa y total de su Hijo. En esta Nueva creación, el término “mujer” representa la Nueva Eva que posibilita caminos de vida: “hagan lo que Él les diga” (1, 5) junto con el Nuevo Adán, Esposo esperado que genera una relación esponsal viva y fecunda.
“La hora” (1, 4), llegará en la entrega total del Hijo hasta la muerte, serán el sello definitivo de la Nueva Alianza y de la elección.

4. Toda alianza se sustenta en la libre voluntad de compartir una relación. Ésta genera un don recíproco y un compromiso posibilitador de vida. Al menos dos personas son necesarias para que esto acontezca. Cada uno de nosotros somos deudores de esta dinámica en nuestras relaciones. Jesús el Señor, se hace cargo de nuestros engaños, de nuestras pobrezas. Pensamos quizás en nuestros mejores intentos humanos, que damos el primer y mejor vino a Dios, a los demás, pero sabremos al final que Él es el que nos ha dado el mejor vino, el “vino nuevo de su Reino”. Él despierta lo mejor de nosotros…

5. El capítulo 23 de la 1ª Regla, es una explosión de alabanza y agradecimiento a Dios uno y trino, por el proyecto de vida evangélica que han comenzado a vivir los hermanos menores. En los capítulos anteriores ha sido descrita de forma ideal cuanto el Señor estaba obrando en la fraternidad. El final del capítulo, refleja el abandono total de Francisco de Asís a un amor que le sobrepasa. Francisco, agradece la fidelidad. Todo es amor y gracia recibidos, ¿cómo no corresponder dándolo todo lo que uno puede dar?... “ninguna otra cosa, pues, deseemos, ninguna otra cosa queramos sino a nuestro Creador y Salvador que es el bien pleno, sumo bien, todo bien, el solo bueno”… (1R 23, 9).

4. Orar con el texto:

Un momento de silencio orante para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

¡Era mucho vino! ¡Más de seiscientos litros, y la fiesta estaba para terminar! ¿Cuál es el sentido de esta abundancia? ¿Qué se hace con el vino sobrante? ¡Lo estamos bebiendo hasta hoy!

5. Algunas preguntas personales

a) ¿Cuál es el punto de este texto que más te ha llegado? ¿Por qué?

b) ¿Qué ha llamado tu atención en las actitudes o comportamientos de las personas?

c) ¿La escases o la abundancia que había en la fiesta, tiene para vos algún significado?

d) La generosa actitud de Jesús para ofrecer el vino, ¿se aproximan a tus gestos para con tu familia, tu comunidad, tu prójimo?

e) Jesús comienza el anuncio del Reino en una fiesta de boda. ¿Qué piensas que te quiere decir con este gesto?

f ) ¿Cuál es el mensaje que te deja este texto?


6. Oración final


Señor Jesús, gracias por tu Palabra que nos revela el amor del Padre. Con tu Espíritu transforma nuestras relaciones. Haz que escuchando la invitación de María, tu Madre, podamos acoger en nuestras vidas el vino nuevo de tu Reino. Amén.

O bien...

Orar con el Salmo 148

¡Aleluya! ¡Alabad a Yahvé desde el cielo, alabadlo en las alturas, alabadlo, todos sus ángeles, todas sus huestes, alabadlo!

¡Alabadlo, sol y luna, alabadlo, estrellas lucientes, alabadlo, cielos de los cielos, aguas que estáis sobre los cielos!

Alaben ellos el nombre de Yahvé, pues él lo ordenó y fueron creados; el los fijó por siempre, por los siglos, les dio una ley que nunca pasará.

¡Alabad a Yahvé desde la tierra, monstruos del mar y abismos todos, fuego y granizo, nieve y bruma, viento tempestuoso, que hace su voluntad, montañas y todas las colinas, árboles frutales y todos los cedros, fieras y todos los ganados, reptiles y pájaros que vuelan, reyes de la tierra y pueblos todos, dignatarios y jueces de la tierra, jóvenes y doncellas también, los viejos junto con los niños!

Alaben el nombre de Yahvé: sólo su nombre es sublime, su majestad sobre el cielo y la tierra. Él realza el vigor de su pueblo, orgullo de todos sus fieles, de los hijos de Israel, pueblo de sus íntimos.


^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


3º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Jesús presenta el programa de su misión en la comunidad de Nazaret. Lucas 1, 1-4; 4,14-21

1. Oración inicial


Jesús, nuestra paz, que haces de nuestra frágil vida la roca de tu morada, conduce nuestra mente, y abre nuestro corazón para acoger el eco del Silencio y recibir tu Evangelio. Tú nos llamas a ser muy sencillos y humildes. Tú haces crecer en nosotros un agradecimiento infinito, por tu continua presencia en nuestros corazones. Amen

2. Lectio

El texto: Lucas 1, 1-4; 4,14-21 “1 Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, 2 tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, 3 he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, 4 para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. 14 Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu y su fama se extendió por toda la región. 15 Iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. 16 Vino a Nazaret, donde se había criado, entró, según su costumbre, en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. 17 Le entregaron el volumen del profeta Isaías, desenrolló el volumen y halló el pasaje donde estaba escrito: 18 El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos 19 y proclamar un año de gracia del Señor. 20 Enrolló el volumen, lo devolvió al ministro y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. 21 Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy.»

3. Claves de lectura para profundizar el texto

1.- El episodio de la sinagoga de Nazaret es un marco programático que nos da la clave de lectura de lo que sucede en la vida de Jesús, su misión. Acompañada por un breve sumario que ilustra la actividad de Jesús y su persona, la escena que el pasaje propone para estudiar, está ambientada en la sinagoga de Nazaret, en día de sábado. El regreso de Jesús, cuya fama se ha extendido por todos los rincones de la Galilea, por donde ha ido por la potencia del Espíritu Santo, expresa una intención precisa. Con el enseñar Jesús en las sinagogas, trata de decir su origen hebreo y el deseo de entrar en el corazón del culto para convertir en vida aquella ley que Dios había entregado a su pueblo y para ofrecerse como cumplimiento de la esperanza de Israel. A la pregunta sobreentendida en la narración ¿Es Jesús un Profeta?, la respuesta se hace siempre más evidente, según los criterios de discernimiento que Israel usa para verificar si un profeta es enviado o no de Jhwh: hay correspondencia entre lo que enseña y las enseñanzas de la ley, sus obras corresponden a los mandatos de Dios, las profecías sobre el futuro se cumplen todas. En Nazaret, Jesús se presenta como profeta – y de hecho se compara a Elías y Eliseo – aunque no se define así, conforme a su estilo, que rechaza toda definición de él mismo.

2.- La descripción detallada de los gestos evidencia lo que está por venir. Jesús habla sentado, la posición típica del que enseña. Los ojos fijos en Él, preparan a la importancia de lo que Jesús está por decir. Homilía breve la suya, pero comprometedora. El movimiento caracteriza este pasaje. Jesús viene, entra, se levanta, se sienta, pasa entre ellos, se va. También los nazarenos se levantan, pero para atraparlo. Claro contraste. Jesús se levanta para leer, los hombres se levantan para alejarlo. La espera descrita en este versículo: “Los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él”, termina en rechazo. El problema no está en el anuncio, ya conocido y fuente de esperanza para los piadosos israelitas, sino en el anunciador que lo hace suyo. Jesús no comenta las palabras de Isaías, sino que las actualiza. Su palabra es palabra-acontecimiento, una palabra que es ya salvación. La profecía se convierte en vida, es un hecho. La interpretación de Jesús supera toda expectativa. En la Palabra está presente el hoy, que es el hoy de la salvación, el hoy del cumplimiento. La realización de las promesas antiguas es para los que escuchan: los anawin, los pobres, los oprimidos, los preferidos de Jhwh (Is 11,4; 29,19) y ahora los preferidos de Jesús.

3.- En la explicación que actualiza la profecía emerge la novedad. Hoy, palabra determinante en Lucas, expresa el evangelista, la propuesta cumplida por Dios en Jesús. Este hoy, arranca en los presentes reacciones inmediatas de estupor y asombro, de maravilla y escándalo hasta el rechazo ya envuelto en la pregunta que seguirá a la proclamación de Jesús, pregunta suspendida en el aire, que no recibe respuesta: ¿No es éste el hijo de José? (v.22). Hay un fuerte contraste entre la Palabra proclamada por un hombre que tiene sobre sí el Espíritu del Señor, consagrado con la unción, enviado para una misión que tiene sabor mesiánico y las expectativas de quienes le escuchan. Se descubre un conflicto de identidad para los que le escuchan y se resisten a acogerle, la de Jesús ha quedado definida.

4.- Meditatio

1.- ¿Qué me dice el texto?

2.- Hoy: palabra clave en la vida del discípulo de cada día. En este hoy se cumple la Escritura. En este hoy Jesús el Mesías, entra en la sinagoga de mi vida, de mis proyectos para proclamar un nuevo mensaje a la pobreza de mis aspiraciones y expectativas. La Palabra de Dios se me adelanta y me lleva a un nuevo horizonte de sentido susurrado por el Espíritu Santo que vive en mí y me sugiere nuevos caminos. Compartir el camino del Mesías Jesús hasta Jerusalén produce en el creyente huidas, resistencias, miedos… sin adhesión personal no hay Buena Noticia, no hay tiempo de gracia, no es posible acoger la salvación. Si mi adhesión sincera y obediente al misterio de Jesús, no me lleva a compartir y posibilitar caminos de liberación, no hay verdadera experiencia de Iglesia.

3.- “Tener el Espíritu del Señor y su santa operación”… (2R 9, 9). Esta expresión recurrente en Francisco de Asís, en las dos Reglas y en las Admoniciones, explicita una llamada humilde y lúcida a recibir el don de la fe y del seguimiento como una novedad transformadora, capaz de reconducir permanentemente nuestras vidas a lo esencial: fidelidad al Reino que llega y se nos da como promesa y del que al mismo tiempo nos vemos tan lejos…

4.- El mensaje esplendente que nos trae Lucas en este episodio es la “Escritura”. Ella contiene todo el secreto de Dios que vive desde la eternidad y que se hace uno entre los hombres.

5.- Orar con el texto:
Dejamos que la voz del Verbo resuene en nosotros.

6.- Contemplatio

Hoy: palabra clave en mi vida de cada día. En este hoy se cumple la Escritura. En este hoy Cristo entra en la sinagoga de mis convicciones para proclamar un nuevo mensaje a la pobreza de mi pensamiento, a los sentimientos prisioneros de aquel deseo quebrado en las ruinas de un cotidiano gris arrastrado hora por hora, a mi mirada ofuscada por mi horizonte miope. Un año de gracia, de regreso, de bendición. Que mi hoy sea el del Señor, para que ninguna palabra suya pueda caer en vano en mi vida, sino que todas puedan germinar como granos de trigo en el surco de mi vida.

7.- Algunas preguntas personales

Estar atento en cada circunstancia: ¿Estoy siempre de carrera en mi vivir diario? ¿Anido en el corazón el deseo de investigar cuidadosamente el significado de cuanto acontece?

Me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva: ¿Pienso siempre que los pobres son los otros y que yo formo parte de los que tienen y saben, y por tanto no tengo necesidad de nadie?

Hoy se ha cumplido esta Escritura: ¿Conozco bien las Escrituras (el evangelio), como para reconocerla en mi hoy de todos los días?

8.- Oración final

Proclamamos con el Salmo 2, 6-9

“Yo he constituido mi rey sobre Sion mi monte santo” Voy a promulgar un decreto del Señor. Él me ha dicho: “Tú eres mi hijo, Yo te he engendrado hoy. Pídeme, y haré de las gentes tu heredad Te daré en posesión los confines de la tierra. Los regirás con cetro de hierro, y los romperás
como vasija de alfarero”.

Señor, tú proclamas año de gracia, de regreso, de bendición para nosotros. Que nuestro hoy sea el tuyo, para que ninguna palabra tuya pueda caer en vano en nuestra vida, sino que todas puedan realizarse como granos de trigo en el surco helado del pasado, capaces de germinar con los primeros vientos de la primavera. Amén

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


4º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C


¿No es este el hijo de José? Lucas 4,21-30

1.- Oración inicial


Espíritu Santo en ti descubrimos una realidad sorprendente: Dios no quiere ni el sufrimiento ni la aflicción humana; Él no causa en nosotros ni miedo ni angustia, Dios sólo puede amarnos.¡Espíritu Santo, ven, acompáñanos!, para que nos ayude a leer la Biblia. Con la luz de la Palabra, ayúdanos a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos difíciles de nuestra vida. Así, la cruz, aparezca para nosotros como fuente de vida. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, santo Espíritu que engendraste con tu poder a Jesús, Hijo de María, que nos ha revelado al Padre. Amén.

2. Lectio

El texto: 20. Enrolló el volumen, lo devolvió al ministro y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. 21. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura que acaban de oír se ha cumplido hoy.» 22. Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿Acaso no es éste el hijo de José?» 23. Él les dijo: «Seguramente me van a decir el refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaún, hazlo también aquí en tu patria.» 24. Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.» 25. «Les digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses y hubo gran hambre en todo el país; 26. y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. 27. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.» 28. Al oír estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira 29. y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad para despeñarle. 30. Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.

3. Claves de lectura para profundizar el texto

1. La Liturgia nos pone delante el conflicto surgido entre Jesús y la gente de Nazaret. Sucedió un sábado, durante la celebración de la Palabra en la sala de la comunidad, tras la lectura que Jesús hizo de un texto del profeta Isaías. Jesús cita al profeta Isaías para presentar su plan de acción e, inmediatamente, añade un brevísimo comentario. En un primer momento, todos quedaron admirados y contentos. Pero, cuando se dieron cuenta del alcance y del significado del programa de Jesús respecto a sus vidas, se rebelan y quieren matarlo. Conflictos de este tipo se dan, incluso, hoy. Aceptamos al otro en la medida en que se comporta de acuerdo con nuestras ideas, pero, cuando el otro decide admitir en comunidad a personas que nosotros excluimos, surge el conflicto. Es lo que sucedió en Nazaret. El Evangelio de este domingo comienza en el versículo 21, con un breve comentario de Jesús. Nos tomamos la libertad de incluir en el comentario los versículos precedentes, del 16 al 20. Esto nos permite tomar conciencia del texto de Isaías citado por Jesús y entender mejor el conflicto. Durante el curso de la lectura es bueno tener en cuenta dos cosas: “¿De qué modo actualiza Jesús el texto de Isaías? ¿Qué reacción produce entre la gente esta actualización del texto?”.

2. En este ambiente sin embargo, se vierten “palabras de gracia” que vislumbran el don del Reino que llega pero que ponen en entredicho los privilegios de Israel en favor de todos los pobres, de toda la humanidad; este atrevimiento le llevará definitivamente a la cruz. Los rasgos con los que se ilustra la misión de Jesús en esta escena, recuerdan modelos del profetismo de Israel (Elías y Eliseo), superados por el “hoy” inminente y universal de la salvación “hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír” (v. 21); el recorrido del evangelio confirmará, el “¡para todos!”

3. Todos los creyentes que vivimos nuestra vocación con los ojos puestos en Jesús tenemos su misma experiencia. El ejercicio de nuestra vocación supone un equilibrio de cercanía y distancia con los hombres, de adhesiones interesadas y de rechazos inexplicables. Y en esta paradoja vivida por Jesús, y por nosotros que le seguimos, Dios va cumpliendo su Palabra de comprometer todo su amor por el hombre.

4. Ser discípulo de Jesús, el Mesías, comporta para cada uno de nosotros, la experiencia de despojarnos de todos nuestros títulos y pretensiones respecto a Él, para “estar pendientes de las palabras que salen de sus labios” (v. 22)…de sus gestos que hablan también. La fe en Él nos lleva a vivir con verdad la necesidad que tenemos de redención. Cuando Él, su persona, se va constituyendo en el centro de nuestra existencia, se va haciendo también la fuente de nuestras búsquedas, de nuestras opciones, de nuestra santidad. A mayor capacidad de permanecer en su seguimiento, menor necesidad de seguridades que terminan angustiando la vida.

5. “Como peregrinos y forasteros”…no sólo en cuanto a derechos materiales, sino en cuanto a privilegios eclesiásticos o sociales. Ser peregrinos y forasteros, comporta para Francisco, el estar disponibles para servir y cuidar de los hermanos enfermos y aceptar ser injuriados… El Pobrecillo de Asís, intuye para él y para sus hermanos, que este es el camino de la verdad que lleva al discipulado auténtico. La senda de la desapropiación interior, que no engaña, porque la del despojo exterior puede ser falaz y engañosa (cf. 2R 6, 2-9).

4. Orar con el texto:

Un momento de silencio orante para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

5. Algunas preguntas personales

a) ¿Qué punto del texto te ha llamado la atención? ¿Por qué?

b) ¿Puedes dar testimonio y admirarte de las maravillas que ha hecho Jesús en tu vida?

c) ¿Cómo el programa de la misión de Jesús ha afectado tu programa de vida?

d) ¿Cómo podrías actualizar el texto de hoy para la realidad que te rodea?

e) ¿Cuáles son tus reacciones frente a este texto?

f) ¿Quiénes son los excluidos que hoy deberías acoger en tu vida, en tu comunidad?

6. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

 

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


5º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

La pesca milagrosa. ¡Dejándolo todo se fueron con Él!...Lucas 5, 1-11

1. Oración inicial


Espíritu Santo que desvelas los misterios de Dios; abre nuestros corazones al don de la Palabra y vivifícalos.

¡Padre nuestro! ¡Ahora tu Palabra está aquí! Se ha levantado como un sol después de obscura noche. Te rogamos, soples desde el mar el dulce viento del Espíritu Santo que nos recoja y nos lleve a Cristo, tu Palabra viviente: Queremos escucharle.

No nos alejaremos de esta playa, donde Él amaestra y habla, sino que permaneceremos aquí, hasta que nos tenga consigo; entonces lo seguiremos y caminaremos con Él, a donde nos lleve. Amén.

 

 


2. Lectura

El texto: “1. Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios, 2. cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. 3. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. 4. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echen sus redes para pescar.» 5. Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.» 6. Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. 7. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. 8. Al verlo, Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.» 9. Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. 10. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.» 11. Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron”.

3. Notas para profundizar el texto.

1. Terminada la sección introductoria (1,5 – 2, 52) que ha presentado a Juan Bautista y a Jesús y la sección consagrada a esbozar la misión de ambos (3, 1 – 4, 44), ha quedado abierto el camino público del Mesías Jesús y comienza el cuerpo del relato evangélico. El desarrollo del evangelio comienza con la llamada de Israel al nuevo éxodo del Reino que se hace inminente en la persona, la predicación y los gestos liberadores de Jesús: el texto que hoy tenemos entre manos deja abierta esta perspectiva (5, 1-11). Sólo Lucas usa el término “lago” en lugar de “mar” de Galilea. Para los otros sinópticos e incluso para Juan, “el mar de Galilea” está significando permanentemente la salida del territorio judío hacia los paganos. Lucas va a plantear en su evangelio que el éxodo definitivo de los que han dado su adhesión a Jesús, arrancará de Jerusalén fruto de la misión recibida en la pascua (Hch 1, 8).

2. Jesús entra en contacto con Simón y sus compañeros haciéndoles una petición: “echen sus redes”; Simón responde a Jesús como a alguien que tiene autoridad para él (Jefe, “epistatês”), no le llama simplemente “maestro” como hacen en Lucas los que no son discípulos. “Noche”, “tiniebla”, “bregar” en las certezas de lo conocido, se revela un esfuerzo inútil incapaz de producir frutos de vida… La pesca es extraordinaria, Pedro confirma la autoridad divina de Jesús (“se postró ante Él”), aquel acontecimiento inesperado le conduce a su verdad profunda, no es un observante de la ley (“dejó la sinagoga y entró en casa de Simón” 4, 38), se siente impuro, indigno ante Jesús (“soy un pecador” 5, 8) y teme. Jesús parece no hacer caso de sus palabras, le anuncia su camino en adelante: “serás pescador de hombres vivos” (traducen algunos textos) o también traducción literal según J. Mateos “salvarás personas en peligro”. Lc juega con este significado manteniendo la alusión a la pesca. “Desde ahora”, hay un anuncio solemne de que algo ha cambiado radicalmente en su vida. La invitación, sin embargo, parece que vale para todos pues acto seguido, dejando entrever una ruptura con el pasado, dice el texto: “sacaron las barcas a tierra y dejándolo todo le siguieron” (5, 11); queda evidenciado el plural que utiliza la narración.

3. El proceso del encuentro de Pedro con Jesús y la aventura de su seguimiento, es un nervio central en el este texto de Lucas Sin duda podremos establecer analogías, desde una perspectiva espiritual del proceso de fe y seguimiento que vivimos cada uno de nosotros llamados a ser discípulos.

El diálogo vital de Pedro con Jesús comienza con un reconocimiento sincero de su “ser pecador” y terminará también en la noche de la pascua con llanto amargo del remordimiento (Lc 22, 61-62), pero ¡será un pecador perdonado! Entre estos dos momentos de verdad y de gracia, se teje un camino de creyente al que no es ajena su extraordinaria historia vocacional. Pedro en la escena de hoy, fascinado por la autoridad escatológica de aquel hombre desconocido (“Jefe”) obedece a una orden de cuyo éxito no está convencido y sobrecogido por los hechos que él no controla ni entiende se siente “desnudo”; algo por dentro le lleva a su propia verdad y se confiesa “pecador” e indigno de lo que está aconteciendo por gracia en aquel encuentro.

Comienza a desvelarse en su propia persona que Jesús ha venido para los pecadores (Lc 5, 32).

Pedro no tiene muchas más cualidades personales que puedan atraer el interés de Jesús, era un pescador impulsivo, miedoso, que al parecer se desinflaba fácilmente en su ánimo… fue así como siguió a Jesús hasta la negación del jueves santo. En esta experiencia quedará patente para todos que tal como era él comenzó su seguimiento de Jesús y terminó su convivencia con Él siendo un traidor. Renegó de su Maestro en los momentos más difíciles de su vida. Este recorrido sin trampa ni cartón es el que consintió a Pedro hacer verdadera experiencia del amor incondicional de Jesús y de una confianza gratuita y renovada hasta hacerle primer testigo de la resurrección junto con algunas mujeres (Lc 24, 8-12) y enviarlo para confirmar a sus hermanos y ser piedra firme donde se apoyara la iglesia (Lc 22, 32).

4. Pedro ha experimentado su amor a Jesús, como María Magdalena, porque se les ha perdonado mucho (Lc 7, 47). Quien no experimenta en su propia carne la gratitud del que ha sido perdonado por puro amor y bondad, difícilmente podrá amar hasta entregar lo mejor de sí mismo. El Hijo del hombre ha venido al mundo para salvar a los pecadores y como Pablo podríamos decir cada uno de nosotros: “y yo soy el primero” (1Tim 1, 15-16). El camino del seguimiento puede convertirse así para cada creyente en oportunidad de amor y de confianza experimentadas en Jesús que tiene poder para transformar la vida entera.

5. “¿Quién eres Tú, Señor mío? Y ¿quién soy yo, inútil siervo tuyo?” (Consideraciones Llagas 3) Francisco en su camino de seguimiento de Jesús se siente un pecador perdonado generosa y gratuitamente y se ve a sí mismo pequeño, sin hacer pie ante tanta gracia regalada. En sus escritos, las expresiones “pequeñuelo, grandísimo pecador, mísero, siervo” reflejan con verdad la experiencia transformadora del evangelio y de la persona de Jesús en su existencia. Sus expresiones no son literatura piadosa sino susurros del corazón, en las categorías religiosas de un cristiano de su época, evidentemente.

4. Orar con el texto

Un momento de silencio orante. En este espacio de silencio y soledad que se me ha concedido para vivir con Él, me alejo un poco de la tierra, me adentro y, fiándome del Señor, lanzo la red hasta las profundidades y así espero...

O podemos hacer un momento de oración con el Salmo 66...

Canto de alabanza al Señor, que ha abierto nuestro corazón a la fe.
Estr. Mi fuerza y mi canto es el Señor. ¡Él me ha salvado!

Aclama a Dios, tierra entera, cantad a su nombre glorioso, dadle honor con alabanzas, decid a Dios: ¡Qué admirables tus obras!

La tierra entera se postra ante ti y canta para ti, canta en tu honor. Venid y ved las obras de Dios, sus hazañas en favor del hombre: convirtió el mar en tierra firme y cruzaron el río a pie. ¡Alegrémonos en él por aquello!

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, haced que se oiga su alabanza; él nos devuelve a la vida, no deja que vacilen nuestros pies. Tú nos probaste, oh Dios, nos purgaste igual que a la plata; tú nos condujiste a la trampa, pusiste una correa a nuestros lomos, cabalgadura de hombres nos hiciste; pasamos por el fuego y el agua, pero luego nos sacaste a la abundancia.

Entraré con víctimas en tu Casa, cumpliré mis promesas.

5. Algunas preguntas

a) “Sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre” Jesús baja, se sienta, mora en medio de nosotros, se abaja hasta tocar nuestra tierra y desde esta pequeñez nos ofrece su enseñanza, su Palabra de salvación. Jesús me ofrece tiempo, espacio, disponibilidad plena para encontrarlo y conocerlo, pero ¿Sé quedarme, permanecer, radicarme en Él, delante de Él?

b) “Le rogó se alejara un poco de tierra” . La petición del Señor es progresiva. Después de separarse de tierra, Él pide que se adentre en el mar. “¡Aléjate de tierra! ¡Boga mar adentro!” Invitaciones dirigidas a todas las barcas de todos los hombres y mujeres. ¿Tengo fe, tengo confianza, confío en Él y por eso me dejo llevar, abandono la pesca? Me miro dentro con sinceridad y seriedad: ¿Dónde están plantados los anclajes de mi vida?

c) “Echaré las redes”. Pedro nos ofrece un ejemplo luminoso de fe en la Palabra del Señor. En este pasaje el verbo “echar” aparece en dos ocasiones: la primera está referido a las redes y la segunda a la misma persona de Pedro. El significado es fuerte y claro: delante del Señor podemos echar todo nuestro ser. Nosotros echamos, pero Él recoge. Siempre, con una fidelidad absoluta e infalible. ¿Me siento dispuesto a tomar mi vida tal como es hoy y arrojarla a los pies de Jesús, para que Él, una vez más, me recoja, me sane, me salve, haciendo de mí un hombre nuevo?

d) “Hicieron señas a los compañeros de la otra barca”. Pedro, de nuevo, me sirve de guía para mi camino y me indica la vía de apertura a los otros, de la participación, porque en la Iglesia no es posible estar aislados y cerrados. Todos somos enviados: “Ve a mis hermanos y diles” (Jn 20, 17)

¿Pero sé yo acercar mi barca a la de los demás? ¿Sé verter en la existencia de los otros hermanos y hermanas los dones y las riquezas, que el Señor ha querido confiarme en depósito?

6. Oración final

Señor, Tú has abierto el mar y has venido hasta nosotros; Tú has desvelado la noche y has inaugurado para nosotros un día nuevo. Tú nos has dirigido tu Palabra y nos has tocado el corazón: nos has hecho subir contigo en la barca y nos has llevado mar adentro. Señor, ¡Tú has hecho cosas grandes! Te alabamos, te bendecimos, te damos gracias, en tu Palabra, en tu Hijo Jesús, en el Espíritu Santo. Llévanos siempre a bogar contigo, dentro de ti y Tú en nosotros, para echar las redes, las redes del amor, de la amistad, del compartir, de la búsqueda juntos de tu rostro y de tu reino ya en esta tierra. Señor, ¡somos pecadores, lo sabemos! Pero también por esto te damos gracias, porque Tú no has venido a llamar a los justos, sino a los pecadores y nosotros escuchamos tu voz y te seguimos. Míranos, Padre, lo dejamos todo y nos vamos contigo.....


^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



6º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Pobres con Cristo pobre…Lucas 6, 17. 20-26

1. Oración inicial

Dios de compasión, querríamos permanecer a la escucha de tu Espíritu Santo, con tal confianza que pudiéramos abandonarnos en ti en cualquier situación. Amén.(Hno. Roger de Taizé)

Señor Jesús, envíanos hoy tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu amor y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Amén.

2. Lectura

El texto: 17. “Bajó con ellos y se detuvo en un paraje llano; había un gran número de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, 18. que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. 19. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos. 20. Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: «Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. 21. Bienaventurados los que tienen hambre ahora, porque serán saciados. Bienaventurados los que lloran ahora, porque reirán. 22. Bienaventurados serán cuando los hombres los odien, cuando los expulsen, los injurien y proscriban sus nombres como malo por causa del Hijo del hombre. 23. Alégrense ese día y salten de gozo, que la recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas”.

3. Notas para profundizar el texto

1. De la vocación de los primeros discípulos pasamos al discurso de las bienaventuranzas. El texto de las bienaventuranzas de este domingo, comienza con una introducción que prepara la escena, contemplando a Jesús que baja del monte con los dos Doce, y va al encuentro de un grupo grande de discípulos de diversas procedencias que le esperaban en el llano. Al discurso de las bienaventuranzas, de forma novedosa, añade Lucas cuatro “ayes” que ponen en guardia a los ricos (vv. 24-26), antítesis, al parecer, de las cuatro bienaventuranzas.

2. Lucas al igual que Mateo comienza con la bienaventuranza de los pobres pero no apostilla “de espíritu”; Lucas dirige su bienaventuranza a los indigentes, los que viven en la miseria y en el sufrimiento físico: los que ahora…) Son ellos los destinatarios de la buena noticia, llamados a la cena mesiánica donde les aguardan los primeros puestos. El pobre Lázaro es la imagen que Lucas identifica con los destinatarios las bienaventuranzas de Jesús en contraposición al rico Epulón que ya recibió su paga y sobre quien recaerían los “ayes” también pronunciados por Jesús. La última bienaventuranza de Lucas: “dichosos los perseguidos”, tiene como contenido fuerte resonancia escatológica; los perseguidos a causa de la buena noticia del Reino se convertirán también en marginados de la sociedad, Pedro, Juan, Esteban, Pablo Bernabé son una buena prueba de ello. “Será grande vuestra recompensa”… para Lucas, los pobres deben considerarse ya felices porque en este mundo comienzan a experimentar la intervención real de Dios que tiene suma solicitud por sus hijos más necesitados y se les hace palpable esta experiencia de solicitud del Padre en la predilección de la que gozan y están llamados a gozar en el “grupo de los creyentes”. Una felicidad que se prolongará y llegará a plenitud en la vida nueva de los redimidos de la que Lázaro es prototipo. Los ricos, por el contrario, deben temer el futuro que les amenaza, sus vidas corren en oposición a la llamada del Reino, su oportunidad está exclusivamente en aprender a compartir y comenzar a poner sus riquezas al servicio de todos.

3. El lugar privilegiado para acceder a Jesús son los pobres, en sus formas más variadas. Sólo en la pobreza, el encuentro con Jesús se revela salvador. Él, el absolutamente rico, se da para enriquecernos en nuestra indigencia (Cf. 2Co 8, 9) y para que socorramos también a los que son sacramentos de su presencia en medio de nosotros: los humildes, los pecadores, las prostitutas... que nos precederán en el Reino (Mt 21, 31). Jesús toca nuestras propias pobrezas, las que están escondidas, las que nos hacen gritar en lo íntimo, nuestra necesidad de Él… dentro de cada uno de nosotros vive un hijo pródigo real y una oveja perdida que necesita ser encontrada y acogida para repetir esos mismo gestos con los hermanos (Lc 15, 5). ¡Bienaventurados los verdaderos pobres que no tienen otra riqueza que el amor incondicional de su Señor, y con Él y por Él, se entregan a sus preferidos! (Jn 13, 35).

4. Para Francisco el nombre de las bienaventuranzas es fraternidad. Una forma de vida con los hermanos y con uno mismo que tiene connotaciones maternas de ternura, misericordia y paciencia. Una llamada ligada a la desapropiación de sí para dejar que sea el amor el que recomponga la vida. Las admoniciones son una filigrana de cuanto venimos diciendo, ¡son la sazón de la vida! No tienen el corsé de los textos jurídicos… “dichoso aquel siervo… que nada se apropia… que se compadece…que no se escandaliza del pecado ajeno… que no se enaltece en su carne… “

4. Orar con el texto:

Un momento de silencio orante para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

O bien: Orar con el Salmo 34 (33)
“Gratitud nacida de una mirada diferente”


Bendeciré en todo tiempo a Yahvé, sin cesar en mi boca su alabanza; en Yahvé se gloría mi ser, ¡que lo oigan los humildes y se alegren! Ensalzad conmigo a Yahvé, exaltemos juntos su nombre. Consulté a Yahvé y me respondió: me libró de todos mis temores.
Los que lo miran quedarán radiantes, no habrá sonrojo en sus semblantes. Si grita el pobre, Yahvé lo escucha, y lo salva de todas sus angustias. El ángel de Yahvé pone su tienda en torno a sus adeptos y los libra. Gustad y ved lo bueno que es Yahvé, dichoso el hombre que se acoge a él.

Respetad a Yahvé, santos suyos, que a quienes le temen nada les falta. Los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan a Yahvé de ningún bien carecen. Venid, hijos, escuchadme, os enseñaré el temor de Yahvé.

¿A qué hombre no le gusta la vida, no anhela días para gozar de bienes? Guarda del mal tu lengua, tus labios de la mentira;
huye del mal y obra el bien, busca la paz y anda tras ella. Los ojos de Yahvé sobre los justos, sus oídos escuchan sus gritos; el rostro de Yahvé hacia los bandidos, para raer de la tierra su recuerdo. Cuando gritan, Yahvé los oye y los libra de sus angustias.

Yahvé está cerca de los desanimados, él salva a los espíritus hundidos. Muchas son las desgracias del justo, pero de todas le libra Yahvé;
cuida de todos sus huesos, ni uno solo se romperá. Da muerte al malvado la maldad, los que odian al justo lo pagarán.

Rescata Yahvé la vida de sus siervos, nada habrán de pagar los que a él se acogen.

5. Algunas preguntas

a) ¿Cuál es el punto que más te ha llegado o que más ha llamado tu atención del texto?

b) ¿Cuál es la bienaventuranza que más te interpela?

c) ¿Cómo entender estas promesas?

d) ¿Cuándo te has sentido bienaventurado por Dios?

e) ¿De qué manera aplicas las Bienaventuranzas a tu vida?

f) ¿Verdaderamente miras la vida y la persona con la misma mirada de Jesús?

g) ¿De qué manera respondes o reaccionas ante las diferentes circunstancias de la vida?

h) ¿Has experimentado persecución? ¿Qué actitud has asumido al respecto?

i) ¿Consideras que tu obrar está en el centro mismo de la voluntad de Dios?

6. Oración final

Señor Jesús, alcánzanos con tu compasión, toca nuestras pobrezas y sánalas. Enséñanos que el camino de la misericordia y del compartir es el que nos lleva a encontrarnos contigo en los últimos. Te damos gracias por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Amén.

 

^^^ AL INICIO ^^^






 

 

 

 

 

 

 

 



7º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. Lucas 6, 27-38

1. Oración inicial

Espíritu Santo, misterio de una presencia, revístenos con tu paz, toca lo íntimo de nosotros mismos y tráenos aliento de vida. Señor Jesús, que tu Espíritu, nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a tus discípulos. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los que nos rodean, en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que nosotros podamos experimentar la fuerza de tu presencia y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, y de paz. Amén.


2. Lectura


El texto: (Lucas 6, 27-38): «Pero a ustedes, que me escuchan, yo les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odien, 28. bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. 29. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. 30. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. 31. Y traten a los demás como quieren que ellos los traten. 32. Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Pues también los pecadores aman a los que les aman. 33. Si hacen bien a los que los hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? ¡También los pecadores hacen otro tanto! 34. Si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. 35. Más bien, amen a sus enemigos; hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio; entonces su recompensa será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los perversos. 36. «Sean compasivos como su Padre es compasivo. 37. No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. 38. Den y se les dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de sus vestidos. Porque con la medida con que midan se les medirá.»

3. Notas para profundizar en el texto

1. Lucas nos narra que Jesús acoge a las gentes y les dirige la palabra. El texto de la Liturgia de este domingo nos pone delante una parte del discurso que Jesús pronunció en el sermón de la montaña. En el evangelio de Lucas, los destinatarios de este discurso son “los discípulos” y “aquella gran multitud de pueblo venido de toda la Judea, de Jerusalén y del litoral de Tiro y de Sidón, o sea, se trata de judíos (Judea y Jerusalén) y de paganos (litoral de Tiro y de Sidón).

2. Lucas presenta la enseñanza de Jesús como una revelación en forma progresiva. Varias veces, desde el comienzo de su evangelio hasta el capítulo 6, 16 hace saber a sus lectores que Jesús enseñaba a la gente, pero nunca desvela nada sobre el contenido de esta enseñanza (Lc 4,15.31.32.44; 5,1.3.15.17; 6,6). Pero ahora, después de haber dicho que Jesús vio a la multitud deseosa de escuchar la palabra de Dios, traza el primer gran discurso que se inicia con las exclamaciones “¡Bienaventurados ustedes, los pobres!” (Lc 6,20), pero “¡Ay de ustedes los ricos!” (Lc 6,24). Los versículos del Evangelio de este domingo séptimo del Tiempo Ordinario contienen el núcleo central de la enseñanza de Jesús de cómo deben andar por el mundo los que quieren ser sus discípulos o sea a aquella gran multitud de pobres y enfermos, llegados de todas partes (Lc 6,17-19), nosotros mismos que hoy “escuchamos” su palabra.

3. Los que han sido proclamados “bienaventurados” se encuentran según Lucas en una nueva relación con Dios, ¡son hijos!, se están dejando alcanzar por una nueva existencia que les está siendo comunicada por el Padre y cuya mediación es la persona de Jesús y su manera de estar en la vida. Están llamados a superar los logros del AT que sostiene una reciprocidad generosa en las relaciones entre los miembros del propio Pueblo y con los extranjeros y emigrantes (Prov 25, 21). Hay un salto radical que marca la identidad de los suyos: amar a los enemigos. Lucas nos ofrece en su obra tres modelos de amor expresados en perdón que van a ser paradigmáticos para siempre: “el buen samaritano” (10, 29 ss universalidad del amor); El martirio de Esteban que muere perdonando a sus verdugos (Hch 7, 59 ss amor más allá de los propios sentimientos legítimos) y El perdón de Jesús en la cruz a los que le crucificaban (Lc 23, 34 ss gratuidad incondicional del amor)… ¡compasivos, misericordiosos como el Padre! (Lc 6, 36-38).

Consecuencia de esta nueva forma de entender la vida, Lucas desvela otra actitud central que irá naciendo en el discípulo y que éste debe acoger: la no violencia. El evangelista presenta a Jesús como modelo de mansedumbre que encarna al Siervo de Yahvé que describiera Is (53, 7-8)… ese es el espejo del discípulo, su horma que le lleva a vencer el mal con el bien, la tacañería y el miedo con la generosidad y la abundancia en el amor.

4. ¿Dónde está la frontera entre amor generoso, humanitario, a fondo perdido y el amor del discípulo que nos desvela hoy Lucas? El discípulo está llamado en su pobreza a entregarlo todo, amando como él mismo ha experimentado que el Padre le ama, llegando por obra de la gracia, a repartir con otros la misericordia experimentada hacia sí mismo. Quien ha optado por Jesús y su modo de vida busca su camino entre los que tienen mayor necesidad del perdón y del amor del Padre sin condiciones, superando la satisfacción de la propia justicia, permaneciendo junto a los pobres de espíritu, dejándose transformar totalmente por el escándalo de la misericordia del Padre que salva, que hace nueva la vida (Cf. Lc 15, 11-32).

5. “Cuando van por el mundo… no resistan al mal” (1R 14, 4-6) Francisco de Asís describe en la Regla no bulada cuál es la forma con la que el hermano menor “ha de ir por el mundo” y con idénticos trazos lo pide en la Segunda Regla: son un calco de los modos y actitudes que los sinópticos atribuyen a los que Jesús envía a predicar. Condensa en 2R 3, 10 14 cómo han de ser las relaciones que han de mantener con toda humana criatura y entre ellos: “no litiguen ni contiendan de palabra, no juzguen a otros sino sean apacibles y mesurados... (2R 3, 10- 14) no resistan al mal y a quien les pegue preséntenle también la otra mejilla”… (1R 14, 1-6)

4. Orar con el texto

Un momento de silencio orante para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

O bien orar con el Salmo 34 (33)
“Gratitud que nace de una mirada distinta”


Bendeciré en todo tiempo a Yahvé, sin cesar en mi boca su alabanza; en Yahvé se gloría mi ser, ¡que lo oigan los humildes y se alegren! Ensalzad conmigo a Yahvé, exaltemos juntos su nombre.
Consulté a Yahvé y me respondió: me libró de todos mis temores. Los que lo miran quedarán radiantes, no habrá sonrojo en sus semblantes. Si grita el pobre, Yahvé lo escucha, y lo salva de todas sus angustias.

El ángel de Yahvé pone su tienda en torno a sus adeptos y los libra.

Gustad y ved lo bueno que es Yahvé, dichoso el hombre que se acoge a él. Respetad a Yahvé, santos suyos, que a quienes le temen nada les falta. Los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan a Yahvé de ningún bien carecen.

Venid, hijos, escuchadme, os enseñaré el temor de Yahvé. ¿A qué hombre no le gusta la vida, no anhela días para gozar de bienes?

Guarda del mal tu lengua, tus labios de la mentira; huye del mal y obra el bien, busca la paz y anda tras ella.

Los ojos de Yahvé sobre los justos, sus oídos escuchan sus gritos; el rostro de Yahvé hacia los bandidos, para raer de la tierra su recuerdo.

Cuando gritan, Yahvé los oye y los libra de sus angustias; Yahvé está cerca de los desanimados, él salva a los espíritus hundidos.

Muchas son las desgracias del justo, pero de todas le libra Yahvé; cuida de todos sus huesos, ni uno solo se romperá.

Da muerte al malvado la maldad, los que odian al justo lo pagarán. Rescata Yahvé la vida de sus siervos, nada habrán de pagar los que a él se acogen.

5. Algunas preguntas

a) En la meditación y en la oración, ¿Qué parte del texto te ha llamado más la atención?
b) ¿cuál es el centro o raíz de la enseñanza de Jesús?
c) ¿Cómo cumplir hoy, en nuestra sociedad consumista e individualista, la moral propuesta por Jesús?
d) ¿Qué significa para ti, “ser misericordioso como es misericordioso el Padre del cielo?”
e) ¿Has encontrado en el texto alguna frase que alimente tu espiritualidad de misericordia para rumiarlo?

6. Oración final

Señor Jesús, que nos amaste hasta dar tu vida por cada uno de nosotros sin mérito alguno por nuestra parte, recibe nuestra gratitud y nuestra alabanza. Continúa mostrándonos en tu rostro misericordioso la bondad del Padre. Que tu compasión cambie nuestros corazones de piedra en corazones de carne. Te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Presentación del Señor (2 de febrero). Ciclo C

La presentación del Niño en el templo (Lucas 2, 22-40)

1. Oración inicial

¡Oh Dios, nuestro Creador y Padre! Tú has querido que tu Hijo, engendrado antes de la aurora del mundo, fuese miembro de una familia humana; revive en nosotros la veneración por el don y el misterio de la vida, para que los padres se sientan partícipes de la fecundidad de tu amor, los ancianos donen a los jóvenes su madura sabiduría y los hijos crezcan en sabiduría, piedad y gracia, para gloria de tu Santo Nombre. Amén.

2. El Texto

“Cuando se cumplieron los días en que debían purificarse, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era un hombre justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. El Espíritu Santo le había revelado que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción, ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!, a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.» Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada. Casada en su juventud, había vivido siete años con su marido, y luego quedó viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Presentándose en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.

3. Un momento de silencio orante

Para que la Palabra de Dios pueda morar en nosotros y dejemos iluminar nuestra vida; para que antes de nuestros comentarios, sea la misma luz de la Palabra la que se imponga y brille con su misterio de presencia viviente del Señor.

4. Una clave de lectura

a) Según la ley de Moisés, la purificación de la madre era prevista por el Levítico (12,2-8) y se cumplía cuarenta días después del parto. Hasta ese momento la mujer no podía acercarse a los lugares sagrados, y la ceremonia era acompañada de una ofrenda de animales pequeños, un cordero primal y un pichón o una tórtola. Sin embargo la consagración del primogénito estaba prescrita en el Éxodo 13, 11-16: y era considerada una especie de "rescate" – también con la ofrenda de pequeños animales – en recuerdo de la acción salvífica de Dios cuando libró a los israelitas de la esclavitud de Egipto. En toda la escena los padres aparecen como en el acto de presentar / ofrecer el hijo como se hacía con las víctimas y los levitas; mientras en la figura de Simeón y Ana aparece más bien Dios que ofrece /presenta al hijo para la salvación del pueblo.

b) Las figuras de Simeón y Ana: son figuras cargadas de valor simbólico. Ellos tienen la tarea del reconocimiento, que proviene tanto de la iluminación y del movimiento del Espíritu, como también de una vida llevada en la espera más intensa y confiada. En particular a Simeón se le define como uno que está todo concentrado en la espera, uno que va al encuentro para acoger. Por eso, él también aparece obediente a la ley, la del Espíritu, que lo empuja hacia el Niño, dentro del templo. También el cántico proclama manifiestamente esta su pro-existencia: ha vivido para llegar a este momento: ahora se marcha, para que otros vean también la luz y la salvación para Israel y para las gentes. A su vez Ana, con su avanzada edad (valor simbólico : 84 = 7x12: el doce es el número de las tribus; o también 84–7= 77, perfección redoblada), pero sobretodo con su modo de vivir (ayuno y oración) y con la proclamación de quien "esperaba", completa el cuadro. Ella es guiada por el espíritu de profecía, dócil y purificada en el corazón. Además, pertenece a la tribu más pequeña, la de Aser: signo de que los pequeños y los débiles están más dispuestos a reconocer a Jesús el Salvador.

c) Una espada que traspasa: en general se interpreta como anuncio de sufrimiento para María, un drama visualizado de la Dolorosa. Pero debemos más bien entender aquí a la Madre como el símbolo de Israel: Simeón intuye el drama de su pueblo, que será profundamente herido de la palabra viva y cortante del redentor. María representa el recorrido. Debe confiar pero atravesará dolores y obscuridad, luchas y silencios angustiosos. La historia del Mesías sufriente será dilacerante para todos, también para la Madre: no se sigue a la nueva luz destinada al mundo entero, sin pagar el precio, sin ser provocados a tomar decisiones de riesgo, sin renacer siempre de nuevo de lo alto y en novedad. Pero estas imágenes de "la espada que traspasa," del niño "que hará caer" y sacará a los corazones del sopor, no van separadas del gesto tan cargado de sentido de los dos ancianos: el uno, Simeón, toma entre los brazos el niño, para indicar que la fe es encuentro y abrazo, no idea o teorema: la otra, se hace anunciadora y enciende en "los que esperan" una fulgurante luz.

d) La vida cotidiana, epifanía de Dios: finalmente, es interesante notar que todo el episodio da relieve a las situaciones más simples y familiares: la pareja de esposos con el niño en brazos; el anciano que goza y abraza; la anciana que reza y anuncia, los oyentes que aparecen indirectamente comprometidos. También la conclusión del pasaje hace entrever el pueblo de Nazaret, el crecimiento del niño en un contexto normal, la impresión de un niño dotado de forma extraordinaria de sabiduría y bondad. El tema de la sabiduría entrelazada con la vida normal de crecimiento y en el contexto del pueblo, deja la historia como suspendida: ella se reabrirá precisamente con el tema de la sabiduría del muchacho entre los doctores del templo.

5. Algunas preguntas

¿Puede significar algo esta escena para los padres de hoy, para la formación religiosa de sus hijos, para el proyecto que Dios tiene sobre cada uno de sus hijos, para los miedos y angustias que los padres llevan en el corazón pensando qué sucederá cuando sean grandes sus hijos?

¿Cómo es mi oración personal: la hago cada día; pongo la cabeza y el corazón en esos momentos para enamorarme más de Jesús; hago al menos un propósito diario para mejorar mi vida interior, mi apostolado, mi trabajo o responsabilidades?

¿Cómo es mi mortificación? ¿Tengo la costumbre de hacer algún pequeño sacrificio en las comidas, en la puntualidad, en el orden, en detalles de servicio?

¿Cómo vivo mi bautismo, día de mi presentación en el templo para consagrarme al Señor?

¿Cómo me esfuerzo en mi formación y crecimiento personal en sabiduría, en gracia en madurez humana y cristiana?

¿Me tomo suficientemente en serio un medio de formación tan importante como es la dirección espiritual?

6. Salmo 122 (123)

¡Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la Casa de Yahvé! ¡Finalmente pisan nuestros pies tus umbrales, Jerusalén! Jerusalén, ciudad edificada toda en perfecta armonía, adonde suben las tribus, las tribus de Yahvé, según costumbre en Israel, a dar gracias al nombre de Yahvé. Allí están los tronos para el juicio, los tronos de la casa de David. Invoquen la paz sobre Jerusalén, vivan tranquilos los que te aman, haya calma dentro de tus muros, que tus palacios estén en paz. Por amor de mis hermanos y amigos quiero decir: ¡La paz contigo! Por la Casa de Yahvé, nuestro Dios, pediré todo bien para ti.

7. Oración final

Te alabamos y Te bendecimos, oh Padre, porque mediante tu Hijo, nacido de mujer por obra del Espíritu Santo, nacido bajo la ley, nos has rescatado de la ley y has llenado nuestra existencia de luz y esperanza nueva. Haz que nuestras familias sean acogedoras y fieles a tus proyectos, ayuden y sostengan en los hijos los sueños y el nuevo entusiasmo, lo cubran de ternura cuando sean frágiles, lo eduquen en el amor a Tí y a todas las criaturas. A Tí nuestro Padre, todo honor y gloria.

 

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 


Anunciación del Señor (25 de marzo). Ciclo C

La Anunciación del Señor

La alianza de Dios con el hombre. El sí de María (Lucas 1, 26-38)

1. Oración inicial

Padre misericordioso, envíame también a mí, en este tiempo de oración y de escucha de tu Palabra, tu ángel santo, para que yo pueda recibir el anuncio de la salvación y, abriendo el corazón, pueda ofrecer mi sí al Amor. Envía sobre mí, te ruego, tu Espíritu Santo, como sombra que me cubra, como potencia que me llene. Hasta ahora, oh Padre, yo no quiero decirte otra cosa que mi sí; decirte: “He aquí, que estoy aquí por ti. Haz de mí lo que quieras. Amén.

2. Lectura

a).- El Texto

“En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David. La virgen se llamaba María. Y entró donde ella estaba y le dijo: —Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo. Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué podía significar este saludo. Y el ángel le dijo: —No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin. María le dijo al ángel: —¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?

Respondió el ángel y le dijo: —El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que llamaban estéril está ya en el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible.
Dijo entonces María: —He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró de su presencia”.

b).- Claves de lectura

¡Alégrate!

Verdaderamente es extraño este saludo de Dios a su criatura; parece inexplicable y quizás sin sentido. Y sin embargo, ya desde siglos resonaba en las páginas de las divinas Escrituras y, por consiguiente, en los labios del pueblo hebreo. ¡Gózate, alégrate, exulta! Muchas veces los profetas habían repetido este soplo del respiro de Dios, habían gritado este silencioso latido de su corazón por su pueblo, su resto. En Joel: “No temas, tierra, sino goza y alégrate, porque el Señor ha hecho cosas grandes….”(2,21-23); en Sofonías: “Gózate, hija de Sion, exulta, Israel, y alégrate con todo el corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha revocado tu condena” (3,4); en Zacarías: “Gózate, exulta hija de Sión porque, he aquí, que yo vengo a morar en medio de ti, oráculo del Señor” (2,14). Lo leo y lo vuelvo a escuchar, hoy, pronunciado también sobre mi corazón, sobre mi vida; también a mí se me anuncia un gozo, una felicidad nueva, nunca antes vivida. Descubro las grandes cosas que el Señor ha hecho por mí; experimento la liberación que viene de su perdón, yo no estoy ya condenado, sino agraciado, para siempre; vivo la experiencia de la presencia del Señor junto a mí, en mí. Sí, Él ha venido a habitar entre nosotros; Él está de nuevo plantando su tienda en la tierra de mi corazón, de mi existencia. Señor, como dice el salmo, Tú te gozas con tus criaturas (Sal 104, 31) y también yo me gozo en ti; mi gozo está en ti (Sal 104, 34).

El Señor está contigo.

Estas palabras tan simples, tan luminosas, dicha por el ángel a María, encierra una fuerza omnipotente; me doy cuenta que bastaría, por sí sola, a salvarme la vida, a levantarme de cualquier caída o fallo, de cualquier error. El hecho de que Él, mi Señor, está conmigo, me sostiene en vida, me vuelve animoso, me da confianza para continuar existiendo. Si yo existo, es porque Él está conmigo. Quizás pueda valer para mí la experiencia que la Escritura cuenta de Isaac, al cual le sucedió la cosa más bella que se puede desear a un hombre que cree en Dios y lo ama; un día se le acerca a él Abimelech con sus hombres, diciéndole; “Hemos visto que el Señor está contigo” (Gén 26, 28) y pidiendo que se hicieran amigos, que se hiciera un pacto. Quisiera que también de mí se dijera la misma cosa; quisiera poder manifestar que el Señor verdaderamente está en mí, dentro de mi vida, en mis deseos, mis afectos, mis gustos y acciones; quisiera que otros pudieran encontrarlo por mi mediación. Quizás, por esto, es necesario que yo absorba su presencia, que lo coma y lo beba. Me voy a la escuela de la Escritura, leo y vuelvo a leer algunos pasajes en la que la voz del Señor me repite esta verdad y, mientras Él me habla, me voy cambiando, me siento más habitado. ”Permanece en este país y yo estaré contigo y te bendeciré” (Gén 26,3). “Después el Señor comunicó sus órdenes a Josué , hijo de Nun, y le dijo: “Sé fuerte y ten ánimo, porque tu introducirás a los Israelitas en el país que he jurado darles, y yo estaré contigo” (Dt 31,23). ”Lucharán contra ti pero no prevalecerán, porque yo estaré contigo para salvarte y liberarte” (Jer 15,20). “El ángel del Señor aparece a Gedeón y le dice: “¡El Señor es contigo, hombre fuerte y valeroso!” (Jue 6,12). “En aquella noche se le apareció el Señor y le dijo: Yo soy el Dios de Abrahán tu padre, no temas porque yo estoy contigo. Te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por amor a Abrahán, mi siervo” (Gén 26,24). “He aquí que yo estoy contigo y te protegeré a donde quieras que vayas; luego te haré regresar a este país, porque no te abandonaré sin hacer todo lo que te he dicho” (Gén 28,15) “No temas porque yo estoy contigo; no te descarríes, porque yo soy tu Dios. Te hago fuerte y acudo en tu ayuda y te sostengo con la diestra victoriosa” (Is 41,10)

No temas

La Biblia se encuentra rebosante de este anuncio lleno de ternura; casi como un río de misericordia esta palabra recorre todos los libros sagrados, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Es el Padre que repite a sus hijos que no tengan miedo, porque Él está con ellos, no los abandona, no los olvida, no los deja en poder del enemigo. Es como si fuese una declaración de amor, de corazón a corazón, y llega hasta nosotros. Abrahán ha oído esta palabra y después de él su hijo Isaac, después los patriarcas, Moisés, Josué, David, Salomón y con ellos, Jeremías y todos los profetas. Ninguno está excluido de este abrazo de salvación que el Padre ofrece a sus hijos, también a los más alejados, los más rebeldes. María sabe escuchar profundamente esta palabra y se la cree con fe plena, con absoluto abandono; Ella escucha y cree, acoge y vive también para nosotros. Ella es la mujer fuerte y animosa que se abre a la llegada del Señor, dejando caer todos los miedos, las incredulidades, las negativas. Ella repite este anuncio de Dios dentro de nuestra vida y nos invita a creer con Ella.

Has encontrado gracia

“Señor, si he encontrado gracia a tus ojos…”. Esta es la plegaria que sale más veces del corazón de hombres y mujeres que buscan refugio en el Señor; de ellos habla la Escritura, los encontramos en las encrucijadas de nuestras calles, cuando no sabemos bien a donde ir, cuando nos sentimos golpeados por la soledad o la tentación, cuando vivimos los abandonos, las traiciones, las desconfianzas que pesan sobre nuestra existencia. Cuando no tenemos a nadie y no logramos ni siquiera encontrarnos a nosotros mismo, entonces también nosotros, como ellos, nos ponemos a rezar repitiendo aquellas palabras: “Señor, si he encontrado gracias a tus ojos…”. ¡Cuantas veces quizás las hemos repetido, también solo, en silencio! Pero hoy aquí, en este pasaje evangélico tan sencillo, se nos adelantaron, hemos estado escuchando con anterioridad; ya no necesitamos suplicar, porque ya hemos encontrado todo aquello que estábamos siempre buscando y mucho más. Hemos recibido gratuitamente, hemos sido colmados y ahora rebosamos.

Para Dios nada hay imposible

Hemos llegado casi al final de este recorrido fortísimo de gracia y de liberación; acaba de alcanzarme ahora una palabra que me sacude en lo más profundo. Mi fe está puesta al desnudo; el Señor me prueba, me sondea, pone a prueba mi corazón. Lo que el ángel afirma aquí, delante de María, había sido ya proclamado muchas veces en el Antiguo Testamento; ahora alcanza la plenitud, ahora todos los imposibles se realizan; Dios se hace hombre; el Señor se convierte en amigo; el lejano está muy cerca. Y yo, también yo, pequeño y pobre, me hago partícipe de esta inmensidad de gracia; se me dice que también en mi vida lo imposible se convierte en posible. Sólo debo creer, sólo dar mi consentimiento. Pero esto significa dejarse sacudir por la potencia de Dios; entregarme a Él: que me cambia, me libera, me renueva. Nada de esto es imposible. Sí, yo puedo renacer hoy, en este momento, por gracia de su palabra que me ha hablado, que me ha alcanzado hasta el punto más profundo del corazón.

Heme aquí

Y ahora no puedo huir, ni evitar la conclusión. Sabía desde el principio que precisamente aquí, dentro de esta palabra, tan pequeña sin embargo, tan llena, tan definitiva, Dios me estaba aguardando. La cita del amor, de la alianza entre Él y yo se había señalado precisamente en esta palabra, apenas un suspiro de su voz. Permanezco aturdido por la riqueza de presencia que siento en este ¡“Heme aquí”!; no debo esforzarme mucho para recordar las innumerables veces que Dios mismo la ha pronunciado primero, la ha repetido. Él es el “Heme aquí” hecho persona, hecho fidelidad absoluta, insustituible. Debería ponerme solamente bajo su onda, sólo encontrar su impronta en los polvos de mi pobreza, de mi desierto; debería sólo acoger su amor infinito que no ha cesado jamás de buscarme, de estar junto a mi, de caminar conmigo, donde quiera que yo he ido. El “Heme aquí” está ya dicho y vivido, es ya verdad. ¡Cuántos, antes que yo y cuántos también hoy, junto a mi! No, no estoy solo. Hago una vez más silencio, me coloco una vez más a la escucha, antes de responder… “¡Heme aquí, heme aquí!” (Is 65,1) repite Dios; “Heme aquí, soy la sierva del Señor”, responde María; “Heme aquí, que yo vengo para hacer tu voluntad” (Sal 39,8) dice Cristo.

3. Un momento de silencio orante

He leído y escuchado las palabras del evangelio. Estoy en silencio…Dios está aquí, a la puerta, y pide asilo, precisamente a mí, a mi pobre vida….

4. Meditación

El pasaje de la anunciación nos conduce del templo, espacio sagrado por excelencia, a la casa, a la intimidad del encuentro personal de Dios con su criatura; nos conduce dentro de nosotros mismos, al profundo de nuestro ser y de nuestra historia, allá donde Dios puede llegar y tocarnos. El anuncio del nacimiento de Juan el Bautista había abierto el seno estéril de Isabel, deshaciendo la absoluta impotencia del hombre y transformándola en capacidad de obrar junto con Dios. El anuncio del nacimiento de Jesús, por el contrario, llama a la puerta del seno fructífero de la “Llena de Gracia” y espera respuesta: es Dios que espera nuestro sí, para poder obrar todo.

Los dos primeros versículos nos colocan en el tiempo y el espacio sagrados del acontecimiento que meditamos y que reviven en nosotros: estamos en el sexto mes de la concepción de Juan Bautista y estamos en Nazaret, ciudad de Galilea, territorio de los alejados e impuros. Aquí ha bajado Dios para hablarle a una virgen, para hablar a nuestro corazón. Nos vienen presentados los personajes de este acontecimiento maravilloso: Gabriel, el enviado de Dios, una joven mujer de nombre María y su esposo José, de la casa real de David. También nosotros somos acogidos a esta presencia, estamos llamados a entrar en el misterio.

Las primeras frases del diálogo de Dios con su criatura son pocas palabras, apenas un suspiro, pero palabras omnipotentes, que turban el corazón, que ponen profundamente en discusión la vida, los planes, las esperanzas humanas. El ángel anuncia el gozo, la gracia y la presencia de Dios; María queda turbada y se pregunta de dónde le pueda venir a ella todo esto. ¿De dónde un gozo tal? ¿Cómo una gracia tan grande que puede cambiar incluso el ser?

En los versículos centrales del pasaje, la explosión del anuncio, la manifestación del don de Dios, de su omnipotencia en la vida del hombre. Gabriel. el fuerte, habla de Jesús: el rey eterno, el Salvador, el Dios hecho niño, el Omnipotente humilde. Habla de María, de su seno, de su vida que ha sido elegida para dar entrada y acogida a Dios en este mundo y en cualquier otra vida. Dios comienza, ya aquí, a hacerse vecino, a llamar. Está en pie, espera, junto a la puerta del corazón de María; pero también aquí, en nuestra casa, junto a nuestro corazón. María ante la propuesta de Dios, se deja manejar por una completa disposición; revela su corazón, sus deseos. Sabe que para Dios lo imposible es realizable, no tiene la mínima duda, no endurece su corazón ni su mente, no hace cálculos; quiere solamente disponerse plenamente, abrirse, dejarse alcanzar de aquel toque humanamente imposible.

Pone delante de Él, con un gesto de purísima pobreza, su virginidad, su no conocer varón; es una entrega plena, absoluta, desbordante de fe y abandono. Es la premisa del sí. Dios, humildísimo responde; la omnipotencia se inclina sobre la fragilidad de esta mujer, que somos cada uno de nosotros. El diálogo continúa, la alianza crece y se refuerza. Dios revela el cómo, habla del Espíritu Santo, de su sombra fecundante, que no viola, no rompe, sino conserva intacta. Habla de la experiencia humana de Isabel, revela otro imposible convertido en posible. Y después, la última palabra, ante la cual es necesario escoger: decir sí o decir no; creer o dudar, entregarse o endurecerse, abrir la puerta o cerrarla. “Nada es imposible para Dios”: Esta frase parece encerrar el infinito. María dice su “He aquí” se abre, se ofrece a Dios y se realiza el encuentro, la unión por siempre. Dios entra en el hombre y el hombre se convierte en lugar de Dios: son las Bodas más sublimes que se puedan jamás realizar en esta tierra. Y sin embargo el evangelio se cierra con una palabra casi triste, dura: María queda sola, el ángel se va. Queda, sin embargo, el sí pronunciado por María a Dios y su Presencia; queda la verdadera Vida.

5.- Algunas preguntas

a) El anuncio de Dios, su ángel, entra en mi vida, ante mí y me habla. ¿Estoy preparado para recibirlo, para dejarle espacio, para escucharlo con atención?

b) Enseguida recibo un anuncio desconcertante; Dios me habla de gozo, de gracia, de presencia. Precisamente las cosas que yo estoy buscando desde hace tanto tiempo, de siempre. ¿Quién me podrá hacer verdaderamente feliz?¿Quiero fiarme de su felicidad, de su presencia?

c) Ha bastado un poco, apenas un movimiento del corazón, del ser; Él ya se ha dado cuenta. Ya me está llenando de luz y amor. Me dice: “Has encontrado gracia a mis ojos”. ¿Agrado yo a Dios? ¿Él me encuentra amable? Sí, así es. ¿Por qué no lo hemos querido creer antes?¿Por qué no lo he escuchado?

d) El Señor Jesús quiere venir a este mundo también a través de mí; quiere acercarse a mis hermanos a través de los senderos de mi vida, de mi ser. ¿Podré estropearle la entrada?¿Podré rechazarlo, tenerlo lejano?¿Podré borrarlo de la historia de mi vida?

6.- Un momento de oración: Salmo 138

Tú me escrutas, Yahvé, y me conoces; sabes cuándo me siento y me levanto, mi pensamiento percibes desde lejos; de camino o acostado, tú lo adviertes, familiares te son todas mis sendas.
Aún no llega la palabra a mi lengua, y tú, Yahvé, la conoces por entero; me rodeas por detrás y por delante, tienes puesta tu mano sobre mí. Maravilla de ciencia que me supera, tan alta que no puedo alcanzarla. ¿Adónde iré lejos de tu espíritu, adónde podré huir de tu presencia? Si subo hasta el cielo, allí estás tú, si me acuesto en el Seol, allí estás.
Porque tú has formado mis entrañas, me has tejido en el vientre de mi madre; te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios tus obras. ¡Qué arduos me resultan tus pensamientos, oh Dios, qué incontable es su suma! Si los cuento, son más que la arena; al terminar, todavía estoy contigo. Sondéame, oh Dios, conoce mi corazón, examíname, conoce mis desvelos. Que mi camino no acabe mal, guíame por el camino eterno.

7.- Oración final

Padre mío, tu has bajado hasta mí, me has tocado el corazón, me has hablado, prometiéndome gozo, presencia, salvación. En la gracia del Espíritu Santo, que me ha cubierto con su sombra, también yo junto a María, he podido decirte mi sí, el “Heme aquí” de mi vida por ti. Ahora no me queda nada más que la fuerza de tu promesa, tu verdad: “Concebirás y darás a la luz Jesús”. Señor, aquí tienes el seno abierto de mi vida, de mi ser, de todo lo que soy. Pongo todo en tu corazón. Tú, entra, ven, desciende te ruego a fecundarme, hazme generadora de Cristo en este mundo. El amor que yo recibo de ti, en medida desbordante, encuentre su plenitud y su verdad cuando alcance a los hermanos y hermanas que tú pones en mi camino. Nuestro encuentro, oh Padre, sea abierto, sea don para todos; sea Jesús, el Salvador. Amén.


^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Santísima Trinidad. Ciclo C

El Espíritu de la Verdad los guiará. Juan 16,12-15

1. Oración inicial

Oh Dios, que al enviar a tu hijo Jesús, nos has revelado la intención más clara de tu amor en el querer salvar al hombre. Pasa siempre junto a nosotros revelándonos tus atributos de compasión, misericordia, clemencia y lealtad. Espíritu de amor ayúdanos a progresar en el conocimiento del Hijo para llegar a la posesión de la vida. Haz que meditando tu Palabra en esta fiesta podamos descubrir con más conocimiento, que tu misterio, oh Dios, es un canto de amor compartido. Tú eres nuestro Dios y no un Dios solitario. Eres Padre fuente fecunda. Eres Hijo, Palabra hecha carne, amor vecino y fraterno. Eres Espíritu Santo, amor hecho abrazo.

 

2. Lectura

a). El Texto:

“Mucho tengo todavía que decirles, pero ahora no pueden con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y les explicará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y les explicará a ustedes. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y les explicará a ustedes”.

b). Notas para profundizar el texto.

1. Jesús en el discurso de despedida, se revela en profunda intimidad, los llama amigos, les promete su Espíritu Santo que los acompañará en el acoger el misterio de su Persona. Los discípulos luego, son invitados a crecer en el amor hacia el Maestro que se ofrece totalmente a ellos. La nueva comunidad fundada sobre el mandamiento nuevo del amor, que es el itinerario que la comunidad debe recorrer en su camino hacia el Padre. La comunidad está en medio del mundo, la comunidad fundada por Jesús desarrolla su misión en un mundo hostil y sólo a través de la práctica del amor es posible su crecimiento agregando nuevos miembros.

2. Será el Espíritu Santo el que comunicará a los discípulos lo que haya oído de Él. En la misión que la comunidad de Jesús realizará, el Espíritu Santo le comunica la verdad, le ayuda a explicar y a aplicar lo que Jesús es y lo que significa como manifestación del amor del Padre. Con el testimonio y predicación, la comunidad de los discípulos no transmite una nueva doctrina, sino propone con continuidad la realidad de la persona de Jesús. La voz del Espíritu Santo, que la comunidad percibe, es la voz del mismo Jesús. Tras las huellas de los profetas del AT, que interpretaban la historia a la luz de la alianza, el Espíritu Santo se muestra determinante para hacer conocer a Jesús ofreciendo a la comunidad de los creyentes la clave para comprender la historia como una confrontación continua entre lo que representa el “mundo” y el proyecto de Dios. El punto de partida para comprender y motivar la presencia de la comunidad de Jesús en el mundo es su muerte–exaltación.

3. Jesús no nos confió la última palabra sobre todo el misterio del amor del Padre que se revelaba en Él, se la confió al Espíritu Santo para que nos la comunique. “No podíamos con ella”… Necesitábamos asimilar el escándalo de la cruz, su nueva forma de estar presente y el seguimiento hasta la persecución y la entrega de la vida. Su ausencia de entre nosotros se irá convirtiendo en presencia en nosotros y a través de nosotros en el mundo entero. El Espíritu Santo será el que actualice la presencia del Hijo, recordándonos sus palabras. Toda la historia se convierte así en permanente revelación del Hijo; el conocimiento acrecienta el amor, sólo después de compartir la cruz podremos comprender todo lo que Jesús ha dicho y asumir el peso de sus palabras.

4. “El Consolador” es Maestro interior que prolonga en los discípulos, en sus palabras y en sus gestos, la Palabra definitiva de Dios hecha carne. La carne de Jesús, el Hijo, es la carta abierta que cuenta de forma definitiva el amor del Padre a la humanidad, es sin embargo ilegible para quien no ama y no puede así acoger el don del Hijo.

5. El hermano Francisco, deudor de los textos que conoce y ha internalizado, procedentes de la liturgia, hace referencia siempre a la presencia de Dios Trinidad, en expresiones solemnes como el comienzo de la carta a toda la Orden (CtaO 1: “En el nombre de la suma Trinidad y de la Santa Unidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo. ¡Amén!”) y en expresiones meditativas y oracionales: “Esta Palabra del Padre tan digna, tan santa anunciada por el mismo Padre desde el cielo por medio del ángel Gabriel…” (2CtaF 4; 2CtaF encabezamiento). El madurar de su vida cristiana, va configurando en Francisco una percepción de sí mismo y una forma de ser en comunión, a imagen de la Trinidad; la aceptación de una fraternidad más grande y plural sobrepasando lo que él podía abarcar, da fe de ello.

4. Momento de silencio orante

Digamos con San Agustín: “Concédeme tiempo para meditar sobre los secretos de tu ley, no cierres la puerta a quien llama. Oh Señor, realiza tu obra en mí y revélame estas páginas. Haz que yo encuentre gracia delante de ti y se me abran, cuando llamo, los íntimos secretos de tu Palabra”

5. Meditación

Jesús había comunicado a sus discípulos lo que había oído del Padre. Este mensaje no sería y no podía ser comprendido por sus discípulos en toda su fuerza. El motivo es, que los discípulos ignoran por el momento el significado de la muerte en cruz de Jesús y la substitución del viejo modo de ser salvado. Con su muerte se abre una nueva y definitiva intervención salvífica en la vida de la humanidad. Los discípulos comprenderán las palabras y los gestos de Jesús después de su resurrección o después de su muerte. En la enseñanza de Jesús hay tantas realidades y tantos mensajes que podrán ser comprendidos a poco que la experiencia ponga a la comunidad delante de nuevos acontecimientos o circunstancias; es en la vida diaria, comprendida a la luz de la resurrección, cuando podremos comprender el significado de su muerte –exaltación.

La voz del Espíritu Santo: el verdadero intérprete de la historia. Después Jesús explica las modalidades con las que el Espíritu Santo interpreta la vida y la historia humana. Ante todo manifestando su “gloria”, lo que quiere decir que “tomará de lo suyo”. Más específicamente “de lo mío” quiere decir que el Espíritu Santo toma de Jesús el mensaje, toda cosa pronunciada por Él. Manifestar la gloria quiere decir manifestar el amor que Él ha demostrado en su muerte. Estas palabras de Jesús son muy importantes porque evitan el reducir el papel del Espíritu Santo a una iluminación. Lo suyo es una comunicación del amor de Jesús que los pone en sintonía con su mensaje, pero también con el sentido profundo de su vida: el amor demostrado donando la propia vida sobre la cruz. En esto consiste el papel del Espíritu Santo, Espíritu de verdad. El escuchar el mensaje y su penetración, el estar en sintonía con el amor, son dos aspectos del papel del Espíritu Santo que permiten a la comunidad de los creyentes interpretar la historia. Todavía mejor, las palabras de Jesús intentan comunicar que sólo a través de la comunicación del amor por parte del Espíritu Santo es posible conocer qué es el hombre, entender la meta de su vida, y realizar un mundo nuevo. El modelo es siempre el amor de Jesús.

Jesús dice “todo lo que posee el Padre es mío”. El primer don del Padre a Jesús ha sido su gloria, más específicamente, el amor leal, el Espíritu. Esta comunicación, no ha de entenderse como estática, sino dinámica, continua y recíproca. En este sentido el Padre y Jesús son uno. Tal comunicación recíproca y constante compenetra la actividad de Jesús, el cual puede realizar las obras del Padre. Para ser capaces de entender, de interpretar la historia, los creyentes somos llamados a estar en sintonía con Jesús, aceptando en nuestra existencia la realidad de su amor y concretizándolo a favor del prójimo. El amor de Jesús por sus discípulos va investido de la realización del hombre. El diseño del Padre que se ha realizado en la vida de Jesús, debe realizarse en nuestra comunidad de creyentes y guiarnos al empeño por promover la vida de los hermanos. ¿Quién es el ejecutor del diseño del Padre en la vida de Jesús? Es el Espíritu Santo, que uniendo Jesús al Padre, realiza y lleva a cumplimiento el proyecto del Padre y hace a la comunidad de los creyentes partícipes de esta actividad dinámica de Jesús: “ tomará de lo mío”, la comunidad, gracias a la acción del Espíritu de la verdad, lo oye en su mensaje, lo concretiza como amor para comunicarlo. El Espíritu Santo comunica a los discípulos de Jesús toda la verdad y riqueza de Jesús; el lugar en el que habita es Jesús; “viene” a la comunidad; acogido, hace a la comunidad partícipe del amor de Jesús.

6. Algunas preguntas

- Un gran peligro amenaza, hoy, a las comunidades cristianas. ¿Estamos cayendo en la tentación de dividir a Jesús, siguiendo o a un Jesús hombre que con su obrar ha cambiado la historia, o un Jesús glorioso separado de su existencia terrena y por tanto de la nuestra?

- ¿Somos conscientes de que Jesús no es sólo un ejemplo del pasado, sino que es sobre todo el salvador presente? ¿Qué Jesús no es sólo objeto de contemplación y gozo, sino el Mesías a quien seguir y con cuya obra es necesario colaborar?

- Dios no es una abstracción, sino el Padre que se hace visible en Jesús. ¿Te empeñas en “verlo” y reconocerlo en la humanidad de Jesús? - ¿Estás atento al Espíritu de la Verdad que te comunica toda la verdad total de Jesús?

7. Oración final

¡Espíritu de la verdad! Tú nos haces hijos e hijas de Dios, de modo que podamos acercarnos al Padre. ¡Padre! nos dirigimos a ti con un corazón sólo y una sola alma y te pedimos: ¡Envía tu Espíritu sobre la Iglesia! Que cada cristiano crezca, en el amor de Cristo, en el amor por Dios y por sus hermanos. ¡Padre! renueva nuestra fe en el Reino que Jesús ha venido a proclamar y a encarnar sobre la tierra. No permitas que nos dejemos dominar por la desilusión y vencer por el cansancio. Que nuestras comunidades sean la levadura que haga crecer en la sociedad y en la iglesia la paz y el amor.

 

 

 

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Ssmo. Cuerpo y Sangre de Jesús. Ciclo C

Ssmo. Cuerpo y Sangre del Señor.

Jesús, pan vivo para toda la humanidad (Lucas 9,10-17)

1. Oración inicial


Cristo Jesús buscamos tu mirada que viene y disipa la pena de nuestros corazones. Y tú nos dices: “No te inquietes; aunque invisible, estoy siempre contigo”.
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.



2. Lectura


a).- El texto:

“Cuando los apóstoles regresaron le contaron cuanto habían hecho. Y Él, tomándolos consigo, se retiró aparte, hacia una ciudad llamada Betsaida. Pero la gente lo supo y lo siguieron. Él los acogía, les hablaba del Reino de Dios y curaba a los que tenían necesidad de ser curados. Pero el día había comenzado a declinar y, acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado.» Él les dijo: «Denles ustedes de comer.» Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.» Pues había como cinco mil hombres. Él dijo a sus discípulos: «Hagan que se acomoden por grupos de unos cincuenta.» Lo hicieron así y acomodaron a todos. Tomó entonces los cinco panes y los dos peces y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos”.

b).- Notas para profundizar en el texto

Jesús extiende e intensifica su misión por las aldeas de la Galilea y manda a sus doce discípulos para que le ayuden. La noticia de todo esto llega a Herodes, aquel que mandó matar a Juan Bautista. Cuando sus discípulos regresan de la misión, Jesús los invita a ir a un lugar solitario. Aquí sigue el texto que habla de la multiplicación de los panes.

En el tiempo de Jesús en la Palestina de entonces, el pueblo vivía en la expectativa de que el Mesías, cuando viniese, sería como un nuevo Moisés, y repetiría los grandes prodigios operados por Moisés en el Éxodo: conducir al pueblo por el desierto y alimentarlo con el maná. La multiplicación de los panes en el desierto era para la gente la gran señal de que estaba llegando el tiempo mesiánico.

En el tiempo de Lucas, en las comunidades de Grecia, era importante confirmar a los cristianos en sus convicciones de fe y orientarlos en medio de las dificultades. En el modo de describir la multiplicación de los panes, Lucas recuerda la celebración de la Eucaristía que se realizan en las comunidades de los años 80, y ayuda a las personas a profundizar el significado de la Cena Eucarística en sus propias vidas.

En la escucha, la Palabra se ha hecho “semilla”. La semilla enterrada en tierra ha dado una planta nueva y su fruto se multiplica, se hace pan. El pan se hará vida que alimenta, fuerza para el camino hacia Jerusalén. Al partir el pan, los ojos de los de Emaús se abrieron, lo reconocieron e hicieron el camino de vuelta a Jerusalén. En la multiplicación de los panes, parece repetirse la misma dinámica: los discípulos reconocen a Jesús como verdadera y definitiva vida e inician con Él el camino hacia Jerusalén. El texto en su contexto, parece confirmarnos que sólo quien come este pan y vive de Él, sabe reconocer el rostro del Señor y puede compartir su destino.

El centro de la narración de hoy, es el v. 16. Los gestos que se narran en este versículo identifican los gestos y las palabras de la Última Cena. La presencia de Dios que en el Éxodo sacia a su pueblo con el maná, viene ahora sustituida por Jesús el Señor que “explica las Escrituras y parte para los suyos el pan”. El banquete del Reino, está preparado para todos los hambrientos que se pueden saciar abundantemente del don de Dios hecho pan y fortaleza en Jesús que recorre con ellos el camino de la vida que se hace pascua.

Para Francisco el don del Hijo de Dios se hace presente cada día en la Eucaristía, en apariencia humilde se pone en nuestras manos y se nos da como pan que alimenta la fraternidad de la que Él mismo es origen y sostenedor. Los sacerdotes pecadores y pobrecillos, son también para Francisco una presencia insustituible del mismo Hijo de Dios y por medio de ellos, Él llega hasta nosotros y se nos entrega en perdón, en pan, en presencia que cura y salva. “Sólo en ellos veo al Hijo de Dios que con sus manos consagran y sirven a los demás” (cf. CtaO 23-29).

3. Un momento de silencio orante

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.
Denles ustedes de comer...Comieron todos y se saciaron…

4. Meditación

Jesús y los discípulos se retiran a un lugar solitario Los discípulos regresan de la misión, a la que han sido enviados. Jesús los invita a retirarse a un lugar solitario, cerca de Betsaida, al norte del lago de Galilea, Él los invita a descansar un poco. La gente busca a Jesús y Jesús acoge a la gente. La gente sabe dónde se encuentra Jesús y lo sigue. Jesús y sus discípulos van en barca y la gente lo sigue a pie, por otro camino, en un lugar determinado. La gente llega primero que Jesús. Llegados al lugar del descanso, viendo aquella muchedumbre, Jesús la acoge, habla del Reino y cura los enfermos, la gente parecía un rebaño sin pastor. Ante esta situación de la gente, Jesús reacciona como “un buen pastor”, orientando a la gente con su palabra y alimentándola con panes y peces.

El día comienza a decaer y se acerca el ocaso. Los discípulos están preocupados y piden a Jesús que despida a la gente. Dicen que en el desierto no es posible encontrar comida para tanta gente. Para ellos la única solución es que la gente vaya a las aldeas vecinas a comprar pan. No consiguen imaginar otra posible solución. Entre líneas sobre esta descripción de la situación de la gente, aparece algo muy importante. Para poder estar con Jesús, la gente se olvida de comer. Quiere decir que Jesús debe haber sabido atraer a la gente hasta el punto, de que ésta olvida todo, siguiéndolo por el desierto. Jesús dice: “Denles ustedes de comer”. Los discípulos se asustan, porque sólo tienen cinco panes y dos peces. Pero son ellos los que deben solucionar el problema y la única cosa que le viene a la mente es que la gente vaya a comprar pan. Sólo tienen la solución tradicional, según la cual alguno debe procurar pan para la gente. Alguno debe procurar el dinero, comprar pan y distribuirlo a la gente, pero en aquel desierto, esta solución es imposible. Ellos no encuentran otra posibilidad de resolver el problema. O sea: Si Jesús insiste en no mandar a la gente a sus casas, no hay solución para el hambre de la gente. No pasa por sus mentes que la solución podría venir de Jesús y de la misma gente.

Jesús toma la iniciativa para resolver el problema del hambre. Había allí cinco mil personas.

¡Mucha gente! Jesús pide a los discípulos que la gente se sienten en grupos de cincuenta. Y es aquí, cuando Lucas comienza a usar la Biblia para iluminar los hechos de la vida de Jesús.

Recuerda a Moisés. Él es, de hecho, el primero que dio de comer a la gente hambrienta en el desierto, después de la salida de Egipto. Lucas evoca también a Eliseo. En efecto, es Eliseo quien en el Antiguo Testamento, hace desaparecer el hambre de la muchedumbre con unos pocos panes e incluso sobra. El texto sugiere pues, que Jesús es el nuevo Moisés, el nuevo profeta que debe venir al mundo. Todas las comunidades conocían el Antiguo Testamento y a buen entendedor bastan pocas palabras. Así van descubriendo poco a poco el misterio que envuelve la persona de Jesús. Después que el pueblo se sienta en tierra, Jesús multiplica los panes y pide a los discípulos que lo distribuyan. “Tomó entonces los cinco panes y los dos peces y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente”. Este modo de hablar hace pensar en la Eucaristía. Porque estas mismas palabras serán usadas en la celebración de la Cena del Señor. La Eucaristía debe llevar a la multiplicación de los panes, que quiere decir compartir. Debe ayudar a los cristianos a preocuparse de las necesidades concretas del prójimo. Es pan de vida que da valor y lleva al cristiano a afrontar los problemas de la gente de modo diverso, no desde afuera, sino desde dentro de la gente. Todos comieron, se saciaron y ¡sobraron cestas enteras! Solución inesperada, realizada por Jesús y nacida desde dentro de la gente, partiendo de aquel poco que habían llevado, cinco panes y dos peces. Y sobraron doce cestos, después que cinco mil personas han comido ¡cinco panes y dos peces!

5. Algunas preguntas para ayudarnos en la meditación y en la oración.

¿Qué significa el pan en nuestras vidas? ¿Con qué relacionamos el pan?

¿Por qué lo necesitamos? ¿qué mensaje nos ofrece el texto?
«El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed.» ¿Cómo vivimos estas palabras?

¿Si Jesús es el pan de vida, ¿cómo nos alimentamos de este pan?

¿Cuál es la actitud de Jesús ante la situación de la gente?

¿Conoces iniciativas de personas que hoy dan de comer a la gente?

¿Cómo ayudamos nosotros a la gente? ¿Somos generosos y compasivos dando el pan espiritual y el corporal a los que lo necesitan?


6. Oración final


Señor Jesús, te damos gracias por tu entrega hasta el fin, por hacerte pan de vida para nuestro camino. Ayúdanos a subir contigo a Jerusalén, a compartir contigo tu destino de cruz y de gloria y así dar frutos de vida para bien del mundo. Amén


^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Sagrado Corazón de Jesús. Ciclo C

La oveja perdida y encontrada. La verdadera conversión (Lucas 15, 3-7)

ORACION INICIAL

Padre mío, vengo hoy ante ti con el corazón dolorido, porque sé que estoy entre el número de aquéllos, que aun siendo pecadores, se creen justos. Siento en mí el peso de mi corazón hecho de piedra y de hierro. Quisiera estar también yo, hoy, entre el número de los que se acercan a tu Hijo para escucharlo. Te ruego, Señor mío, que toques mi corazón con tus palabras, con tu presencia y embelésalo con una sola mirada, con una sola de tus caricias. Llévame a tu mesa, para que yo también pueda comer tu buen pan, o aunque sean las migajas, a tu Hijo Jesús, grano de trigo convertido en espiga y Alimento de salvación. No me dejes fuera, sino déjame entrar al banquete de tu misericordia. Amén.





1. LECTURA

a) El texto:

“Entonces les dijo esta parábola: «¿Quién de ustedes que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra? Cuando la encuentra, se la pone muy contento sobre los hombros y, llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: `Alégrense conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.' Les digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión”.

b) El contexto:

Este brevísimo pasaje constituye sólo el comienzo del gran capítulo 15 del Evangelio de Lucas, un capítulo muy centrado, casi el corazón del Evangelio o de su mensaje. Aquí, de hecho, están reunidos los tres relatos de la misericordia, como en una única parábola: la oveja, la moneda y el hijo son imágenes de una sola realidad, llevan en sí toda la riqueza y preciosidad del hombre ante los ojos de Dios, el Padre. Aquí está el significado último de la encarnación y de la vida de Cristo en el mundo: la salvación de todos, Judíos y Griegos, esclavos o libres, hombres o mujeres. Ninguno debe permanecer fuera del banquete de la misericordia.

c) La estructura:

Lucas describe el movimiento gozoso, de amor y conversión, de los pecadores y de los publicanos, los cuales, sin miedo, siguen acercándose a Jesús para escucharlo. Es aquí donde se ceba la murmuración, la rabia, la crítica y por tanto el rechazo de los fariseos y de los escribas, convencidos de poseer en sí mismos la justicia y la verdad. Por tanto la parábola que sigue, estructurada en tres relatos, quiere ser la respuesta de Jesús a estas murmuraciones; en el fondo, repuesta a nuestras críticas, a nuestros refunfuños contra Él y su amor inexplicable. Se abre luego con una pregunta retórica, que supone ya una respuesta negativa: ninguno se comportaría como el buen pastor, como Cristo. Y por el contrario precisamente allí, en su comportamiento, en su amor por nosotros, por todos, está la verdad de Dios. Describe las acciones, los sentimientos del pastor: su búsqueda, el compartir este gozo con los amigos. Al final, Lucas quiere dibujar el rostro de Dios, personificado en el Cielo:

Él espera con ansia el regreso de todos sus hijos. Es un Dios, un Padre que ama a los pecadores que se reconocen necesitados de su misericordia, de su abrazo y no puede complacerse en aquéllos que se creen justos y permanecen alejados de Él.

2. MEDITACION DE LA PALABRA

a) Un momento de silencio orante:

Ahora, como los publicanos y pecadores, también yo deseo acercarme al Señor Jesús para escuchar las palabras de su boca, para prestar atención, con el corazón y con la mente a cuanto Él quiera decirme Me abro, ahora, me dejo alcanzar de su voz, de su mirada hacia mí, que me llega hasta el fondo.

b) Algunas pistas para profundizar:

“¿Quién de ustedes?”

Se necesita partir de esta pregunta fortísima de Jesús, dirigida a sus interlocutores de aquel momento, pero dirigida también hoy a nosotros. Estamos seriamente puestos de frente a nosotros mismos, para entender qué somos, cómo somos en lo profundo. “¿Quién de ustedes es un verdadero hombre?”, dice Jesús. Así como pocos versículos después dirá: “¿Qué mujer?”. Es un poco la misma pregunta que cantaba el salmista diciendo: “¿Qué cosa es el hombre?” (8,5) y que repetía Job, hablando con Dios: “¿Qué cosa es este hombre?” (7,17).

Por tanto, nosotros aquí, en este brevísimo relato de Jesús, en esta parábola de la misericordia, encontramos la verdad: llegamos a comprender quién es verdaderamente hombre, entre nosotros. Pero para hacer esto, se necesita que encontremos a Dios, escondido en estos versículos, porque debemos confrontarnos con Él, en Él reflejarnos y encontrarnos. El comportamiento del pastor con su oveja nos dice qué debemos hacer, cómo debemos ser y nos desvela cómo somos en realidad, pone al descubierto nuestras llagas, nuestra profunda enfermedad. Nosotros, que nos creemos dioses, no somos a veces ni siquiera hombres.

Veamos el por qué…
“noventa y nueve – uno”


He aquí que la luz de Dios nos pone enseguida frente a una realidad muy fuerte, comprometida, para nosotros. Encontramos en este Evangelio, un rebaño, uno como tantos, bastante numeroso, quizás de un hacendado rico: cien ovejas. Número perfecto, simbólico, divino. La plenitud de los hijos de Dios, todos nosotros, cada uno, uno por uno, ninguno puede quedar excluido. Pero en esta realidad sucede una cosa impensable: se crea una división enorme, desequilibrada al máximo. De una parte noventa y nueve ovejas y de la otra una sola. No hay una proporción aceptable. Sin embargo estas son las modalidades de Dios.


Nos viene enseguida pensar e interrogarnos a cuál de los dos grupos pertenecemos.

¿Estamos entre las noventa y nueve? ¿O somos aquella única, la sola, tan grande, tan importante de hacer la contraparte a todo el resto del rebaño?

Miremos bien el texto. La oveja única. La sola, sale pronto del grupo porque se pierde, descarrila, vive en suma, una experiencia negativa, peligrosa, quizás mortal. Pero sorprendentemente el pastor no la deja andar de ninguna manera, no se lava las manos; al contrario, abandona las otras, que habían quedado con él y va en busca de ella. ¿Es posible una cosa así? ¿Puede ser justificado un abandono de estas dimensiones? Aquí comenzamos a entrar en crisis, porque seguramente habíamos pensado espontáneamente clasificarnos entre las noventa y nueve, que permanecen fieles. Y por el contrario el pastor se va y corre a buscar a aquella mala, que no merecía nada, sino la soledad y el abandono que se había buscado.

¿Y qué sucede después? El pastor no se rinde, no piensa volver atrás, parece no preocuparse de sus otras ovejas, las noventa y nueve. El texto dice que él “va tras la perdida, hasta que la encuentra”. Es interesantísima esta preposición “tras”; parece casi una fotografía del pastor, que se inclina con el corazón, con el pensamiento, con el cuerpo sobre aquella única oveja. Examina el terreno, busca sus huellas, que él seguramente conoce y que las ha grabado en las palmas de sus manos (Is 49,16); interroga al silencio, para sentir si se oye todavía el eco lejano de sus balidos. La llama por su nombre, le repite los modos convencionales de llamarla, aquél con el que todos los días la escucha y acompaña. Y finalmente la encuentra. Sí, no podía ser de otro modo. Pero no hay castigo, ni violencia, ni dureza. Sólo un amor infinito y gozo rebosante. Dice Lucas: “Se la pone sobre sus hombros todo contento..” Y hace fiesta, en casa, con los amigos y vecinos. El texto no cuenta ni siquiera que el pastor haya vuelto al desierto a recoger las otras noventa y nueve.

Teniendo en cuenta todo esto, está claro, clarísimo, que debemos ser nosotros aquella única, aquella sola oveja, tan amada, tan preferida. Debemos reconocer que nos hemos descarriado, que hemos pecado, que sin el pastor no somos nada. Este es el gran paso que la palabra del Evangelio nos llama a realizar, hoy: liberarnos del peso de nuestra presunta justicia, dejar el yugo de nuestra autosuficiencia y ponernos, también nosotros, de la parte de los pecadores, de los impuros, de los ladrones.

He aquí por qué Jesús comienza preguntándonos: “¿Quién de ustedes?”
“en el desierto”

Este es lugar de los justos, de quien se cree a tono, sin pecado, sin mancha. No han entrado todavía en la tierra prometida, están fuera, lejanos, excluidos del gozo, de la misericordia. Como los que no aceptaron la invitación del rey y se excusaron. Quién con una excusa, quién con otra. En el desierto y no en la casa, como aquella oveja única. No en la mesa del pastor, donde hay pan bueno y substancioso, donde hay vino que alegra el corazón. La mesa preparada por el Señor: Su Cuerpo y su Sangre. Donde el Pastor se convierte él mismo en cordero, cordero inmolado, alimento de vida. Quien no ama a su hermano, quien no abre el corazón a la misericordia, como hace el pastor del rebaño, no puede entrar en la casa, sino que permanece fuera. El desierto es su heredad, su morada. Y allí no hay comida, ni agua, ni redil para el rebaño.
Jesús come con los pecadores, con los publicanos, las prostitutas, con los últimos, los excluidos y prepara la mesa, su banquete con exquisitas viandas, con vinos excelentes, con alimentos suculentos (Is 25, 6). A esta mesa somos invitados también nosotros.

3. LA PALABRA Y LA VIDA

Algunas preguntas:

“…habiendo perdido una de ellas…”. Aquella única oveja del rebaño se ha salido del camino, se aleja de las otras. Es de nosotros de quien se habla. Somos nosotros los hijos dispersos, los extraviados, los errantes, los pecadores, los publicanos. Es inútil que continuemos creyéndonos justos, mejores que los otros, dignos del Reino, de la presencia de Dios, con el deber de enfadarnos, de murmurar. Debo preguntarme, ante este evangelio, si estoy dispuesto a realizar este camino profundo de conversión, de revisión interior muy fuerte.

Dejarme poner sobre las espaldas del buen pastor o permanecer distante, solo, con mi justicia. Pero si no sé usar la misericordia, si no sé acoger, perdonar, estimar, ¿cómo puedo esperar todo esto para mí?

“…las noventa y nueve en el desierto…” Debo abrir los ojos a esta realidad: el desierto.

¿Dónde creo que estoy yo? ¿dónde habito? ¿A dónde camino? ¿Cuáles son mis verdes pastizales? Creo estar al seguro, habitar en la casa del Señor, entre sus hijos fieles y quizás sea verdaderamente así. “ En verdes praderas me hace reposar” dice el salmo. Pero yo ¿me siento en este reposo? Y entonces ¿por qué estoy tan inquieto, insatisfecho, siempre a la búsqueda de algo nuevo, mejor, más grande? Miro mi vida: ¿ no es un poco un desierto?

Donde no hay amor y compasión, donde me quedo cerrado a mis hermanos y no sé acogerlos tales como son, con sus limitaciones, con los errores que cometen, con los sufrimientos que quizás me procuran, allí nace el desierto, allí me desespero y me siento hambriento y sediento. Este es el momento de dejarme cambiar el corazón: reconocerme miserable para convertirme en misericordioso.

“...va tras la oveja perdida hasta que la encuentra” Hemos visto cómo el texto describe con finura la acción del pastor: deja todas las ovejas y va tras aquella única que se ha extraviado. Es un movimiento, un trasporte de amor; un inclinarse paciente, tenaz, que no se rinde, sino que insiste siempre. Así trata el Señor a cada uno de sus hijos. También a mí.

Si miro hacia atrás, si recuerdo mi historia, me doy cuenta de cuánto amor, de cuánta paciencia, de cuánto dolor, ha experimentado Él por mí, para encontrarme, para volverme a dar lo que yo había desperdiciado y perdido. Él jamás me ha abandonado.

Pero, llegado a este punto, ¿qué hago yo de este amor tan gratuito, tan grande, exuberante? Si lo tengo encerrado en mi corazón, se pierde. No se puede conservar como el maná hasta el día siguiente. Debo, hoy mismo, distribuirlo, difundirlo. Y pruebo a examinar mi conducta hacia mis hermanos, a los que me encuentro cada día, con los que comparto mi vida. ¿Cómo es mi proceder con ellos? ¿Me parezco en algo al buen pastor, que va en busca, que se acerca, que se inclina con ternura, atención, amistad o también con amor? ¿Acaso soy superficial, no me importa nadie, dejo que cada cual obre como quiera, viva sus dolores, sin estar dispuesto a compartir, a conllevarlos juntos? ¿Qué clase de hermano, hermana soy yo? ¿Qué padre, qué madre soy?

“Alégrense conmigo”. El pasaje se cierra con una fiesta, termina siendo un verdadero banquete. Una cena de un rey, una fiesta solemne, con el mejor alimento, preparado de antemano, para comerlo, llegada la ocasión, con las mejores vestidos, con los pies calzados y anillos al dedo. Un gozo que siempre va creciendo, que contagia, un gozo compartido. Es la invitación que el Padre, el Rey, nos hace cada día, cada mañana; desea que participemos también nosotros por el regreso de sus hijos, nuestros hermanos. ¿Me fastidia esto? ¿Está mi corazón abierto, disponible a este gozo de Dios? ¿Prefiero estar fuera, mejor exigiendo por lo que me parece que no me han dado, la parte del patrimonio que me corresponde, el premio especial para hacer fiesta con quien me parezca? Pero comprendo bien que si no entro ahora en el banquete de Dios, donde están invitados los pobres, los cojos, los ciegos, aquellos a quienes ninguno quiere; si no tomo parte en el gozo común de la misericordia, quedaré fuera por siempre, triste, cerrado en mí mismo, en las tinieblas y en el llanto, como dice el Evangelio.

4. LA PALABRA SE CONVIERTE EN ORACIÓN

a) Salmo 103, 1-4 8-13. El Señor es bueno y grande en el amor.

Bendice, alma mía, a Yahvé, el fondo de mi ser, a su santo nombre. Bendice, alma mía, a Yahvé, nunca olvides sus beneficios. Él, que tus culpas perdona, que cura todas tus dolencias, rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y ternura,

Yahvé es clemente y compasivo, lento a la cólera y lleno de amor; no se querella eternamente, ni para siempre guarda rencor; no nos trata según nuestros yerros, ni nos paga según nuestras culpas.

Como se alzan sobre la tierra los cielos, igual de grande es su amor con sus adeptos; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros crímenes. Como un padre se encariña con sus hijos, así de tierno es Yahvé con sus adeptos;

b) Oración final:

¡Oh Padre bueno y misericordioso, alabanza y gloria a ti por el amor que nos has revelado en Cristo tu Hijo! Tú, misericordioso, llama a todos para que sean también misericordia. Ayúdame a reconocerme cada día necesitado de tu perdón, de tu compasión, necesitado del amor y de la comprensión de mis hermanos. Que tu Palabra cambie mi corazón y me vuelva capaz de seguir a Jesús, de salir cada día con Él a buscar a mis hermanos en el amor. Amén.
.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Asunción de María. Ciclo C

15 de agosto: Asunción de la B. V. María.

1. LECTIO

a) Oración inicial:


Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría, de ciencia, del entendimiento, de consejo, llénanos, te rogamos, del conocimiento de la Palabra de Dios, llénanos de toda sabiduría e inteligencia espiritual para poderla comprender en profundidad. Haz que bajo tu guía podamos comprender el evangelio de esta solemnidad mariana. Espíritu Santo, tenemos necesidad de ti, el único que continuamente modela en nosotros la figura y la forma de Jesús. Y nos dirigimos a ti, María, Madre de Jesús y de la Iglesia, que has vivido la presencia desbordante del Espíritu Santo, que has experimentado la potencia de su fuerza en ti, que las has visto obrar en tu Hijo Jesús desde el seno materno, abre nuestro corazón y nuestra mente para que seamos dóciles a la escucha de la Palabra de Dios.

b) Lectura del evangelio

“En aquellos días, se puso en camino María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, Isabel quedó llena de Espíritu Santo y exclamó a gritos: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que venga a verme la madre de mi Señor? Porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» Y dijo María: «Alaba mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abrahán y de su linaje por los siglos.» María se quedó con ella unos tres meses, y luego se volvió a su casa.

c) Momento de silencio orante

El silencio es una cualidad de quien sabe escuchar a Dios. Esfuérzate por crear en ti una atmósfera de paz y de silenciosa adoración. Si eres capaz de estar en silencio delante de Dios podrás escuchar su respiro que es Vida

2. MEDITATIO

a) Clave de lectura:

Bendita tú entre las mujeres
En la primera parte del evangelio de hoy resuenan las palabras de Isabel, “Bendita tú entre las mujeres”, precedidas por un movimiento espacial. María deja Nazaret, situada al norte de la Palestina, para dirigirse al sur, a casi ciento cincuenta kilómetros, a una localidad que la tradición identifica con la actual Ain Karen, poco lejana de Jerusalén.. El moverse físico muestra la sensibilidad interior de María, que no está cerrada para contemplar de modo privado e intimista el misterio de la divina maternidad que se encierra en ella, sino que es lanzada sobre el sendero de la caridad. Ella se mueve para llevar ayuda a su anciana prima.

El dirigirse de María a Isabel es acentuado por el añadido “ de prisa” que San Ambrosio interpreta así: María se puso de prisa en camino hacia la montaña, no porque fuese incrédula a la profecía o incierta del anuncio o dudase de la prueba, sino porque estaba contenta de la promesa y deseosa de cumplir devotamente un servicio, con el ánimo que le venía del íntimo gozo…La gracia del Espíritu Santo no comporta lentitud”. El lector, sin embargo, sabe que el verdadero motivo del viaje no está indicado, pero se lo puede figurar a través de las informaciones tomadas del contexto. El ángel había comunicado a María la preñez de Isabel, ya en el sexto mes (cfr. v.37). Además el hecho de que ella se quedase tres meses (cfr. v.56), justo el tiempo que faltaba para nacer el niño, permite creer que María quería llevar ayuda a su prima. María corre y va a donde le llama la urgencia de una ayuda, de una necesidad, demostrando, así, una finísima sensibilidad y concreta disponibilidad. Junto con María, llevado en su seno, Jesús se mueve con la Madre. De aquí es fácil deducir el valor cristológico del episodio de la visita de María a la prima: la atención cae sobre todo en Jesús. A primera vista parecería una escena concentrada en las dos mujeres, en realidad, lo que importa para el evangelista es el prodigio presente en sus dos respectivas concepciones. La movilización de María, tiende , en el fondo, a que las dos mujeres se encuentren.

Apenas María entra en casa y saluda a Isabel, el pequeño Juan da un salto. Según algunos el salto no es comparable con el acomodarse del feto, experimentado por las mujeres que están encinta. Lucas usa un verbo griego particular que significa propiamente “saltar”.

Queriendo interpretar el verbo, un poco más libremente, se le puede traducir por “danzar”, excluyendo así la acepción de un fenómeno sólo físico. Algunos piensan que esta “danza”, se pudiera considerar como una especie de “homenaje” que Juan rinde a Jesús, inaugurando, aunque todavía no nacido, aquel comportamiento de respeto y de subordinación que caracterizará toda su vida: “Después de mí viene uno que es más fuerte que yo y al cuál no soy digno de desatar las correas de sus sandalias” (Mc 1,7). Un día el mismo Juan testimoniará: “Quien tiene a la esposa es el esposo; pero el amigo del esposo que está presente y lo escucha, salta de gozo a la voz del esposo, pues así este mi gozo es cumplido.

Él debe crecer y yo por el contrario disminuir” (Jn 3,29-30). Así lo comenta san Ambrosio: “ Isabel oyó antes la voz, pero Juan percibió antes la gracia”. Una confirmación de esta interpretación la encontramos en las mismas palabras de Isabel que, tomando en el v. 44 el mismo verbo ya usado en el v. 41, precisa: “Ha saltado de gozo en mi seno” . Lucas, con estos detalles particulares, ha querido evocar el prodigio verificado en la intimidad de Nazaret. Sólo ahora, gracias al diálogo con una interlocutora, el misterio de la divina maternidad deja su secreto y su dimensión individual, para llegar a convertirse en un hecho conocido, objeto de aprecio y de alabanza. Las palabras de Isabel “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿A qué debo que la madre de mi Señor venga a mí?” (vv. 42-43). Con una expresión semítica que equivale a un superlativo (“entre las mujeres”), el evangelista quiere atraer la atención del lector sobre la función de María: ser la “;Madre del Señor”. Y por tanto a ella se le reserva una bendición (“bendita tú”) y dichosa beatitud.

¿En qué consiste esta última? Expresa la adhesión de María a la voluntad divina. María no es sólo la destinataria de una diseño arcano que la hace bendita, sino persona que sabe aceptar y adherirse a la voluntad de Dios. María es una criatura que cree, porque se ha fiado de una palabra desnuda y que ella la ha revestido con un “sí” de amor. Ahora Isabel le reconoce este servicio de amor, identificándola “bendita como madre y dichosa como creyente”.

Mientras tanto, Juan percibe la presencia de su Señor y salta, expresando con este movimiento interior el gozo que brota de aquel contacto salvífico. De tal suceso se hará intérprete María en el canto del Magnificat.

b) Un canto de amor:

En este canto María se considera parte de los anawim, de los “pobres de Dios”, de aquéllos que ”temen a Dios”, poniendo en Él toda su confianza y esperanza y que en el plano humano no gozan de ningún derecho o prestigio. La espiritualidad de los anawin puede ser sintetizada por las palabras del salmo 37,79: “Está delante de Dios en silencio y espera en Él”, porque “aquéllos que esperan en el Señor poseerán la tierra”. En el Salmo 86,6, el orante, dirigiéndose a Dios, dice: “Da a tu siervo tu fuerza”: aquí el término “siervo” expresa el estar sometido, como también el sentimiento de pertenencia a Dios, de sentirse seguro junto a Él.

Los pobres, en el sentido estrictamente bíblico, son aquéllos que ponen en Dios una confianza incondicionada; por esto han de ser considerados como la parte mejor, cualitativa, del pueblo de Israel. Los orgullosos, por el contrario, son los que ponen toda su confianza en sí mismos. Ahora, según el Magnificat, los pobres tienen muchísimos motivos para alegrarse, porque Dios glorifica a los anawim (Sal 149,4) y desprecia a los orgullosos. Una imagen del N. T. que traduce muy bien el comportamiento del pobre del A. T. , es la del publicano que con humildad se golpea el pecho, mientras el fariseo complaciéndose de sus méritos se consuma en el orgullo (Lc 18,9-14). En definitiva María celebra todo lo que Dios ha obrado en ella y cuanto obra en el creyente. Gozo y gratitud caracterizan este himno de salvación, que reconoce grande a Dios, pero que también hace grande a quien lo canta.

c) Algunas preguntas para meditar:

- Mi oración ¿es ante todo expresión de un sentimiento o celebración y reconocimiento de la acción de Dios? - María es presentada como la creyente en la Palabra del Señor. ¿Cuánto tiempo dedico a escuchar la Palabra de Dios?

- ¿Mi oración se alimenta de la Biblia, como ha hecho María? ¿O mejor me dedico al devocionismo que produce oraciones incoloras e insípidas? ¿Me convenzo de que volver a la plegaria bíblica es seguridad de encontrar un alimento sólido, escogido por María misma?

3. ORATIO

a) Salmo 44 (45), 10-11; 12; 15b-16

El salmo, en esta segunda parte, glorifica a la reina. En la liturgia de hoy estos versículos son aplicados a María y celebran su belleza y grandeza.
Entre tus predilectas hay hijas de reyes, la reina a tu derecha, con oro de Ofir.
Escucha, hija, mira, presta oído, olvida tu pueblo y la casa paterna, que prendado está el rey de tu belleza. El es tu señor, ¡póstrate ante él!
La siguen las doncellas, sus amigas, que avanzan entre risas y alborozo al entrar en el palacio real.

b) Oración final:

La oración que sigue es una breve meditación sobre el papel materno de María en la vida del creyente: “María, mujer que sabe gozar, que sabe alegrarse, que se deja invadir por la plena consolación del Espíritu Santo, enséñanos a orar para que podamos también nosotros descubrir la fuente del gozo. En la casa de Isabel, tu prima, sintiéndote acogida y comprendida en tu íntimo secreto, prorrumpiste en un himno de alabanza del corazón, hablando de Dios, de ti en relación con Él y de la inaudita aventura ya comenzada de ser madre de Cristo y de todos nosotros, pueblo santo de Dios. Enséñanos a dar un ritmo de esperanza y gritos de gozos a nuestras plegarias, a veces estropeada por amargos lloros y mezcladas de tristeza casi obligatoriamente. El Evangelio nos habla de ti, María, y de Isabel; ambas custodiabais en el corazón algo, que no osabais o no queríais manifestar a nadie. Cada una de vosotras se sintió sin embargo comprendida por la otra en aquel día de la visitación y tuvisteis palabras y plegarias de fiesta. Vuestro encuentro se convirtió en liturgia de acción de gracias y de alabanza al Dios inefable. Tú, mujer del gozo profundo, cantaste el Magnificat, sobrecogida y asombrada por todo lo que el Señor estaba obrando en la humilde sierva. Magnificat es el grito, la explosión de gozo, que resuena dentro de cada uno de nosotros, cuando se siente comprendido y acogido.”

4.CONTEMPLATIO

La Virgen María, templo del Espíritu Santo, ha acogido con fe la Palabra del Señor y se ha entregado completamente al poder del Amor. Por este motivo se ha convertido en imagen de la interioridad, o sea toda recogida bajo la mirada de Dios y abandonada a la potencia del Altísimo. María no habla de sí, para que todo en ella pueda hablar de las maravillas del Señor en su vida.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 



8º Octavo Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? (Lucas 6,39-45)

Oración inicial


Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

1. LECTURA

El texto

“Les dijo también una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
No está el discípulo por encima del maestro; todo aquel que esté bien instruido podrá ser como su maestro.
¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: hermano, deja que quite la paja que hay en tu ojo, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad cómo sacar la paja del ojo de tu hermano. Porque no hay árbol bueno que dé mal fruto, ni tampoco árbol malo que dé buen fruto. Pues cada árbol se conoce por su fruto; no se recogen higos de los espinos, ni se cosechan uvas del zarzal. El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca cosas buenas, y el malo de su mal saca cosas malas: porque de la abundancia del corazón habla su boca”.

2. REFLEXION

«Necesitas vida interior y formación doctrinal ¡Exígete! -Tú -hombre cristiano, mujer cristiana- has de ser sal de la tierra y luz del mundo, porque estás obligado a dar ejemplo con una santa desvergüenza. -Te ha de urgir la caridad de Cristo y al sentirte y saberte otro Cristo desde el momento en que le has dicho que le sigues, no te separarás de tus iguales tus parientes, tus amigos, tus colegas-, lo mismo que no se separa la sal del alimento que condimenta. (Pablo Cardona)

Tu vida interior y tu formación comprenden la piedad y el criterio que ha de tener un hijo de Dios, para sazonarlo todo con su presencia activa. Pide al Señor que siempre seas ese buen condimento en la vida de los demás» (Forja, 450).

Parece, en verdad, que el conocimiento de sí mismo es el más difícil de todos. Ni el ojo que ve las cosas exteriores se ve a sí mismo, y hasta nuestro propio entendimiento, pronto para juzgar el pecado de otro, es lento para percibir sus propios defectos. (San Basilio )

"¿Cómo dices a tu hermano: Deja que te saque la mota del ojo, si tienes una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la mota del ojo de tu hermano." Es decir: Sacúdete de encima el odio. Entonces podrás corregir a aquel que amas. Reprender los vicios es propio de los hombres justos y buenos. Cuando lo hacen los malvados usurpan el papel de los buenos. Cuando estamos obligados a corregir o a reprender, prestemos atención escrupulosa a la siguiente pregunta: ¿No hemos caído nunca en esta falta? ¿Nos hemos curado de ella? Aún si nunca la hubiésemos cometido, acordémonos de que somos humanos y que hubiéramos podido caer en ella. Si, por el contrario, la hemos cometido en el pasado, acordémonos de nuestra fragilidad para que la benevolencia nos guíe en la corrección o la reprensión y no el odio. Independientemente de que el culpable se enmiende o no, _el resultado siempre es incierto,_ por lo menos podremos estar seguros de que nuestra mirada sobre él se ha mantenido pura. Pero, si en nuestra introspección descubrimos el mismo defecto que pretendemos reprender en el otro, en lugar de corregirlo, lloremos con el culpable. No le pidamos que nos obedezca, sino invitémosle a que nos acompañe en nuestro esfuerzo de corregirnos.

Dos avisos importantes para los que recibimos el llamado de Jesús a la coherencia y autoridad moral: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego?" - No juzgar ni condenar al otro: "Hermano, déjame que te saque la mota de tu ojo". Así descubriremos nuestro propio pecado. Es necesario ser benévolos con los demás. Dios nos lo ha perdonado todo y nos ha regalado su amor. Nos ofrece Jesús un proceso educativo ético en cinco etapas: 1) Renuncia a ser juez de los demás. 2) Apertura a la palabra de Jesús, que nos descubre: su amor y esperanza. 3) Reconocimiento de nuestro pecado. 4) Compromiso de hacernos seres humanos nuevos. 5) Sólo así seremos capaces de seguir a Jesús. Nuestro orgullo queda satisfecho si, al compararnos con los demás, salimos favorecidos. Las críticas y condenas al otro son frecuentes en nosotros. Jesús nos invita a mirar primero nuestras faltas. Tener la humildad de reconocerlas nos permitirá ser más justos con los demás. Estos son los pasos a dar: 1) Las palabras de Jesús se dirigen especialmente a los que tienen un cargo en la comunidad. Remueven nuestro ser profundo exigiéndonos coherencia. Para ser creíbles, primero hay que ser veraces. Para ser convincentes, hay que estar convencidos primero. 2) Es un llamado a la transparencia para que nuestro anuncio pueda ser veraz y creíble. No podemos defender la causa de los marginados ni predicar la solidaridad sin compartir su propia vida. La preocupación, el cariño, algún dinero de lo que nos sobra..., no es suficiente. Si no nos liberamos de... las opresiones, que amarran nuestras manos, corazón y mente no seremos instrumentos de liberación 3) Es necesario seguir el ejemplo de Jesús, fiel al mensaje redentor, obediente a la voluntad del Padre, coherente en su vida, uniendo en un solo haz palabras y actitudes, es decir, obras. (Padre Juan José Palomino)

Se conoce a cada uno por su vida y sus costumbres; pues no con adornos exteriores y fingidas humildades es como se da a conocer la honestidad de la verdadera virtud, sino por medio de las obras que cada uno practica. Poniendo el Salvador un ejemplo sobre esto, dice: "Porque no se cogen higos de espinos". (San Cirilo)

Las espinas y la zarza son los cuidados del mundo y las picaduras de los vicios; mientras que el higo y la uva representan la dulzura de la nueva vida y el fervor de la caridad. No salen los higos de los espinos ni se coge la uva de la zarza; porque la inteligencia del hombre viejo, obligada por la costumbre, podrá afectar lo que no es, pero no podrá producir el fruto del hombre nuevo. Que se sepa, sin embargo, que así como el fértil sarmiento se apoya y enlaza en las zarzas, de suerte que la espina conserva para el uso del hombre un fruto que no es suyo, así los dichos y las acciones de los malos pueden alguna vez ser de provecho para los buenos. Lo mismo es el tesoro del corazón que la raíz del árbol. Todo aquel que en su corazón tiene el tesoro de la paciencia y del amor perfecto, produciendo sus óptimos frutos, ama a su enemigo y hace todo lo que el Señor manda, por el contrario el que mantiene un tesoro inútil en su corazón, obra perniciosamente. Por la boca el Señor quiso significar todo lo que de palabra, de obra, o de pensamiento, sale de nuestro corazón. (Beda)

El estilo de la palabra da a conocer el corazón de quien procede, manifestando claramente la disposición de nuestros sentimientos; por lo que sigue: "Porque de la abundancia del corazón habla la boca". (San Basilio)

Es una consecuencia natural que cuando la malicia vive en nuestro interior, las palabras inoportunas salgan por nuestra boca; por lo que, cuando oigas a alguna persona que profiere palabras poco honestas, no creas que se oculta en él menos malicia, que la que expresa por medio de la palabra; antes bien entiende que la fuente es más caudalosa que el arroyo. (Crisóstomo)

Nuestros pensamientos, palabras y obras sólo adquieren su verdadera dimensión si las referimos al mensaje del Evangelio. "Lo que rebosa del corazón, lo habla la boca". Cuando hablamos, ¿buscamos el bien de nuestro interlocutor? Cuando pensamos, ¿tratamos de poner nuestro pensamiento en sintonía con el pensamiento de Dios? Cuando actuamos, ¿intentamos difundir el Amor que nos hace vivir? Como dice una vez más San Juan Crisóstomo: "Si ahora todos participamos del mismo pan, y nos convertimos en la misma sustancia, ¿por qué no mostramos todos la misma caridad? ¿Por qué, por lo mismo, no nos convertimos en un todo único?... Oh hombre, ha sido Cristo quien vino a tu encuentro, a ti que estabas tan lejos de Él, para unirse a ti; y tú, ¿no quieres unirte a tu hermano?"

3. ORACION CON CRISTO

Jesús, me adviertes del peligro de guiar a los demás sin antes cuidar mi vida interior. El primer apostolado es luchar personalmente por ser santo, por ver con claridad el camino, por quitar esos defectos que me apartan de Ti. No me dices que no ayude a los demás, sino que primero empiece por luchar yo mismo.
Jesús, quieres apartarme del peligro de juzgar a los demás, de señalar sus defectos y limitaciones, sin darme cuenta de que yo tengo también los míos, a veces incluso mayores que los de los demás. ¿Cómo voy a guiar a los demás si yo mismo voy a tientas? «¿No caeremos los dos en el hoyo?» Así como el tomarse la vida cristiana en serio lleva a hacer apostolado, también es verdad que el tomarse el apostolado en serio lleva a mejorar en la vida interior.
Porque el cristiano ha de ser ejemplo para los demás: ha de ser el mismo Cristo. Pero ¿cómo puedo parecerme más a Ti? «Todo aquel que esté bien instruido podrá ser como su maestro.» Para empezar, me pides que me tome en serio mi formación espiritual.
Jesús, por ser cristiano, he de ser otro Cristo. Y para ello necesito vida interior y formación doctrinal. Aún más cuando la sociedad en la que vivo está tan alejada de Dios y se mueve con unos criterios tan opuestos a los que Tú nos has dejado. Como el pez que remonta la corriente necesita más energía interior que el que se deja arrastrar por ella, así también el cristiano que quiere vivir como tal en la sociedad actual necesita mucha vida interior y criterio bien formado.
Jesús, no puedo excusarme diciendo que el ambiente está muy mal, ni tampoco quieres que me aísle de los demás para no «contaminarme». Quieres que sea sal y luz del mundo, que lo sazone todo con mi presencia activa, con mi caridad, dando ejemplo cristiano con una santa desvergüenza. Pero sin ser guía ciego. Jesús, que ponga empeño en cuidar mis normas de piedad, especialmente la Misa y la oración que son como las columnas de mi vida interior. Ayúdame a ser constante en la formación espiritual y doctrinal, pidiendo consejo en la dirección espiritual para avanzar en este terreno, consciente de que la formación no termina nunca. (Pablo Cardona)

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 



9º Noveno Tiempo Domingo Ordinario. Ciclo C

No he encontrado fe tan grande en Israel (Lucas 7,1-10)

Oración inicial


Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

1. Lectura

El texto


“Cuando Jesús terminó de decir todas estas cosas al pueblo, entró en Cafarnaún. Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor. Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: "El merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga". Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: "Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque yo _que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes_ cuando digo a uno: 'Ve', él va; y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: '¡Tienes que hacer esto!', él lo hace". Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: "Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe". Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano”.

2. Reflexión

Jesús entra en Cafarnaún, encrucijada de comerciantes y de culturas, sobre todo de la romana, pagana, y de la judía. Lucas describe la triste situación del paganismo y, en concreto, de las clases oprimidas bajo el peso del poder constituido y jerárquicamente organizado. La proclama de Jesús dirigida al pueblo de Israel ha llegado a oídos de los paganos que conviven con los judíos y suscita en el paganismo la esperanza de que Jesús puede reparar su situación desesperada; la manera de contactar con Él solamente la cree posible sirviéndose de la mediación del judaísmo. No se trata aún del paganismo como tal, sino de paganos que están en inmejorables relaciones con el judaísmo. En el Evangelio, ni el centurión romano ni el siervo tienen nombre propio: se trata de una descripción ideal que anticipa la constitución de las primeras comunidades cristianas que surgirán gracias a la predicación del mensaje en el seno de la cultura pagana. La descripción es programática: el mensaje liberador de Jesús, que por razones históricas tenía que predicarse primero a Israel, no tiene fronteras. No son los lazos de sangre los que determinan la pertenencia al reino, sino la adhesión a Jesús. Dentro de esta sociedad que el hombre religioso tilda de corrompida y atea, es muy posible que el mensaje de Jesús continúe encontrando más eco y que en ella se produzca más liberación que no en personas que se consideran profundamente religiosas. De hecho, la tierra buena en la que enraizó la semilla del mensaje y en la que fructificó al ciento por uno fueron hombres y mujeres procedentes del paganismo, ajenos completamente a las categorías y cultura judías. Jesús fue enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Ni la mujer cananea, ni el soldado romano eran parte del pueblo judío. Sin embargo, la voluntad de Jesús “sucumbió” tanto en uno como en otro caso ante la insistencia de la fe de estos paganos. ¡Qué extraño y maravilloso poder tiene la fe cuando es capaz de hacer cambiar hasta los planes de Dios! Y cuando además, la fe procede de la confianza y la humildad... ¿Qué no podrá lograr del omnipotente poder de Dios? La salvación anunciada e inaugurada por Jesús es para todos los pueblos sin excepción. El episodio de la curación del súbdito del centurión pone el contraste entre la incredulidad de Israel y la aceptación del mensaje de Jesús por parte del mundo pagano. Lucas está señalando la entrada de los paganos en la Comunidad cristiana. El centurión acepta sin reservas la autoridad de Jesús. El centurión reconoce a Jesús como Señor de la vida. Jesús llama la atención sobre esta actitud. (Padre Juan Alarcón Cámara S.J)

Este pasaje evangélico es todo un canto a la fe de un centurión pagano en el poder salvador de Jesús. La razón que le dan los ancianos, mandados por el centurión a hablar con Jesús para que lo favorezca, presenta el interés de los propios judíos: “Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo. Estos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: «Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga. La respuesta de Jesús no es a esos intereses sino al problema en sí: la sanación del criado del centurión. Y cuando se dirige a su casa, unos amigos le dicen: “Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: Vete, y va; y a otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande”. Es la humildad la que provoca la sanación del criado del centurión, unida a la fe en Jesús de Nazaret. Fe en Cristo y admiración de Cristo por la fe del centurión que por medio de emisarios pide la sanación de su siervo. Es la fe y la humildad lo que hace enviar emisarios porque no se considera indigno de presentarse ante Jesús o recibirlo en su casa. “Mándalo de palabra, y quede sano mi criado”. Usa una argumentación militar centrada en la obediencia. Jesús, calla y admira tanta fe y se realiza a distancia el portento devolviendo la salud al criado. Se da la mutua admiración, donde la fe hace de puente y realiza el deseo del centurión. Ambos aprecian lo que ve en el otro, lo que habla, la capacidad de admiración, apreciar los valores y la sensibilidad que anida en sus vidas. La confianza del centurión es admirable, sobre todo si tomamos en cuenta que es un romano quien pide un favor a un judío. Ve en Jesús a un hombre de Dios. Su palabra se hace eficaz, como la de Dios en boca de un profeta: eso es Jesús para el centurión. Sabía que un judío no podía entrar en casa de un pagano, sin caer en impureza legal, de ahí que no le invita a su casa. (Julio Cesar González Carretti OCD)

El espíritu de este centurión (del ejército romano invasor) se había ganado el afecto de los judíos.
Demuestra que quiere al pueblo y, entre otros gestos, le ayuda económicamente en la construcción de la
sinagoga. Y ellos lo habían aceptado. Debía ser un hombre bueno. De talante abierto favorece a los demás.
aunque no profese sus mismas creencias, y mantiene buenas relaciones con sus empleados.
Conocía los prejuicios de los judíos para que ellos, paganos, pudieran acercarse a un judío, como
Jesús. Aun así, porque conoce bien a Jesús, no cree necesario que tenga que llegar físicamente Jesús
a su casa para que el siervo sea curado. Para Jesús basta con la fe del centurión en el mismo Jesús.
¿Tendrá Jesús el mismo orgullo que los judíos y rechazará al centurión? ¿O responderá a su petición? El
centurión no se atreve a acercarse a Jesús personal y directamente. Por eso, dio estos pasos:

1° Le envía a sus amigos judíos. Y espera inquieto. ¿Aceptaría Jesús ir a la casa de un pagano, quedando así manchado?

2° Estando ya cerca Jesús le manda a decir que no baje a su casa. Los enfermos, curados por Jesús, creían que habían sido curados por el contacto físico con Jesús, del que saldría su poder curativo.

3° El centurión ha comprendido -por la fe que tiene en él- que Jesús tiene el poder curativo de Dios y no necesita de contacto alguno.

4° Cree que con sólo una palabra de Jesús el criado quedaría curado, sanaría. Y así fue.

(Padre Juan José Palomino del Alamo)

3. Un momento de silencio orante

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. “No he encontrado fe tan grande en Israel…”

4. Meditación

Jesús aprovecha la circunstancia del encuentro con el centurión para advertir a los judíos su falta de fe. La carencia de ella en éstos, en contraste con la fe de aquellos que no pertenecían al pueblo de la Alianza, se hacía aún más evidente. A nosotros, cristianos, nos puede suceder algo parecido cuando no valoramos la riqueza espiritual y los medios de salvación que conservamos en la Iglesia. Cuando sentimos que la rutina amenaza nuestra vida cristiana, o cuando permitimos que las angustias y los problemas de la vida vayan corroyendo la paz de nuestra alma. Si la vivencia de los sacramentos no es asidua, si no nos mueve a crecer, a pedir perdón y a levantarnos; si ya no tenemos tan claro en nuestra mente y corazón que hemos sido llamados personalmente por el Señor a la plena felicidad; entonces, es quizás el momento de escuchar de nuevo las palabras que Cristo nos dirige. Y más aún, es hora de renovar nuestra conciencia y nuestra respuesta a Cristo. Nada de lo que digamos o hagamos es indiferente ante Él. La fe es capaz de mover montañas... Si fuera auténtica sería capaz de mover hasta al mismo Dios... ¿Qué estamos esperando? Hoy vivimos todo tipo de exclusiones, marginaciones, segregaciones, xenofobias hacia muchos hermanos en diferentes lugares del mundo. Como los Judíos de la época de Jesús, creemos que somos los únicos, que tenemos toda la verdad y que los demás están equivocados.

Incluso, al interior de las denominaciones religiosas de todo corte existen fundamentalismos camuflados o descarados. Y los fundamentalismo suelen ser excluyentes, cerrados, sectarios. La mundialización ha planteado un gran desafío para todas las iglesias y sistemas religiosos: el pluralismo religioso. Aceptar que los otros también han encontrado la verdad porque han realizado una búsqueda sincera es abrirnos al diálogo interreligioso. Todos podemos enriquecernos con el patrimonio de los demás. (Padre Juan Alarcón Cámara S.J)

La fe del centurión es modelo para nosotros en el sentido que le bastó creer en Jesús, a la distancia, sin su presencia física, para que el milagro se consolidara. “Mándalo de palabra, y quede sano mi criado”. Toda una llamada de atención para quien busca en la fe seguridad.

Desear la fe del centurión o envidiarla, habla mal de nosotros, porque bastantes más datos tenemos que el centurión, para creer en Jesús y manifestar una fe mayor y de calidad. ¿Por qué no tenemos fe? Porque buscamos seguridad: La única seguridad nuestra está en la Palabra de Dios, consolidada en su lectura y vivencia teologal. La humildad supone la luz de la verdad de aceptar lo que somos, criaturas amadas por Dios. Antes de comulgar decimos las palabras del centurión en sentido personal y comunitario. La eucaristía hace la Iglesia y la Iglesia hace la eucaristía. Cuando comulgamos ésta no será digna, si previamente no hemos perdonado, si no hemos compartido, si no hemos amamos. Unidad y fraternidad, humildad y confianza en Jesús de Nazaret, son los valores para tener una fe ilustrísima como la del centurión. La fe es cristalina porque es de Cristo y las verdades que proclama son como agua pura y limpia de errores, porque son verdades que traen la salvación. Verdades que calan hondo en la vida del cristiano, puesto que hace surgir una fuente de fe que salta hasta la vida eterna, es decir, llega a gozar del objeto de la misma, que es Dios. (Julio Cesar González Carretti OCD)

Nuestra fe no es como la de este centurión, aunque repetimos sus palabras siempre que nos acercamos a recibir la Eucaristía. Sin embargo, en cantidad de ocasiones dudamos que Su Palabra pueda curar nuestras dolencias. No es curandero, decimos. Para nosotros, Jesús debe ser nuestro Liberador. ¿Será capaz de curarnos desde dentro, desde el corazón, donde se anida el egoísmo, que nos lleva a ganarnos influencias para apoderarnos de él y ponerlo a nuestro servicio? Jesús no encontró entre los judíos una fe semejante a la de este centurión. Ellos confiaban más bien en el sistema, en la letra de la Ley.

Basta creer, como el centurión romano, en el poder de Su Palabra y, después ser coherentes en la vida.

Y repetimos: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa. Dí una sola palabra y quedaré sano." (Padre Juan José Palomino del Alamo)

5. Oración final:

¡Oh Padre bueno y misericordioso, alabanza y gloria a ti por el amor que nos has revelado en Cristo tu Hijo! Tú, misericordioso, llama a todos para que sean también parte de tu heredad, de tu misericordia. Ayúdame a reconocerme cada día necesitado de tu sanación, de tu compasión, necesitado del amor y de la amistad de mis hermanos. Que tu Palabra cambie mi corazón y me vuelva capaz de más fe, de seguir a Jesús, de salir cada día con Él a buscar a mis hermanos en el amor. Amén.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 



10º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

"A ti te lo digo: ¡Levántate!" (Lucas 7, 11-17)

Oración inicial


Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

 


1. Lectura


El Texto


“En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: "No llores." Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: "¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!" El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: "Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo;" La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera”.

2. Reflexión

Nos encontramos en Naín, ciudad amurallada. Allí confluyen dos comitivas: -la primera, la que acompaña a Jesús (discípulos y una multitud), portadora de vida; -la segunda, la que acompaña a la viuda en el entierro de su hijo, portadora de muerte. Jesús es el Señor. A ningún hombre se le había atribuido hasta entonces poder sobre la muerte. Sólo Jesús es capaz de vencerla. Y con qué sencillez devuelve la vida a aquel joven:"Joven, a ti te lo digo: ¡Levántate!" La madre viuda, que representa a la humanidad, carga sobre sus hombros su condición dolorosa. "Sufrirás por tus hijos", se dijo después del primer pecado. Entierra, llorando, a sus jóvenes y, al mismo tiempo, es ella (la humanidad) quien los sigue matando de muchas maneras. (Padre Juan José Palomino del Alamo)

De Naín sale la caravana de la desolación, y delante de ella va un muchacho, cuya vida fue tronchada con alevosía por la muerte misma. A Naín, sin embargo, llega ahora la consolación, y delante de ella otro joven, Jesucristo, y príncipe de la vida. Una muchedumbre acompaña a la pobre madre de aquel muchacho, no para sanar sino para paliar su dolor. Bien acompañada está la muerte, y buen número de testigos de su poder. Otra muchedumbre acompaña a Jesús. Van con él porque han sido sanados por él, porque han sido instruidos y perdonados por la fuerza que en él reside, porque, en síntesis, están recibiendo vida de él. Y hay una palabra clave, que refleja la confrontación de estos dos grupos: "se compadeció". El Señor de la Vida se enfrenta a la caravana de la muerte armado de compasión, revestido de misericordia, transido de piedad. Y detiene a la Muerte y extiende el reino de la vida. Un gran profeta está entre nosotros. ¡Aleluya! (Fr. Nelson Medina F., O.P)

Es muy probable que Jesús y los suyos se detuvieran esperando el paso del cortejo fúnebre.

Entonces, Jesús se fijó en la madre y se llenó de compasión por ella. En muchas ocasiones los Evangelistas señalan estos sentimientos del Corazón de Jesús cuando se encuentra con la desgracia y el sufrimiento, ante los que nunca pasa de largo. La misericordia es «lo propio de Dios», afirma Santo Tomás de Aquino, y se manifiesta plenamente en Jesucristo, tantas veces cuantas se encuentra con el sufrimiento. «Jesús, sobre todo con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado cómo en el mundo en que vivimos está presente el amor, el amor operante, el amor que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad.

Este amor se hace notar particularmente en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; en contacto con toda la condición humana histórica que de distintos modos manifiesta la limitación y la fragilidad, física o moral, del hombre». (Padre Francisco Fernández Carvajal)

La escena es dramática si consideramos que la muerte de un hijo, era, en parte, la muerte de la madre, ya que quedaba socialmente abandonada, lo cual pesa en el corazón de Cristo, que se compadece de su dolor al momento de enterrar a su hijo. Este gesto de Cristo Jesús, recuerda al profeta Elías que también devolvió la vida al hijo de la viuda de Sarepta. La diferencia está en que Cristo Jesús lo hace con el poder de su palabra, en cambio, el profeta debió usar ritos simbólicos (cfr. 1 Re.17, 17ss). La exclamación de la gente es la clave teológica para comprender esta acción: “El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». Y lo que se decía de él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.”. Su acción es signo de la llegada del Reino de Dios inaugurado y presente en su persona y palabra. Cuando el Bautista encarcelado pregunta por la identidad mesiánica de Cristo, éste le responde con los acontecimientos realizados recientemente: “Y les respondió: «Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no se escandalice de mí!» (vv. 22-23). Realmente Dios ha visitado a su pueblo. La resurrección del hijo de la viuda de Naím es un gran signo que anuncia la resurrección del propio Jesús, liberación de la muerte para toda la humanidad. De este evangelio se desprende que Dios es el primer amante de la vida, del ser humano, en particular, y de todos los seres vivientes que ÉL creó. (Padre Julio Cesar González Carretti OCD)

Muchos Padres han visto en la madre que recupera a su hijo muerto una imagen de la Iglesia, que recibe también a sus hijos muertos por el pecado a través de la acción misericordiosa de Cristo. La Iglesia, que es Madre, con su dolor «intercede por cada uno de sus hijos como lo hizo la madre viuda por su hijo único». Ella «se alegra a diario –comenta San Agustín con los hombres que resucitan en su alma. Aquel, muerto en cuanto al cuerpo; estos, en cuanto a su espíritu». La Iglesia es misericordiosa «cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de la que es depositaria y dispensadora». Especialmente, «en la Eucaristía y en el sacramento de la penitencia o reconciliación.

3. Un momento de silencio orante

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. “A ti te lo digo, levántate!…”

Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta Ti; no me escondas tu rostro el día de la desgracia. Inclina tu oído hacia mí; cuando te invoco, escúchame enseguida, recitan los sacerdotes en la Liturgia de las Horas de hoy. Y el Señor, que nos escucha siempre, viene en nuestra ayuda sin hacerse esperar.

4. Meditación

Todo el Evangelio, pero especialmente estos pasajes en que se nos muestra el Corazón misericordioso de Jesús, ha de movernos a acudir a Él en las necesidades del alma y del cuerpo. Él sigue estando en medio de los hombres, y solo espera que nos dejemos ayudar. Si el Señor se compadece de una multitud que tiene hambre, ¿cómo no se va a compadecer de quien padece una enfermedad en el alma o lleva ya en sí la muerte para la vida eterna?

Los que nos hemos comprometido en el seguimiento de Jesús, tenemos que acercarnos -como el buen samaritano- para salvar al hermano, liberarlo de sus cadenas y devolverle su dignidad de hijo de Dios. "En ellas Cristo está en agonía hasta el fin del mundo. No se debe dormir en esta hora." Hemos visto en todo este relato a Jesús, que se presenta como Señor de la vida y de la muerte, capaz de compadecerse de las necesidades humanas. Así se hace presente Dios: enjugando las lágrimas de los que lloran e infundiendo esperanza a los abatidos y consuelo a los afligidos, movido siempre, como Dios de la vida, por su misericordia (Padre Juan José Palomino del Alamo)

Jesús pasa de nuevo por nuestras calles y ciudades y se compadece de tantos males como padece esta humanidad doliente; sobre todo se compadece de los hombres que cargan con el único mal absoluto que existe, el pecado. A todos nos dice: Vengan a Mí... Nos invita a cada uno para quitarnos el pesado fardo del pecado. Ejerce su misericordia sanando y aliviándonos del lastre más pesado, principalmente en la Confesión sacramental, uno de los misterios más gozosos de la misericordia divina. Cuando instituyó este sacramento tenía puestos sus ojos llenos de bondad en cada uno de los que habíamos de venir después, en nuestros errores, en las flaquezas, en las ocasiones en que quizá nos íbamos a mantener alejados de la Casa del Padre. Es este también el sacramento de la paciencia divina, el sacramento de nuestro Padre Dios avistando cada día a las puertas de la eternidad el regreso de los hijos que se marcharon.

Examinemos hoy nosotros cómo apreciamos este sacramento que Cristo instituyó con tanto amor para dar la Vida si se hubiera muerto por el pecado y para fortalecernos si estuviéramos débiles o enfermos por las faltas y debilidades. No dejemos de acudir con frecuencia a esa fuente de la misericordia divina, pues a menudo, quizá en lo pequeño, nos separamos del Señor. Pidamos a Nuestra Señora, refugio de los pecadores –nuestro refugio–, que nos ayude a confesarnos cada vez mejor. Y pensemos también en la gran obra de misericordia que llevamos a cabo cuando facilitamos que un amigo, un pariente o un conocido recobre o aumente, por la recepción de este sacramento, la Vida sobrenatural de su alma.

Creer en Cristo y ser su discípulo conlleva un compromiso con la vida, todo un servicio a la vida y a la libertad, y no a la muerte, aborto y eutanasia, ni tampoco la injusticia con el prójimo. El hombre de hoy en muchos ambientes, prefiere la violencia, la explotación, e odio, la guerra, etc., en lugar de la convivencia pacífica con sus hermanos, la solidaridad y en trato justo. Los avances de la técnica, la medicina, la economía, el lugar de levantar la humanidad, la hunde en la muerte, la destrucción de la naturaleza, industrias de armas, drogas, mafias, etc. El cristiano comprometido defiende la vida desde su concepción hasta su muerte natural por el amor y la fe que sostiene su vida personal, familiar, laboral y social, política y eclesial. Sabemos que morimos cada día, pero si abiertos a la acción del Espíritu Santo, el mismo que resucitó a Jesucristo nos resucitará también a nosotros en el día final. (Padre Julio Cesar González Carretti OCD)

5. Oración final

¡Oh Padre bueno y misericordioso, alabanza y gloria a ti por el amor que nos has revelado en Cristo tu Hijo! Tú, misericordioso, llama a todos para que sean también parte de tu heredad, de tu misericordia. Ayúdame a reconocerme cada día necesitado de tu sanación, de tu compasión, necesitado del amor y de la amistad de mis hermanos. Que tu Palabra cambie mi corazón y me vuelva capaz de más fe, de seguir a Jesús, de salir cada día con Él a buscar a mis hermanos en el amor. Amén.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 



11º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Está perdonada…tiene mucho amor (Lucas 7,36 - 8,3)

1. Oración inicial


Espíritu Santo, misterio de una presencia, tú nos dices a cada uno: “¿por qué te inquietas? Sólo una cosa es necesaria: un corazón a la escucha para comprender que Dios te ama y siempre te perdona” Amén.

2.- Lectura

El Texto


“Un fariseo rogó Jesús que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.» Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» Él dijo: «Di, maestro.» «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.» Él le dijo: «Has juzgado bien.» Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.» Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.» Recorrió a continuación ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes”.

2. Notas para profundizar el texto

En el capítulo siete de su Evangelio, Lc describe la reacción del pueblo a partir del anuncio que Jesús hace del Reino de Dios. El modo de Jesús de anunciar el Reino sorprende tanto a los judíos, incluso Juan el Bautista queda sorprendido y manda a preguntar: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?” Jesús critica la incoherencia de su anfitrión: “¡Son semejantes a niños que no saben lo que quieren!” (Cfr. Lc 7,31-35) Y ahora al final del capítulo, en nuestro texto, otra novedad de la Buena Nueva comienza a despuntar y a sorprender: el comportamiento de Jesús hacia las mujeres y el escándalo de la misericordia.

En la Palestina del NT, la mujer no participaba de forma activa del culto en la sinagoga, no podía hacer de testigo en la vida pública… Desde el tiempo de Esdras (s. IV a. d. C), la oposición a esta praxis iba creciendo: Judit, Ester, Ruth, Noemí, Susana, la Sulamita y otras mujeres, son la prueba de ello. Esta resistencia de las mujeres encontró eco y acogida en Jesús. En el episodio de la mujer del ungüento aparecen tanto el inconformismo y la resistencia de las mujeres, como la acogida de Jesús hacia ellas. En la descripción de la comunidad que crece en torno a Jesús, vemos a hombres y mujeres reunidos en torno al Señor, en igualdad de condiciones, como discípulos y discípulas.

El texto de hoy, nos presenta dos episodios ligados entre sí: una mujer, considerada pecadora en la ciudad que tiene el valor de entrar en la casa de Simón “el fariseo” durante una comida para llegarse a Jesús, lavarle los pies y llenarlo de besos y perfumes y por otro lado, la descripción de la comunidad de Jesús, en la que se menciona de forma explícita y particularizada a algunas discípulas.

Una mujer lava los pies de Jesús en casa de un Fariseo. Tres personas totalmente diferentes se encuentran: Jesús, un fariseo y una mujer, de la que se decía que era pecadora. Jesús se encuentra en la casa de Simón, un fariseo que lo había invitado a comer en su casa. Una mujer entra, se arrodilla a los pies de Jesús, comienza a llorar, baña con sus lágrimas los pies de Jesús, se despeina los cabellos para secar los pies de Jesús, los besa y los unge con perfume. Esto era un acto de independencia el de soltarse los cabellos en público. Esta es la situación que se crea y que causa la discusión que sigue.

Jesús no se echa para atrás, ni grita a la mujer, más bien acoge su gesto. Acoge a una persona que, según los judíos observantes de la época, no podía ser acogida. El fariseo, observando la escena, critica a Jesús y condena a la mujer: “¡Si este hombre fuese un profeta, sabría qué tipo de mujer es ésta, una pecadora!”. Jesús se sirve de una parábola para responder a la provocación del fariseo. Una parábola que ayudará al fariseo y a todos a percibir la llamada invisible del amor de Dios que se revela en el episodio.

La parábola supone que los dos, tanto la mujer como el fariseo, han recibido algún favor de parte de Jesús. Y ahora en el comportamiento que asumen delante de Jesús, los dos demuestran cómo aprecian el favor recibido. El fariseo demuestra su amor, su gratitud, invitando a Jesús a comer a su casa. La mujer demuestra su amor, su gratitud con lágrimas, con besos y con el perfume. ¿Cuál de los dos gestos revela mayor amor: comer o los besos y el perfume? La medida del amor ¿depende acaso de la medida del regalo?

Lucas expresa en este encuentro la esencia de la fe cristiana: una experiencia personal de amor por Jesús en respuesta a su amor incondicional que libera y salva la vida entera de la persona. La mujer respondió a la confianza del perdón con amor, aprendió que la forma más profunda de ser amada es ser perdonada; se dejó amar y respondió amando al don recibido, expresando el amén sincero y hondo de la fe.

Jesús había sido invitado a una casa donde se observaba la ley (fariseos) pero en ella había luto y lamentos, no había penetrado la fiesta y la alegría del Mesías, no le habían conocido aunque había ido a su encuentro. Sin embargo, en aquella misma casa irrumpe la fiesta y da comienzo el banquete de bodas donde los primeros invitados son los pecadores, para ellos ha llegado el día del amor, de la gracia de la verdadera alegría: “su pecados están perdonados porque tiene mucho amor”.

La casa de Simón el fariseo se convierte en figura de lo que la iglesia misma puede llegar a ser; ella se ve alterada, sorprendida por los pecadores que ponen en entredicho su modo ciego de proceder, aunque cumplidor. Con la bienaventuranza del amor, queda patente la vocación misma de la comunidad de los discípulos de Jesús: integrar y acoger sin reservas a quienes son preferidos del Reino tal como lo expresó Jesús el Mesías.

3. Un momento de silencio orante

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Meditación

El relato de Lucas es una instrucción para los discípulos de Jesús de todos los tiempos. El amor en que vivimos y con el que nos desvivimos en un servicio constante procede del perdón recibido, de la justificación por la fe que nos salva, del amor recibido del que se entregó a nosotros por amor. Nuestra historia de pecado, pasada, actual y futura, palidece ante tanto amor, recibido como perdón, mantenido como justicia de Dios y entregado por nosotros como servicio amoroso de hermanos.

Leyendo el texto imagínate que estás en casa del fariseo, durante el almuerzo, y observa con mucha atención las conductas, los gestos y las palabras de las personas: de la mujer, de Jesús y de los fariseos. Lee varias veces y también atentamente la breve información de Lucas sobre la comunidad que se formó en torno a Jesús y trata de examinar bien las palabras usadas para indicar la participación tanto de los hombres como de las mujeres que siguen a Jesús.

La seguridad personal que yo, fariseo, me creo por mi observancia de las leyes de Dios y de la Iglesia, muchas veces, me impiden experimentar la gratuidad del amor de Dios que perdona. Lo que importa no es la observancia de la ley en sí, sino el amor con el que observo la ley. Usando los símbolos del amor de la mujer pecadora, Jesús responde al fariseo que se consideraba justo. “¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y tú no me diste agua para los pies; mas ella ha regado mis pies con sus lágrimas y las ha secado con sus cabellos. Tú no me has dado un ósculo, pero ella desde que he entrado aquí no ha cesado de besarme los pies. Tú no ungiste mi cabeza con óleo perfumado, pero ella ha ungido mis pies con ungüento. Por esto te digo: le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho. Por el contrario al que se le perdona poco ama poco”. Es como si dijese: “¡Simón, a pesar de todo el banquete que me ofreces, tú tienes poco amor!”. ¿Por qué? El Profeta Jeremías había ya dicho que en el futuro, en la nueva alianza, “ no se deberán ya instruir los unos a los otros diciendo: Reconozcan al Señor, porque todos me reconocerán, desde el más pequeño al más grande, dice el Señor; porque yo perdonaré sus iniquidades y no me acordaré ya más de sus pecados” (Jer 31,34). Es el de saberse perdonados gratuitamente lo que hace experimentar el amor de Dios. El fariseo, llamando a la mujer “pecadora”, se considera hombre justo, observante y practicante. Simón debe haber pensado: “¡Oh Dios, te doy gracias porque yo no soy como esta mujer pecadora!” Pero el que volvió a casa justificado no fue el fariseo, sino el publicano que había dicho: “¡Ten piedad de mí, pecador!”. (Lc 18,14). Los fariseos de siempre se consideran sin pecado, porque en todo observan la ley de Dios, van a Misa, oran, dan limosna, pagan los tributos. Ponen toda su seguridad en lo que hacen por Dios, y no en el amor y en perdón de Dios por ellos.

Para Francisco el anuncio más limpio del Evangelio viene a través del perdón y la acogida en la fraternidad. Pero el perdón no es obra de la voluntad propia sino de la gracia de haber sido alcanzados por Dios, verdadera fuente de gracia. Sólo puede prodigarse en perdón quien lo ha recibido a manos llenas y sabe que no le pertenece y no quiere retenerlo para sí… “nada de ustedes retengan para ustedes mismos a fin de que enteros los reciba el que todo entero se les entrega” (CtaO 29)

5. Algunas preguntas

Para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto del texto que más te ha impresionado? ¿Por qué?

b) Observa el comportamiento de la mujer: ¿Qué hace y cómo lo hace?

c) Observa el comportamiento del fariseo con Jesús y con la mujer: ¿Qué hace y qué dice?

d) Observa el comportamiento de Jesús con la mujer: ¿Qué hace y qué dice?

e) La mujer no hubiese hecho lo que hizo si no hubiera tenido la absoluta certeza de ser acogida por Jesús. ¿Se da en las personas que nos rodean hoy la misma certeza con respecto a nosotros los cristianos?

6. Oración final

Padre, nuestro corazón desborda de alegría por tu amor constante, hecho todo él de perdón y misericordia. Mira a este mundo que tú tanto amas, roto por las guerras, la enfermedad, el hambre y el poder de los de siempre, y sostén la vida de los que nada tienen, nada pueden y nada esperan. Haznos cómplices con nuestro compromiso para que a todos alcance tu Reino. Amén.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 



12º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

¿Quién dice la gente que soy yo? (Lc. 9, 18-22)

1. LECTIO

a) Oración inicial


Oh Dios, creador y Padre de todos nosotros hermanos de tu Hijo, concédenos la luz de tu Espíritu para poderte servir de un modo meritorio y digno, haz que caminemos sobre los pasos de tu Palabra demostrando con las obras que somos discípulos del único Maestro que se ha hecho hombre por nuestro amor y por nuestra salvación.

b) Lectura del evangelio

Lucas 9:18-24: “Y sucedió que mientras él estaba orando a solas, se hallaban con él los discípulos y él les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos respondieron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado. Les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro le contestó: El Cristo de Dios. Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie. Dijo: El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día. Decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará.

c) Momento de silencio

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

2. MEDITATIO

a) Clave de lectura

En este texto se va perfilando la figura del nuevo Mesías, muy diverso del que esperaba Israel y los dirigentes religiosos del templo. Hay que destacar como Jesús ora en lo momentos importantes de su existencia, según Lucas, pero no señala el lugar donde hace la pregunta. Lo que interesa a Lucas de la pregunta que pone en labios de Cristo, es la respuesta personal de sus lectores. La pregunta la hace Jesús a sus amigos y por lo mismo quiere sinceridad en la respuesta. Lo menos que se espera de un amigo: su adhesión y quererlo como amigo. La vía para dar una respuesta de calidad es el de la amistad, no basta conocer su historia, aquí se necesita la palabra de quien lo conoce personalmente. Ver a Jesús en oración, en la soledad del monte, generalmente, es porque va a tomar alguna decisión importante. Así lo hizo cuando la elección de los apóstoles, también ahora que va a iniciar a los apóstoles en la tarea misional, también en la hora de su pasión para prepararse y preparar el ánimo de sus discípulos. Todos estos momentos orantes tienen también un carácter formativo. La pregunta no tiene otro fin que sentar las bases para calibrar su actividad en Galilea y mirar el futuro. Su doctrina se centra en el Reino de Dios y su posición en la historia de la salvación. Los discípulos conocen las opiniones acerca de Jesús y se las comentan: Jesús es tenido por el profeta de los últimos tiempos, representa el retorno de los profetas para el tiempo final. La pregunta que dirige Jesús ahora a sus discípulos, requiere una respuesta distinta, más objetiva que la del pueblo. Estos han escuchado predicar a Jesús sobre los misterios del Reino. Son testigos de los grande hechos realizados por el Maestro, su domino sobre la naturaleza, sobre los demonios y sobre la muerte. Cooperaron en sus milagros como en la multiplicación de los panes y en otros, por lo tanto están capacitados para dar un juicio certero. Ellos también se habían hecho la pregunta en medio del asombro y la admiración, reconociéndolo como Señor y Profeta. Pedro responde en nombre del grupo apostólico y designa a Jesús como el Ungido de Dios, el Cristo, el Mesías.

Luego de la profesión de Pedro, Jesús le prohíbe publicarlo, porque, “el Hijo del Hombre…tiene que ser llevado a la muerte, pero al tercer día tiene que resucitar”. Jesús no insiste tanto en el título que le ha dado Pedro, el Ungido, como en el Hijo del Hombre como se autodenomina. Este Hijo del Hombre tendrá que sufrir mucho, ser reprobado y llevado a la muerte. Resuena la voz del profeta Isaías, acerca del Siervo sufriente. Si bien la actividad de Jesús ha estado en Galilea presidida por el pasaje relativo al Jesús Salvador ungido por el Espíritu, ahora Pedro, lo recuerda, pero Jesús la completa con el tema del Siervo de Yahvé que sufre y expía los pecados de los hombres. Será la palabra de Dios la que dé sentido a la palabra y acción de Jesús. Como Hijo de Dios es Salvador y Siervo que sufre. Sin cruz no hay vida eterna, porque no hay resurrección. Hay que hacer la opción de seguir a Jesús. (Padre Julio Cesar González Carretti OCD)

Un Mesías, avezado al sufrimiento. En este momento crucial de la vida de Jesús, antes de comenzar su viaje hacia Jerusalén, lugar de su crucifixión, Él da un paso más en el desvelamiento de su vida y de su persona. Comienza a hablar de algo extraño, y ausente de toda profecía del Antiguo Testamento, es decir, de un Mesías que va a terminar su existencia sobre el trono de una cruz. Algo de esto tal vez pudo barruntar el profeta Zacarías, cuando escribió: "Mirarán hacia mí, a quien traspasaron"(primera lectura), aunque esta frase jamás se aplicó al Mesías en la tradición de los judíos, puesto que era Yahvé quien la pronunciaba. Este Mesías sufriente, algo inusitado e inconcebible para cualquier hombre, es identificado con el Hijo de Dios por san Pablo, quien, por eso, en la segunda lectura, puede decir que los cristianos "somos hijos de Dios en Cristo Jesús", su verdadero y único Hijo. Ahora ya podemos responder mejor a la pregunta sobre quién es Jesús: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". (P. Antonio Izquierdo)

b) Tema para la reflexión personal

Colócate en silencio delante de la Palabra de Dios, reflexiona sobre los textos presentados con esta clave de lectura:

Por la fe sabemos que Cristo vive eternamente luego de su misterio pascual, por lo tanto vive en su Iglesia, por medio de su Espíritu, en cada discípulo, por lo que la pregunta como la respuesta es siempre vigente. Más aún, la pregunta posee un crescendo en la historia de la vida de cada cristiano. ¿Quién soy yo para ti en este momento de tu vida? La respuesta será distinta según en qué etapa de la vida nos encontremos. Las coordenadas más importantes serán: itinerario de fe, motivaciones importantes del momento de la vida en que nos encontremos y vivencia comprometida con la comunidad eclesial. A Jesús le interesa saber nuestro grado de adhesión personal. Si profesamos fe en ÉL, como Hijo de Dios, su palabra, si sus criterios se asumen como parte de esa revelación; si lo confesamos como Salvador del mundo, la fe nos envía a anunciarlo a los demás para que efectivamente la salvación llegue a todos y si finalmente lo proclamen como Revelador del Padre, ingresamos a formar parte de la familia de Dios. No podemos conformarnos con repetir la profesión de fe de Pedro, sino que debemos añadir nuestra propia confesión de fe, es decir, la propia vida como testimonio de existencia cristiana. En todos los espacios en que se desenvuelve el cristiano debe profesar su fe en el Hijo de Dios, Salvador del mundo y revelador del Padre para iluminar con su buena noticia la familia y la sociedad. El místico nos hace descubrir que el amor a Jesucristo, junto con la fe no son sentimientos sino la vida puesta en tensión que vive sólo para ÉL, pasando por la cruz de la desnudez de todo lo que no sea Dios en la vida cristiana, hasta la configuración plena con el Amado. (Padre Julio Cesar González Carretti OCD)

La mejor respuesta se da con la vida. La cuestión Jesucristo no es un problema que a base de pensar y pensar logramos solucionar de alguna manera. Menos aún, una cuestión obsoleta, carente de importancia, que sea indiferente el que se resuelva o no. En realidad es la única cuestión que vale absolutamente la pena, y que además no puede resolverse sino con la vida. Porque está claro que el que Jesucristo haya aceptado ser un Mesías de cruz, el que decir Jesús equivalga a decir Hijo de Dios, sobrepasa nuestros esquemas mentales y nuestra misma capacidad de raciocinio, y jamás el hombre conquistará esas verdades de nuestra fe a golpe de silogismos. Sólo cuando el hombre comienza a recorrer el camino estrecho de la cruz, y, fijos los ojos en Jesús, sigue las huellas de su historia, descubre que la cuestión Jesucristo camina al mismo paso que la cuestión hombre, y que sólo resolviendo la primera queda también resuelta la segunda. Quien sabe por experiencia lo que es el sufrimiento y percibe el valor redentor del mismo tanto para el sujeto que sufre como para la persona o las personas por las que se sufre, entonces está en condiciones de captar un poquito al menos la razón de un Mesías de dolores. Quien vive su condición de hijo de Dios, la grandeza de su dignidad filial y la actitud de obediencia propia de un hijo, estará en grado de responderse a sí mismo quién es Jesucristo y de poder proclamarlo con convicción ante los demás. En pocas palabras, si vivimos enteramente como cristianos, no habrá ni siquiera necesidad de preguntarnos quién es Jesucristo, porque nuestra vida será nuestra respuesta.

"Ora para entender, entiende para orar". Los misterios de la fe se conocen mejor en la capilla que en el escritorio, se conocen mejor con la oración que con el estudio, aunque ambos sean necesarios. Dios es El único que tiene la llave de los misterios. Sólo Él puede abrirnos ese sagrario de su corazón. La inteligencia, cuando está abierta a la fe, nos prepara y nos pone ante el sagrario del misterio. La inteligencia, una vez que Dios nos ha permitido entrar en el misterio, nos ayuda a darle vueltas y a captar algún que otro átomo de su realidad superior e infinita. Pero únicamente la oración, si es humilde, constante, confiada, mueve a Dios a abrirnos el sagrario del misterio. Dentro de ese sagrario, el alma se extasía y el entendimiento comienza a navegar por mares desconocidos. La teología más auténtica es la que se hace no sólo desde la fe, sino sobre todo desde la oración, desde la inteligencia orante y adorante del misterio. Igualmente, la predicación más verdadera es la que ha pasado las verdades de la fe por el horno de la meditación. En las cosas de Dios, el que ora entiende, y el que no, no entiende nada, o casi nada. Si los cristianos orásemos más y mejor, los problemas de fe disminuirían en gran número o desaparecerían por completo. En un mundo que a veces parece sin sentido, la oración puede encontrarle sentido. ¡Vale la pena! (P. Antonio Izquierdo)

3. ORATIO

a) Momento de silencio: para la oración personal.

b) La oración de la comunidad
Oh Dios, que en tu Hijo has venido a revelarnos tu amor y tu salvación por medio de su Pasión, muerte y Resurrección, haznos dignos de tu llamada y del nombre cristiano que nos identifica, lleva a buen fin toda nuestra voluntad de seguirlo y de reconocerlo como el Cristo de nuestras vidas, para que sepamos acoger con gozo la salvación que nos ofreces por medio de la cruz de tu Ungido. A ti Padre la gloria por Cristo nuestro Señor en el Espíritu Santo. Amén.

4. CONTEMPLATIO

Salmo 62: Que yo pueda contemplarte en tu Santuario, para ver tu gloria y tu poder,
Porque tu amistad vale más que la vida, mis labios te alabarán
Zacarías: Dice el Señor: “Yo derramaré sobre la Casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén, un espíritu de gracia y de oración, y entonces mirarán hacia Aquel a quien ellos traspasaron. Aquel día, se lamentarán por él como se lamenta a un hijo único, y llorarán amargamente por él, como se llora a un primogénito”.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 



13º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Seguir a Jesús. (Lucas 9,51-62)

1. LECTIO

a) Oración inicial


Espíritu Santo, luz interior, no quisiéramos nunca escoger la oscuridad, sino buscar siempre la claridad que viene de ti. Padre de Jesús y Padre nuestro, nosotros ponemos nuestra confianza en tu Verbo Encarnado y nos fiamos de su palabra que es la tuya, nos dejamos guiar por su Espíritu que es el tuyo, y nos sentimos llamados a la libertad que tu amor genera en nosotros. Haz que nos abramos a la acción de tu gracia en esta hora de meditación. La fe que hemos puesto en Jesús la colocamos completamente ahora en tu bondad misericordiosa, seguros de tu cercanía a todos, al tiempo que te elevamos nuestro canto de alabanza permanente en nombre de tu Hijo, nuestro amado Hermano y Señor Jesús.

b) Lectura del evangelio

“Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su elevación, Él se encaminó decididamente hacia Jerusalén. Envió, pues, mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo y los consuma?» Pero, volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo. Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas.» Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.» A otro dijo: «Sígueme.» Él respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre.» Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.» También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.» Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.»

c) Momento de silencio

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

2. MEDITATIO

a) Clave de lectura


En el texto de este domingo se encuentra el principio de la nueva fase de las actividades de Jesús. Los frecuentes conflictos de mentalidad con el pueblo y con las autoridades religiosas van haciendo comprender a Jesús a lo largo del camino su vocación de Mesías Siervo, intuida ya por Isaías y que Jesús va a encarnar. A partir del primer anuncio de su muerte, Jesús decide ir a Jerusalén. Este cambio de ruta y los acontecimientos que se sucederán, producen una crisis en los discípulos. Ellos no entienden y tienen miedo, porque en ellos continúa dominando la mentalidad antigua sobre el Mesías poderoso, vencedor y glorioso.

Lucas describe varios episodios en los que aflora la vieja mentalidad de los discípulos: deseo de ser el más grande; voluntad de controlar el nombre de Jesús (Lc 9,49-50); reacción violenta de Santiago y de Juan ante el rechazo de los samaritanos de acoger a Jesús. Lucas indica también cómo Jesús se esfuerza en hacer entender a sus discípulos la nueva idea de su misión. El texto de este domingo describe la radicalidad del seguimiento que propone a sus discípulos.

En el tiempo de Jesús en Palestina, no le fue cosa fácil formar a sus discípulos y discípulas. La mayor dificultad viene de la ideología dominante de la época, promovida por la religión oficial (fariseos) y por el gobierno (herodianos). Combatir esta levadura hacía parte de la formación que Jesús daba a sus discípulos. Porque el modo de pensar de los grandes tenía raíces profundas y renacía, siempre de nuevo, en la cabeza de los pequeños, de los discípulos. El texto que meditamos este domingo nos da una idea de cómo Jesús afrontaba este problema.

El proceso de formación de los discípulos era exigente, lento y doloroso. Porque no es fácil hacer nacer en ellos una nueva experiencia de Dios, una nueva visión de la vida y del prójimo. La mentalidad antigua renace y reaparece en la vida de las personas, de las familias y de las comunidades. Judas lo traicionó, Pedro lo negó y, en el momento de la prueba, todos le abandonaron. Solamente las mujeres y Juan permanecieron cercanos a Él, junto a la cruz. Pero el Espíritu Santo que Jesús les envió después de la resurrección, completó la operación iniciada por Él.

La mentalidad competitiva y de lucha por el poder, característica de la sociedad del Imperio Romano, se infiltraba ya en la pequeña comunidad de Jesús, que apenas está comenzando. Jesús ordena tener una mentalidad contraria. Este es el punto sobre el que Jesús insiste mayormente y sobre el que dio más testimonio: “No he venido para ser servido, sino para servir”. El objetivo de la formación no puede conducir a un sentimiento de privilegio y de posesión, sino que debe conducir a una actitud de servicio.

b) Reflexión personal

En aquel camino hacia Jerusalén pasaron muchas cosas, y Lucas recoge el testimonio de tres candidatos al seguimiento de Jesús, cargados de deseos, sobre todo para sí mismos.

Estas tres breves semblanzas describen bien cómo solemos nosotros entender a menudo nuestra vocación: la realización de ver cumplidos nuestros deseos de hacer aquello para lo que nos consideramos aptos por decisión propia. Las respuestas de Jesús son un modelo de la imagen del auténtico discípulo, porque, en definitiva, nos muestran al propio Jesús, que es el único objeto de nuestro seguimiento, el contenido de nuestra vocación real.

Habría que desglosar cada palabra de Jesús, pero será mejor dejarle al Espíritu que haga esa tarea en nosotros por medio del diálogo orante. La palabra de Dios es un espacio de encuentro con él y de despojamiento personal, a partir del cual se abre un proceso de mutación personal donde todo deseo propio va transformándose en la acogida de la voluntad de Dios, que hemos conocido en la persona de Jesús por medio de su Evangelio. Nos espera un camino de renuncias a lo propio, al ejercicio de la réplica que consideramos legítimo siempre, a desterrar todo deseo de revancha, a desistir de realizar eso que eufemísticamente llamamos “realización personal”. Nos espera Jesús, camino de la Cruz, es decir, del cielo. Nos basta con atender a su llamada: “Sígueme”.

3. ORATIO

b) Momento de silencio: para la oración personal

Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén...
En la aldea de Samaría no le recibieron...
Mientras iban de camino le dijo uno: “te seguiré a donde vayas”...
El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza...
A otro le dijo: “sígueme”...

a) La oración de la comunidad

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

4. CONTEMPLATIO

Salmo 19 (18) , 8-15. La ley de Dios fuente de formación
La ley de Yahvé es perfecta, hace revivir; el dictamen de Yahvé es veraz, instruye al ingenuo. Los preceptos de Yahvé son rectos, alegría interior; el mandato de Yahvé es límpido, ilumina los ojos. El temor de Yahvé es puro, estable por siempre; los juicios del Señor veraces, justos todos ellos, apetecibles más que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo de panales. Por eso tu siervo se empapa en ellos, guardarlos trae gran ganancia; Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros? De las faltas ocultas límpiame. Guarda a tu siervo también del orgullo, no sea que me domine; entonces seré irreprochable, libre de delito grave. Acepta con agrado mis palabras, el susurro de mi corazón, sin tregua ante ti, Yahvé, Roca mía, mi redentor.
Contemplar en silencio el pasaje del evangelio leído.


^^^ AL INICIO ^^^

 



14º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Designó el Señor a otros setenta y dos y los envió. (Lucas 10,1-12.17-20)

1. LECTIO

a) Oración inicial


Jesús, nuestra paz, que haces de nuestra frágil vida la roca de tu morada, conduce nuestra mente, y abre nuestro corazón para acoger el eco del Silencio y recibir tu Evangelio. Tú nos llamas a ser anunciadores, a proclamar con nuestra vida la llegada de tu Reino. Haz crecer en nosotros la capacidad de ser discípulos misioneros por tu continua presencia en nuestros corazones. Amen.






b) Lectura del Evangelio


“Después de esto, el Señor eligió a otros setenta y dos discípulos y los envió de dos en dos, delante de Él, a todas las ciudades y lugares adonde debía ir. Les dijo: «La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe obreros a su cosecha. Vayan, pero sepan que los envío como corderos en medio de lobos. No lleven monedero, ni bolso, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos. Al entrar en cualquier casa, bendíganla antes diciendo: La paz sea en esta casa. Si en ella vive un hombre de paz, recibirá la paz que ustedes le traen; de lo contrario, la bendición volverá a ustedes. Mientras se queden en esa casa, coman y beban lo que les ofrezcan, porque el obrero merece su salario. No vayan de casa en casa. Cuando entren en una ciudad y sean bien recibidos, coman lo que les sirvan, sanen a los enfermos y digan a su gente: El Reino de Dios ha venido a ustedes. Pero si entran en una ciudad y no quieren recibirles, vayan a sus plazas y digan: Nos sacudimos y les dejamos hasta el polvo de su ciudad que se ha pegado a nuestros pies. Con todo, sépanlo bien: el Reino de Dios ha venido a ustedes. Yo les aseguro que, en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad. ¡Pobre de ti, Corazaín! ¡Pobre de ti, Betsaida! Porque si los milagros que se han hecho en ustedes se hubieran realizado en Tiro y Sidón, hace mucho tiempo que sus habitantes se habrían arrepentido, poniéndose vestidos de penitencia, y se habrían sentado en la ceniza. Con toda seguridad Tiro y Sidón serán tratadas con menos rigor que ustedes en el día del juicio. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que te elevarás hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el lugar de los Muertos. Quien les escucha a ustedes, me escucha a mí; quien les rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.»

c) Notas para comprender mejor el texto

La predicación de Jesús atrae a mucha gente. En torno a Él comienza a nacer una pequeña comunidad. Primero, dos personas; después otras dos; después, doce; y ahora, en nuestro texto, más de setenta y dos personas. La comunidad va creciendo. Una de las cosas en las que Jesús mayormente insiste es la vida comunitaria. Él mismo ha dado el ejemplo. No quiere ya trabajar solo. Lo primero que hace al comienzo de su predicación en Galilea es llamar a la gente para que esté con Él y le ayude en su misión. El ambiente de fraternidad que nace alrededor de Jesús es un ensayo del Reino, una prueba de la nueva experiencia de Dios como Padre. Y por tanto si Dios es Padre y Madre, entonces todos somos una familia de hermanos y hermanas. Así nace la comunidad, la nueva familia. El Evangelio de este domingo nos señala normas prácticas para orientar a los setenta y dos discípulos en el anuncio de la Buena Nueva del Reino y en la aventura de una vida comunitaria. Anunciar la Buena Nueva del Reino y hacer la comunidad son dos caras de la misma medalla. La una sin la otra no existe y no se entiende.

Jesús, había entrado en Samaría, y enviado mensajeros delante de Él, consiguiendo nuevos discípulos. Ahora designa a otros 72 discípulos, con la presentación del programa que debe orientarlos en la acción misionera. Lucas sugiere así que estos nuevos discípulos no son ya galileos, sino samaritanos, el territorio de los excluidos. La propuesta de Jesús para los 72 discípulos rescata los antiguos valores comunitarios que se estaban perdiendo, como por ejemplo, la hospitalidad, la acogida, el compartir, la comunión alrededor de la mesas, la acogida de los marginados. Jesús intenta renovar y reorganizar las comunidades, de modo que sean de nuevo una expresión de la Alianza, una expresión del Reino de Dios.

El evangelio de Lucas tiene una particular preocupación por el tema de la misión. Ésta consiste en la realización del proyecto salvífico de Dios sobre el mundo, anunciado por los profetas, cumplido en el ministerio de misericordia de Jesús y extendido por todo el mundo por medio de la evangelización que la Iglesia realiza con el poder del Espíritu Santo. Jesús no vive su misión de cualquier manera, tanto su pasión por el Reino como su fidelidad al Padre, lo impulsan en todo momento. Esta pasión por la misión, junto con las actitudes y las tácticas requeridas para realizarla, Jesús se la va transmitiendo poco a poco a sus discípulos, los cuales en definitiva se convierten en sus “enviados”.

La preocupación de Jesús se centra en la formación para la misión, los detalles de la realización misma se verán en los Hechos de los Apóstoles. Si bien desde ya se anuncia el éxito: “Regresaron los setenta (y dos) alegres, diciendo: „Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”.

El número de los “setenta (y dos)” enviados corresponde al número de las naciones paganas en Génesis 10 (70 en el texto hebreo llamado “masorético” y 72 en la versión griega llamada “septuaginta”). Estos misioneros simbolizan a las naciones del mundo y prefiguran la misión universal. Uno de los puntos llamativos en el evangelio de hoy es precisamente que hay otras personas diferentes a los Doce involucrados en la tarea misionera. Aquí hay una lección nueva sobre la misión. De hecho, Lucas es el único evangelista que menciona la misión de los setenta (y dos). Como se nota allí, la misión que simboliza universalidad no es llevada adelante por los Doce, si bien siempre estará en comunión con las directivas de los Doce.

2. MEDITATIO

Así como hay exigencias para la vocación también las hay para la misión. En el pasaje de hoy vemos cómo Jesús educa cuidadosamente para la misión. El pasaje de hoy nos hace caer en la cuenta de que la vocación para la misión es amplia. Ya en la primitiva Iglesia se notaba cómo muchos miembros de las pequeñas comunidades, que no pertenecían al grupo de los Doce, estaban activamente involucradas en la misión universal. La dimensión comunitaria y testimonial aparece subrayada desde el principio en el dato “los envió de dos en dos”, o sea que ninguno vaya solo, valorando la importancia del apoyo mutuo y aún –si es del caso- de la corrección fraterna en medio de la misión. A pesar de las múltiples actividades que implica una misión, nunca se pierde de vista que lo esencial es la persona de Jesús, por eso se subraya que ellos van “delante de Él” allí “donde Él había de ir”.

Lo que hay que tener en cuenta a la hora de realizar la misión. Jesús, al tiempo que los envía, les da una serie de instrucciones a los misioneros:

1.- “La mies es mucha y los obreros pocos. Rueguen al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. La primera indicación práctica que Jesús da es la oración: “Rueguen”. La mirada se coloca en el Padre, quien es el “dueño de la mies”. La fuente de la misión es Dios mismo. El misionero debe tener siempre presente que es un “obrero”, que está al servicio de un campo de trabajo que no es suyo, que por él consagrará todas sus energías aún en el momento en que llegue a sentir que la tarea lo supera (“la mies es mucha”). El retrato del “obrero” que aquí aparece está muy cerca de la imagen de un campesino que trabaja de sol a sol con sus propias manos, que en cada jornada se juega su vida en la labor. Aún los setenta (y dos) serán insuficientes para la inmensa tarea de la evangelización. Pero la actitud de confianza en Dios y de responsabilidad con el encargo los acompañarán en todo momento: los misioneros orarán con fuerte súplica repitiendo la breve oración que les enseñó Jesús, porque todo proviene de Dios y es para Dios. La primera acción apostólica es la oración.

2.- Conciencia de fragilidad/fortaleza: Jesús mismo responde la oración por el envío a la misión: “Vayan”. Y enseguida describe con una sola frase el ambiente de hostilidad que le aguarda a los misioneros: “Miren que los envío como corderos en medio de lobos”. La metáfora de los lobos y los corderos manifiesta la dolorosa desproporción. La susceptibilidad de los discípulos ya se había notado en la recientemente fracasada misión en Samaría (Lc.9,53-54), donde los misioneros afectados quisieron responder con agresividad y venganza. Pues bien, lo que viene es todavía peor: ¿resistirán los misioneros? ¿su personalidad no se derrumbará ante los problemas?. En fin, puesto que la misión no es fácil, hay que estar preparados incluso para el fracaso. De ahí que los misioneros, conscientes de su fragilidad, deben tener muy en claro dónde está su fortaleza. ¿Cómo se presentarán, entonces, ante el mundo? Jesús lo dice enseguida. Los setenta (y dos), así como los Doce, dependen totalmente de Dios para su protección y sostenimiento. Ellos son enviados al viaje misionero sin ningún equipaje como signo de su fe en que Dios suplirá sus necesidades: “No lleven bolso, ni alforja, ni sandalias”. Esta pobreza, que en realidad es libertad de corazón, se notará no sólo a lo largo del viaje sino en su comportamiento tanto en las casas (comerán lo que allí tengan) como en la ciudad entera. Quien brillará ante el mundo no será entonces el misionero sino Dios, fuente de todo bien.

3.- Tres ámbitos del ejercicio de la misión: El camino: La sola figura del misionero en el camino, a la vista de todos, ya es significativa. Es una persona despojada, que no tiene ambiciones personales y que está completamente abandonada a la providencia de Dios. La prohibición “no saluden a nadie en el camino”, se refiere al detenerse con los amigos o familiares en conversaciones, una forma de volver atrás, hacia las preocupaciones mundanas, y perder la concentración en el servicio de la Palabra de Dios. La misión tiene urgencia, no da espera ni admite distracciones ni pérdida de tiempo. La casa: Si en el camino no hay que detenerse, en una casa sí hay que hacerlo. El mismo Jesús da ejemplo de esto en numerosas ocasiones en el evangelio. Acerca del comportamiento en la evangelización de la casa Jesús hace dos precisiones. “Digan primero: Paz a esta casa”. No se trata de un saludo cualquiera sino de la invocación de las bendiciones de Dios sobre ese hogar: las bendiciones del Evangelio consiste en la “paz” anunciada desde la noche de la navidad y concretada en el misterio pascual de Jesús y se refiere a la salvación que le es ofrecida a aquellos que estén abiertos para recibirla. Puesto que es “don”, puede ser aceptada o rechazada, pero “si hubiere allí un hijo de paz”... El “hijo de paz” es la persona abierta a la Palabra y a los dones que provienen de Dios. “Permanezcan en la misma casa”.

Cuando el misionero encuentra una respuesta (aunque sea la mínima) debe permanecer en esa casa poniéndose al servicio de la gente. Las reglas de la hospitalidad mandan que la acogida del huésped incluya la alimentación y la dormida y esto ya es al mismo tiempo “su salario”, y no ser exquisitos en elecciones alimenticias, “lo que tengan”, lo cual incluye la posibilidad de violar las leyes. Hay que hacer procesos de evangelización completos, no dejar tareas inconclusas, por eso: “No vayan de casa en casa”. La ciudad: Dos posibilidades: la acogida y el rechazo. En caso de acogida, se repite a gran escala lo que se ha dicho sobre la evangelización de la familia. Los misioneros hacen allí lo mismo que Jesús: predican la llegada del Reino de Dios, con palabras y obras. Ellos usan la autoridad que Jesús les da para realizar los signos poderosos de esta cercanía del Reino: curar y exorcizar. Cuando los misioneros son rechazados durante la tarea misionera, se les recuerda una instrucción: “Digan: hasta el polvo de su ciudad que se nos ha pegado a los pies, se los sacudimos”.

Sacudir las sandalias es una manera oriental de mostrar que no apoya la injusticia reinante.

El misionero no cambiará su mensaje para ganarse el favor de la gente. Con todo, deja una puerta abierta para la conversión en cualquier momento: “Pero sepan, con todo, que el Reino de Dios ha llegado”.

4.- El regreso de la misión: toda una fiesta: La nota dominante es la euforia: “Regresaron los setenta (y dos) alegres…” La alegría debe caracterizar al misionero. La alegría por el éxito de la misión es una alegría diferente. Atmósfera de gozo, maravilla, alabanza y bendición. El discípulo se maravilla por tres razones: (1) por la obra de Dios: la destrucción del mal y el destronamiento del maligno; (2) por haber sido instrumento de esta victoria, Jesús le ha dado su “poder” y (3) porque sus nombres “están escritos en los cielos”.

.- ¿Personalmente, como hombre o mujer de fe, me siento misionero/a, es decir enviado/a por Jesús para extender su Reino o pienso que eso es exclusivo de algunos/as?. ¿De qué manera, en mi entorno golpeado por el sufrimiento puedo ser misionero/a que lleve la paz de Jesús?. Recuerdo algunos momentos de mi vida en los cuales haya hecho algo por los demás; una ayuda, una palabra de consuelo, una palabra de fe, una oración, etc. ¿Cómo me he sentido después?, ¿Qué alegría he experimentado, qué certezas ha dejado en mí?

3. ORATIO

a) Oración final


Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos hace comunidad en misión. Haznos como los primeros discípulos y como María, peregrinos alegres del gozo de la salvación que se derrama en tu vida entregada por nosotros. ¡Haznos tus testigos! Amén.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 



15º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Centro Bíblico Pastoral para América Latina del CELAM

La praxis de misericordia del Buen Samaritano (Lucas 10, 25-37)

1. COMENCEMOS ORANDO

“Señor, cuando tenga hambre, dame a alguien que necesite comida.
Cuando tenga sed, mándame a alguien que necesite bebida.
Cuando tenga disgusto, preséntame a alguien que necesite consuelo.
Cuando esté pobre, ponme cerca de alguien necesitado.
Cuando alguien me falte, dame la ocasión de alabar a alguien.
Cuando esté desanimado, mándame a alguien a quien tenga que darle ánimos.
Cuando sienta la necesidad de comprensión, mándame a alguien que necesite la mía.
Cuando tenga necesidad de que me cuiden, mándame a alguien que tenga que cuidar.
Cuando piense en mi mismo, atrae mi atención hacia otra persona”
(Madre Teresa de Calcuta)


2.- LECTIO

a) Lectura del Evangelio:

“Se levantó un legista y dijo, para ponerle a prueba: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?» Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.» Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.» Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?» Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de salteadores que, después de despojarle y darle una paliza, se fueron, dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión. Acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y le montó luego sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al posadero, diciendo: `Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.' ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» Él dijo: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo.»

b) Pautas para la lectura

“¿Qué debo hacer…?” Todo comienza con la pregunta, en principio maliciosa, del experto en la ley: “Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?”. Este maestro está interesado en la vida eterna; él sabe que ésta es un don de Dios pero que hay que ganarse el cielo. Él está interesado en una respuesta práctica: “¿Qué tengo que hacer…?”. Verdaderamente una pregunta estimulante. El legista sabe mirar más allá de los intereses cotidianos, sabe que la vida no termina con la muerte, que su existencia está destinada a una vida eterna. Detrás de esta inquietud, entonces, hay un gran sentido de responsabilidad.

Jesús entonces le devuelve la pregunta poniendo la mirada directamente en el querer de Dios: “¿Qué está escrito en la Ley?”. La respuesta es la esperada: la responsabilidad con Dios “Amarás al Señor tu Dios con todo…” está unida a la responsabilidad con el prójimo “y a tu prójimo como a ti mismo”

Entonces los dos, Jesús y el legista, quedan de acuerdo en el mismo punto: es absolutamente necesario amar a Dios y al prójimo en la vida presente, y este es el punto de partida para la comunión de vida en la eternidad. Jesús lo dice abiertamente: “Haz eso y vivirás”. Pero surge un nuevo problema: “Y, ¿quién es mi prójimo?”.

“¿Quién es mi prójimo?” (10,29), es lo mismo que decir: ¿Quién hace parte del grupo de personas a quienes debo amar como a mi mismo?

La situación es la de un hombre en extrema necesidad en medio de un camino rodeado de desierto. Nos encontramos en una ruta que une dos ciudades importantes, por ella pasaban habitualmente muchos peregrinos que venían o regresaban de Jerusalén. El camino atraviesa un escarpado desierto, peligroso además por su inseguridad; continuamente aparecían delincuentes que aprovechando esta geografía asaltaban las caravanas o los viajeros solitarios. Efectivamente esto último es lo que sucede. La desgracia de este viajero es triple: (1) le roban todas sus pertenencias (literalmente “lo desnudaron”); (2) lo golpean brutalmente dejándolo en grave situación (literalmente “medio muerto”); y (3) lo abandonan a su suerte en un lugar descampado, en medio del desierto, sin posibilidad de ayuda inmediata.

Está en extrema necesidad, su vida está en juego y no tiene la más mínima posibilidad de valerse por sí mismo para salvarse, depende completamente de la ayuda y la buena voluntad de los demás.

Hasta aquí estamos ante una situación más o menos común, que una persona esté necesitada de ayuda y que quien le tienda la mano se hace su prójimo, no es una verdadera novedad. Sin embargo el punto más grave no ha sido contado, ayudar a este hombre implica: (1) poner en riesgo la propia vida, ya que detenerse es exponerse al mismo peligro y (2) ser capaz de cambiar los planes personales de viaje (¡en pleno desierto!). El tipo de compromiso que exige la ayuda a este hombre se sale de lo habitual.

Los dos primeros viajeros pasan de largo. Como lo destaca la narración, el hecho es que ellos “ven”, pero cuando se percatan de lo que implica el ayudarlo optan por seguir en su comodidad personal se desvían un poco (literalmente en griego: “pasar por el otro lado de la vía”; hoy: “cambiar de acera”) y pasan de largo. ¿Quiénes son estos dos que no le tienden la mano al moribundo abandonado? Que se diga expresamente que el primero en negar la ayuda sea un “sacerdote” es grave. Probablemente sea uno de estos sacerdotes, que después de prestar su servicio sacerdotal en el Templo regresaba a su casa ubicada en otra población, era lo habitual. De hecho, hoy sabemos que Jericó era una de las ciudades que más tenía casas de sacerdotes. El levita pertenecía a una categoría sacerdotal inferior, pero era miembro de una prestigiosa elite en la sociedad judía de la época. Los levitas eran los responsables del esplendor de la liturgia y de la vigilancia en el Templo. Eran muy respetados.

¿Por qué no prestan ayuda? Hay diversas explicaciones: (1) en caso de que hayan pensado que el hombre ya estuviera muerto: para evitar la impureza por el contacto con el cadáver; (2) para no exponerse también a ser asaltados, mejor seguir ligerito; (3) porque la situación era tan grave que no se sentían en condición de poder ayudarlo, las consecuencias para la economía personal eran grandes.

Cualquiera que sea la razón, el hecho es que estos dos hombres que pasan al lado del herido son incapaces de un acto de amor que implique riesgos y para ello encuentran buenas excusas. Es todo lo contrario de lo que Jesús hacía: para salvar a un hombre no tenía barreras, si era preciso violaba incluso la ley del sábado. La parábola deja entender que tanto para el sacerdote, como para el levita, la preocupación por su propia seguridad y por la realización de los planes que llevaban en mente, resultó más fuerte que la compasión por este hombre agonizante y abandonado a su suerte en el camino. Para ellos el “amor al prójimo” no es “como a sí mismos”.

Frente a las dos ayudas negadas, dos ocasiones perdidas, cobra mayor relevancia la buena acción que realiza el tercer viajero: un samaritano. Él actúa de modo ejemplar: pone todos sus intereses personales en un segundo plano y se concentra totalmente en la salvación de la vida del herido en el camino. El samaritano no ve otra cosa que la necesidad del hombre que está sangrando en el suelo.

¿Quién es este personaje? Se trata de un “samaritano”. Para los hebreos solamente los miembros de la misma raza eran considerados “prójimo” y sólo a ellos se aplicaba la obligación de “amar como a sí mismo”. Pero el que aquí aparece no es judío. Más aún, desde el punto de vista judío era considerado como enemigo.

El samaritano “llegó junto a él y al verle tuvo compasión”. Él “tuvo compasión”. La conmoción interna que siente frente al herido es similar a la de Jesús frente a la viuda de Naím. El dolor del moribundo del camino se le entra hasta su propio corazón. Este sentimiento violento de amor genera enseguida responsabilidad ante el caído. Notemos cómo la ayuda tiene tres momentos: (1) asistencia inmediata; (2) el cuidado más de fondo en vista de la total recuperación; (3) la responsabilidad permanente: el samaritano espera volver a verlo y está dispuesto seguir con la mano tendida si fuera del caso. El buen samaritano no es un asistencialista, él se compromete con la recuperación total. El comportamiento del buen samaritano quizás se repetirá más de una vez, porque como él mismo anuncia: volverá por la misma ruta.

Llegamos a la aplicación de la parábola. En la pregunta del legista “¿Quién es mi prójimo?”, estaba implícita la idea de que hay límites en el amor: ¿a quién es que debo a amar y con quién es que no tengo obligación?
Jesús retoma la cuestión y lleva a su interlocutor a sacar él mismo la conclusión: “„¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores? Él dijo: El que practicó misericordia con él” .

3. MEDITATIO

a) Reflexión

Nos detenemos hoy en la primera característica: el ejercicio de la misericordia debe ser un rasgo distintivo e indiscutible de un discípulo de Jesús.

No se puede trazar un límite preciso, debo hacerme prójimo de todo el que necesite de mí no importa cual sea su apellido, su edad, su género, su condición social, su religión. Pero, Jesús hace caer en la cuenta que “prójimo” soy yo mismo en cuanto “me hago prójimo”. Jesús le invirtió la pregunta al legista: no es “quién es mi prójimo” sino “de quién tengo que hacerme prójimo”. El samaritano no se preguntó si el herido era su prójimo sino que efectivamente él se hizo prójimo de su enemigo.

Jesús nos invita a ampliar los horizontes de nuestras relaciones y de nuestro compromiso. De esta manera no se admiten evasivas ni excusas para ponernos a hacer el bien.
No hay que preguntar “¿hasta qué punto ya no tengo compromiso?”, porque la situación de necesidad real en la que la otra persona se encuentra mide hasta dónde debo extender mi mano para ayudar.

En otras palabras, cualquier persona que se encuentre en mi camino y que esté pasando necesidad, él es el prójimo al cual le debo abrir mi corazón y prestarle auxilio, así esto implique desacomodar mis esquemas personales. El necesitado es el lugar donde tengo que estar amando, el lugar donde mi apertura de corazón es el primer paso del amor que sabe a vida eterna.

Dejemos que repique constantemente en nuestra mente y en nuestro corazón el imperativo de Jesús: “¡Haz tú lo mismo!”.

En sintonía con la Conferencia de Aparecida, “Como discípulos y misioneros estamos llamados a intensificar nuestra respuesta de fe y a anunciar que Cristo ha redimido todos los pecados y males de la humanidad. La respuesta a su llamada exige entrar en la dinámica del Buen Samaritano, que nos da el imperativo de hacernos prójimos, especialmente con el que sufre, y generar una sociedad sin excluidos siguiendo la practica de Jesús que come con publicanos y pecadores, que acoge a los pequeños y a los niños, que sana a los leprosos, que perdona y libera a la mujer pecadora, que habla con la Samaritana”. (Aparecida No. 149 y 150)

b) Algunas preguntas

¿Cuáles son las personas de mi entorno que más necesitan de mí y a quienes algunas veces he negado mi ayuda oportuna? Si es posible las identifico con el nombre. ¿Qué ayuda me pide cada una de ellas? ¿Cómo me haré prójimo de ellas?

¿Alguna vez he actuado como el sacerdote o el levita y siendo consciente de alguna necesidad, he preferido “hacerme el de la vista gorda”?, ¿Por qué lo he hecho?, ¿Qué he sentido después?, ¿Qué propósitos me he hecho o me hago hoy al respecto?

Recuerdo la última vez que actué como el buen samaritano. ¿Con quién fue?, ¿Qué hice?, ¿Qué intereses y necesidades personales pasaron a segundo plano?, ¿La mano que tendí esa vez fue sólo de momento o aún hoy continúo brindando mi ayuda generosa?

4. ORATIO

Cántico – 1Pt 2, 21-24

Cristo sufrió por ustedes, dejándolos un modelo para que sigan sus huellas. El que no cometió pecado, y en cuya boca no se halló engaño; el que, al ser insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba, sino que se ponía en manos de Aquel que juzga con justicia; el mismo que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas han sido curados. Eran como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus almas.

^^^ AL INICIO ^^^

 



16º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Centro Bíblico Pastoral para América Latina del CELAM

Como Discípulos Sentados a sus pies (Lucas 10, 38-42)

1.- LECTIO

a) “Una sola cosa es necesaria…” Comencemos orando…


“¡Oh, Verbo Eterno, Palabra de mi Dios! quiero pasar mi vida escuchándote; quiero prestar oídos dóciles a tus enseñanzas, para que seas mi único Maestro. Y, luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las debilidades, quiero mantener mis ojos clavados en Ti y permanecer bajo el influjo de tu magnífica luz”. (Sor Isabel de la Trinidad)

b) Lectura del Evangelio

“Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Al fin, se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.» Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.»

c) Un momento de silencio orante

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. Dejemos que el texto nos hable, profundizando atentamente cada una de sus partes.

d) Clave de lectura

Jesús aparece al principio del relato como un peregrino que sube a Jerusalén, como un viajero que necesita de hospitalidad en medio de un largo viaje. No sólo Él, también sus discípulos. Pero la atención del relato se centra en la persona de Jesús, quien “entró en un pueblo”. “Una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa” En una casa del pueblo, una mujer recibe a Jesús en su casa. La mujer se llama Marta. Su nombre (que proviene del arameo “mar”) significa “señora” (de la casa) o “ama de casa”, e indica por tanto una mujer cabeza de hogar, quien tiene la autoridad en la casa.

El evangelista Lucas subraya “le recibió”. Marta le ofrece a Jesús la acogida propia de un huésped. La llegada del huésped altera la casa. Sus dos habitantes despliegan energías para atenderlo bien. María dedica su tiempo a la persona misma de Jesús, ella se sienta frente a él “a los pies del Señor…”. El evangelista dice con precisión: “…escuchaba su Palabra”. El gesto de María frente a Jesús nos recuerda la posición de un discípulo con relación a su maestro. La postura indica el interés por aprender recibiendo dócilmente la “Palabra”. Es interesante que Jesús anime a una mujer a aprender. Esto tiene una gran significación, puesto que los maestros judíos generalmente se oponían a que la mujer fuera a la escuela; Jesús hizo todo lo contrario.

Por efecto de contraste, Marta aparece entonces en el trasfondo de la escena haciendo oficios: “Estaba atareada…”. La frase describe a Marta absorbida por los oficios de la casa, concentrada en su deber de ama de casa y anfitriona. El relato insinúa que Marta deseaba escuchar a Jesús pero las tareas (“muchas”) que se requieren para poder ofrecer una buena acogida se lo impedían. Con la palabra “quehaceres” (en griego “diakonía”) se indica todo lo que es propio del servicio de la casa. Incluye la preparación del cuarto del huésped, el ambiente de la casa, pero sobre todo el servicio de la mesa: preparar y llevar los alimentos a la mesa. En la obra de Lucas este término va designando cada vez más una realidad de fondo: lo propio del servicio eclesial, el cual genera grandes desgastes personales por el bien de los demás.

Una pequeña crisis se genera en la casa. La hermana mayor que se ha dado al oficio pesado por la atención del huésped expresa su protesta por haberse quedado “sola en el trabajo”. Se abre así un dialogo entre Marta y Jesús que no sólo resuelve la crisis sino que saca a la luz la enseñanza central del acontecimiento. Probablemente Marta ya se ha dirigido primero a María para pedirle ayuda, pero ahora vemos cómo pierde la paciencia y acude a Jesús para pedirle que intervenga y mueva a la hermana perezosa. Marta le habla a Jesús reconociéndolo como Maestro (por eso aquí usa el título “Señor”) en estos términos: un reclamo en forma de pregunta: “¿No te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo?”.

El “¿No te importa?” tiene el sabor amargo de quien reclama para sí una mejor consideración. Marta deja entender: “¿Es que yo no te importo?”. Le da una orden: “Dile, pues, que me ayude”. le dice a Jesús lo que tiene que hacer, indicándole indirectamente en qué debe instruir a su hermana María. Marta está al servicio de Jesús y quiere hacer todo lo posible por honrarlo, lo cual es altamente loable, sin embargo no parece comprender la verdadera dignidad de su invitado: él es Maestro y ha venido a su casa en esta condición. Como se ve, Marta no le deja ser su Maestro porque no está abierta a lo que trae Jesús para ella y porque se coloca en la posición de quien da las órdenes; ella cree saber qué es lo que Jesús debe hacer.

Y por fin se escucha la voz de Jesús. Se dirige a ella por su nombre propio. La repetición del nombre indica que habla con cariño, pero también con firmeza: “Marta, Marta”. Jesús va a corregir amablemente la buena voluntad de Marta y a poner sus energías en la dirección correcta. Le hace caer en cuenta de su situación. El primer término (“te preocupas”) describe un estado de “ansiedad”, de agitación interna que corta la respiración; con él el evangelio se refiere a una actitud mundana que podría ser válida para un no creyente, pero no para un discípulo de Jesús. Se trata, entonces, de una situación de división interna, en la cual la atención por las tareas inmediatas que permiten la sobrevivencia desvían el corazón de lo esencial: Dios Providente, fuente de todo. El término (“te agitas”) refuerza el anterior, describe el nerviosismo externo causado por la presión que somete al estrés y lleva a la tribulación que se refleja finalmente en una actitud de fastidio. La causa de todo: Marta tiene “muchas cosas”, el afán con que ha asumido sus oficios, el cual al final hace parecer que las tareas son excesivas. El afán de Marta es básicamente la preparación de una comida, no que Jesús coma mucho o que por la mesa pasen muchos platos, sino que quiere todo bien hecho y decorado. Ella está preocupada por agradar al Maestro y, por ahí, quedar bien ella misma.

Jesús no le quita la importancia a lo que Marta ha estado haciendo, pero eso sí, muestra que todo debe estar dentro de una jerarquía de valores. Observemos cómo en el texto hay un juego de palabras que va llevando todo hacia la cima de la pirámide de los valores: mucho/poco, poco/uno, lo necesario/lo mejor.

2.- MEDITATIO

Un ejercicio distintivo del discípulo de Jesús es la acogida del Maestro mediante la escucha de su Palabra.

La relación de Jesús con las dos hermanas, y particularmente el valor que le da al gesto de María, nos pone en primer plano la pregunta: ¿Qué es lo verdaderamente importante para Jesús? Esto equivale a que reflexionemos: ¿Dónde es que un discípulo y servidor de Jesús debe colocar sus mejores energías y por qué? ¿Cómo se ordena en la vida del discípulo el doble movimiento de escucha y servicio, o mejor, de oración y acción?

¿Qué enseña Jesús? Él da un vuelco al punto de vista de Marta. La tensión que está viviendo debe tener un nuevo enfoque: ¿Qué es lo necesario? ¿Cuál es la única cosa realmente necesaria? Marta debe pensar en lo que ella necesita, no en las necesidades de Jesús. ¿Y esto por qué? Porque es por ella que ha venido el Maestro a su casa. Jesús no vino a un almuerzo, vino a ser Maestro, a prestar el servicio de la enseñanza y ella necesita de la “Palabra” del Maestro. En segundo lugar vemos que Marta no se preguntó primero que era lo que quería Jesús. Esto cuestiona también nuestras relaciones interpersonales. Muchas veces nos preocupamos por hacer “muchas cosas” por los demás, pero pocas veces nos preguntamos qué es lo que realmente los otros están necesitando: ¿cuáles son sus deseos, sus necesidades más profundas, aún más allá de lo material? Veremos entonces que los otros necesitan no sólo que les demos cosas sino que les prestemos atención, que les mostremos interés y les demos lo mejor de nuestro tiempo.

¿Le prestamos atención a los niños, a los ancianos, a sus intereses, sus reflexiones y sus preocupaciones? ¿A los empleados solamente les damos un salario o los gratificamos también con nuestra amistad, nuestro interés por sus problemas y les damos palabras de apoyo y reconocimiento? En fin, una necesidad primaria (y para allá apunta el evangelio) es tener tiempo los unos para los otros, escucharnos recíprocamente con paciencia y amor, expresando que estamos contentos los unos de los otros.

Por otro lado vemos que María no debe ser apartada de Jesús. Marta no le puede quitar a María las bendiciones que la proclamación del Reino le trae a su vida. Es su derecho y su posesión garantizada por Jesús. Vemos también que el servicio y la escucha no se contraponen. La escucha de la Palabra llevará a María a la “praxis” (“Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”, o la última frase del pasaje anterior: “Vete y haz tú lo mismo”. Y viceversa: el servicio de Marta no será lo que ella considere que debe hacer sino, ante todo, la respuesta obediente al lo que el Señor quiere que haga. El servicio del Reino requiere en primer lugar la escucha al Rey, si no se cae en un activismo infecundo y ocasionalmente desacertado. La escucha de la Palabra libera de la rigidez de quien cree tener el control de todas las cosas. La Palabra libera el corazón de la ansiedad.

Lo “único” se refiere también a la unificación de la vida en la cual quiere Jesús educar a sus discípulos. “Unidad” de vida es signo de madurez y de consistencia personal. Las acciones, las actividades, los compromisos por causa de Jesús brotan de una única fuente –la Palabra asumida en el Corazón- y ésta coloca totalmente nuestra vida en sintonía con la de Jesús y con su camino que conduce a la plenitud de la vida en el Reino del Padre.

En fin…

Necesitamos tiempos de calidad para el diálogo profundo con Dios, con nosotros mismos y con los hermanos. Necesitamos tiempos de calidad para poner la vida en orden, para reposar el corazón y reflexionar. Necesitamos tiempos de calidad para orar.
La parábola del Buen Samaritano nos enseñó que el amor se hace servicio a los hermanos; ¡qué importante es servir! Nuestra vocación es el servicio pero también es la comunión con Dios; de lo segundo proviene lo primero. Para decirlo con los términos del evangelio: la mejor manera de ser Marta es ser María, o mejor todavía, tener las manos de Marta y corazón de María.

Ahora estás preocupada con muchas cosas, quieres alimentar los cuerpos mortales, así sean santos.

Pero cuando llegues a aquella patria...
¿Por ventura encontrarás a algún peregrino a quien hospedar?
¿Encontrarás a algún hambriento a quien partir el pan?

¿Algún sediento a quien dar de beber? ¿Algún muerto a quien sepultar?

Nada de esto habrá. ¿Qué habrá entonces? Pues lo que María escogió: allí seremos apacentados, no apacentaremos.

Por tanto, allí será pleno y perfecto aquello que María ya escogió aquí: de aquella mesa opulenta de la Palabra de Dios ella ya recibía las migajas”.

Preguntémonos hoy, a partir de la lectura del evangelio:

¿Con cual de las dos mujeres me identifico más?, ¿Por qué?

¿Me considero una persona “muy ocupada, ansiosa, atareada”?, ¿Qué espacio de mi tiempo dedico para dialogar con Jesús, para escucharlo?.
“Una sola cosa es necesaria”, ¿Cuál es?, ¿Y para mí qué es lo único necesario?, ¿Será que el Señor me pide que cambie mi escala de valores?

¿Cuándo salimos al encuentro de las necesidades de los demás, estamos seguros de ofrecerles aquello que más necesitan?, ¿Nos contentamos sólo con darles cosas materiales y así tranquilizamos nuestra conciencia, o nos preocupamos también por ayudarles en su camino de madurez personal y más aún en su camino de relación con Dios?

 


3. ORATIO


a) Salmo 145 (146) (en forma individual)

b) Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 



17º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

La oración del Maestro- La oración de los discípulos (Lucas 11, 1-13)

1) Oración inicial

Padre de toda misericordia, en nombre de Cristo tu Hijo, te pedimos, ¡Envíanos el Don, Infunde en nosotros el Espíritu! Espíritu Paráclito, enséñanos a orar en la verdad permaneciendo en el nuevo Templo que es Cristo. Espíritu fiel al Padre y a nosotros, invoca en nosotros incesantemente al Padre, porque no sabemos rezar. Espíritu de Cristo, primer Don para nosotros los creyentes, ruega en nosotros sin descanso al Padre, como nos ha enseñado el Hijo. Amén

 

2) El texto del Evangelio

“Estaba Él orando en cierto lugar y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.» Él les dijo: «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación.» Les dijo también: «Si uno de ustedes tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: `Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle', y aquél, desde dentro, le responde: `No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos', les aseguro que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, se levantará para que deje de molestarle y le dará cuanto necesite. «Yo les digo: Pidan y se les dará; busquen y hallaran; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán. ¿Qué padre hay entre ustedes que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»

3) Un momento de silencio orante

Como los discípulos, también nosotros nos reunimos en torno a Jesús que ora en solitario. Recojamos en torno a Él y en Él, todas nuestras energías, cualquier pensamiento, toda ocupación o preocupación, las esperanzas, los dolores... - Hoy somos nosotros aquellos discípulos que ven rezar al maestro y se dejan fascinar de su oración, que evidentemente es muy especial. - Hoy sus palabras son para nosotros, su invitación a fiarse del amor del Padre, se dirige a nosotros, presos muchas veces de nuestras cosas, muchas veces envuelto en la búsqueda del “todo y pronto”, encadenados de miles de cosas, que luego (pero sólo “luego” cuando un acontecimiento nos hiere) descubrimos que verdaderamente son superfluas... - Hoy nos toca ponerle voz a la oración del Maestro: Padre, sea santificado tu Nombre...

4) Una clave de lectura

Jesús, como los grandes maestros religiosos de su tiempo, enseña a sus seguidores una oración que los caracteriza: el “Padre nuestro”.

Jesús se aparta para orar. Lo hace con frecuencia en la narración de Lucas, sobre todo en los momentos inmediatos a sucesos importantes, antes de constituir el grupo de los Doce; antes de provocar la confesión de fe de Pedro, antes de la transfiguración y finalmente antes de la pasión. Jesús que reza, provoca en los discípulos el deseo de rezar como Él. Es, evidentemente una oración que tiene unos reflejos externos verdaderamente especiales, que ciertamente repercuten sobre la predicación. Los discípulos comprenden que una oración tal, es muy diversa de la que enseñan los otros maestros espirituales de Israel y también de la del mismo precursor suyo, por esto le piden que les enseñe su oración. De este modo, la oración que Jesús transmite a los suyos se convierte para ellos en la expresión característica de su ideal y de su identidad, del modo de relacionarse con Dios y con los suyos.

Lo primero que Jesús enseña a propósito de la oración es llamar a Dios con el nombre de “Padre”. El hecho de invocar al mismo Padre constituye el mejor lazo de la unidad comunitaria de los discípulos. Para un hebreo del siglo 1º, la relación con el padre estaba hecha de intimidad, pero también de reconocimiento de la soberanía sobre cada miembro de la familia. El hecho de que Jesús use para dirigirse al Padre llamándolo abba manifiesta el nuevo tipo de relación que Él, y por tanto sus discípulos, instauran con Dios: una relación de cercanía, familiaridad y confianza. Según el esquema clásico de la oración bíblica, la primera parte del “Padre nuestro” mira directamente a Dios, mientras la segunda parte se refiere a las necesidades del hombre en la vida terrena.

La última parte de nuestro evangelio es la propiamente didáctica. Subraya decididamente sobre la confianza que debe caracterizar la oración cristiana, basada sobre la sólida roca de la fe. Es la confianza del orante que abre las puertas del corazón del Padre y es precisamente su identidad de Padre que ama llevar en brazos a sus hijos y consolarlos con la ternura de una madre lo que debe nutrir la confianza de los cristianos. Dios es un Padre que ama recibir las peticiones de sus hijos, porque esto demuestra su confianza en Él, porque para pedir ellos se acercan a Él con el corazón disponible, porque esto le empuja a mirar su rostro manso y amable, porque haciendo así (aunque indirectamente) ellos manifiestan creer que Él es verdaderamente el Señor de la historia y del mundo, y sobre todo, porque esto le da el modo de demostrar a ellos abiertamente su amor delicado, atento, libre y sólo orientado al bien de sus hijos. Lo que al Padre disgusta, no es la insistencia o indiscreción de los hijos en el pedir, sino el hecho de que no le pidan bastante, permaneciendo ellos silenciosos y casi indiferentes con Él, el permanecer a distancia con miles de excusas de respeto, de que “Él lo sabe ya todo”, etc. Dios es ciertamente un Padre que sabe proveer a todo lo que se refiere a la existencia cotidiana de sus hijos, pero, también, sabe qué cosa es bueno para ellos y lo sabe mejor que nosotros. He aquí por qué Él dona a los Cristianos muchos bienes y sobre todo el don por excelencia: el Espíritu, el único bien de verdad indispensable para sus vidas, aquel que, dejándolo obrar, los vuelve cada vez más auténticamente hijos en el Hijo.

5) Algunas preguntas

¿Qué es la oración para mí: una obligación? ¿Una pausa para la búsqueda de mi mismo? ¿La presentación a Dios de una lista de peticiones? ¿Un descanso en compañía del Padre? ¿El diálogo sencillo y confiado con Aquel que me ama?

¿Cuánto tiempo dedico a la oración: cada día algunos momentos? O, más bien, ¿cada semana o una vez al mes? ¿Ocasionalmente? ¿Sistemáticamente? ¿Espero el “sentir deseos “ de rezar?

¿De dónde parte mi oración: de la Palabra de Dios? ¿Del santo o de la festividad litúrgica del día? ¿De la devoción a la Virgen María? ¿ De una imagen famosa o de un icono? ¿De los sucesos de mi vida o de los de la historia del mundo?

¿Con quién me encuentro cuando rezo: mirando a lo profundo de mi mismo, en la oración hablo con alguien al que siento como juez o como amigo? ¿Lo siento “igual que yo” o lo considero “santo”, infinito o inalcanzable? ¿Está junto a mí, o lejano e indiferente? ¿Es mi Padre o es mi patrón? ¿Se ocupa de mi o “va a sus cosas”?

¿Cómo rezo: uso algo mecánico, fórmulas prefijadas? ¿Rezo con versículos de salmos o de otras páginas bíblicas? ¿Con textos litúrgicos? ¿Prefiero una oración espontánea? ¿Recurro a largos textos de bellas palabras o prefiero repetir una breve frase? ¿Cómo utilizo la “oración del Señor”? ¿Me recojo con frecuencia para invocar a Dios en cualquier necesidad o a alabarlo en la liturgia o a contemplarlo en el silencio? ¿Consigo orar mientras trabajo o cuando estoy en cualquier lugar o sólo cuando estoy en la iglesia? ¿Consigo hacer mía la oración litúrgica? ¿Qué puesto tiene la Madre de Dios en mi oración?

6.- Una experiencia de oración emblemática y célebre

De los Manuscritos autobiográficos de Sta. Teresa del Niño Jesús y del Santo Rostro: “Para mí la oración es un arranque del corazón, es una sencilla mirada dirigida hacia el cielo, es un grito de gratitud y de amor tanto en la prueba como en el gozo, en fin es algo tan grande y tan sobrenatural que me ensancha el alma y me une a Jesús. No quisiera sin embargo, Madre querida, hacerle creer que yo recite sin devoción las oraciones en común, en el coro o en las celdas. Al contrario, amo mucho la oración en común, porque Jesús ha prometido “encontrarse en medio de aquéllos que se reúnen en su nombre”; siento entonces que el fervor de mis hermanas suple al mío. Pero estando sola (siento vergüenza al confesarlo), el rezo del rosario me cuesta más que colocarme un instrumento de penitencia. ¡Siento que lo rezo tan mal! Tengo un buen propósito en meditar los misterios del rosario, no llego a fijar mi espíritu. Por mucho tiempo he estado triste por esta falta de devoción que me maravillaba, porque amo tanto a la Virgen Santa, tanto que me debiera ser fácil recitar en honor suyo las oraciones que le placen. Ahora me preocupa menos, pienso que la Reina del Cielo es mi madre, ve ciertamente mi buena voluntad y se contenta. Alguna vez, si mi espíritu está en una aridez tan grande que me es imposible ni siquiera tener un pensamiento para unirme con el buen Dios, recito muy lentamente un “Padre Nuestro” y luego el saludo angélico; entonces estas oraciones me embelesan, nutren mi alma mucho más que si las hubiese recitado precipitadamente un centenar de veces”.

7) Oración final

Cantaré a Yahvé mientras viva, tañeré para mi Dios mientras exista. ¡Que le sea agradable mi poema! Yo tengo mi gozo en Yahvé. ¡Desaparezcan los pecadores de la tierra, nunca más existan los malvados! ¡Bendice, alma mía, a Yahvé!
Padre bueno y santo, tu amor nos hace hermanos y nos anima a reunirnos todos en tu santa Iglesia para celebrar con la vida el misterio de comunión. Tú nos llama a compartir el único pan vivo y eterno que se nos ha dado del cielo: ayúdanos a saber compartir también en la caridad de Cristo el pan terreno, para que se sacie toda hambre del cuerpo y del espíritu. Amén.

^^^ AL INICIO ^^^

 


 

 

 

 

 

 

 

 


18º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Centro Bíblico Pastoral para América Latina

“Guárdense de toda avaricia” (Lucas 12,13-21)

1) Recojámonos en oración

Aquí estamos delante de ti, ¡oh Espíritu Santo! Sentimos el peso de nuestras debilidades, pero estamos todos reunidos en tu nombre; ven, asístenos, ven a nuestros corazones; enséñanos tú lo que debemos hacer, muéstranos tú el camino a seguir, realiza en nosotros todo cuanto te necesitamos. Tú seas sólo el que nos sugiera y guíe en nuestras decisiones, porque tú sólo con Dios Padre y con su Hijo, tienes un nombre santo y glorioso. Tennos sujetos a ti y nunca nos separaremos de la verdad; haz que reunidos en tu santo nombre, sepamos contemplar la bondad y la ternura juntos, de modo que hagamos todo en armonía contigo, en la esperanza de que por el fiel cumplimiento del deber se nos den los premios eternos . Amén.

2) El texto del Evangelio

“Uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.» Él le respondió: «¡Hombre! ¿Quién me ha constituido juez o repartidor entre ustedes?» Y les dijo: «Miren y guárdense de toda codicia, porque, aunque alguien posea abundantes riquezas, éstas no le garantizan la vida.» Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: `¿Qué haré, pues no tengo dónde almacenar mi cosecha?' Y dijo: `Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, edificaré otros más grandes, reuniré allí todo mi trigo y mis bienes y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea.' Pero Dios le dijo: `¡Necio! Esta misma noche morirás; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?' Así es el que atesora riquezas para sí y no es rico delante de Dios.»

3) Clave de lectura

¿Hemos visto alguna vez una pelea en una familia a la hora de repartir la herencia de los padres difuntos? ¿La belleza del ideal comunitario-familiar se ha venido al piso o se ha fortalecido con la ausencia de los progenitores? ¿Cada uno trata de llevarse lo que mejor pueda o qué pasa?. Esto tiene serias consecuencias para el estilo de vida de un discípulo de Jesús, mucho más cuando se pregunta cómo invertir en la propia felicidad. ¿Qué sucede cuando esta apertura a Dios y a los hermanos no se da, sobre todo cuando los bienes de la tierra, que podrían ser de ayuda, terminan siendo obstáculo para trascenderse a sí mismo en la entrega generosa en el amor?. Al respecto, hoy el evangelio responde con dos ideas fuertes: (1) La libertad de corazón. Nos dice que el corazón de un seguidor de Jesús debe estar liberado de toda ambición en el presente. Es verdad que él no es ajeno a la necesidad de una buena administración de sus posesiones en la tierra, pero también es verdad que si es auténtico discípulo no se dejará aprisionar por los encantos del dinero porque su mirada está puesta en lo fundamental hacia el futuro: no quiere ser feliz solamente un rato sino siempre. (2) Administrar-asegurar la vida mediante sabias decisiones. Con una visión profunda del misterio de la vida, sabiendo donde está su “sentido”, el discípulo sabe en qué centra sus ideales y dónde invierte sus mejores energías. De este “saber” se deriva un estilo de vida “sabio”, es decir, responsable con su vocación a la “vida” plena. Lucas nos muestra cómo el Maestro Jesús es verdaderamente Maestro de Vida, haciendo de la riña de dos hermanos por una herencia, el punto de partida para proponer una altísima enseñanza.

Jesús estaba enseñando a la gente cuando un hombre interrumpe el discurso de Jesús, mostrando su preocupación sobre cuestiones de herencia. Jesús predica que no hay “que tener temor de los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más”, y este hombre no percibe el significado de las palabras de Jesús. La amonestación y el ejemplo de Jesús a sus amigos es el de no afanarse por las cosas materiales, porque “ la vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido”. En un contexto escatológico Jesús aconseja: “Mírense a ustedes mismos, para que sus corazones no se emboten con la crápula, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida” . Por eso, la pregunta de aquel hombre que pide a Jesús que diga a su “hermano que divida la herencia” es superflua delante del Señor. Jesús rechaza hacer de juez entre las partes. Se nota que para Jesús no tiene importancia cuál de los dos tiene razón. Él se mantiene neutral en la cuestión entre los dos hermanos, porque su reino no es de este mundo. Este comportamiento de Jesús refleja la imagen que nos da Lucas del Señor manso y humilde. La acumulación de los bienes materiales, la herencia, la fama, el poder, no entra en la escala de valores de Jesús. Él, en efecto, usa el problema de los dos hermanos para subrayar que la “vida no depende de los bienes”, aunque sean abundantes. Según su costumbre, también aquí Jesús enseña por medio de una parábola, en la cuál nos presenta “un hombre rico”, nosotros diríamos, un rico inconsciente que no sabe qué hacer de sus bienes tan abundantes. Ciertamente, que a este hombre rico no lo podemos definir como justo. Justo es aquel que, como Job, comparte con los pobres los bienes recibidos de la providencia de Dios: “porque socorría al pobre que pedía ayuda, al huérfano que no tenía a nadie. El rico de la parábola es un hombre necio, que tiene el corazón lleno de los bienes recibidos, sin acordarse de Dios, sumo y único bien. Él, “ acumula tesoros para sí, y no se enriquece ante Dios”. En su necedad él no cae en la cuenta que todo le viene dado por la providencia de Dios, no sólo los bienes, sino también la misma vida. Lo hace notar la terminología usada en la parábola: “Los campos, dieron mucho fruto”, pero “esta noche morirás”. No es la riqueza en sí misma la que constituye la necedad de este hombre, sino su avaricia que revela su locura. Pues él dice: “Alma mía, tienes a disposición muchos bienes, por muchos años; descansa, come , bebe y date la buena vida”. La conducta del sabio, por el contrario, es muy diferente. Lo vemos por ejemplo encarnado en la persona de Job, que exclama con serenidad: “¡Desnudo salí del seno de mi madre, y desnudo regresaré. El Señor lo ha dado , el Señor lo ha quitado, bendito sea el nombre del Señor!” (Job 1,21). La tradición sapiencial nos trae muchas enseñanzas sobre la conducta del justo ante la riqueza. También el Nuevo Testamento nos amonesta sobre esto.

Jesús nos dice: “Miren y guárdense de toda codicia…”. Mastiquemos un poco los términos.

La vigilancia evangélica… Los imperativos “Miren y guárdense” invitan a la vigilancia, al examen interior de las actitudes, de las motivaciones, de la limpieza de corazón. Estas palabras van en la misma línea de las primeras pronunciadas en este capítulo: “Guárdense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”; es un llamado a la pureza interior. No es el cumplimiento externo de la norma lo único que cuenta sino “la justicia (con los hermanos) y el amor a Dios”, es decir, la visión de la vida, como llamado a salir de sí mismo en función del otro, acompañado de las acciones. Porque puede suceder que por dentro no haya más que “rapiña y maldad” (12,39). En el pasaje de hoy Jesús habla de “codicia”. La “codicia”, como lo sabemos, habita el corazón del hombre: “Del corazón del hombre salen las codicias”. Jesús utiliza una palabra fuerte. Se refiere expresamente a “todo tipo de codicia”. La “codicia” (en griego “pleonexía”: “pleon”=abundancia, “exo”=tener o retener) pertenece a la realidad humana interna del “deseo de tener siempre más”, es la “avidez”. Podría describirse así: (a)

De fuera hacia dentro: consiste en encontrar placer en el “llenarse” de cosas, con tres habituales manifestaciones:

• El deseo compulsivo de llenarse de cosas (por ejemplo, se antoja de todo lo que ve en el supermercado) malgastando el dinero en lo que no vale la pena (el lujo desmedido);
• El entrar en competencia con los demás motivado por la envidia (por ejemplo: “si fulano(a) tiene esto, yo también lo quiero, y ojalá mejor”);
• El placer de exhibir lo que se tiene con el fin de obtener una nueva ganancia: la felicitación y la envidia de los otros.

(b) De dentro hacia fuera: se percibe en la tacañería o avaricia de aquel a quien le duele compartir. En otras palabras, la persona se vuelve “mezquina” (lo contrario de 2 Corintios 9,5) y avara, casi incapaz de ser generosa. Es interesante ver cómo Jesús desciende hasta la raíz del pecado que degenera la vida y hace tanto daño en la familia, en la sociedad y en el mundo.

4) Oración

1Crónicas 29: 10,19

«¡Bendito tú, oh Yahvé, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre hasta siempre! Tuya, oh Yahvé, es la grandeza, la fuerza, la magnificencia, el esplendor y la majestad; pues tuyo es cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuyo, oh Yahvé, es el reino; tú te levantas por encima de todo. De ti proceden las riquezas y la gloria. Tú lo gobiernas todo; en tu mano están el poder y la fortaleza, y es tu mano la que todo lo engrandece y a todo da consistencia. Pues bien, oh Dios nuestro, te celebramos y alabamos tu Nombre magnífico. Pues, ¿quién soy yo y quién es mi pueblo para que podamos ofrecerte estos donativos? Porque todo viene de ti, y de tu mano te lo damos. Porque forasteros y huéspedes somos delante de ti, como todos nuestros padres; como sombras son nuestros días sobre la tierra. Yahvé, Dios nuestro, todo este gran acopio que hemos preparado para edificarte un templo para tu santo Nombre viene de tu mano y tuyo es todo. Bien sabemos, Dios mío, que tú pruebas los corazones y amas la rectitud; por eso te ofrecemos voluntariamente todo, con rectitud de corazón, y ahora vemos con regocijo que tu pueblo, que está aquí, te ofrece espontáneamente sus dones. Oh Yahvé, Dios de nuestros padres, conserva esto perpetuamente para formar los pensamientos en el corazón de tu pueblo y dirige tú su corazón hacia ti. Danos un corazón perfecto, para que guardemos tus mandamientos, tus instrucciones y tus preceptos.»

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 



19º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Centro Bíblico Pastoral para América Latina

Acumulen un tesoro inagotable en el cielo (Lucas 12, 32-48)

Oración inicial

Ven, oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles. Tú que ya has venido para hacernos fieles, ven ahora para hacernos dichosos. Tú que has venido para que, con tu ayuda, pudiésemos gloriarnos en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios, ven de nuevo para que podamos gloriarnos también de su posesión. A ti te concierne el confirmar, consolidar perfeccionar y llevar a cumplimiento. El Padre nos ha creado, el Hijo nos has redimido: cumple pues, lo que a ti te compete. Ven a introducirnos en toda la verdad, al gozo del Sumo Bien, a la visión del Padre, a la abundancia de todas las delicias, al gozo de los gozos. Amén. (Gualtero de San Victor)

1. LECTURA

a) El texto:

«No temas, pequeño rebaño, porque al Padre le ha parecido bien darles a ustedes el Reino. «Vendan sus bienes y den como limosna. Hagan bolsas que no se deterioran, acumulen un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe; porque donde tengan su tesoro, allí estará también el corazón de ustedes. «Tengan ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sean como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y golpee la puerta, al instante le abran. Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos ellos! Entiendan bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. Estén también ustedes preparados, porque cuando menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre.» Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?» Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad les digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: `Mi señor tarda en venir', y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le castigará severamente y le señalará su suerte entre los infieles. «Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas que merecen azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más”.

b) Clave de lectura:

Estamos en un doble contexto: la formación de los discípulos y de las discípulas durante el camino de Jesús a Jerusalén y la reacción de los paganos convertidos, en las comunidades lucanas, después del entusiasmo inicial y el prolongarse la venida del Señor. Los discípulos tienen miedo de la nueva perspectiva de la misión de Jesús, que deberá sufrir, continúa dominando en ellos la mentalidad de un Mesías glorioso, más seguro. Así también en las nuevas comunidades cristianas (años 80), comienza a retoñar el espíritu pagano. Mejor es esperar antes de convertirse estable y profundamente, poner a un lado el cambio de vida y mentalidad. Jesús asegura a los discípulos y discípulas, con tres pequeñas parábolas les hace reflexionar sobre el significado del encuentro con Dios, sobre el sentido de la vigilancia y de la responsabilidad de cada uno en el momento presente.

2. UN MOMENTO DE SILENCIO ORANTE

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

a) Comentario:

Pensemos en una catequesis sobre la vuelta del Señor. No hay motivo para tener miedo. No temas, pequeño rebaño, porque al Padre le ha parecido bien darles a ustedes el Reino. Aseguración de Jesús de frente al miedo de los discípulos a través de la metáfora del rebaño y del buen pastor. Se necesita temer a los falsos profetas. El Padre quiere que no se pierda ninguno, Él nos proporcionará todo. Un puesto nos ha preparado desde la fundación del mundo, somos herederos con el Hijo.

Acojamos hoy la riqueza del poseer a Dios, único bien. ¡Sólo Dios basta! Vendan sus bienes y denlos como limosna. Hagan bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe; porque donde esté su tesoro, allí estará también el corazón de ustedes. Jesús ya había dicho lo de no acumular bienes. La comunidad cristiana había entendido el sentido de la libertad de bienes y la del compartir porque el tiempo se ha hecho breve (1Cor 7,29-31). La vida nueva en Cristo se convierte en el criterio para la posesión de cualquier bien.

Empeñémonos en lo cotidiano. Tengan ceñida la cintura y las lámparas encendidas; Porque al Padre le ha agradado darles el Reino, es necesario estar preparados para poseerlo, después de haber dejado todo impedimento. Los judíos se ceñían sus largos vestidos a los lomos para poder trabajar mejor. Elías se ciñe para correr (1Re 18,46). La conducta que Jesús recomienda a los que esperan su venida es la de ponerse a la obra, de no caer en la mediocridad. La vigilancia es fundamental para el cristiano. Más que una conducta moral es la condición de vida, una vez revestido de Cristo y dedicado a su Reino.

El encuentro con Dios será maravilloso. Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo les aseguro que se ceñirá, los hará poner a la mesa y yendo de uno a otro les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así ¡dichosos ellos! ¡Es sorprendente el gesto del señor que se pone a servirlos! Es lo que ha hecho Jesús lavando los pies a los discípulos. La noche dividida en partes según el uso romano, se convierte cada vez más empeñativa para el que vigila. El futuro está garantizado por la fidelidad creativa al Señor.

No perdamos el tiempo (¡y dinero!) para proveer el futuro. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. Un argumento para la vigilancia es el hecho de que no se sabe cuando vendrá el Señor. Tanto el día del juicio final como el de la muerte individual son desconocidos. Su venida no puede ser prevista (Ap 3,3). Esto impresionó mucho a los discípulos.

El amor y no la pertenencia formal debe ser nuestra fuerza. Estén también ustedes preparados, porque cuando menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre. Dijo Pedro: “Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?” Pedro, su hombre viejo, todavía piensa en cualquier privilegio, habiendo abandonado todo por seguir a Jesús. Jesús ayuda a madurar la conciencia de Pedro, respondiendo indirectamente con la parábola del buen administrador. La conversión es un proceso que dura toda la vida, incluso para los que se sienten cercanos al Señor. Conjugar la vigilancia con la fidelidad al servicio que se nos ha confiado. Respondió el Señor: “¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad les digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Lucas usa “administrador” en vez de “siervo” casi dejando entender la pregunta en boca de Pedro. Los jefes, en particular, deben ser fieles en el servicio.

No dejar nuestra conversión para un mañana impreciso. Pero si aquel siervo dijese en su corazón: «Mi señor tarda en venir» y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le castigará severamente y le señalará su suerte entre los infieles.

Hay algunos que han acogido con entusiasmo el anuncio evangélico, pero ahora, de frente a las dificultades presentes y a los empeños consiguientes, comienzan a retomar las viejas costumbres: violencia, intemperancia, abandono a los instintos. Todos los valores contrarios al evangelio.

Demos según la medida que hemos recibido. Aquel siervo, que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas que merecen azotes, recibirá pocos. El Señor dará a cada uno según sus acciones (Mt 16,27) y según la gracia recibida (Rom 11,11-24. Judíos, paganos, convertidos o fieles a la propia religión serán juzgados según su propia conciencia.

Porque grande será la comunión eterna con Dios. A quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más. Al final de la vida, según San Juan de la Cruz, seremos juzgados por el amor. Ver también Mt 25,15-16.

b) Algunas preguntas:

¿Qué sentimientos ha suscitado en mi la lectura del texto? ¿Miedo, confianza, sorpresa, gozo, esperanza, confusión...?

La vida cristiana: ¿Cuánto tiene para mi de gozo, cuánto de peso? ¿Cuánto es deber, cuánto es amor?

El pensamiento de mi muerte imprevista: ¿Qué suscita en mi? ¿En qué medida espero la comunión con Dios?

Ser vigilantes, fieles, trabajadores por el Reino, preparados: ¿Qué comporta a mi vida?

3. ORACIÓN

a) Salmo 33, 1-5; 13-15; 18-22

¡Aclamen con júbilo, justos, a Yahvé, que la alabanza es propia de hombres rectos! ¡Den gracias a Dios con la cítara, toquen con el arpa de diez cuerdas; cántenle un cántico nuevo, acompañen la música con aclamaciones! Pues recta es la palabra de Dios, su obra toda está fundada en la verdad; Él ama la justicia y el derecho, del amor de Dios está llena la tierra. El Señor observa de lo alto del cielo, ve a todos los seres humanos; desde el lugar de su trono mira a todos los habitantes de la tierra; Él, modela el corazón de cada uno, y se fija en todas sus acciones. Los ojos de Dios sobre sus criaturas, sobre los que esperan en su amor, para librar sus vida de la muerte y mantenerlos en tiempo de penuria. Esperamos anhelantes al Señor, él es nuestra ayuda y nuestro escudo; en Él nos alegramos de corazón y en su Santo Nombre confiamos. Que tu amor, Yahvé, nos acompañe, tal como lo esperamos de ti.

b) Oración final

Arda en nuestros corazones, oh Padre, en la misma fe que empujó a Abrahám a vivir sobre la tierra como peregrino, y no se apague nuestra lámpara, para que vigilantes en la espera de tu hora seamos conducidos por ti a la patria eterna (Oración Colecta).

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 



20º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Jesús enseña a leer los signos de los tiempos (Lucas 12,49-56)

Oración inicial

Shadai, Dios de la montaña, que haces de nuestra frágil vida la roca de tu morada, conduce nuestra mente a golpear la roca del desierto, para que brote el agua para nuestra sed. La pobreza de nuestro sentir nos cubra como un manto en la obscuridad de la noche y abra el corazón, para acoger el eco del Silencio y así el alba, envolviéndonos en la nueva luz matutina, nos lleve con las cenizas consumadas por el fuego de los pastores del Absoluto, que han vigilado por nosotros junto al Divino Maestro, al sabor de la santa memoria.

1. LECTIO

a) El texto:

«He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya hubiera prendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! «¿Creen que estoy aquí para poner paz en la tierra? No, les aseguro, que vine a traer la división. Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.» Decía también a la gente: «Cuando ven que una nube se levanta por occidente, al momento dicen: `Va a llover', y así sucede. Y cuando sopla el sur, dicen: `Viene el calor', y así sucede. ¡Hipócritas! Saben explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploran, pues, este tiempo presente?.»

b) Momento de silencio:

Dejamos que la voz del Verbo resuene en nosotros.

2. MEDITATIO

a) Análisis del texto:

He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya hubiera prendido! El fuego que no se apaga viene del cielo, es el fuego del Espíritu, que hace de todo lo que existe la expresión luminosa y ardiente de la presencia divina entre nosotros.

El bautismo del amor: nace la luz, nace el pan, nace el agua, ¡nace Dios! La cruz, un nuevo Belén, casa del pan consumido, un nuevo Emaús, casa del Pan partido, una nueva Betania, casa del Pan perfumado ofrecido a los hombres para siempre. Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! La angustia, síntoma de aquellos miedos que nos aferran desde dentro, nos descomponen y nos dejan sin aliento, la experimentó también Jesús. ¿Qué se puede hacer frente a la angustia? No se puede hacer nada, sino esperar que se cumpla lo que es bueno y que los temores sean inmersos en el mismo acontecimiento. La angustia nos aferra y puede demoler toda posibilidad de movimiento interior. La angustia de quien tiene confianza y acoge la vida, incluso aferrándose a la persona, que no tira por tierra, sino que fortifica y destruye en la espera todas las ilusiones y las esperanzas fáciles.

¿Creen que estoy aquí para poner paz en la tierra? No, se los aseguro, traje la división. El hombre busca la paz, pero ¿qué paz? La paz del que “no me molestes”, la paz de “no crearnos problemas”, la paz de “todo va bien”, una paz superficial. Esta es la paz terrena.

Jesús ha venido a traernos la paz verdadera, la plenitud de los dones de Dios. Esta paz no se llama ya paz, sino que en cuanto que va contra la paz aparente, se llama a los ojos del mundo “división”. Se puede decir mejor que la paz de Cristo elige y en cuanto que elige, discrimina, como un imán que un campo magnético atrae a sí los elementos de la misma “naturaleza”, pero que no realiza ninguna atracción en los que no son de la misma naturaleza.

Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.» Todo lo que divide no viene de Dios, porque en Dios se realiza la unidad. Pero en su nombre es posible ir más allá del mandamiento natural. Honra al padre y a la madre, dice la ley antigua. Y la ley nueva que es aquella del amor sin límites llega a decir: Quien ama al padre y a la madre más que a mí, no es digno de mí. En tal caso, la división se puede entender como prioridad de amor, jerarquía de valores. A Dios, fuente de la vida, corresponde el primer lugar. Al padre y a la madre que han acogido la vida, el segundo lugar… un orden tal está en la naturaleza lógica de la creación. No es honrar al padre y a la madre desobedecer a Dios, o amar menos a Cristo. Porque el amor del padre y de la madre es un amor de respuesta, el amor de Dios es generador.

Decía también a la gente: «Cuando ven que una nube se levanta por occidente, al momento dicen: `Va a llover', y así sucede. Y cuando sopla el sur, dicen: `Viene el calor', y así sucede. Antes de reprender a la gente, Jesús aprecia lo que de bueno pueden hacer. Si una nube llega desde poniente, llega la lluvia. Y esta certeza nace en el hombre al observar los fenómenos naturales hasta llegar a formular leyes. Si el viento es bochornoso, viene el calor.

Constatada tal cosa y reflexionando sobre ella, se hacen, como consecuencia, las leyes.

¡Hipócritas! Saben explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploran, pues, este tiempo? ¿Por qué no usar los mismos criterios para los acontecimientos del momento presente? La historia habla. ¿Por qué no valorarla sobre la base de la experiencia? La lógica que une premisas y consecuencias, es la misma para los acontecimientos humanos y sobrenaturales. El mundo de las relaciones, el mundo de las convicciones religiosas, el mundo de las expectativas humanas… subyace todo bajo la misma ley. Entonces, si se espera de Cristo desde hace siglos el cumplimiento de las promesas de Dios, y si este Jesús realiza las obras de la fe por el dedo de Dios, ¿por qué dudar que ha llegado el Reino de Dios? Esto es una hipocresía. Es no querer admitir la fidelidad de Dios y emperrarse en esperar el cumplimiento de los propios puntos de vista.

¿Por qué no juzgan por ustedes mismos lo que es justo?

b) Reflexión:

¡Ojala pudiésemos también nosotros llevar el fuego a la tierra de nuestro corazón! Un fuego capaz de extenderse sin causar incendios, sino creando lazos de intercambios vivos… El que juega con el fuego se encuentra, ciertamente, con las manos quemadas, pero ¡cuánto beneficio para todos! El fuego divide, crea círculos de encuentros y barreras de tránsito inaccesibles. Como en todas la cosas divinas, también encontramos una alternativa: con Cristo o contra Él. Sí, porque hace falta no olvidar nunca que es un signo de contradicción para cada época, piedra de escándalo para todos los que miran hacia lo alto esperando milagros y prodigios, y piedra angular para el que mira sus manos cansadas y agarra las manos de un carpintero tratando de construir la casa de la esperanza, la Iglesia. Un tiempo de gracia: ¿cómo no reconocerlo? Si pasas al lado de un fuego encendido, sientes el calor.

¡Y Cristo es un fuego encendido! Si atraviesas un torrente caudaloso en un día de verano, sientes la frescura y te sientes atraído por aquel movimiento que se acerca a ti para quitarte la sed y darte momentos de descanso. ¡Y Cristo es el agua que salta hasta la vida eterna! Si escuchas durante la noche el silencio, te sientes tembloroso en la espera de la luz del nuevo día que vendrá. ¡Y Cristo es el sol que surge! Es Palabra que en la noche es silencio y nos orienta hacia sílabas de un nuevo diálogo. ¿Por qué no te das cuenta que es necesario hacer caer cualquier hostilidad y caminar con cualquiera, reconociéndolo como hermano? Si lo ves como enemigo, tratas de buscar justicia… Si lo ves como hermano, te viene a la mente el ayudarlo y hacer juntos un trozo de camino, de compartir con él tus angustias y tus ansias, de escuchar sus preocupaciones. ¿Por qué quieres hacer pagar a toda costa hasta el último céntimo?

c) algunas preguntas:

He venido a arrojar un fuego sobre la tierra: el fuego supone una vehemencia del sentimiento y un centro de vida porque donde hay luz, calor, fuerza, movimiento, hay vida. Y no vida que se acaba, sino vida que alimenta continuamente. ¿Arde en mí el fuego de la vida de Dios?

¿Por qué no juzgan por ustedes mismos lo que es justo? La invitación a discernir personalmente es urgente más que nunca en un mundo en el que las opiniones se contrarrestan y forman “una masa”… ¿En qué modo me dejo condicionar por los juicios y criterios de los demás?

3. ORATIO

Salmo 32

¡Dichoso al que perdonan su culpa y queda cubierto su pecado! Dichoso el hombre a quien Yahvé no le imputa delito, y no hay fraude en su interior.
Guardaba silencio y se consumía mi cuerpo, cansado de gemir todo el día, pues descargabas día y noche tu mano sobre mí; mi corazón cambiaba como un campo que sufre los ardores del estío..
Reconocí mi pecado y no te oculté mi culpa; me dije: «Confesaré a Yahvé mis rebeldías». Y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado..
Por eso, quien te ama te suplica llegada la hora de la angustia. Y aunque aguas caudalosas se desborden jamás le alcanzarán.
Tú eres mi cobijo, me guardas de la angustia, me rodeas para salvarme. «Voy a instruirte, a mostrarte el camino a seguir; sin quitarte los ojos de encima, seré tu consejero».
No seas lo mismo que caballo o mulo sin sentido, rienda y freno hacen falta para domar su brío.
Copiosas son las penas del malvado, mas a quien confía en Yahvé lo protege su amor. ¡Alegraos en Yahvé, justos, exultad, gritad de gozo los de recto corazón!

4. CONTEMPLATIO

Señor, tú que escudriñas mi corazón y conviertes mis temores en senderos de una nueva creación, como un don, entra en mis angustias. Allí donde desaparece mi esperanza y me devora el temblor, allí donde cada chispa de gracia remueve mis seguridades y hace de mí un cúmulo de cenizas, enciende allí de nuevo el fuego del amor. ¡Dame una mirada capaz de penetrar la realidad y de aferrar tu mirada que me espera más allá del velo de las apariencias! No permitas que se aparte de mí el deseo de comunión. E, incluso, allí donde a causa de tu nombre encontrara oposición, resistencia, aversión, ¡haz que yo pueda entrar en la angustia de la división para mantener viva la llama del encuentro contigo!

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 


 

 

 

 


21º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Centro Bíblico del CELAM

La puerta estrecha (Lucas 13,22-30)

1. LECTIO

a) Oración inicial:

Estamos delante de ti, oh Padre, y no sabiendo como dialogar contigo nos ayudamos con las palabras que tu Hijo Jesús ha pronunciado por nosotros. Concédenos escuchar la resonancia comprometedora de esta palabra: “Esfuércense por entrar por la puerta estrecha, porque muchos, les digo, tratarán de entrar y no lo conseguirán”. Es una palabra que dices Tú a cada hombre y mujer que oyen el evangelio de tu Hijo. Concédenos comprenderla. Para poder leer tu Escritura y gustarla, sentirla arder como un fuego dentro de nosotros, te suplicamos, oh Padre: danos tu Espíritu. Y Tú, María, Madre de la contemplación, que has conservado por tanto tiempo en el corazón las palabras los acontecimientos y los gestos de Jesús, concédenos contemplar la Palabra, escucharla, y dejarla penetrar en el corazón.

b) Lectura del texto:

Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» Él les dijo: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. «Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: `¡Señor, ábrenos!' Y os responderá: `No sé de dónde sois.' Entonces empezaréis a decir: `Hemos comido y bebido contigo y has enseñado en nuestras plazas'. Pero os volverá a decir: `No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los malhechores!' «Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. «Pues hay últimos que serán primeros y hay primeros que serán últimos.»

c) Momentos de silencio orante:

Para ponernos en “religiosa escucha” de la voz de Dios es necesario un clima de silencio, de calma interior. Es necesario crear en el propio corazón “ un rincón tranquilo en el que poder tener un contacto con Dios “ (E. Stein) es poder realizar una comunicación profunda entre tú y la Palabra. Si no estás en silencio delante de Dios, en silencio para interrogar su Rostro, abrirás, sí, los labios, pero para decir nada.

2. MEDITATIO

a) Clave de lectura:

La noticia del viaje, colocada al principio del texto evangélico, ayuda al lector a pensar que está en camino con Jesús hacia Jerusalén. El camino hacia la ciudad santa es el hilo rojo que atraviesa toda la segunda parte del evangelio y la mayor parte de las narraciones comienzan con verbos de movimiento que presentan a Jesús y a sus discípulos como peregrinos o itinerantes. El camino de Jesús hacia la ciudad santa no es en sentido estricto un itinerario geográfico, sino que corresponde a un viaje teológico, espiritual. Tal recorrido compromete también al discípulo y al lector del evangelio: el “estar” en viaje con Jesús los configura como itinerantes en su mandato de anunciar el evangelio.

Ahora, en una etapa de este itinerario hacia Jerusalén alguien interpela a Jesús con una pregunta: “¿Cuántos son los que se salvan?”. La respuesta de Jesús no declara ningún número sobre los salvados, pero con una exhortación - amonestación, “esfuércense”, indica la conducta a seguir: “entrar por la puerta estrecha”. La imagen reclama al discípulo y a la comunidad a dirigir la propia preocupación sobre el deber exigente que el camino de la fe pide. Luego de esto, Jesús introduce una enseñanza verdadera y propia con una parábola que asocia a la imagen de la puerta estrecha la del dueño de la casa que, cuando la cierra, nadie puede entrar. Esto último evoca el final de la parábola de las diez vírgenes en Mt 25,10-12. Estos ejemplos están para indicar que hay un tiempo intermedio en el cual es necesario empeñarse por recibir la salvación, antes que la puerta se cierre de modo definitivo e irreversible.

También la participación en los momentos importantes de la vida de la comunidad, la cena del Señor (“hemos comido y bebido con Él”) y la proclamación de la Palabra (“tú has enseñado en nuestras plazas”), si no conllevan por cada uno un empeño de vida, no pueden evitar el peligro de quedarse afuera. No todos los que se sientan a la mesa con Él tienen automáticamente tiene derecho a la salvación definitiva que viene a anunciar con la imagen del banquete. Así, también, el haber escuchado su enseñanza no te asegura automáticamente que serás salvado. De hecho, la escucha de la palabra de Jesús es condición indispensable para ser discípulo, pero no suficiente, se necesita la decisión de seguir al maestro, guardando sus enseñanzas y llevar fruto en la perseverancia.

Aquellos que no han conseguido entrar por la puerta estrecha antes de que se cerrase, son los que no se han empeñado en realizar el plan de Dios. Su situación futura viene presentada de modo figurativo con una expresión que habla de la irreversibilidad de no ser salvados: “Allí será el llanto y el crujir de dientes”. Si a los contemporáneos de Jesús podía parecer que la salvación era como un derecho de Israel, para los cristianos de la comunidad de Lucas constituía un aviso a no considerar de modo automático esta modalidad salvífica. El reino que Jesús anuncia se convierte en lugar donde se encuentran discípulos que vienen de “oriente y occidente, de septentrión y del sur”. El discurso de Jesús inaugura un dinamismo de salvación que envuelve a toda la humanidad y se dirige sobre todo a los pobres y enfermos. Lucas, más que los otros evangelistas, es sensible al anuncio de una salvación universal y presenta a Jesús que ofrece la promesa de la salvación no sólo para Israel, sino para todos los pueblos.

Una señal de este cambio de condición de salvación es la afirmación final: “los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”. Una afirmación que indica cómo Dios destroza y rompe los mecanismos de la lógica humana: ninguno debe confiar en las posiciones que ha conseguido, sino que es invitado a estar siempre sintonizado con la onda del evangelio.

b) Algunas preguntas:

La puerta estrecha de la salvación reclama la necesidad de parte del hombre de empeñarse en acceder a tal don. La imagen no dice que Dios quiere hacer difícil la entrada a la salvación, sino que subraya la corresponsabilidad del hombre, el trabajo y el empeño de alcanzarla. El pasar por la puerta estrecha – según Cipriano – indica transformación: “¿Quién no desea ser transformado lo más pronto posible a imagen de Cristo?” La imagen de la puerta estrecha es símbolo de la obra de transformación que empeña al creyente en un lento y progresivo trabajo sobre sí mismo para delinearse como personalidad plasmada por el evangelio. Precisamente el hombre que arriesga la perdición es aquel que no se propone ninguna meta y no se empeña en ninguna relación de reciprocidad con Dios, con los otros y con el mundo. Muchas veces la tentación del hombre es proponerse otras puertas, aparentemente más fáciles o utilizables, como la del repliegue egoísta, no importarle la amistad con Dios y las relaciones con los demás. ¿Te empeñas en construir relaciones libres y maduras o estás replegado sobre ti mismo? ¿Estás convencido de que la salvación se te es dada mediante la dimensión relacional de comunión con Dios y con los otros?.

La salvación es una realidad posible para todos. Todo hombre puede conseguirla, pero a tal oferta por parte de Jesús es necesario una efectiva y personal repuesta por parte del hombre. En la enseñanza de Jesús no hay ningún uso de la amenaza para concientizar al hombre sobre la salvación, sino una invitación a ser plenamente conscientes de la oportunidad extraordinaria e irreversible del don de la misericordia y de la vida en relación y en el diálogo con Dios. ¿Hacia dónde y hacia qué cosa orientas tu vida? ¿Qué uso haces de tu libertad? ¿Sabes acoger la invitación de Dios a ser corresponsable de tu salvación o te abandonas a la dispersión?

Ante la pregunta de aquel a Jesús: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” Ninguno puede considerarse un privilegiado. La salvación pertenece a todos y todos son llamados. La puerta para entrar puede permanecer cerrada para los que pretenden entrar con las maletas llenas de cosas personales inconsistentes. ¿Sientes el deseo de pertenecer a aquella “escuadra infinita que desde oriente a occidente se sentarán a la mesa del reino de Dios”?. Y si te ves el último (pequeño, sencillo, pecador, encorvado por el sufrimiento...) no desesperes si vives de amor y esperanza. Jesús ha dicho que los últimos serán los primeros.

3. ORATIO

a) Salmo 117, 1-2

¡Alabad a Yahvé, todas las naciones, ensalzadlo, pueblos todos!
Pues sólido es su amor hacia nosotros, la lealtad de Yahvé dura para siempre.

b) Oración final:

Oh Señor, haz que sintamos la viveza de tu Palabra que hemos escuchado; corta, te rogamos, los nudos de nuestra incerteza, los lazos, de nuestros “sí” y “pero” que nos impiden entrar en la salvación por la puerta estrecha. Concédenos acoger sin miedo, sin muchas dudas, la palabra de Dios que nos invita al deber y al trabajo de la vida de fe: Oh Señor, haz que tu Palabra escuchada en este domingo, día del Señor, nos libere de las falsas seguridades sobre la salvación y nos dé gozo, nos refuerce, nos purifique y nos salve. Y tú, María, modelo de escucha y de silencio, ayúdanos a vivir, auténticos, de entender que todo lo que es difícil se convertirá en fácil, lo que es obscuro se hará luminoso en la fuerza de la Palabra.

4. CONTEMPLATIO

La contemplación es el momento culminante de la lectura bíblica meditada y orada. Contemplar es entrar en una relación de fe y de amor, mediante la escucha de la Palabra, con Dios que es vida y verdad y que en Cristo nos ha revelado su rostro. La Palabra de Dios te descubre aquel rostro escondido en cada página de la Sagrada Escritura. Basta mirar con admiración, abrirse a la luz, dejar que te penetre. Es el éxtasis que se experimenta delante de lo bello y de lo bueno. Prolonga en tu vida de cada día el clima de esta gran comunicación que has experimentado con Dios en la escucha de su Palabra y conserva el gusto de la belleza en el diálogo con los otros, en el trabajo que desarrolles.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 



22º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C


Centro Bíblico Pastoral para América Latina del CELAM

El que se humilla será ensalzado (Lucas 14, 1.7-14)

1. LECTIO

a) Oración inicial

Señor, todos tenemos una sed insaciable de escucharte, y tú lo sabes, porque tú nos has creado así. «Tú sólo tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68). Creemos en estas palabras, de estas palabras tenemos hambre y sed; por estas palabras, con humildad y amor, comprometemos toda nuestra fidelidad. «Habla, Señor, que tu siervo te escucha» (1 Sam 3,9). Es la oración del inconsciente Samuel, la nuestra es un poco diversa, pero ha sido justo tu voz, tu Palabra, la que ha cambiado el temblor de la antigua oración en el deseo de un hijo que le grita a su Padre: Habla porque tu hijo te escucha.


b) Lectura del Evangelio:


“Sucedió que un sábado fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos le estaban observando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: «Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya invitado a otro más distinguido que tú y, viniendo el que os invitó a ti y a él, te diga: `Deja el sitio a éste', y tengas que ir, avergonzado, a sentarte en el último puesto. Al contrario, cuando te inviten, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te invitó, te diga: `Amigo, sube más arriba.' Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.» Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.»

c) Momentos de oración silenciosa:

Para ser alcanzados por la Palabra de Cristo y para que la Palabra hecha carne, que es Cristo, pueda habitar en nuestros corazones y nosotros podamos adherirnos a ella, es necesario que haya una escucha y un silencio profundo.

d) La Palabra se ilumina para entender

a) Contexto:

La parábola de la elección de los últimos lugares está situada en sábado, cuando Jesús está ya en Jerusalén, donde se cumplirá el misterio pascual, donde se celebrará la eucaristía de la nueva alianza, a la cual le seguirá después, el encuentro con el viviente y el encargo de la misión de los discípulos que prolongará la de Jesús. La luz de la Pascua permite ver el camino que el Señor hace recorrer a todos aquellos que son llamados para representarlo como siervo, diakonos, en medio de la comunidad, recogida en torno a la mesa. Es el tema de la comunión o participación. Las realidades más hermosas las ha realizado Jesús, las ha proclamado y enseñado a la mesa, en un ambiente de banquete.

En este pasaje, Lucas, pinta un cuadro, en el cual superpone dos imágenes: Jesús, a la mesa, define el rostro de la nueva comunidad, convocada en torno a la mesa eucarística. La página está dividida en dos escenas: la primera la invitación a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos en día de fiesta, un sábado; luego, la enseñanza con dos pequeñas parábolas sobre el modo de elegir los puestos a la mesa y los criterios para hacer las invitaciones; ¿quién participará en la mesa del reino? Esta participación se prepara desde este momento hasta la hora de la relación con Jesús, que convoca en torno a él a las personas en la comunidad-Iglesia.

b) Exégesis:

El sábado: día de fiesta y de liberación. « Sucedió que un sábado fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos le estaban observando». Jesús es invitado un día festivo por un responsable de los movimientos de los observantes o fariseos. Jesús está a la mesa.

La comida del sábado tiene carácter festivo y sagrado, sobre todo para los observantes de la ley. En el día de sábado, de hecho, se hace memoria semanal del éxodo y de la creación. Jesús da también la clave de lo criterios de convocación a esta comunidad simbolizada por la mesa: ¿cómo hacer la elección de los puestos? ¿a quién invitar y quién participará al final en el banquete del Reino?

Los criterios para elegir los puestos no se basan en la precedencia, o sobre los papeles o notoriedad, sino que se inspira en el actuar de Dios que promueve a los últimos, «porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.». Este principio que cierra la parábola del nuevo libro de urbanidad, que tira por tierra los criterios mundanos, hace alusión a la acción de Dios por medio del pasivo «será ensalzado». Dios exalta a los pequeños y a los pobres.

Luego vienen los criterios sobre la elección de los invitados. Se excluyen los criterios de recomendación o de solidaridad corporativa: « No llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos... …» « Al contrario, cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos...». El elenco comienza con los pobres, que en el evangelio de Lucas son los destinatarios de las bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de los cielos». En el elenco de los invitados, los pobres están concretizados como los disminuidos físicamente, excluidos por las confraternidades farisaicas y por el ritual del templo.

Esta segunda parábola sobre el criterio de los invitados se cierra con esta proclamación: «Y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos», al final de los tiempos, cuando Dios manifieste su señorío comunicando la vida eterna.

3. MEDITATIO

a) Jesús, estando en casa del fariseo que lo había invitado a comer, observa cómo los invitados eligen los primeros puestos. Es una actitud muy común en la vida, no solamente cuando se está a la mesa: cada uno busca el primer puesto en la atención y en la consideración por parte de los demás. Todos, comenzando por nosotros mismos, tenemos experiencia de ello. Pero, debemos tener cuidado, porque las palabras de Jesús, que exhortan a abstenerse de buscar el primer puesto, no son simplemente unas palabras de urbanidad; ellas son una regla de vida. Jesús aclara que es el Señor el que da a cada uno la dignidad y el honor, no nosotros, tal vez presumiendo de nuestros propios méritos. Como hizo en las Bienaventuranzas, Jesús echa por tierra el juicio y el comportamiento de este mundo. El que se reconoce pecador y humilde, será exaltado por Dios, el que, por el contrario, pretende que se le reconozcan sus méritos y busca los primeros puestos, arriesga el autoexcluirse del banquete.

b) « No te pongas en el primer puesto, no sea que haya invitado a otro más distinguido que tú... y tengas que ir, avergonzado, a sentarte en el último puesto ». Parece que Jesús juegue con los tentativos infantiles de los invitados que se preocupan por alcanzar la mejor posición; pero, su intención es mucho más seria. Hablando a los jefes de Israel, él muestra cuál es el poder que edifica las relaciones del reino: "El que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado ». Les describe “el buen uso del poder", fundado sobre la humildad. Es el mismo poder que Dios libera en la humanidad en la encarnación: "Al servicio de la voluntad del Padre, a fin de que toda la creación vuelva a él, el Verbo “no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz" (Fil 2,6-8). Esta kenosis gloriosa del Hijo de Dios “tiene la capacidad” de curar, reconciliar y liberar a toda la creación. La humildad es la fuerza que edifica el reino y la comunidad de los discípulos, la Iglesia.

4. ORATIO

a) Para orar - Salmo 23

El salmo parece girar en torno al título “El Señor es mi pastor”. Los santos son la imagen del rebaño que está en camino: ellos van acompañados por la bondad y la lealtad de Dios, hasta que lleguen definitivamente a la casa del Padre (L. Alonso Schökel)
Yahvé es mi pastor, nada me falta. En verdes pastos me hace reposar. Me conduce a fuentes tranquilas, allí repara mis fuerzas. Me guía por cañadas seguras haciendo honor a su nombre. Aunque fuese por valle tenebroso, ningún mal temería, pues tú vienes conmigo; tu vara y tu cayado me sosiegan. Preparas ante mí una mesa, a la vista de mis enemigos; perfumas mi cabeza, mi copa rebosa. Bondad y amor me acompañarán todos los días de mi vida, y habitaré en la casa de Yahvé un sin fin de días.

b) Oración final

«Señor, gracias a tu luz que ha venido sobre mí y ha aclarado en mi vida la convicción de que soy un pecador. He comprendido un poco más profundamente que tu Hijo Jesús es mi Salvador. Mi voluntad, mi espíritu, todo mi ser, se aferra a Él. Dios mío, que me venza la omnipotencia de tu amor. Destruye las resistencias que, a menudo, me hacen rebelde, las nostalgias que me impulsan a equivocarme, a ser perezoso; que tu amor lo venza todo, a fin de que yo pueda ser un trofeo feliz de tu victoria. Mi esperanza está afincada en tu fidelidad. Aunque deba crecer en el torbellino de la civilización, que me convierta en una flor, y que tú veles sobre esta primavera que ha brotado de la Sangre de tu Hijo. Tú nos miras a cada uno, nos curas, velas sobre nosotros; tú, el que cultivas esta primavera de vida eterna: tú, el Padre de Jesús y Padre nuestro; ¡tú, el Padre mío!» (Anastasio Ballestrero).

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 



23º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C


Las condiciones para poder ser discípulos de Jesús. (Lucas 14,25-33)

1.- LECTIO

a) Oración inicial

Shadai, Dios de la montaña, que haces de nuestra frágil vida la roca de tu morada, conduce nuestra mente a golpear la roca del desierto, para que brote el agua para nuestra sed. La pobreza de nuestro sentir nos cubra como un manto en la oscuridad de la noche y abra el corazón para acoger el eco del Silencio para que el alba envolviéndonos en la nueva luz matutina nos lleve con las cenizas consumadas por el fuego de los pastores del Absoluto que han vigilado por nosotros junto al Divino Maestro, el sabor de la santa memoria.


b) El texto:


“Caminaba con él mucha gente y, volviéndose, les dijo: «Si alguno viene junto a mí y no se desprenda de su padre, de su madre, de su mujer, de sus hijos, de sus hermanos, de sus hermanas y hasta de su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. «Porque ¿quién de ustedes, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: `Éste comenzó a edificar y no pudo terminar.' O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”.

c) Momento de silencio:

Dejamos que la voz del Verbo resuene en nosotros.

d) Clave de lectura:

Entre la gente que sigue a Jesús estamos también nosotros con nuestras mochilas repletas de páginas leídas y vividas. Uno entre tanto, nuestro nombre se pierde. Pero cuando Él se vuelve y su palabra alcanza el dolor de los lazos que estrechan con fuerza los pedazos de nuestra vida, las preguntas se enredan en el valle de los ecos más antiguos y una sola humilde respuesta emerge de las ruinas de las construcciones incumplidas: Señor ¿a quien iremos? Tú sólo tienes palabras de vida eterna.

Caminaba con Él mucha gente y volviéndose les dijo: “Si alguno viene junto a mi y no se desprende de su padre, de su mujer, de sus hijos, de sus hermanos, de sus hermanas y hasta de su propia vida no puede ser discípulo mío”. Sus palabras son fuertes y liberan de toda ilusión. ¿Quién no sabe lo que significa separarse, desprenderse de algo querido? Esta discriminación entre el Señor y los afectos familiares es la primera exigencia del apostolado.

Para aprender de Cristo es necesario encontrar en Él el núcleo de todo amor e interés. El amor de quien sigue al Señor no es un amor de posesión, sino de libertad. Andar tras una persona sin la seguridad que puede dar un lazo de sangre como es el de los vínculos familiares y el lazo de la propia sangre o sea con la propia vida, equivale a hacerse discípulos, lugar de vida que nace de la Sabiduría divina.

El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. El único lazo que ayuda a seguir a Jesús es el de la cruz. Este símbolo del amor, capaz de ser palabra y vida, es la lección del Rabí nacido en la pequeña aldea de Judea.

¿Quién de ustedes, que quiera edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? Construir una torre exige un gasto no indiferente para el que tiene pocos recursos. El buen deseo de construirse a sí mismo no es suficiente para hacerlo, es necesario sentarse, calcular los gastos, buscar los medios para llevar adelante el trabajo.

La vida del hombre queda incumplida e insatisfecha, porque a veces ¡tanto el proyecto de la construcción es maravilloso, cuanto más enorme son las deudas de la obra! Un proyecto sobre medida: no saber calcular lo que está en nuestra capacidad de cumplir, no es la sabiduría del que luego de haber arado espera la lluvia, sino es la inconciencia de quien espera la siega de las semillas arrojadas entre piedras y rocas, sin fatigarse en preparar el terreno.

No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: “Éste comenzó a edificar y no pudo terminar”. La burla de los otros que llega como granizo sobre los sentimientos de esperanza de quien quería llegar al final con solo sus fuerzas, es el precio a la propia arrogancia vestida de buena voluntad.

Cuántas humillaciones lleva cada quien consigo, pero qué pocos frutos recogemos de estas experiencias de dolor. Poner los cimientos y no terminar la construcción, sirve bien poco. Los deseos que se quiebran alguna vez son buenos tutores de nuestro ingenuidad.... pero nosotros no lo comprenderemos hasta que intentamos cubrir el fracaso y la desilusión del despertar del mundo fabuloso de los sueños de la infancia. Jesús nos pide hacernos niños sí, pero un niño no pretenderá nunca construir ¡una torre “verdadera”!. Se contentará con una pequeña torre sobre la arena del mar, porque conoce bien su capacidad.

O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil pueda salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Ninguna batalla se podrá jamás ganar sin embajadas de paz. Combatir por obtener la supremacía real sobre otro, es de por sí una batalla perdida. Porque el hombre no ha sido llamado a ser rey para el dominio, sino señor de paz. Y acercarse al otro mientras está todavía lejano es la señal más bella de la victoria, donde ninguno pierde ni gana, sino todos son siervos de la única soberana del mundo: la paz, la plenitud de los dones de Dios.

Pues de igual manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío. Un hombre que modela su vida sobre el tener es un hombre vicioso: el que pretende tener poder sobre todo (soberbia), de gozar a todo placer (lujuria), de salir del límite como derecho que le pertenece (ira), de estar saturado de bienes (gula), de robar lo que es de los demás (envidia), de quererlo todo para sí (avaricia), de arrojarse en la apatía, sin empeñarse en hacer algo (pereza). El discípulo al contrario que viaja sobre los rieles de la virtud, vive de los dones del Espíritu: un hombre que posee el sentido de las cosas de Dios (sabiduría) y lo dona sin apropiárselo, que penetra el significado esencial de todo lo que es Vida (entendimiento), que escucha la voz del Espíritu (consejo) y se hace eco de todo discernimiento (consejo), que sabe dejarse proteger por el límite de su ser hombre (fortaleza) y no cede a la trasgresión, que sabe conocer los secretos de la historia (ciencia) para construir horizontes de bien, que no se arroga el derecho de dar sentido, sino que acoge la fuente de lo divino (piedad), que bebe en los abismos del silencio, que da gracias por todas las maravillas de su Creador (temor de Dios) sin temer su pequeñez. Un discípulo así, es otro Jesús.

2. MEDITATIO

a) algunas preguntas:

Si uno viene a mí y no se desprende...no puede ser mi discípulo: ¿Estamos convencidos que es necesario llegar a separarse de todo lo que ata el corazón: afectos recibidos y dados, la vida misma, por seguir a Jesús?

Quien no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo: ¿Llevo en mí la lógica de la cruz, es decir, la lógica del amor gratuito?

Los medios para llevarlo a cabo: ¿La capacidad de pensar llena mi vida de fe o más bien ésta se reduce a un impulso interior que se desvanece en el devenir de las tareas cotidianas?

Para evitar que todos los que lo vean empiecen a burlarse: ¿Vale para mí también la recompensa de quien empieza a seguir al Señor y después no tiene medios humanos, o sea la burla de la incapacidad?

Quien no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo: ¿Estoy convencido de que la clave del seguimiento es la pobreza del no poseer, sino la felicidad de pertenecer?

b) Reflexión:

El corazón del hombre es una red de lazos. Ligaduras de ternura y de gratitud, de amor y de dependencia, lazos con todo lo que toca al sentimiento. Jesús parte de los lazos de consaguinidad: padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas, y lazos de la propia vida que en la mentalidad semita está simbolizada por la sangre. Pero el corazón debe estar libre de estos lazos para poder andar con Él y crear un vínculo nuevo que da vida, porque deja a la persona la libertad de ser lo que es. Todo discípulo sólo tiene una tarea: la de aprender, no la de depender. Los lazos de sangre crean dependencia: ¡cuantos chantajes afectivos impiden a los hombre construir la torre de su existencia! ¡Cuantas veces esas palabras de ¡Si me querés , hacé lo que te digo! O ¡Si me querés, no lo hagas! La cruz no ata, te constriñe para que de todo lo que cargues en ti salga, sangre y agua, hasta la última gota: toda la vida como don que no espera recompensa. Pertenecer más que poseer: el secreto del amor gratuito del Maestro y del discípulo. Quien sigue a Jesús no es un discípulo cualquiera que aprende cualquier clase de doctrina, sino que se convierte en discípulo amado, capaz de narrar las maravilla de Dios, cuando el fuego del Espíritu hace de él una llama sobre el candelero del mundo.

3. ORATIO

Salmo 63(62): Tu amor vale más que la vida

Dios, tú mi Dios, yo te busco, mi ser tiene sed de ti, por ti languidece mi cuerpo, como tierra agotada, sin agua. Así como te veía en el santuario, contemplando tu fuerza y tu gloria, -pues tu amor es mejor que la vida, por eso mis labios te alaban-, así quiero bendecirte en mi vida, levantar mis manos en tu nombre; me saciaré como de tus manjares, mis labios te alabarán jubilosos.
Si acostado me vienes a la mente, quedo en vela meditando en ti, porque tú me sirves de auxilio y exulto a la sombra de tus alas; mi ser se aprieta contra ti, tu diestra me sostiene.

4. CONTEMPLATIO

Señor, mientras te vuelves y tu mirada se posa sobre mi, tus palabras bullen en mi mente para ponerme delante lo que es toda mi vida. Es como si unas tijeras me cortasen dulcemente, pero sin temblor, los muchos cordones umbilicales de los que saco el alimento para poder ir adelante. Y esta acción decidida y necesaria me devuelve el pleno respiro de mi ser libertad.

No permitas que por el deseo de tener la vida, yo pierda el gozo de mi pertenencia a la vida, a aquella Vida divina que entra y sale en mí para otros y en los otros y de los otros para mí, para hacer de los días que pasan olas de Libertad y de Don en los confines de todo lo vivido. Que yo sea por siempre el discípulo amado de la Vida que muere, capaz de acoger en herencia la filiación y la custodia en tu espíritu de toda auténtica maternidad.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 



24º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Las parábolas de las cosas perdidas. Reencontrar a Dios en la vida (Lucas 15,1-32)

1. ORACION INICIAL

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. LECTURA

Texto:

“Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos.» Entonces les dijo esta parábola: «¿Quién de ustedes que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra? Cuando la encuentra, se la pone muy contento sobre los hombros y, llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: `Alégrense conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.' Les digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.
La dracma perdida «O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alégrense conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.' Pues les digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
Jesús dijo también «Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo al padre: `Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.' Y él les repartió la hacienda. Pocos días después, el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano, donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. «Cuando se lo había gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país y comenzó a pasar necesidad. Entonces fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pues nadie le daba nada. Y entrando en sí mismo, dijo: `¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.' Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: `Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.' Pero el padre dijo a sus siervos: `Dense prisa; traigan el mejor vestido y vístanle, pónganle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. Traigan el novillo cebado, mátenlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado.' Y comenzaron la fiesta. «Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y, llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: `Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.' Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre y le rogaba. Pero él replicó a su padre: `Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!' «Pero él le dijo: `Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado.'»

3. UN MOMENTO DE SILENCIO ORANTE

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. COMENTARIO DEL TEXTO

Las tres parábolas del capítulo 15 están precedidas de esta información inicial: “Todos los publicanos y pecadores se acercaron para escuchar a Jesús. Pero los fariseos y escribas murmuraban: “¡Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos!”. Por un lado están los pecadores y publicanos, por el otro fariseos y escribas, y en medio de los dos grupos Jesús.

Las tres parábolas ayudan a discernir. En las tres se advierte la misma preocupación: mostrar lo que se debe hacer para encontrar lo que se ha perdido: la oveja descarriada, la moneda perdida, los dos hijos perdidos.

Jesús se dirige a los que lo escuchan: “Si uno de ustedes tiene cien ovejas…” Él dice “uno de ustedes” . Lo cual significa que tú/ustedes son interpelados. ¡Tú, él, todos nosotros somos interpelados! Estamos invitados a confrontarnos con la extraña y poco probable historia de la parábola. Jesús pregunta: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y pierde una, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras aquella perdida, hasta que la encuentra?” Y tú, ¿qué respondes a la pregunta de Jesús? Viendo como viene formulada la pregunta, se entiende que Jesús piensa que la respuesta debe ser positiva. ¿Pero será así? ¿Será positiva? ¿Tú correrías el riesgo de perder noventa y nueve ovejas por encontrar a la que se ha perdido? En mi corazón oigo otra respuesta: “Lo siento mucho, pero yo no puedo hacer esto. ¡Sería una locura abandonar las noventa y nueve ovejas en el desierto por encontrar la oveja perdida! Pero el amor de Dios supera las normas de comportamiento normales. Sólo Dios puede realizar una semejante locura, tan extraña, tan lejana de lo que normalmente hacen los seres humanos. El contraste de esta parábola es la crítica de los escribas y fariseos contra Jesús. Ellos se consideraban perfectos y despreciaban a los otros, acusándoles de pecadores. Jesús dice: “Pero yo les digo: habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por los noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión”. Y en otra ocasión dice: “¡Los pecadores y las prostitutas los precederán en el reino de los cielos!”. Según Jesús, Dios está más satisfecho con la conversión de un publicano o de un pecador, que con noventa y nueve fariseos y escribas justos . Está más satisfecho con la conversión de un ateo que jamás va a la iglesia, que con noventa y nueve católicos que se dicen practicantes y fieles y desprecian a ateos y prostitutas. ¡Es desconcertante esta imagen diversa de Dios que Jesús comunica a los doctores, a los fariseos y a todos nosotros!

En la 2ª parábola, la mujer intenta encontrar la moneda perdida. Esta parábola es diversa. La breve historia de la moneda perdida alude al comportamiento normal de la mujeres pobres, que no tienen mucho dinero. La mujer de la parábola apenas tiene diez monedas de plata. En aquel tiempo un dracma valía un día de trabajo. Para las mujeres que son pobres diez dracmas es mucho dinero. Por esto, cuando pierden una de estas monedas, tratan de encontrarla y barren toda la casa hasta que la encuentran. Y cuando la encuentran, la alegría es inmensa. La mujer de la parábola va a hablar con las vecinas: “¡He encontrado la moneda que había perdido!”. Las personas pobres que escuchan la historia, dirán: “¡Muy bien. Así hacemos en casa! ¡Cuando encontramos la moneda perdida la alegría es enorme!”

Pues bien, por grande que sea la alegría y muy comprensible de las mujeres pobres, cuando encuentran la moneda perdida, Dios se alegra todavía más por un pecador que se convierte!

En la 3ª parábola, el padre trata de encontrarse de nuevo con los dos hijos perdidos. Esta parábola es muy conocida y en ella encontramos cosas que por lo regular suceden en la vida y otras que no suceden. En realidad, la historia de la parábola no habla sólo del hijo menor, sino más bien describe la conducta de los dos hijos, acentuando el esfuerzo del padre por reencontrar a los dos hijos. La localización de esta parábola en el capítulo central del evangelio de Lucas indica su importancia para la interpretación de todo el mensaje contenido en el Evangelio de Lucas.

El padre divide la herencia entre ellos. Tanto el mayor como el menor reciben su parte. Recibir la herencia no es un mérito. Es un don gratuito. La herencia de los dones de Dios está distribuida entre todos los seres humanos, tanto judíos como paganos, ya sean cristianos o no cristianos. Todos tienen algo de la herencia del Padre. Pero no todos la cuidan de la misma forma. Así, el hijo menor se va lejos, y disipa su heredad con una vida disoluta, olvidando al Padre. Todavía no se habla del hijo mayor que recibió también su parte de la herencia. Más adelante sabremos que él continúa en casa, llevando la vida de siempre, trabajando en el campo. Hoy , ¿quién es el mayor y quién es el menor? ¿Acaso los dos existen en cada uno de nosotros?

La frustración del hijo más joven y el deseo de volver a la casa del Padre es por la necesidad de tener que comer, esto hace perder al hijo menor su libertad y se vuelve esclavo para ocuparse de cerdos. Recibe un trato peor que el dado a los puercos. Esta era la condición de millones de esclavos en el imperio romano en los tiempos de Lucas. Esta situación hace que el hijo más joven empiece a acordarse de la casa del Padre: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen pan en abundancia y yo aquí me muero de hambre!” Examina su propia vida y decide volver a casa. Prepara hasta las palabras que dirá a su Padre: “Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti: no soy digno de ser llamado tu hijo. Trátame como uno de tus criados!”. El empleado sigue las órdenes, cumple la ley de la servidumbre. El hijo menor quiere cumplir la ley, como querían los fariseos y los escribas en tiempos de Jesús.

La parábola dice que el hijo menor todavía estaba lejos de la casa, pero el Padre lo vio, corrió al encuentro y lo cubrió de besos. Jesús nos da la impresión de que el Padre esperaba todo el tiempo en la ventana, mirando en lontananza, para ver asomar al hijo por el camino.

Según nuestro modo de sentir y de pensar, la alegría del Padre nos parece un poco exagerada. Él no deja al hijo pronunciar las palabras que éste había preparado. ¡No escucha!

El Padre no quiere que su hijo sea su esclavo. Quiere que sea su hijo. Y esta es la gran Noticia que Jesús nos trae. ¡Túnica nueva, sandalias nuevas, anillo al dedo, cordero, fiesta! En esta inmensa alegría del encuentro, Jesús deja también entrever la gran tristeza del Padre por la pérdida del hijo. Dios estaba muy triste y de esto se da cuenta ahora la gente, viendo la enorme alegría del Padre que se encuentra de nuevo con el hijo. Es una alegría compartida con todos en la fiesta que ordena preparar.

El hijo mayor vuelve del trabajo y ve que hay fiesta en casa. No entra. Quiere saber qué sucede Cuando se ha puesto al corriente del motivo de la fiesta, siente mucha rabia dentro de sí y no quiere entrar. Encerrado en sí mismo piensa tener su derecho. No le gusta la fiesta y no entiende la alegría del Padre. Señal de que no tenía mucha intimidad con el Padre, aun viviendo en la misma casa. Y si hubiese tenido tal intimidad, hubiera notado la inmensa tristeza del Padre por la pérdida del hijo menor y hubiera entendido su alegría por el regreso. Quien se preocupa mucho de observar la ley de Dios, corre el riesgo de olvidar a Dios mismo. El hijo menor, que ha estado viviendo lejos de la casa, parece conocer al Padre mejor que el mayor, que vive en su misma casa. Y así el más joven tiene el valor de volver a la casa del Padre, mientras el mayor no quiere entrar en la casa del Padre. Este no quiere ser hermano, no se da cuenta que el Padre, sin él, perderá la alegría, porque también él, el mayor, es hijo como el menor.

El Padre sale de la casa y ruega al hijo mayor que entre. Pero éste contesta: “Hace tantos años que te sirvo, y jamás he dejado de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para hacer fiesta con mis amigos. Y ahora que este tu hijo, que ha despilfarrado todos su haberes con prostitutas regresa, para él haz matado el novillo cebado.” El hijo mayor se gloría de la observancia cumplida: Jamás he dejado de cumplir una orden tuya.

Aunque quiere a su hermano como tal, no lo llama hermano, sino “ este hijo tuyo”, como si no fuese su hermano. Y es él, el mayor, quien habla de prostitutas. Es su malicia la que interpreta así la vida de su joven hermano. ¡Cuántas veces el hermano mayor interpreta mal la vida del hermano menor! ¡Cuántas veces nosotros los católicos interpretamos mal la vida de los otros! El comportamiento del Padre es distinto. Él sale de casa para los dos hijos. Acoge al hijo joven, pero no quiere perder al mayor. Los dos forman parte de la familia. ¡El uno no puede excluir al otro!

Así como el Padre no presta atención a los argumentos del hijo menor, tampoco tiene en cuenta los argumentos del mayor y le dice: “¡Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo que es mío es tuyo; pero era necesario hacer fiesta y alegrarse, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado!” ¿Era consciente el mayor de estar siempre con el Padre y de encontrar en esta presencia la causa de su alegría? La expresión del Padre: “¡Todo lo mío es tuyo!” incluye también al hijo menor que ha vuelto. El mayor no tiene derecho a hacer distinciones. Si él quiere ser hijo del Padre, deberá aceptarlo como es, y no como le gustaría que el Padre fuese. Esto nos toca a nosotros. Pues todos somos hermanos mayores.


5. AGUNAS PREGUNTAS

Para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Con cuál de los dos hijos me identifico: con el mayor o con el menor? ¿Por qué?

b) ¿En mi familia, o en mi comunidad existe una persona que es como lo llamamos comúnmente “la oveja negra”? ¿Qué hemos hecho para ayudarla a salir de esa situación? ¿No será que con nuestro comportamiento la aislamos y no le permitimos cambiar?

c) ¿Refleja nuestra comunidad algo de la ternura de Dios Padre?

d) ¿En qué forma concreta experimento el amor misericordioso del Padre que me busca y se alegra cuando me encuentra? ¿Cómo hago que los demás lo experimenten?

6. ORACIÓN

a) Con un Salmo (rezar en forma individual)

“Tú sabes cuando me siento y cuando me levanto”. Me senté en la miseria, me levanté con el deseo de tu pan. “De lejos penetras mis pensamientos”. Por eso el Señor dijo en el Evangelio que “el padre corrió a su encuentro”. Tú, por tanto, conoces mi camino: ¿Cuál, sino aquel perverso que había seguido para ir lejos del Padre, como si pudiera quedar escondido a los ojos de aquél que lo podía castigar? Pero no podría ser consumido por aquella miseria, ni terminar apacentando los puercos, si el padre no hubiera querido castigarlo lejos para volverlo a ver cerca. Por eso, como un forajido recostado en la pared, seguido por el justo castigo de Dios que nos castiga en nuestros afectos en cualquier lugar a donde vayamos y donde quiera hayamos llegado, exclama: “Tú me escrutas cuando camino y cuando reposo. Todo mis caminos te son conocidos”. Aún antes de recorrerlos, antes de caminar en ellos, tú ya los previste, y permitiste que los anduviera con dolor de mis caminos, a fin de, para no sufrir, regresar a los tuyos”. (San Agustín)

b) Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 



25º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

La fidelidad a Dios como único Señor Lucas 16, 1-13

1. Oración inicial

Señor, Padre mío, hoy coloco delante de ti mi debilidad, mi lejanía; no escondo mi deshonestidad e infidelidad, porque tú todo lo conoces y lo ves, hasta el fondo, con los ojos de tu amor y de tu compasión. Te ruego, buen médico, derrama sobre mi herida el ungüento de tu Palabra, de tu voz que me habla, me llama y me amaestra. No me quites tu don, que es el Espíritu Santo: deja que sople sobre mí, como aliento de vida, de los cuatro vientos; que me cubra como lengua de fuego y que me inunde como agua de salvación; envíalo para mí de tus cielos santos, como columna de verdad, que me anuncie también para hoy, que tú eres y me esperas, me tomas de nuevo contigo, después de todo, como al primer día, cuando tú me plasmaste, me creaste y me llamaste.

2. Lectura

a) El texto:

“Decía también a sus discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda. Le llamó y le dijo: `¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no seguirás en el cargo.' Se dijo entre sí el administrador: `¿Qué haré ahora que mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea destituido del cargo me reciban en sus casas.' «Y llamando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: `¿Cuánto debes a mi señor?' Respondió: `Cien medidas de aceite.' Él le dijo: `Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.' Después dijo a otro: `Tú, ¿cuánto debes?' Contestó: `Cien cargas de trigo.' Le dice: `Toma tu recibo y escribe ochenta.' «El señor alabó al administrador injusto porque había obrado con sagacidad, pues los hijos de este mundo son más sagaces con los de su clase que los hijos de la luz. «Yo les digo: Háganse amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. El que es fiel en lo insignificante, lo es también en lo importante; y el que es injusto en lo insignificante, también lo es en lo importante. Si, pues, no fueron fieles en el dinero injusto, ¿quién les confiará lo verdadero? Y si no fueron fieles con lo ajeno, ¿quién les dará lo de ustedes? «Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se dedicará a uno y desdeñará al otro. No pueden servir a Dios y al dinero.”

3. Un momento de silencio orante

Acojo el silencio de este momento, de este tiempo sagrado del encuentro con Él. Yo, pobre, sin dinero, sin posesiones, sin casa y sin fuerza propia, porque nada viene de mí, sino que toda cosa me la da Él, me dejo alcanzar de su riqueza de compasión y de misericordia.

4) Para ayudar a la lectura del pasaje:

Jesús expone la parábola del administrador sabio y sagaz: un hombre, acusado por su excesiva avidez, de alguna manera ya insostenible, se encuentra en un momento decisivo y difícil de su vida, pero consigue utilizar todos sus recursos humanos para convertir en bien su clamoroso fallo. Como este hijo del mundo ha sabido discernir sus intereses, así también lo hijos de la luz deben aprender a discernir la voluntad de amor y de don del Padre a ellos para vivir como Él. Jesús quiere hacer comprender que también la riqueza deshonesta e injusta, que es la de este mundo, si se utiliza para el bien, en el don , conduce a la salvación. Jesús explica que los bienes de este mundo no están condenados, sino que hay que estimarlos por el valor que tienen. Se llaman “mínimos”, son “el poco” de nuestra vida, pero estamos llamados a administrarlos con fidelidad y atención, porque son medios para entrar en comunión con los hermanos y por tanto con el Padre. Jesús ofrece una enseñanza fundamental: hay un sólo y único fin en nuestra vida y es Dios, el Señor. Buscar y servir otra cualquier realidad significa convertirse en esclavos, atarse a engaños y morir ya desde ahora.

5. Una clave de lectura

¿Quién es el administrador del Señor?: “administrador”, viene a ser la palabra clave del pasaje y del mensaje que el Señor quiere dejarme. Trato ahora de buscar en las Escrituras algunas huellas, o una luz que me ayude a entender mejor y a verificar mi vida, mi administración que el Señor me ha confiado.

El Nuevo Testamento, me introduce de pronto en una dimensión de la administración, elevada, porque mira a las cosas del espíritu, del alma, cosas que no terminan, que no se cambian con el mudar de los tiempos y de las personas. San Pablo dice: “Cada uno se considere como ministro de Cristo y administrador de los misterios de Dios. Ahora bien, lo que se requiere en los administradores es que cada uno resulte fiel” (1 Cor 4, 1s) y Pedro: “Cada uno viva según la gracia recibida, poniéndola al servicio de los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pt 4,10). Por tanto comprendo que yo soy un administrador de los misterios y de la gracia de Dios, a través del instrumento pobre que es mi misma vida; en ella yo estoy llamado a ser fiel. Esta es la única verdadera administración que se me confía en este mundo, para el mundo futuro.

Qué es la sagacidad del administrador del Señor?: El pasaje dice que el dueño alaba a su mayordomo injusto, porque había obrado con “sagacidad” y repite el término, “sagaz”, varias veces. Quizás una traducción más correcta podría ser “sabio” o “prudente”. Es una sabiduría que nace de un pensar atento, profundo, de la reflexión, del estudio y de la aplicación de la mente, de los afectos a algo que interesa grandemente, o sea, del hombre que fundamenta su existencia sobre la Palabra del Señor. Por tanto, este administrador es sabio y prudente, no porque se tome a broma a los otros, sino porque ha sabido regular su vida y transformarla sobre la medida y la forma de vida de su Señor: ha puesto todo el empeño de su ser, mente, corazón, voluntad y deseo de imitar a aquel a quien servía.

La infidelidad (deshonestidad) y la injusticia. Al administrador se le llama injusto. La deshonestidad es una característica que puede atacar al ser, en las grandes cosas, en lo mucho, pero también en las pequeñas, en lo poco. El texto griego no usa propiamente el término “injusto”, sino que dice “administrador de la injusticia”, “riqueza de la injusticia” e “injusto en lo mínimo”, “injusto en lo mucho”. La injusticia es una mala distribución, no igual, no equilibrada, en ella falta la armonía, falta un centro que atraiga hacia sí toda la energía, todo cuidado o intento; crea fracturas, heridas, dolor sobre dolor, acumulación por una parte y carencia por otra. Todos nosotros nos hemos topado en cierto modo con la realidad de la injusticia, porque es algo que pertenece a este mundo. Y nos hemos visto arrastrado por una y otra parte, perdemos la armonía, el equilibrio, la belleza. La palabra del Evangelio condena esta desarmonía tan fuerte que es el acumular, el mirar sólo para sí, el aumentar cada vez más, el tener y nos muestra el camino de curación que es el don, el compartir, el dar con corazón abierto, con misericordia. Como hace el Padre con nosotros, sin cansarse, sin desfallecer.

4. Algunas preguntas

a) Como todo cristiano, también yo soy “un administrador” del Señor. El Hombre rico de nuestra existencia, el Único que posee bienes y riquezas. ¿Qué es lo que rige mi pensamiento y por consiguiente, mis elecciones, mis acciones de cada día y mis relaciones?

b) La vida, los bienes, los dones que mi Padre me ha dado, estas infinitas riquezas, que valen más que nada en el mundo: ¿las estoy malgastando, tirando como perlas a los puercos?

c) El administrador infiel, pero sabio, sagaz, de improviso cambia de vida, cambia las relaciones, medidas, pensamientos. Hoy es un nuevo día, es el principio de una nueva vida, dirigida por la lógica del perdón, de la distribución: ¿sé que la verdadera sabiduría está escondida en la misericordia?

d) “O amará al uno, o amará al otro...” ¿De quién quiero ser siervo? ¿En casa de quién quiero vivir? ¿Junto a quién quiero vivir mi vida?

6. Un momento de oración. Salmo 69

Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
¡Oigan esto, pueblos todos, escuchen, habitantes del mundo, lo mismo plebeyos que notables, ricos y pobres a la vez! Mi boca va a hablar sabiduría, mi corazón meditará cordura; prestaré oído al proverbio, expondré mi enigma con la cítara.
¿Por qué he de temer los malos tiempos, cuando me cercan maliciosos los que me hostigan, los que ponen su confianza en su fortuna y se glorían de su enorme riqueza? No puede un hombre redimirse ni pagar a Dios por su rescate, es muy caro el precio de su vida, y nunca tendrá suficiente para vivir eternamente sin tener que ver la fosa.
Puede ver sin duda, morir a los sabios, lo mismo que perecen necios y estúpidos, y acabar dejando a otros sus riquezas. Sus tumbas son sus casas eternas, sus moradas de edad en edad, ¡y habían dado su nombre a países! El hombre opulento no entiende, a las bestias mudas se parece. Así andan ellos, seguros de sí mismos, y llegan al final, contentos de su suerte.
No temas si alguien se enriquece, cuando crece el boato de su casa. Que, al morir, nada ha de llevarse, no bajará su boato con él. Aunque en vida se daba parabienes ¡te alaban cuando todo te va bien!, irá a unirse a sus antepasados, que no volverán a ver la luz.
“Dios quiere un amor gratuito, o sea un amor puro.... Dios llena los corazones, no los cofres. ¿Para qué te sirven las riquezas si tu corazón está vacío?” (S. Agustín)

7. Oración final

Señor, gracias por este tiempo pasado contigo, escuchando tu voz que me hablaba con amor y misericordia infinita; siento que mi vida está sana, sólo cuando permanezco contigo, en ti, cuando me dejo recoger por ti. Tú has cogido entre tus manos mi avaricia, que me vuelve seco y árido, que me encierra y me deja triste y solo; has escuchado mi avidez insaciable, que me llena de vacío y de dolor; has aceptado y tomado sobre ti mi ambigüedad e infidelidad, mi cojear, cansado e indeciso...Señor, ¡soy feliz cuando me abro a ti y te muestro todas mis heridas! Gracias por el bálsamo de tus palabras y de tus silencios. Gracias por el soplo de tu Espíritu, que envía fuera el hálito del mal, del enemigo. Señor, yo he robado, lo sé, me he quedado con lo que no era mío, lo he escondido, lo he malgastado, desde hoy quiero empezar a restituir, quiero vivir mi vida como un don siempre multiplicado y compartido con los demás. Mi vida es poca cosa, pero en tus manos se convertirá en barriles de aceite, medidas de grano, consolación y alimento para mis hermanos y mis hermanas. Señor, no tengo más palabras delante de tu amor tan grande y desbordante, pero hago sólo una cosa: abro las puertas de mi corazón, y con una sonrisa, acogeré a todos aquellos que tú me envíes. (Act 28,30).
.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 



26º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C


El rico avaro y el pobre Lázaro (Lucas 16,19-31)

1. Oración inicial


Espíritu Santo en ti descubrimos una realidad sorprendente: Dios no quiere ni el sufrimiento ni la aflicción humana; Él no causa en nosotros ni miedo ni angustia, Dios sólo puede amarnos.¡Espíritu Santo, ven, acompáñanos!, para que nos ayude a leer la Biblia. Con la luz de la Palabra, ayúdanos a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos difíciles de nuestra vida. Así, la cruz, aparezca para nosotros como fuente de vida. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, y de paz. Te lo pedimos a Ti, santo Espíritu que engendraste con tu poder a Jesús, Hijo de María, que nos ha revelado al Padre. Amén.

2. Lectura

a) Texto:

«Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico...pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y los ángeles le llevaron al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue sepultado. «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: `Padre Abrahán, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.' Pero Abrahán le dijo: `Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y ustedes se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a ustedes, no puedan hacerlo; ni de ahí puedan pasar hacia nosotros.' «Replicó: `Pues entonces, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también ellos a este lugar de tormento.' Abrahán le dijo: `Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.' Él dijo: `No, padre Abrahán, que si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán.' Le contestó: `Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán aunque un muerto resucite.'»

b) Clave de lectura:

En este domingo, la liturgia nos pone delante la parábola del pobre Lázaro, sentado delante de la puerta del rico. Esta parábola es un fiel espejo, en el que se refleja no sólo la situación de la sociedad del tiempo de Jesús, sino también nuestra sociedad del siglo XXI. La parábola es una denuncia fuerte y radical de esta situación, porque indica claramente que Dios piensa al contrario de nosotros. En la parábola aparece tres personas: el pobre, el rico y el padre Abrahán. El pobre tiene un nombre, pero no habla. Apenas existe. Sus únicos amigos son los perros que lamen sus heridas. El rico no tiene nombre, pero habla siempre e insiste. Quiere tener razón, pero no lo consigue. El padre Abrahán es padre de los dos. Durante la lectura trata de poner mucha atención a la conversación del rico con el padre Abrahán, a los argumentos del rico y a los argumentos del padre Abraham.

3. Un momento de silencio orante

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Para profundizar más en el tema

a) Contexto:

En el evangelio de Lucas, desde el capítulo 9, estamos acompañando a Jesús en su viaje a Jerusalén. Aquí, en los capítulos 15 y 16 alcanzamos, por así decir, el culmen, el centro del viaje, de donde es posible analizar el camino recorrido y el camino que queda por recorrer, O sea, aquí, sobre la cima de la colina, o en el centro del Evangelio, percibimos con mayor claridad los dos temas principales que atraviesan el evangelio de Lucas, de punta a punta. En el capítulo 15, la parábola del padre con sus dos hijos revela la ternura y la misericordia de Dios que acoge a todos. Ahora en el capítulo 16 nos presenta la parábola del pobre Lázaro para revelar el comportamiento que debemos tener ante el problema de la pobreza y de la injusticia social.

Cada vez que Jesús tiene una cosa importante que comunicar, cuenta una parábola, crea una historia que refleja la realidad de la gente. Así, mediante la reflexión de la realidad visible, lleva a aquéllos que lo escuchan a descubrir las llamadas invisibles de Dios, presente en la vida. Una parábola está hecha para reflexionar y para pensar. Por esto, es importante prestar atención hasta a los más mínimos detalles. En la parábola que estamos meditando, aparecen tres personas. Lázaro, el pobre, el único que no habla. El rico sin nombre, que habla a cada instante. El padre Abrahán que en la parábola representa el pensamiento de Dios. El rico sin nombre representa la ideología dominante del gobierno de la época. Lázaro representa el grito de los pobres en tiempos de Jesús, del tiempo de Lucas y de todos los tiempos.

b) Comentario del texto:

La situación del rico y del pobre. Aquí aparecen los dos extremos de la sociedad. De un lado, la riqueza agresiva. Del otro, el pobre sin recursos, sin derechos, cubierto de úlceras, impuro, sin nadie que lo acoja, ni siquiera los perros que lamen sus llagas. Lo que separa a los dos es solamente una puerta: la puerta cerrada de la casa del rico. Por su parte no hay acogida, ni piedad para el problema del pobre que se encuentra delante de su puerta. Pero en la parábola el pobre tiene un nombre, mientras el rico no lo tiene. El pobre se llama Lázaro, que significa Dios ayuda. A través del pobre Dios ayuda al rico y el rico podrá tener su nombre escrito en el libro de la vida. Pero el rico no acepta tener que ser ayudado del pobre, porque continúa teniendo la puerta cerrada. Este comienzo de la parábola que describe la situación, es un espejo fiel de cuanto sucedía en tiempos de Jesús. ¡Pero también es un espejo de lo que acontece hoy!

“Un día el pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue sepultado”. En la parábola el pobre muere antes que el rico. Esto es una advertencia para los ricos. Mientras que el pobre se encuentre delante de la puerta, vivo, es posible aún que el rico se salve. Pero después que el pobre muera, muere también el único instrumento de salvación para el rico. Hoy los pobres mueren a millones, victimas de la geopolítica de los países ricos. El pobre muere y es llevado por los ángeles al seno de Abrahán. El seno de Abrahán es la fuente de la vida, de donde nace el pueblo de Dios. Lázaro, el pobre, pertenece al pueblo de Dios, forma parte del pueblo de Abrahán del cual está excluido. puesto que estaba en la puerta del rico. El rico que piensa ser hijo de Abrahán, también él muere y es sepultado. Pero no va al seno de Abrahán, ¡porque no es hijo de Abrahán!

La primera conversación entre el rico sin nombre y el padre Abrahán. La parábola es como una ventana que Jesús abre para nosotros sobre el otro lado de la vida, el lado de Dios. No se trata del cielo. Se trata del verdadero lado de la vida descubierto sólo por la fe y que el rico sin fe no percibe. La ideología dominante se lo impide. Y es solamente a la luz de la muerte, cuando la ideología se desintegra en la cabeza del rico y cuando despunta para él el verdadero valor de la vida. Por la parte de Dios, sin la ideología y la propaganda engañosa del gobierno, las suertes serán cambiadas. El rico sufre, el pobre es feliz. El rico, al ver a Lázaro en el seno de Abrahán pide que Lázaro le lleve un refrigerio a sus sufrimientos. A la luz de la muerte, el rico descubre que Lázaro es su único benefactor posible. ¡Pero ahora es ya demasiado tarde! El rico sin nombre es un judío (cristiano) “devoto”, conoce a Abrahán y lo llama Padre. Abrahán responde y lo llama hijo. Esto significa que en realidad esta parábola de Jesús va dirigida a los ricos vivos. En cuanto vivos, tienen todavía la posibilidad de convertirse en hijos de Abrahán, si abren la puerta a Lázaro, al pobre, al único que en nombre de Dios puede ayudarles. Para el rico, recluido en sus sufrimientos, la salvación consistía en una gota de agua que Lázaro podía darle. En realidad, para el rico, la salvación no consiste en que Lázaro le lleve una gota de agua para refrescarle la lengua, sino en que él mismo, el rico, abra la puerta cerrada de su casa y entre en contacto directo con el pobre. Sólo así es posible superar el gran abismo que los separa. En la respuesta de Abrahán al rico aparece la verdad de las cuatro maldiciones: «Pero ¡ay de ustedes, los ricos!, porque han recibido su consuelo. ¡Ay de ustedes, los que ahora están hartos!, porque tendrán hambre. ¡Ay de los que rien ahora!, porque tendrán aflicción y llanto. ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de ustedes!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas. El rico insiste: “Padre, te lo suplico: manda a Lázaro a casa de mi padre. Tengo cinco hermanos”. El rico no quiere que sus hermanos padezcan el mismo tormento. “¡Manda a Lázaro!”. Lázaro, el pobre, es el único verdadero intermediario entre Dios y los ricos. Pero el rico, no se ha preocupado del pobre Lázaro. Se ha preocupado de sí mismo y de sus hermanos. ¡Los pobres no le han preocupado jamás en su vida!. La respuesta de Abrahán es clara: “Ellos tienen a Moisés y a los Profetas; ¡que lo escuchen!” ¡Tienen la Biblia! El rico tenía la Biblia. La conocía hasta de memoria. Pero no se daba cuenta que la Biblia tuviese algo que ver con los pobres a su puerta. ¡La clave con la que el rico puede entender la Biblia es el pobre sentado a su puerta!

El rico continúa insistiendo: “¡No, padre, pero si alguno de los muertos va a ellos, se convertirán!” El rico reconoce que se ha equivocado, porque habla de convertirse, cosa en la que jamás ha pensado en su vida. ¡Él quiere un milagro, una resurrección! Pero este tipo de resurrección no existe. La única resurrección es la de Jesucristo. Jesús resucitado viene a nosotros en la persona del pobre, del que no tiene derechos, del que no tiene tierra, del que no tiene qué comer, de quien no tiene techo, del que no tiene salud. En su respuesta final, Abrahán es breve y decidido: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco se convencerán si un muerto resucita”. ¡Y termina así la conversación! La clave para entender el sentido de la Biblia y de la salvación es el pobre Lázaro, sentado delante de la puerta del rico.

5. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 



27º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

¡Señor, aumenta nuestra fe! (Lucas 17, 5-10)

1.- Oración inicial

“Señor, ¿a quién iremos, Si tu voz no nos habla? Nos hablas en las voces, en los goces pequeños Y en las angustias largas. Señor, ¿a quién iremos, Si tú eres la Palabra? En los silencios íntimos donde se siente el alma. Tu clara voz creadora despierta la nostalgia. ¿A donde, Verbo, si tú eres la Palabra?” (De la Liturgia de las Horas)

2. -Lectura

a) El texto:

“Dijeron los apóstoles al Señor: «Auméntanos la fe.» El Señor dijo: «Si tuvieran una fe como un grano de mostaza, habrían dicho a este sicómoro: `Arráncate y plántate en el mar', y los habría obedecido.» «¿Quién de ustedes que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?' ¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?' ¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? De igual modo ustedes, cuando hayan hecho todo lo que les mandaron, digan: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.»

b) Un momento de silencio orante

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

3.- Comentario del texto:

Los apóstoles piden a Jesús que les aumente su fe. Los discípulos se dan cuenta de que no es fácil comportarse como Jesús pide de ellos: la atención hacia los pequeños y la reconciliación con los hermanos y hermanas más débiles de la comunidad. ¡Y esto con mucha fe! No solamente fe en Dios, sino también en las posibilidades de recuperar al hermano o hermana. Por esto, van a Jesús y le piden: “Aumenta nuestra fe”

Vivir con una fe grande como un grano de mostaza. Jesús responde: “Si tuvieran una fe tanto como un grano de mostaza, habrían dicho a este sicómoro: «¡Arráncate y plántate en el mar!». Esta afirmación de Jesús suscita dos preguntas: (1). ¿Será que Jesús quiere insinuar que los apóstoles no tienen la fe tan grande como un grano de mostaza? La comparación usada por Jesús es fuerte e insinuante. Un grano de mostaza es muy pequeño, tanto como la pequeñez de los discípulos. Pero por medio de la fe, pueden llegar a ser fuertes, más fuerte que la montaña o el mar. Si Jesús hablase hoy diría: “Si tuvieran la fe grande como un átomo, podrían hacer explotar esta montaña”. O sea, a pesar de las dificultades que comporta, la reconciliación entre los hermanos es posible, porque la fe consigue realizar lo que parecía imposible. Sin el eje central de la fe, la relación rota no se recompone y la comunidad que Jesús desea no se realiza. Nuestra fe debe llevarnos al punto de ser capaces de arrancar de dentro de nosotros la montaña de prejuicios y lanzarlos al mar. (2) ¿Será que Jesús con esta afirmación, se ha querido referir a la fe en Dios o a la fe en las posibilidades de recuperación de los hermanos y hermanas más débiles? Prevalentemente las referencias son para ambos a la vez. Pues así como el amor de Dios se concretiza en el amor al prójimo, así también la fe en Dios se concretiza en la fe en los hermanos, en la reconciliación, en el perdón.

Jesús dice cómo debemos cumplir los deberes para con la comunidad. Para enseñar que en la vida de la comunidad todos deben ser abnegados y desprendidos de sí mismos, Jesús se sirve del ejemplo del esclavo. En aquel tiempo un esclavo no podía merecer nada. El patrón, duro y exigente, le pedía sólo el servicio. No era costumbre dar las gracias. Delante de Dios somos como el esclavo delante de su señor. Parece extraño que Jesús se sirva de este ejemplo duro, extraído de la vida social injusta de la época, para describir nuestra relación con la comunidad. Esto sucede en otra ocasión, cuando compara la vida del Reino a la de un ladrón. Lo que importa es el término de la comparación: Dios viene como un ladrón, sin avisar primero, cuando menos lo esperamos; como un esclavo delante de su señor, tampoco podemos nosotros ni debemos tener méritos ante los hermanos y hermanas de la comunidad.
Aplicación de la comparación del siervo inútil. Jesús lleva este ejemplo a la vida de la comunidad: como un esclavo delante de su dueño, así debe ser nuestro comportamiento en la comunidad; no debemos hacer las cosas para merecer el apoyo, la aprobación, la promoción o el elogio, sino simplemente para demostrar que pertenecemos a Dios. “De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: «No somos más que unos siervos inútiles: Hemos hecho lo que teníamos que hacer»”. Delante de Dios no merecemos nada. Todo lo que hemos recibido no lo merecemos. Vivimos gracias al amor gratuito de Dios.

4.- Algunas preguntas

Para ayudarnos en la meditación y en la oración.

¿Fe en quién? ¿En Dios? ¿En los otros? ¿En nosotros mismos? Fe como un grano de mostaza?

¿Hago de la propia vida un servicio sin esperar recompensa?

¿Hay alguna dificultad en mi casa o en mi comunidad frente a la cual ya he perdido la fe en un posible cambio?

¿Qué responsabilidades tengo en mi comunidad? ¿Con qué motivación desempeño las tareas que me competen? ¿Le he hecho reclamos a Dios por lo que creo merecerme?
¿con qué actitud, con qué términos debo dirigirme a Dios? ¿Qué espero de él?

 

5.- Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo ue Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 



28º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Los diez leprosos - Lucas 17, 11-19

Oración inicial

Señor, mientras sigues caminando y atravesando nuestras tierras, hoy te has detenido y has entrado en mi aldea, en mi casa, en mi vida. No has tenido miedo, no has desdeñado la profunda enfermedad de mi pecado, más aún, Tu me has amado. Me detengo a distancia, o Maestro, junto con mis hermanos y hermanas, que andan conmigo por este mundo. Levanto mi voz y te llamo; te muestro la herida de mi alma. Te ruego, sáname con el ungüento de tu Palabra, nada más puede sanarme, solamente Tú que eres el Amor…

1. Leo la Palabra

a) Texto

“De camino a Jerusalén, pasó por los confines entre Samaria y Galilea. Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, les dijo: «Vayan y preséntense a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»

b) La estructura

Jesús camina y atraviesa Samaria y Galilea; se acerca lentamente a Jerusalén, visita todo, no deja nada sin visitar, no deja nada no tocado por su mirada de amor y de misericordia. Jesús entra en una aldea, que no tiene nombre, porque es el lugar, es la vida de todos y aquí encuentra a diez leprosos, hombres enfermos, ya tocados por la muerte, excluidos y lejanos, marginados y despreciados. Inmediatamente acoge su oración, que es un clamor que brota del corazón y los invita a que entren en Jerusalén, a que no se queden lejos, sino a que alcancen el corazón de la Ciudad santa, el templo, a los sacerdotes. Los invita a que vuelvan a la casa del Padre. En el momento mismo en que empieza el santo viaje hacia Jerusalén, los diez leprosos son sanados, se convierten en hombres nuevos. Pero uno solamente vuelve atrás para dar gracias a Jesús: parece casi verlo correr y saltar con gozo. Alaba a Dios a gran voz, se postra en adoración. Jesús constata que de los diez solamente uno ha vuelto, un samaritano, uno que no pertenecía al pueblo elegido: la salvación es para todos, también para los lejanos, los extranjeros. Nadie es excluido del amor del Padre, que salva gracias a la fe.

2. Medito la Palabra

a) Entro en el silencio

La invitación está ya clara en mi corazón: el Amor del Padre me espera, como aquel único samaritano que ha vuelto lleno de gozo y de agradecimiento. Mi sanación está lista ya; la sala de arriba está adornada, el banquete está preparado, el cordero ha sido inmolado, el vino ha sido servido… mi lugar está listo. Vuelvo a leer con atención el pasaje deteniéndome en las palabras, en los verbos, miro los movimientos de los leprosos, los repito, los hago míos, yo también me muevo, hacia el encuentro con el Señor Jesús. Y me dejo guiar por El, escucho su voz, su mandamiento. Yo también voy hacia Jerusalén, hacia el templo, que es mi corazón y al realizar este santo viaje vuelvo a pensar en todo el amor que el Padre me tiene. Me dejo envolver por su abrazo, siento en mi alma la sanación… Y por esto, lleno de alegría, me levanto, vuelvo atrás, corro hacia la fuente de la verdadera felicidad que es el Seños. Me preparo para decirle gracias, para cantarle el cántico nuevo de mi amor para con El. ¿Cómo devolveré al Señor todo el bien que me ha hecho? …

b) Profundizo

Lucas nos dice que Jesús está continuando su viaje hacia Jerusalén y utiliza un muy hermoso e intenso verbo, aunque común y muy usado. Solamente en esta breve frase vuelve tres veces: en viajar va. Es un verbo que indica movimiento, muy fuerte, que expresa plenamente todas las dinámicas típicas del viaje; podríamos traducirlo con todos estos matices: voy, salgo, me acerco, voy detrás, recorro. Además encierra el significado de atravesamiento, de mirar, de ir más allá, superando los obstáculos. Es Jesús el gran viajero, el peregrino incansable: El es el primero que ha dejado su morada, en el seno del Padre, y ha bajado hasta nosotros, cumpliendo el éxodo eterno de nuestra salvación y liberación. El conoce todos los caminos, todos los recorridos de la experiencia humana, ningún trecho del camino le queda escondido o imposible de andar. Por esto nos puede invitar también a nosotros a andar, a movernos, a atravesar, a ponernos en una situación continua de éxodo. Para que podamos por fin volver, con El, e ir de este mundo al Padre.

Jesús pasa por, atraviesa, recorre, se mueve y nos alcanza; a veces, luego, decide entrar, deteniéndose más. Como ocurre en este relato. Lucas se detiene sobre este particular y escribe que Jesús entró en una aldea. En sentido bíblico, entrar es ingresar en lo profundo, lo cual implica compartir y participar. Una vez más nos encontramos ante un verbo muy común y muy usado; Jesús quiere hacerse próximo, amigo y amante. El no desprecia ningún ingreso, ninguna comunión. Entra continuamente en la historia del hombre y participa, come junto con él, sufre, llora y goza, compartiendo todo. Basta abrirle, como El mismo nos dice y dejarlo entrar, para que se quede.

Me pregunto qué significa verdaderamente esta enfermedad que se llama lepra. Parto del texto mismo de la Escritura que describe el status para el leproso en Israel. Dice así: “El afectado por la lepra llevará los vestidos rasgados, se cubrirá hasta el bigote e irá despeinado gritando: ¡Impuro! Impuro! Todo el tiempo que dure la llaga, quedará impuro. Es impuro y habitará solo; fuera del campamento tendrá su morada”. Así que entiendo que el leproso es una persona que ha recibido golpes y heridas: algo lo ha alcanzado con violencia, con fuerza, dejando en él una señal de dolor, una herida. Es una persona enlutada, que lleva un gran dolor dentro, como lo indican sus vestiduras rotas y la cabeza al descubierto; es uno que tiene que cubrirse la boca, porque no tiene derecho a hablar, ni siquiera a respirar en medio de los demás, es como un muerto. Es uno que no puede rendir culto a Dios, no puede entrar en el templo, ni tocar las cosas santas. Es por ello que los diez leprosos van al encuentro de Jesús, se detienen lejos de El, gritándole su dolor, su desesperación.

¡Jesús maestro!: Es estupenda esta exclamación de los leprosos, esta oración. En primer lugar todos llaman al Señor por su nombre, como se hace entre amigos. Parece que se conocen desde hace mucho, que sepan los unos del otro, que se hayan encontrado ya a nivel de corazón. Estos leprosos han sido ya admitidos al banquete de la intimidad con Jesús, a la fiesta de las nupcias de la salvación. Después de ellos, solamente el ciego de Jericó y el ladrón en la cruz repetirán esta invocación con la misma familiaridad, con el mismo amor: ¡Jesús! Solamente aquel que se reconoce enfermo, necesitado, pobre malhechor, se convierte alguien en quien Dios se complace. Luego lo llaman "maestro", con un término que significa más propiamente "aquel que está en lo alto", expresión que encontramos de nuevo en boca a Pedro, cuando en el barco, es llamado por Jesús a que le siga y él se reconoce pecador. Y aquí estamos en el corazón de la verdad, aquí se ha desvelado el misterio de la lepra, aquella enfermedad del alma: es el pecado, es la lejanía de Dios, la falta de amistad, de comunión con El. Esto hace que nuestra alma se seque, haciéndola morir poco a poco.

Volvió atrás. No es un simple movimiento físico, un cambio de dirección y de sentido, sino que más bien es un verdadero y profundo vuelco interior. Es cambiar una cosa por otra; es volver a casa, tras haberse alejado, como ha hecho el hijo pródigo, perdido en el pecado. Así hace este leproso: cambia su enfermedad en bendición, su extrañeza y lejanía de Dios en amistad, en relación de intimidad, como ocurre entre un padre y un hijo. Cambia, porque se deja cambiar por Jesús, se deja alcanzar por su amor.

Vuelve para agradecerle. Estupendo este verbo, en todos los idiomas, pero en particular en griego, porque encierra el significado de eucaristía. Sí, es así: el leproso "¡hace eucaristía!" Se sienta a la mesa de la misericordia, allí donde Jesús se ha dejado herir y llagar antes que él, allí donde se ha convertido en el excluido, en el maldito, en aquel echado fuera del campamento, para acoger a todos nosotros en su corazón. Recibe el pan y el vino del amor gratuito, de la salvación, del perdón, de la vida nueva; y por fin puede entrar de nuevo en el templo y participar en la liturgia, en el culto. Por fin puede rezar, acercándose a Dios con total confianza. Ya no tiene las vestiduras rotas, sino que lleva el traje de fiesta, la túnica nupcial; lleva sandalias y al anillo al dedo. Ya no tiene que cubrirse la boca, sino que puede cantar y alabar a Dios, puede sonreír abiertamente; puede acercarse a Jesús y besarle, como un amigo hace con el amigo. La fiesta es completa, el gozo es desbordante.

!Levántate y anda!. Es la invitación de Jesús, del Señor. ¡Levántate, es decir "¡Resucita!". Es la vida nueva después de la muerte, el día tras la noche. Su lepra había desaparecido.
Tu fe te ha salvado. Releo esta expresión de Jesús, la escucho en sus diálogos con las personas que encuentra, con la pecadora, con la hemorroisa, con el ciego…Entonces rezo, junto con los apóstoles y yo también digo: “¡Señor, aumenta mi fe!”; “Ayúdame en mi falta de fe!” .

3. Rezo la Palabra

a) La confrontación con la vida

Señor, he recogido la buena miel de tus palabras de la Escritura; tú me has dado luz, me has alimentado el corazón, me has indicado la verdad. Sé que en el número de aquellos leprosos, de aquellos enfermos, estoy yo también y sé que tú me estás esperando, para que yo vuelva, lleno de gozo, a hacer Eucaristía con te, en tu amor misericordioso. Te pido todavía la luz de tu Espíritu para poder ver con claridad, para dejarme conocer y cambiar por ti. Heme aquí, abro mi corazón, mi vida, ante ti… mírame, interrógame, sáname.

b) Unas preguntas

* Si en este momento, Jesús pasara por mi vida y se detuviera para entrar en mi aldea, ¿estaría dispuesto a acogerle? ¿Le dejaría entrar con alegría? ¿Lo invitaría, insistiría, al igual que los discípulos de Emaús? Hele aquí: está a la puerta y llama… ¿Me levantaré para abrir a mi Amado?.

Y ¿cómo es mi relación con El? ¿Procuro llamarle por su nombre, como han hecho los leprosos, aunque de lejos, pero con toda la fuerza de su fe? ¿Nace, la invocación del nombre de Jesús sobre mis labios? Cuando me encuentro en el peligro, en el dolor, en el llanto, ¿cuáles son las exclamaciones que me salen espontáneas? ¿No podría procurar estar más atento a este aspecto, que parece secundario, que no cuenta mucho, pero que revela una realidad más fuerte y profunda? ¿Por qué no empiezo a repetir el nombre de Jesús en mi corazón, luego quizás sobre mis labios, como una oración o como un canto? Podría hacerme compañía mientras voy al trabajo, mientras ando, mientras hago esto o aquello…

¿Tengo el valor de poner al descubierto mi mal, mi pecado, que son mi verdadera enfermedad? Jesús invita a los diez leprosos a que vayan donde los sacerdotes, según la ley hebraica, pero para mí también hoy es importante, indispensable, dar este paso, arrojar luz sobre aquello que me hace daño internamente y que me impide ser sereno, feliz, estar en paz. Si no es ante el sacerdote, por lo menos es necesario que me ponga ante el Señor, cara a cara con El, sin máscaras, sin escondites, y que le diga toda la verdad sobre mí. Solamente así será posible ser verdaderamente curado.

La salvación del Señor es para todos; El ama a todos con un amor infinito. Pero son pocos aquellos que se abren a acoger su presencia en la propia vida. Uno de diez. Yo ¿al lado de quién estoy? ¿Logro reconocer todo el bien que el Señor ha hecho a mi vida? O '¿sigo quejándome, esperando siempre algo más, recriminando, protestando, amenazando? ¿Sé decir realmente gracias con sinceridad, con gratitud, convencido/a de que he recibido todo, que el Señor me da siempre el céntuplo? Sería realmente estupendo tomarme un poco de tiempo para agradecer todos los beneficios que El ha derramado en mi vida, desde que tengo memoria hasta ahora. Pienso que no podría terminar, porque pensaría siempre en algo más. Así que no me queda más remedio que hacer como el leproso, el único de entre los diez: volver atrás, correr hasta el Señor y echarme a sus pies, alabando a Dios a gran voz. Puedo hacerlo cantando un canto, o solamente repitiendo mi agradecimiento, o quizás llorando de alegría.

Y ahora escucho la invitación de Jesús: “Levántate y anda”. Después de esta experiencia no puedo quedarme parado/a, encerrarme en mi mundo, en mi tranquila beatitud y olvidarme de todos. Tengo que levantarme, salir fuera, ponerme en camino. Si el Señor me ha beneficiado, es para que yo lleve su amor a mis hermanos y hermanas. El gozo del encuentro con El y de la curación del alma no será verdadera si no la compartimos y si no la ponemos al servicio de los demás. Me basta un momento, para pensar en tantos amigos/as, personas más o menos cercanas que necesitan un poco de gozo y de esperanza. Y entonces, ¿por qué no me muevo de inmediato? Puedo llamar por teléfono, puedo enviar un mensaje, escribir aunque fuera una tarjeta, o puedo ir a ver a alguien, hacerle compañía un rato, y encontrar el valor de anunciar la belleza y el gozo de tener a Jesús como amigo, como médico, como salvador. Este es el momento.

c) Rezo con un salmo:

Hacia ti, grité, Señor y tú me sanaste.
Dichoso el hombre a quien Yahvé no le imputa delito, y no hay fraude en su interior. Guardaba silencio y se consumía mi cuerpo, cansado de gemir todo el día, Reconocí mi pecado y no te oculté mi culpa; me dije: «Confesaré a Yahvé mis rebeldías». Y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado.
Por eso, quien te ama te suplica llegada la hora de la angustia. Y aunque aguas caudalosas se desborden jamás le alcanzarán. Tú eres mi cobijo, me guardas de la angustia, me rodeas para salvarme.
«Voy a instruirte, a mostrarte el camino a seguir; sin quitarte los ojos de encima, seré tu consejero». ¡Alégrense en Yahvé, justos, exulten, griten de gozo los de recto corazón!

4. Contemplo y alabo

Señor, desde la soledad y el aislamiento he venido hacia ti, con todo el peso de mi pecado, de mi enfermedad. He gritado, he confesado, he pedido tu misericordia, a ti que eres el amor. Tú me has escuchado antes de que pudiera yo terminar mi pobre oración; aunque de lejos tú me has conocido y me has acogido. Tú sabes todo de mí, pero no te escandalizas, no desprecias, no alejas. Me has dicho que no tenía que temer, que no me escondiera. Lo único necesario ha sido confiar en ti, abrir una hendidura en el corazón y tu salvación me ha alcanzado, he sentido ya el bálsamo de tu presencia. He comprendido que tú me has sanado. Entonces, Señor, no he podido hacer otra cosa que volverme hacia ti, para decirte por lo menos gracias, para llorar de gozo. Pensaba que no tenía a nadie, que de ésta no iba a salir, que no aguantaría. Y, sin embargo, tú me has salvado, me has dado otra vez la posibilidad de empezar. Señor, gracias a ti ¡he dejado de ser un leproso! He echado mis vestiduras rotas y me he puesto el traje de fiesta. He roto el aislamiento de la vergüenza, de la dureza y he empezado a salir de mí, dejándome a las espaldas mi cárcel. Me he levantado, he resucitado. Hoy, contigo, he empezado de nuevo a vivir.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 



29º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Una verdadera oración: el ejemplo de la viuda (Lucas 18, 1-8)

1. Oración inicial

“Señor, en el evangelio de hoy nos presentas a una viuda que clama con insistencia, como modelo de oración.
Pero también sabemos que eres tú quien ahora toca continuamente a la puerta de nuestro corazón con tu santa Palabra. Que tu Espíritu Santo quebrante cualquier resistencia interior y nos disponga para abrirnos a tu don. Amén”.

2. Lectura

El texto:

“Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer: «Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella misma ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: `¡Hazme justicia contra mi adversario!' Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: `Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que deje de una vez de importunarme.'» Dijo, pues, el Señor: «Oigan lo que dice el juez injusto; pues, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche? ¿Les hará esperar? Les digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?»

3. Un momento de silencio orante

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Una clave de lectura

Para profundizar mayormente en el tema

a) Comentando el texto

Lucas comienza una parábola con la frase siguiente: “Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer”. La recomendación “orar sin desfallecer” aparece muchas veces en el Nuevo Testamento. Era una de las características de la espiritualidad de las primeras comunidades cristianas. Y también uno de los puntos en los que Lucas insiste mayormente, tanto en el Evangelio como en las Actas. Si les interesa descubrir esta dimensión en los escritos de Lucas, hagan un ejercicio: lean el Evangelio y las Actas y anoten los versículos en los que Jesús u otras personas están orando. ¡Se sorprenderán!

Jesús nos muestra dos personajes de la vida real: un juez sin consideración a Dios ni al prójimo, y una viuda que no desiste en luchar por sus derechos ante el juez. El simple hecho de que Jesús nos muestre estos dos personajes revela que conoce la sociedad de su tiempo. La parábola no sólo presenta a la pobre gente que lucha ante los tribunales para ver reconocido sus derechos, sino deja también entrever el contraste violento entre los grupos sociales. Por un lado, un juez insensible, sin religión. Por otro, la viuda que sabe a qué puerta llamar para obtener lo que le es debido.

Por mucho tiempo, pidiendo la misma cosa cada día, la viuda no obtiene nada del juez inicuo. Finalmente el juez, a pesar de que “no temía a Dios ni respetaba a ninguno”, decide atender a la viuda y hacerle justicia. El motivo es: liberarse de las continuas molestias. Motivo para su interés. ¡ Pero la viuda obtiene lo que quería! Es esto un hecho de la vida de cada día, del que Jesús se sirve para enseñarnos a orar.

Una aplicación de la parábola. Jesús aplica la parábola: “Oigan lo que dice el juez injusto; pues ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche? ¿Les hará esperar?” Y añade que Dios hará justicia en breve. Si no fuese Jesús el que nos habla, no tendríamos el valor de comparar a Dios con un juez en la forma de comportarse moralmente. Lo que importa en la comparación es la conducta de la viuda que gracia a su insistencia, obtiene lo que quiere.

Palabras sobre la fe. Al final, Jesús expresa una duda: “ Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” ¿Tendremos el valor de esperar, de tener paciencia, aunque Dios tarde en respondernos? Es necesario tener mucha fe para continuar resistiendo y para obrar, a pesar de que no se vean los resultados. Quien espera resultados inmediatos, se dejará vencer por el desaliento. En otros diversos puntos de los salmos se habla de esta resistencia dura y difícil delante de Dios, hasta que Él responda. Citando el salmo 80, San Pedro dice, que para Dios un día es como mil años (2 Pe 3,8; Sal 90,4).

b) Profundizando: La oración en los escritos de Lucas

Los evangelios nos presentan una imagen de Jesús que ora, que vive en contacto permanente con el Padre. La aspiración de vida de Jesús es hacer la voluntad del Padre. Lucas es el evangelista que nos dice más cosas sobre la vida de oración de Jesús. Nos presenta a Jesús en constante oración. Jesús oraba mucho e insistía, para que la gente y sus discípulos hiciesen lo mismo. Y es en el confrontarse con Dios donde aparece la verdad y la persona se encuentra consigo misma en toda su realidad y humildad. He aquí algunos momentos en el Evangelio de Lucas en los que aparece Jesús orando:

Lc 4,1-2: Cuando empieza su misión, pasa cuarenta días en el desierto. Lc, 4,16: Es costumbre de Jesús participar en las celebraciones, en las sinagogas, el sábado. Lc 5,16; 9,18: Busca la soledad del desierto, para orar. Lc 6,12: La tarde antes de escoger a los Apóstoles, pasa la noche orando. Lc 9,16; 24,30: Reza antes de las comidas. Lc 9,18: Antes de hablar de la realidad de su pasión, ora. Lc 9,28: Se transfigura cuando ora. Lc 10,21: Cuando el Evangelio es revelado a los pequeños, dice: “Te doy gracias, Padre...”. Lc 11,1: Orando, despierta en los discípulos deseos de orar. Lc 22,32: Ora por Pedro, para aumentar su fe. Lc 22, 7-14: Celebra la Cena Pascual con sus discípulos. Lc 22, 41- 42: En el Huerto de los Olivos ora, sudando sangre. Lc 22, 40.46: En la angustia de la agonía pide a sus amigos que oren con él. Lc 23, 34: En el momento de ser clavado en la cruz, pide perdón para sus verdugos. Lc 23,46: Sal 31,6: En la hora de la muerte dice: “En tus manos encomiendo mi espíritu”. Lc 23,46: Jesús muere teniendo en los labios el grito del pobre.

Este elenco de citas indica que, para Jesús, la oración estaba íntimamente unida a su vida, a los hechos concretos, a las decisiones que debía tomar. Para ser fiel al proyecto del Padre, trataba de permanecer a solas con Él. De escucharlo. En los momentos difíciles y decisivos de su vida, Jesús rezaba los Salmos. Como cualquier otro judío piadoso, los conocía de memoria. La recitación de los salmos no apagó en Él el espíritu creativo. Al contrario, Jesús inventa él mismo un salmo: Es el Padre Nuestro. Su vida fue una plegaria perenne: “En cada momento hago lo que el Padre pide que haga”.

Las Comunidades orantes en las Actas de los Apóstoles. Como sucede en el Evangelio, también en las Actas, Lucas habla a menudo de la oración. Los primeros cristianos son los que continúan la oración de Jesús. A continuación, un elenco de textos que de un modo u otro, hablan de oración. Si observan con mucha atención, descubrirán también algunos más: Act 1,14: La comunidad persevera en oración con María, la Madre de Jesús Act 1,24: La comunidad reza para saber cómo elegir al sustituto de Judas Act 2, 25-35: Pedro cita los salmos durante la predicación Act 2,42: Los primeros cristianos son asiduos en la oración Act 2, 46-47: Frecuentan el templo para alabar a Dios Act 3,1: Pedro y Juan van al templo para la oración de la tarde. Act 3,8: El tullido curado alaba a Dios Act 4,23-31: La comunidad ora en la persecución Act 5,12: Los primeros cristianos permanecen en el pórtico de Salomón (templo) Act 6,4: Los apóstoles se dedican a la oración y a la palabra Act 6,6: Rezan antes de imponer las manos sobre los diáconos Act 7,59: En la hora de la muerte, Esteban reza: “ Señor, recibe mi espíritu” Act 7,60: Y antes, Esteban reza: “Señor, no les impute este pecado” Act 8,15: Pedro y Juan rezan para que los convertidos reciban el Espíritu Santo Act 8,22: Al pecador se le dice: “ Conviértete y reza, así obtendrás el perdón” Act 8,24: Simón dice: “Oren por mí al Señor para que no me suceda nada de lo que han dicho” Act 9,11: Pablo está orando Act 9,40: Pedro reza por la curación de “Gacela” Act 10,2: Cornelio oraba a Dios constantemente Act 10,4: La oración de Cornelio sube al cielo y es escuchada Act 10,9: En la hora de sexta, Pedro se halla orando en la terraza de la casa Act 10,30-31: Cornelio ora en la hora nona y su oración es escuchada Act 11,5: Pedro informa a la gente de Jerusalén: “Él estaba en oración” Act 12,5: La comunidad reza cuando Pedro está en la cárcel Act 12,12: En casa de María, hay muchas personas recogidas en oración Act 13, 2-3: La comunidad reza y ayuna antes de enviar a Pablo y Bernabé Act 13,48: Los misioneros rezan para nombrar los coordinadores de las comunidades Act 16,13: En Filipos, junto al río, hay un lugar de oración Act 16,16: Pablo y Silas van a la oración Act 16,25: De noche, Pablo y Silas cantan y rezan en la prisión Act 18,9: Pablo tiene una visión del Señor durante la noche Act 19,18: Muchos confiesan sus pecados Act 20,7: Estaban reunidos para la fracción del pan (Eucaristía) Act 20, 32: Pablo recomienda a Dios los coordinadores de las comunidades Act 20,36: Pablo reza de rodillas por los coordinadores de las comunidades Act 21,5: Se arrodillan en la playa para rezar Act 21,14: Ante lo inevitable, la gente dice: “¡Hágase la voluntad de Dios! Act 21,20: Glorifican a Dios por cuanto ha hecho por Pablo Act 21,26: Pablo va al templo a cumplir una promesa Act 2,17-21: Pablo va al templo, tiene una visión y habla con Dios Act 23,11: En la cárcel de Jerusalén: Pablo tiene una visión de Jesús Act 27,23ss: Pablo tiene una visión de Jesús durante la tormenta en el mar Act 27,35: Pablo toma el pan, da gracias a Dios antes de llegar a Malta Act 28,8: Pablo reza por el padre de Publio enfermo por la fiebre Act 28,15: Pablo da gracias a Dios cuando ve a los hermanos en Pozzuoli Este elenco indica dos cosas muy significativas. Por una parte que los primeros cristianos conservan la liturgia tradicional del pueblo. Como Jesús, rezan en casa, en familia, en la comunidad, en la sinagoga y junto a la gente en el templo. Por otro lado, más allá de la liturgia tradicional, surge en ellos un nuevo modo de rezar con un nuevo contenido. La raíz de esta nueva oración nace de la nueva experiencia de Dios en Jesús y de la conciencia clara y profunda de la presencia de Dios en medio de la comunidad:”¡En Él vivimos, nos movemos y existimos!” (Act 17,28)


4. Algunas preguntas

Para ayudarnos en la meditación y en la oración.

Sobre la constancia o inconstancia en la oración: ¿En qué consiste el “desfallecer” en la oración? ¿Qué casos concretos conozco? ¿Soy uno de ellos?

¿Por qué Jesús relaciona la perseverancia en la oración con la fe que se mantiene viva?

¿Se siguen dando en nuestra sociedad actual casos como el del juez de la parábola? ¿Hay personas desatendidas por la justicia? ¿Cuál es la reflexión cristiana-profética al respecto?

¿Qué se entiende por “hacer justicia” en la Biblia? ¿De qué manera Jesús la hizo en su ministerio terreno? ¿Cómo la hacemos hoy los cristianos? ¿Cómo la hará el Hijo del hombre al final de la historia?

Mirando el panorama de mi familia, de mi comunidad, de mi sociedad, puedo decir que ¿Hay fe sobre la tierra? ¿Habrá que evangelizar? ¿Cómo lo voy a hacer?


5. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

^^^ AL INICIO ^^^



 

 

 

 

 

 

 





30º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

La parábola del fariseo y del publicano ¿Dónde pongo la base de mi seguridad?
( Lucas 18,9-14)

1. Oración inicial

Enséñanos a orar, Jesús, con espíritu humilde, abiertos a la obra del Padre Creador en nosotros con la fuerza generadora de vida del Espíritu Santo. Amén.

2. Lectura

a) Texto:

“A algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás les dijo esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: `¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias.' En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: `¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!' Les digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado.»

b) Clave de lectura:

El Evangelio de este domingo nos coloca delante la parábola del fariseo y del publicano, cuyo objetivo es el de ayudarnos a descubrir cómo debe ser nuestro comportamiento orante ante Dios. La parábola nos demuestra que Jesús tenía una forma diferente de ver las cosas de la vida y de la oración. Conseguía ver una revelación de Dios allí donde otros veían sólo una ruina. Ve algo positivo en el publicano, de quien todos decían: “¡No sabe rezar!”. Jesús vivía de tal modo unido al Padre por medio de la oración, que para Él todo se convertía en una expresión de oración. Hoy las personas sencillas del pueblo que dicen que no saben rezar, saben hablar con Jesús, expresando su devoción y oración.

3. Un momento de silencio orante

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Para aquéllos que quisieran profundizar más en el tema

El contexto del tiempo de Jesús y de Lucas viene expresado en las dos frases introductivas que hablan de la “necesidad de orar siempre, sin cansarse” y de “algunos que presumían de ser justos y despreciaban a otros”.

Lucas comienza esta parábola con la frase: “sobre la necesidad de orar siempre, sin cansarse”. En otros pasajes insiste del mismo modo sobre la perseverancia en la oración y sobre la necesidad de creer que Dios escucha nuestra oración y responde a nuestras peticiones. La fe en Dios que responde a nuestras peticiones es el hilo rojo que atraviesa toda la Biblia, donde, desde el Éxodo se repite incesantemente que “Dios escucha el clamor de su pueblo”.

Dice el Eclesiástico: “¡Es duro soportar la espera de Dios!”. Esta parábola del fariseo y del publicano comienza con la siguiente frase: “Dijo aun esta otra parábola por algunos que presumían de ser justos y despreciaban a los otros”.
Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano. En la opinión de la gente de aquel tiempo, un publicano no valía nada y no podía dirigirse a Dios, por ser una persona impura, en cuanto publicano, mientras el fariseo era una persona honorable y muy religiosa.

El fariseo reza en pie y da gracias a Dios por no ser como los otros. Su oración no es otra cosa que un elogio para sí mismo y de las cosas que hace. Es una exaltación de sus buenas cualidades y un desprecio para los demás, sobre todo para el publicano que se encuentra junto a él en el mismo banco. No se siente hermano.

El publicano no osa levantar la mirada, se golpea el pecho y apenas dice: “¡Dios mío, ten piedad de mí pecador!”. Se ha colocado en su puesto delante de Dios.

Si Jesús hubiese preguntado a la gente quién volvió a casa justificado, todos habrían respondido: “¡El fariseo!” Pero Jesús piensa de un modo diferente. Quien vuelve justificado (con buenas relaciones con Dios) no es el fariseo, sino el publicano. De nuevo, Jesús da a todo la vuelta al revés.

5. Algunas preguntas

Para ayudarnos en la meditación y en la oración.

¿Sigue siendo válida todavía en el contexto actual la parábola de hoy?

¿Mi forma de oración a cuál de ellos se aproxima más?

La oración auténtica hace que se salga de ella “justificado” (como el publicano). ¿Qué se quiere decir con esto? ¿Qué relación tiene con el ser “ensalzado”? ¿Qué habría que esperar de las experiencias de oración?

Hoy tenemos una buena ocasión para hablar en familia y en comunidad sobre la oración y los cambios que ella debería introducir en medio de nosotros. ¿Cómo vamos a impulsar caminos de oración que sigan el ejemplo del publicano convertido?

6. Oración de un salmo

Salmo 146(145): Un Retrato del rostro de Dios

¡Aleluya!¡Alaba, alma mía, a Yahvé! A Yahvé, mientras viva, alabaré, mientras exista tañeré para mi Dios. No pongáis la confianza en los nobles, en un ser humano, incapaz de salvar; exhala su aliento, retorna a su barro, ese mismo día se acaban sus planes. Feliz quien se apoya en el Dios de Jacob, quien tiene su esperanza en Yahvé, su Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos; que guarda por siempre su lealtad, que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. Yahvé libera a los condenados. Yahvé abre los ojos a los ciegos, Yahvé endereza a los encorvados, Yahvé protege al forastero, sostiene al huérfano y a la viuda. Yahvé ama a los honrados, y tuerce el camino del malvado. Yahvé reina para siempre, tu Dios, Sión, de edad en edad.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.



^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 

 



31º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

La conversión de Zaqueo (Lucas 19, 1-10)

1. LECTIO

a) Oración inicial:

Oh Dios, creador y Padre de todos los hijos de Abrahám, concédenos la luz de tu Espíritu para poderte servir de un modo meritorio y digno, haz que caminemos sobre los pasos de tu Palabra demostrando con las obras que somos discípulos del único Maestro que se ha hecho hombre por nuestro amor y por nuestra salvación.

b) Lectura del evangelio:

“Entró en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»

c) Momento de silencio:

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

2. MEDITATIO

a) Clave de lectura:

En el relato del Evangelio, Lucas gusta mostrar la misericordia del Maestro hacia los pecadores. La narración de la conversión de Zaqueo nos demuestra que ninguna condición humana es incompatible con la salvación: Hoy la salvación ha entrado en esta casa, porque también éste es hijo de Abrahám, declara Jesús.
Zaqueo, un hombre rico, jefe de publicanos, trataba de ver a Jesús, pero a causa de la muchedumbre no lo conseguía. Era pequeño de estatura. El juicio de la muchedumbre que señala a Zaqueo como: pecador. La distribución de los bienes a los pobres. La declaración de Jesús diciendo que la salvación ha entrado en casa de Zaqueo. Zaqueo, pequeño de estatura, hombre rico, jefe de publicanos, acoge el reino de Dios como un niño. Humillándose y arrepintiéndose de su pasado encuentra la salvación que viene de Dios en Jesús Cristo buen Samaritano que nos viene al encuentro a buscar y salvar lo que estaba perdido. Un tema al gusto de Lucas que puede verse en otras partes de su narración evangélica (ejemplo: Lc 15, 11-31)

b) Comentario

En el corazón del evangelio resuena el fuerte llamado: “¡Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me que quede yo en tu casa!”. Los lectores no podemos olvidar estas palabras, las cuales tienen sus antecedentes y tienen sus consecuencias. De esta manera el relato nos pone ante una historia “modelo” de lo que es una experiencia de Jesús, en la cual juega un papel decisivo la conversión y el discipulado. Muchos de los grandes temas del evangelio –especialmente los relacionados con la misión y el discipulado- cruzan por este episodio. Quien viene recorriendo el evangelio paso a paso, nota cómo el episodio de Zaqueo ha sido previamente preparado: Jesús es el misionero que “entra en una ciudad” y en una “casa”. Contra todas las expectativas, en casa de Zaqueo es bien recibido y su enseñanza tiene efecto. Por los resultados se nota, la conversión del pecador. El tema central de la misericordia, ampliamente abordado por Lucas, encuentra en el episodio de Zaqueo su feliz realización. Jesús era criticado por sus adversarios porque “acoge a los pecadores y come con ellos”; este comportamiento obedece a su programa evangelizador: “buscar lo que estaba perdido”. En el relato de Zaqueo hay búsqueda de Jesús, hay crítica del comportamiento de Jesús, hay una declaración del sentido de la misión de Jesús. La historia de Zaqueo nos describe entonces a Jesús Buen Pastor que sabe salvar la vida de la oveja perdida, trayéndola –mediante un proceso que restaura completamente su existencia- a la casa donde es miembro: Zaqueo es el “hijo” perdido que vuelve a casa; Jesús sabe acompañar este regreso.

Es interesante notar que en el rescate de la oveja se vive el doble proceso de la “búsqueda” (y para esto vale la pena observar el proceso “externo” que se da en el relato) y de la “salvación” (y para esto hay que observar el itinerario “interno” que se da en Zaqueo). La atención a los verbos-acciones, que realizan los personajes es clave para la comprensión del relato. Tengamos en cuenta también que el personaje Zaqueo representa al tipo de personas quizás más difíciles para la conversión. Un poco antes de este episodio Jesús había dicho –a propósito del Joven rico-: “¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!”, ante lo cual los oyentes reaccionaron desconsolados “¿Y quién se podrá salvar?”, y Jesús finalmente respondió: “Lo imposible para los hombres, es posible para Dios”. Con Zaqueo vemos que efectivamente es posible que un rico –a los cual se le suma el ser “publicano” y “pecador”- se convierta y entre en el discipulado. Pero lo importante es que la “salvación” es obra de Dios.

Por otra parte, vemos cómo Zaqueo al convertirse entra en el discipulado del evangelio mediante la escucha pronta de la Palabra del Maestro y su inmediata aplicación.

El evangelio entra al corazón de Zaqueo transformando su codicia en un impulso de fuerte de generosidad. Recordemos los evangelios ya leídos del “rico insensato” (12,13-21) y del “rico epulón” (16,19-31).

El “¡Den!” enseñado en el Sermón de la llanura (6,38), se ejercita ahora en la “renuncia a los bienes” (14,33;) y en él ponerlos al servicio de los demás –particularmente a los más pobres (ver 14,12-14)- para ganar las eternas moradas (ver 16,9-13).

Quien es capaz de hacer esto es porque esta en plena sintonía con el amor del crucificado (ver 14,27).

Este es el camino de la salvación al cual son llamados los “hijos de Abraham” (ver 13,22-30).

c) Unas preguntas

Colócate en silencio delante de la Palabra de Dios, reflexiona sobre los textos presentados en esta clave de lectura. Pregúntate:

¿Qué significa la salvación para ti?

Zaqueo, pequeño de estatura, nos muestra su disponibilidad para acoger a Jesús. ¿Qué haces tú para demostrar tu disponibilidad para recibir la salvación de Dios?

El gesto de Zaqueo nos recuerda la curiosidad de Moisés que le empuja hacia la zarza ardiente. También Moisés encontró la salvación. ¿Te acercas tú al Señor? ¿Te sientes atraído por Él?

Jesús va al encuentro de Zaqueo en su pecado y en aquella casa le dona la salvación. ¿Cuál es tu atadura al pecado? ¿Deja que el Maestro te encuentre allí, en aquella casa obscura?

3. ORATIO

a) Momento de silencio: para la oración personal.

“Es preciso que hoy yo me quede en tu casa”, me dices también a mi Señor. Te acojo con gozo, Señor de la Palabra, tú que vienes con el don de la salvación. Ven a visitarme en esta lectio divina, convierte mi corazón en uno limpio y generoso como el tuyo y llévame contigo hasta el corazón de tu Padre. Amén.

 


b) La oración de la comunidad:


Oh Dios, que en tu Hijo has venido a buscar y salvar lo que estaba perdido, haznos dignos de tu llamada: lleva a buen fin toda nuestra voluntad de bien, para que sepamos acogerte con gozo en nuestra casa para compartir los bienes de la tierra y del cielo. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

4. CONTEMPLATIO

Tú me indicas el sendero de la vida, Señor, gozo pleno en tu presencia (Salmo 15/16, 11)

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 



32º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

Centro Bíblico Pastoral para América Latina del CELAM

El Dios viviente y de la Vida nos llama a la plenitud de la vida en la resurrección.
( Lucas 20, 27-38)

1. Comencemos orando

Señor Jesús, Tú nos hiciste conocer nuestro destino, el futuro que nos espera, y nos diste esperanza, al hacernos ver que estamos llamados a participar de tu vida, a vivir “eternamente” contigo, siendo como ángeles. Ayúdanos a que al ver lo que implica creer en ti, nos sintamos animados y fortalecidos para vivir con más convicción y entrega lo que Tú nos pides, lo que nos propones y así, al dar testimonio de ti, nos dispongamos a participar de la vida que Tú nos tienes preparado, sabiendo que el Padre, es un Dios de vivos y no de muertos. Que así sea.

2.- Lectura

a) El texto

“Acercándose algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos; y la tomó el segundo, luego el tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos. Finalmente, también murió la mujer. Entonces, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la tuvieron por mujer.»
Jesús les dijo: «Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.
Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven.»

b) Momento de silencio:

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

3.- Comentario

Nos acercamos al final del año litúrgico en el cual hemos seguido, el itinerario del evangelio de Lucas. En éste y en los próximos dos domingos, colocaremos nuestra mirada en la meta de nuestro caminar como discípulos y misioneros del Señor, vamos a fijar nuestros ojos en el cielo nuevo y en la tierra nueva que vendrán al final de los tiempos, en el pleno y definitivo encuentro con Jesús. Por eso hoy, al asistir a la controversia entre Jesús y los saduceos, colocamos en primer plano nuestra esperanza en la Resurrección. No nacimos para morir sino para vivir.

Hoy el relato del evangelio nos sitúa en la ciudad santa, en la explanada del Templo, donde Jesús realiza su misión. Al final del relato de hoy “algunos maestros de la Ley le dijeron: Bien dicho, Maestro. Y ya no se atrevieron a hacerle más preguntas”. Las preguntas y respuestas le van dando la dinámica al ministerio de Jesús en el Templo de Jerusalén. En este contexto, asistimos al último diálogo, o mejor “discusión”, de Jesús con sus adversarios. Los últimos de la serie son los saduceos. “Acercándose algunos de los saduceos…”.

El evangelista nos precisa: “Esos que sostienen que no hay resurrección”. El evangelio de este día nos confronta con este tema, pero desde la nueva óptica de Jesús.
Los saduceos abordan a Jesús enunciando en primer lugar la ley mosaica llamada “del levirato”: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos...

Los Maestros debían resolver puntos oscuros en la interpretación de la Ley. Por eso vemos cómo le plantean un caso que, si bien es remoto puede llegar a suceder. Lo que buscan los saduceos al plantear el caso que sigue es poner en duda la vida futura en la resurrección. Viene ahora la pregunta problemática: “Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección?. La pregunta burlona intenta ridiculizar la enseñanza de Jesús, en otras palabras, en la resurrección.

Jesús responde en dos partes: (1) Jesús deshace las bases del argumento de los fariseos y reafirma la doctrina de la resurrección. En la resurrección, donde la vida es plena y permanente.

4.- Reflexión

La revelación, el conocimiento de Dios, el sentido de nuestra vida, todo lo que implica creer en el Dios vivo y verdadero que se ha ido revelando desde el comienzo de la creación, es un proceso gradual y continuo. Pues a lo largo de la historia, Dios nos ha ido abriendo su corazón para que lo conociéramos y así tener con Él una relación personal y directa, siendo vivificados y plenificados en su amor. Éste es el sentido de toda la Escritura, donde nos deja el testimonio de un pueblo que fue conociendo a su Dios, que fue aprendiendo a ser pueblo junto a ese Dios que les adoptó como su pueblo. Ellos fueron aprendiendo en el transcurso del tiempo a vivir como hijos, como pueblo elegido y ese es contenido de los libros del Antiguo Testamento, que nos dejan la manifestación de ese Dios que se ha revelado en primer lugar como el Dios de los Padres, hasta ser reconocido como el único y verdadero Dios vivo. Pero toda esta revelación llegó a su punto culminante, cuando Jesús vino a revelarnos a ese Dios que ha ido mostrando su corazón desde el primer momento que hizo todo y creó al hombre a su imagen y semejanza. Jesús vino a decirnos que a Dios, lo podíamos llamar ABBA, PADRE.

La afirmación final de este pasaje: “…Dios no es Dios de muertos, sino de vivos…”, nos ayuda a profundizar y a esclarecer un aspecto fundamental de nuestra fe como es el tema de la VIDA ETERNA, pues aquí, Jesús nos da algunas pistas del ¿cómo será?, ¿cómo seremos?, ¿cuál será nuestra situación? Aspectos siempre importantes y que siempre ayudan a fortalecer nuestra esperanza, mirándonos a la luz de Dios…, dándonos cuenta que este pasaje nos abre una perspectiva hacia aquello que necesariamente vamos a experimentar, detengámonos un momento y pensemos.

5.- Cultivemos la semilla de la Palabra en la vida

¿Cómo siento concretamente que puedo vivir, aún desde ya, la realidad de la resurrección?

¿Cómo estoy manifestando en mi vida diaria que Dios me está conduciendo hacia la resurrección, es decir, que me está haciendo cada vez más “su hijo/a?

Algunos familiares y personas conocidas ya han dejado este mundo. ¿En qué hacemos consistir la certeza de que ellos „viven en Dios?

¿Tengo en mi perspectiva, en mi pensamiento, en mis búsquedas ese encuentro con el Señor, donde cada uno rendirá cuentas de lo que ha vivido y de cómo lo ha hecho?, ¿puedo decir, que así como estoy viviendo, me está ayudando a ‘merecer’ o ‘ganarme’ la vida eterna?

El saber que en la otra vida, seremos como ángeles, que estaremos en la presencia de Dios, para participar de su vida y así ser plenificados en su amor, esto, ¿me ayuda a vivir con más convicción, con más alegría e intensidad aquello que creo?

El saber que estoy llamado a estar delante de Dios, ¿me da fuerzas para dar testimonio de lo creo y así mostrar con mi vida que el Señor es todo para mi?

Saber que el Señor es un Dios de vivos y no de muertos, ¿me ayuda a confiar más en Él, a esperar todo de Él, a darle mi vida y buscar en Él consuelo, ayuda y fortaleza?

6. Oración Final

Señor Jesús, Tú que nos has revelado a ese Dios vivo y verdadero que es Dios de vivos y no de muertos, al que nos dijiste que podemos llamarte: Padre nuestro…, ayúdanos a vivir nuestra relación contigo y con el Padre, en una relación de comunión y adhesión, buscando ser dóciles a su voz, haciendo vida tus enseñanzas, viviendo como Tú, colocando el corazón y la mirada en ese encuentro definitivo contigo, donde Tú nos darás a cada uno aquello que hemos vivido, que cosecharemos lo que hemos sembrado. Por eso, danos tu gracia, para que viviendo plenamente esta vida, haciendo vida tus enseñanzas, nos dispongamos a ese encuentro que será pleno y definitivo, cuando Tú pronuncies nuestro nombre y nos llames a estar contigo. Que así sea
.

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 



33º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C

El discurso de Jesús sobre el final de los tiempos (Lucas 21, 5-19)

1. Oración inicial

Señor, tú que has creado el cielo, la tierra , el mar y cuanto en ellos hay, tú que por medio del Espíritu Santo por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste: ¿Por qué braman las gentes y los pueblos meditan cosas vanas? Los reyes de la tierra han conspirado y los príncipes se han confederado contra el Señor y contra su Ungido; ...Extiende la mano para que se realicen curaciones, milagros y prodigios en el nombre de tu Siervo y Unigénito, Jesús (Act. 4,24-25.30)”. Llénanos de tu Espíritu como lo hiciste con los apóstoles después de esta plegaria, en los tiempos de prueba, para que también nosotros podamos anunciar la Palabra con franqueza y dar testimonio como profetas de esperanza. Amén.


2. Lectio

a) El contexto:

El pasaje se relaciona con el comienzo del discurso de Jesús sobre el final de los tiempos. El pasaje es toda una unidad literaria. Jesús se encuentra en Jerusalén, en los atrios del Templo, se acerca la hora de su Pasión. Los Evangelios sinópticos (ver también Mt 24; Mc 13) hacen preceder al relato de la pasión, muerte y resurrección, el discurso llamado “escatológico”. La atención no va puesta sobre cada palabra, sino sobre el anuncio del acontecimiento total. La comunidad de Lucas ya tenía conocimiento de los sucesos relacionados con la destrucción de Jerusalén. El evangelista universaliza el mensaje y pone en evidencia el tiempo intermedio de la Iglesia en espera de la venida del Señor en la gloria. Lucas hace referencia al final de los tiempos también en otras partes.

b) El texto:

“Como algunos hablaban del Templo, de cómo estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Él dijo: «De esto que ven, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.» Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?» Él dijo: «Miren, no se dejen engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: `Yo soy' y `el tiempo está cerca'. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, no se aterren; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato.» Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas y grandes señales del cielo. «Pero, antes de todo esto, los echarán mano y los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y cárceles y los llevarán ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto les sucederá para que den testimonio. Propongan, pues, en sus corazones no preparar la defensa, porque yo les daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos sus adversarios. Serán entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de ustedes. Todos los odiarán por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de sus cabezas. Con perseverancia salvarán sus almas”.

3. Momento de silencio orante

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nuestro corazón e iluminar nuestra vida.

4. Meditatio

a) Una clave de lectura:

No nos dejemos arrastrar por las convulsiones exteriores, típicos del lenguaje apocalíptico, sino de los interiores, necesarios, que preanuncian y preparan el encuentro con el Señor. Aunque estamos conscientes que también hoy, en diversas partes del mundo se viven situaciones “apocalípticas”, es posible también una lectura personalizada, ciertamente no evasiva que dirige la atención sobre la responsabilidad personal. Lucas, respecto a los otros evangelistas, subraya que no ha llegado el final, que es necesario vivir la espera con empeño. Abramos los ojos sobre las tragedias de nuestro tiempo, no para ser profeta de desventuras, sino valerosos profetas de un nuevo orden basado en la justicia y la paz.

b) Comentario:

Probablemente Jesús se encuentra en los atrios del templo, considerado el sitio señalado para los dones votivos. Lucas no especifica quiénes son los oyentes, es dirigido a todos, universaliza el discurso escatológico. Este discurso puede referirse al final de los tiempos, pero también al final de cada persona, del propio tiempo de vida. En común está el encuentro definitivo con el Señor resucitado.

Jesús introduce un lenguaje de desgracias y vuelve a repetir las admoniciones de los profetas con respecto al templo. Es también una consideración sobre la caducidad de toda realización humana, por más maravillosa que sea. La comunidad lucana ya conocía la destrucción de Jerusalén (año 70). Consideremos nuestra conducta con las cosas que perecen con el tiempo.

Los oyentes están interesados sobre los sucesos trastornantes exteriores que caracterizan este acontecimiento. Jesús no responde a esta específica pregunta. El “cuándo” no lo coloca Lucas en relación con la destrucción de Jerusalén. Subraya que “ el fin no es inmediato” y que “ antes de todo esto...” deberán acontecer otras cosas. Nos interroga sobre la relación entre los acontecimientos históricos y el cumplimiento de la historia de la salvación. Los tiempos del hombre y los tiempos de Dios.

Él dijo: Mirad, no se dejen engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: «Yo soy» y «el tiempo está cerca». No los sigan. Lucas, a diferencia de los otros evangelistas, añade la referencia al tiempo. La comunidad de los primeros cristianos está superando la fase de un regreso próximo del Señor y se prepara al tiempo intermedio de la Iglesia. Jesús recomienda no dejarse engañar o mejor, no ser seducidos por impostores. Hay dos tipos de falsos profetas: los que pretenden venir en nombre de Jesús diciendo “soy yo” o los que afirman que el tiempo ha llegado, que ya se conoce la fecha.

También los acontecimientos bélicos, y hoy diremos, la acciones terroristas, no son principio del fin. Todo esto sucede, pero no es la señal del final. Lucas quiere prevenir la ilusión del final inminente de los tiempos con la consiguiente desilusión y abandono de la fe.

Estamos en pleno lenguaje apocalíptico que quiere decir revelación y ocultamiento o velación al mismo tiempo. Se usan imágenes tradicionales para describir la aceleración del cambio de la historia. Lo imaginario catastrófico es como un telón que oculta la belleza del escenario que está detrás: la venida del Señor en la gloria.

El cristiano está llamado a conformarse con Cristo. Me han perseguido a mí, también los perseguirán a ustedes. Lucas tiene presente la escena de Pablo delante del rey Agripa y del gobernador Festo. He ahí pues el momento de la prueba. No necesariamente bajo forma de persecución. Santa Teresa del Niño Jesús ha sufrido por 18 meses, desde el descubrimiento de su enfermedad, la ausencia de Dios. Un tiempo de purificación que prepara al encuentro.

Es la condición normal del cristiano, la de vivir en una sana tensión, que no es frustración.

Los cristianos están llamados a dar testimonio de la esperanza de la que están animados.

Llega el momento de poner la confianza total en Dios, sólo Dios basta. Es aquella misma sabiduría con la que Esteban refutaba a sus adversarios. Se le garantiza al creyente la capacidad de resistir a la persecución.

Para recordar la protección divina asegurada en los momentos de prueba. Está garantizada también al creyente la custodia de su integridad física.

La perseverancia es indispensable para producir fruto, en las pruebas cotidianas y en las persecuciones. Quiere decir el “permanecer” en Cristo del que habla Juan. La victoria final es cierta: el reino de Dios será instaurado por el Hijo del hombre. Es necesario ahora ser perseverantes, vigilantes y en oración. El estilo de vida del cristiano debe convertirse en signo del futuro que vendrá.

5. Algunas preguntas

¿Qué sentimientos me embargan: angustia, espanto, seguridad, confianza, esperanza, duda...?

¿Dónde está la buena noticia en este discurso?

¿Amamos lo que esperamos y nos conformamos a sus exigencias?

¿Cómo reacciono en la pruebas de mi vida de fe?

¿Puedo hacer una conexión con los sucesos históricos actuales?

¿Qué puesto tiene Jesús hoy en la historia y en mi vida?

6. Oratio: Salmo 98

Canten al Señor un cántico nuevo
¡Aclama a Yahvé, tierra entera, griten alegres, gozosos, canten! Tañan a Yahvé con la cítara, con la cítara y al son de instrumentos; al son de trompetas y del cuerno aclamen ante el rey Yahvé. Brame el mar y cuanto encierra, el mundo y cuantos lo habitan, aplaudan los ríos, aclamen los montes, ante Yahvé, que llega, que llega a juzgar la tierra. Juzgará el mundo con justicia, a los pueblos con equidad.

7. Contemplatio

Dios bueno, cuyo reino es todo amor y paz, crea tú mismo en nuestra alma aquel silencio que te es necesario para comunicarte con ella. Obrar tranquilo, deseo sin pasión, celo sin agitación: todo esto no puede provenir sino de ti, sabiduría eterna, actividad infinita, reposo inalterable, principio y modelo de la verdadera paz. Tú nos ha prometido esta paz por boca de los profetas, la has hecho llegar por medio de Jesucristo, y se nos ha dado la garantía con la efusión de tu Espíritu.
No permita que la envidia del enemigo, la turbación de las pasiones, los escrúpulos de la conciencia, nos hagan perder este don celestial, que es la prenda de tu amor, el objeto de tus promesas, el premio de la sangre de tu Hijo. Amén (Teresa de Ávila)

^^^ AL INICIO ^^^

 

 

 

 

 

 

 

 



Cristo Rey. Ciclo C

Centro Bíblico Pastoral para América Latina del CELAM

En diálogo con el Rey de Misericordia (Lucas 23, 35-43)

1. Oración inicial

“Señor Jesús, que seas todo en la tierra como lo eres todo en el cielo. Que lo seas todo en todas las cosas. Vive y reina en nosotros en forma total y absoluta, para que podamos decir siempre: ¡Jesús es todo en todas las cosas! ¡Queremos Señor Jesús que vivas y reines sobre nosotros! Dios de poder y de misericordia, quebranta en nosotros cuanto a ti se opone. Y con la fuerza de tu brazo toma posesión de nuestros corazones y nuestros cuerpos, para que empieces en ellos el Reino de tu amor. Amén” (San Juan Eudes)

2. Introducción

Uno de los delincuentes que está crucificado al lado de Jesús apela a su realeza: “Acuérdate de mí cuando venga con tu Reino”. De esta forma reconoce en Jesús a un Rey. Efectivamente, Jesús tiene una dimensión real que se expresa paradójicamente: en cuanto él está en uno de los instrumentos de suplicio más abominables que la crueldad de la humanidad ha inventado, reversado normalmente para los esclavos, precisamente allí Jesús se comporta como un Rey. Es así como celebramos en este domingo que corona el año litúrgico, la solemnidad de Cristo Rey del Universo.

3. Una forma particular de celebrar a Cristo Rey

Sobre la cumbre de la pequeña elevación en las afueras de la ciudad de Jerusalén está Jesús crucificado. No con corona de perlas y oro, no con poderoso bastón de mando, tampoco con refinada corte a su servicio, pero desde allí humillado, sufriente y encarnizado reina al servicio de la vida del hombre por quien se había encarnado. Contemplando al rey crucificado culminamos en este domingo el año litúrgico en que nos ha acompañado de manera especial Lucas, el evangelista de la ternura de Dios, de la misericordia, de la fuerza del Espíritu y de la evangelización de los pobres y marginados, de la mujer y de los paganos; y también el evangelista de María. El último cuadro, con el cual cerramos este año de “lectio divina” dominical lucana, es una grandiosa escena de misericordia en el momento cumbre de la vida terrena de Jesús: allí se nos enseña de qué manera Jesús es Rey y cómo su reinado es coherente con su anuncio continuo de la misericordia. El Jesús que Lucas nos ha presentado, desde el pesebre hasta el Calvario, como la manifestación y la ilustración perfecta de la bondad y de la misericordia de Dios, no se desmiente a la hora de cruz. Justo en esa hora, el “amigo de publicanos y pecadores” sigue siendo leal a su proyecto al acoger al criminal que comparte su cruel destino, dándoles así a sus discípulos la última y sublime lección que nunca podrán olvidar.

4. Lectura del Evangelio

“Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido.» También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre y le decían: «Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!». Había encima de él una inscripción: «Este es el Rey de los judíos.» Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!» Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.» Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»”

5. El contexto:

La contemplación del crucificado según Lucas, de brazos abiertos y manos clavadas en la Cruz, en el montículo llamado “Calvario” (por su parecido a un cráneo o calavera; en arameo “Gulgutha” y en griego: “Gólgota”), Jesús aparece lo suficientemente expuesto como para ser visto por una amplia multitud. Se le ve rodeado por dos criminales, realizándose así la profecía isaiánica del “siervo sufriente” que dice: “ha sido contado entre los malhechores”. Estos criminales eran probablemente sediciosos fanáticos del partido Zelota, adversarios políticos del imperio romano, como Barrabás, de quien se había dicho que “había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato”. Quizás no sean simplemente “ladrones”, como nos hemos habituado a llamarlos, sino delincuentes de peligrosidad confirmada. Frente al crucificado y su macabra corte, nos dice el evangelista que “estaba el pueblo mirando”

El “estar” connota en este texto “permanencia”: el tiempo suficiente para ver todo lo que le sucede al crucificado. Se dice que el pueblo estaba “mirando”. La última escena de la vida de Jesús es vista de cerca con todos sus detalles. Nótese el verbo enmarca la escena. El verbo griego utilizado aquí connota “contemplar”.

Lucas evita la descripción de los gestos groseros, mostrando al pueblo más bien con una actitud respetuosa y curiosa. Para Lucas el pueblo se hace “testigo” de los últimos instantes del crucificado. No sucede lo mismo con los que ahora van a hacerle sus bufonas solicitudes a Jesús. Enfrentan a Jesús tres tipos de personas, de mayor a menor dignidad: Los magistrados, Los soldados romanos y Uno de los malhechores colgados junto a él. Poco a poco se va viendo a un Jesús cada vez más degradado. Por otra parte uno de los términos clave de este evangelio sale a relucir en el escenario siendo echado en cara a Jesús. Se trata del verbo “salvar”: “Que se salve a sí mismo” “¡Sálvate!” “¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!”. Estos gritos a Jesús están asociados a la identidad que le reconocen: Los magistrados: “el Cristo de Dios, el Elegido”. Los soldados: “el Rey de los judíos”. El primer criminal: “el Cristo”. El segundo criminal: “Rey” : “cuando vengas con tu reino”. Puede verse una alternancia entre los títulos “Cristo” y “Rey”: el mesianismo de Jesús se verifica en la realización de su predicación del Reino. Las solicitudes que le hacen a Jesús tienen que ver con la identidad que ha revelado e intentan poner a prueba su predicación sobre la salvación pronta del hombre sufriente. Mientras esto va sucediendo, el pueblo sigue “contemplando” la escena. Vamos también nosotros los lectores a contemplarla, siguiendo paso a paso sus dos momentos: Las afrentas de los magistrados, los soldados y el criminal. La réplica del otro criminal a su compañero. El breve diálogo entre los dos crucificados: el criminal y Jesús.

6. Reflexión

Esta es la buena noticia: todos podemos encontrar en Jesús un refugio, porque Él es el rey misericordioso que se ocupa de nuestras vidas. Con el “Buen ladrón” aprendemos finalmente que lo grave no es la condenación al patíbulo sino la exclusión del Reino de Dios. Y para que nadie se quede fuera no nos cansaremos de proclamar el “pregón pascual” que comenzó en medio de aquel diálogo amoroso entre Jesús y el delincuente: anunciamos la victoria sobre la muerte para Jesús y para todos lo que crean en él. Terminemos nuestro año litúrgico poniendo la mirada en lo esencial: nuestra cita con Dios no es en la morada de los muertos sino en el Reino de la vida y de los vivos que comenzó a brillar en la Cruz.

“El ladrón fue más allá de las apariencias” “Me dirás: „¿Qué hizo de extraordinario este ladrón para merecer, después de la cruz, el paraíso?. Ya te respondo: En cuanto, en el suelo, Pedro negaba al Maestro; él, en lo alto de la cruz lo proclamaba „Señor…. El discípulo no supo aguantar la amenaza de una criada; el ladrón, ante todo un pueblo que lo circundaba, gritaba y ofendía, no se intimidó, no se detuvo en la apariencia vil de un crucificado, superó todo con los ojos de la fe, reconoció al Rey del Cielo y con ánimo inclinado ante él dijo: „Señor, acuérdate de mí, cuando estés en tu Reino. Por favor, no subestimemos a este ladrón y no tengamos vergüenza de tomar como maestro a aquel a quien el Señor no tuvo vergüenza de introducir, delante de todos, en el paraíso; no tengamos vergüenza de tomar como maestro a aquel que, ante toda la creación, fue considerado digno de la convivencia y la felicidad celestial. Pero reflexionemos atentamente sobre todo, para que podamos percibir el poder de la cruz” (San Juan Crisóstomo).

Aunque está reducido a la condición de un esclavo moribundo sobre la cruz, Jesús ejerce una función real en beneficio del criminal que le implora. Por su decisión soberana, él lo introduce en el Paraíso. Él vino a traerle al mundo la paz, él tiene en todo la primacía, porque él quiso reconciliar todo haciendo la paz por la sangre de la cruz.

7. Cultivemos la semilla de la Palabra en la vida:

Después de leer atentamente el relato,

¿Qué es lo que más me impresiona de él?

¿Se escuchan de nuevo, aún con otros términos, las afrentas que le hicieron a Jesús en cuanto estaba clavado en la Cruz? ¿Qué ejemplos concretos podría poner?

¿El camino de fe del “buen ladrón” de qué manera ilumina el mío para hoy y siempre proclame que Jesús “vive” y “reina” en mi vida, en mi familia, en mi comunidad y en todos los ambientes y culturas del mundo? ¿Qué implica para mí esta proclamación si estoy viviendo una enfermedad, una situación difícil que estremece mi fe?

¿Qué destaco y qué aprendo de la actitud del Señor en la cruz?, ¿qué nos revela con esa manera de ser y con la forma como reaccionó ante los insultos y burlas que recibía?, ¿qué aprendo de su manera de actuar?

¿Cuál es el mensaje que nos deja el diálogo de Jesús con los dos ladrones?, ¿cuál es la trascendencia de las palabras de Jesús? Reflexionemos el sentido de esta lectura y busquemos conocer la manera de actuar de Dios y la actitud y la disposición que espera de cada uno de nosotros.

8. Oración Final

Señor Jesús, te declaran REY cuando estabas en la cruz, te hacen un Rey crucificado, y te proclaman como Señor, al derramar tu sangre por nosotros, y como aclamaciones tienes el silencio y las burlas e insultos, pero es ahí, donde nos dejas tu enseñanza máxima, haciéndonos ver hasta dónde debe llegar el amor, hasta dónde debemos entregarnos a los demás, y cómo reaccionar cuando hay persecución, cuando hay rechazo o desprecio, y es ahí, donde tu silencio es más elocuente que todos los abucheos que recibes. Es ahí, donde nos muestras que la verdad uno lo vive en lo más profundo de uno mismo, que brota desde el corazón convencido, que expresa su seguridad en la paz de la entrega total de uno mismo por aquello que uno cree. Tú que eres el Rey crucificado, ayúdanos a dar testimonio de ti, en todo momento y en todas las circunstancias, para que tu mensaje sea conocido y actualizado en nuestra vida, y así conozcan tu estilo de amar, que es amar hasta el final, hasta dar la propia vida, reinando en la entrega, el amor, el servicio y en el sufrimiento redentor. Que así sea.

^^^ AL INICIO ^^^


<<< VOLVER A LECTIO DIVINA